.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

jueves, 28 de febrero de 2013

El vello púbico

iStockphoto


Copio este artículo porque me parece realmente significativo.  Y porque estoy de acuerdo con lo que dice, claro.  Cuando en el cuerpo hay vello, es por y para algo.  La Naturaleza es mucho más sabia que las empresas de estética y sus desafortunados intereses comerciales. 
Lo triste: los estúpidos comentarios de algunos hombres. No vale la pena leerlos.


Brenda llegó un poco alterada a mi casa. Venía de una cita amorosa y necesitaba desahogarse: "Acabo de vivir una de las experiencias más humillantes de mi vida gracias a Jorge, el hombre con el que estoy, o mejor dicho, con el que estaba saliendo. Estoy furiosa". Resulta que después de varias citas con el susodicho, finalmente pasaron al plano sexual, "y ahí se encargó de hacerme sentir la mujer más indeseable del mundo. Seguramente ha visto tanto porno y tan malo, que piensa que todas las mujeres deberíamos tener el pubis completamente depilado. No sé qué les pasa, pero alguien debería explicarles que además de ser un trámite engorroso, es innecesario y hasta nocivo para nuestra salud", concluyó Brenda.

Y aquí nos encontramos una vez más, discutiendo el tema de la depilación. Aunque lo hemos tocado de manera general, creo que Brenda tiene mucha razón. Hace falta hablar seriamente de la depilación del área genital, no sólo por sus implicaciones en la autoestima sino por las consecuencias negativas que tiene para nuestra salud sexual. Y cuando digo nuestra me refiero a hombres y mujeres.

De muchas formas se ha patologizado la sexualidad femenina. Continuamente nos hacen pensar que los olores, el aspecto y los flujos de nuestro cuerpo son "sucios". Basta mirar los comerciales de tampones, compresas y productos de "higiene femenina". ¿Por qué quieren aromatizarnos?¿Por qué insisten en decirnos que los genitales o los flujos de una mujer deberían oler a flores silvestres? ¿Qué hay de malo en los olores o las texturas de nuestro cuerpo?Señoras y señores, no hay nada vergonzoso ni sucio ni desagradable con nuestro cuerpo. Esta tendencia a "perfumar" e "higienizar" nuestra sexualidad es consecuencia de un largo proceso que se inició hace muchos siglos, sólo que ahora la industria se ha adueñado del discurso y lo ha retorcido de tal forma que lo "limpio" y lo "natural" no tienen que ver con una cuestión de salud, sino con una imagen de lo deseable.

La idea dominante de lo deseable, al menos en términos de piel, es ser lampiño. Esculturas, ilustraciones, fotografías e imágenes en la pantalla nos muestran cuerpos femeninos cuyo único rastro piloso tolerable está en las pestañas, las cejas y la cabellera. Como si el resto de cuerpo no tuviese poros, como si la ausencia de pelos fuese no sólo un signo indiscutible de belleza, sino también un indicador de "superioridad" evolutiva, racial, social y hasta sexual.

Me encantaría estar equivocada, pero últimamente el "gusto" masculino se inclina por el depilado total, bajando por el ombligo y hasta llegar a la espalda baja. Buena parte de la responsabilidad la tienen las películas pornográficas y las revistas, cuyas imágenes de mujeres barbificadas (de Barbie) y hombres kenificados (de Ken), moldean las preferencias del público.

Lo que más me llama la atención es que muchas mujeres —quizás en una situación similar a la que vivió mi amiga Brenda— han cedido a la presión y consideran indispensable depilarse completamente, en un intento por lucir "limpias" o "deseables", ya sea ante los ojos de su pareja o ante sí mismas. Recurren a navajas, depiladoras eléctricas, cremas, pinzas, cera o electrólisis. Pero (incluso tras la depilación láser) el vello vuelve a crecer y en el proceso, la piel sufre las consecuencias.

