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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

jueves, 27 de junio de 2013

Ser madre más allá de cierta edad




He leído un artículo sobre la fertilidad femenina sobrepasada cierta edad. Considero que es un tema polémico y que cada cual desde su experiencia podrá hacerse una opinión. Pero es innegable que la edad tiene mucho que ver en los problemas que están surgiendo en cuanto a la infertilidad.

Este es el caso de una chica con la que me escribo desde hace algunos años.
La conocí a través de un foro de maternidad. Ella estaba en ese momento en la búsqueda de su primer hijo. Se había sometido a un tratamiento de fertilidad sin resultados hasta el momento. Por entonces tenía 38 años.
Era española pero se había ido a Boston (EEUU) para dar clases de español. Allí conoció al que más tarde sería su marido y en ese país se quedó a vivir.
El tratamiento al que fue sometida en principio no daba sus frutos y lo suspendió, pasando a una terapia personal que la condujo, al cabo de un año y sin ninguna intervención más que la de su pareja, a un embarazo.
Había deseado un parto normal para su hija, pero finalmente fue inducido, terminando con la consiguiente cesárea.
Cuando la niña tenía 18 meses y puesto que estaba en los 41, decidió buscar un segundo hijo. Y se quedó embarazada.  Debido a su edad se sometió a una amniocentesis y el resultado no fue el esperado: el feto sufría una malformación incompatible con la vida y lo abortó.

Pasado un tiempo, decidió intentarlo de nuevo, pero en esta ocasión no hubo tanta suerte. Su tiempo se agotaba y se sometió, de nuevo, a un tratamiento de fertilidad. Estuvo un año en ello y finalmente ante los resultados devastadores y además, negativos, desistió.

Estuvimos conversando sobre el tema. Para ella era difícil aceptar que no tendría más hijos, pero era consciente de que conforme el tiempo pasaba sus posibilidades se agotaban. Además, su marido, comenzaba a tener los espermatozoides con menos capacidad reproductora… todo parecía estar en su contra.
Recuerdo haberle comentado que si en algún lugar estaba escrito que tendría otro hijo, fuera como fuera llegaría a ella…

Al cabo de unos meses, me escribió para decirme que, de forma natural se había quedado de nuevo en estado.  Estaba contenta pero tenía sus reservas. Había cumplido 44 años.
Hay situaciones que sobrepasan los límites de lo comprensible. Hay ocasiones en que parece que los hados –o la Vida-  se manifiestan en contra de nuestros deseos…

María me escribió para contarme su situación de dolor. De nuevo se había realizado la amniocentesis y de nuevo, este bebé tenía una anencefalia. Estaba destrozada, y su marido con ella. Los médicos no daban crédito…. hay situaciones que se repiten en muy contadas ocasiones pero en este caso, el infortunio se había cebado con ellos.

Me comentaba que no tenía la suficiente fuerza para llegar al final del embarazo y parir a esa criatura sabiendo que no iba a vivir. Y me dijo que necesitaba saber que la escuchaba, que la comprendía… que no la iba a juzgar porque, de nuevo, iba a abortar.

Por supuesto que no iba a juzgarla, nadie estaba en su corazón y en su cuerpo para saber por dónde estaba pasando. Lo que si le recomendé encarecidamente es que buscara apoyo psicológico. Le envié los enlaces de varias páginas españolas de apoyo al duelo gestacional y perinatal, incluso le animé a que buscara alguna terapeuta cercana con la que pudiera establecer una relación personal…

Me contestó que ella también lo había pensado pues en esta ocasión no iba a poder sola…
Me indicó el día y la hora en los que tendría lugar la intervención y le dije que mi corazón y mi fuerza estarían a su lado, y que encendería una vela por ella…

Y volviendo al artículo, parece que se trata de minimizar el tema de la edad a la hora de tener hijos sin tener en cuenta que que cuando se toma la decisión, mientras se solucionan los problemas –si los hubiere- el tiempo va pasando inexorablemente.

