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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

martes, 30 de abril de 2013

Ancianidad




Autoras como Jean Shinoda Bolen, Maureen Mudrock, Vicky Noble, Christiane Northrup,  Elsa Punset y otras más, han contribuido, de alguna forma, en reafirmar mi situación de mujer madura y también, por qué no, a ser consciente de esa sabiduría que aporta la edad desde la consciencia.

Sé que estoy en un buen momento y que tengo mucho que aprender todavía de la misma forma que tengo mucho para dar y compartir. Todo ello me empodera.  Pero no dejo de tener momentos en que otra realidad más oscura me asalta y, entonces, algún nubarrón se asienta en mi alma.

Porque ahora mi tiempo transcurre ya de forma física, ya con la mente, entre las ancianas que me rodean, entre mis mayores: mi madre (86) y mi suegra (90). Ambas en procesos de involución física y mental.

Y no es fácil, de verdad.  Hay momentos en los que he de hacer esfuerzos para poder compaginar mi presencia y atención hacia ellas y otras cosas que también quiero hacer, otras situaciones y personas a dónde acudir. Porque quiero, porque me apetece, porque lo necesito… y es que mis tardes, mayormente transcurren de casa de una a casa de la otra. Y apenas veo a mis hijos, apenas veo a mis nietos.

Ayer, concretamente, estaba en casa de mi madre y vino a verla una prima mía que con cierta frecuencia la visita. Como era de esperar, el principal tema de conversación fueron las madres, la mía, estando ella presente, y la suya -hermana mayor de mi padre ya fallecido- quien con 94 años está en una residencia de ancianos.

En ocasiones se juzga a las personas que por cualquier imperativo decide llevar a sus mayores a residencias para que finalicen allí sus días. Y no es fácil tomar esa decisión porque supone una dura elección.

Comentaba mi prima cómo su madre pasa las horas diciendo que se quiere morir, que su vida ya no tiene sentido… y quien no vive esta situación, no sabe hasta qué punto es lacerante. En estos días, yo estoy escuchando las mismas palabras en boca de mi suegra quien está agotada, cansada de vivir. Ella que ha sido una mujer alegre, fuerte, luchadora… apenas tiene fuerzas para mantenerse. Sus horas transcurren somnolientas entre la cama y el sofá del salón cara a una pantalla de televisor que le hace compañía a pesar de que nunca está sola.

Algo similar pasa con mi madre aunque ella todavía no quiere irse, aunque a pesar de los continuos ingresos hospitalarios y de que cada vez se queda más mermada, una fuerza interna logra mantenerla en pie.  Pero no por ello el deterioro que produce el paso del tiempo detiene su avance.

La sociedad ha cambiado mucho y lejos de hacer un juicio, la realidad es que  las mujeres de mi generación todavía estamos “mentalizadas” para cuidar de nuestros mayores, quizás porque lo hemos visto… quizás porque así nos lo han inculcado.

¿Pero qué pasará con las generaciones venideras? ¿Qué sucederá a mi generación cuando alcancemos esas edades?  La esperanza de vida en nuestro país a día de hoy se sitúa en 84,2 años para las mujeres y 78,9 años para los hombres y es algo que va en progresión debido a la calidad de vida y a la medicalización que están sometidas la mayoría de personas mayores. Si las cosas siguen así, en 20 años estas cifras serán más altas.

Pero el pensamiento es cambiante y las nuevas generaciones, sometidas a unas presiones sociales que les llevan a un cambio constante de situación económico-laboral no están preparadas para asumir el cuidado de personas mayores, aunque sean sus padres.

Las personas que hoy viven una crianza respetuosa, no consideran el hecho de llevar a los niños en edades tempranas a guarderías produciendo una separación en la díada madre-hijo,  pues se sabe de los beneficios de permanecer el mayor tiempo junto a los padres hasta que llega la madurez apropiada para la socialización.
Pero llegará el día que esa persona que ha dedicado su tiempo y vida al cuidado de sus hijos (porque los niños de ahora son los adultos de mañana…) sea una persona anciana. Y se encontrará sola porque sus hijos no viven cerca, porque “andan liados” con sus cosas, porque simplemente no están preparados y dispuestos para cuidar de nadie… porque como solemos decir “es ley de vida”...

