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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

miércoles, 26 de febrero de 2014

¿Por qué Doula?




A través del tiempo y la experiencia, estoy pudiendo constatar que muchas mujeres quieren ser Doulas a raíz de su propia vivencia personal.  O por situación de desempleo, pensando que pueden hacer de esto una profesión.

Y reflexiono en voz alta.

Dada la situación socio-sanitaria en que se haya la mayoría de los hospitales que atienden partos y dada la cantidad de experiencias negativas e incluso traumáticas en que algunas madres quedan inmersas tras sus propios partos, surge en algunas de ellas la necesidad de ocuparse en algo que hacer para que a otras no les pase lo que a mí me pasó  y de ahí acuden a una formación para ser Doula.  También, mujeres que no han vivido en carne propia la experiencia de la maternidad y siendo Doula intentan quitarse esa espina.  Y mujeres que han tenido una experiencia gratificante de acompañamiento y deciden ser ellas mismas quienes adopten ese rol para estar al lado de nuevas madres…  Cada una con sus motivos, todos respetables. Pero...

Algo muy importante quedó en mi recuerdo durante la formación que realicé con Doulas de Alicante: fueron los temas que hacían referencia a la sanación de las propias heridas, algo que considero absolutamente imprescindible para ser Doula.  Entiendo que, puede resultar complicado acompañar a una madre si yo misma arrastro una herida emocional sin cerrar, pues siempre se puede correr el riesgo de que ante cualquier situación vulnerable, ésta se reabra. Tampoco imagino como será acompañar a una madre en su parto y a su bebé recién nacido... si nunca se ha parido.

Con toda sinceridad, creo que sería honesto hacer una introspección antes de tomar esta decisión de ser Doula, incluso si es necesario, realizar una terapia propia y sumergirse en aquello que nos dejó dolidas tras nuestros experiencias, aquello que, aún sin diagnosticar pudo haber supuesto una depresión pos parto en toda regla y que, tal vez,  no escuchamos y sanamos por no saber reconocer o por no tener a dónde acudir.

Creo que algo tan emocional como es el acompañamiento a una mujer en un estado máximo de vulnerabilidad como es un parto,como es una maternidad recién estrenada, no puede depender solamente de nuestra propia experiencia, de nuestra situación laboral o económica. Sinceramente, creo que ha de ser algo puramente vivencial y vocacional para poner el alma en ello. Creo, también, que hay que ser realistas y valorar la situación de disponibilidad con que se cuenta para poder atender en caso de llamada.

En fin, no dejan de ser reflexiones en voz alta. Como ya sabemos, las Doulas hemos existido siempre, pero durante unas épocas en que las mujeres estábamos conectadas con nosotras mismas y con la Naturaleza, en unos tiempos en que se vivía más en tribu y se compartía entre iguales, en unos momentos en que no había tanto desequilibrio emocional, ni tanta herida ni tanta soledad...

Hoy, algunas mujeres estamos buscando un acercamiento y una reconexión con nuestra esencia y creo que todavía queda trabajo por hacer.  Creo que sigue siendo necesario encontrarse a una misma, saber qué es lo que deseamos, lo que realmente necesitamos, lo que somos capaces de ofrecer y desde ahí, desde la armonía y el conocimiento de nuestro Yo interior, saber hasta dónde estamos preparadas y dispuestas para ayudar a las demás.  De lo contrario, el riesgo que se puede correr y/o el perjuicio que se puede causar, puede ser irreparable.

Namaste.



jueves, 20 de febrero de 2014

Las emociones en procesos de maternidad.



No podemos negar el hecho de que somos un cuerpo-mente y que cada vez son más las personas que con esta convicción viven porque así lo sienten.

Si hay una etapa que considero especialmente influenciable por el estado emocional en que se encuentra una mujer es durante el embarazo, el parto, el puerperio…  la crianza.  Para Jung era “la sombra” y de la misma forma denomina Laura Gutman a aquellas emociones que aparecen durante estos periodos y que habiendo estando escondidas, nos cuesta reconocer y aún haciéndolo, nos cuesta aceptar.

Pero vayamos a la práctica para no perdernos en razonamientos demasiado filosóficos que nos hagan perder el hilo.

Escuché una vez decir que el embarazo es el mejor estado de una mujer, es cuando más está en plenitud ya que alberga una nueva vida.  Y, personalmente, estoy de acuerdo.

