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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 28 de enero de 2013

Fin de semana completo: senderismo y emociones.




Solemos decir que lo urgente no permite hacer lo necesario.  En esta situación me hallo ahora y, por un tiempo, he tenido abandonada mi práctica del senderismo. Este fin de semana he vuelto a salir a caminar y a pesar de que el tiempo no daba un buen pronóstico, lo cierto es que nos ha acompañado, es más, hemos tenido una climatología ideal salvo un poco de viento.

Comenzamos el día
Se había previsto una salida de fin de semana pues se iba a realizar la entrega anual de premios en mi Club de Senderismo. Una marcha el sábado y otra el domingo. El sábado por la noche tendría lugar la cena y la fiesta.

Las rutas propuestas están situadas en el valle de Enguera, población situada a 85 km de Valencia, hacia el interior. En el precioso hotel “El Portal del Caroig” teníamos reservadas las 90 plazas disponibles. El punto de encuentro a las 9:30 es el aparcamiento del hotel. Desde ahí saldríamos con las botas puestas y todo el equipamiento en la mochila.
Bajo la balma

Tras 14 km en coche, aparcamos y empezamos a caminar por un camino de tierra que nos va adentrando en un barranco.  El suelo está húmedo, el monte huele a limpio, el verde aún es pálido pero contrasta con el amarillo de las aliagas en plena floración. Mi caminar comienza en solitario y en silencio, necesito reconectar con la tierra, reconciliarme con la siempre agradecida Naturaleza.

Mi mejor sonrisa...

Al poco, el camino se estrecha para dar paso a una senda. Caminamos en la umbría y bajo las suelas de las botas algunas piedras están húmedos, por lo que ando con prudencia y fijándome donde coloco mis pies. Tras una bajada con cierta dificultad debido a lo resbaladizo del terreno, entramos en una estrecha senda donde recibimos de pleno los rayos de sol.  El día es luminoso y andando bajo el abrigo de las balmas no nos afecta el viento y comienza a subir la temperatura de mi cuerpo. Y empiezo a quitarme ropa, hasta quedarme con una camiseta técnica,  abultando así la mochila.

Por el angosto sendero

El ritmo del grupo se ralentiza pues hay pasos angostos. Al poco, iniciamos un cambio de nivel mediante una trepa por algunas rocas que casi me obligan a descoyuntar mis caderas…


Aunque no se me vea la cara, soy yo.



Reconozco que es algo que me gusta. Me apasiona trepar a cuatro patas, colocar la punta de la bota en cualquier saliente que quepa, agarrarme a las rocas y a todo elemento que me permita sentirme segura para alzar mi cuerpo.  En estos momentos siempre encuentras una mano amiga que te brinda ayuda desde arriba…

La trepa continua y en un momento dado es necesario cogerse de una cuerda que algún montañero con buen criterio ha dejado fuertemente atada entre las rocas. Ahora, además de la pericia he de utilizar la fuerza para, bien agarrada y con el impulso del cuerpo, remontar y subir al nivel superior. Cuando lo alcanzo, me siento feliz. Miro al cielo… y respiro.

Sigo subiendo...
El camino se ensancha de nuevo y ahora sigue entre el bosque de pinos, carrascas y matorral. En un cruce, abandonamos las señales del sendero local que estamos siguiendo y tomamos un camino carretero que poco a poco se convierte en una senda que nos baja por un barranco, hasta que ésta se pierde entre la maraña de matorral. Y nos toca desandar lo andado…



Descanso y comida




Volviendo al cruce y con el sol de lleno sobre nuestras cabezas, seguimos un ancho y encharcado camino que nos conducirá hasta los coches.

Allí, un grupo continuará 4 km más de barranco, pero yo me vuelvo al hotel junto con algunos compañeros. Necesito descansar y recuperar fuerzas para la noche pues pienso bailar hasta no poder más.

De regreso...
La cena es a las 21:30 y conforme nos reunimos, hay momentos en que nos cuesta reconocernos… sin mochilas y con ropa apropiada para la ocasión, tenemos un motivo para echar unas risas hasta que comienzan a servirnos las viandas.  La cena es amenizada, esporádicamente,  por un grupo de compañeros que tienen un especial sentido de humor y de servicio a los demás.  Nos sorprenden con algunos sketchs que ya quisieran para ellos algunos cotizados humoristas.


Cambio las botas por los tacones...
(Esta foto está dedicada a mi
castellana del corazón)
Finalizados los postres, comienza la entrega anual de premios.  Como todos los años, Marido recoge su trofeo de cumbres y de participación, además de uno especial por tener en su haber 9.000 km recorridos y acumulados en estos años,  al margen de los realizados para las exploraciones de las rutas, ya éstos no se contabilizan. Verlo feliz y contento por este reconocimiento al hacer lo que más le gusta, me emociona.

Sobre las 3 de la madrugada, me acuesto, no sin antes haber bailado como en mis tiempos mozos hacía, sintiendo el ritmo de la música en cada parte de mi cuerpo y volviendo a aquella juventud donde el baile era mi principal pasión…


El domingo y tras el estupendo desayuno, un grupo se prepara para la excursión propuesta. Yo me quedo con los que realizarán una visita cultural por la villa de Enguera.
La visita, acompañada por un magnífico y profesional guía turístico-histórico, dura aproximadamente 3 horas.  Y tras despedirme de los compañeros, vuelvo al hotel donde va a tener lugar el colofón a este fin de semana…

Con Irene
Mi querida Laura, con su marido Vicente y su preciosa Irene, vienen a comer conmigo.  Ellos viven en el pueblo de al lado y al enterarse de que yo voy a estar allí,  tienen la gentileza de venir para pasar un rato juntos.

¡Cómo me he alegrado de verlos! ¡Cómo me ha encantado ver a la preciosa Irene quien pronto cumplirá tres meses! ¡Dios mío, si parece que fue ayer que la vi nacer y corté su cordón umbilical! No tengo suficientes palabras para expresar la alegría que siento estando con esta familia tan concienciada en su crianza, tan amorosa y tan agradecida con lo que la Vida les está trayendo…

Como podréis ver si habéis llegado hasta aquí, ha sido un fin de semana de esos que te hacer volver a casa con las pilas cargadas.
Ejercicio físico, buenos compañeros de camino, sol y aire limpio. Los pálidos colores de invierno también son un regalo para la vista, y la tierra húmeda, el romero y las plantas de la estación son aromas para los sentidos.
Risas, baile y emoción compartida con el compañero de mis últimos 40 años… Y la agradable comida y tertulia en compañía de esta amorosa familia.

Con Laura
 Ahora, después de retomar la normalidad tras una noche de descanso, necesito expresar, compartir y agradecer a la Vida, como siempre, esta oportunidad que me brinda para darme cuenta de lo afortunado que soy con tan pequeñas cosas…

(Gracias a Marido por sus fotografías)

viernes, 25 de enero de 2013

El parto de una partera




El miedo a lo desconocido produce bloqueos que no nos dejar actuar y aunque sea necesario para la propia supervivencia, en muchas ocasiones es un impedimento que no nos permite fluir.  

