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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi PARTO deseado





Después de dos hijos, uno nacido mediante un parto absolutamente medicalizado y el otro, un nacimiento express pero cargado de miedo y adrenalina, parir a un tercer hijo de esta forma ha supuesto obtener SU parto deseado. Para algunas mujeres hay un antes y un después de un hecho así. Este es el relato de una madre que nos habla de sus emociones. Gracias por querer compartirlo.


"Parece hace unos días y ya ha hecho un año que nació Mara.

Recuerdo perfectamente cuando mi hija mayor me decía: mamá, quiero una hermanita” y yo le contestaba que ya tenía un hermano, y que otro no podía ser… pero dentro de mí yo también quería otro niño, o niña, siempre había soñado con tres hijos, sentarme en la mesa y tenerla llena.

Sin saber que estaba embarazada, mi hija me lo preguntaba. A los pocos días yo ya lo sospechaba. Las semanas pasaban y yo tenía mucha hambre y empecé a tener dolor en los pechos cuando mi hijo mamaba. Aquí fui consciente de que sí lo estaba…

Yo me sentía pletórica, feliz. ¿Te acuerdas Concha cuando te lo dije después de la reunión en la asociación de lactancia? ¡Qué afortunada soy! Siempre recordaré las palabras que me dijiste y que me sirvieron para reafirmarme en lo que yo sentía y darme fuerzas para continuar con este especial embarazo. Mara ha venido como un regalo inesperado, pero fue muy bienvenida, ella lo sabe y por eso vino, para empoderarme y demostrarme lo fuerte y valiente que es una madre y para que yo fuese consciente de ello. Y sobre todo para hacerme el regalo más hermoso: tener mi parto, un parto precioso donde disfrutar de su nacimiento, con alegría y placer, con emoción y nervios, pero tranquila y segura y con todo el poder que las mujeres tenemos y que gracias a ti, pude ver y sacar de dentro.

El contar contigo en este periodo de mi vida ha sido un regalo inolvidable, desde aquel día en las escaleras de Sina,  hasta el día y momento del nacimiento de Mara, cuando hablábamos por el móvil. ¿Te acuerdas? ¡Qué hermoso! Aunque no estuvieras conmigo físicamente en la sala de partos, lo estabas conmigo energéticamente.

No tengo suficientes palabras de agradecimiento, eres MI DOULA, mi confidente, mi amiga, mi madre, mi pilar en esta etapa de mi vida.  Sin ti no hubiera llegado a suceder lo que sucedió. Tú me diste la fuerza y despertaste en mi la sabiduría para continuar hacia delante con unas ganas que nunca antes hubiera imaginado.
El saber tuyo, el contar contigo en aquellos momentos personales tan difíciles… no te puedes imaginar el bien que nos has hecho a todos. Ahora sé por qué decidí que tú fueras MI Doula. Necesitaba una persona sabia a mi lado y ahí estabas tú.

Muchas gracias Concha, Mara y yo nunca olvidaremos tu trabajo y tu saber.  Me acuerdo perfectamente de tus palabras, tenía miedo de no responder bien cuando llegara el momento y tú me decías “ya verás cómo sí sabrás qué hacer en cada momento… no todos los partos son iguales”  y así fue. Mara nació en la semana 41 y sus hermanos en la 38.

Algo en mí sabía que había llegado el momento. A las 21 h del jueves, dándoles la cena a los niños, rompí aguas. Las contracciones comenzaron a ser cada 5 minutos y salimos hacia el hospital.  Eran las 21:15 h. y llovía.
De camino intentaba relajarme… tantas emociones y hablando contigo por teléfono para reafirmarme una vez más que Mara iba a nacer y todo saldría estupendamente, para confiar en ella, para confiar en mí y en que mi cuerpo se abriría como una flor de loto.

A las 21:45 h llegamos al hospital donde una enfermera me acompañó y me presentó a la matrona quien me dijo que todo iba bien. Le expliqué todo lo que quería como si se tratara de mi hada madrina y ella me dijo que si todo seguía así, así sería.

Sentada, sin correas, sin episiotomía, consciente y con las hormonas en pleno apogeo, escuchando y sintiendo en cada contracción cómo bajaba Mara y se abría mi flor de loto cantando AAAAAAA…. Y cuando creía que ya no podía más, que me partía de dolor, la matrona me dijo que ya estaba allí “Coge a tu Mara, sácala y tómala en brazos…”
¡¡El momento más emocionante de mi vida!! ¡¡Dios, qué sensación tan maravillosa en mi cuerpo y mi alma!! Cogerla por las axilas, sacándola de dentro de mí y ponerla sobre mi cuerpo…Eran las 22:15 h del 28 de septiembre de 2012

Alumbré la placenta y la matrona nos dio la enhorabuena, estaba emocionada al ver cómo había llevado yo el parto. Mi marido y yo le dimos las gracias por haber respetado mi sueño, mi parto natural.

