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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Y otro año que termina...

Parece ayer cuando comenzábamos el nuevo milenio y ya ha  pasado una década. De nuevo aflorarán proyectos a cumplir, deseos de cambio, promesas de dejar viejos hábitos e ilusiones de comenzar algo distinto… y a poco que nos demos cuenta, estaremos otra vez, haciendo recuento.
Creo que voy a pedir para el próximo 2011, en lo material, que me quede como estoy. Que ya es bastante.
En lo personal, no. Ahí tengo muchas ilusiones, proyectos que ya van tomando forma, esperanzas en cosechar lo que estoy sembrando y unas enormes ganas de aprender y de seguir creciendo como persona. Y no es poco, de verdad, porque conforme los años pasan… siento más y distintas energías.  Porque creo que no es cuestión de la edad, sino del espíritu que mantiene el cuerpo.
Este texto lo envié a un blog en el que estuve colaborando…

“A menudo escuchamos a personas de mediana edad lamentarse de sus achaques, de lo malo que es cumplir años, de que “un@ no es lo que era”,  y si son mujeres amas de casa que han centrado toda su vida en la crianza y ahora padecen el síndrome del nido vacío,  esta sensación de inutilidad se acrecienta.
Creo que, a veces, puede resultar interesante colocarse las gafas de color de rosa para que aunque la vida, en ocasiones,  nos resulte un poco oscura podamos darle un toque de color. Porque cuando entramos en esta franja de edad,  puede ser tranquilizador hacer un repaso de quiénes somos y con qué contamos. Seguramente nos dará el valor de reconocer la realidad, nuestra realidad,  y aceptándola  hacer más llevaderos y felices los días que nos queden por vivir.
Cierto es que el tiempo pasa, los años se suceden y cada vez por ley natural estamos más cerca del final. Pero es algo que no hemos de plantearnos si no más bien, procurar vivir con intensidad el día a día y emprender nuevos proyectos, nuevas ilusiones para mantener la chispa encendida. También es cierto que el cuerpo ya no aguanta… lo que aguantaba, pero sé que es mucho peor mantenerse quietos. Emprender alguna actividad física permite que el deterioro debido al paso del tiempo, sea menor y vaya avanzando más lentamente.  Pero todavía nos hace sentir mejor una actividad “interior”, un ejercicio de apertura a la Vida, admitir la constante sorpresa por tantas cosas que podemos aprender, las ganas de escuchar y de interactuar… Y sin comparaciones reconocernos en la medida de lo que intentamos hacer y de lo que estamos consiguiendo, de modo que la autoestima se vea fortalecida.
El hecho de relacionarse  con personas jóvenes aporta  frescura y  nos puede enriquecer con  lo  que saben, lo que también a nivel de conocimientos y tecnología nos pueden enseñar.  Y asumir, así mismo, que las personas más mayores tienen una gran experiencia de vida que no puede quedar en saco roto. Pero… creo que la edad proporciona algo que cuando se es joven no se valora lo suficiente, y que incluso en muchas ocasiones se menosprecia: la experiencia. Y he de  aceptar que cuando se tiene juventud  se puede considerar que ya se sabe todo o casi todo y que a veces no vale lo que l@s demás digan, sobre todo si son personas más mayores.
No hace tanto tiempo que mi madre me decía “ya te acordarás de lo que te digo…” uf, ¡y es verdad! Cuánta razón tenían sus palabras, porque si algo tiene la experiencia es  “ver” lo que puede suceder en determinada circunstancia, entender que todo tiene un principio y un final, intuir sobre el devenir de las personas, aceptar que ciertos comportamientos suelen conducir a ciertos resultados… y enseña a tener paciencia y cordura.
Algunas mujeres de mi edad, ya no quieren celebrar su cumpleaños y es algo que a mí me encanta. Yo tengo -taitantos- como decía una cómica en no sé cual parodia, y estoy contenta de ver que  tengo un año más… que cada día son más las cosas que puedo aprender, que puedo hacer y  también, por qué no,  puedo comunicar.
Y a pesar de que acepto como verdad incuestionable la realidad de que cada cual ha de vivir su propia vida para adquirir sus propias experiencias, también es cierto que como reza el dicho “la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”.
La población en nuestro Estado es cada vez más mayor, así hoy consideramos anciana a una persona de más de 80 años por lo que habrían muchas  vivencias que se podrían escuchar con el fin de tener otra perspectiva de la vida. Bastaría no olvidar que todas las personas que ahora somos más mayores también fuimos algún día jóvenes.
Así, con toda esta reflexión, poco a poco voy integrando algo que me repetía mi padre en mis años mozos, cuando no quería escuchar  y que entonces me molestaba mucho: que “el diablo sabe más por viejo que por diablo”

jueves, 23 de diciembre de 2010

De nuevo... Navidad.