El parto es algo que desencadena miedos desde el desconocimiento, en un principio,  de la fisiología del cuerpo de la mujer y del proceso en sí.  Añadiendo que han sido muchos años de ceder a otros el poder del cuerpo y de la voluntad, añadiendo que son muchos los intereses creados –básicamente económicos- en torno a la maternidad, hemos llegado a una situación en que el parto natural se considera casi una excepción.

Nos quieren hacer creer que NO se puede parir sin hospitales, sin artilugios, sin anestesias… y SI SE PUEDE.


jueves, 24 de enero de 2013

Nacer por cesárea



¿NACER POR CESÁREA?: “¡Cuánto sufrimiento innecesario genera el obstaculizar los partos!”. Entrevista a la psiquiatra Ibone Olza

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“En los siete años que han transcurrido desde la primera edición de ¿Nacer por cesárea? hemos visto e incluso participado en algunos cambios importantes. Es cierto que las cesáreas se hacen cada vez de forma más respetuosa. Se empieza a aceptar la presencia del padre o acompañante de la madre en el quirófano, el trato verbal que reciben las madres es más cariñoso, se intenta no separar al bebé de la madre e iniciar el contacto piel con piel y la lactancia en el mismísimo quirófano. El término acuñado para describir estas cesáreas más amables y respetuosas es «cesárea natural», pero… ¿se puede calificar de respetuosa una cesárea innecesaria?” (…)
Y es que ya son muchos los países donde uno de cada cuatro o incluso uno de cada tres bebés nacen por cesárea. Es más, en algunos de esos países hay clínicas privadas donde todos o casi todos los partos son por cesárea programada. La EPIDEMIA DE CESÁREAS es ahora más que nunca un problema de salud mundial. ¿Cómo es posible que se acepten las actuales tasas de cesáreas como si nada? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué se acepta con naturalidad que en muchos países a una de cada tres mujeres se les raje el vientre para extraer a sus bebés? ¿Alguien en su sano juicio cree de verdad que sin la ayuda del bisturí una de cada tres madres o bebés corren gravísimo peligro en el parto? ¿TAN MAL ESTAMOS HECHAS?
Ibone Olza en el prólogo del libro “¿Nacer por cesárea?”
¿Por qué un libro sobre la cesárea? ¿Por qué nos tenemos que informar los padres de una práctica médica tan generaliza que incluso en algunos países 1 de cada 3 bebés no nacen vaginalmente?
Como explica la psiquiatra infantil, Ibone Olza en esta breve entrevista: “hay cesáreas maravillosas que salvan vidas (…) e inne-cesáreas mortales“. A pesar de las recomendaciones de la OMS y del propio Ministerio de Sanidad español en La Estrategia de Atención al Parto Normal, médicamente sólo están justificadas un 10-15% de cesareas pero los índices no paran de crecer (un 22% de cesáreas en la sanidad pública y hasta un 35% en la medicina privada).
Hace 7 años, Ibone Olza y el ginecólogo Enrique Lebrero publicaron la primera edición de la obra “¿Nacer por cesárea? Evitar cesáreas innecesarias. Vivir cesáreas respetuosas” y ahora lanzan una nueva edición, revisada y aumentada porque “a nivel mundial, los índices de cesáreas están alcanzando límites inconcebibles, y más que nunca se hace necesario mostrar y demostrar a los profesionales sanitarios y a las mujeres y hombres inmersos en el nacimiento y la crianza la evidencia científica más actualizada de una intervención de cirugía mayorcuya tasa, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, no debería sobrepasar el 15% del total de los partos”.
Muchos temas han mejorado en estos 7 años gracias a los esfuerzos de los profesionales, del Ministeriocambiando los protocolos, al activismo de los colectivos por derechos del nacimiento y parto respetado y por la mayor información y toma de conciencia de las mujeres y las familias, pero aún queda mucho por hacer.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuándo es de verdad necesario hacer una cesárea? ¿Tiene sentido abogar por una disminución de la tasa de cesáreas? ¿Cuáles son los riesgos para la madre y para el bebé de la cesárea? ¿Por qué el índice de cesáreas es considerablemente superior en la práctica privada? ¿Después de cuántas cesáreas se puede intentar un parto vaginal? ¿Qué está sucediendo para que tantos y tantos partos no progresen como es debido? ¿Qué ocurre en el cerebro del bebé nacido por cesárea? ¿Y en el de la madre?  ¿Cabe hablar de herida emocional?
El libro responde a todas esas cuestiones con las últimas investigaciones científicas y como dice Ibone Olza “¿Nacer por cesárea? Sí, a veces, cuando no quede más remedio. Evitar cesáreas innecesarias. Vivir cesáreas respetuosas. Cuidar a las madres, a los bebés. Cuidar la tierra”
En la web de la obra encontramos amplia información y datos, y esta es una breve entrevista en la que Ibone Olza nos cuenta un poco más sobre la situación de las cesáreas y el libro:
1. Si viene mañana un extraterrestre y estudia cómo paren las humanas occidentales del siglo XXI ¿qué descubriría y qué pensaría sobre ello?
Se quedaría perplej@ al ver como obstaculizamos el parto y cuánto sufrimiento innecesario nos genera todo esto. Sería muy difícil que lo pudiera entender, tal vez pensaría que en la tierra estamos en guerra contra nuestros cuerpos y nuestras criaturas.
2. ¿Cómo debería ser la normalidad de los partos humanos -con seguridad para la madre y el bebé-? ¿Y por qué no ocurre eso en la actualidad?
Con mucho más respeto y mucha más prudencia y humildad. Todas ellas virtudes muy denostadas en el capitalismo.
3. La mayoría de las famosas que salen en el Hola y revistas similares tienen partos por cesárea en clínicas reconocidas ¿Ellas -y sus ginecólogos- “sí que saben”?
Bueno, yo no creo que sean una mayoría de las famosas, también hay muchas que intentan u optan por partos fisiológicos. Es difícil saber qué motiva esas cesáreas tan aparentemente innecesarias en última instancia, pero creo que desde luego tener dinero y fama no asegura en absoluto estar bien informada.
4. Pero ¿por qué elegir un parto vaginal -”parir con dolor”- frente a la “indolora” cesárea?
La cesárea es muy dolorosa, primero. Y segundo, no se trata de elegir cesárea o parto, sino de escuchar muy bien al cuerpo y al bebé que viene. Hay cesáreas maravillosas que salvan vidas y partos vaginales peligrosos. También hay partos gozosos u orgásmicos e inne-cesáreas mortales.
5. ¿Qué NO nos cuentan la verdad sobre las cesáreas y sus consecuencias?
Se valoran los resultados de las cesárea en función de cómo esté el bebé en los primeros días…Mientras que las secuelas de la cesárea en la madre pueden durar años, y el cerebro del bebé tarda 15 años o más en llegar a la edad adulta, sólo ahí podríamos terminar de valorar si ha habido secuelas o no de la cesárea.
6. ¿Qué es el libro “¿Nacer por cesárea?”, qué aporta y a quién va dirigido?
Lo mínimo que pensamos habría que saber antes y después de tener una cesárea. Va dirigido a madres y padres, pero incluye mucha información desconocida para profesionales del parto.
7. El libro está escrito por un ginecólogo y un psiquiatra. ¿Representan el pensamiento oficial de los profesionales de salud respecto los nacimientos o siguen otra línea?
No representamos ni pretendemos representar ningún pensamiento oficial ni tampoco alternativo. Hablamos desde nuestra experiencia como médicos, y desde nuestros estudios e investigaciones.
8. ¿Qué opinas de vuestros compañeros que defienden las cesáreas como mejor opción de parto para la salud de las mujeres?
No tengo compañeros que defiendan eso. Las situaciones siempre son matizables y complejas. Trabajo en equipo con obstetras pediatras y matronas, aprendo mucho de ellos, también discrepo en muchas cosas. Nada es blanco o negro, sé que mis compañeros lo hacen lo mejor que saben.
9. ¿Y sobre quienes os acusan de presionar y culpabilizar a las mujeres si no consiguen partos “naturalizados”?
Personalmente no siento que nadie me haya acusado de eso.
10. ¿Qué recomendaríais a las mujeres embarazadas?
Gozar. Cantar. Celebrar. Dejarse cuidar. Disfrutar. Recuperar la alegría, evitar el estrés, rodearse de otras embarazadas. Escuchar a su bebé. Y si todo esto les parece difícil, pedir ayuda a otras madres y mujeres.
11. ¿Qué recomendaríais a las mujeres que ya han vivido una cesárea?
Sanar, darse tiempo. A veces parece que no hay secuelas, que todo ha sido perfecto, y sin embargo la herida emocional aparece años después: escucharla sin juzgar.
12. ¿Como creéis que serán los partos en el mundo occidental en unos 10 años?
Mi deseo es que sean respetados, gozosos, nada traumáticos. No soy adivina, pero confío en que la conciencia global en torno a la importancia de respetar el nacimiento está aumentando cada vez más.
Fuente de origen:  http://www.elblogalternativo.com/2012/11/28/nacer-por-cesarea-cuanto-sufrimiento-innecesario-genera-el-obstaculizar-los-partos-entrevista-a-la-psiquiatra-ibone-olza/