Desde luego estos pensamientos no moraban mi mente cuando era más joven, ni mucho menos, porque cuando todavía no se alcanzan los 40, tan siquiera los 50… esto no se ve o se mira desde lejos pensando que no va con nosotras. Pero las manillas del reloj no se detienen y el tiempo avanza inexorablmente.

¡¡Uff!! Reconozco que este tema me está afectando y aunque vivo el momento presente sin querer saber qué pasará a largo plazo, no puedo evitar el pensar, por un momento, lo fácil que sería tener un interruptor y llegada la circunstancia en que una se encuentra cansada, decrépita, triste y sola, le pueda dar al OFF. Tenga la edad que tenga.


lunes, 29 de abril de 2013

Agudiza tu ingenio: ahorra.





Se dice que la necesidad agudiza el ingenio. En tiempos de “crisis” además de administrar bien la economía familiar es importante el no malgastar o derrochar nuestros recursos, pues a la hora de hacer frente a los recibos, la posibilidad de reducir los importes de los pagos es algo a tener en cuenta.

En mi ciudad, aunque estamos en primavera, llevamos toda la semana con bajas temperaturas y lloviendo. Con el día que hace hoy no apetece salir, así, sigo con la "limpieza". Ahora estoy con el ordenador y tirando documentos he encontrado éste que comparto aquí.. Lo escribí hace tiempo y se lo pasé a una amiga... Seguro que much@s de vosotr@s, inteligentemente, ya hacéis algunas de estas cosas pero siempre está bien conocer algo más…

  • Centrifugar en la lavadora a bajas revoluciones.  Se consume menos electricidad, la ropa se arruga menos y se necesita menos plancha (para quien planche).

  • Apagar el fuego unos minutos antes de terminar la cocción. Ésta finalizará con el calor residual.

  • Hacer lo mismo con la plancha (si todavía planchas…). Seleccionar la ropa y comenzar por la de algodón más gruesa, e ir finalizando con la más fina que se puede planchar con el calor residual de la plancha apagada.

  • En invierno, el agua caliente suele tardar mucho en llegar a la ducha y se desperdicia mucha agua. Tener un cubo a mano y recogerla hasta que salga a la temperatura deseada. Luego, esa agua se puede utilizar para tirar al WC luego de usarlo, para regar las plantas, para fregar el suelo…

  • Guisar para dos veces.  Hay comidas que se pueden hacer y luego congelar. Si hacemos el doble, ahorramos tiempo y energía calórica (gas, electricidad). No es lo mismo congelar comida casera recién hecha que comprar comida industrial congelada…

  • No hace falta comprar cajitas de plástico para la nevera ni para conservar alimentos secos en los armarios. Los tarros de conservas, de cristal y de varios tamaños se pueden reutilizar. Además la comida se conserva mejor en cristal que en cualquier tipo de plástico.

  • Mantener el programador de la calefacción (quien tenga, claro) un punto por debajo de la temperatura deseada pues a lo largo del día ésta se sobrepasa. Apagarlo una hora aproximadamente antes de acostarse. El calor residual es suficiente para mantener la vivienda en situación agradable.

  • En verano, el aire acondicionado debería de estar  unos grados -solamente- por debajo de la temperatura de la calle. Y por supuesto con todas las ventanas cerradas.

  • Las camisetas exteriores sencillas y de algodón que han perdido color y no nos gusta llevar por la calle,  van genial para dormir

  • Y aunque parezca una “cochinada”  no tirar el agua de la cisterna del wáter cada vez que se orina. Se puede hacer una vez si… y otra no, y especialmente si son los pipis de los niños que son pocos y claros.

martes, 23 de abril de 2013

¿Aceptación, conformidad o resignación?




De la Real Academia de la Lengua.


