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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 27 de enero de 2014

Confianza, seguridad… ¡ y adrenalina!





Como en años anteriores, había llegado el momento del cierre anual en Ardillas, mi Club de Senderismo, y también como en años pasados, nos íbamos a reunir para celebrarlo con unas caminatas y una cena con final de fiesta incluida, donde se entregarían los premios de reconocimiento por la participación en las diversas actividades.


En esta ocasión se eligió la villa de Alcoi,  capital de la comarca de l'Alcoià, en la provincia de Alicante. Además de que la zona es preciosa por su emplazamiento entre montañas,  la verdad es que me hizo mucha ilusión porque en el hotel elegido para celebrar el evento había estado con Marido hacía ya ¡40 años!


 La mayor parte del grupo salió de Valencia pronto por la mañana, con la idea de hacer una marcha hasta la cima del Menejador, visitada ya varias veces por el club. Pero nosotros, Marido y yo, preferimos tomarlo con calma, llegar allí a media mañana y aprovechar para recorrer de nuevo la población, callejear, disfrutar del entorno -precioso, por cierto- y comer en el hotel como antaño hicimos…  Y así pasamos el resto del sábado.

 






A media tarde regresaron los senderistas de su trayecto y conforme entraba el anochecer iban llegando el resto de compañeros que venían desde Valencia.  Los saludos y los abrazos nos fueron metiendo en materia.

La cena fue amenizada por un grupo de compañeros que, como en otras, ocasiones nos hicieron reír y también llorar… de emoción, pues como muchos de los que salieron a recoger su galardón comentaron, somos una gran familia.


Y después de la cena, irían el baile y el karaoke, pero nosotros nos retiramos pronto.

 El domingo teníamos una marcha prevista y en esta ocasión sí que me apetecía caminar por la ruta “dels Canalons”, y me uní al grupo. 
El día era precioso, luminoso y cosa extraña, nada frío a tenor de las temperaturas que suelen haber en estas fechas por esos lares. Así es que con relativa poca ropa, comenzamos el sendero que transcurrió tranquilo y con una ligera pendiente de subida desde el principio.

Conforme la mañana avanzaba, el calorcito comenzaba a notarse y se sucedieron las paradas para ir aligerándonos de ropa. Los árboles desnudos conferían ese aspecto de serenidad que tiene la montaña en esta época del año. El suelo, húmedo por la cercanía del río Polop y tapizado de hojas secas, aportaba un aroma inconfundible en parajes de estas características. Como en otras ocasiones, intenté caminar sola bastante trayecto… necesitaba reconectar conmigo misma y recargar mis baterías con todo aquello que aporta el contacto con la Naturaleza en estado puro.

Atravesamos un túnel del antiguo ferrocarril Alcoi-Alicante que está convertido ahora en una vía verde. Nos cruzamos con un montón de personas que aprovechaban también el día soleado: familias, paseantes con sus perros, ciclistas… senderistas como nosotros.  Estos tramos de vía verde suelen ser muy transitados, sobre todo si se encuentran en las proximidades de una población grande como es Alcoi.


También cruzamos un precioso puente, el de “las siete lunas” donde había un grupo bastante numeroso de gente joven haciendo puenting… ¡ufff! tuve que contener la respiración cuando vi a un chico lanzarse al vacío, pues a pesar de la sujeción… no pude evitar que me impresionara. 
E impactantes fueron sus gritos cuando se dejó caer… tuve los cabellos erizados durante unos momentos.


Tras esta visión, continuamos nuestra ruta y llegó un momento en que el coordinador comentó que debíamos poner toda nuestra atención pues íbamos a atravesar un paso en el que necesitaríamos asirnos a unas cadenas enclavadas en la pared rocosa pues de otra forma era imposible pasar. 

Así es que, poco a poco, fuimos cruzando este trayecto inicial no sin cierta precaución…

Habíamos entrado en un barranco y la dificultad cada vez era más evidente, el suelo embarrado nos hacía temer un batacazo al andar sobre las piedras pulidas por el desgaste del agua y del paso del tiempo. Y el camino, ascendente en progresión, se tornó más dificultoso. 

 Casi al final de este trayecto, volvimos a encontrarnos con unas cadenas ancladas en la pared sin las cuales hubiera sido imposible cruzar este tramo.

 

Los coordinadores habían ofrecido la posibilidad de marchar por una variante a aquellos que no quisieran pasar este trago, y reconociendo que era un reto para mí,  me sentía capaz y segura, así es que seguí adelante con este grupo más intrépido.