miércoles, 23 de enero de 2013

Renacer


"En el renacimiento interior el individuo no se vincula al éxito, a las expectativas, ni a los logros, sino al camino en si mismo, a cada paso que lo conforma, a cada instante que lo integra. Esto hace que se sienta a gusto y en plenitud durante todos los procesos de su vida y que integre los obstáculos como una forma gratificante y desafiante de aprender y de superarse a sí mismo, agradeciendo su presencia como elementos determinantes de una enriquecedora evolución personal. En este punto, la persona ha dejado atrás el orgullo porque sabe que le impide el crecimiento personal y el entendimiento con los demás. Además, un individuo que ha llegado a este nivel es un individuo sencillo y humilde que sabe que hay que abrirse a experiencias inesperadas y a acontecimientos imprevisibles, en lugar de tratar de controlarlo todo, y que en esto reside la emoción de la vida".

viernes, 18 de enero de 2013

Maravilla de la Vida: concebir un bebé




Seguramente conoceremos a alguna mujer que sin tener un problema físico real y tangible le esté costando quedarse embarazada e incluso llevar un embarazo a término. Mujeres que sufren una pérdida tras otra y que, tras infinitas revisiones y exámenes deciden acudir a una fecundación con ayuda.

Este es un caso que he conocido personalmente.  Voy a relatarlo -cambiando algún dato y con el permiso de la protagonista-  por si despierta alguna voz de alarma, por si alguna conciencia puede verse reflejada.

Ella es mi Amiga a pesar de que no nos vemos a menudo, a pesar de que nuestra relación  ahora es telefónica y a través de la red principalmente, pues hay entre nosotras casi 200 km de distancia.

Es madre de un niño de cuatro años y desde que él chiquillo tenía dos, quiso volver a ser mamá otra vez.  Pero no había podido ser... hasta ahora.  En este tiempo ha tenido tres abortos, con el consiguiente desgarro, con el dolor que cada vez le producía ver como un nuevo ser no se quedaba en su vientre para ser parido y vivir.

Una mañana, a poco de su última pérdida, desperté con una extraña sensación.  No sabía si había sido un sueño o de qué otra forma podía haberse instalado aquella sensación en mí. Sentía que mi Amiga, por algún motivo que yo desconocía, abortaba a los bebés que habían decidido ser niñas.  Es como si ella, en lo más profundo de su alma no quisiera tener una hija…

La llamé por teléfono y se lo dije, con toda la claridad de fui capaz en ese momento.  Le dije que era casi una certeza… que era como si alguien me lo hubiera confiado… y le pregunté si tenía algún rechazo oculto hacia las niñas, hacia el hecho concreto de tener ella una hija.

Guardó silencio y me dijo que SÍ. Que nunca había deseado tener una hija por un miedo muy profundo, por algo que sentía ancestral y que, de alguna forma, estaba  muy presente en ella.
Tenía un miedo atroz a tener una hija y que fuera violada.  Y remontándose atrás me confió que una abuela suya… lo había sido y que eso era algo que la aterraba. Y que en el fondo de su alma, ella era consciente de ese rechazo.

Estuvimos hablando un rato y le dije que, sería importante que hiciera un trabajo personal y profundo, con el fin de alejar de ella ese miedo cerval y que si de nuevo, el alma de una niña accedía a su cuerpo pudiera ser aceptada con todo su amor.

Tras reconocer ese miedo y ponerle palabras, me dijo que su marido también era sabedor de ello y que, de alguna forma, era cómplice en este “rechazo”.  Decidió que harían un trabajo conjunto, reconociendo a esa abuela y enviándole el amor que le había negado. Aceptarían a una hija, si es que llegaba ese momento, e iba a tener todo su apoyo, todo su amor para seguir adelante y la albergaría en su vientre, y la pariría de la mejor forma.

Aún no había pasado tres meses, su silencio me hizo sospechar… de nuevo intuí su miedo.  Un comentario suyo a través de facebook confirmó esa intuición mía.  La llamé preguntándole…  y me dijo que estaba, de nuevo, muy asustada… tenía un retraso y sospechaba de un embarazo de siete semanas.   Pero me dijo que ya no rechazaría a una niña, me confesó que junto a su marido había hecho un ejercicio de aceptación lo que, en estos momentos,  los mantenía confiados. Aún así, necesitaba la confirmación de que todo estaba bien…  y a las dos semanas me llamó para decirme que el latido del corazoncito era perfecto y que el feto se veía en condiciones normales.

En estos momentos le queda poco para parir a su hijo.  Está radiante de alegría, está feliz junto a su marido y a su hijo de casi cinco años.
Tendrá un parto natural respetado, en la intimidad, junto a sus seres más queridos… y me gustaría estar con ella, pero sé que no es posible.