Después de dos horas los tres solos, subimos a la habitación… recuerdo que te llamé y te di las gracias, y a todas las mujeres que me habían dado fuerzas y me habían ayudado con su sabiduría. Estaba eufórica, con un chute de energía que no había tenido en mis otros dos partos. Cuando me levanté de la cama pude ir al baño, pude andar, no me dolía nada… ¡qué maravilla la sensación de estar entera, sin cortes…!

Pasé toda la noche con Mara al pecho, piel con piel, enamorándonos una de la otra. Estaba preparada y tuve el parto que deseaba.

Gracias Concha por estar ahí, por tu sabiduría y tu saber estar. Por acompañarme en este momento tan especial y mágico de nuestras vidas. Te tengo muy presente y nunca te olvidaré. En mi corazón siempre tendrás un espacio".





miércoles, 25 de septiembre de 2013

Madres y Padres. Y viceversa.




A menudo me asaltan ideas, pensamientos que necesito plasmar en un papel, pero no siempre es el momento oportuno para poder hacerlo y voy dejándolas en anotaciones, en papelitos que se amontonan por mi estudio esperando el momento de darles un hilo conductor, de unirlos y enlazarlos en un texto. Unas veces  salen a la luz, los publico en mi blog, otras veces… se quedan en la carpeta, simplemente han servido para expresarme y para canalizar algo que me bulle por dentro.
Suelo hablar desde mi experiencia, desde lo que observo, desde aquello que siento.

Termino de volver a leer un libro que me regaló una Laura querida el pasado año. “Las brujas no se quejan” de Shinoda Bolen, es fácil de leer y de entender, y porque estoy en esa edad madura a la que hace referencia, me siento muy identificada con lo que ella dice.
Es posible que la lectura de este libro me haya animado a escribir ahora sobre este tema pues “la anciana –la mujer madura- es atrevida, medita a su manera, defiende con fiereza lo que le importa, decide su camino con el corazón, dice la verdad con compasión, saborea lo positivo de la vida…”

Voy a ello.

Mucho se ha hablado sobre el patriarcado y la represión ejercida por el hombre sobre la mujer a lo largo de la historia. Todavía hoy, en muchas cuestiones sale a relucir la herencia acumulada y lo que está costando deshacerse de esos patrones.  Si tengo ocasión de participar en algo que haga mención a este pasado, expreso mi opinión de que ya está bien y que hay que construir mirando hacia adelante pues de nada nos sirve quedarnos ancladas en algo que en su momento fue.
Se habla de la presión y de la supremacía ejercida por el hombre sobre la mujer en cuestiones políticas, de familia, de religión, de educación, de pareja, de sexo… y no voy a negar que no haya sido cierto. Ahí está la historia y sus múltiples testimonios.

Afortunadamente y desde la toma de conciencia las cosas están cambiando, o al menos en una sociedad como la nuestra. Son muchas las mujeres que han tomado las riendas de su vida y pueden hacer y decidir lo que quieren. Eso está bien, pues es signo de libertad y de igualdad.  Y la persona ha de ser y sentirse libre para ser feliz.

Pero tengo la sensación de que desde el modelo de sociedades industrializadas se nos ha vendido una supuesta igualdad al hombre, y en este intento de hacer cambiar nuestras inercias como mujeres,  se le está dando al hombre un papel que, en muchos casos, no le compete. Así, parece que hemos pasado de un patriarcado impuesto a una especie de patriarcado encubierto y elegido, aunque quizás no debería de llamarlo patriarcado y como me siento incapaz de encontrar la palabra adecuada, lo resumiría diciendo que ahora, en algunos sectores, se le está queriendo dar al hombre una participación y un protagonismo en roles que, según mi criterio, al entender de una mujer de más de sesenta años, quizás no le corresponden.

