.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

sábado, 26 de febrero de 2011

Mi mascota



Os presento a Filomena.  Ella es mi mascota.

Hace algunos años que nací en casa de mis abuelos.  Era un piso en la ciudad, una casa grande que contaba con seis habitaciones amplias, salón, cocina grande, pasillo y recibidor, cuarto de baño grande y completo, un aseo.  Todas las estancias en torno a un gran patio de luces interior. Todavía la recorro en mis sueños porque allí pasé mi infancia hasta que, cuando yo tenía 10 años, mis abuelos se cambiaron de vivienda. Demasiado grande para ellos solos.
En  esta  casa, una de mis  diversiones  -entre otras muchas- era recorrer agachada por los pasillos, por las salas,  buscando a la tortuga de mi abuela.  Era una mora (Testudo graeca), y se llamaba Filomena.  Recuerdo darle de comer hojas de lechuga y judías verdes. Y los bocados que marcaban su huella en las hortalizas. Al cambiar mis abuelos de vivienda, no sé que hicieron con la tortuga.  Muchos años después, aún me lo preguntaba.

Siempre les había contado a mis hijos mi ilusión por este animal. Ellos saben que me gusta todo bicho viviente (¡excepto las cucarachas!) y por no tener obligaciones, nunca hemos tenido animales en casa. Bueno si, algún que otro hámster cuando los niños eran pequeños. Como decía, ellos sabían mi admiración y mi recuerdo por aquella Filomena que paseaba tranquila por el pasillo y yo perseguía para darle su trozo de tomate…

Guiada por mis intuiciones, que cada vez me fallan menos y cada día se confirman más, el día de Reyes de hace tres años, supe que tendría una tortuga.  Y así fue.
Mis hijos buscaron por tiendas especializadas de animales, al fin la encontraron y la compraron. . Tendrá ahora unos 13 años y es una hembra. Ésta es una Chelonoidis carbonaria que se ha adaptado perfectamente a mi vivienda. Le hemos preparado un espacio para ella, muy de ir por casa, pero eso es lo que ella quiere… deambular por todos los sitios, y yo la dejo.  Como mi abuela dejaba  a su Filomena.

Ahora son mis nietos quienes disfrutan con ella, quienes al venir a verme la buscan… y en mi cara se dibuja una sonrisa, como cuando era yo la niña.

miércoles, 23 de febrero de 2011

2000


Dos meses  y cuatro días  ¡2000! visitas.  Desconozco quien, además de las personas que yo he invitado, leen este blog.   Para las que muestran interés y para las que leen con otros intereses. Mi agradecimiento es para todas aquellas que pasan por aquí.  Su huella queda en el Universo...
Con Amor.

Caminando



Son las 9:45 horas de la mañana y salgo a la calle para hacer algunas gestiones. El día es luminoso y ventoso, como decimos por aquí “hace día de Fallas”. La zona donde vivo está rodeada de parques y jardines, y decido ir caminando ya que siempre que puedo evito coger el coche, incluso el transporte urbano y así aprovecho para andar.
Emprendo el camino cruzando por uno de los parques y voy despacio, siendo consciente de mi respiración, observando, sin prisas…

Y una imagen se ha quedado grabada en mi retina. En una zona de césped había un perro blanco sentado majestuosamente. No entiendo mucho de canes, pero por su porte parecía un galgo. Su hocico afilado miraba al sol y éste hacía brillar el verde del suelo. El animal estaba rodeado de palomas que revoloteaban y se posaban cerca de él que impasiblemente las miraba.
Entonces he pensado “ahora se levanta y comienza a correr tras ellas”. Me he quedado un momento parada, observando… y el perro ni se ha movido, sólo las miraba impertérrito.
Me ha resultado un momento mágico. Vaya tontería… ¿no?

He proseguido mi camino. En un termómetro marcaba 20º a las 10:30 horas. Hoy va a hacer calor. Con el chaquetón en la mano he llegado a mi destino.
Y ahora, mientras me atienden, escribo estas palabras. De nuevo me siento agradecida por poder pasear tranquilamente bajo el sol, por darme cuenta de lo fácil que resultaría vivir si diera a las cosas el valor que tienen en su justa medida.

Teniendo en cuenta lo revuelto que anda nuestro planeta a consecuencia del abuso de poder en sus distintas caras (casi siempre es por lo mismo), un pequeño hecho intrascendente como éste, puede ser lo que me aporte cierto sabor dulce a lo cotidiano.
Porque vivir el momento disfrutando y seguir caminando hacia adelante sin mirar atrás es,  en estos momentos,  el sendero que me he marcado.
Que  lo consiga o no… eso es otra cosa.




domingo, 20 de febrero de 2011

Crianza, sin más.