Y yo, de nuevo,  me encuentro exultante por las maravillas que la propia Vida nos ofrece. Poder VER, poder ENTENDER que hay algo más allá de nuestro cuerpo físico, ACEPTAR que no sólo es lo que vemos o lo que la medicina nos cuenta. SABER  que en la mayoría de estas ocasiones, casi TODO está en nuestras manos…



domingo, 13 de enero de 2013

Masculinización en el parto



De todos es conocido lo que piensa y dice Michel Odent en torno a este tema a pesar de tener opiniones en contra...

"¿Es esta masculinización del medio ambiente el factor principal por la cual hoy en día, a nivel planetario, el número de mujeres que dan a luz y las placentas gracias a la liberación de las hormonas naturales se aproxima a cero? Personalmente, estoy convencido de que el mejor entorno posible para un fácil nacimiento, incluso para muchas mujeres modernas es cuando no hay nadie alrededor, excepto una partera experimentada y silenciosa o una doula, percibido como una figura de la madre

Esto lo aprendí en el momento de la "partera que teje”  en la década de 1950. Me volví cada vez más consciente, durante mi carrera como médico del hospital, del punto de inflexión en la masculinización del parto. Y estoy volviendo a aprender esto hoy, cuando, de vez en cuando, me toca asistir a un parto en casa, por lo que el padre del bebé está ocupado en la cocina o en otros lugares alrededor de la casa, dejando a la mujer con una sola persona con experiencia en todo, maternal y en silencio. Sin embargo, en la época actual  la evidencia basada en prácticas obstétricas y parteras es que no podemos confiar en la observación clínica para dar una respuesta…

 …Muy temprano en la segunda mitad del siglo, hubo un excedente de obstetras americanos que la mayoría de ellos tenía el tiempo para participar en todos los partos: se convirtieron en "cuidadores primarios", en lugar de experto que está únicamente en situaciones excepcionales y patológicas. Además, en los EE.UU. la doctrina del esposo/ pareja que participan en el nacimiento ya estaba establecida en la década de 1970. Un exceso de  obstetras (en su mayoría hombres) había existido también desde hace mucho tiempo en la mayoría de ciudades latinoamericanas. En resumen, el punto de inflexión comenzó antes y un desarrollo más rápido en los dos continentes americanos que cualquier otro lugar. En el otro extremo del espectro, el proceso de masculinización se ha retrasado en un cierto número de países.

La obstetricia en Irlanda se asocia generalmente con el concepto de "manejo activo del alumbramiento", utilizando estrictos criterios para controlar la velocidad de trabajo. Sin embargo, la presencia habitual del padre de los nacimientos de Irlanda se retrasó hasta finales de 1980.

La característica única del sistema socializado holandés de obstetricia es que la partera se considera oficialmente el cuidador principal. El obstetra juega el papel del asesor experto.
En Holanda, el 30% de los nacimientos todavía se producen en el hogar y el parto en Holanda no ha sido muy influido por las teorías de la mayoría de los movimientos occidentales de parto natural. El comportamiento tradicional de que el marido va a la taberna o estar ocupado en la casa persistió por más tiempo que en otras partes.
El concepto de la pareja que da a luz apareció mucho más tarde que en otros países de Europa Occidental y del mismo modo la masculinización de parto ha seguido un camino diferente y más lento…

…De todos modos la cuestión principal sigue siendo: ¿se puede afirmar que existe una relación causa-efecto que explica esta asociación? ¿Podemos afirmar que las dificultades en el parto se relacionan con el grado de masculinización del medio ambiente? ¿Podemos confiar en la doula con experiencia, diciendo que la oxitocina, la "hormona tímida", es más tímida en un hombre que en un ambiente femenino? También podemos suponer -y esto no es contradictorio-  que la masculinización del ambiente del nacimiento ha sido originalmente a consecuencia  de una profunda falta de raíces de interés en la base,  necesidades de las mujeres trabajadoras y los bebés recién nacidos.

Si hace medio siglo hubiera sido fácil de explicar que todas las situaciones asociadas con la liberación de adrenalina y con la estimulación de la corteza cerebral tienden a obstaculizar el proceso del nacimiento, la historia del parto habría sido empujada en otra dirección. Simplemente, si se hubiera entendido que una mujer de parto necesita sentirse segura sin sentirse observada, la función específica de la matrona como una figura de la madre habría sido más fácil de interpretar.

Si los teóricos de la década de 1970 se hubieran dado cuenta de qué tan contagiosa es la liberación de adrenalina, y se hubiera previsto que un hombre que ama a su mujer puede liberar hormonas del estrés en el momento equivocado,  habría sido más prudente antes de afirmar la participación por rutina del padre en el nacimiento. Si los obstetras  hubieran anticipado que el uso de monitorización fetal electrónica continua puede ser percibido por las mujeres en trabajo de parto como una forma de observar a sus funciones corporales, y por lo tanto, para estimular su neocortex, se habría podido predecir los resultados de los ECA lo que indica que la única constante y efecto significativo de estos nuevos inventos fue aumentar las tasas de cesáreas. Finalmente, todos los aspectos de la masculinización del ambiente del nacimiento aparecen como consecuencia directa de la arraigada ignorancia de los procesos fisiológicos…

 …En el contexto científico del siglo XXI, las señales preliminares de una "des-masculinización del medio ambiente del nacimiento ya son visibles. El fenómeno de la Doula, ha alcanzado dimensiones mundiales, ya que podría ofrecer una oportunidad para redescubrir la obstetricia auténtica…"

Traductor de Google

Imagen
http://www.egiptologia.com/mujer-en-el-antiguo-egipto/366-las-mujeres-del-nilo.html?showall=1

"Todo lo que da a luz es femenino. Cuando los hombres empiecen a comprender las relaciones del Universo que las mujeres han conocido siempre, el mundo empezará a mejorar". (Lorraine Canoe, mohawk, 1993)



jueves, 10 de enero de 2013

domingo, 6 de enero de 2013

Relato de un PARTO. El nacimiento de Irene



Este es uno de los mejores regalos que le pueden hacer a una Doula.  Laura ha descrito el nacimiento de su hija Irene desde la emoción que está viviendo en pleno puerperio.  Y me lo han enviado como regalo de Reyes para que lo publique en mi blog y que su experiencia pueda servir a otras mujeres.
Gracias, Laura, me repito una vez más: eres una mujer sabia a pesar de tu juventud. Que la Vida te bendiga, a ti y a toda tu descendencia.

"Hay que ver qué razón tenía Concha al comentarme los efectos amnésicos de la oxitocina, hace tan sólo dos meses que nació mi hija y parece que haya sido hace muchísimo más tiempo, increíble.  Ah, perdón, ¿que quién es Concha? Es mi DOULA.

Quiero compartir mi experiencia de embarazo, parto y puerperio junto a una Doula, pues para mí ha sido una experiencia maravillosa.

