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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Para todas las mujeres...



Para todas las mujeres maduras y sagaces que están aprendiendo cuando es el momento justo para decir su verdad y no callar, o callar cuando el silencio es más fuerte que las palabras.

Para todas las mujeres que están llegando a la madurez, que están aprendiendo a ser gentiles cuando sería más fácil ser crueles, que saben poder herir cuando la situación lo reclama con un corte neto y preciso, que se están ejercitando a decir toda la verdad con toda piedad.

Para todas aquellas que violan las convenciones y estrechan la mano de los extranjeros saludándolos como si los hubieran visto crecer y los conocieran desde siempre...

Para todas aquellas que están aprendiendo a sacudir los huesos, remover las aguas, y la cama, pero también a aplacar la tempestad.

Para aquellas que custodian el aceite de las lámparas, que mantienen la calma en la vida cotidiana...

Para aquellas que perpetúan los rituales, que recuerdan como encender el fuego con un simple hilo y un sílice...

Para aquellas que recitan las antiguas plegarias, que recuerdan los símbolos, las formas, las palabras, las melodías, las danzas, y aquello que los ritos, en otro tiempo, buscaban aplacar....

Para aquellas que bendicen con frecuencia y con gusto a los demás...

Para aquellas mujeres maduras que no tienen miedo, o que si lo tienen, deciden de todos modos accionar con determinación...

Por ellas... que tengan una larga vida, en fuerza y en salud desplegando todas las velas de su inmenso espíritu.

Clarissa Pinkola Estés "La danza delle grandi madri"

lunes, 24 de septiembre de 2012

Madre-abuela versus Doula.



"Contactó conmigo una chica joven embarazada de su primer bebé. Estaba en su tercer mes y tenía mucho miedo. Ella sabía quienes somos las Doulas. Es más, a ella le habría gustado poder serlo. Hablamos, se sentía sola y tenía un impedimento real para su acompañamiento: su madre. Tras este primer encuentro, no volví a saber de ella.

Pasados cuatro meses, me localiza de nuevo.  Se siente muy mal, necesita hablar... proseguir el acompañamiento. En este nuevo encuentro me entero de que su niña se ha colocado de nalgas... y la chica tiene horror a la cesárea.

Establecemos, según su criterio, un ritmo de visitas, comentamos algunas cosas prácticas en torno a hospitales, plan de parto, lactancia... La invito a venir a la próxima reunión de El Parto es Nuestro y no aparece, lo que me produce cierta intuición...

Estando cercano el siguiente día de nuestro encuentro, mediante correo electrónico me comunica que su madre, apoyada por su marido (el padre de la criatura), ha decidido que no necesita de una Doula. Y nada más.

A los dos meses de este suceso, y también mediante mensaje , me comunica que ha tenido un parto horroroso que finalizó en cesárea. Pero que la niña está bien.
Sucedió lo que tanto temía, lo que tenía que suceder".

(Este hecho es real. He cambiado y omitido algunos datos por respetar la intimidad de las personas. Pertenece a la recopilación de mis acompañamientos)


Y es que uno de los miedos que tienen las mujeres embarazadas a la hora de tener a una Doula como acompañante en cualquier fase de su proceso de embarazo, parto y/o lactancia, es cómo va a afectar esta decisión a su propia madre.
 
De las mujeres que he acompañado desde que terminé mi formación, todas lo han ocultado, excepto una de ellas que se lo dijo a su madre –no sin cierto temor-  clara y abiertamente, explicándole sus razones. Sorprendentemente para ella,  ésta lo tomó muy bien e incluso estaba orgullosa de ver cómo su hija estaba preparándose durante la gestación, “incluso tiene una Doula” comentaba a sus amigas cuando surgía el tema.

Y es que el tema de la propia madre es como un león dormido, que parece plácido pero despierta, listo para el ataque, ante el menor ruido.