En un artículo recientemente publicado, la Dra. Emily Gibson explica por qué se debe terminar esta guerra contra el vello púbico. Puesto que la piel del pubis es muy delicada, se irrita con facilidad y los folículos se inflaman, dejando heridas microscópicas. Cuando la irritación se combina con la humedad y el calor natural del área genital, la herida se convierte en un caldo de cultivo para gérmenes y bacterias, como el estreptococo y el estafilococo dorado (cuya mutación más reciente resiste a la meticilina). Cuando las bacterias provocan abscesos, se requiere hacer una incisión para drenar la infección, lo que aumenta las probabilidades de dejar cicatrices. Por otra parte, cuando los vellos en crecimiento se encarnan, provocan infecciones cutáneas que también pueden transmitirse a la pareja.

El vello púbico está ahí por razones fundamentales de salud y protección. No sólo nos amortigua contra la fricción, también nos protege de los cambios de temperatura y humedad. Depilarse el pubis y los genitales nos hace más vulnerables a infecciones, debido a que las heridas microscópicas suelen estar expuestas a virus o bacterias transportados en las manos, la boca y los mismos genitales.
Para no pagar por la irresponsabilidad de la industria, lo mejor es tomar decisiones bien informadas.  Se lo dije a mi amiga Brenda y aquí lo repito: no tenemos que soportar los prejuicios de quienes asumen irreflexivamente el modelo dominante de lo "deseable"; si al señor le molestan los pelos, el problema es de él. Como señala la Dra. Gibson, "el vello púbico tiene una función que cumplir, así que paren de rasurarlo y déjenlo en paz".
  

domingo, 24 de febrero de 2013

El nacimiento de Mónica (el PARTO contado por su mamá)




Lo prometido es deuda Concha,  dije que escribiría mi parto para tu blog y por fin aquí está, han tenido que pasar quince meses, lo sé, pero mi vida ahora con tres niños en casa deja tiempo para poco.

Como decía, han pasado quince meses pero esto se lo debía a mi querida Doula, bueno, nuestra querida Doula, de Mónica y mía.

“Cuando pienso en todo lo que ha pasado y cómo ha pasado, todavía se me ponen los pelos de punta. El parto de Mónica ha sido como un regalo del cielo, pero no ha sido un regalo, no, ha sido un trabajo largo e intenso.

Mis dos partos anteriores fueron provocados, yo tengo ciclos largos y mis embarazos son largos, con fecha corregida, aún así me plantaba en la semana cuarenta y dos. Ni señales del más mínimo movimiento y, claro, al tratarse de partos hospitalarios de ahí no te dejan pasar. Así que al ingreso, primero las prostaglandinas por si te ayudan a ponerte de parto “tu sola”, el siguiente paso es la oxitocina sintética.

Con la primera, Marina, tuve epidural y episiotomía… Con Javito, el segundo, decidí no ponerme la epidural (esto fue lo único que pude decidir) y la episio ya no estaba “tan de moda”, pero daba igual, debido a los pujos súperdirigidos y todas las intervenciones realizadas (Kristeller incluida, desaconsejada por la OMS por su alto riesgo), el desgarro fue bastante considerable y la recuperación muy larga.

Esa experiencia no lo quería repetir por nada del mundo, yo quería sentir lo que era ponerse de parto, que mi hija decidiera cuándo quería nacer porque ese es el momento exacto, sentir el poder y la fuerza de mi cuerpo pariendo, confiaba plenamente en mi capacidad para hacerlo y esta vez tenía que ser así porque era mi última oportunidad.

No me terminaba de decidir por un parto en casa, es una cuestión de dos y a mi pareja no le convencía del todo. En un parto debes estar en un lugar donde te sientas segura, y estar acompañada por personas que estén seguras, para estar a gusto y tranquila, y mi casa (por cuestiones personales que también me trabajé) no era ese sitio.

El caso es que por unas cosas o por otras, nuestra opción era el público, así que decidí cambiarme al Hospital de Manises, donde me podía asegurar, más o menos, algo diferente.

Lo que realmente me preocupaba, más que dónde parir, era el ponerme de parto yo sola, si me ponía yo sola sabía que al hospital llegaría en el último momento.