Un año ha transcurrido, ya es Navidad.  Y haciendo mías unas palabras de una persona querida, os digo “celebremos la Vida”.
Enterremos las hachas de guerra, olvidemos dimes y diretes, dejemos atrás rencores e historias de familia pasadas o presentes. Cerremos los ojos por unos instantes. Y sintamos todo el amor que nuestro corazón es capaz de albergar y todo el amor que somos capaces de transmitir.
Porque es el Amor el que mueve el mundo.  Sin él nada tiene sentido. El amor hacia nuestra persona, hacia todos los seres vivos.  El amor a la madre naturaleza… de la que nos nutrimos y a la que hemos de proteger y respetar porque es nuestro presente y el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos…
Aunque en estos días se nos recuerda constantemente la paz, la felicidad, el amor… es algo que debemos de integrar en cada célula de nuestro ser, en cada ráfaga de pensamiento, porque sin Amor… la vida se apaga.
Sigamos la estrella de luz, aquella que guió a los Magos y dejemos que se quede su estela en nosotros, para que nos alumbre y nos guie. Para que avive la llama de la ilusión, de la alegría, del agradecimiento.  Estos días de fiesta. Y siempre.
Con Amor.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

IN-Toleracia

Aunque mi tendencia es pensar que todo el mundo es bueno, aún cuando se demuestre lo contrario, lo cierto es que a veces y frente a la intolerancia de ciertas personas, no puedo por menos que mostrarme confundida.

Porque, vamos a ver ¿cómo queremos que el mundo cambie, que desaparezcan las luchas e impere la igualdad si dentro de pequeños núcleos en nuestra sociedad se palpa la falta de tolerancia?
Es curioso como a la hora de exponer y de debatir ideas, las personas nos volvemos susceptibles… nos sentimos atacadas si nuestro/s interlocutor/es exponen algo contrario a nuestra línea de pensamiento.  ¿Tan difícil resulta aceptar que todos no somos iguales, que somos seres únicos y como tal vivimos y nos desarrollamos? ¿Es tan complicado aceptar que cada persona es el producto de su historia, de su memoria genética y de sus experiencias?
Nos empeñamos en convencer a los demás de nuestra verdad.  Somos capaces de dar vueltas y vueltas a un tema sin llegar a ninguna conclusión, sin querer ver que, quien está enfrente, no tiene nada que ver con lo que yo siento y de la forma en que yo vivo… mi vida. Nos emperramos en discutir hasta la saciedad las ideas preconcebidas sin aceptar la posibilidad de cambio. 
 
Creo que hasta que la tolerancia no forme parte de nuestro ser y aceptemos que es tan necesaria como el respirar, no podremos asumir ese cambio que es tan necesario, básicamente, para seguir creciendo como personas.

Con Amor .

martes, 21 de diciembre de 2010

Mi Primer Gran Círculo de Mujeres.


Tras terminar mi formación como Doula y al llegar a mi casa, cansada pero muy satisfecha después del último seminario, decidí escribir esta carta a las mujeres que han estado cerca de mí, a mi madre, a mis hermanas, a mi hija, a mi nuera embarazada, a mi sobrina y a mi psicóloga. Todas  las que me han apoyado desde el primer momento y han compartido mis ilusiones. A ellas, porque han formado parte de mi caminar en este último tramo.

Queridas hermanas en la Vida, puesto que formáis parte de mi más próximo circulo de mujeres, quiero compartir con vosotras el resultado de mi experiencia.

Recién he terminado mi formación de DOULA y todas sabéis lo que para mí ha significado poder hacerla. Siento que he rejuvenecido, siento que estoy llena y empoderada… siento la grandiosidad y la generosidad del destino para conmigo ahora que estoy en plenitud, ahora que lejos de acomodarme en la decadencia de la edad, recibo y acepto nuevos aires de vida.