 Asida fuertemente a las cadenas y con toda mi atención puesta en dónde iba colocando los pies, bajo la atenta mirada de Marido y de varios compañeros dispuestos a echar una mano (gracias, Pedro, Miquel y Pepe), fui atravesando este tramo con el acompasamiento del tic tac de mi corazón que latía con fuerza, e intentando conseguirlo yo sola…



Cuando finalmente terminamos el paso, las piernas me temblaban.  No de miedo, para nada… sino de la tensión, de la atención puesta con todos mis sentidos en algo que, quizás para otros fuera una nadería, pero para mí era algo muy emocionante.

Retomamos una senda amplia y en continuo ascenso hasta que llegamos a la carretera y al aparcamiento donde habíamos dejados los coches.  Solamente nos restaba, para terminar el fin de semana, la comida que los organizadores habían concertado en un restaurante de Alcoi.

Así es que degustamos la “olleta dels músics”  y dimos buena cuenta de cuanto nos pusieron en la mesa.
Pasadas un par de horas y tras los cafés, quien lo tomara, comenzamos a despedirnos.  Estábamos a poco más de una hora de Valencia y pretendíamos llegar a casa antes de que el cansancio hiciera su aparición.

He querido plasmar mis impresiones antes de acostarme, como se suele decir, aún “en caliente” aunque lo he publicado hoy lunes.  Me siento estupenda, francamente. Me he sentido segura conmigo y confiada también gracias a las personas que me rodeaban.

Y comentaba con una compañera para la que también era la primera vez que hacía algo similar: qué­­ sencillas resultan las cosas cuando nos relajamos y confiamos. Ojalá todo fuera siempre así de fácil en la Vida…




Como en anteriores ocasiones, la mayoría de las preciosas fotografías son de Marido.  Y algunas de ellas de mis apreciados compis, Ángeles Redondo y Ángel Sánchez.  Gracias.


martes, 14 de enero de 2014

Cuidar mi cuerpo, cuidar mi mente.



Cuando acudí al servicio de urgencias con un fuerte dolor en la pierna, le dije a la doctora que me atendió que se trataba de algo vascular.  No le hizo ninguna gracia, lo sé, le faltó poco para reírse en mi cara.  Me preguntó si me había golpeado, y le dije que no, que por el dolor sabía con certeza qué era.  Cuando tuvo el resultado de la analítica y de la ecografía dopler, me dijo que tenía razón, que el diagnóstico era una trombosis venosa profunda aguda.  Me preguntó que cómo lo había sabido y le dije porque sencillamente conocía mi cuerpo y no respondió, porque no se lo creyó. Aún así le di las gracias por haberme escuchado y con el informe y el tratamiento me marché a casa.
Y es que supongo que para un médico alópata que trabaja en un servicio de urgencias de un gran hospital, no será habitual que entre la gente diciendo que conoce su cuerpo…
Y seguramente para algunos de los que me leáis, tampoco.

Hay mucho escrito sobre de qué forma influyen las emociones en nuestro cuerpo físico y aunque los sabios antiguos ya lo decían “mens sana in corpore sano” todavía hoy se tiene la tendencia de buscar culpables fuera de nosotros frente a estos avisos que manda el cuerpo.

Reconozco que no es sencillo ponerse a escuchar lo que nos dicen nuestros órganos, nuestro esqueleto… pero como todo en la vida es cuestión de voluntad y de práctica.

Hacía varios días que me encontraba bajo mínimos. Soy algo cíclica y suelo somatizar bastante lo que afecta a mi emoción. Llevaba un tiempo con mucha movida personal, familiar… situaciones, recuerdos, vivencias que sin yo ser consciente querían asomar de nuevo.  Lo primero que me apareció fue un flemón en la boca, algo nada frecuente en mí y a pesar de mi resistencia a tomar medicación, tuve que recurrir a los antibióticos por prescripción facultativa. Después, un fuerte resfriado, con fiebre, que me obligó a permanecer en casa varios días, algo impensable estando físicamente bien. Y apenas me había recuperado, el dolor en la pierna.  Entendí el mensaje y pensé que debía de averiguar qué significaba todo aquello.


Como muchas personas, tengo un montón de libros en la estantería. Me suele suceder que, sin saber porqué (o quizás sí tenga su razón de ser…) justo vuelvo a releerlos en el momento oportuno. Y ocurrió que tomé uno de ellos al azar para llevar en el bolso y leerlo en el tiempo de espera en la consulta del médico.  Recuerdo la cara de las personas que tenía enfrente cuando, al comenzar a leer, solté una carcajada entre sorprendida y asustada.  ESE libro me iba a dar la clave para entender mi proceso de ausencia de salud. ¿Casualidad? Ya sabéis que siempre digo que NO creo en ella…


Conforme iba leyendo me sonaba todo a nuevo, aún sabiendo que lo había leído el año pasado. Cada línea, cada capítulo hacía una nueva aportación, un nuevo descubrimiento que enlazaba con lo que había estado sintiendo casi un mes atrás y de cómo desembocaba en una manifestación física en lugares concretos de mi organismo…
Todavía no he terminado el libro, voy leyendo muy despacio, releyendo… volviendo atrás para que no se me pase nada. Y cada vez entiendo más cosas.

