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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 26 de mayo de 2014

Naturaleza, Sabiduría y Magia.



Desde el club de senderismo al que pertenezco, Ardillas, se había preparado un fin de semana en un lugar en la provincia de Castellón en el que yo, hacía tiempo,  había estado comiendo y que recordaba como un paraje especial.

Quiero decir que cada vez suelo fiarme más de mi intuición. Un fuerte pálpito, un convencimiento interno,  me dijo que tenía que ir esos dos días. Marido no vendría ya que ese domingo coordinaba él la subida al Aitana.

Así es que tan pronto salió publicada la revista, me apunte para pasar sábado y domingo en la Masía Roncales, enclavada en el Parque Natural de Penyagolosa,  próxima a Villahermosa del Río, cerca del cauce del Carbo.

Éramos trece personas (doce más una, como decía la conductora del coche en el que yo me aposenté). Un bonito número para pasar el fin de semana en armonía.  Y aunque el tiempo pronosticaba lluvia, íbamos dispuestos a vivirlo a tope.

Nos recibió Maribel, quien junto a Jordi, su marido, llevan la masía, encargándose él de la intendencia y ella de las diversas actividades que programan. Para este fin de semana teníamos preparado un encuentro etnobotánico, donde aprenderíamos sobre árboles y plantas, y de los usos y costumbres, y tradiciones de la zona.

Tras bajar el equipaje, repartir habitaciones y tomar una infusión, o café quien lo prefirió, comenzamos a caminar bordeando la casa hasta alcanzar el cauce del río Carbo que, debido a la pluviometría tan baja en los últimos meses, apenas bajaba con agua.

Durante el trayecto, Maribel nos iba mostrando las plantas de la zona: árboles, arbustos, rastreras, herbáceas… las tocábamos,  las olíamos, intentábamos adivinar de qué se trataba y finalmente, nuestra mentora nos decía su nombre en latín, en castellano, en valenciano y nos hablaba de ella y de sus propiedades  o contraindicaciones.

Rosa canina, mentasco, llantén,  pino blanco y negro, sauce, saúco… interminables las especies vegetales que hay en esta zona. Cada dos o tres pasos  parábamos para reconocer o descubrir una nueva planta. Emborrachacabras, hierba viborera, colleja,  marrubio, nogal, cerezo, lechuga silvestre, ajedrea, salvia, ajenjo, enebro…


Vadeamos el río en varias ocasiones pudiendo disfrutar de sus aguas puras y cristalinas a pesar de la escasez del cauce. Estábamos tan entusiasmados que cuando nos dimos cuenta era hora de volver…


Jordi, con la ayuda de Vicky, la hermana de Maribel, nos había preparado unas deliciosas ensaladas con variedad de hortalizas y una estupendísima lasaña de verduras.  Disfrutamos de la comida y tras un momento de descanso, cogimos los apuntes que Maribel nos había preparado para comenzar la clase práctica…
  • Uso tradicional de nuestras plantas
  • Las mezclas
  • Las verduras silvestres
  • Socorrismo del terreno.
Me gustaría plasmar la atención que poníamos a las palabras de Maribel... yo me sentía emocionada pues además de estar ante algo que me apasiona como es la Botánica sentía que tenía ante mí a una autentica maga. 

Su sabiduría me dejaba absorta… cómo iba pasando de un tema a otro con total naturalidad, cómo se manejaba con libros, vademecums, imágenes, olores, sabores… la información era tanta y tan densa que, a media tarde, necesitamos salir a dar otro paseo. Y marchamos para seguir disfrutando en vivo y en directo de todo lo que la Madre Naturaleza nos regalaba… álamo, gordolobo, malva, malvaloca, malvavisco, trébol hediondo, sabina, boja blanca, rusco, boj, arce granatense, pino rojo…

En un momento dado nos paramos y nuestra conductora nos pidió un momento de silencio. Nos habíamos quedado sentados en unas lajas de piedra  que caían lateralmente sobre la montaña y que se veían duras y cristalizadas. Nos explicó a qué era debido este fenómeno y nos invitó a mirar al frente, donde un roble surgía, a modo de bonsái, de una grieta en la majestuosa pared vertical; al lado, le hacía compañía un pino blanco o halepensis que igualmente surgía de una grieta en la misma roca.


El espectáculo era grandioso, pero aún resultó más impactante al darnos cuenta de que en otro lado había una mole de piedra semejante a ésta… 
Estas moles de piedra eran unos guardianes. Maribel nos explicó que aquel era un lugar mágico, un pasillo de energías y realmente, yo podía sentirlas a juzgar por el erizón del vello de mis brazos.


