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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 27 de octubre de 2014

Doulas: individualidad, grupos, asociaciones




Me desenvuelvo bastante bien entre las redes sociales y cada vez voy conociendo a través de este medio a más compañeras Doulas. Cada una desde su entendimiento, decide hacerse ver bien a través de un blog, de una web, de facebook… y de esa forma nos vamos “conociendo”, enterando de cuántas y quienes somos.

Ser Doula no es una profesión reglada ni homologada, eso lo sabemos todas. Y ello da pie a que cada cual ofrezca en sus formaciones aquello que le resuena o aquello en lo que se mueve según sus creencias. Y sinceramente, esto está haciendo mucho daño al colectivo antes de que podamos conseguir un reconocimiento oficial. Porque hay una gran confusión, porque no se tienen las limitaciones claras, porque se están mezclando conceptos y actuaciones en cuanto a lo que es ESTAR acompañando a una mujer.

Dando una vuelta por ahí, por el mundo virtual, veo a Doulas que se ofrecen como terapeuta florares, como facilitadoras de Reiki, como renacedoras,  como reflexólogas, añadiendo a su curriculum tantos cursos y títulos que desvirtúan lo que realmente es una Doula. Porque sinceramente y desde el corazón, una Doula como tal NO necesita nada de esto.

No voy a decir que desestimo estas terapias y otras más, no lo haré porque yo, como Concha en mi vida íntima y particular, recurro a ellas cuando es necesario. Pero como Doula  no voy ofertándolas en mis acompañamientos.

Cuando las Doulas salimos de la formación y según la línea que ésta haya seguido, estamos tan empoderadas que nos creemos con la potestad de ir sanando a toda mujer que acuda a nosotras… y no negaré que yo también lo he creído y que en un momento dado así lo haya podido transmitir. Pero conforme pasa el tiempo y la experiencia me va curtiendo, soy consciente de la realidad cual es.

Y aunque sigo formándome en cualquier cosa que pueda considerar una herramienta,  tengo la consciencia de que lo hago para mi propio uso y crecimiento, no para venderme como Doula y para ofrecerlo a las mujeres, porque si soy y ejerzo como Doula… no soy más que eso. Con toda humildad y en voz alta lo digo.
Sé que con estas palabras puedo crearme enemigxs, es algo de lo que soy consciente y a lo que estoy acostumbrada por decir lo que siento, pero ha llegado el momento de decir basta a tanta  parafernalia, a tanta iluminación, a tanto endiosamiento… a la hora de decir que somos Doulas. Porque lo nuestro es dar apoyo y acompañar. Y para ello no se necesita apenas nada, más que ser conscientes de cuál es nuestra función y desde donde la realizamos.

Repito hasta la saciedad que confío en que la unión hace la fuerza, así que apenas terminada mi formación como Doula, me inscribí en un listado de Doulas que daría pie a un par de asociaciones a nivel nacional.
También y en cuanto tuve conocimiento de que en mi comunidad se estaba gestando la creación de una, pasé a formar parte de ella.

Llegado este punto me planteo cómo habiendo tantas Doulas hay tan pocas socias en asociaciones legalmente constituidas, teniendo la sensación de que se huye de colectivos donde encontrar apoyo y respaldo, donde conseguir información y recursos.  Y tras un intenso análisis he llegado a la triste conclusión de que si voy a mi aire, no me tengo que comprometer con unos estatutos y con un código ético… con lo que puedo hacer Reiki, danzar a la luz de la luna, invocar a los espíritus, hacer sanaciones y terapias de todo tipo… y nadie me controla, nadie me puede decir nada porque no tengo ningún tipo de compromiso ni de cumplimiento mínimamente deontológico…

Parece que estos días se ha reanudado la caza de brujas sobre las Doulas, este eterno debate que solo tiene lugar en nuestro país, que solo se comprende desde el desconocimiento y el temor infundado a la pérdida de competencias y por ende, del trabajo de un colectivo que para mi, merece todos los respetos y que además considero el más apropiado para acompañar a las mujeres, en los procesos de nacimiento y especialmente en el terreno fisiológico: el de matronas.