Según comenta Maureen Murdock en su libro "Ser mujer: un viaje heróico", “la desvalorización de la mujer comienza con la propia madre, a través de su individualización, cuando comienza a separarse física y psicológicamente de la madre y de su arquetipo”. Porque muchas hijas desean ser más  “completas” y más libres que su madres lo fueron, pero en cambio necesitan de su tiempo… y de su aprobación.
Y esta lucha les produce un miedo a la pérdida, una herida oculta que solamente sanarán ellas mismas desde su interior, nutriendo su alma y su cuerpo, manifestando sus sentimientos, su creatividad, su sentido del humor y su sexualidad.  Si no se llega a este punto y una está en paz con ella misma, con su condición de mujer, con su femineidad y acepta a la madre en lo que ha sido, en lo que ES, la herida sin cerrar fácilmente se abrirá cuando ella misma devenga madre, especialmente si lo es de una niña.

De igual manera, algunas madres no entienden por qué su hija necesita de una Doulasi la tiene a ella. Esto, quizás, resulta más fácil de entender desde fuera: cuando no existen lazos emocionales, el acompañamiento surge de otra manera. Y fluye.
Porque aunque las madres creamos que las hijas cuentan con nosotras, hay muchas cosas que son de su propiedad, de su intimidad y que antes las confían a otra persona preparada para tal propósito, que a su propia madre. Porque no quieren pre-ocuparla, porque temen la respuesta, porque no quieren ser juzgadas, porque temen el poder de la matriarca… hay tantas razones como mujeres.

También es cierto que algunas madres a punto de ser abuelas se pueden sentir dolidas, porque ellas no han oído hablar de la Doula, y desde el desconocimiento la menosprecia, aunque hayan sentido en propias carnes esa necesidad de acompañamiento. Porque ellas, parieron a sus hijos en un entorno hostil y frío, la mayoría solas. Y se conformaron.
Por eso creo necesario hablar con la madre desde la humildad,  y de una manera sencilla explicarle cuál es la labor de la Doula.  Y tranquilizarla porque nosotras, las Doulas, nunca ocuparemos el lugar de una madre en el corazón de su hija.
Porque las Doulas estamos dispuestas para un proceso y pasado el tiempo, cuando éste finaliza, termina nuestra labor.

Por eso, cuando a una embarazada durante el acompañamiento, por sí sola, le surge el tema de la madre, creo importante que lo solucione. En el libro de Gabriella A. Ferrari "Meditaciones para realizar durante el embarazo", hay una visualización preciosa que les propongo hacer si se sienten preparadas para ello.
Y es curioso... porque siempre dicen que sí, ya que realmente subyace la necesidad de madre.

Estas reflexiones me han surgido en este periodo de duelo. Porque al volver a la casa materna y reorganizarla tras la muerte de mi padre, parecen asomar mis fantasmas respecto a este tema.  Y ahora les ponga cara, les pongo nombre, porque en estos momentos, desde la distancia propia del tiempo transcurrido, el aprendizaje, las heridas sanadas… entiendo muchas cosas que en su día no entendía, y pienso que ojalá todas las mujeres tuvieran la oportunidad de una reconciliación con su madre para que cuando llegue el momento de su parto y busquen el apoyo de una Doula, no surja nada que lo limite y pueda compartir sus experiencias desde el Amor y el respeto mutuo, con esa mujer que la albergó en su útero y que, como supo, la trajo al mundo.


“Toda mujer contiene en sí misma a su hija, y cada hija a su madre; todas las mujeres se extienden hacia atrás hacia su madre y hacia delante, hacia su hija”

C.G.Jung “Physichological Aspects of the Kore”, Jung & Kerenyi, Essays on a Science of Mythology, p.215


La imagen de portada es "Doula", dibujo de Gioia Albano a través de http://www.facebook.com/doulasyprofesionalesfcc



viernes, 21 de septiembre de 2012

Inicio astronómico del otoño de 2012


OTOÑO. Alphonse Mucha


El otoño de 2012, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Fomento), comenzará el sábado 22 de septiembre a las 16h 49m hora oficial peninsular, una hora menos en Canarias. Esta estación durará 89 días y 20 horas, y terminará el 21 de diciembre con el comienzo del invierno.