Conocí a Concha aproximadamente un año antes de concebir a mi niña. Asistí a una charla sobre Doulas en el centro de salud de un pueblo vecino. Mi marido y yo ya habíamos decidido ser padres dos años atrás,  y yo comencé mi preparación con ilusión.
Al acabar la charla recuerdo que pensé: me encanta cómo habla, qué dulce, qué segura…Yo quiero parir junto a ella. Esperé paciente a que terminara de hablar con algunas de las asistentes y me acerqué a ella, me presenté y le comenté que quería quedarme embarazada y que había empezado a trabajar temas como la madre, la menstruación, auto concepto, miedos, etc. Hubo una gran conexión entre nosotras, lo sentí.
Nos intercambiamos los correos electrónicos y nos escribimos en alguna ocasión. Seguimos con nuestras vidas.

Por fin, nuestros sueños se hicieron realidad: ESTABA EMBARAZADA. En marzo de 2012, cuando estaba justamente de 8 semanas y 2 días, me puse en contacto con Concha. Nuestra fecha probable de parto era el día 19 de octubre, Santa Laura.
Mi marido y yo habíamos comentado la posibilidad de llamarla y cuando nos concretó sus servicios, definitivamente lo tuvimos claro. Iba a acompañarnos en todo el proceso, pues sobre todo quería que estuviera presente en el parto. Acordamos que al aparecer las primeras contracciones la llamaría, ella acudiría a mi pueblo pues queríamos alargar al máximo la dilatación en casa para evitar un ingreso prematuro en el hospital ya que podría suponer una intervención innecesaria, habíamos decidido que sería ella la que estuviera conmigo durante todo el parto y que en el momento de dar a luz, le haría el relevo mi marido, pues sabía que en la mayoría de hospitales, solo dejan entrar a una persona.

Nos empezamos a ver después de Semana Santa, al principio una vez al mes, luego más a menudo. Al principio nos veíamos en su ciudad pero conforme el embarazo avanzaba, era ella quien se desplazaba a nuestra casa. Todo un detalle. Me encantaba recibirla en mi casa con una buena taza de té. Una gozada.
El contacto electrónico era semanal, pues yo por mi cuenta buscaba mucha información y entonces necesitaba que ella me aclarara las dudas o me facilitara bibliografía o cualquier otro material. Concha siempre estaba dispuesta y con una gran sonrisa en la cara, al notar mi interés,  me decía: "Laura,  te bebes la información…” Es lo que tengo, soy una curiosa empedernida.

Las semanas fueron pasando e íbamos viviendo mi embarazo con mucha alegría. Los primeros tres meses fueron más duros por los vómitos y el malestar, pero en general, fue un embarazo buenísimo, me sentía satisfecha, plena, sana, bella… Cada vez me sentía más segura, cómo dice Concha, más empoderada. Totalmente, me sentía una Diosa, lo podía todo.

Tardamos en saber que íbamos a tener una niña, se llamaría Irene. ¡Qué ilusión.!

Hacia el final, y cómo creo es normal, aparecieron mis miedos al parto. Sinceramente no sentía temor alguno al dolor. No sé si practicar un arte marcial habrá influido en esto o no, pero me salió la guerrera que llevo dentro. Mi mayor miedo era sentirme desbordada, sin control en el momento del parto, tenía miedo de tener que pelear durante ese maravilloso momento con el personal del Hospital, temía el maltrato hospitalario, temía no darle la mejor forma de nacer a mi hija, temía sentirme sola, era algo que me pesaba, aunque reconozco que mentalmente estaba predispuesta a lo mejor, mis pensamientos fueron positivos la mayor parte del tiempo.

Para contrarrestar este miedo, Concha me recomendó redactar mi Plan de Parto y presentarlo en el Hospital que me correspondía parir. Así lo hicimos. Mi sorpresa fue al presentarlo en el hospital público que me tocaba por zona,  no lo conocían en el SAIP (Servicio de Atención e Información al Paciente), me llegaron a preguntar si era algo que me había inventado yo, que nunca habían visto nada parecido. Al final, volví otro día y  conseguí entregárselo al jefe de servicio de ginecología y obstetricia. Lo primero que me dijo fue: ¿Quién te manda, tu matrona? Cómo si yo no pudiese tener iniciativa. El siguiente comentario fue que el Plan de Partos era algo obsoleto e innecesario, pero que lo leería (¡guau, qué consideración¡ cómo si no fuera su obligación… !) y me daría una contestación. Pero, él también  jugó sus cartas y me dio un ejemplar  de su protocolo, el cual tendría que firmar si al final decidía parir allí. Me quedé un poco descolocada.

Llegados a  este punto, quiero aclarar que me extiendo en este hecho porque realmente fue decisivo en cómo se fueron sucediendo después las cosas.

A los pocos días me telefonearon del hospital para que fuera a recoger la contestación del Jefe de Obstetricia. Me fui ilusionada, todavía tenía esperanza. Pero cuando recogí la contestación en admisión me quedé decepcionada. Lo que me venía a decir era que lo que pedía era imposible, que ellos tienen un protocolo establecido y que si no era de mi agrado que me buscara otra maternidad. Y que si no tenía inconveniente debía firmar el ejemplar del protocolo de partos propio de ese hospital, dando mi consentimiento para poder hacer lo que ellos quisieran. Reconozco que me asusté. Quedaban pocas semanas para salir de cuentas, debía confirmar ya el lugar dónde iba a parir. También me sentí estúpida, infantil y caprichosa. Más todavía cuando la jefa del SAIP, quien me atendió dijo que mi Plan de Parto pretendía desautorizar a los médicos, los cuales eran los profesionales y los que en última instancia los que deben decidir cuándo hacer una episiotomía, administrar pomada antibiótica en los ojos del recién nacido, qué no se podían arriesgar. Y, ella también, me invitó a buscar otro hospital, no sin advertirme que iba a estar complicado que aceptaran mi Plan de Parto. Me quedé hundida, desvalorizada, sin criterio y firmé su protocolo. Qué remedio me quedaba.

Me marché a casa. Recuerdo que llovía. Ahora pienso que lo que yo no lloré por la situación lo hacía el Universo. Era una señal. Una vez más, la Institución había sido implacable con la futura madre. Lamentable.

Le comenté lo sucedido a Concha, ella se indignó y me nombró otros hospitales alternativos, pero yo ya había decidido (junto a mi marido), tenía miedo y quería parir en el hospital más cercano. Me habían convencido: parir era algo peligroso que no dependía de mí.
Concha, aunque ahora lo pienso, triste, nunca me intentó convencer. Nuestros encuentros siguieron cómo siempre. Ella objetivamente me facilitaba toda la información que le pedía.
Pero, algo en lo más profundo de mi ser, me dolía. Asomaba en forma de pesadillas, lo sacaba en forma de vómitos…

Una tarde estando sola me derrumbé y lo vi muy claro, NO QUERÍA PARIR EN ESE HOSPITAL, pero realmente ¿tenía alternativa? La persona que me vino a la mente fue ella, mi Doula Concha, y la llamé. Le pedí información sobre los hospitales (públicos) más cercanos con protocolo de parto respetado. Esto fue jueves y el sábado tenía a Concha en casa con la información que le pedí, incluso me facilitó el tiempo que tardaríamos en llegar en coche a cada hospital. Un encanto de mujer.