Siendo yo psicóloga, hice un largo camino junto a mi Doula: reafirmar la confianza en mi misma, en mi capacidad como mujer y como mamífera de parir, con visualizaciones, del embarazo y el parto, trabajo intenso de “la niña herida”, afirmaciones, relajaciones y hablar, y hablar y hablar… y divagar  y divagar… y soltar, y soltar, y soltar… y muchas más cosas.

Mientras, en paralelo,  iba gestando también mi título como IBCLC (Consultora Internacional Certificada en Lactancia Materna), todo un año estudiando, el examen en verano, y la nota un día después de salir yo de cuentas, todo se juntaba demasiado y los nervios podían interferir.

Recuerdo que nos colgaron la nota la noche anterior a la fecha prevista, los nervios de esa noche fueron indescriptibles, Mónica pegaba botes mientras yo buscaba mi nota y cuando la vi (“pass”), Javi (mi pareja) y yo éramos un mar de lágrimas, había costado mucho llegar hasta allí.

Concha llevaba mucho tiempo diciéndome que hasta que no supiera la nota, Mónica no vendría, yo tenía que dejar todo zanjado para su llegada y estar a su entera disposición… y así fue.  Dos días después de todo esto, cuando las hormonas del estrés y los nervios empezaron a mermar Mónica dijo que era su hora…

Esa tarde de sábado estuve ordenando la última habitación de la casa que me quedaba por revisar, el despacho. Estuve escuchando música, me encontraba especialmente bien y tranquila, todo estaba listo, al terminar le dije a Mónica acariciando mi barriga, “ya lo tengo todo preparado cariño, ya sólo faltas tú”.

Así fue, después de cenar, al tumbarme en el sofá, empecé a notar suaves contracciones, ya me había pasado una noche y pensé que podría volver a ser una falsa alarma, pero no, esta vez no paraban.

Empecé a deambular por la casa, a limpiar la cocina, pasear, preparar la maleta, pasillo arriba y abajo. Javi mientras dormía en el sofá, en su papel, estaba presente pero sin interferir ni intervenir, él estaba tranquilo, confiaba en mí, dejándome mi espacio para estar en intimidad, con mi parto, mi deseado parto, cada contracción me hacía sentir que mi hija estaba más cerca.

Hubo un momento en que me tumbé a su lado y descansé un par de horas, después de eso las contracciones empezaron a ser más intensas. Cogí la pelota y empecé a mover la pelvis, seguí paseando hasta que decidí que llegaba el momento de vestirme. Las contracciones ya me obligaban a agacharme y mi cabeza empezaba a estar en otro planeta, fue cuando Javi llamó a Concha, él registraba las contracciones, duración e intervalos y mientras mi querida Doula me hablaba y me transportaba a mi playa, la que durante meses habíamos estado visualizando, lo recuerdo como entre sueños, era tranquilizador y relajante.

Empecé a notar ganas de empujar, mi nena ya estaba aquí, ¡y yo en casa! Ya nos teníamos que marchar. Por el camino cogía a Javi en cada contracción, no recuerdo nada visual, sólo sensaciones, al llegar al hospital me reconocieron y la matrona me dijo “¡Pero cómo no has venido antes!”, yo para mis adentros pensaba “estaba todo planeado, no me hacía falta venir antes”, a los dos empujones Mónica estaba encima de mí, enganchada a la teta.

Creo que nunca voy a sentir nada igual, el empoderamiento que sentí al tener a mi cría entre mis brazos, después de una experiencia tan bestial, animal, salvaje, indescriptible con palabras. No necesitaba nada ni a nadie, yo podía parir sola, me sentía con total confianza, no tuve miedo en ningún momento, sabía que todo estaba bien. Mi tiempo junto a Concha había dado sus frutos.

El paso de mi Doula por nuestras vidas ha marcado un antes y un después,  vivir una experiencia de forma tan intensa como yo viví mi parto, rompiendo mis propios moldes, tenía que dejar huella. Ha sido una experiencia enriquecedora, no sólo el parto, sino todo el proceso de acompañamiento durante el embarazo, de crecimiento personal, de empoderamiento. A raíz del nacimiento de mi hija me enfrento a la vida desde otra perspectiva.