Entiendo que cada mujer elige el momento arreglo a su situación personal pero no dejo de pensar si realmente no ha sido posible tomar la decisión de ser madre unos años antes…
Como en el caso de la hija de una buena amiga, quien me contaba esta semana pasada, que su hija (37 años) estaba sometida a un tratamiento de infertilidad y que ya tenía dos embriones congelados ¡menudo vuelco me dio el corazón!  Y no pude evitar pensar si realmente ese proceso no interviene de alguna forma en el cuerpo (y en el alma) de un posterior bebé…

No es que quiera especialmente ahora evocar mi pasado, pero si me voy a los años en que yo fui madre por primera vez, las mujeres de mi generación no nos hacíamos tantos planteamientos. Queríamos ser madres y lo éramos, excepto en aquellos casos en los que la naturaleza no lo permitía.
No nos cuestionábamos tantos inconvenientes, no nos planteábamos terminar una carrera, trabajar, viajar, pagar un piso… la mayoría teníamos a nuestros hijos antes de los 30. Y no había tantos abortos, ni problemas de infertilidad, ni tantas malformaciones genéticas. Estábamos dentro del plazo de reproducción natural que marca la naturaleza en las hembras mamíferas (y no me vale aquello de que la sociedad nos obligaba, que si el patriarcado era lo que nos había inculcado, bla, bla, bla…) puedo hablar por mí y por las mujeres que yo conocí: éramos madres por decisión propia.

Porque no hay nada como seguir el plan natural diseñado desde la sabiduría de la misma vida, ya que de lo contrario, las consecuencias son… las que son.

Y ahora viene a mi mente mi querida prima Alegría quien con sus 50 años está “luchando” día a día con sus hijos de 12 y 10 años. Parece la abanderada de una causa perdida cuando la escucho decir que los hijos son para tenerlos cuando se es joven, que ella está cansada, que los niños con su energía y vitalidad la tienen agotada, que a su edad… debería de estar más tranquila y en otras cosas ya,  en vez de ir de aquí para allá llevando y recogiendo a sus niños de las actividades extraescolares…

Antes, hace unos pocos años quizás por la situación del bienestar que atravesaba la sociedad en general, las mujeres decidían retrasar su maternidad para poder disfrutar más tiempo de su supuesta libertad… ahora  quizás por la situación de precariedad en que comienza a estar nuestra sociedad, muchas mujeres se plantean ser madres pasados los 35 años… y comienzan a surgir dificultades.

Claro que, a río revuelto, ganancia de pescadores. Están surgiendo clínicas de fertilización que devuelven a estas mujeres sus ilusiones a cambio de hacerse  millonarias. Y esto sin saber, todavía, lo que puede acarrear a otros niveles

En fin, como siempre, esto no dejan de ser unas reflexiones como consecuencia de un artículo de opinión que refleja un momento social que no podemos negar, una situación de la que no sabemos que esperar, una realidad que queramos o no, conduce a un futuro incierto…



http://lavidaintrauterina.blogspot.com.es/2013/06/madre-e-hijo-cuando-las-celulas-hablan.html 

http://mujer.terra.es/muj/padres/fertilidad/articulo/edad-mujer-fertilidad-13435.htm

http://www.bebesymas.com/otros/cual-es-la-edad-idonea-para-tener-un-hijo

http://www.consumer.es/web/es/bebe/antes-del-embarazo/infertilidad/2012/09/27/213339.php


jueves, 20 de junio de 2013

Trabajar de lo que a un@ le gusta puede provocar envidias.




Los tiempos de “crisis” hacen que las personas agudicen su ingenio para sobrevivirlos. Estamos oyendo hablar de los emprendedores, de jóvenes –o no tanto- que construyen y dirigen sus propias empresas casi siempre unipersonales o, en todo caso, contratando a dos o tres empleados.

Algunas llevan tras sí una carrera universitaria, otras vienen de formaciones profesionales.  Y muchas han surgido tras haber convertido una afición, algo que se saber hacer bien… en un oficio, en una profesión.

Me viene a la mente ahora el caso de Paqui, quien tras haber realizado sus estudios de topografía y no haber encontrado trabajo en dos años, ha convertido su afición en su trabajo: ha montado una escuela de patinaje. Y cobra por enseñar a patinar.

También recuerdo a Lola, quien aprendió a tejer cuando era casi una niña y ahora, habiendo terminado biología y sin posibilidades de ejercer en ello, ha abierto una tiendecita donde enseña a hacer punto de media. Y cobra por ello.

Lourdes hizo un ciclo superior de gestión de empresas pero su afición era hacer patchwork.  En vista de que el tiempo pasa y no consigue trabajo en un despacho, junto a su madre ha montado un taller para enseñar a confeccionar colchas o cualquier otra pieza que se pueda llevar a cabo con estos espectaculares puzles. Y cobra por ello.

Sofía ha estado haciendo yoga desde pequeña, y cuando la despidieron de su empresa, realizó la formación para ser profesora. A día de hoy, tiene un pequeño grupo al que imparte Hata-yoga.  Y cobra por ello.