Siento que me enfrento a molinos de viento, que me embarco en historias de caballería  al defender aquello en lo que creo y al intentar transmitir a estas profesionales: que no nos han de temer, que no somos su competencia, que nos somos intrusas y que como yo, hay bastante Doulas que estamos en estrecha colaboración trabajando, aportando y debatiendo para dignificar esta figura de mujer que ha existido siempre y que puede estar codo a codo con cualquier otro profesional. Pero creo que para ello hemos de cambiar conceptos, aclarar ideas e ir con la cabeza bien alta, sin nada que esconder y desde donde nos puedan conocer como lo que somos, mujeres que ACOMPAÑAMOS a otras mujeres, mujeres Doulas.




jueves, 23 de octubre de 2014

El PARTO de Carol, nacimiento de Noah.



Algunas de las mujeres a las que acompaño quieren dejar su testimonio para hacer constar que su decisión fue tomada libre y conscientemente. Y para que otras mujeres sepan que no están tan solas…
Gracias, Carol, por el privilegio de haber estado –de estar- a tu lado y darme la oportunidad de seguir aprendiendo como mujer, como madre, como abuela… y como Doula. Este ha sido un perfecto trabajo en equipo. 


En mi segundo embarazo contacté con una Doula porque en mi primer parto no me había enterado de lo que me hubiera gustado enterarme, había sido medicalizado, intervenido.  Y en esta ocasión quería parir a mi hijo de forma consciente y sin medicación alguna.
En el centro de salud que me correspondía no encontré una profesional que me gustara y tampoco sabía si podría atenderme emocionalmente cuando lo necesitara… y en el hospital, me tocaría una matrona totalmente desconocida y con la que tampoco sabría cómo me iba a relacionar.
Quería una persona a mi lado con quien hablar siempre que me apeteciera, quien me escuchara sin juzgarme, quien me gratificara con su presencia en el momento la necesitara. Quien apoyara mis decisiones y me facilitara la información complementaria que iba necesitando. Sin consejos gratuitos y sin ánimo de salvarme de nada…
Mi decisión fue en todo momento informada, consciente y respaldada con el apoyo de mi marido.
Este es el relato de mi parto, del nacimiento de mi hijo Noah.
Carol Castillo.

 “Sentir, eso es lo que yo quería en mi parto, en el nacimiento de mi hijo Noah, y así fue.

En Septiembre del  2012 mi hermana hacia unos días que había tenido a su segunda hija, Alba María ,  y yo estaba con bastante dolor de riñones
Unos meses antes me había hecho un seguro privado porque tenía claro que quería parir en un hospital, que aunque no fuese de la seguridad social me respetasen a mí y a mi futuro hijo, entonces  decidí irme al hospital privado a que me dijesen porque tenía ese dolor de riñones. Me hicieron varias pruebas, un test de embarazo y me llamaron estando en la sala de espera para dame resultados. A la consulta pasamos mi marido, mi hijo Eric y yo y ahí nos dieron la noticia.
-¡Enhorabuena, estas embarazada!

Nuestra cara fue un mapa, sobre todo la de mi marido, no pensábamos que me quedaría embarazada tan rápido pues solo hacía un mes que me había bajado la regla desde mi último embarazo. No lo esperábamos, aunque una vocecilla dentro de mi me decía que es posibilidad ahí estaba y por ello el dolor de riñones, no me había parado a escucharla hasta que la médica nos comunico la noticia.
Se me fueron todos los males y comencé a conectar con mi niño. ¡Feliz, muy feliz!

El embarazo fue muy bueno, hice todo lo que me apetecía aunque ya me había planteado como sería cuando parí a Eric .Quería contratar a una doula y sin decir nada a nadie quedé con la que tenía previsto para ser acompañada, para cerciorarme de lo que yo quería…
Una vez hablé con ella me quedó más claro que ella estaría presente en mi embarazo pero todavía no sabía si estaría en el parto.

Hablé con Alejandro y tengo que decir que su reacción fue más positiva de lo que yo esperaba. Su respuesta fue que si era lo que yo quería, adelante.  Se lo dije a mi hijo, hable con él.

Los días pasaban y mi tripa crecía con mi pequeño dentro, de vez en cuando le hablaba  pero todavía no notaba sus movimientos.
Quedé con mi Amama, mi doula. Era la segunda vez que quedaba con ella, esta vez ya empezaríamos a hablar de sentimientos, momentos, sensaciones, dudas… de mi hijo.