Ahora lo que tocaba era comenzar con el cambio de actitud. Pretendía retomar mi actividad de hacer senderismo por la montaña y le pregunté al hematólogo si podría hacerlo. Me dijo que sí y que además sería bueno.

Con lo que el domingo pasado me calcé las botas y me fui al monte, con mis Ardillas, ya que la travesía no era demasiado larga ni dificultosa, solamente dos pequeños repechones en 14 km no supondrían ningún obstáculo.



Estaba emocionada, como cada vez que salgo a campo abierto. Comenzamos a caminar con bastante fresco, 5º.  Yo iba bien abrigada y no temía enfriarme. El autobús era de los grandes con lo que fue un placer rencontrarme con personas con las que he compartido muchos senderos. Tras los abrazos y el inevitable como estás y cómo están los tuyos, comenzamos a caminar. El día era claro, luminoso. Estábamos en la provincia de Castellón, no demasiado lejos de casa.

Casi todo el trayecto lo hice sola, sentía esa necesidad de estar conmigo. Y salvo algún intercambio de palabras aisladas, intenté hacer el máximo del trayecto sin hablar, sintiendo la atenta y vigilante mirada de Marido, quien no me perdía de vista.

Y, efectivamente, el día transcurrió luminoso, soleado, incluso en algún momento pasé tanto calor que tuve que quedarme con la camiseta técnica y darle el chaquetón polar a mi porteador preferido…

El monte estaba precioso a pesar de hallarnos en pleno invierno. La zona por la que íbamos tenía bastante humedad, de hecho cruzamos por tres fuentes cuya agua manaban con fluidez por sus chorros, en una de ellas pudimos ver que el agua era rica en magnesio, silicatos y bicarbonatos ¡agua mineral en estado puro!

Como es habitual, hicimos dos paradas, una a poco de empezar para comer algo y tomar energías, y otra avanzado el día para hacer una ingesta más fuerte. Y puesto que el día era maravillosamente agradable, nos quedamos un tiempo cerca del arroyo, cada cual con sus pensamientos…

Retomamos la marcha y apenas nos dimos cuenta habíamos finalizado la travesía: estábamos en el pueblo de Montán, final de destino, donde nos esperaba el autobús para volvernos a Valencia.

Hacía cuatro meses que no había caminado por el monte y no sabía cómo iba a responder mi musculatura, así es que tras una ducha de agua caliente cené algo ligero y me acosté.
Al día siguiente amanecí nueva, con unas pocas agujetas en los gemelos.  Hoy martes, escribiendo estas palabras y a punto de ir a mi clase de tai chi, me encuentro reconfortada y restablecida.

Sé que todavía tengo trabajo por hacer… sé que tengo por delante un tratamiento médico largo y pesado, con Sintrom y episodios de heparina pinchada en el vientre.  Sé que he de aceptar la medicación el tiempo que sea necesario,  porque no sirve de nada resistirme a lo que, de algún modo, ha sido un aviso.

Y es que la teoría me la conozco bien, pero llevarla día a día a la práctica es algo que cuesta más, es algo que en mi lado puramente racional se rebela.

Así es que no que queda más que estar alerta, seguir con mis prácticas saludables. Y por supuesto, agradecer a la Vida esta oportunidad para VER aquello que, aunque esté delante, los ojos quieren negar.





Como en anteriores ocasiones, las fotografías son de Marido. 
Gracias, amor.



domingo, 5 de enero de 2014

Soy DOULA. Respondiendo a preguntas.



Me preguntaba mi farmacéutica el otro día ¿Oye, aún sigues con lo tuyo? ¿Y de eso puedes vivir? ¿Y haces muchos?  Y conforme ella preguntaba, yo le iba respondiendo de la forma más clara y concisa posible. Finalmente, la mujer dijo “la verdad es una pena que no se os conozca más, que no se sepa lo que hacéis porque pienso que es algo tan bonito y tan importante para las mujeres…”

Y me quedé pensando lo que me dijo. Porque sigue siendo cierto que se desconoce el trabajo de una Doula.

Intentaré reproducir las respuestas que di a sus preguntas porque si ella, una mujer de 50 años más o menos lo tuvo claro, cualquier otra persona que quiera entender, también puede hacerlo…

Le dije que por supuesto que seguía en “lo mío”. Que ser Doula ya estaba integrado en mi ser y que formaba parte de mi manera de vivir. Que además en estos momentos, participo en un grupo de mujeres Doulas de todas España que estamos trabajando para conseguir un reconocimiento a nuestro trabajo y la integración del mismo en nuestra sociedad.