Han sido nueve meses -un embarazo- y por fin se ha producido el nacimiento: una mujer con una mochila vacía de antiguas historias pero llena de nuevo proyectos e ilusiones. Durante nueve meses he estado rodeada de mujeres con las que he bailado y he saltado, he reído y  he llorado, he compartido intimidades, he dado besos y abrazos. Y he recibido muchos de ellos.

He llegado hasta mi propia fecundación, hasta mi propio nacimiento… y he sufrido en unas carnes que comienzan a estar ajadas, todo el miedo que percibe un ser encarnado recién nacido. He conectado con un dolor profundo, un dolor físico que atenazaba  mi pecho… el gran DOLOR de mi vida.  He conectado con el MIEDO que tantos años me ha paralizado. Pero he aprendido a mirar a la Vida a la cara, a acoger lo que me ha enseñado esta formación, a saber que soy capaz, a saber qué puedo hacer lo que quiera…

He terminado de sanar a mi niña herida para dar paso a la mujer renacida. He parido mis miedos, he recuperado un parto físico… el que ahora sé que me hubiera gustado tener.  He recuperado mi fuerza de mujer, mi sensualidad, mi poder femenino… He escuchado confesiones tristes de hijas sin madres en su esencia, de madres que quizás no escuchen a sus hijas... He percibido mucha ternura, he recogido mucho Amor de personas que apenas me conocían, palabras de reconocimiento, de confianza.  He recibido mucho agradecimiento por parte de personas que con sólo escucharnos y abrazarnos, han tenido suficiente… un agradecimiento que tanto tiempo he necesitado y que ahora estas mujeres que apenas me conocen me han regalado.

Son tantas las sensaciones vividas, tanto lo compartido que en unas letras es imposible de plasmar, porque han sido no en vano nueve meses profundos de cansancio físico, de cansancio emocional… de dolores de cabeza, de ganas de vomitar…  Ha sido tiempo de reflexión, de interiorización, de sacar trastos viejos, de cerrar heridas, de abrir canales, de DAR y de RECIBIR ¡Tanto!

En muchas de las ocasiones os he tenido presentes, a cada una de vosotras por un motivo. ¡Cuánto me hubiera gustado compartir ciertos momentos!  Por eso  quiero hacerlo en la medida de lo que puedo a través de mis palabras, estas emociones que me han oprimido el corazón y que ahora, finalmente y poco a poco voy integrando.

Ahora espero que de nuevo la Vida sea generosa conmigo y me permita llevar a la práctica estos anhelos míos y poder acompañar a otras mujeres en la llegada de sus hijos al mundo, a través de esta nueva Vida que se ha abierto en mí tras este parto.  Sé que debo hacerlo y que estoy preparada… y que esperaré ilusionada el momento.

Gracias por escucharme queridas, gracias por haber estado ahí. Cada cual a su manera, cada cual con su especial presencia… por haber confiado en mí. Sin vuestro apoyo quizás no hubiera sido tan fácil. Gracias por pertenecer a mi GRAN CÍRCULO DE MUJERES.

Con Amor.
CONCHA (hija, hermana, madre, madre-suegra, tía, abuela, amiga…)


Hablar a los pequeños con respeto.

En el mes de junio de 2009, Sina  realizó unas sesiones de formación sobre “Comunicación verbal no violenta”.
Creo que no siempre es fácil educar a los hijos en aquello que carecemos.  Porque aunque no queramos, aunque no nos guste, tendemos a repetir los patrones de lo que aprendimos.  No desde la maldad, sino desde el desconocimiento.
No pude acudir, como hubiera sido mi deseo, pero sí comenté una experiencia que venía perfectamente al caso.  Era ésta.