Yo seguía sintiendo, de eso fui muy consciente, tenía claro que no quería perderme ni un minuto, y así lo sigo haciendo a fecha de hoy.

Llegó un día sobre los cuatro meses de embarazo que decidí con quien quería estar el día que mi hijo decidiese nacer y sería en compañía de mi Amama, quería que ella me acompañase a seguir el camino y que mi marido y mi madre estuviesen apoyando y cuidando de Eric mientras yo ayudaba a Noah a nacer.

Durante el embarazo yo hablaba mucho con  Eric, le explicaba muchas cosas sobre Noah, y le avisaba cada vez que se movía. El me ponía la mano, arrimaba su cara, me daba besos en la barriga… era como que estaba conectando con su hermano.

Las reuniones con mi Amama me daban más fuerza, le explicaba muchos de mis sentimientos y ella me respondía con sus conocimientos como doula, eso tengo que decir que me hizo crecer como mujer a parte de cómo madre y mujer que va a parir. Gracias a toda la conexión que tuve en mi embarazo y a resolver dudas que se me planteaban he comprendido muchas cosas de la vida, me siento más mujer, más madre, más hija, mas persona.

Recuerdo que lloraba estando embarazada, era como que las lágrimas salían de dentro porque me desbordaba toda la energía y alegría que había en mí.

Casi todo el embarazo me lo pasé sentada tipo india, las clases de preparación al parto con Carmen Maria, la matrona de Benimamet también me ayudaron, aparte de ayudarme en el parto me ayudaron en la relación con mi marido… en situaciones nuestros estados de ánimo nos pasaron factura. Él venía conmigo a todas las clases que podía y fue perfecto porque habían muchos papas y Carmen María siempre sabe sacar lo bueno que hay en uno mismo.
Esas clases eran diferentes a las que yo había asistido en mi anterior embarazo. A mí me ayudaron muchísimo porque fisiológicamente había cosas que no me había planteado y cada espacio de duda que habitaba en mi era resuelta por ella. Era un apoyo más para mí.

Miraba a mi alrededor y todo lo veía perfecto, incluso lo no perfecto era perfecto porque no era perfecto. Estaba tan en mi planeta embarazo que se me pasó ir a la matrona, a los controles de embarazo, dos veces pero me daba igual, sabía que todo estaba perfecto sin que nadie me lo dijese.
Se acercaba la fecha del nacimiento y mis últimos encuentros con Amama fueron más intensos todavía si cabe, yo estaba radiante y feliz aunque mi barriga ya pesaba y empezaba a aflorar el cansancio.  A ella también se la veía feliz por yo estar feliz.

El martes 28 de mayo según los médicos, yo salía de cuentas. Estaba en la semana 40. Días antes había estado en el hospital para que me pusiesen las correas, yo sabía que no tenía contracciones pero me apetecía ir a esa revisión, quería oír fuerte el corazón de Noah. Me apetecía.  El hospital era el de Manises, donde decidí que pariría.

El fin de semana anterior a la fecha prevista de parto había estado conectando con Noah, diciéndole que me faltaban pocos días para estar preparada y comencé a hacer la maleta para cuando tuviese que ir al hospital.

La noche del martes se puede decir que no dormí, me encontraba rara pero todavía no estaba segura de estar de parto y decidí descansar el miércoles. Mi vecina Vicky me había dicho que mi otra vecina Marta había llegado muy cansada al parto y yo quería llegar con las pilas cargadas. Llevé a mi hijo Eric a casa de mi madre, y me quedé en casa durmiendo, descansando y comiendo  que era lo que me pedía el cuerpo. Ese día me empecé a dar cuenta de que el momento se estaba acercando, comí dulce, salado, agua, coca cola, fanta, chocolate. Me apetecía comer de todo.