La luz comenzó a decaer y volvimos para cenar y seguir con nuestra actividad.  Después de haber disfrutado de la buenísima cena que teníamos en la mesa, Maribel nos iba a averiguar nuestra planta tótem. ¡Uff!  Si hubiera podido medir mi emoción ahora podría dar una cantidad tangible ya que ésta aumentaba a cada cosa nueva que nos proponía.


En torno a la mesa y mientras le dábamos nuestra fecha de nacimiento, nos iba contando cosas que había aprendido en compañía de unos chamanes mejicanos. Hablamos sobre los duendes, sobre los Guardianes de la Naturaleza…Si hubiera habido silencio, se habría podido escuchar el latir de mi corazón.

Después,  mientras nosotros reposábamos la cena, cada cual haciendo lo que le placía, ella hizo sus cábalas y volvió con unos papelitos amarillos donde había anotado la planta que, energéticamente, acompaña a cada uno de nosotros. El gordolobo, resultó ser la mía, una planta por la que desde pequeña siento una especial atracción.

Nos subimos a la habitación donde iba a dormir en una cama de matrimonio con mi amiga Maru, a la que conozco casi 40 años y que por una “casualidad” también venía en el grupo de este fin de semana.  Tras unas bromas sobre quien iba a roncar más ¡eramos cinco mujeres y un hombre en esta sala! Apagamos las luces… pero yo no conseguía conciliar el sueño.


La información recibida que ya comenzaba a procesar, la emoción por lo que se estaba reactivando en mi alma, la ilusión puesta en lo que al día siguiente íbamos a hacer, me tenía sumida en un duermevela a pesar de haberme auto serenado con el Anclaje de Cook…

Despertamos pronto, el día era luminoso y el desayuno estaría preparado a las 9 horas, así es que tras el aseo me bajé en solitario al campo para contactar con aquello de lo que carezco en la ciudad… aire limpio, montañas a la vista, vegetación por doquier, trinos de gran variedad de aves… y en ese semi-silencio, en esa soledad acompañada en la sombra, comencé unos ejercicios de chikung que terminé con una tabla de tai chi. Revitalizada, así me sentía.

Apenas dejamos nada del generoso desayuno que nos ofertaban y especialmente disfruté con las rebanadas de pan tostado con aceite macerado de caléndula, con levadura de cerveza,  semillas de sésamo y calabaza por encima. ¡delicioso!

Nuestra anfitriona ya tenía la mañana organizada. Nos había hablado de una antigua mina de cobre donde se encontraban restos de mineral de malaquita con azurita ¡las piedras, otra de mis pasiones! Así es que ligeros de equipaje, la mayoría sin mochila siquiera, partimos por la misma senda del día anterior, vadeando el río hasta que llegamos a un lugar en que comenzaba un ascenso tan inclinado que me hacía ir a cuatro patas y asiéndome de los salientes de las rocas…


En un momento determinado creí que las piernas no me acompañaban, sentí un bloqueo… el miedo se apoderaba de mi (desagradable sensación que ya conocía y había experimentado en otras ocasiones de mi vida…) pero si algo maravilloso tiene este club de senderismo, es las personas que lo componen.  Enseguida, al darse cuenta de cómo estaba, Emi y Maribel (no la de la Masía, sino una de las coordinadoras de la actividad) se quedaron atentas a mis movimientos y poco a poco me fueron guiando, tranquilizando… indicando cómo debía caminar, cómo debía proseguir en el ascenso, cómo debía de respirar incluso… Especiales las palabras de Emi quien en un momento determinado me dijo mirándome a los ojos “tú tienes la energía, a ti te corresponde saber hacia dónde la diriges, tú eliges”  y aunque en esos momentos tuve unas terribles ganas de llorar, estas palabras fueron el determinante para seguir hacia arriba simplemente confiando…

Maravillosas las enseñanzas de la Vida si una está atenta a los regalos que nos presenta, porque el significado de lo que encerraban las palabras de Emi es lo que suelo decir a una mujer cuando realizo un acompañamiento, cuando está en un proceso de devenir madre, cuando se acerca el momento de su parto…

Y llegamos al final. Allí había un pequeño agujero que conducía a la sala principal de la mina pero a pesar de mi voluntad de hacerlo, no la visité. Estaba realmente agotada y las cuevas estrechas y oscuras siguen sin gustarme… así es que junto a mi amiga Maru, esperamos a que fueran saliendo quienes habían entrado para comenzar el descenso, al que yo temía tanto o más que a la subida.