“Es claro que todos los padres creemos que hacemos lo mejor con nuestros hijos, pero difícilmente si no hemos tenido un buen patrón, un buen ejemplo, podremos transmitirlo a nuestros retoños. So pena, claro está, de que uno sea consciente de su realidad y esté decidido a cambiarla. Y aunque parezca difícil, se puede hacer.
Me gusta observar a las personas, no para juzgar sino para aprender, y es por eso que procuro andar por la vida con los ojos y los oídos abiertos, y el corazón también.
Creo que los niños han de tocar, jugar, ensuciarse con la tierra, mojarse con el agua y caerse algún “tostolazo”. Y  los adultos entenderlo y tener paciencia. Yo observo y protejo desde lejos y si no es necesario, no acudo y  disfruto viendo como avanzan en sus descubrimientos.
Hace unos días estaba en el parque con mi nieto de poco más de dos años e igual que hacía con mis hijos, lo dejaba  experimentar.
A mi lado había una mujer joven con un niño de tres años y medio (la oí decirle la edad del chiquillo a otra madre) El crío jugando iba y venía. En un momento dado se acercó a la madre, muy sucio de barro y  ésta le dijo “vete de aquí, no me digas nada, no me obedeces  y  haces lo que te da la gana, me pones enferma”.
Creedme si os digo que me quedé sin respiración. Me hubiera gustado decirle a la madre ¿cómo le hablas así a tu hijo? Pero la experiencia me ha enseñado a permanecer callada, con los hijos de los demás, aunque me duela.
Luego estuve un rato pensando  ¿Qué tipo de infancia puede haber tenido una madre que le habla de esa manera a un niño de tres años?  ¿Cómo la trataría su madre cuando se aproximaba a ella?  ¿La ponía enferma también? ¿Qué le dirá a su hijo cuando tenga 10 ó 12 años y empiece a ser más independiente? ¿Y cuando sea adolescente y entre en la edad de la rebeldía?
Hay mucho escrito sobre los niños que han recibido malos tratos a la hora de ser padres. La mayoría de las teorías apuntan a que ésos son luego padres maltratadores también. Y no es preciso dar una paliza a un niño para incurrir en maltrato.  El maltrato físico es terrible,  pero tanto o más lo es el maltrato verbal, sicológico, precisamente porque “parece” más sutil.
Es por ello que hemos de ser plenamente consecuentes cuando, en momentos de enfado sobretodo, nos dirigimos a nuestros hijos. Desde decirle “estás tonto” hasta verdaderas barbaridades (he oído a progenitores decir a sus hijos, incluso a niños pequeños, subnormal, gilipollas, vete a la m… y cosas mucho mas fuertes) TODO lo desagradable que les decimos se queda en el subconsciente y va minando su autoestima. Hay ocasiones en que es uno de los padres el que tiene esa actitud y el otro se da cuenta, pero no actúa por no enfrentarse. Claro que no podemos culpabilizar a una madre o a un padre que hable así a sus hijos, si ése es el patrón que tiene, si  es eso lo que ha aprendido, lo que le han enseñado y por tanto está convencida/o de que así es como se ha de educar: con represión y extrema autoridad.
Creo  que,  lo que se puede hacer en este caso es hablarlo claramente e intentar que la otra persona, la que sufrió algún tipo de maltrato siendo pequeño, haga una sanación de su niño interior para poder perdonar a los padres que le transmitieron su amor a través del dolor. Así, una vez reconciliado con su niño interior será capaz de entender que para educar, para amar a un hijo no es necesario pegarle, ni insultarlo utilizando palabras fuertes o peyorativas, ni usar un tono de voz agresivo.
Se puede, es más,  se debe educar y corregir a los niños con cariño, con palabras suaves, con explicaciones claras a su nivel, con paciencia y dando  un buen ejemplo de vida.
Sólo así  el amor podrá fluir entre padres e hijos.  Lo otro… no sé cómo llamarlo.



Amor de tía



Siempre pensé que el mejor alimento para un bebé es la leche de su madre.  Y estoy convencida de que, salvo algunas excepciones (muy pocas) todas las madres pueden criar a sus hijos con su leche.  Esta es la historia de una sobrina mía a la que quiero como a una hija, quien tras un aumento de pechos amamantó a su hijo durante 18 meses.  Y éste fué mi reconocimiento.