La primera vez que leí el lema cambia la forma de criar y cambiarás el mundo” me pareció genial. Por fin alguien, además de darse cuenta de esta realidad, lo manifestaba en voz  alta y a través de sus palabras, invitaba a una maternidad y a una crianza más consciente.
Pero parece que ahora existan varios movimientos  encontrados en torno a la forma de criar a los hijos. A lo que se hace desde el corazón y siguiendo el instinto, le han puesto nombres.  Y como todo lo que se etiqueta gratuitamente tiene sus malos-entendidos, sus efectos secundarios, su "contra-producción".

jueves, 17 de febrero de 2011

Alma


Esta poesía me la pasaron hace años, no sé a quién corresponde por tanto no puedo citar la autoría. Sólo sé que me gusta… y quiero compartirla.

Eres más de lo que finges ser,
Eres más que lo que puede ver casi todos los ojos,
Eres más que toda tu  historia,
Mira en tu interior y encontrarás
Que hay alegría  en tu mente

Eres más que el modo en que te ganas el sueldo,
Eres más que lo que hoy pareces,
Así  que  despréndete de esa máscara,
Eres igual que tu misión,
La pregunta que deberías formular es quién  eres...

Eres más, ven y deja que salga tu espíritu,
Eres más, tu alma no debería dudar,
Levántate, despierta,
Con cada aliento que respiras,
El dios en tu interior anhelará ser...

Eres más que célula, sangre y hueso,
Eres más que sólo tu nombre,
Eres más que todo lo que puedas poseer.
Mira por doquier a tu alrededor,
Hay algo que compartimos.
¡La magia en el aire eres tú!

Eres más que un gráfico de estadísticas,
Eres más que la suma de todas tus partes,
Eres más en el centro de tu corazón.
Sabes que es verdad,

Ese ser que  eres tú

Tiene  milagros que obrar.



lunes, 14 de febrero de 2011

El poder de las palabras


 Utilizamos la palabra como medio de expresión de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos. Y ésta tiene una gran fuerza si se utiliza en sentido positivo, y la misma fuerza si se utiliza de manera negativa. Porque la palabra y el pensamiento están unidos, otorgando el poder de la acción hacia fines determinados. Porque las palabras son unas vibraciones que, ya sean escritas o habladas, ejercen una intensa fuerza sobre quien las pronuncia y sobre quien las escucha, incluso sobre la voluntad de quien las recibe.


Las palabras tienen el poder de hacer sentir, de producir dolor, de ser un bálsamo sanador, de despertar los más bajos instintos, de transmitir Amor… porque las palabras llevan implícitas la acción. Si expresan cólera, rabia, desamor pueden ser instrumento hacia la negatividad. Si por el contrario expresan sentimientos de paz, de serenidad y de Amor, son conductoras de bienestar.

Tenemos el poder de manifestarnos a través de la palabra, es nuestra responsabilidad. Aquello que manifestemos es lo que vamos a recibir de vuelta, aquello que repetimos, lo que decimos aún desde nuestra mente inconsciente es lo que vamos a recibir.  Si es negatividad y dolor desde nuestro papel de víctima, es lo que se va a quedar afianzado.  Si expresamos palabras positivas desde el amor, es con lo que vamos a vivir.  Porque son nuestros pensamientos los que van dirigiendo nuestras emociones de la misma forma que son nuestros pensamientos los que van moldeando nuestro estado físico. Porque nuestros pensamientos, conscientes o inconscientes, son los que dirigen nuestras palabras y nuestros actos.


Nuestra palabra depende de nuestra emoción. Hay situaciones en las que un sentimiento se nos apodera y como reacción, se expresa positiva o negativamente. Hemos de “educarnos” en el pensamiento  para expresar en positivo y rechazar los pensamientos negativos cuyas respuestas son perjudiciales potenciando la culpabilidad, el rencor, el odio, la rabia… que luego se quedan en nuestras células.

Creo que toda acción tiene una reacción, y que las cosas siempre suceden por y para algo. Reflexionar sobre lo que sucede, puede aportar una visión global y la serenidad para aceptar los hechos y además tomar distancia, aprendiendo la lección que supone.