Desde el punto de vista astronómico, el cielo durante el otoño de 2012 estará inicialmente dominado por Marte al principio de la noche. A medida que avance la estación, Marte dejará de ser visible, y un Júpiter muy brillante irá saliendo más pronto hasta poder verse al anochecer a primeros de noviembre. Este planeta alcanzará su máximo acercamiento a la Tierra el 1 de diciembre. Durante el otoño de 2012, se producirá un eclipse total de Sol (13 de noviembre) que no será visible desde España, y un eclipse penumbral de Luna (28 de noviembre) que en España sólo será visible en sus últimas fases.

Por otra parte el domingo día 28 de octubre tendrá lugar el cambio de hora, recuperando el horario de invierno.

El inicio del otoño

El inicio astronómico de las estaciones viene dado, por convenio, como el instante en que la Tierra pasa por una determinada posición de su órbita alrededor del Sol. En el caso del otoño, esta posición es desde la que el centro del Sol, visto desde la Tierra, cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el sur. Cuando esto sucede, la duración del día y la noche prácticamente coinciden, y por eso, a esta circunstancia se la llama también 'equinoccio de otoño'. En este instante en el hemisferio sur se inicia la primavera.

Fechas posibles de inicio del otoño

El equinoccio de otoño puede darse, a lo sumo, en cuatro fechas distintas (del 21 al 24 de septiembre). A lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico).

Acortamiento del día

Esta es la época del año en que la longitud del día se acorta más rápidamente. A las latitudes de la península, el Sol sale por las mañanas cada día un poco más tarde que el día anterior y por la tarde se pone antes, siendo el acortamiento del día especialmente apreciable por las tardes. En definitiva, en estos días el tiempo en que el Sol está por encima del horizonte se reduce en casi tres minutos cada día.

Actividad solar

La actividad del Sol se caracteriza por la presencia en su superficie de manchas, fulguraciones y protuberancias, y en la Tierra, se aprecia en alteraciones en la propagación de las ondas de radio y en una mayor presencia de auroras polares. Esta actividad sigue un periodo de aproximadamente 11 años, y está asociada al ciclo magnético del Sol. Actualmente nos encontramos en el ciclo solar número 24 que comenzó en diciembre de 2008 y se espera que llegue a su máximo en mayo de 2013. Según las estimaciones realizadas por NOAA y Space Weather Prediction Center, durante el otoño el número de manchas solares alcanzará valores entre 76 y 99. Gráficas con el número de manchas solares en los últimos años y predicciones de la evolución del ciclo 24 pueden encontrarse en Space Weather Prediction Center.

Eclipses y fenómenos relacionados

A lo largo del otoño habrá dos eclipses. El día 13 de noviembre un eclipse total de Sol será visible en Australia, Nueva Zelanda, Pacífico Sur, Antartida y sur de Sudamérica. Este eclipse vendrá acompañado de uno penumbral de Luna que se dará dos semanas más tarde, el 28 de noviembre, y que en España veremos, con la dificultad propia de este tipo de eclipses, en sus últimas fases. El primer contacto con la penumbra se dará a las 13h 15m (hora peninsular), alcanzará el máximo a las 15h 34m; el eclipse finalizará a las 17h 51m.

Observación nocturna del cielo en otoño

En toda época del año hay algún fenómeno astronómico de interés, predicho (como son los eclipses) o no (como los cometas nuevos). Suele ser preferible realizar las observaciones en fechas cercanas a la luna nueva (15 de octubre, 13 de noviembre y 13 de diciembre), salvo cuando se pretende observar la propia Luna.

Luna llena

La primera luna llena del otoño se dará el 30 de septiembre, dándose las siguientes 29 o 30 días después. En este otoño se darán otras dos lunas llenas: 29 de octubre y 28 de noviembre.