Antes de continuar, quiero decir que en mi vida hay grandes hombres a los que amé, a los que amo. 
El primero mi abuelo materno con quien me crié, hombre rudo y gruñón pero que conmigo siempre fue respetuoso, atento y cariñoso.
El segundo, mi padre, quien hace un año se marchó para no volver…  y a pesar de nuestras discusiones,  cada vez soy más consciente de cómo ha marcado mi vida, de todo lo que me enseñó, de cuántas cosas conservo de él.
En tercer lugar, mi marido. El hombre con quien comparto mi vida y con quien siempre me he sentido libre, desde hace más de 40 años y con quien desearía estar otros tantos, incluso volver a ser su pareja con la misma libertad si hubiera otra vida…
Mis dos hijos varones, a los que amo con todo mi corazón y con los que puedo establecer una preciosa comunicación, cada uno desde el lugar que le corresponde estar.
Y de mis tres nietos, dos son niños. Unos preciosos chiquillos que me tienen robado el sentido, que me tienen francamente enamorada.
Así es que NO desprecio para nada al varón, sino que lo respeto, lo valoro y lo admiro en lo que es. Porque creo que somos distintos y complementarios.

Y vuelvo al tema que me ha llevado a escribir esto. Es posible que vaya a echar piedras sobre mi propio tejado, pero he de decir lo que siento porque en ello está mi vivencia. 

Tras leer sobre el matriarcado y de cómo en otras sociedades no tienen los problemas de convivencia y de educación que estamos teniendo en las culturas occidentales, vuelvo a pensar en mi infancia.
Cuando mi madre lo compartía todo con mi padre, cuando era él quien también tomaba muchas de las decisiones que a mis hermanas y a mí concernían, cuando yo no le contaba MIS cosas a mi madre... porque tenía la certeza de que luego ella se las decía a él.
Porque él también decidía si necesitaba unos zapatos, porque él también venía al médico cuando yo iba con mi madre, porque él tuvo que opinar cuando tuve mi primera regla... porque él era el padre partícipe que mi madre había permitido, al que mi madre le había otorgado parte de su poder. Porque él estaba para todo... y yo no lo necesitaba.

 Entonces no lo supe, simplemente había algo que no me gustaba, algo que hasta donde alcanzan mis recuerdos siendo muy pequeña, me hizo sentir ausencia de madre a pesar de estar ella presente.  Y que muchos años después pude verbalizar, comentar y sanar con ella mediante esta frase "¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeña?

Entrando en materia, voy a referirme al embarazo y parto, por ser algo que veo con relativa frecuencia. Así, me resulta extraño cuando un hombre que va a ser padre utiliza estas expresiones: estamos embarazados, o salimos de cuentas, o vamos a parir de tal manera, o estamos de parto,  ¡se incluye en ese estado fisiológico que solamente vive la mujer! A veces, es la misma mujer quien lo incluye… y dependiendo de la confianza que tenga con ellos, le suelo decir “no, ELLA es la que está embarazada, ELLA es la que está de parto, es ELLA quien va a parir a vuestro hijo  porque… puede ser signo de modernidad, pero ¿no es una forma de darle a ese padre un protagonismo que no le corresponde?  ¿No lo está perdiendo ella?

Marchemos mucho tiempo atrás.  Ancestralmente, las mujeres han crecido rodeadas de mujeres. Los procesos fisiológicos -menstruación, embarazo, parto, lactancia- y la crianza de los hijos, han sido actos compartidos y comentados entre mujeres, ya de la misma familia, ya de la misma vecindad. Así, las niñas aprendían de lo que veían y seguían los dictados de la Naturaleza desde la más absoluta aceptación y normalidad.

Vayamos al parto. A partir de los años 70, los hombres comienzan a tener protagonismo en el nacimiento de sus hijos. Los partos pasan a ser atendidos por obstetras hombres… y los nuevos padres están junto a la mujer que va a parir.   Esta moda se propaga y llega un momento en que la mujer para parir necesita tener al lado a un hombre, ya sea médico, ya sea su pareja… aunque a él no le apetezca para nada vivir esta situación, aunque él esté ausente en espíritu, aunque sea la misma mujer quien no quiera ser acompañada por su pareja… nos vemos abocadas a ello. Y así, es como nos hacen ver que la mujer para parir necesita la compañía de un hombre. Aparece de nuevo infantilizada y sumergida en una necesidad de protección…   ¿No te lo habías planteado?  