Aceptar: Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga. Aprobar, dar algo por bueno, acceder a algo. 

Conformar: Dicho de una persona: Convenir con otra, ser de su misma opinión y dictamen. Tolerancia y sufrimiento en las adversidades.

Resignarse: Someterse, entregarse a la voluntad de alguien. Conformarse con las adversidades. Resignación: Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona. 

Realmente es difícil diferenciar los matices pues son sutiles, quizás por ello en muchas ocasiones siento que se llegan a confundir estos conceptos. Ante todo reconozco que tengo una vena “respondona”, siempre he sido así, me cuestiono las cosas y ahora, con la edad y al perder los miedos a la crítica, todavía tengo más claro lo que SÍ y lo que NO.

Y es que a la hora de hablar, de expresar nuestro sentir o nuestra opinión respecto a algo,  veo que muchas veces subyace el miedo a que nos digan que estamos juzgando… y también, por qué no, a ser juzgados por lo que decimos. Nos movemos en momentos de tolerancia o eso es lo que queremos, ser tolerantes y que nos toleren. Pero puede ser un arma de doble filo ya que con estas premisas –de no expresar lo que en realidad sentimos- difícilmente seremos honrados con nosotros mismos.

El mundo virtual es enorme, inconmensurable,   es imposible controlar la información que llega por todos lados. Me ceñiré a lo mío, ya que de lo que desconozco no me gusta hablar.

En el mundo de la espiritualidad, del crecimiento personal, de la maternidad incluyendo a Doulas y acompañamientos, lactancia, crianza, enseñanza… etc.etc. son varias las corrientes de pensamiento, eso es algo que salta a la vista.  Y de no ser que sea algo absolutamente en contra de nuestros principios  –como el tema Estivill o los castigos, por citar algún ejemplo- no solemos pronunciarnos abiertamente. Nos quedamos en un “sí pero…”  “bueno es que…”  “cada cual…” o el tan utilizado “todo está bien”. ¡Jo! Pues a mí me cuesta  –todavía- darlo todo por bueno, lo siento pero, a pesar de todo,  aún estoy ahí.

Porque me cuestiono opiniones, porque todavía me salen por qués, porque puedo ver ciertas actitudes u opiniones incorrectas, porque intuyo que algunas actuaciones no son honestas, porque algunas formas no son apropiadas, porque hay personas que se alejan de la realidad de esta vida terrenal que estamos viviendo… No considero a la persona y las circunstancias que la llevan a ello porque cada cual está en el sitio que le corresponde, sino los modos, las formas... ¿y qué hago: lo acepto, me conformo o me resigno? 

¡¡Ufff!  Ya me gustaría en más de una ocasión no ver… no intuir… no saber, pero parece que mi destino está en esa dirección.  O quizás, como dice Shinoda Bolen todo ello sea fruto de la madurez, de la experiencia o de esa sabiduría que aporta el resultado de todo lo anterior unido a una clara toma de conciencia, porque en mi caso, voy viendo que el tiempo me aporta una confirmación de los hechos,  una fuente de experiencias y de conocimientos que me abren los ojos, que me muestran y me ratifican el camino elegido, que me conducen, hacia una continua búsqueda irremediablemente. Y siendo honesta conmigo, he de hablar claro para no quedarme sin voz… reconociendo mis errores y mis fracasos, pero también mis logros.

Y vuelvo al principio del texto. No es fácil poner nombre y razonar (RAE: discurrir sobre las razones, probabilidades o conjeturas referentes a la verdad o certeza de algo) cuando se teme el juicio y la incomprensión que esto conlleva. Cuando los criterios y las ideas propias son distintas, cuando van en otra dirección, cuando el hacer se afronta de otro modo...

Así, hay ocasiones en las que simplemente creo que merece la pena callar, con el consiguiente peligro de que se interprete el silencio por consentimiento, por aquello del que calla otorga… 
Por ello, como dije en otra de mis entradas emulando a Ortega y Gaset, me seguiré mostrando como soy,  “seguiré siendo yo y mis circunstancias”.




martes, 16 de abril de 2013

Madre e hija: un buen equipo.





