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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Desiderata



“Anda plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que puede haber en el silencio.
Tanto cuanto sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas.
Habla tu verdad queda y claramente; y escucha a los otros, aun a los apagados e ignorantes ellos también tienen su historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas, son una vejación al espíritu.
Si te comparas con otros,  puede que te envanezcas y amargues, porque siempre habrá personas mejores y peores que tú.
Disfruta de tus logros tanto como de tus planes. Mantente interesada en tu propia carrera, no importa cuán humilde sea, es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo.
Ejercita la prudencia en las cuestiones de negocios, porque el mundo está lleno de engaño. Pero que esto no te ciegue a la virtud que puede haber; muchas personas luchas por altos ideales y en todos los sitios la vida está llena de heroísmo.
Sé tú misma. Especialmente no finjas afecto. Ni seas cínica sobre el amor, porque ante toda la aridez y el desencanto, él es perenne como el pasto.
Acepta amablemente el consejo que traen los años, abandonando con gracia las cosas de la juventud.
Nutre de fuerza tu espíritu para que te proteja de la desgracia súbita. Pero no te apenes con vanas imaginaciones. Muchos temores nacen de la fatiga y de la soledad.
Fuera de una disciplina saludable, sé gentil contigo misma.
Eres una niña del Universo tanto como los árboles y las estrellas, tú tienes el derecho de estar aquí. Y esté claro o no para ti, sin duda el Universo se está desenvolviendo como debe.
Debes de estar en paz con Dios, no importa cómo lo concibas a Él, y no importa cuáles sean tus labores y aspiraciones; en la ruidosa confusión de la vida, mantente en paz con tu alma.
Con toda su farsa, faena y sueños rotos, aun así es un mundo hermoso.
Ten cuidado.
Lucha para ser feliz”.


La tengo enmarcada desde hace muchos años en mi estudio. Ahora, por otra de esas casualidades de la vida, termino de leer un libro, una novela histórica en la que mencionan esta Desiderata… supuestamente dedicada a la hija de una novicia.

“La mujer de las nueve lunas” versa sobre la vida de una mujer durante el siglo XII, época marcada por el oscurantismo, la superstición, el poder de la iglesia…
Ella, Hildegard de Bingen, la Sibila del Rin,  fue una mujer fuera de su tiempo. Abadesa, profetisa, médico, visionaria, escritora,  feminista, curandera, partera, culta muy por encima de lo que se suponía debían ser las mujeres en esa época. Valiente y enamorada de su Dios se enfrentó al poder eclesiástico, salió del mandato de los hombres en los conventos y fundó el suyo propio solo para mujeres, la primera que lo hizo a pesar del temor y de la rabia que esto supuso para el clero.
Hildegard creó un alfabeto que solo ella conocía para escribir al cuidado de quien pudiera coger sus escritos, compuso música, dibujó unos códices que llevó loco a la Iglesia…

Y no deja de ser curioso que, desde mi afán por transmitir el empoderamiento a todas las mujeres haya aparecido esta novela en mi vida.  Me la prestó una de mis Laura-s queridas en un momento trascendente, justo cuando había comenzado el trabajo de parto para el nacimiento de su hija. Me sirvió de refugio al principio de las largas horas que pasamos juntas y la terminé a los pocos días de nacer su niña.

Pero este ejemplar de la novela no lo voy a devolver a su dueña, compraré uno nuevo y lo llevaré a su casa cuando vaya a ver, en breve, a la preciosa Irene.
Porque este libro está impregnado de horas de reflexión, de pensamientos, de una energía y un poder que parece haberme llegado a través de las páginas. Este libro se quedará en mi librería junto a algunos pequeños tesoros de esos que nunca me voy a deshacer…

Imagen: El espíritu del mundo y la Rueda. Hildelgard de Bingen

sábado, 24 de noviembre de 2012

Violencia de género



El 25 de noviembre se celebra el día internacional de la lucha contra la violencia de género.

Este es un tema que, desgraciadamente está a la orden del día. Y los resultados de las encuestas en gente joven, son escalofriantes.  Una parte de nuestros adolescentes, no considera maltrato determinadas actitudes que ya tienen integradas en su actuar.
Para muchas chicas jóvenes, el simple hecho de que su novio "no les deje" ponerse tal o cual pieza de ropa, de que "les prohíba"  reunirse con amigas y/o salir a solas sin él, o cualquier otra actitud que suponga negación o prohibición de ejercer su voluntad, ya debería de suponer una alarma...

Este texto que pongo a continuación lo ha escrito en su blog Vanessa Narváez Peralta, Psicóloga y lo reproduzco con su permiso.




“Lamentablemente, la violencia de género sigue siendo hoy en día una de las problemáticas más desconcertantes de nuestra sociedad. Los datos sobre la frecuencia de los actos de violencia contra las mujeres continúan alarmándonos y nos exigen, como individuos y como comunidad, un esfuerzo e interés en pro de su erradicación.

 Son varios los países que, en este sentido, han elaborado e implementado leyes con el objetivo de facilitar la gestión policial y judicial de esta problemática. Sin embargo, aunque esto ha resultado de gran ayuda, la complejidad de la cuestión exige que estas acciones sean complementadas con otras procedentes desde distintos ámbitos comunitarios como la sanidad, la educación y los servios sociales.