Por eso Concha siempre va a formar parte de nuestras vidas, nos unen muchas cosas y siempre hemos tenido un feeling especial, algo con lo que conectamos. Siempre he dicho que para mí ella es LA DOULA, todo lo que representa, una mujer con un bagaje, con una experiencia vital, conectada con la vida, con la tierra y con el universo, madre de tres hijos y abuela de otros tres nietos a los que adora.
Además no es casual que la vida le está llevando por el camino para el que está hecha, “su camino”, lleno de experiencias, todas enriquecedoras, que seguro la devienen en una mujer cada vez más sabia, si cabe

De nuevo gracias Concha, mil veces gracias, siempre gracias.  Te queremos.
Ruth y Mónica".





lunes, 18 de febrero de 2013

Fin de semana con Liliana Lammers ¡Bárbaro!



Este pasado fin de semana, Liliana Lammers venía a Valencia.  Había oído hablar de ella, sabía que es la Doula que ha acompañado durante muchos años a Michel Odent. Y me apetecía mucho conocerla. Así es que me inscribí para acudir al seminario.

Este fin de semana, también, concretamente el domingo, era la fecha prevista de parto de una chica a la que he acompañado durante su embarazo.  Y para el parto, iba a estar con ella.
Confiaba en que no se solaparan los dos acontecimientos, pero ya sabemos que el hombre propone… y alguien, dispone.

El sábado, justo a punto de salir de casa, S. (voy a poner su inicial durante el relato), me llamó para decirme que había roto aguas. Estaba muy tranquila y sabía que era mejor esperar en casa hasta que las contracciones indicaran que había comenzado el trabajo de parto. Quedamos en que cuando yo terminara, la llamaría.

En el lugar donde nos reunimos con Liliana Lammers, éramos aproximadamente 15 mujeres, de ellas dos Doulas a las que yo conocía, otras dos mujeres con las que también he coincidido en alguna ocasión, la organizadora y, el resto, chicas jóvenes algunas con sus bebés. Como suele ser habitual, yo era la más mayor de todas.

Me sorprendió la vitalidad de Liliana. Su manera de hablar, su sonrisa continua, sus ágiles movimientos… habla sin guión establecido, comparte sus casos desde la más absoluta naturalidad y respeto, comenta sus experiencias con una paz y una alegría que me traspasa el corazón.
Lo cierto es que me cautivó desde el primer instante.  A pesar de que somos aproximadamente de la misma edad, pensé aquello de “cuando sea mayor quiero ser como tú”  porque toda ella es una experiencia de Vida.

Estuvo comentando los resultados de algunos acompañamientos desde el punto de vista de la evidencia científica, comentó de qué formas nos comportamos durante el parto y a qué son debidas en estas situaciones. Nos habló de los estudios que llevan a cabo y cómo se realizan para poder contar con estas valoraciones.

Fueron horas intensan sin parar de hablar. Algunas de nosotras preguntamos cosas, expusimos casos… también pedimos consejos y orientación…

Personalmente he de reconocer que me sentí empoderada a su lado pues, desde su experiencia me reafirmé en muchas cosas que siento, en muchos pensamientos que tengo y que me causan cierta confusión quizás por ser distintos a lo normal (entendiendo por normal lo más habitual). Me reafirmé en mi manera de ser y de actuar como Doula, no porque ella lo dijera, sino porque me hizo de espejo.
Soy consciente de que no todo lo que ella dice, es del agrado de un sector de mujeres que nos movemos en estos ambientes de acompañamiento y maternidad, pero creo que a cada una le llega justo lo que necesita.

Liliana Lammers con sus 400 acompañamientos, la mayoría al lado de Michel Odent, es sin duda,  una Doula de referencia.  Y así la sentí yo.
Quizás por ser de la misma generación, hubo una especial complicidad.  Le comenté algunas cosas, le confesé algunas opiniones, le pregunté sobre algún caso… nos reímos juntas y finalmente me dijo “Concha, vos y yo estaremos en esto hasta los 82 años”.  Por supuesto, Liliana, y ojalá que pueda compartir algunos de ellos contigo.