Dicen que el tiempo todo lo cura. Personalmente no lo creo. Más bien creo que se curan los hechos que se entienden, se aceptan  y se dejan pasar. Sin vencedores ni vencidos. Sin resentimiento ni culpabilidad. Sin mal-estar y desde el perdón.


Para ello hay que aprender a expresar la asertividad, diciendo lo que se piensa, lo que se siente… y lo que una persona necesita y desea. Aceptando a la gente como es, sabiendo que no se puede cambiar a nadie y aceptando la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos, porque sólo se puede asumir lo que a uno le corresponde. Así es que hemos de entender la libertad de cada persona para expresarse, siendo  asertiva o agresiva, porque es ella la que elige desde su propio criterio.

Sabiendo y aceptando que cada ser es único, atrevernos a expresar “midiendo las palabras” que pueden implicar todas las emociones negativas.  Expresando nuestros sentimientos sin verter en nadie nuestra emoción, sea cual sea. Aceptar la responsabilidad de nuestra actuación…

Conocer, también, que existe la ley de la Afinidad y sabiendo que nos movemos por vibraciones  entenderemos por qué nuestras palabras llegan a cada persona de distinta forma, que nuestras palabras se reciben y se interpretan según las distintas frecuencia en que vibren las personas que participan en el diálogo, en la conversación. O por qué, en otros momentos, existe la sensación de invisibilidad…


sábado, 12 de febrero de 2011

Un día...feliz.




Hace unos días vino a mi ciudad una Amiga, compañera de promoción en mi formación como Doula. Habíamos quedado en pasar el día juntas y charlar.
Y lo cierto es que resulta tan gratificante compartir horas de esta forma, que parece que el tiempo se queda estancado.

Después de tomarnos un plato de exquisita comida vegetariana en un familiar, pequeño y encantador restaurante árabe, dimos una vuelta por la ciudad –poco rato, pues hacía frío- y terminamos sentadas tomando una infusión calentita, en el antiguo  Mercado de Colón, que tras una preciosa rehabilitación se ha convertido en un sitio con encanto, de referencia para nativos y foráneos.

Hablar de nosotras mismas con sinceridad, pudiendo expresar lo que el corazón siente. Saber que la persona que tienes al lado no te juzga, no trata de cambiar tus palabras.  Sentir que compartes vivencias, sensaciones y emociones con alguien que está en tu misma línea de crecimiento… no es algo habitual en los días que vivimos.
Porque necesitamos sentir más que pensar, necesitamos estar más que actuar. Y en muchas ocasiones, no nos lo permitimos…o no sabemos.

Mi Amiga y yo estuvimos charlando hasta avanzada la tarde, pero el día se nos hizo muy corto.  Tuvo que partir, pues venía de lejos. Quedamos en repetir la experiencia, en que esta posibilidad de vivir unos momentos tan gratos desde la naturalidad, no debíamos dejarla perder.
Ahora me recreo en esa sensación de bienestar, a pesar de mi aprendizaje en vivir el momento presente.

Creo que es un ejercicio que todas las personas deberíamos de hacer con cierta frecuencia. Porque para eso estamos las Amigas, para compartir, escuchar, reír y llorar. Para pedir socorro y para echar un cable.  En la presencia y desde la ausencia, siempre primará el valor de la amistad, que trasciende más allá de cualquier necesidad personal.

jueves, 10 de febrero de 2011

Poema de infancia


Aunque soy bastante lectora, he de reconocer que no entiendo mucho de poesía. Es más, no suelo leerla y soy desconocedora de la mayoría de los poetas de la actualidad, salvo algunos más conocidos.

Estos días, organizando una estantería donde tengo libros de hace años, he encontrado una joya.  Un libro muy antiguo de poemas de Rubén Darío.  Y me voy atrás en el tiempo…

En casa de mis padres, uno de los libros que más me atraían junto a un tomo de Medicina Natural del Dr. Vander (de 1952), era uno pequeño encuadernado con tapas duras, de color oscuro. En la primera página había una dedicatoria, de mi abuelo a su hijo menor, mi padre. Para éste era algo de un valor incalculable, pues era el único recuerdo que tenía de su progenitor, con el que mantuvo una relación de amor-odio.
En mi alma de niña, nunca pude comprender este aprecio. Pero conforme fui creciendo,  entendí la importancia y el valor sentimental que mi padre le daba.  Y así, yo lo leía y releía… “La cabeza del Rawí” “Nocturno” “Sonatina” “Canción de Otoño en Primavera (Juventud divino tesoro…) sin entender apenas, me gustaban, me transmitían sueños…  Pero había una que especialmente me gustaba, la aprendí de memoria… “A Margarita Debayle” y posteriormente, me  olvidé. De la poesía y del libro.