 Como ocurre con todo lo demás, el primer paso para detectar y poder lograr cambios en esta situación es intentar comprender en qué consiste y cuáles son sus mecanismos de funcionamiento.

Según la declaración de las Naciones Unidas de diciembre de 1993, entendemos la violencia de género como “cualquier acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que causa o puede causar un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, así como las amenazas de estos actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada”.

 Dentro de la violencia de género diferenciamos varios sub-tipos de violencia cuya definición puede ayudarnos a comprender en mayor profundidad a qué nos estamos refiriendo:

 Violencia emocional: este tipo de violencia tiene como objetivo conseguir el sometimiento psicológico de la mujer. Cuando ésta entra en escena, la mujer recibe a menudo insultos, humillaciones y desvalorizaciones (críticas constantes a su manera de ser o actuar, por ejemplo). Es también muy habitual que el agresor intente que la mujer se sienta culpable aunque no haya hecho nada malo, y que muestre una gran desconfianza hacia ella principalmente en forma de celos. Cuando estos mensajes negativos se repiten en el tiempo, ésta puede llegar a ver muy mermada su autoestima y su seguridad en sí misma, de manera que llegue a sentirse como si realmente no valiera como persona.

 Violencia física: consiste en intentar controlar a la mujer mediante la fuerza física usando las manos, objetos o armas. Existen otras variantes de este tipo de violencia que pueden resultar más difíciles de identificar, como por ejemplo el conducir de forma temeraria con la mujer dentro del coche, negarle ayuda (cuidados, atención médica, alimentos) en caso de necesidad o dejarla encerrada dentro o fuera de casa.

 Violencia sexual: bajo este tipo de violencia la mujer es coaccionada física o psicológicamente (mediante amenazas, chantaje o generando sentimientos de culpa, por ejemplo) para tener relaciones sexuales que no desea. En algunos casos las mujeres pueden llegar a ser forzadas a mantener relaciones estando enfermas, en un proceso de recuperación quirúrgica, embarazadas o en el posparto. También se considera violencia sexual el obligar a la mujer a hacer intercambios de parejas, tener sexo con animales o a usar pornografía o juguetes sexuales. La grabación no consentida de momentos íntimos y/o su posterior difusión es otro ejemplo de este tipo de violencia.

 Violencia económica: su objetivo es coartar la libertad de la mujer impidiendo su autonomía económica. Suele producirse limitando el acceso de ésta a las cuentas bancarias, obstaculizando su desarrollo laboral, apropiándose de sus bienes patrimoniales o explotándola laboralmente.

 Violencia social y de control: con el objetivo de que la mujer quede aislada y sin apoyo, el agresor le impide ver o hablar con su familia y amigos. Este impedimento se puede dar de forma explícita en forma de prohibición o mediante el uso de amenazas, o de manera más sutil, enviando mensajes a la mujer para que desconfíe o se sienta traicionada por las personas que la rodean y decida alejarse progresivamente de ellas. Este tipo de acciones suelen ir acompañadas de otras conductas de control como la invasión de la privacidad de la mujer (revisando por ejemplo el teléfono o el correo) o con un constante asedio para saber en todo momento dónde y con quien está. A veces, este tipo de control se puede camuflar presentándolo como actos de cuidado y preocupación de la mujer: por ejemplo no dejándola a solas con el pretexto de cuidar de ella y protegerla.

Violencia ambiental: por último, este tipo de violencia consiste en romper o estropear objetos, espacios o lastimar animales que sean importantes para la mujer. Se incluye en este tipo de violencia la amenaza, tortura o asesinato de animales domésticos, así como el robo o daño de objetos con un valor material o sentimental para la mujer (joyas, fotos, plantas, ropa, muebles...).

 Lo más habitual en los casos de violencia de género es que coexistan en el tiempo varios de estos tipos de violencia, la cual cosa provoca consecuencias devastadoras para la salud física y psicológica de la mujer.

 Es importante tener en cuenta que la violencia de género es un fenómeno que suele darse, sobre todo al principio, de forma sutil y mezclada con supuestas expresiones de interés, amor y arrepentimiento que hacen que la mujer llegue a sentirse muy confusa. El terror generado por las amenazas y agresiones físicas, la sensación soledad consecuente al aislamiento progresivo, la falta de autonomía económica, la falta de libertad debido al control extremo, las consecuencias emocionales de las situaciones vividas (principalmente síntomas de ansiedad, de depresión (incluidos los sentimientos de culpa y auto-desprecio), y de estrés postraumático) y la pérdida de seguridad y de autoestima hacen que las mujeres se vean inmersas en una situación de la que les resulta muy difícil escapar sin ayuda.

 Es por esta razón por la que es de vital importancia la toma de consciencia por parte de todos nosotros de la necesidad de trabajar en equipo para poder detectar y prestar ayuda a estas mujeres. Para lograr esto es fundamental estar atentos a los posibles casos de violencia de género que pueden haber en nuestro entorno yendo más allá de nuestros estereotipos o ideas preconcebidas (a menudo erróneos) sobre el “aspecto” que debe tener un maltratador o una víctima de violencia de género. Si tienes dudas sobre si alguien está siendo víctima de violencia de género intenta preguntarle de forma amable pero directa si necesita ayuda, si está siendo tratada con el respeto que merece y hazle saber que puede contar contigo si lo necesita.