Visibilidad de los planetas

Júpiter será visible casi toda la noche desde después de anochecer y además el día 1 de diciembre se producirá su máximo acercamiento anual a la Tierra, alcanzando un diámetro angular de 48”. Saturno pasará de ser visible al anochecer al principio del otoño a ser visible al amanecer al final de la estación. Durante todo el otoño Venus será visible al amanecer y Marte al atardecer.

Lluvias de meteoros

Si no se dispone de ningún telescopio, se pueden observar las lluvias de meteoros que se producen ocasionalmente. La primera lluvia de meteoros importante del otoño es la de las Dracónidas, cuyo máximo se da hacia el 8 de octubre. Otra lluvia de meteoros popular en invierno es la de de las Leónidas, que se da alrededor del 17 de noviembre y que ocasionalmente llega a ser muy intensa. La lluvia más intensa suele ser la de las Gemínidas, cuyo máximo ritmo se da alrededor del 13 de diciembre.

Constelaciones

En cuanto a las agrupaciones ficticias de estrellas conocidas como constelaciones, alrededor de la estrella Polar se verán a lo largo de la noche Cisne, Casiopea, Osa Menor y Jirafa. Las constelaciones eclípticas visibles en este periodo van de Capricornio a Virgo. Por encima de la eclíptica destacarán Pegaso y Andrómeda; por debajo, Ballena y Orión, así como las estrellas Sirio y Proción.

Observaciones con prismáticos o pequeños telescopios

Con grandes prismáticos o un pequeño telescopio, dotados de un filtro lunar adecuado, se puede observar el relieve de la Luna. Para tener una buena visión de él conviene ir observándolo noche tras noche mientras va creciendo la iluminación de la Luna, pues así se ven aparecer nuevos accidentes orográficos. Cuando la noche es más oscura por haber luna nueva, se puede intentar ver la galaxia de Andrómeda, nebulosas de emisión, como la de Orión, o el cúmulo de estrellas de las Pléyades. Con prismáticos también se pueden ver las lunas más brillantes de Júpiter (cuando es visible) y se puede hacer un recorrido por la franja estrellada que constituye la Vía Láctea.

Anuario

Para mayor información sobre los fenómenos astronómicos del año se puede consultar el Anuario astronómico para 2012 libro que anualmente publica el Instituto Geográfico Nacional.

Cambio de hora

El cambio de hora se produce, como es habitual, al iniciarse el último domingo de octubre. A las tres de la madrugada hora peninsular del domingo 28 de octubre habrá que retrasar el reloj hasta las dos (las dos de la madrugada en Canarias pasarán a ser la una), con lo que este día tendrá, oficialmente, una hora más.

Información proporcionada por el Observatorio Astronómico Nacional (IGN, Fomento). Se autoriza la reproducción citando su procedencia


domingo, 16 de septiembre de 2012

De partos y lactancias



Cuanto más me relaciono con la gente, más cuenta me doy de los miedos que albergamos, de las inseguridades, y de lo que éstas son capaces de producirnos en cualquier ámbito.

Tanto en el tema del embarazo, parto y lactancia, siguen habiendo condicionamientos que surgen de la propia mujer, de la madre que permite ser infantilizada desde su falta de confianza en el proceso, en la naturaleza humana… en ella misma. Y no me vale culpabilizar siempre al patriarcado, a la educación recibida. Porque mientras la mujer-madre no tome su poder, seguirán ocurriendo cosas como éstas.

Una mujer embarazada de su primer hijo, acudiendo a la preparación pre-parto en su centro de salud, me comenta que está muy contenta con la matrona que la dirige, que les aporta mucha información en cuanto al parto y la lactancia. Y ella sabe –la embarazada- cuando llegue el momento lo que ha de hacer. Además, su ginecólogo particular, con el que tiene previsto parir en el centro con mayor tasa de cesáreas de mi ciudad,  es un médico “respetuoso” y no está a favor de este tipo de intervención… si no es necesario.