Michel Odent, siendo obstetra y hombre ha investigado mucho respecto al tema. Por supuesto que no todas las mujeres están de acuerdo con él… porque ¿dónde queda el escucharse a una misma y desde el corazón, haciendo caso a su necesidad primal y a su instinto que reclama lo que necesita? ¿dónde quedan las reacciones hormonales y emocionales?  Porque quizás, si esa mujer se conecta con las mujeres de su linaje descubrirá que lo que necesita es parir en silencio o cantando, pero rodeada de mujeres… que la entiendan en sus emociones, que la protejan, que la acompañen… que se pongan en su piel, mientras el padre de su criatura, vigila atento y cuida de la logística, de su entorno exterior…

No es fácil para mí hacer públicos estos sentimientos, aunque sé que hay más mujeres que piensan como yo.  Soy Doula, y como tal respeto las decisiones de la madre en primer lugar, y desde la información objetiva y consecuente, ambos padres son los que deciden de qué forma quieren que nazcan sus hijos y deciden cómo criarlos.  Yo no les emito opinión alguna  pero si me preguntan con sinceridad, con el corazón en la mano qué es lo que siento al respecto…sí que soy franca y me expreso.

“La Doula es una mujer experta en partos que acompaña a la mujer en sus emociones durante el proceso de la maternidad” y una de las cualidades que define a la Doula es su empatía, su capacidad para ponerse en el lugar de otra mujer para saber qué es lo que siente y desde ahí… acompañarla.
   
Ya hay varios hombres Doulas y me sorprende, francamente. Pero está claro que si  están es porque hay mujeres que los buscan, y sin juzgarlos como personas, veo que volvemos a lo mismo, de nuevo a una mujer que tiene necesidad de la protección de un varón, pero ¿un varón se funde con ella en los desgarradores momentos del parto? ¿un hombre se puede poner en los zapatos de una mujer si sus emociones llegan a estar desbordadas durante el embarazo, o cuando su bebé está siendo amamantado, o cuando se siente cual loba recién parida? ¿cuál es la vivencia de una mujer al escoger a un hombre ajeno para estar acompañada íntima y emocionalmente en su viaje hacia la maternidad?

Una vez el bebé ha nacido, las nuevas corrientes implican al padre tanto como a la madre. Y lo siento tal como lo digo,  pero creo que la madre tiene un papel que por mucho que pasen los siglos, seguirá siendo suyo.
Creo que la presencia de la madre es absolutamente necesaria para un niño hasta al menos sus dos primeros años de vida. La implicación del padre -si lo hay- en la crianza (desde mi punto de vista, pues tengamos en cuenta las madres solteras, las inseminadas sin pareja, las madres lesbianas…) es un referente muy importante de apoyo, de contención, de soporte, de suministro… hacia la madre, para que ésta lo sea de su cachorro. Pero de eso a pretender que sea el padre quien haga de madre… ¡si no hay más que ver a un chiquitín cómo reclama a su madre cuando se cae, cuando está malito, cuando está triste!  Porque con la madre se ha establecido un vínculo mucho antes de nacer y que permanecerá a través de la Vida.  

¡He conocido a hombres con tal afán de posesión hacia sus hijos que solo les faltaba haberlos parido ellos!

Creo que en cualquier situación en la que el niño pueda expresarse y elegir, está bien que se actúe indistintamente, pero desde la decisión unilateral (del padre o de la madre) y desde la imposición y los “acuerdos” por cuestiones prácticas, no me parece tan justo.

Y termino con esta reflexión a modo de final. ¿Le estamos dando de nuevo un protagonismo al hombre a cambio de restárselo a la mujer?  
Ah, no, claro, porque antes era desde la imposición, lo sé.  En cambio hoy estas situaciones son elegidas desde unas corrientes del ahora… lo que me lleva a pensar que, probablemente,  desde esa herida profunda por sentir ausencia de madre, algún día esos hijos cuando sean adultos les pregunten a las suyas ¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeño? 












lunes, 16 de septiembre de 2013

Maternidad idealizada. Reflexiones.




Cervera de Pisuerga,  21 de agosto de 2013

Reflexiones

Estoy sola, sentada en un Paraje Natural cerca de la cabecera del río Pisuerga que discurre tranquilo y sereno por su cauce,  fluyendo como lleva haciendo desde que comenzó a manar.
Nadie ni nada lo desvía de su marcha, no hay mano externa que lo reconduce ni lo aleja de su trayectoria. Es la Naturaleza pura en su origen.
En esta soledad mía elegida en el día de hoy, acuden a mi mente algunos pensamientos que giran en torno a la conexión con la naturaleza del ser, con el saber-se, con el sentir-se, con el confiar en que, finalmente, estando unidos a la Esencia todo es como tiene que ser.

Y mi mente, ahora, tras un tiempo de haberla mantenido en calma mediante una meditación activa, comienza a divagar… y me voy hacia el tema que, en estos momentos,  ocupa parte de mi tiempo: la maternidad.

