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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Escapada a Andalucía




Se acercaban las Fallas y este año no teníamos ganas de pasarlas en Valencia. Tanto Marido como yo necesitábamos una escapada… y decidimos marchar hacia el sur, a conocer las dos capitales de provincia que sólo nos faltaba visitar en Andalucía: Cádiz y Jaén.



Texto de "El manuscrito carmesí" de A.Gala
en una pared del Hotel en Córdoba

Iba a ser una semana con muchas cosas para ver, con muchos lugares donde disfrutar y desconectar de la vorágine en la que nos sumergimos, día a día, apenas sin darnos cuenta.
Taberna Salinas

Partimos de la ciudad prontito por la mañana con idea de llegar a Córdoba a mediodía. Habíamos estado hacía más de 20 años y nos apetecía volver a callejear por esa ciudad cargada de historia. Así, justo a la hora de comer, pudimos deleitarnos con un guiso de rabo de toro y los típicos flamenquines en un típico restaurante que nos habían recomendado. 

Plaza del Potro
Calle de las Flores






Tras descansar unos momentos, reanudamos la visita a la ciudad, lentamente y saboreando todos y cada uno de sus rincones. Volvimos a saludar al Cristo de los Faroles; paseamos por la Plaza del Potro; cruzamos el puente romano sobre el Guadalquivir que, al otro lado, nos mostró la Puerta de la Calahorra; nos encontramos con las ruinas de un templo romano; nos fotografiamos en la calle de las Flores y nos acercamos hasta su Mezquita Catedral con la idea de enterarnos del horario de visitas para el día siguiente. Y así, lentamente,  transcurrió la tarde.


Guadalquivir y Puerta de la Calahorra al fondo

Al día siguiente y antes de partir de la ciudad, visitamos ese monumento considerado Patrimonio de la Humanidad y que se caracteriza por su maravillosa sala de columnas…  A pesar de que ya había estado allí, la emoción recorrió mi espalda en forma de escalofrío, especialmente al centrar mi vista en el mihrab… la majestuosidad y la sabiduría que contiene la historia de la dinastía omeya que allí se encierra, hicieron que me sintiera pequeñita cual diminuta gota de agua en medio de un océano…

Interior de la Mezquita
Mirhab




Continuamos el camino hacia la provincia de Cádiz. Nuestro destino, donde íbamos a permanecer cinco noches y a tomar como punto de partida, se encontraba en Rota, en una zona de playa a orillas del Atlántico. El hotel, acogido a un plan para “mayores” era una preciosidad. Luminoso, muy ajardinado, con una decoración agradable y armónica, nos hizo sentir cómodos desde el momento en que dejamos las maletas.

Jardín en el hotel

Desde allí y aprovechando cada minuto que los días nos iban brindando, fuimos dirigiéndonos a los puntos que habíamos previsto desde casa.  San Lúcar de Barrameda, de especial interés por contar con la desembocadura de  wadi-al-Kabir (río Guadalquivir) que bajaba caudaloso y que allí vierte sus aguas al mar. Ver cómo un inmenso caudal de agua dulce se disipaba en las saladas corrientes oceánicas era un espectáculo grandioso.

San Lúcar de Barrameda

Chipiona, Rota… pueblos marineros ahora enfocados al turismo y que por suerte para nosotros, al ser temporada baja, estaban poco poblados y carentes de la algarabía propia del tiempo de estío.

Detrás, el Atlántico

Quedarnos viendo las puestas de sol en el mar es algo que atrae a los que vamos desde el Mediterráneo, por donde solo podemos verlo salir. Así que disfrutamos en varias ocasiones de los atardeceres calmos frente a unas aguas atlánticas sorprendentemente tranquilas.