Escucharla me tranquiliza. A pesar de que sé que las cosas luego serán… como tengan que ser, me parece informada y serena, con lo cual tiene todas las posibilidades de éxito en su mano. Aún así, y con la confianza que me permite, le apunto que llegado el momento del parto, NO acuda enseguida a la clínica y espere en casa hasta que su cuerpo le diga que no puede más, con el fin de evitar intervenciones innecesarias. Le recomiendo información a través de las páginas de El Parto es Nuestro y de la Asociación Sina de apoyo a la lactancia materna. Además le indico que en el margen derecho de mis blogs, puede encontrar muchos enlaces de interés… por si le apetece.

Me llama para decirme que ya tiene a su bebé con ella. Y se hace manifiesta la sospecha que yo mantenía: le habían practicado una cesárea. Al segundo día acudo a verla al hospital. La criatura es preciosa… pero según el médico demasiado grande (3,800) para haberla parido, con lo cual le indujo el parto 15 días antes de su fecha prevista. ¡Ya salió el médico respetuoso anti-cesárea!

En cuanto a la lactancia, se la estaba poniendo al pecho y en principio no manifestaba problema alguno. El bebé tiene el chupete a punto… y le recomiendo que intente no dárselo hasta que esté bien instaurada la lactancia. Como todas las asesoras que acudimos al hospital, también le indico que el bebé está mucho mejor con ella, cerquita o en su regazo, que en la cuna… y que además, esa acción facilita la lactancia. Y le comento las causas. Y desmitifico mitos y falsas creencias. Parece entender…

Seguimos en contacto y la madre me comenta que está encantada con su pediatra, porque está muy por la teta, es un médico “pro-lactancia”… y me pongo a temblar.

Por circunstancias, la encontré hace poco. El bebé tiene dos meses y está ciertamente precioso… y calladito con su chupete en la boca. La madre me comenta que todo va muy bien pero que por las tardes la criatura llora por hambre y ella no tiene leche, así que por recomendación de su magnífico pediatra pro-lactancia-materna, le está dando un biberón de leche de fórmula como “ayuda”.

Intenté explicarle qué debía de hacer para que esto no sucediera y que si comenzaba a sustituir tomas, su producción disminuiría con lo cual, en breve, serían DOS los biberones de ayuda… y así hasta quedarse sin leche.
Parecía no escuchar, parecía no querer entender. Además, su madre que iba con ella, insistía en que el bebé lloraba por hambre y que yo no tenía ni idea de cómo se ponía, así es que el biberón era necesario…

Ciertamente me sentí mal. Por la criatura y por la madre. Porque, de nuevo me encuentro ante alguien que ha cedido su poder, con alguien que confía más en los  demás que en ella misma. Y a pesar de ser una mujer inteligente e informada, seguramente han sido sus propios miedos quienes han producido estos bloqueos.

Como ser humano, entiendo que está bien y que si estas cosas suceden, han de ser por algo. No me toca a mí andar redimiendo a nadie.
Pero como Doula y asesora de lactancia, me duele en el alma ver cómo esta labor puede resultar tan dura y tan ingrata.

Por fortuna, no todos los casos tienen el mismo resultado. Y de la misma forma que comparto mis alegrías, creo que está bien compartir todo tipo de situaciones. No por enjuiciar, simplemente para aprender.



domingo, 9 de septiembre de 2012

Adiós a mi padre




Desde que cumplió 70  años comenzó a decir que no llegaría a  los 74, edad en la que murió su padre. Mi padre,  el próximo diciembre hubiera cumplido los 86.

Se ha ido rodeado de casi toda su familia, de sus seres queridos más cercanos.  Sus nietos mayores, a los que él adoraba, no le han abandonado ni un momento.