Durante este día y medio, también he hablado y compartido experiencias, y sentimientos con algunas de las jóvenes mujeres que allí estaban. Siempre salgo nutrida de estas situaciones, pues siento su fuerza y su interés por las cosas, sobre todo por las que compartimos.
Y de nuevo me sorprendió el que algunas de ellas me dijeran que, aunque físicamente no me conocían… sí tenían alguna idea de cómo yo era a través de este blog mío del que son seguidoras… ¡sorpresas te da la vida!
Por eso y a riesgo de olvidar algunos de sus nombres, mencionaré solamente a una con la que sentí esa conexión especial que se da con alguna persona también especial.  Estoy hablando de ti, querida ROSA.


Ahora, es posible que os estéis preguntando qué paso con el parto…

El sábado, cuando salí del seminario, llamé a S.  Sus contracciones comenzaban a ser más fuertes.  Llegué a su casa a las 20 horas y a las 10 de la noche nos fuimos al hospital, pues por varios motivos así se decidió a pesar que era, para mi opinión demasiado pronto.
Estuve con ella hasta las 8:00 de la mañana. El parto iba a ser muy largo. Y hubo un cambio de planes.
La niña nació sobre las 15:00 horas y al poco acudí al hospital por ver de cerca su iniciación a la lactancia materna.

Los papás están felices y la niña es una preciosidad.  El agarre a la teta de su mamá ha sido perfecto y confío en que siga así.

Ambas experiencias han sido un aprendizaje para mí.  Me he dado cuenta de muchas cosas, he podido ver y aprender de los mensajes que he recibido. Me siento tranquila, feliz y afortunada. Como siempre, dando gracias a la Vida.

domingo, 17 de febrero de 2013

Formación en Lactancia Materna







Este fin de semana he compartido tiempo y aprendizajes con un grupo de preciosas mujeres.  Para mi sorpresa y alegría, algunas de ellas son seguidoras de mi blog.

Para las que os habéis interesado por la lactancia materna y la formación como asesoras, os paso esta información.  Es la más cercana en el tiempo.

Poneos en contacto conmigo, en mi emoción no os he pedido vuestras direcciones de correo ni si quiera un teléfono… ¡vaya despiste!

Pues eso, amores.  Especial abrazo para ROSA.

https://www.facebook.com/events/104485169723767/

viernes, 15 de febrero de 2013

Despertar a la diosa



Una sciamana debe aprender a confiar en sus instintos y en su intuición. Para una mujer perteneciente a una tribu no es un hecho inusual, ya que crece en la naturaleza y sus experiencias de vida a través del cuerpo incluyen la naturaleza, los cambios estacionales, dar a luz y criar a sus hijos de una manera natural, la música, las fiestas y un sentido compartido de lo sagrado.

Sin embargo una mujer blanca y occidental, inmersa en una cultura que niega su percepción de la realidad, de alguna manera debe llegar a creer en lo que ve y conoce de hecho.

¿Cómo puede lograrlo? La tierra está viva y los espíritus ayudantes activos, las fuerzas fundamentales están siempre presentes, listas a mezclarse y fundirse con nuestro accionar.

La persona común la ha excluido poniendo su confianza en la ciencia mecanicista dictada por la cultura y la aceptación de una visión del mundo que pone en tela de juicio su existencia.

Cuando una mujer moderna entra en sintonía con la presencia de estas fuerzas, aunque sólo admitiendo la posibilidad de su existencia, ellas se vuelven de repente tan visibles que no pueden ser negadas, es como si sus ojos adquiriesen una nueva capacidad de visión.

Traducción del texto italiano Annamaria Saracco

sábado, 9 de febrero de 2013

Algo más frívolo: me gustan los tacones



Me gustan los tacones. Y tintarme el pelo. Y maquillarme, y pintarme las uñas. Y no me depilo porque apenas tengo vello ¿Y… cuál es el problema?

Parece que para ser auténtica hay que “pasar” de todo esto y mostrarse como la madre naturaleza nos parió: con la cara lavada y recién peiná. Tal cual.
Pero de la misma forma que hay mujeres que se sienten a gusto consigo mismas con esa forma  de manifestarse, yo me encuentro a gusto estando acorde a la situación en la que me hallo, estando a tono con el momento. 
Por mí y por nadie más. Creo que tan absurdo es destacar por exceso como por defecto.