Otro Ángel de la Guarda se puso a mi lado para el descenso, en esta ocasión era Silvia, experta montañera de altura, quien me fue dando las indicaciones: ahora de espaldas, pon el pie en este saliente, no mires hacia abajo, cógete de mi mochila… y respira.  Y así, puesta mi confianza en ella, cuando me di cuenta estábamos en llano. Las piernas me temblaban y las lágrimas, ahora de emoción por la “proeza” realizada, asomaban a mis ojos. El aplauso que todos los compañeros me dedicaron,  hizo que al final, rodaran por mis mejillas…

Era casi mediodía y el cielo comenzó a oscurecerse. Y los truenos a sonar. A pesar del paso ligero, la lluvia nos alcanzó de pleno y la mayoría llegamos a la masía calados hasta los huesos. Pero la maravillosa sensación de sentir al agua caer encima, de limpieza energética y de sentir cómo me iba revitalizando, me llevó a agradecer a la madre Naturaleza que en ese momento derramara tan preciosa agua sobre mi cuerpo.

En la masía, nos encendieron la chimenea para que entráramos en calor. Nos cambiamos de ropa y bajamos a comer… por la tarde íbamos a continuar con la teoría.

Pero antes, mientras terminaban de preparar la mesa,  aún me aguardaba otra emocionante sorpresa: quien quisiera podía compartir con ella una lectura de auras… y de nuevo mi corazón se disparó porque, aunque yo sabía en qué consistía, nunca había tenido la oportunidad de estar presente en un acto como éste...

Y volvimos a dar buena cuenta de los manjares que nos habían preparado y que no voy a describir para evitar que comencéis a ensalivar, pero baste decir que la calidad de las materias primas, el gusto  y el amor con que estaban preparados los alimentos también contribuyeron a que nuestro cuerpo mortal recargara salud y vida.

Maribel sacó una caja donde tenía oleomacerados, tinturas, ungüentos, cremas, pomadas… y nos enseñó las diferentes técnicas para prepararlas.  Los usos de cada una de ellas, cómo utilizar el alambique, las mezclas entre las distintas plantas… Creo que pasé un tiempo sin pestañear y no digo sin respirar porque estoy escribiendo esto ahora.

Con esta clase práctica completaba la información que nos había estado proporcionando en horas anteriores: cómo recolectar, cómo secar, cómo extraer los principios activos, en qué época del año, de qué forma respetar la vida a través de las plantas...

Y puesto que tanta actividad mental comenzaba a embotar nuestras cabezas, salimos de nuevo al aire libre pues ya había parado de llover, con el ánimo de recolectar unas flores de un árbol cercano…

El saúco estaba exultante con su floración y unos pocos de nosotros nos acercamos a Maribel quien nos explicó, según la ciencia chamánica, cómo comunicarnos con el ser vivo que teníamos delante en forma de árbol y pedirle permiso y darle las gracias por las flores que nos cedía…
Y mientras recolectaba, sentí la vida fluir por mis venas, fue otro de esos momentos mágicos…

La tarde avanzaba y preparamos nuestra despedida, pero Maribel aún quiso obsequiarnos con otra sorpresa: preparó en una deliciosa tempura las flores del saúco recién recolectadas y, estando todavía calentitas, dimos buena cuenta de ellas regándolas con un delicioso licor espumeante a base de saúco también.  ¡Manjares de dioses, sin duda! Dulces, sabrosas y crujientes, las flores de este árbol nos proporcionaron otra fuente de energía para volver a Valencia dando por concluidos así estos dos días de Naturaleza, Sabiduría y Magia.



Cuando nos presentamos al llegar, le dije a Maribel que era Doula y su cara se iluminó ¡ella sabe lo que es una Doula! Porque ella sabe lo que es el parto como proceso de vida, desde la toma de consciencia, porque su hijo fue uno de los primeros bebés nacidos en Acuario de forma natural hace más de treinta años.


Y es que ella tiene esta fuerza vital porque está conectada con la Naturaleza, con la Vida… Ella sabe de nacimientos, de alimentación sana, de plantas y potingues, de ciclos lunares y de estrellas, de duendes y de guardianes de la Naturaleza, de auras… y de muchas más cosas. Es una chamana, una mujer sabia. Estoy convencida de que en otros tiempos de ignorancia la habrían querido quemar en la hoguera…

Gracias por todo lo compartido. Gracias por lo aprendido. Gracias a la Vida que me sigue dando tanto…





lunes, 19 de mayo de 2014

Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetado


No soy muy “amiga” de las celebraciones especiales y multitudinarias por una causa, máxime cuando se trata de algo que nos corresponde por derecho.