Pero depende de para quien, el embarazo, principio de este proceso, se considera y está equiparado a una enfermedad o patología como podemos ver por las continuas visitas al médico,  pruebas y exámenes.   No diré que algunas no sean necesarias, pero desde luego… no todas las que se hacen.

Sin embargo, hay algo que generalmente no se considera y que, de nuevo para mí, tiene muchísima importancia ya que ahí está el quid de la cuestión para que una mujer pueda llevar un embarazo y tener un parto y puerperio de lo más natural.  Es su estado psico-emocional, del que, en gran medida nos encargamos las Doulas durante nuestro acompañamiento.

Al comienzo del mismo, me gusta saber cómo se siente la mujer en esta nueva situación,  si su embarazo ha sido deseado…  Cómo se encuentra física y emocionalmente, cuál es la reacción de su pareja frente a sus posibles cambios de estado, cómo es la relación con su madre... Es una información básica, muy simple –aunque no del todo suficiente-  pero considero que son elementos importantes a tener en cuenta y que, de alguna manera, me indican el estado general de la madre embarazada. 

Es posible que para muchas mujeres no haya más planteamiento: se han quedado embarazadas y van a tener un bebé. Se encargan de buscar la atención de un médico, como mucho de un hospital.  Y comienzan a comprar ropita y artilugios varios que luego, la mayoría no van a servir para nada. No acuden a talleres, no asisten a cursos, si quiera leen algún buen libro… Este es un sector de población y no podemos negarlo porque existe, es real.

Pero hay otro tipo de mujeres que, incluso antes de su embarazo, ya comienzan a interesarse por lo que va a ocurrir en su cuerpo... y en su alma. Mujeres ávidas de información y de formación. Mujeres que están atentas a sus cambios, a lo que su cuerpo demanda, a lo que su emoción manifiesta. Mujeres que toman las riendas de su gestación y eligen la manera que quieren ser tratadas, que eligen a un personal sanitario respetuoso que se ciña a sus expectativas, mujeres que hacen un rastreo a fondo para encontrar la mejor forma de parir, bien en un hospital con el protocolo de parto normal que marca la OMS, bien pariendo en su casa.

Como Doula y partiendo del respeto hacia todas y cada una de las decisiones, prefiero referirme a quien actúa con toma de consciencia.

Porque cuando una madre llega a sentirse emocional y psicológicamente fuerte y segura, tiene muchas más posibilidades de tener un feliz embarazo, un buen parto, una lactancia segura… una crianza consciente y respetuosa hacia sus hijos.  Porque creo que todo forma parte del mismo conglomerado.

Cuando una mujer está informada y acompañada, cuando habla de sus miedos y de sus dudas con otra mujer cercana que le inspira confianza, manifiesta abiertamente sus emociones,  las mira a la cara, les pone nombre… las escucha, las acepta y las trasciende, el cambio que experimenta es total. Es una liberación que tiene incluso efectos físicos. La mujer está pletórica, feliz, fuerte y empoderada. Y de eso se trata para poder hacer frente a todo cuanto vaya llegando en este periodo, alcanzando el mejor de los finales con el nacimiento de su bebé. 


domingo, 9 de febrero de 2014

Michel Odent: Gracias. Merci. Thank you.


Hace poco más de dos años que lo conocí en Madrid donde acudí a un seminario suyo “El nacimiento al alba de un nuevo paradigma”. Y me cautivó especialmente porque muchas de las cosas que allí decía afianzaban lo que yo sentía.

Ahora en este nuevo seminario celebrado en Valencia “De la gestación al nacimiento”, habiendo pasado el tiempo, con la experiencia que voy adquiriendo como Doula y con la que me proporciona el propio crecimiento personal,  sigo compartiendo muchas cosas a pesar de que puedo entender que no sean políticamente correctas para otras personas que se mueven en torno a estos temas de maternidad.

Y es que él,  Michel Odent,  no parece el típico hombre-médico  “políticamente correcto” cuando afirma que una mujer para parir no necesita a nadie que intervenga en el proceso ni nada que la distraiga de su estado de irracionalidad.

No voy a exponer sus teorías y estudios, porque son muchos y los desconozco en gran parte y porque para saber de ello hay bastantes libros editados. Pero sí quiero decir cómo me he sentido cuando le he escuchado hablar metiendo en el “mismo saco” a las matronas y a las Doulas… colocando a cada una en su sitio pero desde una colaboración respetuosa y fructífera.