Él fue un niño de posguerra y las heridas de su niño herido aún no habían cicatrizado. Su vida no fue fácil. Una salud precaria en sus últimos años le mermaba la ilusión,  solamente le devolvía la sonrisa ver a sus hijas, a sus nietos y nietas… a sus biznietos.

Me costó mucho entenderlo, me costó aceptarlo como era. Y perdonarlo. Y perdonarme. Pero finalmente lo hice, y lo hice a tiempo, antes de que se fuera.

Le dije que había sido un buen padre, que había hecho lo mejor, siempre desde donde sabía… con lo que había aprendido. Le agradecí que nunca me faltara de nada, aunque yo sintiera que no era así… Le dije que lo quería porque era mi padre. Y por muchas más cosas.

Yo, llevaba unos días callada, sintiéndome extraña, con necesidad de silencio interior... Tres noches de sueños oscuros me vaticinaban que algo iba a suceder, pero no pude descifrar qué..

Hoy se ha marchado y seguro que lo vamos a echar de menos, aunque también es seguro que cada comentario, cada gesto, cada objeto que nos lo recuerde lo mantendrá vivo como si estuviera presente, a nuestro lado. Y él sabe, allá donde esté, que permanecerá siempre, siempre,  en nuestros corazones.


viernes, 7 de septiembre de 2012

Sigue adelante





 ¡Ah! de nuevo la magia de la Vida. ¿Por qué las cosas llegan en el momento que las necesitamos?

¡Gracias Annamaría,  justo lo que necesitaba. ¿Has escuchado la voz de mi alma?


lunes, 3 de septiembre de 2012

Abuela "consentidora"




En más de una ocasión, personas que no tienen nietos me han preguntado si es cierto eso que se dice de que a los nietos se les quiere más que a los hijos.  Mi respuesta es clara y contundente: NO, para nada. O al menos, así es en mi caso.

Nosotros tuvimos a nuestros propios hijos y cada cual, los amó –los ama- a su manera. Cuando son pequeños, sobre todo,  los sentimos como una parte nuestra, son carne de nuestra carne. Y conforme crecen, a pesar de las diferencias lógicas y normales que se van estableciendo, siguen siendo nuestros hijos. Para siempre.

Pero los nietos no lo son: ellos son los hijos de nuestr@s hij@s.  Y aunque los queramos con locura, como yo quiero a los míos, nuestro papel en sus vidas es bien distinto.

Para una gran mayoría de gente, se supone que el rol de los padres es educar… y el de los abuelos, consentir.
Y claro, depende de qué se entienda por consentir, seguramente yo soy una de esas abuelas “consentidoras” porque en más de una ocasión me lo he tenido que oír, incluso por personas cercanas en mi propio entorno.

Me explico.

Este verano me he pasado gran parte de mi tiempo con mis nietos, especialmente con los de mi hija que son los más mayorcitos. He de decir, en honor a la verdad, que con ellos  -por parte de su madre- tengo carta blanca. Mi hija respeta mis decisiones y actuaciones con los niños. O prácticamente todas…

Por la noche, cuando es hora de que los niños se vayan a dormir, si ellos me requieren,  yo prefiero contarles sus cuentos y permanecer a su lado hasta que se duermen, antes que irme a cenar o estar de cháchara con la familia. Me satisface más estar con ellos que dejarlos solos y que se queden llorando…

En muchas ocasiones cuando los niños quieren jugar, no siempre me apetece, sinceramente, pero no me cuesta ponerme con ellos a pintar, a hacer el “moñas” jugando a poner caras feas, al pilla-pilla, al escondite… Me satisface más jugar que decirles que no tengo ganas…

A veces, piden salir al parque, o ir a ver a los patos y llevarles comida.  No siempre estoy en buena disposición, pero finalmente, nos vamos. Me satisface más acompañarlos que decirles que estoy cansada…