Es cierto que estamos en momentos de excesivo acoso y culto al cuerpo: operaciones de estética y tratamientos intensos y agresivos para dejar de ser quien realmente se es. No seré yo quien juzgue a las mujeres sometidas a esta dinámica. Allá cada una con sus decisiones.

Pero otra cosa es utilizar herramientas (como han hecho las personas y especialmente las mujeres en todas las culturas y a través de la historia),  para verme y encontrarme mejor -por fuera- en determinados momentos. Porque encuentro tan ridículo acudir invitada a un evento con cierto glamour vestida con ropas de ir por casa, cómo ir a un encuentro informal entre amigos con lentejuelas y tacones.

Y es que, de nuevo, somos las mujeres nuestras peores enemigas. Que si fulanita viste así o que si zutanita lleva lo otro… ¡y a mí, qué más me da!

Una amiga comentaba en su blog sobre la presión ejercida a las mujeres a través de mensajes subliminales –o no tanto- para que estén en continuo control de su imagen personal.
No diré que no tiene razón, si bien es cierto que veo poco la TV y muchísimo menos me fijo en su publicidad.  Pero vaya, es evidente que esto sucede.  Y pensándolo bien, si que puede ser peligroso porque juegan con la susceptibilidad de las mujeres y, lo que es peor, con su baja autoestima.  Por eso es un mercado fácil.

Desde cierto sector de mujeres a las que nos preocupa mucho más el contenido que el continente, se escuchan y se leen comentarios en torno a este tema. Está bien porque alguien tiene que alzar la voz y decir ¡basta!. Por ella y por todas sus “amigas”, como se dice en el juego de niños.  Y no serán bastantes las denuncias ni los gritos mientras el cambio no venga desde dentro, desde una misma, con una autoestima lo suficiente fuerte para que ningún publicista la pueda tumbar.

Tengo muy claro que NO SOY una mujer florero y que lo importante está en mi interior, que el escaparate sólo es una muestra de la adaptación a los cambios.  Quizás porque para mí esa es una de las muchas maneras de definir la inteligencia… la capacidad de adaptación al medio.  Y esto también se extrapola a la imagen exterior.

Creo que lo realmente valorable es la actitud, el posicionamiento frente a determinadas circunstancias, el amor y el servicio a los demás, el cariño, el respeto,  la empatía… y muchos más valores personales que no saben de vestidos, ni de tacones,  ni de colores, ni de pelos, ni de maquillajes…

Porque, como dijo Ortega y Gaset,  “yo soy yo y mis circunstancias”.


En nuestra cultura, las mujeres comienzan a pintarse en la adolescencia, un claro rito iniciático

lunes, 4 de febrero de 2013

En estado de trance





Este domingo salí de nuevo a caminar. He hecho el propósito de no perder ni una salida siempre que sea posible y mis responsabilidades no me lo impidan.  Ayer, además, era una de las excursiones clásicas ya que cuatro de nuestros queridos coordinadores cumplen años en los primeros días del mes de febrero y con tal fin se organiza esta marcha desde hace algún tiempo, para poder celebrarlo conjuntamente.

En esta ocasión, nos vamos a dirigir al monte Cocoll,  cerca del pueblo de Benigembla en la comarca de la Marina Alta.

El día es precioso, soleado y con ráfagas de viento gélido, pero aún así se camina bien.  Son 18 km que transcurren entre constantes subidas y pequeñas bajadas. El  barranco y sus enormes piedras dan un especial aliciente.

Hacia medio día terminamos la primera parte del trayecto. Luego de comer, quien lo desee, alcanzará la cima del Cocoll y la tendrá en su haber para cuando se realice la entrega de los premios a quienes hayan participado en esta disciplina, la de las cimas anuales.

El numeroso grupo –hemos salido dos autobuses dada la relevancia del acontecimiento- nos sentamos a comer mientras los homenajeados comienzan a sacar aperitivos para la “picaeta”: aceitunas, cacahuetes, papas, etc.  cerveza, buen vino… y a los postres, galletas, chocolates… y mistela y orujo, para entrar en calor.