"Este es un homenaje a mi sobrina Y. a la que quiero como si hija mía fuera. Por circunstancias, siempre he estado cerca de ella, a pesar de que la vida en un momento nos aleja más de lo que nos gustaría.
Y. es una chica alta, con buen tipo, atractiva y simpática, que en su día se implantó unos bonitos pechos de silicona. A sus 31 años decidió tener un hijo y desde el primer momento tuvo una idea fija: amamantarlo.
Empezó a recabar información sobre la lactancia materna con implantes en los pechos y también a través de SINA. Incluso habló con su cirujano plástico con el que mantuvo una pequeña diferencia al no comprender él  su empeño en alimentar a su hijo.  Una vez comprobado que no le había cortado los conductos por los que pasa la leche y con el resto de información obtenida, empezó a relajarse y su alegría fue grande al comprobar que sus pechos empezaban a segregar calostro.
Quería para su hijo un nacimiento natural, fue decidida y animosa,  y el día 6 de enero de este año tuvo el mejor regalo de su vida: en Beniarbeig y tras un parto lento en el que estuvo en todo momento consciente de lo que estaba viviendo,  con el apoyo de otra hermana mía que le sirvió de doula y el cariño del padre de su hijo, nació U.
Desde el primer minuto de vida que se lo puso al pecho hasta ahora, el niño mama de manera perfecta.  Lo alimenta según él le demanda y crece sano,  precioso. Ella tiene mucha leche,  no ha tenido ningún tipo de molestia en sus pechos y está muy feliz. Por ella y por su hijo.
Su tenacidad y su valentía la han llevado a  conseguir lo que quería: amamantar a su hijo. Y quiero que sirva de testimonio para las madres que piensen en algún momento que, por alguna razón, “no pueden” alimentar a sus hijos: todas las madres pueden hacerlo si lo desean desde su amor.
Siempre que puede, asiste a las reuniones del grupo de apoyo de SINA en Paterna y está en contacto con otras madres lactantes para intercambiar experiencias.
Va por ti, Y. Eres una luchadora, otra madre coraje. Por muchas cosas más y por esto,  te quiero".

lunes, 20 de diciembre de 2010

Mi historia, en el Blog de Sina

Para algunas personas mayores, o no tánto, aceptar lo que los jóvenes dicen y sobre todo si se trata de los hijos, es algo que no cabe en su pensamiento.
Sé que los hijos son grandes maestros y que de ellos aprendemos.  Lo reconozco y alzo mi voz para hacerlo  público.  Porque gracias a mi interés y al apoyo de mis hijos, y a lo que he me han enseñado, a lo que día a día de ellos aprendo, estoy viviendo unas experiencias que años atras eran impensables. 

Este escrito lo envié al Blog de Sina, en mayo de 2009. 