Durante mucho tiempo lo hemos mantenido oculto, o mejor, hemos respetado la intimidad. Hace unas semanas, en un taller de lactancia impartido por La Clínica de la Lactancia, una de las asistentes que también había estado conmigo en una preciosa fiesta, descubrió que Laura Villanueva es mi hija.  Y me escribió un correo para decirme que le impresionaba nuestra relación y nos felicitaba por ello.  Muchas gracias, Natalia.

Lo cierto es que nos hemos presentado como compañeras de actividades tanto en los Congresos como en otro cualquier evento. Nos ha parecido lo más apropiado, y hasta ahora, si no es porque había alguien que lo sabía… hemos mantenido este anonimato.
Pero en más de una ocasión, al enterarse alguien de nuestro parentesco, me han preguntado cómo ha llegado a ser IBCLC (Consultora Certificada Internacionalmente en Lactancia Materna).  Y con su permiso, quiero hacer un poco de historia, para que nos conozcáis mejor a las dos y entendáis cómo y por qué hemos llegado a formar UN BUEN EQUIPO…

Sorprende saber cómo una Ingeniero Industrial de formación, ha llegado a ser lo que es ahora. Pero conociendo la personalidad de Laura, es fácil de entender. Su inquietud y su necesidad de aprender y de hacer cosas,  la llevan a conseguir lo que se propone. Cuando estando en BUP me dijo que iba a sacar el COU con matrícula de honor, no la tomé en serio. Pero cuando esto sucedió, le tuve que pedir perdón por no haberla creído. Tenía muy claro que iba a estudiar Ingeniería Industrial y para ello necesitaba las mejores notas.

Su carrera fue inmejorable, y al empezar cuarto curso se embarcó en un proyecto Erasmus-Sócrates y se marchó a Paris, a la mejor Universidad, para especializarse en Sistemas Energéticos. Su objetivo era obtener una doble titulación de ingeniero que le abriera mejores horizontes profesionales.  Consiguió la máxima nota en el proyecto fin de carrera y un buen trabajo sin haber terminado todavía los estudios: la Empresa Nacional de Electricidad Francesa la contrató para su Centro Nacional de Energía Nuclear. Pero Laura es muy inquieta y el trabajo que desarrollaba allí, demasiado burocrático para su gusto, la aburría, con lo que renunció a él y rápidamente encontró otro empleo en un gabinete de proyectos internacionales de ingeniería, lo que le llevó a viajar por media Europa y Oriente Próximo.

Tras seis años en Paris, regresó a Valencia. Tenía muy buen curriculum y no le resultó difícil encontrar trabajo. Joven, inteligente, con idiomas y sin ataduras familiares,  fue contratada en una empresa multinacional relacionada con la industria del automóvil. Aquí fue responsable de un equipo, viajaba constantemente por Europa,  su vida era su trabajo, no había horas.

Pero apareció el amor y al poco se quedó embarazada. Tenía claro que iba a pedir una reducción de jornada cuando naciera su hijo pues no podía permitirse dejar de trabajar. Además, su marido tenía turnos fijos y podrían combinarlo bien. El bebé no saldría de casa y lo criarían sus papás.

Cuando su hijo Ibai tenía dieciséis semanas, Laura se reincorporó al trabajo. Solicitó una reducción de jornada a seis horas diarias, disponía de su tiempo de lactancia y se extraía leche en horario laboral, todo con el fin de compatibilizar de la mejor forma el trabajo con la crianza. Pero pronto descubrió que todo era una mentira que le habían vendido, a ella y a todas las mujeres: la misma semana que el niño cumplió un año, hubo una reducción de personal y fue una de las primeras que mandaron a la calle. Sin esperarlo. Le dijeron que venía de arriba, del país origen de la empresa… pero sabía que no era cierto, sabía que no estaba dando la rentabilidad que daba antes y que la empresa buscaba, sabía que a consecuencia de no viajar y de reducir sus horas ya no les era productiva… y casi le costó una depresión.