Atardecer cara al Océano

Otro día se lo dedicamos por completo a la “tacita de plata”,  donde se aprobó la primera Constitución Española en 1812.  Cádiz, rodeada de agua casi por todas partes, supuso una agradable sorpresa pues, aún sabiendo de su hermosa bahía, no imaginé que podría ser tan grande. La ciudad, concretamente el casco antiguo que es lo que nosotros solemos visitar cuando viajamos a ciudades, está estructurada en angostas callejuelas donde a cada dos por tres un azulejo en la pared recuerda que allí nació o murió un personaje del cante jondo, del toreo, del baile flamenco… una especie de reconocimiento a los hijos de la tierra. No pudo faltar el “pescaito frito” y el intento de algunos pescadores en la Plaza del Ayuntamiento para que nos tomáramos unos erizos crudos recién sacados del océano…

Cádiz, Plaza del Ayuntamiento

Otro de los intereses de Marido en esta escapada era alcanzar, como buen y experto senderista, la cima más alta de la provincia de Cádiz. Así, al día siguiente nos dirigimos hacia El Bosque, en el Parque Natural de Grazalema, para dar una vuelta por sus pinsapares y alcanzar la cumbre de El Torreón, techo provincial con sus 1.648 m de altura.

Quiero destacar una bonita anécdota. Una compañera sevillana, Doula en formación,  me comentó que esos días estaría también por la provincia de Cádiz. Así, desde el Centro de Visitantes de El Bosque, se me ocurrió llamarla por ver si tenía la suerte de poder verla… y en menos de diez minutos nos estábamos dando un abrazo. Tras unas risas y contarnos qué estábamos haciendo, nos despedimos para que tanto ellos como nosotros, cumpliéramos el plan que teníamos previsto. Nos volvimos a ver al final de la excursión y aún pudimos tomar un café juntas…

Subiendo a El Torreón

Para acceder a la zona hay que solicitar permisos y así lo hicimos. Con las rutas bien marcadas y con un día despejado e incluso caluroso para la época del año, comenzamos el ascenso. Pero apenas transcurrida una hora y dado que el desnivel acumulado comenzaba a resultarme agotador, decidí quedarme y que Marido continuara la ascensión en solitario y sin estar pendiente de mí, con lo que adelantaría su ritmo. Así es que nos separamos y bajo una semi umbría permanecí tres horas… a solas, con los árboles como compañía y el azul del cielo como techo. Tres horas para conectar con mi yo profundo, tres horas para disfrutar de la grandiosidad de la Naturaleza… tres horas para agradecerle todo al Universo…
Cuando Marido bajó, satisfecho por tener otra cumbre provincial en su haber, por haber disfrutado con la marcha y con el paisaje, tomamos rumbo hacia el bosque de pinsapos del Parque, masa pinsapar de gran importancia en Andalucía junto a la de Ronda.

A la entrada del pinsapar
Pero estábamos en la hora de comer y el sol comenzaba a picar, así es que a las puertas del sendero, decidimos quedarnos a disfrutar serenamente de lo que la vista nos ofrecía y visitar después Grazalema, precioso pueblo que forma parte de la “ruta de los pueblos blancos” y que ofrece un aspecto limpio, fresco, cuidado. Sus casas y sus característicos enrejados mantienen una misma estructura en cuanto a estilo lo cual les da un aspecto armónico muy agradable.  Ante esta belleza, recordamos algunos pueblos de nuestra comunidad donde los organismos municipales no se encargan de este punto y se construye sin criterio, donde las casas no mantienen ninguna armonía y donde, a veces, pienso que parece que construyan viviendas para demostrar quién puede más… pero vaya, no voy a desviarme del tema.


En Tarifa


Uno de los destinos de obligada visita fue Tarifa. Marido iba con la especial intención de visitar el punto geográfico donde termina, o empieza,  el sendero de gran recorrido GR-7 que atraviesa Europa desde aquí hasta Grecia. O viceversa.  


Y allí, tras ser atendidos por una eficiente señorita en el punto de información, realizamos la foto de rigor junto a la placa conmemorativa.

En la costa de Tarifa, de nuevo me invadió una extraña emoción al contemplar a lo lejos el perfil de África, sintiéndome acompasada por el tranquilo rumor de las playas del Mar Mediterráneo con sus tonos azulados a un lado y las claras aguas con tonos en verde del Océano Atlántico en el otro, en el punto más al sur de la masa continental europea.

Al otro lado, África


Tarifa, punto más meridional


Tomando un vino
Vislumbrar a lo lejos el perfil de otro continente, disfrutar de la amabilidad de los 
tarifeños, de su gustosa comida, de sus "finos" y serenar el alma en un día luminoso y afortunada y extrañamente carente de viento, subir al Castillo donde se cuenta que Guzmán el Bueno arrojó el cuchillo para que sus enemigos ajusticiaran a su hijo raptado antes que aceptar entregar la ciudad… Visitar Tarifa fue uno de los placeres de este viaje.