Con la información en la mano, mi marido y yo decidimos hacer el cambio de hospital esa misma semana, era la 38 de embarazo. Cambié un hospital a veinte minutos de mi casa por otro a más de una hora. ¡Qué locura más sensata!

Llamé para pedir una cita previa, le comenté a la administrativa mi caso y me dio cita para esa misma mañana. Allá que nos fuimos mi marido, mi barriga con mi bebé y yo.
Al llegar al hospital ya notamos las buenas vibraciones, un hospital nuevo, moderno, bonito, limpio y lo más importante, un personal atento y humano. En información nos atendió la misma chica con la que había hablado esa misma mañana por teléfono. Con amabilidad nos preparó el cambio de hospital. Me indicó como solicitar la siguiente cita para una ecografía de rigor,  para monitores y para el taller con la matrona dónde expondría nuestro Plan de Parto. Esta trabajadora, hablaba del Plan de Partos con naturalidad y respeto.  A partir de ese momento,  estaba segura,  mi embarazo y por tanto mi parto serían respetados. Salí de allí tan contenta que en medio del hall me abracé a mi marido y me puse a llorar de alegría.

Todo quedó solucionado en la semana treinta y nueve. Por fin, me relajé y recuerdo que pensé: Irene ahora puedes venir cuando quieras. Mientras me fueron monitorizando semanalmente en mi nuevo hospital. Recuerdo con ternura la frase de la sala de espera de paritorios mientras esperaba entrar a los monitores junto a mi madre, venía a decir algo así: aquí,  TÚ Y TU BEBÉ SOIS LOS AUTÉNTICOS PROTAGONISTAS DEL PARTO. ¿Alguien puede negar esto? Qué diferencia siendo dos hospitales públicos ¿no?

Durante el taller con la matrona, ésta leyó atentamente y delante de mí y de mi madre, punto por punto de mi “controvertido” plan de parto. Tan sólo pedía un parto natural lo menos intervenido posible, pedía ser sujeto activo en el mismo y pedía encarecidamente el máximo respeto hacia mi hija cuya responsabilidad caía y cae directamente sobre mí y su padre, no en manos del o de la ginecólogo/a de turno. Aceptó la matrona todos mis deseos para el gran día y terminó la conversación diciendo: aquí se trabaja de este modo y me entregó su protocolo de parto respetado, el cual venía a parafrasear casi literal mi Plan de Parto. ¡Qué alivio!

Mientras, mantenía informada a Concha y seguía mi acompañamiento con el mismo cariño y dedicación que al principio.

Cumplí la semana 40 e Irene no nacía. Yo estaba muy tranquila, sabía que esto ya no dependía de mí. Siguiendo las recomendaciones de MI Doula,  me conectaba amorosamente con mi bebé, le decía que la queríamos, que la estábamos esperando y así, la animaba  a nacer. Pero llegó el otoño,  el viento frío y se ve que Irene estaba muy a gustito en mi barriga, pues no se animaba a nacer. Yo seguía con las visualizaciones, relajaciones, homeopatía, flores de Bach, sentadillas, limpiar la casa o tomar chocolate a la taza, creo que probé con todos los trucos posibles, excepto el aceite de ricino y porque se negaron a vendérmelo en las herboristerías. Lo intenté todo. Todo lo que estuvo en mis manos (el noventa y nueve por cien de la situación que yo podía controlar) para evitar la inducción que supondría saltarse (por necesidad, evidentemente) el Plan de Parto. Este era el uno por cien que me comentaba Concha, que escapaba de mi control. Qué fastidio¡ (por decirlo suavemente).

A pesar de haber aceptado la situación, yo estaba confiada en que mi bebé vendría sin ayuda. Me sentía abierta y positiva. Y sobre todo, me sentía segura, apoyada y acompañada.

Semana 41 y mi hija sin nacer. En seis días me tendrían que inducir el parto.  En siete días cumpliría la semana 42 de gestación.  Concha me llamaba a diario, igual que mi madre, para preguntarme cómo me encontraba, pero el parto no movía. Semana 41+4 días, maniobra Hamilton aceptada en el segundo ofrecimiento y por voluntad propia.

Fueron días de mucha creatividad, dibujaba, pintaba, escribía afirmaciones para el parto y la lactancia, hacía collages y  mandalas, bailaba,… quería crear si no podía con mi vagina, con mis manos.

En la madrugada del Día de Halloween (día que me iban a inducir el parto), hacia las cuatro de la mañana sentí las primeras contracciones. ¡Me alegré tanto. ¡ Recuerdo que le dije a mi bebé acariciándome la barriga: ¡Qué bien, has decidido venir solita! Mi marido dormía tranquilo a mi lado. Hacia las seis de la mañana lo desperté pidiéndole que controlara y anotara la frecuencia de las contracciones. Me puse nerviosa, pues aunque  eran suaves, cada vez se repetían antes. Pronto Vicente, así se llama mi marido me dijo que había llegado el momento de llamar a Concha y así lo hicimos. Serían las siete de la mañana. Recuerdo que Concha me dijo que hacía un par de horas que estaba preparada… intuía algo. Sobre las nueve de la mañana Concha estaba en casa, ya no se separó de mí hasta que nació Irene.

Las contracciones se ralentizaron desde que ella llegó. Realmente su compañía me calmaba.  Salimos a pasear para recuperar el ritmo, hice sentadillas y ejercicios con la pelota de Pilates, me activó puntos de reflexoterapia que ayudan a dilatar, aromaterapia, flores de Bach, masajes en la espalda y las lumbares, dormí, comimos, merendamos, las contracciones se intensificaban muy lentamente. Eran muy soportables.  A media tarde nos sentamos los tres, mi marido, Concha y yo y decidimos irnos al hospital después de cenar, pues lo más probable era que durante la noche, el parto se desencadenara ya de forma seria y convenía estar ya allí,  para monitorizar al bebé y no agobiarnos nosotros.

Había llegado el momento, estaba en 41+6. Salía con mucha ilusión de mi casa con mi hija dentro y volvería con ella en brazos. Estaba preparadísima.

Ingresé sobre las once con contracciones rítmicas cada ocho minutos, me observaron y sólo había dilatado un centímetro, me pusieron a monitores, el bebé estaba perfecto, fuimos a la habitación de la segunda planta (exclusiva para mí y mis acompañantes) a esperar y descansar lo que pudiera. Si por la mañana no había seguido el parto su curso empezarían con las prostalgandinas para provocarlo definitivamente. Pero no hizo falta, hacia las cinco de la mañana empezaron las contracciones “de verdad”. Había conseguido dormirme pero éstas me despertaron, vaya que si lo hicieron. Desperté a Concha, aunque no estoy segura de si pegó ojo. Y me propuso que paseara por la habitación, me frotaba la espalda y cuando llegaba la contracción yo me detenía, hacía giros de cintura que me aliviaban bastante,  respiraba con la boca abierta emitiendo sonidos que ahora mismo no sabría describir e intentaba descansar entre contracciones. Así lo habíamos preparado y así lo hicimos. Todo iba perfecto.