Ahora voy a dar un salto atrás en el tiempo.  Por aquel entonces, hacía unos años que yo acudía a la Clinica Acuario de Valencia a la consulta de Violeta Isasi, una genial homeópata.   Un día, en el mostrador, encontré unos preciosos señaladores de libro que publicitaban una asociación de apoyo a la lactancia materna.  Cogí uno y lo guardé. Cuando nació mi primer nieto se lo di a su madre, mi hija Laura,  por si alguna vez necesitaba apoyo pues aunque yo había amamantado a mis hijos, poco le podría ayudar ya que mis conocimientos respecto a lactancia materna eran muy básicos e incluso algunos, erróneos.  Laura tomó el marcador y lo guardó.  No sabíamos que esto era el principio de una historia…

Cuando la despidieron ya era socia de esta asociación, y estaba introduciéndose en la lactancia y en la crianza. Conocía el mundo de los portabebés y descubrió que la mayoría de los que se vendían eran de empresas extrajeras, algunos no eran ergonómicos, y la mayoría eran muy caros. Su espíritu emprendedor la llevó a hacer unos diseños y a comprar unas telas… y así comenzó a confeccionar los suyos.  Por las noches, mientras papá y bebé dormían, tenía como compañera a la máquina de coser.  Y empezó a entrar en este mundillo, no sin tener sus más y sus menos entre algunas personas del sector… quienes lejos de apoyarla, no aceptaron de buen grado esta actividad.  Pero necesitaba trabajar y estar ocupada, con lo que siguió adelante, haciendo talleres y mostrando los beneficios del porteo.

Al mismo tiempo, su interés por la lactancia materna iba en aumento. Leía, estudiaba, se empapaba de todo lo que caía en sus manos. Buscaba, acudía a formaciones y conferencias… y en un momento de bajón en la asociación, Laura asumió la presidencia.

A partir de ahí y con el estupendo equipo que formaron en un principio, la asociación comenzó a levantar cabeza hasta llegar a ser una de las asociaciones de lactancia de referencia en España. Laura fue bien recibida, bien acogida, apreciada e incluso reconocida por personas muy introducidas en el sector.

Pero el interés de Laura por aprender no tenía límites. Sabía que la máxima titulación en lactancia materna era ser IBCLC.  Y junto a tres compañeras, comenzó su preparación para obtener el título  (nunca dudé de que lo conseguiría).
Yo he sido testigo de primera mano y puedo decir que no fue fácil, ni para ella ni para ninguna de sus compañeras. Lo dije en su día y lo vuelvo a repetir. Un año de estudios, reuniones, exámenes, valoraciones, Internet, bibliotecas… con dos niños pequeños, una de ellas lactante de apenas unos pocos meses. No hubieron festivos, ni vacaciones… era una inversión continua de tiempo, energías y dinero. Finalmente llegó el día del examen. Y como era de esperar, lo aprobó.

Fueron días de alegrías compartidas, era una de las primeras IBCLCs en la Comunidad Valenciana, mucha gente la felicitó y se pensó que sería una referencia y un apoyo para quienes en la lactancia materna estaban haciendo avances. 
Pero poco duró esta alegría. A partir del momento en que decidió profesionalizarse, se fueron cerrando puertas y muchas de aquellas personas con las que en su día compartió tanto, no fueron capaces de desearle buena suerte ni tan siquiera de decirle adiós…

Con una compañera montó “La Clínica de la Lactancia”. Por circunstancias varias,  a día de hoy, Laura es la única representante y su empresa está legalmente constituida. 

La formación de Laura es continua,  acude a congresos y seminarios, sigue ampliando sus conocimientos para poder ofrecer siempre lo mejor. Pero, es una carrera contra corriente. A pesar de todo su esfuerzo, sigue encontrando muchas piedras en el camino.