Siendo ya bastante mayor, un día de mi cumpleaños, mi padre me hizo el más humilde de los regalos… y el mejor. Con lágrimas en los ojos me entregó el único legado de su padre, el libro de poemas de Rubén Darío. Nos abrazamos y nos pusimos a llorar como niños.  Estaba desvencijado, garabateado con lápiz por alguna de mis hermanas o por mí. Pero lo acogí con todo mi cariño y lo forré cual tesoro con papel de aluminio. No sé si este autor es considerado un buen poeta, tampoco me importa su vida. Me vale mi recuerdo.

Y ahora, volviendo al presente, al encontrarlo en este rincón del olvido, no he evitado  derramar unas lágrimas por lo que este libro supone. Toda la carga emocional que lleva, todo el cariño de un abuelo hacia un padre, de un padre hacia una hija y ahora lo guardo como prenda preciosa,  sin saber qué harán mis hijos con él…

He intentado recordar la poesía y a mitad… me he perdido. He tenido que recurrir a "San Google" para obtenerla completa.  Ahora la voy a compartir aquí, con quien le apetezca leerla.  Este será mi homenaje, casi secreto, a mi padre.  Y a mi abuelo.


Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fué la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:

"Fuí a cortar la estrella mía

a la azul inmensidad."


Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fuí no sé por qué;
por las olas y en el viento
fuí a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.       

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:                       
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar 
un cuento.    



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lunes, 7 de febrero de 2011

Los nietos



Antes de que mis hijos tuvieran a los suyos propios, había oído comentarios como que se quiere más a los nietos que a los hijos, y siempre pensaba que eso no podría ser. 

Ahora que ya tengo tres nietos, puedo entender a qué se referían…Y me atrevo a decir que no estoy de acuerdo.  A los nietos no se les quiere más que a los hijos, se les quiere de forma distinta. Porque hemos de recordar que son los hijos… de nuestros hijos.

Mis nietos aportan en mi vida una chispa de alegría, de ilusión, de juventud indescriptible.  Me enseñan día a día con su naturalidad, con su confianza, con su espontaneidad… son mis otros grandes Maestros.

Y es que ya por el mero hecho de ser niños, me despiertan una gran ternura. Siempre he adorado a los críos, he sentido una especial empatía con ellos y he querido ponerme a su altura para poder entender sus necesidades.

Porque me quedo atontada viendo como saben desenvolverse, como interpretan su papel sin tener que fingir, sin mentir, expresando lo que quieren y lo que necesitan.  Me gusta verlos reír, correr y saltar.  Me gusta ser testigo de sus aprendizajes y de sus avances.  Me encanta ver, día a día sus progresos y me gusta, de alguna manera, acompañarles en este proceso.

Se me nublan los ojos cada vez que mi nieto de 6 meses, viene a casa con sus padres y al abrir la puerta y decirle “¡el chiquitín precioso de su yaya! me hace una sonrisa de lado a lado y me tira los bracitos, ¡me emociono hasta la médula! Y  cuando mi nieta de 18 meses me echa los bracitos  al cuello y mirándome con los ojitos brillantes me dice, muy dulcemente “yayaaa ”.  Y cuando mi nieto con sus cuatro años recién cumplidos, se sienta en mi regazo, charlamos y me pregunta ¿a ti que te parece, yaya? 
¡Ufff! Nada más de escribirlo ya estoy emocionada…

Sé que soy afortunada porque los padres de los chiquillos me permiten disfrutar con ellos, porque me dejan jugar, darles de comer, llevarlos de paseo, bañarlos, dormir con ellos… porque, sin duda, saben y perciben todo el Amor que me inspiran, y todo el cariño y respeto que, como personas (niños, pero al fin y al cabo personas) les prodigo. Y es que, de verdad, no me importa tirarme al suelo a montar el tren y hacer puzzles hasta que no veo ni los colores, o jugar a la pelota en el pasillo y darle a la palanquita de la mariposa hasta que me duele la muñeca…¡incluso llenarme de sémola cuando no quieren comer más!