Estos son ejemplos de emprendedoras que al margen de su profesión se han buscado la vida y como digo bien claro, cobran de ello porque de esta forma sobreviven.

Pero hay profesionales que teniendo su trabajo habitual, también llevan a cabo otras actividades que les reportan beneficios, aunque sean mínimos. Algo que personalmente considero bien digno.

Y ahora se me ocurren personas relacionadas con la crianza. Personas con conocimientos,  prestigio y  carisma. Grandes profesionales y gurús de la lactancia quienes, además de ser excelentes pediatras, andan por todo el territorio dando charlas, conferencias, formaciones sobre lactancia materna, en este caso. Y cobran por ello.

O psicólogas que, además de tener sus gabinetes y publicar sus libros, también invierten su tiempo dando conferencias, charlas y formaciones allá donde las solicitan. Y por cobran por ello.

O matronas que además de su trabajo en centros de salud, organizan grupos de preparación al parto, de apoyo a la lactancia, de recuperación del suelo pélvico…  Y cobran por ello.

Pero este en este país nuestro, además de abundar la picaresca abunda la envidia. Y hay personas que no ven con buenos ojos lo que otras hacen… quizás porque ellas no están capacitadas para hacerlo, quizás porque es muy fácil juzgar y criticar sin saber, quizás por puros celos…

Y la verdad es que da bastante pena que dentro de un mundo llamado supuestamente de crianza respetuosa, se siga considerando un rival a “la otra”.

Cuando unas mujeres que han dedicado años, horas de su vida a ejercer un voluntariado y luego tras una exhaustiva preparación invirtiendo tiempo y dinero, se profesionalizan, parece que se quedan permanentemente en el ojo de mira de algunas de esas “compañeras”.

Y es que es muy triste enterarse de que alguien considera ruin lo que hacen otras compañeras que hoy sobrevivan gracias a lo que han convertido en su trabajo.

Y mira por donde que esto es lo que yo considero ruin la crítica, la envidia, las malas palabras y el desprestigio, la falta de solidaridad, la falta de comprensión y de empatía

Cierto que cada vez hay más voluntarias, cierto que cada vez hay más formación, cierto que cada vez hay más grupos de apoyo y cierto es que considero todo esto necesario, que me parece magnífico el apoyo desde el voluntariado (yo misma lo soy) y que me parece de un gran valor todo el apoyo que se está dando de madre a madre…

Pero hay situaciones en las que se escapan problemas, hay madres que no pueden acudir a talleres o a grupos. Hay madres que, simplemente, prefieren pagar por una atención y un seguimiento personalizado, y… ¿cuál es el problema?

Me parece muy fuerte, muy desagradable, muy penoso que se califique de ruin a este trabajo y todas a estas personas que lo están realizando.

Con lo fácil que es la vida cuando una persona hace lo que considera que debe de hacer sin mirar a los demás, sin pre-ocuparse por los otros de esta forma, sin sentir celos “profesionales”… sin criticar, ni juzgar, ni mancillar…


Con Amor.




jueves, 13 de junio de 2013

TRES años como Doula



Este mes de junio hace tres años que terminé mi “formación” para poder decir que soy Doula.
Fueron nueve seminarios intensos a los que llegué tras haber realizado un profundo trabajo de búsqueda personal, tras un largo tiempo de enfrentarme a mi sombra y poder mirarla a la cara para sanar todo aquello que durante un tiempo me había producido heridas.
Cuando llegue a Villena para formar grupo con Doulas de Alicante, un panorama nuevo y bien distinto hasta lo que entonces había sido mi transcurrir se abriría ante mi ojos, aquellos que utilizaba conscientemente… y los que desde el subconsciente me manifestaban que ese iba a ser mi camino a partir de entonces. Que era este el sendero que hacía años había emprendido aún sin yo saberlo.

Hay un hecho que jamás he confesado. Hubo una persona de las que impartieron los seminarios profesionalmente que, al terminar y despedirnos me dijo que yo YA era Doula, que por mi personalidad y por mis características lo llevaba implícito. Me dijo que desde su experiencia y a su forma de ver, yo era la imagen de la Doula por excelencia.  Le agradecí sus palabras pero no les di mayor importancia, y aunque las percibí sinceras, no dejé de pensar que eran consecuencia de las emociones compartidas esos dos días.

La Vida es generosa conmigo y ahora, después de estos tres años y de las experiencias vividas junto a las mujeres que en este periodo he acompañado, desde la reflexión,  con el corazón en la mano, y con la perspectiva que aporta el tiempo transcurrido, me doy cuenta de cómo ha cambiado mi pensamiento, mi forma de sentir e incluso, mi forma de estar como Doula.