Muy a menudo, fruto de la ignorancia de quienes las rodean, estas mujeres reciben respuestas inadecuadas por parte de su entorno cuando por fin se deciden a pedir ayuda. A menudo estas reacciones confirman sus peores temores y hacen que se vuelvan a sumir en el silencio: echarles la culpa de lo que está ocurriendo, quitarle importancia a su sufrimiento concibiendo la violencia como algo “natural” en las relaciones de pareja, pedirles que “sigan aguantando” por el bien de su matrimonio o de sus hijos, o pensar que se trata de una cuestión privada que no es de nuestra incumbencia, son algunas de las reacciones que debemos evitar.

 Si como mujer te sientes identificada con algunas de las situaciones descritas, ten en cuenta que el primer paso para mejorar tu situación es compartirla con alguien. Pide ayuda a tu médico o a alguien de tu confianza o intenta contactar con algún servicio de orientación a la mujer o con los servicios sociales de tu comunidad. Si te sientes en peligro, ponte en contacto inmediatamente con la policía y explícales tu situación para que puedan orientarte. Recuerda que tu (y tus hijos, si los hay), como todos los seres humanos, mereces ser tratada con respeto y consideración, y que todo lo que se aleje de esto es una vulneración intolerable de tus derechos fundamentales. Aunque ahora te sea muy difícil de creer, los profesionales que trabajamos con mujeres víctimas de violencia de género vemos cada día como muchas de ellas salen de su  difícil situación y vuelven a reencontrarse, poquito a poco, con las personas que son en realidad: mujeres con ganas de vivir y que miran el futuro con esperanza.

 NO ESTÁS SOLA.”

viernes, 23 de noviembre de 2012

Ser Transparente



Siempre aparece lo que necesitamos… cuando lo necesitamos. ¿O es que anteriormente hemos hecho la llamada sin ser conscientes?
En cualquier caso, es bonito poder darse cuenta de que esto ocurre, de que la magia existe.
Gracias Annamaría.





http://saraccoannamaria.blogspot.com.es/2012/10/ser-transparente.html


domingo, 18 de noviembre de 2012

Colores de Otoño




No salía al monte a caminar desde este verano y me hacía mucha falta. Mi cuerpo y mi espíritu clamaban por ello.

Este domingo, Ardillas Club de Senderismo tiene programadas dos salidas. Una de ellas la coordinará Marido, pero yo me voy a la otra.  La ruta a recorrer me resulta más atractiva… y más fácil, habida cuenta el tiempo de descanso que llevaba mi cuerpo serrano.

Así, salimos hacia el Parque Natural de la Sierra de Espadán, en la provincia  de Castellón. El recorrido va a transcurrir entre bosques, lo que siempre me reconecta…


El autobús nos deja en la Fuentes de Ayódar, desde donde partimos con un día fresco pero sin lluvia. El ambiente es agradable y al poco, comienzo a quitarme ropa. Es una gozada caminar con manga corta todavía a pesar del descenso de las temperaturas.

El camino culebrea por el margen de un río que baja muy lleno de agua a causa de las últimas tormentas y que nos muestra una pozas llenas hasta los bordes y preciosas para un chapuzón… ¡en verano!


Siguiendo las marcas blancas y amarillas que indican que vamos por un sendero de pequeño recorrido, tomamos una senda que nos lleva por un desfiladero hasta el pueblo de Torralba del Pinar.


Desde aquí, tomaremos el GR-36 indicado con marcas blancas y rojas hasta llegar a un collado. El paisaje es impresionante, grandes riscos que sobresalen de entre los bosques de pinos, encinas, roble mediterráneo y algún que otro alcornoque.



El bosque está precioso. Los arces granatenses han tomado el color rojo-amarillento característico de esta época del año, los crataegus y los chopos muestran sus pequeñas hojas amarillas,  y los líquenes y los musgos se presentan con el mejor de sus verdes. Los brezos y las discretas florecillas de otoño aparecen con sus tonos multicolores  acordes con el resto del paisaje. Y algunas que otras setas, aunque no comestibles,  se muestran tímidas al margen del camino. Hay agua por doquier y el sonido de ésta junto al silencio del bosque me lleva, caminando, a un estado de meditación inevitable.



Al mismo tiempo, los olores penetran por mi nariz haciendo potenciar esa mágica sensación: el romero todavía en flor, la ruda silvestre, el olor a humedad, a tierra mojada…
Tras un continuo sube y baja, seguimos caminando hasta otro collado y desde aquí, por una senda empedrada descendemos hasta una zona recreativa con bancos, mesas y una fuente. Pero ahora sí que el tiempo amenaza lluvia y decidimos continuar hasta Villamalur, donde nos espera el autobús y donde nos podremos refugiar en algún bar del pueblo si llega el caso.

Durante la comida, no nos faltan motivos para charlas y risas, para comentar y para compartir lo ocurrido desde la última vez que nos vimos, con todos y cada uno de los compañeros senderistas.