Detrás, el Mediterráneo

A mi espalda, el Atlántico


Por la tarde nos dirigimos hacia otra zona de la costa donde estaban las ruinas de una ciudad romana, Baelo Claudia,  que en su día fue de gran importancia por la pesca y la manufactura de conservas. Allí  trabajaban colocando en vasijas de barro, a capas, grandes cantidades de sal, de plantas aromáticas que se daban en la zona y de los despojos (vísceras, cabezas e incluso la sangre) de los atunes y otros pescados que capturaban. Pasado el debido tiempo de maceración, la salsa obtenida, el garum, se utilizaba como condimento e incluso como medicina. Todavía se podían observar las estructuras de esta ciudad importante en su día.
Paseamos bajo un sol espléndido evocando cómo sería vivir en aquella época y con la impasible compañía de unos burros, preciosos peluches de cuatro patas, que pastaban tranquilamente por los campos aledaños,

Catedral de Jaén
Nuestro periplo finalizaría en Jaén, pues aunque sí habíamos recorrido algunos parajes de su provincia, desconocíamos la capital. En esta ocasión la búsqueda por Internet nos llevó a un pequeño hotel privado en el centro histórico. Con un diseño de vanguardia, colores fuertes y vivos, materiales y decoración atractivos, terminamos la semana de forma muy agradable.

Interior Catedral



Como llegamos justo a la hora de comer, lo primero fue buscan un lugar donde reponer energías y así, callejeando, fuimos a dar con una bodeguita donde servían comidas. Fue tal la abundancia y la calidad del único plato que pedimos, que por la noche no cenaríamos.

Después de descansar un poco en el hotel, con los planos y la cámara en mano, salimos a recorrer el casco antiguo y llegamos, directamente a la Catedral, impresionante edificio de estilo neoclásico que ha sido propuesto para su declaración como Patrimonio de la Humanidad.


Callejuela
Las calles en esta zona son increíblemente empinadas, algunas muy estrechas y conservando los rasgos característicos del urbanismo medieval en Andalucía.

Castillo de Santa Catalina











Al anochecer, subimos al Castillo de Santa Catalina que está situado en lo alto de una colina desde donde se divisa toda la ciudad. Magnífica construcción en un enclave del tiempo de los romanos y tomado posteriormente por árabes y cristianos, que hoy reconstruido y conservado con el estilo propio de la época, es un espléndido Parador Nacional. Y tras tomar una infusión calentita pues la temperatura había descendido considerablemente, regresamos al hotel.

Interior Parador Nacional

Evidentemente no se trata de dar pelos y señales de un viaje personal realizado con el ánimo de descansar y de reencontrar nuestro espíritu de pareja alterado por situaciones externas que nos desbordan. Se trata de mencionar esos bellos lugares que son, en su mayoría, desconocidos por la propia gente de nuestra tierra.

Yo misma...
Con estas dos capitales ya hemos recorrido toda Andalucía, Comunidad caracterizada por las grandes variaciones en sus paisajes, desde las altas cumbres de Sierra Nevada hasta las tranquilas costas que hemos visitado estos días.

Y como suelo comentar, no digo que no me apetezca realizar un viaje a Australia, pero por aquí todavía me queda mucho que ver.  Si no hay nada que lo impida, el próximo quizás sea hacía tierras del norte, hacia el País Vasco… pero eso es algo que ya se verá.  

 
Al ocaso

Cómo no, las preciosas fotografías están hechas con mucho cariño por Marido, como en anteriores ocasiones.


viernes, 21 de marzo de 2014

Carta a una matrona



Me había propuesto no volver a leer nada sobre este tema porque es algo que me genera mal estar, pero en estos últimos días no hacen más que aparecer blogs, webs y páginas en facebook de matronas en los que hablan mal de las Doulas, en los que abiertamente continúan en su caza de brujas.
También era mi intención no escribir al respecto, pero aún queriendo evitarlo, me ha llegado en varias ocasiones y por distintas vías el escrito de una matrona joven… y ése ha sido el que ha colmado el vaso de mi paciencia.
Esta carta podría ir dirigida a ella y a todas las que se están manifestando de igual manera.