Esta semana, del 19 al 25 de mayo, se celebra la Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetado, cuando el parto, el nacimiento, es un hecho fisiológico que debería de ser SIEMPRE respetado.

La violencia obstétrica existe. A pesar de las recomendaciones de la OMS y de la Estrategia de Atención al Parto Normal, siguen habiendo protocolos que no se cumplen, personal que no termina de aceptar los cambios, sanitarios reticentes a no hacer lo que ellos saben (o quieren seguir haciendo) sin mirar qué es lo que la mujer desea.

Así es que mientras estas cosas sucedan, no tenemos más remedio que, al menos durante una semana al año, unirnos y alzar nuestras voces, porque PARIR ES PODER.


sábado, 17 de mayo de 2014

Maternidad responsable y consciente.



 Acudí a una charla sobre Maternidad consciente que daban unas matronas, una de ellas de parto en casa y dos de parto hospitalario, con las que he coincidido en alguno de mis acompañamientos en el hospital donde trabajan.
La verdad es que, además de buenas profesionales,  como personas son encantadoras, respetuosas y abiertas. Un lujazo poder compartir con ellas tal y como están las cosas…
Vinieron bastantes mamás embarazadas, y algunas que no lo estaban pero que venían en búsqueda de información, de otro tipo de información…
Por regla general, las mujeres suelen estar deseosas de contar sus experiencias, tanto si han cumplido sus expectativas o han sido partos que han dejado una huella traumática.
Así, una madre comentó que escogió parir en uno de los hospitales en nuestra Comunidad donde supuestamente se respeta el parto, que estaba bien informada, segura de ella misma, confiada… y terminó en una cesárea tras pararse las contracciones al poco del ingreso y permanecer así más de dos días. Insistía en que ella está convencida de que hubiera podido parir y todavía, después de dos años sigue sin entender qué pasó…
Otra mujer comentó que, tras una inducción con la consiguiente cesárea con su primer hijo, después de cinco años parió de forma natural y en casa a su segundo bebé…

Las primíparas que venían con un montón de preguntas, fueron asimilando las experiencias personales que las mamás compartían.  La matronas, cada cual desde su postura de parto hospitalario o en casa, iban aportando información y respuestas a las preguntas que les hacían.

Tras debatir, una de las madres con un niño de 2 años,  preguntó qué hacer para ser la auténtica responsable de esa maternidad consciente…

Habría aportado muchas cosas, pero no era mi momento, pues yo había estado allí la semana anterior para hablar de las Doulas. Aún así, con el permiso de las matronas para poder expresarme hice unas anotaciones desde lo que mi experiencia me está aportando.  Pero, no me quedé ahí… le he dado vueltas tras hablar esta mañana con una compañera Doula que me ha llamado para solicitarme una información…

Estoy convencida de que las cosas no pasan porque sí, creo que lo que nos sucede nos aporta experiencia para darnos cuenta y aprender lo que de ella debamos.

En este tema de la maternidad, el embarazo es el final de una transformación que culmina en el parto, pero anteriormente al embarazo hay un proceso que para muchas mujeres pasa desapercibido… la toma de conciencia de la maternidad que se avecina se ha de hacer antes de quedarse embarazada, porque todo tiene su momento, todo tiene el tiempo justo y necesario para esa toma de consciencia…  el parto culmina el proceso de gestación y la lactancia materna está, en muchas ocasiones, relacionada con todo lo anterior. Y es bueno hacerlo con el consenso de la otra parte, porque luego vienen las sorpresas, las diferencias de criterio en cuanto a educación y crianza. Diferencias que en muchas ocasiones dan pié a discusiones y conflictos que no favorecen el sano desarrollo de la recién creada unidad familiar.

Cierto es que la sociedad ha cambiado mucho, el concepto de familia se ha ampliado porque la realidad nos lleva a varios tipos de familias. En este momento, las mujeres se plantean ser madres –de la forma que sea- con relativa cierta edad. Quiero creer que llegan a ello con pleno conocimiento de lo que supone la maternidad pero en el día a día, puedo constatar que no siempre es así.