El miércoles por la noche dormí algo mejor, esa fue la última noche que solo dormiríamos los tres con Noah en mi barriga y la recuerdo perfectamente. Eric durmió en medio de Alejandro y mío. Esa noche dormí algo mejor, pero no del todo bien. Jueves, estaba más cansada, y Eric también se quedó ese día con los abuelos, su papá lo llevo por la mañana antes de irse a trabajar. Por la mañana tenia contracciones, tenía claro que Noah estaba a punto de nacer pero solo hice que dejarme llevar durante todo el día, comí, dormí, bebí  y sobre todo lo que me apetecía era estar sola.
Por la tarde recuerdo que ya no tenía hambre, no quería comer nada, solo beber agua.                                              
No sabía cada cuánto tenia contracciones pero pensé en coger la pelota que me había dejado mi madre meses antes y que había utilizado no demasiadas veces. Ya no podía estar tumbada en la cama. Cogí la pelota y empecé a saltar con las caderas bien abiertas pensando en  Carmen María y como yo creía que mi cuerpo más se abriría para ayudar a Noah a nacer.        
Fui al wáter muchas veces, supongo que sería resultado de todo lo que había bebido.

A las 19:45 h decidí llamar a mi Amama y  mientras hablaba con ella para informarle tuve que parar porque me vino una contracción, dejé el teléfono en la cama y baile de lado a lado con la pelota. No sé con quien estaría ella pero oí como decía:     
-¡Esta noche no duermo yo!

Cuando se me pasó,  cogí el teléfono de nuevo y seguí hablando con ella. Me preguntó que cada cuanto tenía contracciones y en ese momento supe al 100% que el parto había comenzado de verdad. Cogí mi diario y anoté la hora de la contracción pasa saber cada cuanto las tenía.

Llame a Alejandro, mi marido. Me dijo que había recogió a Eric y se iba a dar una vuelta al Centro Comercial y le dije que ni se le ocurriera y que viniese para casa, lo necesitaba ya en ese momento.
Seguí con contracciones, no sé cuantas tuve más y llegó Alejandro con mi hijo Eric.
Eric se había dormido, lo llevó a la cama y le dije que apuntara la hora de las contracciones. Yo ya estaba en el comedor con la bendita pelota ¡qué bien me vino! no se qué tal lo hubiese pasado sin ella.
Alejandro se puso cómodo, y empezó a anotar cada cuánto tenia contracciones.
Yo en la pelota apoyándome en la mesa de centro del comedor, Alejandro  túmbalo en la cheslonge, jugando a un juego en el móvil, tan tranquilo, y yo con mis contracciones y ya comenzando a pensar en flores que se abrían, sobre todo flores rojas,
Me duché, tuve un par de contracciones en la ducha. No sé cuánto tiempo estuve en la bañera , pero decidí salir , Alejandro me secó los pies y volví a mi pelota rosa. Eric seguía durmiendo.
No sé qué hora sería, era ya 30 de Mayo y los días alargan mucho, todavía era de día. Llegó mi Amama, pude hablar con ella y se puso manos a la obra. Montó mi altar, apagó las luces y puso dos velas, la pequeña y la grande, cerró las cortinas y acabó de acondicionar lo que yo necesitaba. Entonces me sentí llevar todavía más…

Creo que mi Amama seguía “controlando” mis contracciones, no sé ni cómo, ni si las apuntaba… y desde ese momento floté más todavía.
Ella me hablaba cuando lo necesitaba sin yo decirle que lo necesitaba, no recuerdo que me decía pero sé que era como mi “Pepito grillo” al que yo había elegido durante todo mi embarazo sin darme cuenta cómo Noah quería nacer.
Sentí que ella en algún momento también escuchó a Noah...
Me masajeó, me abrazó, me tapó, me destapó, me dio agua, me dio todo lo que necesitaba, mientras tanto mi marido acudía de vez en cuando al salón para ver si todo seguía bien y darnos cuanto necesitaba.  Tengo que decir que con él tuve todo lo que de un hombre en esos momentos se puede dar, su apoyo, su comprensión, respeto, saber estar, tranquilidad y sobre todo un padrazo que se ocupo de nuestro hijo Eric todo el tiempo que yo no pude hacerlo.