“Querida matrona:

He leído tu curriculum y todo lo que nos cuentas para demostrar tus conocimientos profesionales y quiero felicitarte por ello. Acceder a la Universidad, terminar una carrera y hacer una especialización necesitan de mucho trabajo y esfuerzo personal. Y por ello mereces un buen puesto de trabajo, yo soy la primera en reconocerlo.
Sin embargo, el hecho de que hayas tenido que emigrar de tu ciudad de origen a la otra punta de la península, yo lo considero como una posibilidad para aprender cosas de la Vida que no entran en ningún plan de estudios.
Porque estar alejada de la familia y tener que solucionarse el día a día una sola es una maravillosa oportunidad para crecer como ser humano.

Pero, querida mía, lamento decirte que el que hayas realizado estos estudios no te convierte en una persona amable, honesta, cariñosa, respetuosa, empática… porque eso es algo que no se estudia en ninguna universidad ni en ninguna carrera.

Te voy a contar una cosa. Tengo tres hijos y un marido, todos ingenieros, cada uno en una especialidad distinta, es más y para ser sincera, el pequeño terminará su carrera el próximo año, pero para esta situación puedo incluirlo también. ¿Por qué te digo esto?
Porque hay algo que siempre les he dicho a mis hijos, y que ahora te comparto con estas mismas palabras que utilizo con ellosme agrada y me satisface el hecho de que tengas unos estudios universitarios y de que seas ingeniera/o (hay una chica), pero de nada te servirá todo eso si no eres una buena persona. Porque, al fin y al cabo, como madre, es lo que más me importa”.

Y fíjate que ante esta avalancha de matronas que desde el absoluto desconocimiento están atacando a las Doulas, me vienen a la mente las palabras que les repito a mis hijos. Y, lamentablemente,  estoy segura de que el concepto de buena persona NO está entre tanto estudio y tanta formación universitaria.
Porque una buena persona respeta al prójimo, dialoga, conoce, habla, se informa de primera mano, no emite falsos testimonios ni pretende quitar del medio a quien, como puede, ejerce una vocación (tan digna como otra) y además, en algunos casos, se gana algún dinero (tema personal que, en todo caso, concierne a los recaudadores de impuestos).

Estoy convencida de que todas las matronas que habláis de las malas prácticas de las Doulas, que comentáis cosas que NO hacemos (hay Doulas que sí actúan con malas praxis, que acompañan partos sin matronas y otras cosas que se salen de nuestro ámbito de actuación, pero tienen nombre y apellidos y son ellas quienes deberían de ser denunciadas si fuera el caso) no conocéis personalmente a ninguna ni habéis estado en ningún parto junto a una Doula. Estoy segura de que habláis de oídas y desde el miedo, estoy convencida de que necesitáis encontrar chivos expiatorios para poder llevar esta situación de falta de trabajo que, como a muchos colectivos, os está afectando.

Pero ¿realmente crees que somos las Doulas las causantes de que haya matronas sin trabajo?

Volviendo a mis hijos, uno de ellos recién terminada su ingeniería tuvo que quedarse a trabajar en París (bastante más lejos que el lugar donde tú estás) fueron cinco años lejos de todo su entorno, familia, amigos… todo.  Pero yo no culpabilicé a otros profesionales por ello, sino acepté que la situación era la que era. Y en todo caso, sobre quien ha de recaer esa culpabilidad es sobre el Estado por no proveer a sus ciudadanos del derecho a un trabajo digno.

Al igual que muchas de tus compañeras, comentas también, con el ánimo de hacer dudar y desistir a las madres que busquen una Doula, que no tenemos suficiente formación para estar junto a una mujer en su proceso de maternidad, con lo que me demuestras claramente el desconocimiento de quiénes somos y qué hacemos. Además ¿tú sabes que estudios tienen todas las Doulas? Porque hay Doulas enfermeras, pedagogas, psicólogas, médicos e incluso matronas. 