Ahora está más curtida aunque de vez en cuando muestre su disgusto ante cualquier situación que no considere justa. Y es que, aunque sea mi hija, soy capaz de reconocer sus defectos.
Es demasiado honesta, no le ríe las gracias a nadie, no muestra afectos que no siente, tiene un gran sentido de lo que es justo por lo que se indigna ante ciertas situaciones… y como diría mi padre “no se casa con nadie”.  Estos son sus defectos y ella sabe que no le favorecen, pero tiene muy claro que es así y no va a cambiar con el fin de agradar más…

¿Y lo del equipo? ¿Por qué? ¿Cómo llegué yo a ser Doula? ¿Qué tiene ver una cosa con la otra?

Laura sabía que yo quería participar en algún voluntariado, siempre lo había comentado. Siendo mis hijos ya adultos, yo tenía mucho tiempo libre y no soy de estar cara a la tele, ni andar de escaparates o de cafeterías. Necesitaba sentirme útil. Un día mi hija me invitó a una charla cuando Ibai era muy pequeño: una mujer hablaría sobre las Doulas y Laura sabía que eso me encantaría.

Extasiada escuché a Susana Doula,. Me imaginaba haciendo lo que más me había gustado en la vida: estar con mamás embarazadas y con bebés. Para ello debía de formarme, pues mi experiencia como madre de tres hijos no era suficiente, o al menos, así lo consideré yo.  Se lo comenté a Laura  y rápidamente me dijo que adelante, que seguro que podía hacerlo, que tenía muchas herramientas y el carácter apropiado.  Yo pensaba  que nací “demasiado pronto” y que quizás ahora era tarde. ¡Pero Laura me animó tanto...!  Y empecé a buscar información.
Así que al poco de nacer mi nieta Naia, yo comencé la formación como Doula. Y todavía no he parado.

Normalmente compartimos muchas de nuestras cosas, hablamos casi todos los días,  el resto de la familia está un poco hasta el "coco" (por decirlo de forma cariñosa) de nosotras pues raro es el día, cuando nos juntamos, que no hablemos de partos, de lactancias.  Pero saben que es lo que nos gusta, lo que nos mueve, y nos respetan. Incluso se interesan y lo comparten.

Por eso, hace pocos días y después del comentario de Natalia, pensé ¡qué caray, si es que formamos un buen equipo!  La madre  Doula y la hija Consultora Certificada de Lactancia IBCLC. Una manera preciosa de nutrirnos, de retroalimentarnos, de compartir valores, de aprender juntas, de seguir creciendo… y de ofrecer lo mejor que tenemos: nuestra experiencia personal y profesional.

Este es mi mejor regalo, Laura, siento que te lo debía por haberme introducido en este mundo del “doulaje”, en lo que estoy haciendo ahora y que, después de haberos criado a ti y a tus hermanos, es lo que más me satisface en la vida.

Con Amor.



domingo, 14 de abril de 2013

¿Te atreves a soñar?




La Vida SIEMPRE nos provee de que aquello que necesitamos, aunque no lo percibamos, aunque no lo creamos, aunque NO lo queramos ver…

Hoy, ahora, alguien me ha enviado este vídeo. Y lo acepto como respuesta a mis preguntas, como la señal que necesito en momentos de decaimiento, de duda…

¡Gracias! VosotrXs que estáis más allá de mí,  sabéis por qué.








lunes, 8 de abril de 2013

Ritual de bienvenida a la Vida.



 
Iara nació,  preciosa y sonrosada, dos días antes de su fecha prevista de parto.  Laura, su madre, quiso compartir su experiencia en este RELATO.

Pasados poco más de tres meses del nacimiento de la niña, me invitaron a una celebración, a un ritual de bienvenida.  Y por supuesto acudí encantada.

Nos reunimos en un lugar precioso, en una playa antes poblada de edificaciones y ahora recuperada y con un aspecto mucho más natural. En las dunas, en un espacio habilitado para disfrute de las personas, con mesas y bancos de madera, nos fuimos encontrando. Allí, Laura y Samuel me iban presentando a sus amigas y amigos tal y como iban llegando.

No los conté, pero habíamos alrededor de treinta personas, incluidos los padres de Laura,  su hermano y pareja, y yo.