Recuerdo que Eric se despertó con una de mis contracciones que cada vez eran más sonoras.  ¡¡AAAAAAA!! Creo que debió asustarse porque estaba llorando desconsolado. Alejandro lo cogió, lo trajo al salón y Eric me miró, no sabía lo que le pasaba a su madre y lo vi desconsolado. Le dije que a Alejandro mientras tenía a Eric en brazos que me lo acercara para cogerlo, yo seguía subida en la pelota y lo cogí en brazos. Mientras tenía a Eric en brazos le expliqué como pude que Noah nacería y que si quería irse a dormir a casa de los iaios, nunca se había quedado a dormir aunque esta encantadísimo con ellos y le encanta estar en su casa pero en ese momento creo que lo entendió y quiso quedarse con ellos. Tuve una contracción con él en brazos después de haberle explicado como pude lo que pasaba. La contracción fue una ola. Abracé a Eric y el a mí y allá que saltamos la ola los tres. Después Alejandro se fue con Eric y yo seguí en casa con mi Amama. Notaba como Noah seguía  su camino hacia la vida.
Alejandro volvió, me dijo que Eric se había quedado muy contento y que estuviese tranquila y me seguí dejando llevar más todavía.
Empecé a oír sonar el teléfono de casa pero me daba ya todo igual, Alejandro se encargaba de ello, yo solo hacía que mi canto con mandíbula abierta, mi movimientos en la pelota, mis bailes con movimientos de cadera, alzando manos para llegar a los mas alto… y bebiendo agua, mucha agua.
Fui al wáter muchas veces a hacer pis, entre contracción y contracción era como si tuviese que darme prisa en hacer todo lo que quisiese para poder bailar volando en las contracciones.

En uno de los bailes me acordé del grupo de Energia de mis mujeres, un grupo de watshap que había creado semanas antes con las mujeres que habían acudido al ritual que hice en mi casa y de las mujeres que yo quería y pensaba que podrían aportarme energía para cuando me pusiese de parto. Las recordé mirando a las velas que me había encendido mi Amama en casa, velas que miraba cada vez que abría los ojos después de cada contracción subida en la pelota y cogiéndome a la mesa de centro. Cogí el teléfono y les mande un mensaje. El teléfono estaba en silencia pero supe que todas se ponían manos a la obra, con energía para Noah y para mí. ¡Noté tanta, tanta energía!

Pensé en mis abuelas como un pensamiento rápido Y seguí dejándome llevar. Recordé el collar que habíamos preparado una semana antes entre todas pero la cabeza se me iba hacía Noah.

Me di cuenta de que era de noche. No sé ni cómo se hizo de noche me hubiese gustado ver el atardecer pero cada vez tenia más rato los ojos cerrados para dejarme llevar por mis visiones. Cuando cerraba los ojos recuerdo ver las flores, flores rojas, no sé qué clase de flores eran pero Vanesa me había enviado un video que lo visualice en las contracciones muchísimas veces. Vi también un coche rojo de carretas que tiene Eric en casa de mi suegra. 
Días antes había visto un documental de las Maldivas en el que salían unas playas con el agua cristalina.  Pensé en esas playas y yo bañándome en ellas. Vi un jaguar negro corriendo por la selva, vi papel de plata arrugándose antes de entrar al paritorio y por mi cabeza pasaban visiones pero sobre todo tenía muy presente que mi cuerpo se abriera para recibir a Noah.

Hubo un momento en el que las contracciones eran más fuertes todavía, la pelota se me quedaba pequeña, me tiré al suelo a cuatro patas, empecé a tener frío, calor de todo, Amama me arropó con una manta pero me levanté y me la quité porque tenía la sensación de llevar un saco de patatas en la espalda…

Me recordaron que tenía que ir al hospital pero mi cuerpo quería seguir allí, y así lo hubiese hecho pero no había nadie que me pudiese atender en el parto.  Por fin me animé a ir al hospital porque vi que como pasase más tiempo no llegaría.  Amama intentó ponerme unos pantalones pero fue imposible, me puse una chaqueta roja con el camisón y salí al patio, llamamos al ascensor y dentro de él mientras bajábamos al garaje vino la contracción, me cogí a la barra del ascensor y mientras estaba saltando la ola se abrieron las puertas.

Subimos al coche, creo que serian sobre las 23h del día 30 de Mayo, yo en el asiento de delante, Alejandro conduciendo y Amama detrás. El hospital está a 10 minutos de casa pero el viaje fue lo peor, tuve que salir que mi estado en casa para subir como a una montaña rusa, y odio las atracciones. Llegamos al hospital, Amama entregando los papeles mientras Alejandro aparcaba y yo con más contracciones, alguien me dijo que si me quería sentar en una silla de ruedas y conteste creo que gritando:
-¡NOOOOO!