Y ese es mi papel de abuela, que no de madre.  Porque tengo claro que yo no los educo, aunque sí que les puedo transmitir mis valores en positivo. Y porque también tengo claro, en contra de lo que mucha gente piensa, que tampoco les consiento, con el sentido peyorativo que se le da a esta palabra, al referirse a este tema.  No es ese mi papel, porque lo que para otros es consentir: llevar al brazo, jugar cuando quieren, dejar que experimenten aunque me vacíen los cajones, hacerles comiditas divertidas y agradables a su paladar, darles todo el tiempo que necesiten para dormirse aunque tenga que leerles mil cuentos…vaya, todas esas cosas que otros llaman malcriar, para mí no lo es.  Y sé que para sus padres tampoco.
Así es que todo eso –y mucho más- son los nietos para mí.  Una ráfaga de aire fresco, una chispa de alegría continúa, una ilusión y un acompañar el paso del tiempo de la mejor forma.  Haciendo y sacando lo mejor,  para que algún día, cuando recuerden a su abuela, bueno, a su yaya, lo hagan con la mejor de las sensaciones, con el mejor de los sentimientos, con el único que me interesa y me importa transmitirles: mi amor incondicional hacia ellos.


sábado, 5 de febrero de 2011

Cantando Mantras


Sábado, 8:30 de la mañana, el día parece luminoso y me planteo qué hacer. Mi marido se ha ido al monte y hoy no le acompaño. Pero sé que no quiero pasarme la mañana en casa limpiando o cara al ordenador.
Recuerdo un correo electrónico: “Canto de mantras en Espai Món Sà”. No me lo cuestiono más, si me ha venido a la mente, por algo será.
Llamo para confirmar mi asistencia y me  preparo para ir.  Comienzan a las 11:00, así es que tengo tiempo de sobra.

Efectivamente, el día es radiante y el sol comienza a calentar.  Al llegar al Centro de Yoga, saludo a las personas que allí estaban. Con algunas ya había coincidido en algún taller, a otras no las conocía, pero una vez allí eso no importa. Todos nos dejamos las “vergüenzas” en la calle.
Nos ponemos en círculo, la profesora que va a compartirnos los Mantras nos invita a hacer nuestra presentación, para quitar la poca máscara que pudiera quedar.  Terminada la rueda, nos da una hoja impresa con los Mantras de hoy, los miro y me quedo “ojiplática” (o sea, con los ojos como platos).

Porque los Mantras a trabajar hoy me muestran la solución, el apoyo, la claridad que necesitaba tras esta semana algo movidita por temas familiares, por cosas personales...  Son cantos para desarrollar la creatividad, para abrir la propia energía creativa.  Son mantras para mantener el equilibrio en el juego de la Vida, para liberar mis inseguridades, para equilibrar mi cerebro. Son melodías para exaltar mi YO, para abrirme a la paz interior y a la fe, para expresar el poder del amor desde el corazón…

Y aunque yo había cantado mantras durante mis clases de yoga, esta sesión continua de 90 minutos paralizando la mente pero moviendo el cuerpo y el alma, ha sido una experiencia preciosa, trascendental… por el fluir de la energía, por la paz y por el Amor… por las sensaciones que he experimentado y por los sentimientos que he sentido (aunque sea una redundancia).  Al terminar y expresar con una palabra mi emoción en ese momento, la que me ha venido ha sido: gratitud.
Y es que no es para menos. Porque soy consciente de que puedo “ver” las herramientas que la Vida me sigue ofreciendo y soy capaz de utilizarlas. Porque he aprendido a escuchar a mi instinto y hacerle caso. Porque puedo integrar lo que recibo y porque lo acepto .
Así, al llegar a casa, a las 13:00 horas,  con una temperatura de 19 grados en la calle, con un sol radiante y con el pecho henchido de serenidad, no puedo dejar de dar gracias a la Vida, de nuevo.  Porque así lo siento. Porque de buen nacido es ser agradecido.




viernes, 4 de febrero de 2011

Tristeza


Hoy ando un poco de bajón.  El reencontrame con ciertas situaciones de la vida, el ver que algunas personas prefieren mantenerse alejadas de su propia esencia por no tomar contacto con su realidad, aunque sea desde su desconocimiento, me produce una sensación de tristeza que necesita de su tiempo para trascender.

Y aceptar que no puedo –no debo- hacer nada, me resulta… difícil. Porque por mucho que sepa que no me toca, que cada cual decide su vida, que cada cual goza del libre albedrío para elegir… por mucho que lo acepte, me sale el lado humano, racional… mi reminiscencia de “tabla salvadora”. 
Y me enfrento a la lucha de no intervenir más de lo que ha de ser.