Yo respondería a la pregunta de esta madre, que la maternidad responsable y consciente comienza en el momento en que una mujer piensa en ser madre. A partir de ahí, se activan unos mecanismos que la van haciendo receptora de unas señales para que las vaya integrando. De repente, se da cuenta de cuántas embarazadas se cruza por la calle, de que los bebés –que apenas llamaban su atención- la atraen de una forma casi irresistible. Algo está sucediendo…

Mi mayor referencia para cuanto hago es la Naturaleza, la propia Vida. En ella me fijo y en ella me baso para aceptar muchos conceptos que por intangibles se me escapan…

Son varias las teorías de cómo se produce una fecundación,  no a nivel fisiológico solamente. Pero yo no voy a entrar en ellas porque forman parte de un espacio personal y de creencias.
Pero sí puedo decir que es algo realmente maravilloso, que es un acto simple en el cual toman parte muchos protagonistas…  El hecho de concebir un hijo es de por sí un milagro de la Vida al que tristemente apenas se le da importancia y que ya forma parte de esa maternidad responsable y consciente.  En determinado momento se elige ser madre y se ponen todos los medios para ello…

Aclaro que no dejo excluido al padre, o a la pareja del tipo que sea. Voy a centrarme en la mujer porque ella es la que gesta, la que pare, la que amamanta… pero quiero insistir en que debe de ser una responsabilidad compartida con la pareja escogida.

Volviendo a mi patrón basado en la Naturaleza, ésta es tan sabia que nos concede DIEZ MESES LUNARES para que el bebé se desarrolle en el cuerpo de su madre, y a pesar de que no es suficiente tiempo para la maduración física y neuronal de la personita que va a nacer,  sí lo es para que la gestante tome conciencia de qué está sucediendo dentro de ella… y qué es lo que se le avecina.

Es un tiempo para sentir, para parar, para reflexionar… Para conectar con una misma y para establecer conexión, especialmente, con ese diminuto ser que está creciendo dentro. Tiempo para dejar aparcado los agobios, los miedos, las ansiedades… Tiempo para abandonarse al proceso que se está produciendo, para confiar en el propio cuerpo que está gestando y en el bebé que va a nacer…

Mes a mes, día a día, se van produciendo unos cambios preciosos que en la misma medida que la madre los vive, los vive su bebé intrauterino. La felicidad y los miedos, la tristeza y la ansiedad… todo le llega, todo lo vive, todo le afecta.
Nueve meses para preparar el parto. No es un tiempo de quedarse fuera, de no interiorizar… son momentos de preparar el nido exterior, no solamente la habitación con todos los cachivaches que se cree se va a necesitar, no solamente los armarios y cajoneras llena de ropita y cacharros que luego resultan inútiles.  Hay que preparar el NIDO… y el único nido que un bebé recién nacido necesita es el de su madre.

Desde esta toma de conciencia, desde la comprensión de que lo único realmente necesario para esa criatura es una madre serena y entregada, con unas emociones estables, con una información de lo que está pasando y de lo que va a pasar en el momento del parto, las posibilidades de que éste se desarrolle con normalidad, son más altas.
Aún así, voy a incidir en algo que siempre comento a las mujeres a las que acompaño: no es oportuno hacerse expectativas de cómo será el propio parto porque hay que aceptar que todo no se puede controlar, que hay algo superior que hace que la situación se desarrolle como deba de ser para la experiencia personal de esa mujer y de ese hijo. Su responsabilidad consiste en procurarse una preparación integral, holista, en la que cuerpo-mente-alma sea una unión libre de cargas…

Porque la realidad es que, como una mujer llegue al momento del parto sin haberse involucrado en lo que ha trascendido en su cuerpo, el tiempo se le ha agotado. 
Porque ya no es el momento… ahora el bebé ha decidido nacer y el cuerpo de la madre ha de estar receptivo al tsunami que se va a producir tanto a nivel físico y hormonal,  como emocional.  Ha llegado el tiempo de aparcar miedos, sombras, temores adquiridos o heredados, falta de información… porque ahora hay que estar al cien por cien con el bebé que llega…

Vivimos tiempos donde la información  está al alcance de cualquiera pero hay situaciones en la que, personalmente, creo que es más dañina que, beneficiosa.  Muchas madres hacia el final del embarazo se empapan de partos maravillosos, de nacimientos en el agua, de mujeres que paren y son grabadas para difundir sus partos por la red como si de una película se tratara… y esa NO es la realidad, no la de todas las mujeres.  Es la de la mujer que ha parido de tal forma, NO la de cada una.  No la tuya.  Porque cada mujer parirá como tenga que hacerlo.  Por eso yo suelo decirles que mirando tanto nacimiento lo único que consiguen es hacerse unas expectativas que, si luego no se cumplen, no le aportarán más que frustración.