Hablo en plural porque desde este momento  me sentí una con Concha. Hablábamos, nos reíamos, respirábamos, llevábamos las contracciones (creo que ella también las sentía) todo sin separarse de mí.

Se iban intensificando, me llevaban cada cuatro horas a dilatación para observar el progreso y monitorizar a Irene. Sólo pedía que no me viniera la contracción en la silla de ruedas camino al paritorio. Eran los momentos más duros pues durante ese tiempo estaba sola y creo que era lo que más me dolía. Sin duda, mi epidural era Concha, mi Doula.
Y me volvía a la habitación un poco desanimada porque a pesar del trabajo dilataba muy lentamente. Según Silvia, mi matrona, mi parto estaba siendo de libro, todo estaba bien y seguía un ritmo perfecto. Allí me esperaban mirándome tiernamente, mi marido y Concha. Cada vez que me llevaban pensaba, ojalá no volviera a la habitación.

El tiempo iba pasando aunque yo había perdido toda noción del mismo. Todavía se hicieron más intensas las contracciones. Yo desconecté. Estaba fuera de mí. Simplemente respiraba, era lo único y lo que mejor podía hacer. Perdí el apetito. Durante todo el parto apenas bebí agua y bebida isotónica. Se intensificó mi olfato y entre mí maldecía a la mujer que repartía los desayunos y las comidas y a la enfermera de turno que se había pasado ese día con la colonia, me producían arcadas.
Tenía la leve percepción del paso de las horas por la luz del sol que entraba por la ventana de la habitación de dilatación. Recuerdo que era un día de otoño soleado. Mientras seguían los abrazos de Concha y de mi marido, los masajes, las sentadillas, las respiraciones, la apertura...

No sé las veces que me llevaron a dilatación pero siempre esperaba que fuera la última. La matrona me trató de manera impecable, me pedía permiso en cada exploración, siempre me atendió ella con palabras sencillas y de forma muy dulce. En todo momento me informó y me pidió opinión.

Empecé a temblar y vomitaba. Concha me explicó que era completamente normal y me recomendó meterme debajo de la ducha. Qué maravilla, pensé, qué alivio sentía mientras Concha me rociaba con agua bien caliente la espalda. Vicente, de vez en cuando entraba para ver cómo iba todo. En silencio y respetuoso al máximo (así es él) también me acompañó, colaboró en todas las indicaciones de Concha y me trató con mucho cariño. Es mi mejor apoyo y ese día lo demostró.
Más que el dolor de las contracciones estaba cansada, muy cansada. Pero, buenas noticias al volver al paritorio, el cuello del útero estaba totalmente borrado. Lo estaba haciendo bien, pero estoy segura que sin Concha hubiese sido otro cantar.

A partir de este momento, tengo grandes lagunas en mi memoria. Recuerdo todo muy difuso como viviéndolo desde fuera de mi propio cuerpo. Estaba tan cansada. Al llegar de nuevo a la habitación y como recomendación también de la matrona, me metí de nuevo a la ducha. La luz apagada. Concha rociándome. Silencio.  Yo buscando la mejor postura: de pie, en cuclillas, a cuatro patas… al final sentada en el suelo, espalda recta y piernas abiertas y respirar, sólo respirar, ese era mi trabajo. Según Vicente, estuvimos así cerca de dos horas.

Me llevaron de nuevo al paritorio (esta vez sería la definitiva), yo me dejaba hacer, estaba agotada. La matrona me exploró y ya había dilatado ocho centímetros. Llegados a este punto recuerdo que me propuso suministrarme la epidural u otra analgesia. Reconozco que dudé, sentía tanto dolor y sobre todo, estaba tan cansada. Me sentí decepcionada conmigo misma, ¿podría conseguirlo? O tiraría por la borda toda mi idea del parto natural.  Al final opté por la dolantina, una especie de opiáceo, que me ayudó a descansar, incluso dormir, para poder terminar mi trabajo de parto.

Fue apenas una hora y recuerdo que hasta soñé entre contracción y contracción.  Y Concha estaba a mi lado, acariciándome la cara. Me alegraba tanto de verla…

Mi Doula me animó a levantarme, a caminar y a hacer sentadillas, pero aún estaba un poco bajo los efectos del analgésico. Recuerdo que me dijo que quedaba muy poco para conocer a mi pequeña y entonces, reaccioné y me levanté, fui al baño a vomitar y comencé a llorar. Levanté la vista y vi la cara de Concha mirándome amorosamente, luego me rodeó con sus brazos y con mi cara entre sus pechos me dijo: “lo estás haciendo genial preciosa y no sabes lo guapa que estás”. Rompí a llorar de alegría.
Me levanté, me acerqué a una silla y me puse de cuclillas y al poquito le dije a Concha: ¿Qué pasa si me hago caca? Pues siento ganas de empujar. A Concha le faltó tiempo para ir a buscar a la matrona…

Silvia me exploró y comentó que ya podía tocar la cabecita de la niña. ¡Qué alegría en medio del dolor!. Ahora sí. Esto llegaba a su fin. Me desnudé completamente. Bajaron la luz de la habitación. Me preguntaron qué posición prefería y yo me puse semi acostada (estaba cansada hasta para cambiar de posición). Concha a mi izquierda, acariciándome la cara, hablándome bajito. Entró mi marido con una gran sonrisa pues por fin podía verme y sabía que pronto conocería a su Irene. La matrona entre mis piernas, en silencio, respetándome. Empezaron los pujos, mi hija coronó, la matrona me preguntó si quería tocarle la cabecita y así lo hice. ¡Qué subidón ¡, en el siguiente pujo lo iba a dar todo. Mientras Vicente animaba amorosamente a nuestra hija a nacer: “Vamos Irene ayuda a mami, tenemos ganas de conocerte”.

Vicente cambió de posición pasó de estar al frente a estar a mi derecha, emocionadísimo. Silvia me ayudaba con masajes de periné por lo que no hizo falta  la episiotomía.  Me hablaba dulcemente, me daba confianza y respetaba mi ritmo en los pujos. Por fin, mi hija asomó la cabecita. Eran las ocho menos cuarto de la tarde y de repente, todo el cuerpecito fuera.  Silvia colocó a Irene entre mis pechos. Sentí su olor a vida, la tibieza de su cuerpo, vi su cabecita llena de ricitos oscuros y pronto gimió y me desbordé de alegría… se paró el tiempo.
Al cabo de unos minutos, el cordón dejó de latir y dije con alegría que fuera la tía Concha quien lo cortara. Y así lo hizo, emocionada le dio la bienvenida a la Vida. Alumbré la placenta y me curaron unos pequeños desgarros superficiales. Ni me enteré, ¿dónde había quedado el dolor, el cansancio y el sufrimiento? ¡Qué momento más mágico!.

Al poco Concha dijo que ella había terminado, me felicitó,  nos dimos las gracias mutuamente y se marchó.