Y en esta calma llego a la conclusión de que estamos llegando a un punto en que, quizás, la maternidad se esté idealizando demasiado, porque NO todas las realidades son ni se viven de igual forma. 

Comentaba días atrás una compañera asesora de lactancia lo entristecida que estaba al ver a una madre recién cesareada tan despegada del bebé, de ese hijo que terminaba de nacer. No comprendía ella desde su formación y desde su propia experiencia de madre, cómo esto podía suceder...

Cuando vemos que un parto termina siendo altamente intervenido necesitamos buscar explicaciones ajenas… cuando vemos que una lactancia no termina de instaurarse sin haber ninguna aparente causa fisiológica que lo impida, “culpabilizamos” a las hormonas. No digo que no tengan su importancia, que sí la tienen y mucha, pero creo que habría que estudiar cuáles son las circunstancias en las que esa madre está envuelta.  Habría que pararse a ver su propia historia de hija para entender su relación de madre ahora…

Leía tiempo atrás –no recuerdo donde- que la maternidad es el mejor regalo para una mujer.  Y enseguida pensé que sin duda lo era… para aquella que DESEA ser madre. Porque todas las mujeres NO lo desean y no por ello son menos mujeres.

Y es que, posiblemente, no son los mismos ojos los que miran desde la juventud que los que ven desde la madurez.
En más de una ocasión siento que he de callar pues, esas madres con niños pequeños que están inmersas en una nube de bondades, no están para atender a las otras realidades distintas a las suyas…

Pero volvamos a esa idealización de la maternidad donde hay todo un mundo que gira en torno a ella y desde la que se nos intenta instruir, desde la que se nos pretende enseñar,  incluso vender como ser la madre más maravillosa para tener los más maravillosos hijos. Sinceramente, como antes he dicho, creo que cada una es portadora de su propia historia personal y es algo que se ha de tener presente ya que forma parte de la vida de cada cual.

Si bien es cierto que desde la toma de conciencia se pueden cambiar patrones aprendidos, no es menos cierto que muchas madres inmersas en soledades profundas, se van a sentir más frustradas si tras cursos y formaciones no consiguen ser esas madres modélicas que se pretende que sean. Y hablo con conocimiento de causa porque ya conozco a quien se debate entre lo que su cuerpo y su mente le piden, y lo que desde fuera se pretende que alcance.

Mirando el transcurrir del río por su cauce, siento cómo la Naturaleza sique sus ciclos, y solamente se ve perjudicada cuando interviene la mano del hombre….

Sinceramente y desde el corazón, sin ánimo de herir susceptibilidades, creo que no es necesaria tanta formación para cuidar de los hijos con el mismo respeto y con el mismo cariño que nos gusta ser atendidos,  satisfacer sus necesidades en la medida que demandan, sin minimizar, sin exigirles… porque cada hijo es único y así ha de ser amado.  Atender a los hijos sabiendo que son seres puros en evolución y que TODO lo que hacemos les llega con tal fuerza que de alguna forma marcará sus destinos.  Escuchar a los hijos con la conciencia de que sus necesidades básicas están por encima de las nuestras, ya que los pequeños viven el momento presente y –todavía- sin conocimiento de la dilación del tiempo.

Así, son muchas las mujeres que estando conectadas a su esencia, a su instinto primal, y contando con personas que las hagan sentirse acompañadas, no necesitan más que ese apoyo en la confianza de que lo que hacen está bien…  y conectar con esa sabiduría ancestral de las mujeres que las han precedido, criando con amor, con intuición y desde el corazón.  Porque poco más necesitamos para ser madres.

Es en este entorno natural y bucólico donde estoy ahora, cuando me pregunto si quizás no estamos queriendo sacar partido de algo que debería de ser más sencillo, más simple… más natural.

La Historia en su evolución nos habla de épocas de oscurantismo, de la represión desde la tradición judeo-cristiana, de un patriarcado ejercido durante años y años.  Pero esos son tiempos pasados... porque somos muchas las mujeres que estamos trabajando para que así sea.

Estoy convencida de que está bien formarse e informarse en aquellos ámbitos que nos interesan, pero por mucho acopio que hagamos de lo que nos llega desde fuera, si no estamos conectadas con nuestra fuerza y nuestra sabiduría de mujer, confiando en las mujeres de nuestro entorno y mirándonos en sus espejos de mujeres sabias, de poco nos servirá todo el esfuerzo y la inversión externa .

Con Amor.