Vivir el parto abandonando la mente racional, sentir que la vida pasa a través tuyo, acompañar a tu bebé en cada momento, significa estar contigo y con él, con nadie más.
Algunas mujeres están en el proceso y chateando, conectadas a las redes sociales y retransmitiendo su parto, pendientes de todo cuanto pasa en el hospital, en la sala de dilatación… no diré yo a cada una qué es lo que debe de hacer, pero conociendo la fisiología del parto (algo en lo que insiste Michel Odent) sabremos que si no se desconecta una parte… no es fácil conectarse con otra.  Así de sencillo sería si se supiera que una mujer pariendo no necesita interrupciones, no necesita manipulaciones, no necesita salirse de ese momento para que su cuerpo-mente-alma no se desestabilice.

Pero la realidad es que no sucede así. Y hay partos realmente traumáticos. Y lo triste es que se sigue buscando culpabilidad fuera en vez de buscar la responsabilidad dentro.
Las matronas comentaban que ellas no pueden hacer más de lo que hacen, que corresponde a las mujeres ser las responsables de su parto y llegar a él conscientes de a lo que se enfrentan. Porque una vez en el hospital, poco se puede hacer más que estar y actuar de la forma que precise la situación.

Volviendo a la charla, se comentó que ante un primer nacimiento que ha dejado una huella traumática, hay que hacer una sanación de esas heridas para que los próximos partos no se vean afectados… y es cierto. Pero lo primero de todo es ser consciente de que existe esa herida porque de lo contrario, si se sigue culpabilizando a los demás (personal sanitario, pareja, familia, etc) de lo sucedido, difícil va a ser asumir la parte de propia responsabilidad que ha conducido a ese final. E insisto, como en cualquier otra situación, lo primero para sanar una herida es reconocerla.

Escribo, como siempre hago, desde lo que la experiencia y la Vida me van enseñando porque intento caminar con los ojos y el corazón bien abiertos.
Cada persona en su vida tiene un camino a recorrer y está en su libre albedrío elegir la mejor forma.

Como Doula acompaño a la mujer en este camino pero no soy quien para cambiar sus más íntimas emociones desde esta postura. Otra cosa es que ella pregunte, indague y pida colaboración para asimilar de mejor forma estos cambios que se están produciendo, estos cambios que la maternidad aporta desde el momento de la concepción, desde el momento anterior a la fecundación…

Espero haber podido transmitir la idea central de esta exposición: la maternidad responsable y consciente comienza en el momento de la concepción y no termina… nunca.




martes, 13 de mayo de 2014

Yo NO soy una INTRUSA




Parece que de vez en cuando necesitamos llamar la atención para hacer notar que existimos. No estaría mal si detrás de esta actitud no se escondieran sentimientos…infames.

Ante la próxima salida en TV de la nueva edición de “Bebé a bordo” han comenzado las campañas de acoso y derribo contra las Doulas.  O se han reiniciado, porque terminar no habían terminado.

Manifiesto tras manifiesto, las matronas (y voy a hablar generalizando, como cuando se refieren a las Doulas) nos acusan de intrusismo y quieren hacer ver a la población  todo para lo que ellas estás preparadas…


De entrada quiero decir, por puro convencimiento, que la matrona ES la persona a quien corresponde la atención al parto normal.  Lo digo y lo repetiré hasta la saciedad. Pero de ahí a hacernos creer que es la “persona preparada para acompañar a la mujer a lo largo de todo su proceso reproductivo” pues la verdad es que sigue habiendo un gran trecho.

Y aunque no es la primera vez que lo menciono, y como parece que las palabras de una “simple Doula sin titulación académica y sin actividad laboral reconocida” caen en saco roto, voy a recordarlas, poco a poco… una a una.

Quiero aclarar que me voy a referir a procesos fisiológicos normales porque para las patologías, ya están los médicos.

Vamos a comenzar por la menarquía, o sea, la primera menstruación que tiene una mujer.  Como proceso fisiológico es algo normal, alejado de la enfermedad y por tanto, de la necesidad de tratamiento añadido. Como proceso sociológico-cultural, dependiendo de dónde se viva, de la cultura y de situación familiar, se integrará y se vivirá de una forma.  Considero que corresponde a la madre, o en su ausencia a las mujeres de su entorno,  preparar a la hija para este momento, llamando a las cosas por su nombre, desmitificando y dándole el valor que tiene el entrar a través de este hecho en la vida reproductora activa de una mujer. Por tanto, no veo yo lo que una matrona puede hacer en este caso…