Mientras Amama entregaba los papeles recuerdo que me cogí al mostrador de recepción del hospital deseando que me llevasen donde fuese pronto para poderme tirar por el suelo, saltar, bailar y seguir en mi mundo.

Fui andando hacia los paritorios, otra contracción me vino a la entrada, entre Alejandro y mi Amama me sujetaban de los brazos y me tire al suelo a cuatro patas mientras la matrona o no sé quien era me esperaba  diciéndome que me tomase el tiempo que necesitase.  Las puertas abiertas del paritorio y allí me tiré al suelo, en la entrada, a cuatro patas, hasta que salté la ola. En esa contracción es donde vi el papel de plata arrugándose.

Entré en los paritorios, la matrona me dijo que me cambiara para reconocerme en el potro y le dije que por favor no me hiciese sentarme, ¡Ooootra contracción! Me cambié y me reconoció. Días antes me había caído de una silla y llevaba un hematoma en el culo, la matrona lo vio y me pregunto si me había caído, y como pude le contesté. Tras reconocerme me dijo que estaba de 8 cm y andando y bailando, tocando tierra me fui a la sala de dilatación.

En la sala estaba con mi Amama,  me pusieron vía y antibiótico porque el estreptococo lo tenía positivo, ahí no recuerdo demasiado, sí recuerdo que en una de las contracciones estaba cogiéndome a la cama en cuclillas apoyando las rodillas en una almohada, pedí el gas para ver si las contracciones eras más soportables, la matrona me lo trajo, intente aspirar pero eso era imposible, mi mandíbula quería abrirse y con ese gas y sujetando el tubo con la boca no podía y lo lancé. Noté que la bolsa se estaba rompiendo y vi líquido en la almohada bajo mis piernas. Me hicieron subir a la cama para hacerme tacto a ver qué tal iba y romperme la bolsa, pero la bolsa se había roto. Me puse a cuatro patas, me decían que levantase el culo pero ya me partía de dolor. La matrona dijo que fuésemos al paritorio allí, me senté con las piernas pegadas al pecho y apreté, oía voces pero solo me escuchaba a mí, tantas cosas me decían que creo que no hice caso, sentía como apretaba algo dentro de mí, presión, fuerza, mucho dolor, pero un dolor bueno, difícil  de explicar, recuerdo que mi Amama me cogió la cara para que la mirara y me dijo “Noah ya está casi aquí”.

La matrona me dijo que le tocase la cabeza y con dos empujones más Noah salió, creo que eran las 00:30h del día 31 de Mayo , lo cogí me lo puse pegado a mí, llore, exploté, me desbordé , y sentí, sentí la mayor de las drogas que genera el cuerpo que jamás he sentido, nadé en felicidad. No sé ya quien había en la habitación, minutos antes había llamado a Alejandro y no sé en qué momento entro. A Noah lo cogieron para ponerle un poco de oxigeno con la mascarilla durante unos minutos, vi como Alejandro estaba al lado de él sin quitarle ojo. Salió la placenta, cogí a Noah y no me despegué de él... Cuando lo pegué a mi buscó mi pecho, lo cogió y exploté de alegría, sentí que todo estaba bien, todo.

Me desgarre un poco, la matrona me cosió. Estaba temblando, no podía parar de temblar pero estaba tan feliz! Mi Amama me dijo que su trabajo había terminado, le mire a la cara y me sentí orgullosa de haberla elegido. Alejandro me hizo una foto con ella y con mi hijo Noah. Le di las gracias, ella me dio las gracias a mí y al personal del hospital y se fue.