Siendo muy sincera con ella, le dije que de “esto” NO se puede vivir, que por suerte yo vivo gracias a la jubilación de mi marido ya que no tengo suficientes años cotizados para tener la mía propia. Pero que hacer acompañamientos a mujeres en proceso de maternidad, apenas me alcanza para asistir a cursos y formaciones que considero importantes como actualización y reciclaje propio.

Cuando me preguntó si yo hacía muchos acompañamientos, le respondí que mi finalidad no era hacer muchos, sino los que hiciera, hacerlos bien. Y que si alguna mujer se formaba como Doula creyendo que de esto podía hacer negocio, estaba muy equivocada pues yo, considerándome afortunada, hacía más de cinco meses que había terminado con el último.

Dado que nos conocemos muchos años y que siempre hemos conectado bien, y que además la farmacia estaba vacía de clientela, continúo preguntando…

Se interesó por saber de qué forma se establece una relación entre una mujer que busca acompañamiento y una Doula.  Le dije que suponía que cada una lo haría a su modo, pero que yo tenía una primera entrevista con la madre para ver cuáles eran sus necesidades y ver qué le podía ofrecer yo. Si, además, había buena conexión entre nosotras y si, finalmente, había un acuerdo económico…

Le insistí en la importancia de dejar los temas bien claros para que luego no hubiera confusiones. Cuestiones como que yo, como Doula, no iba a intentar cambiar sus decisiones, ni iba a decirle lo que debía hacer o no. Que mi presencia iba a ser respetuosa con sus pensamientos y que si algo no estaba en mi línea, me reservaba el derecho a decirle que no continuaba con el acompañamiento. También le comenté la importancia de dejar muy claro que yo no soy terapeuta de nada, ni realizo sanaciones, ni actúo fuera de lo que se considera información, escucha, presencia y acompañamiento. Que si en algún momento intuyera algo que no fuera de mi incumbencia, se lo haría saber de la mejor forma con el fin de que fuera ella quien tomara sus decisiones…

Se quedó sorprendida  Amparo (así se llama) al decirle esto, pues ella tenía entendido que la Doula era algo así como una “salvadora de mujeres”. No puede evitar reírme, y decirle que no anda desencaminada porque,  tristemente,  algunas Doulas sí creen que lo son… pero vaya, yo seguí informándola sobre lo que yo creo y por tanto, lo que yo hago.

Y teniendo ella una formación sanitaria, llegamos al temido punto de la intromisión… y me preguntó qué tal me llevaba con las matronas. Con la misma confianza, le respondí que yo, personalmente, me llevaba bien.

Tuvimos que parar la conversación porque pareció que se había abierto el semáforo y entraron varios clientes al mismo tiempo. Una vez despachados, continuamos nuestra conversación…

Le comenté que, desde mi punto de vista, algunas matronas tienen unos miedos carentes de fundamento ya que las “buenas” Doulas nunca realizamos actuaciones de índole sanitaria. Que había una gran diferencia a tener en cuenta y es que la matrona ES la persona cualificada para atender los partos normales.  Y la Doula es la persona preparada para acompañar EMOCIONALMENTE a la mujer de forma contínua y permanente, algo que una matrona –salvo sea un parto domiciliario- no puede realizar debido a cómo está estructurada la sanidad, tanto a nivel de atención primaria como en los hospitales, con sus horarios rígidos, con sus turnos estresantes, con su falta de personal y apoyo, con las presiones que les vienen desde “arriba”…

Amparo me escuchaba atentamente, se mostraba emocionada pues es una mujer muy empática. Finalmente y tras casi una hora charlando, me dijo que si todas las Doulas hacían lo que yo le había comentado y eran como yo manifestaba, ella consideraba que debíamos de ser escuchadas y que deberíamos de obtener un reconocimiento de tipo oficial a través de una formación homologada.  Y que, por supuesto, cuando se encontrara con una mujer embarazada le hablaría de nuestro colectivo…
Quedé en llevarle a la farmacia los trípticos que tenemos de Al Caliu, la Asociación de Doulas de la Comunidad Valenciana a la que pertenezco.

Y volví a casa con una mezcla de sensaciones… Satisfecha porque estaba segura de que había transmitido mi emoción y mi sentir con la mayor claridad posible.  Triste porque la farmacéutica me mostró el gran desconocimiento y los errores de concepto que algunas de las pocas personas que nos conocen tienen al respecto. Y esperanzada, porque así… poco a poco, boca a boca, desde la sinceridad, la humildad, y el amor a esta profesión es como vamos a conseguir que se nos conozca y se nos respete.
Y especialmente que se pueda distinguir entre una Doula vocacional con las ideas bien claras de cuál es su lugar y  las que actúan de otras formas, utilizando esta palabra para venderse en nombre de muchas cosas pero que difieren del auténtico y sencillo espíritu de la Doula.