Cuando terminé este periodo de formación junto a diecisiete mujeres más, me sentía como en una nube. Muchas de las materias compartidas sirvieron para reafirmarme como mujer y como madre. Otras, desconocidas, impactaron dejándome una huella que difícilmente se borrará con el paso de los años. Los mágicos momentos junto a mujeres que desnudan el alma, con la energía y la emoción que allí se movieron, me sumieron en un estado de beatitud que, de algún modo, me mantenía alejada de la verdadera realidad que supone ser Doula en el día a día.

Cuando realicé mi primer trabajo “reconocido” y remunerado, fue un paso realmente importante para mí. Hasta entonces me había movido entre personas de mi familia, había sido acompañante de mi nuera y de mi propia hija en sus embarazos y en sus partos, pero ellas no me percibieron como su Doula, sino como la abuela de sus hijxs.
Por ello, el comenzar un acompañamiento durante un embarazo, organizando las sesiones, pautando un trabajo, aportando el máximo que mi corazón y mi mente podían ofrecer, supuso un bautizo de confianza y un afianzamiento de esta elección.  Era Doula y había comenzado mi camino hacia delante.

Desde aquel primero hasta este último acompañamiento –hace diez días- a una mujer durante su embarazo y en su parto, me doy cuenta de la evolución vivida y soy consciente de que nada tienen que ver el primero con el último (sin que por ello alguno desmerezca más que otro), excepto el denominador común: la pasión que en ello pongo, el amor que me motiva y la honestidad con la que me manifiesto. 

Porque cada vez estoy más convencida de las palabras de Michel Odent que, de alguna forma, he hecho mías. Que “la Doula nace, no se hace”. Porque realmente, y a pesar de que estoy convencida de lo necesario de una in-formación exhaustiva y un reciclaje constante, poco más necesitamos para ESTAR como Doula, ya que se trata de una actitud, de un sentir, de un SER, porque el éxito de una Doula radica en cómo es ella y en cómo se comporta… mucho más que en cuántos cursos añadidos y cuánta formación complementaria posee. O al menos y desde mi propia experiencia, es algo que afirmo.

Mentiría si dijera que me quedé con aquellos únicos seminarios.  He acudido a algunos más con el fin de reforzar mis conocimientos, pero me doy cuenta de que la realidad es que son unas herramientas más para crecer yo como persona individual, ya que en el momento del nacimiento –especialmente- una mujer no necesita nada más que presencia, contención y apoyo.  No es momento de poner en práctica ninguna de las terapias adicionales aprendidas… así es como lo siento y así es como lo vivo.

Hasta llegar aquí, al día de hoy, confieso que he tenido momentos de soledad a pesar de que cada vez somos más Doulas en este país. Precisamente por esa evolución en mi sentir, en muchas ocasiones he tenido la sensación de que iba contra corriente… que me alejaba de lo que en las formaciones aprendemos, que me estaba apartado, en algún modo, de lo que “se vende” como Doula.  Y quizás desde ese miedo innato a ser juzgada, he acallado aquello que mi corazón necesitaba expresar.

Pero la Vida en su magnificencia, me ha puesto delante las palabras de dos acompañantes de la maternidad plasmadas en un libro que termino de leer y en el que se refleja parte de aquello que siento.  En “La maternidad acompañada” de Nuria Otero y Susana Prieto,  se hace una análisis de quien es –o debería de ser- una Doula y de la situación social y legal en estos momentos.  Y me manifiesto en total acuerdo con ellas.

Porque, y ahora tocando el suelo, ser Doula en estos momentos no es algo que resulte sencillo, ya que es algo novedoso y desconocido, ya que no es una profesión reglada, homologada, ni tan siquiera bien aceptada por algunas personas de un sector de profesionales que nos miran con miedo y con desconocimiento, juzgándonos y sintiéndonos como competencia…
Porque son muchas y muy variadas las formaciones que se están dando en este país y con criterios bien diferentes, lo que dificulta la igualdad a la hora de ejercer.  Porque, en ocasiones, y con cierta tristeza, siento que se está aprovechando el tirón de esta necesidad emocional que sienten algunas mujeres, para dar paso a un nuevo tipo de negocio…

Ojalá ser Doula en este país llegue, en breve,  a ser una profesión reconocida. Ojalá sea lo suficientemente valorada para que la mujer que la elija vocacionalmente para hacer de ella su forma de vida, pueda vivir obteniendo unos ingresos dignamente.
Ojalá la sociedad y todas las personas que la formamos, cambiemos nuestro concepto sobre la maternidad, sobre el nacimiento, sobre los bebés y los niños…