Yo estaba rebosante de oxitocina, se me salía hasta por los poros más minúsculos de la piel. Estaba deseando que me dejaran sola con mi hijo y su papá.
Nos llevaron a una sala de dilatación, allí me revisaron las constantes, la tensión la tenía bastante baja 3-6 y me pusieron un gotero. Empecé a tener hambre de nuevo mucha hambre y ganas de levantarme para ir al servicio. La enfermera me dijo que tendría que esperar a que el gotero que me habían puesto para subir la tensión me la regulara, no sentí en ningún momento mareo, ni nada por el estilo.
Noah seguía pegado a mí.
Por fin nos llevaron a la habitación 209, serian sobre las 3 de la madrugada el día 31 de Mayo, allí estaba mi madre,  ¡Qué ganas tenia de verla! , la mire y seguí sintiendo…

Eric estaba durmiendo con mi padre y Alejandro fue a por él para llevarlo a casa y dormir juntos para venir al día siguiente a vernos.
Esa noche no pude dormir, miraba a mi madre que de vez en cuando la pobre pegaba una cabezadita,  estaba deseando que llegase la mañana para que Alejandro y mi hijo Eric llegasen y poder estar también con ellos, no paraba de mirar a Noah,  toda la noche lo tuve encina de mí,  desnudos los dos y de vez en cuando las lágrimas inundaban mis ojos de más alegría dejándome llevar por todas las emociones que acababa de vivir y sigo viviendo a día de hoy.
Por la noche también cogí el móvil para comunicar a mis mujeres, mi tribu y alguna más como me sentía. Muchos me contestaron, otros ya dormían. En el grupo de la Familia tenía casi 400 mensajes por leer, menuda cháchara habían tenido todo el rato que el parto había durado. En el grupo de Energía de mis mujeres idem de lo mismo.
Al día siguiente Alejandro vino con Eric, entraron a la habitación y yo seguía con Noah en mis brazos, nunca se me olvidará la cara de asombro que puso Eric, al principio no reaccionaba mirándonos a su hermano y a mí, cuando reaccionó quería cogerlo.

De buena mañana , el viernes, vino mi Amama de nuevo, estuvimos hablando un rato para ver que tal me sentía, no recuerdo qué hablamos porque yo seguía en la nube pero me volvió a alegrar tenerla a mi lado y volví a sentir la buenísima elección que había hecho de elegir a una doula y sobre todo a ella.

Tuve la suerte de poder tener cerca a mi amiga Laura, ella es IBCLC,   el hada de Eric y pronto se convertiría también en el hada de Noah. Vino a verme, me trajo un regalo que había hecho con sus propias manos y me dio la enhorabuena, estábamos las dos contentas de que Noah mamaba bien...
El sábado Noah empezó a hacerme daño cuando mamaba pero por un lado estaba tranquila porque había dado a Noah sin dolor. Pensaba que ese día me darían ya el alta pero por las horas que había nacido Noah no me darían el alta hasta el día siguiente, teníamos pensado pedir el alta voluntaria pero decidimos esperar porque faltaba hacerle una prueba a Noah y lo estaban observando por el tema del estreptococo.

El domingo me dieron el alta, el primer sitio donde fuimos fue a casa de Laura, ella me hizo sentirme más segura, y corregimos posturas de amamantamiento. Un par de veces más a lo largo de la semana fuimos a su casa y al final unos días después de su nacimiento volvió a no haber ningún dolor en los pezones. Laura se había convertido en el hada de Noah también.

Quiero agradecer a mi marido su confianza en mí, su comprensión, todo el apoyo que me dio en muchos momentos y que nos sostenga a mis hijos y a mí cuando yo lo necesito.

A mi madre por su comprensión, por escucharme , apoyarme en todas mis decisiones por ayudarme a cuidar de mi hijo Eric cuando la he necesitado y por andar conmigo en el camino de mi vida siempre de la mano.

 A mi hermana, por ser mi hermana y estar a mi lado aunque sea en la distancia.

 A Concha, mi Amama Doula, por hacerme sentir más mujer todavía, por enseñarme y dirigirme a escuchar las voces de mi interior que sin ella no las habría oído y por acompañarme al destino que yo deseaba.

A mis mujeres, a todas las mujeres de Energía de mis mujeres por transmitirme energía cuando la he necesitado,  por compartir momentos y sobre todo aquella tarde de ritual, de vivencias tan emocionante. Gracias mujeres mis por respetarme en todas mis decisiones y ayudarme a conseguir mi sueño.

A mi tribu, a todas las mujeres de mi tribu que desde antes de que concebir a Noah han estado ahí con sus vivencias, sus experiencias, conocimientos voluntad y cariño.