Es una buena ocasión para dar un abrazo a quien hace tiempo que no veo, a quien dado el montón de gente no he podido saludar a primera hora antes de salir los autobuses. Y a aquellas personas habituales a las que tengo un especial cariño.

Los aguerridos montañeros que van a subir a la cima comienzan su marcha, mientras un pequeño grupo nos quedamos en el autobús, a resguardo, hasta su vuelta.

 Estando quieta el aire se percibe con más fuerza y siendo que ya está entrando la tarde, la temperatura comienza a bajar, así es que acepto un buen “chupito de orujo”. ¡Wuauu! Realmente calienta el estómago ¡y las orejas!

Con el silencio del monte y tumbada en el asiento del autocar, siento un gran calor que me sube a la cabeza, es algo extraño… sé que no estoy ebria pero tengo la sensación de haberme comido un peyote o haber echado un trago de ayahuasca, sin haber probado ninguno de estos dos elementos alucinógenos.
Por un momento, se suceden en mi mente un montón de imágenes y aparecen muchas personas que en algún momento han compartido conmigo senderos.  Y por alguna extraña razón, comienzan una serie de pensamientos, algunos inconexos, que me llevan a conversaciones, confidencias, intimidades que han escuchado mis oídos a través de estos dieciséis años. Porque han sido muchos los kilómetros recorridos, los fines de semana, las vacaciones… y eso, cuando llegas a coger confianza, da para mucho.

 Es como si los viera, son pensamientos vívidos…


Recuerdo a Z. quien vino al club hace muchos años y ahora no sé nada de ella. Sus dos hijos eran muy pequeños y comenzó a caminar por recomendación de su psiquiatra. Hacía un año que no pisaba la calle por no poder abrir los ojos… de tanto llorar. Había padecido una inflamación crónica que estaba desapareciendo conforme no producía lágrimas. Tras muchos años de infidelidades y malos tratos psicológicos a ella y a sus hijos, había decidido separarse de su marido. Pero tenía un sentimiento de inutilidad, de fracaso, de no servir para nada… su historia era dura, pero salió adelante y sacó a sus hijos con ella. Fueron horas, días… de prestarle el hombro.

Apareció en mis recuerdos J. quien tras muchos años y debido a su edad y al empeoramiento de su salud, ya no viene con nosotros. Ella fue la esposa de un agregado cultural de un país europeo en un país de Sud América. Tiene dos hijas a las que dedicó toda su vida y su tiempo.  Cuando fueron mayores se independizaron y hoy están fuera de España, en distintas ciudades europeas.  A su madre no vienen a verla, apenas la llaman por teléfono… no hay cumpleaños, ni Navidades… no hay apenas trato. Solamente la buscan cuando necesitan dinero… que la madre les hace llegar por transferencia.  La he visto llorar,  preguntarse qué ha hecho mal… preguntarse por qué sus hijas, por las que dio lo mejor de ella siendo niñas, ahora la tratan así. Yo la llamo de vez en cuando y siento su dolor cuando me habla, cuando me dice lo sola que se siente y cómo echa de menos a sus hijas. La conozco muy bien y todavía hoy, también me cuesta entenderlo…

Enlaza mi mente con el recuerdo de L. quien está luchando por conseguir la custodia de su nieta de 6 años.  Tanto su padre como su madre andan con una pareja tras otra, la niña cambia de casa al mismo tiempo que sus padres de parejas. El ambiente en que está creciendo no es el más apropiado. Y la niña, a la que vi nacer, es un encanto de criatura. Esta abuela no entiende muchas cosas de los padres de la chiquilla (uno de ellos es su hij@)  sólo quiere lo mejor para su nieta…

Ahora veo a P. y R. un matrimonio a punto de jubilarse quienes han gastado todos sus ahorros en pagar la hipoteca para salvar el piso de su hijo. Además, han recogido al chico, a sus novias… y a los hijos que de cada una ha tenido. Así, la situación es cada vez más difícil ya que el chaval está sin trabajo y sin ayudas sociales. Son una pareja fenomenal, no tienen fuerza para decir basta, pero ellos saben por lo que están pasando, y yo también, porque lo comparten cuando encuentran quien los escuche sin juzgarlos.