Aún así, te voy a dar parte de razón, pero solo parte.
Porque para ser Doula que es necesaria una formación mínima en muchas materias y especialmente en algunas que a vosotras, las matronas, no os imparten en la Universidad. Tenemos una especial formación en inteligencia emocional ya que nuestra tarea se basa, especialmente, en un acompañamiento NO fisiológico, sino emocional a la mujer en un proceso especialmente vulnerable en todas y cada una de sus etapas hacia la maternidad.

Mira, tengo amigas que son matronas y que están a favor de las Doulas. Lo cierto es que no son muchas pero haberlas haylas. Y estoy casi segura de sois muchas más las que estaríais a nuestro lado y que manifestarías abiertamente vuestro apoyo si no fuera por el miedo a que, desde vuestro propio colectivo os señalaran con el dedo. Porque así funcionamos. Por desgracia.

Como comentaba al inicio de esta carta, resulta cuanto menos gracioso que ahora las matronas también hacen “acompañamientos” a las madres. Y mira que me ha llamado la atención este nuevo concepto dentro de la matronería porque, desde lo que yo sé, la matrona es la persona cualificada para atender fisiológicamente a la mujer en un proceso de embarazo y parto normal, pero de eso a acompañarla… pues, permíteme que en la mayoría de los casos, lo ponga en duda.
Porque cuando en un hospital hay veintisiete (27) partos en una mañana, el que una matrona esté junto a una mujer acompañándola, escuchándola, permitiéndole que se manifieste en sus necesidades sin juzgarla, sin presionarla, sin meterle prisas… es, sinceramente, una utopía.  Porque las matronas estáis aceleradas, porque apenas tenéis tiempo para respirar, porque no podéis permitiros un sosiego… y porque alguien desde arriba os están presionando para que cumplan unos tiempos. Y realicéis una maniobra de Hamilton, una rotura de bolsa,  pongáis un gotero de oxitocina, incluso una maniobra de Kristeller y terminéis con una episiotomía…  eso sí, dentro del tiempo estipulado.
Quizás el concepto que tenemos de acompañar y respetar en el parto, no sea el mismo.

Desde mi experiencia quiero decirte que he estado en partos hospitalarios junto a matronas y la colaboración ha sido fluida y gratificante y que quien ha salido beneficiada ha sido la madre. Y su bebé, quienes deberían ser el principal leit motiv tanto de matronas como de Doulas.

En fin, podría estar dándote un montón de razonamientos, un montón de explicaciones y de detalles. Pero no quiero que esto se convierta en un ataque por mi parte a un colectivo al que siempre he admirado, al de matronas. Y creo que lo voy a dejar aquí, pero antes quiero invitarte, al igual que a todas tus compañeras que nos temen y nos atacan, a que asistáis un parto con la presencia de una Doula, a que emprendáis un taller para embarazadas con la compañía de una Doula. Que os quitéis esos miedos y que, con la mano en el corazón, sintáis que como mujeres con un interés común tenemos mucho camino para recorrer.  Y el sendero se recorre mejor en agradable compañía.

Sin acritud, te envío un abrazo amoroso y sanador. De Doula.” 

Concha. Amamadoula.

martes, 4 de marzo de 2014

E X P E R I E N C I A S





No suelo leer libros sobre biografías pero reconozco que algunas de ellas me han  apasionado.  Saber cómo han vivido otras personas, cómo han resuelto en condiciones más o menos límites, cómo se han enfrentado a momentos de dolor y cómo han gozado con sus minutos de alegría… Cómo en el trascurso de sus vidas han hecho acopio de amistades, unas que pasaron sin pena ni gloria, otras más intimas que han permanecido a través del tiempo y cómo ha habido algunas relaciones más efímeras pero que a pesar de todo han dejado un halo que brilla con luz propia allende el tiempo. 

Lo bien cierto es que algo bueno que le puede suceder a una persona es ser consciente de todo cuánto la Vida le ha ido aportando a lo largo de su existencia. Y no menos cierto es que, cuanto más larga sea ésta, mayor cúmulo de experiencias tendrá en su haber y mayores habrán sido sus posibilidades de crecimiento.  No en edad, sino en sabiduría.