Y ojalá que,  alcanzado un punto en que se comprendan y se satisfagan las necesidades de una mujer en su devenir a madre, llegue el momento en que las Doulas, como tal, no seamos una necesidad. Sería la mejor señal de que habiendo cambiado nuestra forma de criar, habría cambiado el mundo.


domingo, 2 de junio de 2013

Expectativas respecto al parto



Algunas mujeres embarazadas llegan al parto sin tener ni idea de cómo es el proceso, tan siquiera de cuál es la fisiología de su cuerpo en esos momentos... simplemente se dejan llevar por el personal sanitario de guardia y aceptan, sin más, las intervenciones que les puedan hacer. No se cuestionan nada y dan por bueno aquello que les sucede. Es su elección y hay que respetarla.
Pero otras se informan a conciencia de cómo es el proceso del embarazo y del parto. Si deciden parir en un hospital, se interesan por sus protocolos, presentan su plan de parto, imaginan e incluso visualizan cómo será el nacimiento de la criatura que lleva en el vientre…

Son muchísimos los vídeos que circular por la red sobre partos, la mayoría sobre partos preciosos, idílicos, partos respetados, en el agua, partos orgásmicos, en la naturaleza... Pero ¿es positivo ver tantas imágenes?

Hay embarazadas que son adictas, que se dan un atracón de verlos.  Los miran, los remiran, buscan con ansia alguno nuevo, cada parto les hace imaginar el suyo, el que ellas quieren. Y  se emocionan.  Y lloran.  Porque se miran en los espejos de esas mujeres que son capaces de parir sin soltar un grito, sin un lamento, rodeadas de sus seres queridos, incluso de sus otros hijos si los tienen… con expresiones de dicha, de felicidad, algunas incluso de placer.
Ponen sus expectativas en tener un parto de cine, como los que ellas han visto a través de los cientos de vídeos que se pueden encontrar en Internet tan solo poniendo “parto respetado”.

Pero cada cuerpo y cada mujer son únicos,  por tanto, cada parto también lo es.  ¿Qué pasa si una mujer, llegado el momento del parto y por la circunstancia que sea, no consigue alcanzar ese parto maravilloso en el que había puesto sus expectativas?  ¿Qué sucede cuando la mujer que está de parto se desmorona, le aparecen los miedos, y grita, y llora, y no es capaz de tener la calma y la sonrisa que ella esperaba y que había visto en la mayoría de los idílicos y “respetados” partos? ¿Qué pasa cuando una mujer necesita –por cualquier causa- una medicalización o una intervención por mínima que sea?

Pues que algunas se hunden,  se quedan heridas,  se sienten fracasadas.  Y las cosas no son así.

Cuando acompaño a una mujer durante su embarazo, suelo comentarle que ella está haciendo todo lo posible para tener su parto deseado pero que hemos de tener muy claro que TODO no se puede controlar.  Que a pesar de la información, del trabajo interior, de la conexión con su bebé, de la fuerza y de la confianza… puede suceder algo a última hora que no permita que la situación fluya como ella habría deseado.  Que, en ocasiones, algunas fuerzas superiores actúan para que el parto vaya por otro camino distinto y hay que estar preparada y abierta para que si eso sucede, se acepte sin tomarlo como algo personal, sin tomarlo como un fracaso.

Es cierto que cuanto más y mejor preparación tiene una mujer, muchas más posibilidades tiene de conseguirlo. Pero como dije antes, en ocasiones y a última hora, algunas madres necesitan de la intervención médica y se quedan con una profunda herida emocional que necesitarán sanar.

¿Qué hacer entonces? Creo que la respuesta está en la moderación.  Ver algunos vídeos les puede dar una perspectiva y especialmente, les ayuda a saber y a aceptar que si una mujer puede parir… ellas también pueden hacerlo. 

Pero la visualización de tales partos ha de ser cautelosa, sin llegar a darse un atracón, y especialmente estando cerca de su fecha prevista de parto.  Ha de quedar en eso, en entender que cada una es portadora de su realidad y que, al fin y al cabo, los vídeos que se han seleccionado han sido los más… bonitos, pero que también hay partos donde las mujeres se quejan, gritan, maldicen y lloran… y que también forma parte de la normalidad.


sábado, 1 de junio de 2013

Cumpliendo años



Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...

¡Qué importa eso!

Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porqué decir: Eres muy joven... no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas...

Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!

Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento



José Saramago