Cuando Michel Odent se refiere a las Doulas nos nombra como las protectoras de la mujer de parto porque para él (y confirmo mi acuerdo en esto también)  la Doula NO interviene en el proceso, sino que vigila de manera atenta y silenciosa a la madre, sabiendo leer los signos y señales que ésta emite, sabiendo anticiparse a sus deseos y necesidades. Claro que él concibe a la Doula como la MUJER experta en partos (en los suyos propios ya que él considera que una Doula ha de ser madre) y en los de otras mujeres a través de la experiencia adquirida…

Cuando habla de las hormonas y de cómo estas inciden en la mujer de parto, habla de la adrenalina y, entre otras situaciones, de cómo un padre puede vivir una situación de tensión extrema, con unos niveles muy altos de adrenalina (cosa lógica y normal pues está viendo “sufrir” a su persona amada…) que lo conducen a situaciones de auténtico peligro para su integridad física. De cómo estos niveles altos de adrenalina y testosterona son incompatibles con la segregación de su oxitocina  y de qué forma afectan a la producción de oxitocina natural en la mujer que está de parto. Y comenta casos reales que me dejan estupefacta…

Ante cuestiones referentes a la creciente incidencia en la inducción de partos y de cesáreas programadas frente la posibilidad de una gestación demasiado larga, apunta algo tan sencillo como hacer una averiguación para saber la fecha de la concepción y desde ahí, relajarse ante la posibilidad de pensar que un bebe intrauterino está “pasado de fecha” y necesita ser inducido a que nazca con muchas posibilidades de terminar en una cesárea innecesaria... ¿Qué sencillo, verdad? Pero claro, esto por ser tan fácil es, precisamente, rechazado.

Embarazos gemelares, métodos de inducción al parto, oxitocina sintética, estreptococo B positivo, cesárea selectiva, rotura prematura de membranas, parto vaginal después de cesárea, microbiología bacteriana en flora vaginal, intestinal y en la leche de madre… temas que ha tratado desde una absoluta normalidad sin minimizar los posibles riesgos pero con una visión tranquilizadora muy alejada de la que ofrece la gran mayoría de la medicina convencional a las madres ante alguna de estas situaciones.

No me canso nunca de repetirlo: soy Doula y no emito opinión cuando estoy con una mujer embarazada respecto a un tema que no me concierne, pero SÍ que quiero estar informada en cuanto a estos procesos porque forman parte de mi responsabilidad y de mi compromiso de formación continua, porque necesito saber donde me muevo, porque necesito tener herramientas y utilizarlas, si llega el caso, derivando a personal cualificado.

La lástima es que, como también suele ser habitual al menos en mi ciudad, en toda la sala había solamente dos ginecólogas, varias matronas, otras profesionales relacionadas con el embarazo (yoga, fisioterapia y suelo pélvico) y mayormente Doulas… y además, las mismas que nos solemos encontrar en formaciones varias.

Y es que entiendo que no debe de resultar muy agradable para un ginecólogo-obstetra escuchar a otro tirando por tierra sus “montajes” en torno al nacimiento. Y lo mismo les debe de suceder a algunas matronas intervencionistas cuando escuchen decir que ellas no han de hacer más que… observar hasta que el bebé haya nacido.

Estas jornadas con Michel Odent han sido infinitamente gratificantes y como he comentado antes,  me reafirman en la Doula que soy, porque tengo muy claro cuál es mi lugar, porque como él bien dice, mi inclinación es a ser la Doula que teje y observa, durante el parto, silenciosa desde un rincón de la sala…


Gracias Michel Odent, ha sido un placer compartir estar horas. Y gracias por las palabras que nos ha dedicado a las presentes, por hacernos creer importantes, por animarnos a practicar el bilingüismo para saber expresarnos y comunicarnos con el resto del mundo desde el amor… y la ciencia, conjuntamente.


lunes, 3 de febrero de 2014

Reconocimiento, falsa modestia y ego.



No voy a hacer una exposición magistral a nivel lingüístico de la etimología de cada palabra y su significado, porque no soy lingüista, ni filósofa, ni socióloga, ni psicóloga…  Voy a expresar lo que desde mi entender y poniéndome como ejemplo práctico, son tres conceptos distintos y que a menudo,  confundimos.