De la misma forma que cuando están comiendo y no quieren más… por mí, no comen más, pues seguro que ellos saben mejor que yo cómo está su apetito.
O si prefieren una fruta en lugar de otra, “consiento” en que se coman la que más les apetezca… porque yo haría lo mismo.
O si la niña, a pesar de que es muy despierta y sabe comer sola perfectamente me pide que la "ayude" dándole la comida porque "está cansada"... pues no entiendo que me toma el pelo, sino simplemente, que quiere llamar mi atención. Y me siento a su lado, y le doy la comida.
Y si en ocasiones, cuando no consiguen hacer algo, o ante una demanda que no es correspondida se ponen a llorar… comprendo su frustración y les permito que lloren y les acompaño hasta que paren de hacerlo. Y no les digo que no lloren porque no tienen motivos ni razones… porque para ellos, SÍ que los tienen.

Podría estar citando cosas que suceden a diario y que estando con ellos me doy cuenta de lo poco emocionales que podemos ser los adultos, ya que estando con niños soy cada día más consciente de cómo hemos sido amaestrados –la mayoría- desde nuestra más tierna infancia.

El otro día leí en facebook una frase que decía algo así como que pasamos los dos primeros años enseñándoles a andar y a hablar, y a partir de entonces estamos todo el tiempo diciéndoles que se callen y que se estén quietos. Y pensé en cuánta razón tenían esas palabras. Y es que ¿tenemos olvidado o tenemos escondido aquello que nos hizo sufrir en nuestra infancia?

Quizás porque soy de la generación del esto no se hace, esto no se dice, esto no se toca” todavía me rebelo más cuando veo que a los niños no se les permite ser eso: niños.  Con la necesidad de lo primario y de lo inmediato que los adultos confunden con exigencia. Con la necesidad del descubrimiento y de la curiosidad, que los adultos confunden con el atrevimiento y la falta de cuidado. Con la continúa necesidad de movimiento y de experimentación que los adultos confunden con hiperactividad… y la verdad es que no es fácil, en muchos momentos, ser la abuela que quiero ser. No todas las personas de mi entorno, incluso algunas muy allegadas llegan a comprenderlo. Y me siento mal. Y me enfado. Y me disgusto. Y no sé disimularlo.

Pero claro, entiendo que NO son mis hijos. Que yo misma hice con los míos lo propio, lo que tocaba. Y ahora he de saber estar en el lugar que me corresponde.  ¿o no?

Pero ¿Cómo negarme ante un yaya, quédate conmigo hasta que me duerma.  O ante un yaya, es que no me gusta la pera y prefiero un melocotón. O yaya quiero jugar contigo a las cartas.
  
¿Y como decirles que no, cuando quieren que les bañe en una "pileta" en el lavadero, donde mi abuela me bañaba a mí y como ellos lo saben, a pesar de que no caben apenas, quieren comprobar por ellos mismos lo que se siente... haciendo como su yaya hacía? ¿Y cómo decirle que no a Ibai a pesar de que tiene más de cinco años, cuando quiere que lo lleve a la espalda al caballito? Y por todo esto, y por más, alguien cree que soy una consentidora...

Pero, es que son tantas y tantas las cosas, que renunciando a ellas me perdería una chispa de vitalidad continua, y de aprendizaje. Me perdería un aporte de alegría y de energía que me mantienen “chutada” durante un buen rato.
No, decididamente prefiero ser una abuela consentidora si de cosas como estas se trata. También, cuando es necesario les digo que no, que no puede ser, o que ya está bien. Pero ellos, por mi tono de voz y mis maneras, saben que lo digo en serio.

Solamente somos niños durante un breve periodo de tiempo.  Los años pasan y los condicionamientos impuestos nos convierten en otras personas, perdemos la naturalidad, el ímpetu, la ilusión… Tendemos a racionalizar demasiado y perdemos la espontaneidad y nos desconectamos del instinto…



Así es que mientras mis nietos sean pequeños y en la medida que vayan creciendo, tendrán en mí una cómplice. Porque al fin y al cabo, para eso soy su abuela. Una abuela consentidora. Y a mucha honra.