Durante el embarazo, pues sí. A ellas les corresponde pesar, tomar la tensión, medir, hacer los volantes para las distintas pruebas, dar fecha para una nueva cita, hablar de los beneficios de la epidural, decir a la madre cómo ha de ponerse para parir y cómo ha de respirar para no ahogarse cuando llegue el momento. Momento que, por otro lado, ella no verá al ser la suya una atención primaria de poco más de 10 minutos, con mucha suerte.  Y con esa misma suerte, puede que sea la misma matrona que en la próxima ocasión visite a esa madre embarazada. Pero eso si… quieren hacer creer que en ese tiempo pueden escuchar sus miedos, pueden atender a sus cientos de preguntas, pueden responder y proporcionar información complementaria a lo que por norma se cuenta y que algunas mujeres solicitan… pueden hablarle de los hospitales de zona, de sus protocolos. También pueden estar con ellas y abrazarlas todo el tiempo que necesiten hasta que esos miedos, esas dudas hayan desaparecido… y por supuesto, puede quedar con la madre embarazada para ir a su casa, cuando ella lo necesite, aunque solo sea para tranquilizarla con su presencia. Y hacer todo esto en su horario familiar, y gratis.

En el parto, sin duda la matrona es la persona preparada y a quien corresponde la atención activa (no el acompañamiento pasivo) desde que la mujer de parto entra en el hospital hasta que sale de él con su bebé en los brazos. 
Todas sabemos que un proceso de parto normal NO tiene horarios y necesita ser respetado para que todo fluya con normalidad. Mientras el bebé esté bien, la mujer va a necesitar un tiempo, un momento íntimo, una situación del entorno que le sea propicia. Una ausencia de manipulación, de medicalización, de comentarios fuera de situación, de voces ajenas, de personas extrañas y en teoría, a la matrona también debería de corresponderle este cuidado, estando con la mujer a su lado, atendiendo sus demandas, escuchando sus miedos, aclarando sus dudas… resumiendo, estar con ella desde que llega hasta que, al menos, el bebé está en sus brazos y en la habitación… Pero, ¡oh dioses! El sistema sanitario lo tiene montado de otra forma, porque la verdad es que a la mujer que entra a un reconocimiento, una vez separada de su persona de confianza, la suelen dejar sola.  Si el proceso de parto ha comenzado, la llevan a la sala de dilatación sin apenas información de cómo está, o con una información técnica que la mujer no entiende… y donde permanece con su acompañante quien, en la mayoría de los casos tiene tanto susto y tanto desconocimiento como la mujer que va a parir. Pero se queda, eso sí,  con un timbre en la mano para que, si necesita algo, llame a la matrona que está fuera atendiendo otros partos o en la salita haciendo lo que tenga que hacer.
Conforme el parto avanza, en ocasiones las mujeres son ignoradas, acalladas, en ocasiones… ninguneadas.  La matrona está sometida a una situación de tensión y no puede perder el tiempo escuchando los sollozos de la mujer que tiene tumbada delante con las piernas abiertas… ¡haberlo pensado antes! Es una de las respuestas habituales o ¡cuando lo estabas haciendo sí que te gustaba!  Es otra frase que se ha repetido con excesiva frecuencia.
Con un poco de suerte también, la madre escuchará la radio… con las noticias o con la música escogida por el personal del paritorio. Y escuchará también conversaciones banales con lo que se quedará muda, como me decía el otro día una madre al contarme su parto…

Y no es que yo dude de que una matrona pueda hacerlo de manera respetuosa y atendiendo a las madres en sus necesidades (no lo puedo dudar porque he visto a matronas maravillosas atender con todo su amor y disposición) sino que, vuelvo a insistir, el sistema exige una productividad, exige que se cumplan unos tiempos, unos plazos…  porque el nacimiento es un negocio.

En el posparto, ya sea inmediato o tardío, una mujer recién parida acude a revisarse los puntos de la episiotomía (que siguen practicando en un montón de hospitales), para ver cómo llevan el sangrado, para preguntar si el bebé mama bien, para hacer la prueba del talón… pero ¿Cuánto tiempo invierte escuchando a la madre en sus más íntimas emociones? ¿Cuántas escuchan sin minimizar la posible frustración de una madre al no haber tenido su parto deseado?  ¿Cuántas durante este tiempo maravilloso de escucha pueden detectar una posible depresión pos parto? ¿Cuántas prestan su atención y su servicio a una madre sea cual sea el momento que lo necesita?

Durante la lactancia,  por supuesto que también una matrona está preparada para ello, pero ¿con las horas de lactancia materna que aprenden durante la carrera?  ¿Con la información, actualización y reciclaje que por cuenta propia emprende una minoría de ellas?  Es un dato comprobable el bajo número de estas profesionales que acuden a formaciones, talleres, congresos de formación y actualización en lactancia materna… Durante todo el tiempo que he estado en un grupo de apoyo a la lactancia y durante los años que he estado en un voluntariado en un hospital público, podría enumerar los casos en los que las lactancias se han ido al traste “gracias” a los consejos de las matronas... 