Este es el recuerdo de A. una profesora de la Politécnica de Valencia.  Vino a caminar tras un largo y doloroso proceso de separación. Tuvo que enfrentarse a un marido intolerante, brusco y violento con sus hijos. Fueron muchos los años que se enfrentó a él por defender a los niños hasta que se armó de valor y decidió dejar ese infierno. Hoy todavía viene con nosotros y su semblante es otro, la tranquilidad vuelve a manifestarse en su rostro. Ahora, la escucho serena.

Estas y muchas otras historias pasaron por mi cabeza. Ciertamente no la podía parar, era como si se hubiera abierto un archivo de registros. No me sirvió ninguna de las técnicas de relajación que en otras ocasiones he practicado. Ni respirar… ni visualizar… por algún motivo, enlazaba personas, pensamientos, ideas, frases leídas, palabras escuchadas… todo giraba como en un remolino…

Recordé algunas cosas que había leído últimamente en algunos blogs de maternidad. Convicciones, actitudes, actuaciones de madres y padres con un concepto de crianza respetuosa. Y pensé en cómo serían, cómo actuarían sus hijos cuando ellos fueran mayores, cómo responderían después de todo. Y acudió a mi mente algo que había leído muy recientemente, no sé donde ni a quien…  se trataba de una madre, hablando de todo el cariño, el tiempo y las atenciones que le prodigaba a su bebé. Esta mujer comentó que al fin y al cabo, él sería el único hombre que la amaría toda la vida… recuerdo que al leerla pensé… “O no…” porque cuando él sea adulto, hará su elección de amigos, de parejas, de vida… y no siempre la madre continúa ocupando el primer lugar.

Porque… ¿Quién no cree que hace lo mejor por sus hijos?  ¿Quién se considera un mal padre o una mala madre? Si a todas las personas con las que he compartido senderos que tienen historias de desamor filial les pregunto, seguro que no son conscientes de haberlo hecho mal, seguro que como mucho, dirán que hicieron lo que supieron cómo pudieron… y si preguntara a los hijos, desde su parte, hablarían de lo que ellos han percibido.

Vi a mi padre en aquellos momentos cuando, quizás desde mi convencimiento y mi soberbia,  me enfrentaba a él en algunos temas referentes a crianza diciéndole que no tenía ni idea… Es cierto que la forma de criar a mis hijos no ha sido la misma que la de mis padres conmigo y con mis hermanas. Pero también es cierto que muchas cosas se repiten de forma inconsciente.

Cuando empieza a subir la gente al autobús y comienzo a escuchar otras voces,  es como si de repente volviera a la realidad, pero me quedo con la intriga de saber qué es lo que me ha pasado, si ha sido efecto del orujo, del viento… o una mala pasada de mi subconsciente.

Con todo estas historias en mi experiencia, estoy segura de que no hace falta leer periódicos para enterarse de noticias tristes.  
Y tras este batiburrillo de pensamientos, personas, historias, desamores, creencias estilos de crianza y demás,   vuelven las palabras de mi padre cuando me decía  “… lo malo es que yo no estaré para verlo”.




sábado, 2 de febrero de 2013

Cuando las mujeres se juntan...



Este texto me sigue poniendo los vellos de punta cada vez que lo leo.

Por vosotras mujeres. Por las que habéis estado conmigo, por las que camináis a mi lado, por las que todavía no lo hacéis. Por las que estáis aquí y por las que ya se fueron.

Por las niñas y adolescentes. Por las jóvenes y maduras. Por las ancianas… por todas las mujeres sabias.

Por las que escuchan. Por las que atienden. Por las que callan cuando sienten que es el momento. Por las que hablan cuando saben que han de hacerlo…

Por las que confían, por las que no juzgan, por las que comparten, por las que ríen y por las que lloran conmigo.

Por mi madre, por mi hija, por mi nieta. Por mis hermanas. Por las mujeres de mis hijos. Por TODAS mis mujeres.