Vicente, Irene y yo nos metimos en nuestra burbuja de felicidad, no existía nada ni nadie más. A oscuras en intimidad forjamos nuestro vínculo durante un par de horas sin que nadie nos interrumpiera. Todo había salido tal y cómo habíamos planeado. Habían respetado nuestros deseos y me había sentido totalmente respetada durante el proceso y por supuesto, mi niña estaba sanísima y enganchada al pecho. ¿Qué más podíamos pedir?

Al subir a la habitación nos esperaba la familia, compartimos este gran momento y a partir de entonces comenzó nuestra nueva vida con nuestra deseada hija Irene.

Mantengo el contacto con Concha casi a diario, bien por correo electrónico o por teléfono, la sigo necesitando y ella sigue dispuesta,  y lo que tengo muy claro es que algo muy intenso nos ha unido a ella, a mi hija y a mí para siempre. Te quiero Concha y como te prometí este sería mi regalo de Reyes.

Desde mi experiencia, invito a todas las mujeres a buscar su Doula, a buscar buena información, a vivir su parto de manera consciente, pues la forma cómo lo viváis, estoy convencida,  deja un impronta en la vida de vuestros/as hijos/as.

Yo espero haberle enseñado a mi hija, con su manera de ser concebida y venir al mundo,  que la Vida es maravillosa, que no hay que temerla, que es importante que la viva sin miedo y la invito a seguir el camino que le marque su corazón y su instinto.

No quiero terminar sin agradecer la posibilidad de escribir mi experiencia a:
  • Mi MADRE, por darme lo más grande, la VIDA y por lo tanto la posibilidad de sentir esta experiencia tan salvaje, tan humana, tan de mujer.
  • A Concha, MI DOULA, mi ángel en la Tierra, mi apoyo y sustento en estos momentos tan transcendentales de embarazo, nacimiento y puerperio de mi hija Irene. Ella me recordó la fuerza de las mujeres, la sabiduría de nuestros cuerpos y esa inteligencia Superior que se expresa en cada aliento de vida. Me ayudó a convertirme en MADRE y me recordó cómo volver a sentirme HIJA.
  • A todos los Seres de Luz que me acompañaron desde el cielo en este Día de Todos los Santos, especialmente al que, curiosamente,  lleva el nombre del patrón de las parturientas, mi YAYO RAMÓN, que sé que estuvo conmigo todo el tiempo.
  • Por supuesto a MI ALMA GEMELA, MI MARIDO VI,  compañero de compañía sublime, silenciosa, con él y con su amor, he podido gestar a este maravilloso ser, nuestra hija Irene.
  • Y a mi HIJA IRENE, la cual es una gran maestra de Vida  que me permite reinventarme y mejorar cada día".

martes, 1 de enero de 2013

Recuerdos de una etapa "foril".



Empiezo el año cerrando, definitivamente,  una etapa que viví con mucha ilusión pero que terminó con cierto sabor agridulce: mi etapa “foril”.
No sé por qué, me ha venido una evocación de aquellos momentos y especialmente de las personas que en estos espacios he conocido y que, de alguna forma, todavía están en mí.
Hoy, día 1 de enero de 2013 he solicitado mi baja definitiva en el único foro activo en el que permanecía dada de alta.

En noviembre de 2009 comencé mi periplo en el foro de Crianza Natural a instancias de mi hija, quien me comentó un caso que me impresionó y que seguí atentamente. De ahí me fui involucrando en temas que me resultaron apasionantes y contacté con mujeres de las que aprendí mucho. 
No supe poner distancia y poco a poco me vi envuelta en una situación... desagradable. Allí había una normativa demasiado rígida para mi gusto, la que difícilmente conseguía respetar: con mi edad no es fácil hacerme callar. Sufrí al darme cuenta de que escribir sobre emociones sin ver la cara al interlocutor da pie a confusiones, a malos entendimientos…y que llegado a un punto, el retorno no es posible. Abandoné este foro no sin cierta pena pues dejaba allí muchas horas y mi alma semi desnuda.

Al poco, y tras un motín, algunas foreras me invitaron a la creación de uno nuevo foro: “Las Hijas de Isis”.  Fue una etapa muy movida, resultaba divertido volver a encontrarnos algunas de nosotras en otro espacio aparentemente distinto.  Las normas de este foro no fueron tan duras y se pensó que esto daría pie a que su funcionamiento fuera más fluido.  Pero no fue así, al cabo de un tiempo, y debido al ansia de poder que encierra la naturaleza humana, comenzaron a haber diferencias… grupos… y malos entendidos de nuevo.  Lo que había comenzado como un espacio sincero para compartir se convirtió en un pozo de envidias. Y me marché, escaldada, dolida…

Recuerdo los nicks de ambos foros. Tras algunos de ellos se escondían personas empáticas, amables, siempre a punto de echar una mano, de aportar su saber, su experiencia en cualquier tema. También había quien estaba al acecho, personas maleducadas, desconfiadas,  con las espadas en alto a punto de atacar ante el mínimo descuido… personas que tras su nick escondían una personalidad realmente pérfida.

Tras una escisión –otra vez- se volvió a crear otro foro, y después otro… pero ya no quise saber nada más aunque algunas foreras me invitaron a participar, ya que siempre he tenido la sensación de que estaban formados por “los mismos perros pero con distintos collares”, valga la expresión y sin actitud alguna.

Hubo relaciones realmente bonitas, chicas que me desnudaron su corazón y que veían en mí –en muchas ocasiones- la madre que no tenían, ya física, ya emocionalmente.
También hubo algunos conatos de relación:  mujeres que se me dirigían en busca de alguna solución, de palabras que necesitaban escuchar, de alguna opinión…  pero siempre dije lo que sentía y quizás, al no ser lo que  querían oír, no dejaron de ser simples escarceos… y nunca más supe de ellas.

Hoy y desde la distancia, he de dar gracias a aquellos tiempos de aprendizaje. Creo que siempre podemos sacar algo positivo de todo lo que nos va llegando y que eso es lo que conforma la experiencia.  Estos nicks, que encierran detrás a un ser humano, han hecho que comprendiera mejor la naturaleza de la mujer.

Como he comentado, aún los recuerdo... aquellos con los que no fue agradable y, especialmente, aquellos con los que mantuve una bonita relación. Algunos de éstos se convirtieron en personas a las que hoy llamo por su nombre,  a las que les he puesto cara,  a las que he conocido y abrazado incluso estando en distintos puntos de la península,  y con las que tengo una vía de comunicación abierta y sincera. Con muchas, el correo electrónico es la forma habitual de comunicación.  Y a otras les he perdido la pista…

Galic, Mariposadeotoño, Estavidaloca, Nora111, Miri, Audrey Herpbrun, Saabs, Pekemami, Piratilla, Isabel Evans,  Itzizoe, Neus, Caliope, Jordismom, Puck73, Gisal, Kiu, Arcopal, Texy, Obeloki,  Llurena, Brownsugar, Mariemma, Gusarapillo, Hanamaru, Espurrun, Joy, Pepaloca, Pixipix, Goranga, Rainer, Besuguito, Kasilda, … por vosotras,  por algunas más. Y por aquellas que mi mente ha borrado.