Es en estos últimos años de mi vida, es cuando más consciencia estoy tomando de cuánto ocurre a mi alrededor.  Ha habido muchos cambios personales, una búsqueda irrefrenable me ha conducido a mirar hacia dentro, a indagar, a averiguar quién soy y hacia donde quiero ir. Y si bien he tenido que enfrentarme a mis sombras y a mis fantasmas, como si del túnel de los horrores de cualquier feria se tratara, aquí y ahora puedo decir que he salido airosa.  Incluso vencedora.

Así, en momentos de encuentro conmigo misma, pienso en cuántas cosas he aprendido, en cuántas experiencias tengo para poder contar y para poder transmitir especialmente como mujer y como Doula. Porque en este tiempo presente y cada vez más, se suceden llamadas, encuentros, situaciones en las que hay mujeres que acuden y piden apoyo, opinión, consejo… y ya no exclusivamente sobre temas de embarazo, parto, lactancia y/o crianza, sino circunstancias cotidianas en las que estas mujeres necesitan escuchar otra voz, otras palabras que, o bien refuercen su sentir, o bien les hagan tocar otra realidad.

Un día, hace algunos años, decidí que escribiría mis experiencias, y así lo estoy haciendo desde que realicé mi primer acompañamiento como Doula aún sin saber que lo era, hasta este momento en el que, delante del ordenador, intento ordenar mis pensamientos. 
Y como he plasmado en algunas líneas anteriores, ya no solamente lo que como esta figura de acompañamiento me está llegando, sino todo lo relacionado con las mujeres que, de una u otra forma, se cruzan en mi camino dejando esa estela casi invisible cual sutil y brillante baba de caracol…

Estoy segura de que muchas de las personas que tengo a mi alrededor no me conocen en absoluto, porque de esta otra vida es algo de lo que no suelo hablar. Conocen a la mujer normal que va al mercado, a la pescadería y al horno.  Que está enamorada del mismo hombre desde hace más de cuarenta años, que adora a sus hijos, que atiende a una madre anciana y que está como loca con sus nietos.  Que algún domingo se va a la montaña. Y que de vez en cuando, hace algún que otro… cursillo.  
Es más, para las personas que sean seguidoras de este blog mío y lean todas las entradas que publico, será más sencillo hacerse una idea de cómo soy e incluso lleguen a conocerme mejor que esas que tengo más o menos cerca pero desconocen la otra realidad de mi existencia.

Por coherencia personal, por respetar el derecho a la intimidad, por cumplir un código de honor como Doula, no puedo contar algunas experiencias maravillosas que me han dejado el corazón henchido y el alma plena. De la misma forma que mantengo en silencio situaciones duras, tristes, solemnes por el dolor y que he de resguardar cual triste tesoro en mis entrañas.

Pero a veces me cuestiono si no es realmente una lástima que todo esto se pierda, que no pueda compartir la oportunidad de aprendizaje que la Vida me brinda en este continuo caminar.  Que todo lo vivido y aprendido gracias a los seres que han caminado conmigo durante los años que el destino me ha preparado, se quede oculto por el silencio y se vaya conmigo el día que me marche.

No sé, quizás sean los últimos acontecimientos vividos los que me están llevando a hacer esta reflexión. Unos hechos ocurridos que me han sumido en tristeza y me han vuelto a mostrar la vileza que albergan algunos corazones. No es algo que me ha sucedido a mi directamente, sino a uno de mis hijos, por tanto lo vivo en carne propia. Y es quizás por ello que al pasar por mi mente la película de esta historia, con su principio feliz y su triste final, haya recapacitado. Y me haya dado cuenta de cuánto tendría para contar…

En fin, de nuevo reflexiones en voz alta.  Seguiré escribiendo mi bitácora de viaje mientras siga el rumbo, la mantendré a buen recaudo para que no salga a la luz, pero no descarto la posibilidad de que, algún día -cuando sea anciana-  pueda hacer como alguna famosa o “famosilla” que han escrito sus memorias y se han forrado… 

Aunque siendo sincera y con la mano abierta sobre mi corazón, no es eso lo que más me importa,  porque si bien el dinero permite vivir con cierta tranquilidad, lo que a mí realmente me proporciona paz es tener la conciencia tranquila en la seguridad del trabajo bien hecho, de llevar una vida digna, con honestidad y de algún modo, al servicio de quien me requiera.

Con Amor.