La mesa se fue llenando con la comida que cada cual aportaba pues la idea era esa, comenzar compartiendo los alimentos. Disfrutamos de viandas caseras muy ricas y de otras compradas ya elaboradas, no menos sabrosas.  Los zumos, la cerveza y algún buen vino ayudaron a pasar los alimentos.
La música amenizaba el momento. Primero fueron unos mantras de salutación, comenzando con “Om namah shivaya”, posteriormente unos momentos con música “regae” en los que mi cuerpo ya no pudo parar el movimiento, y terminamos siguiendo el ritmo con sonidos “rap”  o/y “hip hop”  (apenas sé distinguirlos…).
El día fue soleado pero muy ventoso, lo que no impidió disfrutar de cada momento, de cada situación.

Me sentí bien, como en familia, pues la mayoría de los jóvenes eran del palo  de uno de mis hijos.  Estar con ellos es como si estuviera con mi hijo y sus amigos…
Me sentí acogida, participé con ellos en las charlas, en cualquiera de los temas que sacaban a colación… también, como no y puesto que sabían que yo había sido la Doula de Laura, hablé con algunas de las chicas que se interesaron sobre temas de embarazo y parto ¡estaba como pez en el agua!

Tras la comida, nos preparamos para el ritual. Hicimos un círculo y nos cogimos de las manos, la izquierda recibiendo… la derecha, dando.  Samuel, Laura e Iara estaban guapísimos vestidos de blanco. En el centro, Silvia, estaba preparada para ser la sacerdotisa…
Ella cogió a la niña y diciendo unas palabras la ofreció a los cuatro elementos: tierra, agua, sol, aire…  luego la fuimos tomando todos y cada uno de nosotros en nuestro regazo,  siguiendo el orden en el círculo al mismo tiempo que le regalábamos un deseo. Fue un momento mágico, el círculo, el viento, el sol… la magia de la unión y la energía en movimiento.

Cuando llegó a mis brazos, la emoción fue intensa pues yo la había visto nacer. Las palabras salieron del fondo de mi alma, no las recuerdo exactamente pero fueron algo así “Que tu espíritu de mujer se mantenga fuerte y empoderado, que tu energía se incremente y se propague como así ha sido a través del linaje de mujeres de tu familia…”  le di un beso en la frente y la pasé a la persona que tenía a mi izquierda, su abuelo.


Cuando Iara volvió a los brazos de Silvia, en el centro del Círculo,  su padre le ofreció una pulsera con un amuleto confeccionado por él y una amatista, su piedra, pues esta es una costumbre que ha propagado su abuela allá en Brasil, su país de origen.

Después, cada cual con las flores que habíamos llevado nos dirigimos a la orilla del mar para lanzarlas a las olas como ofrenda pues Iara (Yara) es la diosa de las aguas.  Fue otro momento emotivo, íntimo y muy poderoso. Agradecí a Laura y a Samuel el haberme llamado.
Y llegó la hora del adiós con una anécdota que me hizo volver a casa todavía más segura en lo que hago, más reafirmada en mi vocación.

Al despedirnos, una de las chicas me dijo que quería formar un Círculo de Mujeres y que le gustaría invitarme a participar, le comenté que encontrarme por Internet era fácil pues simplemente  buscando AMAMADOULA le iba a salir mi dirección.
Una chica embarazada de su segundo bebé y con la que había estado hablando antes,  hizo una exclamación y mostró una cara de gran sorpresa ¿Tú eres Amamadoula? Pues yo soy seguidora de tu blog y de él he sacado muchas cosas que me ayudaron en mi anterior embarazo. ¡No sabes cuánto me alegra conocerte!  ¡¡Guauu!!  Nos dimos un abrazo y pude ver que por su mejilla rodaban unas lágrimas…

De nuevo, la Vida dispone que las cosas ocurran y me facilita la manera de darme cuenta de que estoy en el camino acertado, de que estoy haciendo lo que me gusta, lo que quiero y para lo que mejor estoy preparada: para ser Doula.