Y el momento de regresar viene marcado por la hora y por el chaparrón que comienza a caer. Así es que subimos al autobús y emprendemos el regreso a Valencia.

Hoy solamente han sido poco más de 13 km y lo he notado, aunque sé que con un par de excursiones más me pondré a tono gracias a la maravillosa memoria que tiene el cuerpo.


A pesar de dolerme un poco las piernas, los pies, las cervicales,  (hoy llevaba la mochila muy cargada con ropa “por si acaso…”) a pesar de las posibles agujetas que mañana me recordarán que no he de tardar tanto en salir de nuevo, estoy contenta. Estoy feliz porque sé que puedo hacerlo, que para esto, como para otras muchas cosas, no hay edad ni condición. 
Y por eso, finalizo este día dando Gracias a la Vida.

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Crianza instintiva?




Día tras día y a través de esta blogosfera en la que he aprendido a moverme, puedo ver la cantidad de información y de apoyo con que cuentan ahora las madres y los padres para la crianza de sus hijos.

Creo que la maternidad es algo muy instintivo, pero que debido a los condicionamientos educacionales -patriarcales y  sociales-,  el instinto ha permanecido oculto durante muchos años, llevando a que la crianza se haya producido desde un lado demasiado represivo, demasiado condicionado por lo que se suponía que los demás esperaban que se hiciera con los hijos.

Cada generación ha transmitido a la siguiente sus buenas costumbres, su buen hacer, pero también los defectos o los “vicios” de conducta. Solamente en el caso de haber tenido consciencia de lo que NO nos ha gustado de lo que hemos recibido, hemos sido capaces de efectuar un cambio hacia lo positivo.


Resulta significativo ver cómo, mujeres que antes de tener hijos tenían un pensamiento de cómo iban a criar y que, luego, con los hijos a su lado el comportamiento es bien distinto.

Madres protectoras hasta la paranoia que no dejan de vista a sus hijos ni un minuto, transmitiendo una ansiedad que el niño capta y cuya actitud llega a resultar estresante incluso para los que están cerca.
O todo lo contrario, madres que manifiestan tal tranquilidad que, estar a su lado se convierte en un estado de ansiedad… por ver que los niños no están lo atendidos que debieran.
Y es que todas estamos convencidas de que estamos haciendo lo mejor y es necesario que pasen muchos años para poder mirar con perspectiva y ser conscientes de nuestros errores.  Y a veces, ni aún así.

Mi madre ha sido testigo de la crianza de mis hijos,  de mis horas de entrega, a pesar de lo que yo había recibido y a pesar del poco conocimiento que tenía acerca de la crianza llamada hoy “con apego”.
Recuerdo, con dolor, que en una ocasión, llorando, me dijo que ella había sido una mala madre porque no se había comportado conmigo y con mis hermanas de la forma en que yo estaba criando a mis hijos. También, con lágrimas en los ojos, le dije que ella había hecho lo que había sabido, lo que había podido arreglo a su propia crianza… a lo que había recibido. Y que a pesar de lo que yo estaba intentando hacer, seguro que también me equivocaría en algo.

Así y ahora, sé que a cada uno de mis hijos le ha llegado de muy distinta forma lo que yo he hecho y que, así mismo, transmitirá a los suyos lo que sepan y crean conveniente. Porque hemos de tener en cuenta que cada ser es único y que cada cual viene a la vida con unas necesidades,  y es así como se establece la relación con todos y cada uno de los hijos que tenemos. Única e individualmente.

Hace 35 años las referencias en cuanto a crianza eran bien distintas a las de ahora.  No había tanta información, no había “gurús” de la pediatría ni del sueño, no se leía a Alice Miller ni se sabía de la pirámide de Maslow, ni de la teoría de la necesidad maternal de Bowlby…  sino más bien todo lo contrario.  Los niños  -por regla general-  eran educados y en algunos circunstancias “amaestrados” con técnicas conductistas. Salvo en los casos de aquellos que, sin saber por qué, seguíamos -de alguna forma- el dictado de nuestro instinto.

Me atraen mucho los niños y soy una voraz defensora de sus derechos, pero en ocasiones creo que se confunden los términos. Estoy viendo que, detrás de una forma de criar “con apego” a veces se esconden los temores y frustraciones de muchas madres.  Puedo intuir que, en ocasiones,  tras esa querencia hacia los hijos se esconde la propia necesidad de maternaje… 
Los niños necesitan de referencias sanas y estables, porque para los niños su mejor ejemplo a seguir siempre será el de su madre y su padre, de unos padres equilibrados y sin traumas propios.

¿Qué hacer entonces?  Creo que nada.  No se puede hacer nada frente a una madre que confunde los términos de crianza respetuosa con un continuo consentimiento de caprichos innecesarios (seguramente manifestando sus propias carencias). No se puede hacer nada frente a un padre que, queriendo lo mejor para sus hijos, utiliza el chantaje emocional y la amenaza estando convencido de que es lo mejor y, posiblemente, no se da cuenta de que así es como le educaron a él y de que está repitiendo los mismos y equivocados patrones. Como mucho se les puede aportar información para que conozcan... y decidan.