Durante la menopausia sucede un poco como en la menarquía.  De la misma forma que un día comenzamos a ser reproductivamente fértiles, llega el día en que dejamos de serlo. Y no es un proceso patológico, sino algo normal. Y según como se haya vivido en las mujeres del entorno, en la familia… y cómo la propia mujer lo integra, es algo que se ha de pasar y vivir. Y sentir.  No voy a negar que la información de lo que puede suceder es necesaria e importante para cuando llegue el momento, pero desde el entendimiento de que es un proceso fisiológico normal.  Y si se fuera de las manos por ser patológico a causa de hemorragias, miomas, tumores, etc. correspondería al ginecólogo el tratamiento adecuado.
Y es que siendo honradas ¿cuántas mujeres pre menopáusicas acuden a consultar a su matrona del centro de salud?  ¿Cuántas –si las hay- han recibido ese apoyo emocional, quizás el único que se puede necesitar cuando una descubre que ya no volverá a ser madre?

Estas situaciones de atención son en un sistema de salud público.  Que yo sepa, y si me equivoco que alguien me corrija, en la sanidad privada la matrona está a la orden del ginecólogo-obstetra, son sus subordinadas.  NO conocen a la mujer hasta que ésta se pone de parto o como mucho en la última visita para tomar unas notas de rutina.  No hay consulta como tal, no existe la atención a la mujer en unos procesos que se consideran normales ¿van a invertir tiempo y dinero en unas profesionales para que escuchen a las mujeres hablar de sus reglas, de sus partos, de sus lactancias, de su menopausia? Lo lamento, pero eso NO es productivo…

Quizás alguien piense que exagero, pero esta ES la cruda realidad en el sistema sanitario español. Y creo que las matronas deberían de ser conscientes y sinceras respecto a sus posibilidades reales.   
Otra cosa es la situación de las matronas de parto en casa, que cada vez hay más.  Otra cosa es que estas matronas, por su cuenta, monten centros y espacios donde atender a la maternidad en sus distintos procesos. Otra cosas es que las matronas, al margen de su formación tecnológica y fisiológica, adquieran herramientas y formación emocional para poder estar junto a las mujeres de forma respetuosa y empática.

Así es que disculpadme que insista, pero YO NO SOY UNA INTRUSA.  Porque no atiendo partos, porque no hago el seguimiento físico de una mujer embarazada, porque NO estoy preparada para ello, porque NO quiero estarlo, porque sigo reconociendo el trabajo de la matrona dándole el lugar que le corresponde y que, por cierto, ellas se dejaron arrebatar hace bastantes años.  Y porque mi acompañamiento, como Doula, para lo que me he preparado y me preparo día a día, va mucho más allá del proceso fisiológico de la reproducción y el nacimiento.

Pero que no pretendan “cargarse” (palabras textuales de alguna de ellas) a las Doulas porque no lo van a conseguir. Porque el fenómeno Doula es algo imparable. Porque, para algunas mujeres, las Doulas SÍ somos necesarias.

Y no quiero terminar sin comentar el vídeo que han sacado unas matronas  (algunos hombres, curiosamente en una profesión tradicionalmente de mujeres) al terminar su residencia.  Creo que se han lucido, que se han  cubierto de gloria… espero y deseo que esa actitud de chiste con la que han puesto letra a la música de J.L. Guerra no sea un mal presagio de cómo se van a comportar al ejercer la profesión tan digna que han escogido porque, pobres de las mujeres que caigan en sus manos.  Y me da igual que ahora se quiera quitar hierro desde el corporativismo más absoluto... para ello, a las pruebas me remito.

Nota del día 15/05/2014  a las 15:41 h  
RETIRO EL VIDEO por respeto a las personas que en él aparecen.  Deseo que este incidente haya servido para que TOD@S nos cuestionemos si esto no es una lucha por el poder...

El otro día, me preguntaban una vez más por qué, a mi edad, ando metida en estos lares.  Y siempre respondo lo mismo: para que cuando llegue el día, si mi nieta -mis nietas, porque en breve vendrá otra niña a mi familia-  deciden ser madres, tengan a su lado a una profesional informada, amable, comprensiva y respetuosa y que, si además, quieren tener a su Doula, puedan tenerla desde la colaboración y el respeto personal que es lo que, al fin y al cabo, toda persona merece por derecho propio.

A pesar de pertenecer a varias asociaciones y colectivos de Doulas, estas palabras corresponden absolutamente a mi sentir.  No es la voz de nadie ajeno, es la de mi corazón que palpita…