Y a veces, me desanimo. Porque además, desde fuera me catalogan rápidamente. De mística, de pirada, de “rarita”… y aunque también estoy aprendiendo a que esas cosas no me afecten, la carne es débil.

Hoy, estoy así.  Porque algunos proyectos en los que había puesto algunas de mis energías se van al traste, porque puedo ver a algunas personas que estimo sumergidas en su dolor, en su lástima sin capacidad para cambiar sus patrones. Porque veo –y leo- a otras, desde su rabia y su pena andar juzgando y criticando de manera gratuita.

Y ahora necesito tiempo para saber cuál es el sentimiento que me invade.  Porque algo se me remueve… porque algo me hace saltar una alarma.  Intentaré encontrar un momento de reflexión, a pesar de las actividades que tengo previstas.

Hoy, ahora,  estoy así… tristona, reflexiva.  Luego, mañana… no lo sé. Esperaré a que  la luz y el calorcito del sol  me sirva de limpieza, de borrón y cuenta nueva. Y entenderé que ha sido un peldaño más… hacia arriba, hacia mi propio crecimiento.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Senderismo


Desde hace bastantes años, una de las cosas que me resultan muy gratificantes es salir al monte y lo hago bien acompañada por un grupo de senderistas, algunos de ellos ya amigos después de recorrer juntos un montón de kilómetros y compartir alguna que otra peripecia.


Este fin de semana, nos hemos ido a Enguera, población que se encuentra situada en el suroeste de la provincia de Valencia, enclavada en las estribaciones de la sierra a la que da nombre y abarcando un término municipal de 240,25 km2 y que ofrece  diversos y bellos parajes de montaña, barrancos y cerros, así como bosques de tipo mediterráneo con mayoría de pinares y encinas.

Sentía la necesidad de notar el aire frio en la cara, la necesidad de cansarme disfrutando de una costosa subida. Necesitaba escuchar el silencio entre los bosques y las palabras amables de algunas de mis compañeras de camino. Anhelaba pisar la tierra dura y compacta, saltar entre piedras por el barranco, resbalar en otras zonas por el barro acumulado tras estas últimas lluvias. Echaba de menos andar en silencio, fatigarme, notarme las piernas cansadas… sentir mi cuerpo físico.

Y así ha sido este fin de semana.  Completo. Por la  aventura vivida, por las risas, por el buen yantar y sobre todo por la buena compañía.   Ésa que siempre te recibe aunque haya pasado tiempo sin verte, ésa con quien compartes la bota de vino… y algunos de tus pesares.  Esas personas que se enamoran de esta afición que nos aporta optimismo, que te hace vivir el compañerismo, que te enseña a respetar y donde te sientes respetada.

Luego, las agujetas para recordarme esos músculos que tenía olvidados, para decirme que no he de estar tanto tiempo sin hacer camino, porque ésta es mi otra gran afición y no quiero aparcarla, hacer senderismo con los míos, con los de siempre y con los nuevos.

Así es, como en la Vida, andando, mirando al frente, con quien vaya llegando para compartir sendero. 
Felizmente y dando gracias, de nuevo.




martes, 1 de febrero de 2011

Embarazar-se


Continuar la especie es una necesidad natural para que nuestra raza no se extinga y tener un hijo ha sido, durante mucho tiempo, la mayor aspiración de muchas mujeres. Pero hoy en día las cosas han cambiado, algunas mujeres  lo tienen muy claro y por decisión propia no quieren ser madres, es algo que no contemplan en sus prioridades, en su elección de vida. Y como tal, es respetable.  Pero vamos hacia el lado opuesto, hacia el lado en que una mujer decide ser madre… y no puede concebir.

Parece algo muy sencillo: un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales en una supuesta etapa fértil y se produce un embarazo. Pero entre el óvulo y el espermatozoide debe de darse, también, una especial conexión, una química que va más allá de lo puramente físico. Se produce una elección teniendo en cuenta todos los factores sistémicos, genéticos, de herencia, de las condiciones emocionales. El cuerpo tiene una memoria  celular y  el útero de la mujer almacena lo ocurrido a las mujeres de la familia a través de varias generaciones, lo relacionado con el embarazo y el parto. Esto es, también existe una memoria uterina.
Por eso, desde mi entender, creo que en estos tiempos que vivimos no resulta siempre tan fácil. Y que son muchos los factores que influyen para que el embarazo se produzca y llegue a buen término, a un nacimiento feliz.