Porque somos nosotros, las madres y los padres,  los que hemos de ser conscientes de nuestra actuación y desde esa toma de consciencia, asumir la responsabilidad de una crianza respetuosa y de acuerdo con las necesidades de nuestros hijos, no de las nuestras propias.

Me muevo entre familias, tengo muchos niños alrededor y viendo la variedad, veo la necesidad del propio individuo.  En más de una ocasión me he sentido mal por ver cómo es tratada una criatura desde el absoluto convencimiento de su padre o de su madre, pero he aprendido a no meterme (siempre que no haya maltrato de por medio). Creo que todo forma parte del propio aprendizaje en la vida de cada cual y si es la razón quien puede frente al instinto, poco puedo hacer.

Bueno, quizás si pueda hacer algo.  Escribir estas líneas e intentar que  lleguen a alguien para que despierte su alerta y conecte con esa necesidad de ver, de saber que hay más opciones, de saber que la crianza puede resultar más sencilla si se atiende a esa llamada del sentido común y del instinto a través del Amor incondicional.




lunes, 12 de noviembre de 2012

Las Doulas cada vez más solicitadas




Rescato este reportaje que se emitió en TV en el mes de julio pasado. Afortunadamente, cada vez se nos conoce más y cada vez las madres se informan mejor acerca de nuestro papel.
Vedlo. Apenas necesita más palabras.


domingo, 11 de noviembre de 2012

viernes, 9 de noviembre de 2012

La llegada de un hermanito




Me he encontrado con una amiga que ha sido abuela por segunda vez. La hermanita del bebé tiene tres años  y medio y está mostrando con cambios en el comportamiento su manera de sentirse… relegada. La abuela en cuestión me preguntaba si mi nieto también había tenido “celos” de su hermana. 
Y lo cierto es que me ha dado que pensar. Me he ido muy atrás en el tiempo, a cuando mis hijos fueron recibiendo a sus hermanos…

Cuando el segundo de mis hijos nació, su hermana tenía tres años y medio, y si bien no hizo ninguna manifestación evidente… comenzó a morderse las uñas, lo que me demostró que, de alguna forma, estaba sintiendo algo fuera de lo habitual.  Desde la observación, la normalidad y el respeto hacia este gesto, en pocos meses dejó de hacerlo.  Y la relación con su hermano siempre fue cordial y “amistosa”, aún siendo muy niños.
Cuando nació el tercero de mis hijos, la niña ya tenía diez años y para ella fue una experiencia, pues ella misma era la que se sentía “mayor”.  El segundo, tenía siete años y a pesar de la alegría con que él mismo lo acogió, no pudo evitar de vez en cuando darle algún que otro empujón cuando el pequeño ya caminaba. También entendimos que era su manera de decirnos que le estaba costando dejar de ser el hijo “pequeño”... 

Entiendo que denominar con el nombre de celos a los sentimientos que los niños intentan manifestar cuando ha llegado un hermanito a casa, no es lo más apropiado. Y lejos de ser patológico,  considero que se trata de algo normal, e incluso diría que “bueno”.

¿Hemos oído hablar del síndrome del príncipe destronado?  Pues así debe de sentirse una criatura cuando, después de ser el centro de atención de sus padres y demás familiares, pasa a un segundo plano de la noche a la mañana.  El niño puede percibir que el nuevo ser se convierte en su rival acaparando la atención de sus padres y se siente desplazado y temeroso hacia la consecución de sus necesidades.

Se tiende a creer que haciendo al hermano “mayor” participe del acontecimiento que se avecina, hablándole de su hermanito o hermanita hasta la saciedad... de que lo tendrá que cuidar… de que el otro será un pequeñajo/a, de que él o ella YA ES MAYOR… se le ayudará a comprender la situación.
Y nada más lejos de la realidad. Porque tener un hijo es cosa de los padres y son ellos los que  han de asumir la responsabilidad, porque el que nació primero no es responsable del cuidado ni de las atenciones del que va a nacer, porque no tiene sentido descalificar a uno para ensalzar a otro, porque el que nació primero todavía NO ES MAYOR…

Durante la formación de Doulas, en el seminario que hablábamos de la vuelta a casa luego del parto, se comentó que quien sería el que en esos momentos necesitaba mayor atención en una familia de cuatro miembros,  por ejemplo: madre, padre, primer hijo y recién nacido.  Y “curiosamente”  llegamos a la conclusión de que era de vital importancia el cuidado y la atención al hijo que nació primero, al que estaba en casa esperando el regreso de los papás y el bebé del que tanto le han hablado,  evitando lo más posible que cambiaran sus hábitos, continuando las manifestaciones de cariño y atención que se le prodigaban antes del nacimiento del bebé. Porque por mucho que se le intente preparar para el acontecimiento… la criatura no sabe cómo se comportará cuando llegue el momento. Y nosotrxs tampoco.

Cuando más pequeño es el niño, mayor es la dependencia de sus padres y más lo va a notar, ya que posee menos herramientas para manejarse en esta nueva y desconocida emoción. Personalmente, también creo que el ambiente familiar influye en la forma de adaptarse a la nueva situación. También considero importante no comenzar a dejar al hermanitx más mayor al cuidado de otras personas –si antes no se hacía con regularidad- pues sentirá que se lo quieren quitar de encima para estar con el bebé.