"Escribo estas letras animada por Laura, mi hija. Ella cree que mi historia, sin ser distinta a la de otras madres,  puede resultar interesante. Tengo 56 años y es difícil relatar tantos sentimientos en una carta. Son emociones vividas las que  resumo  y que después de muchos años he integrado en mi cuerpo entendiendo que, el amor de madre es y ha de ser incondicional. Sólo así se comprende.
Hace 34 años a  pesar de las pocas libertades con las que me tocó vivir y la inexperiencia de la juventud, había una cosa que tenía muy clara: quería ser madre.  Me encantaban los niños,  los bebés me enternecían. Había sido monitora de campamentos y tenía  paciencia para estar con pequeños. Era cuestión de esperar el momento adecuado.
Antes de seguir, quiero dar las gracias a mi madre porque siempre me habló de sus  embarazos y partos como algo natural, ella parió en casa  y jamás me dijo algo en lo que yo pudiera intuir el más mínimo temor,  sino todo lo contrario: serenidad era lo que yo percibía. Por  ella supe que quería amamantar a mis hijos.
Y eso es lo que de alguna manera, he querido transmitir a mi hija. Siempre le he hablado de mis embarazos, de mis partos, de mis lactancias y de mis hijos con una gran emoción. Como algo  precioso, sin miedos, sin mitos, sin falsas creencias. Con mucho respeto y cariño. Con lo que yo he tenido a mi alcance, con lo que aunque sea poco,  he sabido.
Así es que cuando  estaba embarazada andaba sacando la barriga para que todo mundo la viera, me daban ganas de gritar  ¡miradme, estoy embarazada!  Me creía la única preñada de la tierra, la reina de los mares…  Recuerdo lo feliz que estaba en mi primer embarazo, a pesar de los vómitos. Empecé a comprarme revistas especializadas. Asistí a clases de preparación al parto en el único centro -privado- que había en Valencia. A los 24 años fui madre por primera vez.  Mi segundo hijo nació cuando Laura tenía 3 años y cuatro meses.
En cuanto a la lactancia, seguí las normas que entonces aplicaban la mayoría de los médicos: dejar pasar unas horas luego de nacer, la mama cada tres horas, la alimentación complementaria a los 4 meses sustituyendo las tetadas… y sin darme cuenta, me quedé sin leche.
Quiero decir con sano orgullo, que mis hijos han sido deseados y “programados” gracias a los métodos seguros para el control de la natalidad. Y siempre habíamos querido tener tres niños (yo tengo dos hermanas y mi marido también) así es que cuando Manuel tenía 7 años, nació Pau.   En este tercer embarazo asistí a una conferencia de Pere Enguix  y decidí tener a mi tercer hijo en casa. Hablé con una comadrona amiga  y me dijo que ella no se atrevía y que no conocía a nadie. Me quedé con las ganas. A Pau me lo pusieron en el vientre nada más nacer, me lo puse al pecho enseguida y le daba de mamar sin mirar el reloj. Algo estaba cambiando.
Pero no era lo mismo con el tercer hijo y sin ayuda. Con dos por delante y aunque eran  mayorcitos y se comportaban bien, las tareas se multiplican, el cansancio también.  Y aun sin querer el nerviosismo aumentaba.  Así es que en estas condiciones la lactancia muy a pesar mío, llegó a ser  un hecho apresurado,  unos momentos en los que me tenía que repartir, tenía poco tiempo para disfrutar. Así es con poco más de cuatro meses, Pau ya no mamaba.
A pesar de la medicalización,  mis partos fueron buenos y muy rápidos. Parí en clínicas privadas y confiaba en mi médico, un hombre respetuoso con el que pacté que no utilizara anestesia; estuve en todo momento acompañada por una matrona experta y muy profesional, pendiente de mi, cariñosa y atenta. Y el padre de mis hijos, conmigo. Así es que yo contaba con los elementos necesarios para un buen parto: tenía los conocimientos respecto al desarrollo del mismo, tranquilidad, confianza, apoyo moral…
Mi marido trabajaba todo el día, tenía un  empleo estable y  yo dejé el mío para dedicarme a mis hijos aceptando lo que ello conllevaba. Los paseos para tomar el sol, los cuatro viajes a la guardería y al colegio, las meriendas en el Parque, las actividades extraescolares, las idas y venidas a casa de los amiguitos, etc. Poco tiempo para descansar, poco tiempo para mi. Eso de ser madre era algo muy grande. Estaba radiante a pesar de que era una dedicación a “full time”.
Si querían jugar, pues al suelo con ellos. Cantábamos y hacíamos monadas, veíamos los dibujos de la tele juntos (pocos, porque soy poco amiga de la caja tonta). Les contaba y sobre todo, les explicaba las cosas. Dejaba las tareas de la casa para cuando ellos no estuvieran… ¡cuántas horas invertidas!
Cuando comentaba con amigas también madres mis experiencias respecto a mis hijos, terminaba callándome pues o me miraban como un bicho raro, o me decían que cómo podía haber disfrutado pariendo y amamantando. Lo que ellas no sabían es que esas sensaciones se quedarían grabadas en mis células con  el fuego del amor.
Me apoyaba en mi madre y leía mucho sobre niños: alimentación, salud, psicología; pertenecía al APA, acudía a una Escuela de Padres… todo lo necesario y más.  Me tomaba nota y guardaba en un cuaderno cuando decían su primer “mamá”, su primer diente, su sarampión o paperas, sus primeros pasos, sus cinco lobitos, cuando subieron escaleras. Estaba empeñada en ser una buena madre porque ése era mi papel, eso era lo que había elegido.  Algún día la Vida dirá si lo he conseguido…
Me hubiera gustado tener más hijos, pero decidimos que ya estaba bien. Todavía hoy veo a una embarazada o a una madre con un bebé y me provoca una inmensa ternura. Y muchos años después, aún he soñado que paría de nuevo, que amamantaba y me ha despertado la sensación de subida de leche en mis pechos. Me salen  lágrimas de emoción cuando lo recuerdo.
Por eso, ahora  os veo, os escucho y valoro mucho la suerte que tenéis las madres por poder disponer de tantos conocimientos, por tener a vuestra disposición tantos medios para difundir vuestras ideas, por tener a mano tanta información para poder utilizar en favor de vuestros hijos y tanta capacidad para trabajar agrupadas. ¡Ojalá yo los hubiera tenido! Seguro que hubiera amamantado a mis hijos más tiempo, seguro que estaría luchando por mis derechos a tener un parto natural, entre otras cosas.
Pero mi momento ya pasó, ahora soy ABUELA y estoy encantada, soy muy feliz por ello y quiero disfrutar de mis nietos. Y mirar desde lejos en esta nueva etapa del otoño en mi vida.  Siento que lo que me queda por hacer es apoyaros, animaros a seguir, ayudaros  en lo que  pueda y daros mis bendiciones.
Con todo mi amor."

domingo, 19 de diciembre de 2010

Carta de una madre a una madre joven.