Veamos. Comenzando por el principio, más que reconocimiento hablaría de  auto-re-conocimiento, o sea, ser capaz de darme cuenta de aquello para lo que valgo y además, hago bien. Y poder decirlo sin el cochino miedo a ser juzgada y que me acusen de tener mi “ego” muy elevado y eso sea considerado algo patológico…

Cuando acompaño a una madre en su proceso de maternidad, cuando me relaciono con mujeres en círculos, en grupos o trato con ellas de manera individual, suelo establecer una relación personal e intima que hace que me sienta muy a gusto y por tanto, quien tengo enfrente también percibe esta sensación de bienestar. Pongo mi atención en la escucha y lejos de dar consejos, suelo hablar de lo que sé… poco o mucho, desde mi experiencia y en función siempre a lo que ella/s necesita.
 
Cuando establezco una colaboración, sea del tipo que sea, soy consciente de que es necesario ser humilde, eso para empezar.  No pretendo estar por encima de nadie, nunca, ni aún tratándose de la más insignificante hormiga… escucho, me pongo en sus zapatos y me muestro empática fácilmente porque esa es mi naturaleza.

Y aquí viene el tema del auto-reconocimiento: sé que lo hago bien, sé que con algunas personas (no con todas… porque no con todas vibro en la misma frecuencia) esta relación establecida se vive fluida y amorosa, serena, consciente… natural.  Y nos sentimos conectadas y en paz. Cuando me hacen saber cuál es su sentimiento, su estado de ánimo y su agradecimiento, no puedo por menos que aceptarlo, darles las gracias y dar gracias también a la Vida por toda su magnificencia.  Esto es auto-re-conocimiento, aceptación y autoestima.

Si por el contrario, siendo consciente de todo ello, llegando este momento de sinceridad y agradecimiento por parte de la otra persona, me empeñara en negarlo… en decir que no lo merezco, en minimizar esa percepción que la otra persona tiene de mi, entraría en una falsa modestia, algo que considero absurdo e incluso nocivo: NO ser consciente de las propias capacidades y no desarrollarlas, no potenciarlas al máximo por no reconocerlas.

Y ahora hablemos del EGO.  Si no recuerdo mal de cuando estudiaba latín, ego es el pronombre personal en primera persona, o sea, YO.  Y evidentemente yo soy un compendio de circunstancias dependientes del momento (“Yo soy yo y mis circunstancias”)

En mi EGO está mis luces y mis sombras, mis momentos buenos y los no tan afortunados, mi vida, mi historia, mis antecedentes familiares… mi todo, porque mi EGO soy YO.

Entonces ¿a qué viene despreciar tanto esta palabra?  ¿Que tengo mi EGO elevado cuando digo que soy buena en una actividad? ¿Y eso se considera “malo”?  ¡Venga ya, por favor!, creo que si todas las personas fueran capaces de desarrollar sus capacidades de forma positiva y con ánimo constructivo elevando su autoestima, otro gallo nos cantaría.

¿Qué tengo mi EGO elevado cuando me expreso y digo que me considero una buena profesional porque soy consciente de ello y porque, además, los hechos y las personas lo confirman? ¡Pues vaya!  Creo que es mucho más negativo tener una imagen propia sin aceptación y con poca autoestima porque de esta forma se mina la personalidad y no resulta fácil tirar adelante con los altibajos que la vida nos ofrece.

Sinceramente, creo que se confunde EGO, con egocentrismo y egolatría.  Eso sí que puede ser peligroso porque cuando una persona hace de SU vida el centro de atención por encima de todo, a base de engaños si es necesario,  sin importarle los demás… vive en un egocentrismo.
Cuando una persona se adora a sí misma siendo incapaz de mirar a su alrededor, siendo incapaz de empatizar y darse cuenta de otras necesidades, de otras realidades… vive en una egolatría, en un culto a sí mismo.  Y estos dos procesos sí que pueden encerrar patología.

Ya está bien de temer que nos digan que caemos en la red de nuestro ego de manera peyorativa, porque nuestro EGO es el que nos hace estar alertas y ser conscientes de nuestras actuaciones.  No confundamos términos y seamos humildes, amables, sinceros… verdaderos.

Vivimos momentos de mostrarnos muy hacia fuera. En ocasiones, se crean perfiles falsos con lo que realmente no gustaría ser para que, quien nos mire nos reconozca de una manera que no somos… y esto sí que es penoso. Y peligroso en su conjunto para la sociedad.

Tratemos  al prójimo como nos gusta que nos traten, y amemos-nos para poder amar a los demás sin temor a esos juicios gratuitos que son emitidos sin haberlos pedido.

Con Amor.


De la RAE
egocentrismo.
(Del lat. ego, yo, y centro).
1. m. Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.
egolatría.
(Del gr. ἐγώ o lat. ego, yo, y -latría).

1. f. Culto, adoración, amor excesivo de sí mismo.