Cada hijo tiene una demanda arreglo a su personalidad y como tal hay que seguir satisfaciéndola. De nada sirve decirle lo bien que lo pasarán jugando los hermanitos porque, los niños pequeños,  viven en el momento presente y no pueden hacerse una composición de lugar de lo que los adultos les quieren hacer… creer. Hacer caso a sus llamadas de atención sin incidir en comentarios negativos al respecto es darles la comprensión y el apoyo que necesitan en estos momentos. Y por supuesto, evitar preferencias, comparaciones y castigos ante conductas consideradas fuera de lo “normal”. No conducen a nada bueno.

Podemos utilizar cuentos, historias, juegos en los que se introduzcan otras familias en las que también haya hermanos o hermanas menores.  Pero hemos de tener presente que cada niño, cada niña necesitará de su tiempo y hemos de concederles desde nuestro apoyo y con nuestro Amor sin condiciones, todo el que precisen. Abrazarles y decirles cuánto los queremos y  que nuestro amor es inmenso para todos y cada uno de los hijos que tengamos quizás les dé un poquito de tranquilidad.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Treinta y seis horas de acompañamiento: final muy feliz.




“Quiero que estés a mi lado desde el primer síntoma”  Estas son las palabras que me dijo Laura cuando contactó conmigo para que fuera su Doula desde casi al inicio de su embarazo. Su bebé  deseado había tardado en habitar su vientre y ahora que estaba embarazada quería lo mejor para ambos.

Han sido 36 horas de acompañamiento y en estos momentos tras haber asimilado lo sucedido pero todavía con el subidón de endorfinas -y de oxitocina-,  necesito plasmar estas sensaciones, estas emociones que han estado contenidas para poder contener, para acompañar desde la serenidad y el respeto a esta mujer que tras un profundo trabajo de información y concienciación quería tener un parto natural y respetado.  Y el parto que ha tenido ha sido el que ella había deseado.

El miércoles estaba en su semana 41+5  por lo que el nacimiento de su hija iba a ser inducido ese mismo día, pero despertó con unas débiles contracciones. Me llamó porque no había conseguido evitar el sentir un nerviosismo inicial. Me costó llegar una hora aproximadamente, y desde las 9:00 de la mañana hasta que nació Irene, estuve con ella. No nos separamos.

En su casa, en la intimidad del hogar, recordamos lo que habíamos hablado durante los meses pasados. Hicimos alguna visualización, algún masaje para activar sus endorfinas, activamos también algunos puntos de acupuntura a través de la reflexoterapia… comimos, dormimos y las contracciones seguían su ritmo.  Muy lentamente pero sin parar.
Llegó la noche y ante la duda de cómo se encontraría su bebé, decidió marchar hacia el hospital.  Cuando llegamos, sus contracciones eran rítmicas y cada 8 minutos. Tras comprobar su estado y el de la bebita, se queda ingresada y yo con ella.  La noche iba a ser muy larga… y seguramente el día siguiente, también.  Pero estando allí y verificando que su niña estaba bien, todos nos quedamos más tranquilos.

Sobre las cinco de la madrugada las contracciones tenían una constante de cinco minutos y empezaban a ser más dolorosas. Comenzamos a pasear por la habitación, ella se puso a mover la pelvis, a oxigenar bien su cuerpo. Y a descansar lo que podía entre una contracción y otra. Era necesario hacer acopio de energía y mantenerla en reserva. También la apoyaba con Flores de Bach, con aromaterapia… El proceso apenas estaba en su inicio…

Hicieron aparición los primeros vómitos y fue necesario explicar (en las clases de preparación al parto no lo mencionan) que les  sucede a muchas mujeres, a la mayoría, y que forman parte del proceso, pues el cuerpo está  ante una mezcla explosiva de hormonas y haciendo un gran esfuerzo.

Aproximadamente a las diez de la mañana, por segunda vez baja a monitores. Comprueban que la dinámica de las contracciones es buena. “Son de libro” en palabras de Silvia, la matrona que la atenderá en el parto. Estamos con tres contracciones en diez minutos. Y perfectas.

El tiempo va pasando lentamente y Laura no tiene apetito. Su cuerpo solamente acepta líquidos y así, sorbito a sorbito, va ingiriendo agua y una bebida isotónica sin azúcar. Necesita descansar pero las contracciones van en aumento… pasear, hacer asentadillas, movimientos circulares sentada en la pelota, masajes y abrazos. Es todo lo que se puede hacer. El preparto está en pleno apogeo.

El dolor cada vez es más intenso, su cuerpo comienza a temblar y le propongo una ducha de agua caliente. Nos metemos a ello y así encuentra unos momentos de descanso. El verter agua sobre su cuerpo la relaja,  calma las molestias y consigue serenarse. Y cesan los temblores.

Cuando baja de nuevo a monitores tiene el cuello prácticamente borrado.  Laura está muy cansada, el dolor es muy fuerte y ha de continuar adelante. “Si no estuvieras conmigo no lo conseguiría” fueron las palabras que me dijo en un instante de serenidad.