Esta carta se la escribí a mi primogénita tras el nacimiento de su primer hijo,  mi primer nieto, en enero de 2007.
Posteriormente la envié a una revista en la que se ganó un premio... que nunca recibí.   Aunque tampoco nos hubiera servido de mucho porque era un lote de biberones... y mi nieto tomó teta durante 25 meses.

"Querida hija:
Son estos momentos de grandes inquietudes. Acaba de nacer Ibai, tu hijo y este acontecimiento despierta en mí una necesidad imperiosa de comunicarme contigo, de expresar la emoción que siento.
Antes que nada, quiero decirte lo orgullosa que estoy de ti, o mejor, cuánto me llena verte como a una madre con plena conciencia y con todo el amor que tienes para arrullar a ese hijo tuyo, tan querido, tan deseado.  Cómo has sacrificado tu bienestar para parir de la mejor manera para tu niño. Cómo has resistido el dolor, el cansancio, el miedo... ¡Qué excepcionalmente te has comportado!

Verás que tu hijo te hará sentir cantidad de sensaciones: alegría, sueño, inquietud,  miedo... pero no temas. Las madres somos protectoras celosas de nuestros hijos.  Aunque a veces en demasía porque son nuestros retoños. Y siempre, siempre, por muchos años que pasen los hijos serán los cachorros y la madre extenderá sus alas con instinto protector.

Aprovecha y disfruta cada momento de la existencia de tu bebé, pues la vida pasa rápido. Tal vez demasiado rápida para reconocer todo lo que nos brinda. Ámalo y respétalo con un amor incondicional, como a ti te gusta que te quieran.

Quiero pedirte perdón por todas las veces que te hayas sentido agobiada por querer compartir contigo cosas que, tal vez, no te correspondían. Es una lección que he de aprender de la Vida pero que me resulta difícil: aunque sepa que los cachorros abandonan el nido cuando llega el momento, no es fácil aceptar la realidad.
Supongo que me pasará lo mismo con tus hermanos, pero de otra manera más sosegada.  Siento que mi vínculo hacia ti es más fuerte por el hecho de ser mujer tú también (no así el amor que siento por vosotros tres que es inmensurable).
Quiero decirte que siempre estaré a tu lado, aún cuando creas que no me necesitas.  Que puedes contar con mi apoyo y mi presencia cuando lo consideres.

Vive plenamente tus sentimientos como madre y como mujer.  Es un privilegio que sólo la naturaleza nos ofrece a las féminas.  No temas expresarlos pues siempre encontrarás a alguien que te escuche y entienda, como mujer, lo que te suceda. Toma conciencia de estos momentos, son los que te harán crecer y ser feliz.

Te quiero, con todo el amor que la Vida me ha reservado para ti".


Volviendo atrás.

Estoy volviendo atrás e intentando recordar cual fué la primera vez que mis escritos salieron a la luz.


Y me voy a septiembre de 2006, cuando mi hija y su chico decidieron casarse.  Escribí unas palabras de presentación  y además las leí yo.


Recuerdo el momento de emoción al escribirlas, apenas podía terminar la página. Después, en la ceremonia, pude ver las caras y las lágrimas que rodaban por las mejillas de algunos familiares y amigos.


Describía, a grandes rasgos, cómo era ella y cómo era él. Y lo que les deseaba para el futuro. Ciertamente, hoy, aún no sé cómo fuí capaz...

Comienzo mi andadura...


Animada por algunas personas que me conocen, y después de haber publicado desde hace algún tiempo en otros blogs, ahora creo que ha llegado el momento de abrir el mío.

La verdad es que no se me daba demasiado bien escribir hasta que, en determinado momento de mi vida, necesité expresar mis sentimientos mediante la palabra escrita.

Así, hoy me atrevo a escribir pero sólo porque siento las palabras, son las que surgen de mi corazón, son la expresión de unas emociones que necesito expresar y compartir.

Quiero comenzar recuperando los textos que andan por ahí, por otros espacios virtuales.  Porque todos tienen algún significado especial.  Todos han surgido en momentos de apremio por sacar algo que me estaba rondando.  Ya por la cabeza, ya por el corazón.