No era el momento de pensar en lo que me estaba diciendo, pero posteriormente sí lo hice. Y estoy de acuerdo con ella. No es de extrañar que,  una mujer de parto pueda sentir inseguridad, incluso miedo aun a pesar de estar informada, frente a la soledad que se puede sentir por no tener al lado permanentemente a una persona que conozca el proceso, que vaya informando del mismo momento a momento, a una persona que aporte apoyo y que sienta empatía…  no es extraño que se pueda “descontrolar"  para el criterio de algunos profesionales.  Ahora puedo entender por qué hay tanto parto instrumentalizado, por qué hay tantas cesáreas innecesarias… pero estas mis son reflexiones. Sigo adelante con el relato resumido de los hechos.

De nuevo en la habitación entra en una situación de abandono. Está sin estar en ella. El dolor es fuerte y no encuentra sosiego. Apenas tiene fuerzas para moverse… y de nuevo vamos a la ducha. Allí intenta adoptar una posición en la que sentirse cómoda: en la postura del gato (a cuatro patas), en la postura del loto, en cuclillas… en un movimiento constante hasta que se queda sentada con la espalda apoyada en la pared y las piernas estiradas y bien abiertas. Apago la luz y las dos solas en la intimidad, en un ambiente muy cálido, durante más de una hora conseguimos unos momentos de privacidad y calma donde Laura consigue relajarse… hasta que entra una persona sin llamar a la puerta –no sé si es enfermera, auxiliar o personal de limpieza porque no se presenta y directamente le preguntó a la futura mamá si tenía dolor… ¡Por favor! Estaba en contracción y no podía hablar pero ante la insistencia de esta mujer, yo le contesté que estaba en completa y claro que le dolía… estaba en pleno proceso. Volvió a preguntarle a ella (a mi me ignoraba absolutamente, claro… ¿quién era yo?) que qué le había dicho la matrona, y Laura que estaba en su planeta parto no le respondió.  Y de nuevo, lo hice yo en su nombre: la matrona le había dicho que en tres horas la volvería a ver y solamente había pasado hora y media, por lo que estábamos intentando que Laura se sintiera de la mejor forma posible…

Esta mujer, dirigiéndose a Laura e ignorando de nuevo mis palabras dijo que así no podía estar… que ella no lo iba a permitir, que esas no eran maneras. Por un momento pensé en preguntarse si sabía quién era Michel Odent aunque era evidente que no, pero por respeto a Laura y por no interferir en su momento, me callé. En unos minutos vino con una silla de ruedas para bajarse a Laura al paritorio… y nuestra mami de parto solo pudo decir que ojalá se quedara ya y no volviera a subir. Estaba realmente agotada y con ganas de tener a su nena.

A pesar de que no lo haya mencionado, el padre de la criatura estuvo en todo momento con nosotras. Y aunque ya se lo dije personalmente, mi agradecimiento hacia él es enorme pues desde el primer día depositó una gran confianza, apoyo y respeto hacia todo lo que yo pudiera hacer. Y así lo ha demostrado a lo largo de estos dos días de convivencia. Como también le comentó la matrona, ojalá todos los padres fueran como tú, querido Vi.

Había pasado un rato desde que se la bajaron y no sabíamos nada. El padre salió a preguntar y le dijeron que ya nos avisarían desde el paritorio.  Y aproximadamente una hora después, la matrona nos dijo que estaba dilatada de 8 cm y se quedaba allí.
Ni su marido ni yo no queríamos que Laura estuviera sola, así es que le dije a la matrona que bajaría al paritorio para estar con ella hasta que llegara el momento final y pudiera entrar el padre.

Cuando llegué Laura estaba en la cama de partos, incorporada -sentada-  y adormilada. Había pedido un calmante y le habían suministrado Dolantina. Así podía soportar mejor las contracciones finales, fuertes y dolorosas. Estaba dilatada de más de 8 cm y se acercaba el momento último. Pero era necesario que colaborara un poco más. Comencé a hablarle, a darle ánimos, a abrazarla… y empezó a reaccionar. Pidió agua y la invité a que se levantara, a pasear por la sala. Realmente fueron momentos intensos… fue consciente de su situación e hizo un gran esfuerzo a pesar de su agotamiento.

Pasear, beber agua, mover la pelvis, hacer agachaditas, más agua… hasta que comenzaron las ganas de empujar. Silvia me había comentado que cuando se diera este momento, la avisara. Y  así lo hice.

Cuando la matrona entró, otra vez le pidió permiso para reconocerla y ya pudo tocar la cabecita del bebé.  Laura también la tocó con su mano… y comenzaron los pujos para que, por fin, naciera su hija. No me separé de la cabecera de la cama. Me dirigía a ella en voz muy baja, animándola para que hablara con su niña y le transmitiera todo su amor y su apoyo en este momento trascendente.  Acariciando su cara para relajar la tensión que estaba acumulando. Diciéndole lo bien que lo estaba haciendo y lo poco que quedaba. Abrazándola. Besándola…

La matrona también la animaba con palabras cariñosas, con el mayor de los respetos le decía que pujara cuando tuviera ganas, sin forzar su cuerpo. Le hablaba con dulzura, con tono quedo, con palabras asertivas, con cariño. Todo ello mientras cuidaba con sumo esmero el periné de Laura para que no hubiera desgarro. La dilatación vaginal fue máxima y la niña saco la cabecita. Con una gran habilidad, la matrona deshizo la vuelta de cordón que llevaba y salió rápido todo el cuerpecito. La niña fue puesta enseguida entre los pechos de su madre y gimió… y entonces Laura se desbordó de alegría, de emoción, de felicidad… tenía entre los brazos a su bebé deseado y había tenido el parto que quería. Todo era perfecto. Tras unos minutos, cuando el cordón umbilical dejó de latir, la matrona lo clampó y gracias a la amabilidad de Laura, yo lo corté, “Bienvenida a la Vida” fueron las palabras que con lágrimas en los ojos le dije a Irene.

Tras estos primeros momentos mágicos, felicité a la matrona por su hacer, por su cariño, por su dulzura, por su amabilidad y empatía. Por su profesionalidad. Y para mi sorpresa, ella sin saber quien yo era, comentó que yo había sido una parte importante en este final feliz, pues se había dado cuenta de la conexión que había entre Laura y yo, se había percatado de la confianza que habían depositado en mí tanto ella como el padre, y que todo ello había contribuido para aportar la seguridad y la calma necesaria en estos momentos.

Al poco, Laura alumbró la placenta y tras una meticulosa revisión,  Silvia terminó con ella y tomó el Plan de Parto para leer las preferencias de los padres y comenzar a  actuar con la niña.

Hasta entonces apenas había intercambiado palabras con Silvia, sólo las justas en torno al parto pero ante su apertura y su sinceridad, me presenté como Doula… y me dijo que lo había imaginado, pero que por respeto no me lo había querido preguntar.
Y le dije que era una lástima que en los hospitales no nos permitieran entrar con las madres en el paritorio, que sabía que algunas matronas nos consideraban una intromisión… Silvia, absolutamente honesta comentó que si todas las Doulas actúan como yo, ella estaría encantada… no tendría ningún inconveniente, pero que no es ella quien marca las normas. Intercambiamos algunas opiniones más y nos dimos un cariñoso abrazo. Le dije que la tendría siempre presente.

Me di cuenta de que mi papel había terminado. Tras despedirme de Laura, de decirle lo "campeona" que había sido y de darle las gracias por haberme permitido vivir estos momentos, me despedí también de su niña, del padre y de la matrona. Y me marché.  Eran las 20 h del jueves 1, día de Todos los Santos.

Como comento al inicio de este relato, aún estoy algo “colocada” pero con la suficiente lucidez para darme cuenta de varias cosas muy importantes.

Me he dado cuenta de que el hospital donde ha parido esta mujer tiene unos protocolos que se han ceñido en todo momento al deseo de la madre. No ha habido intervención innecesaria, con mínimos tactos y monitorización y siempre informando y pidiendo permiso.
La única medicalización (Dolantina) fue consultada y con consentimiento expreso.
La habilidad de la matrona permitió que la niña naciera sin necesidad de episiotomía y sin desgarro perineal.
El personal, en general, ha sido atento y respetuoso.  Bueno… excepto esta persona que entró en la habitación y otras dos de este mismo turno, bastante poco afectivas por no decir algo… maleducadas. Han sido las únicas, para ser sincera.
Se ha respetado el todo momento el Plan de Parto elaborado por los padres… se ha favorecido el contacto temprano piel con piel y la lactancia materna. Se ha respetado la privacidad tras el parto para favorecer el vínculo…

Gratamente sorprendida y encantada, pues ha sido un parto hospitalario y completo como Doula. Y ha sido una experiencia preciosa, increíblemente potente y maravillosa.

No quiero terminar sin señalar que, una de las premisas para ser Doula debe de ser la confidencialidad. Hoy, antes de escribir estas palabras he ido al hospital para ver a la recién nacida y a sus papás. Y les he pedido permiso para escribir esta experiencia desde mi sentir, cosa a la que ellos, agradecidos, han accedido.

Sé que cuando Laura se haya asentado en esta nueva situación también escribirá sus impresiones. Sé que manifestará por escrito, con mandalas, con colages, de todas las formas que le surjan este nuevo momento, en esta maternidad recién estrenada. Y sé que también lo compartirá conmigo. Y que, posiblemente, me permitirá que lo comparta aquí, en mi espacio…

Pero con un solo y único fin: para que si alguien todavía no sabe para qué estamos las Doulas y qué es lo que hacemos,  disipe sus dudas y desde este entendimiento, una mujer embarazada, una familia,  confíe y busque a quien le acompañe en un proceso vital y transcendente como es el del nacimiento de un hijo.

Como les he dicho a Laura y a Vi, con la mayor humildad y desde el corazón, no es por mí, sino por vosotras, futuras madres.

Por mi parte, no me queda más que agradecer, de nuevo, a la Vida esta oportunidad para darme cuenta de la grandeza, de la magia que encierra VIVIR,  dándome cuenta de dónde estoy y de lo que puedo hacer desde mi Ser y desde mi Estar.

Para parir, tú eliges.