A Carmen María, la matrona de Benimamet por ayudarme a conectar  también con mi marido aparte de con mi hijo y enseñarme como vivir determinadas situaciones emocionales y físicas con sus conocimientos de matrona y por permitirme compartir. Y porque aún sin pertenecer a ese centro de salud, tuvo la amabilidad de acogerme en su grupo.


Gracias por todo lo vivido y aprendido con vosotras. Me siento más llena cada día.


sábado, 18 de octubre de 2014

ABRAZAR a un drogadicto.



Me gustaría pensar que todas las personas tenemos nuestro lado bueno, además del lado oscuro que evidentemente también está. Y estoy casi segura de que alguna vez en la vida se hacen buenas obras sin ser conscientes.

No creo que yo sea especial en cuanto a cosas que todos hacemos a lo largo de la vida. Pero sí voy viendo que,  en más de una ocasión, se nos brinda la oportunidad de hacer algo… distinto y que el tema –quizás- sea ir con los ojos  ¡y el corazón! abiertos y aprovechar el momento.

Escribí hace unos días sobre unas amigas que dejaron de serlo por una tontería. Esto que voy a contar me sucedió una noche, estando con ellas. Estaba claro que lo que yo hice no encajaba en sus esquemas, pero ya estaba acostumbrada a ser la rarita del grupo.

Era invierno, un fin de semana de tantos y habíamos salido a cenar a un restaurante céntrico. Luego, como solíamos hacer, nos dimos una vuelta por uno de los barrios más de moda para tomar unas copas, un barrio antiguo y característico por su solera y por la mezcla de tribus urbanas que por allí se podía encontrar. El Barrio del Carmen, en pleno casco antiguo.

Íbamos caminando por la calle de los Caballeros, eje central de la zona. Como también era costumbre, los hombres iban por un lado charlando de sus cosas, y nosotras, las chicas, por otro, contando las nuestras y riéndonos a mandíbula abierta.

En un momento dado se acercó a nosotras un chico joven con aspecto de drogadicto, bastante deteriorado. Ellas, mis amigas,  muy disimuladamente se alejaron adelantando el paso… pero yo me quedé escuchando lo que me decía el chaval. Y aunque apenas le entendía,  sí pude saber que tenía hambre.
Me dijo que le diera una moneda para comprarse algo de cenar… o que se lo comprara yo, y me llevó hasta una tasca cercana para que le pagara lo que quisiera, ya que él no sabía cuánto me podía gastar…

Los maridos y el resto de mujeres se dieron cuenta de mi ausencia y se quedaron unos pasos por delante esperando a ver qué hacía... Y entré con él en el bar. Pidió un bocadillo de tortilla de patata y una cerveza, le pregunté si quería algo más y pidió un café con leche.  Me dijo que esa noche tenía hambre…

Yo estaba muy tranquila, en mi interior con ganas de llorar pues el muchacho sería de la edad de uno de mis hijos y cuando esta circunstancia se da, mi corazón se rompe pensando si este muchacho tendría madre…

Una vez hube pagado, salí del bar para reanudar mi camino. Pero vino detrás de mi ¡Señora! me llamó… ¿te puedo pedir algo más?  y le dije que me dijera, que si estaba en mis manos lo veríamos… y me dijo ¿me puedes dar un abrazo y un beso?… hace mucho tiempo que nadie me da uno. E instintivamente se lo di, sin pensar le abracé y le di un beso en la mejilla. El chico me dio las gracias y se metió en el bar para tomarse la cena…

Estoy escribiendo y aún recuerdo emocionada ese abrazo… tan cierto, tan auténtico…

Cuando llegué a donde estaba el resto de mi gente, casi me matan. Me dijeron de todo, que qué valor tenía, que me podía haber contagiado nosequé, que con lo sucio que iba… todos menos Marido, que se quedó callado mirándome con una sonrisa velada…
Yo ni les contesté, simplemente les dije que había hecho lo que había sentido. Y punto.

Al día siguiente se lo conté a mi hijo Manuel quien por aquella época frecuentaba aquella zona con cierta asiduidad. Le describí al chico en cuestión y me dijo que claro que sabía quién era. Me dijo su nombre y que trataba de un heroinómano bastante deteriorado… pero que era un chico que se “enrollaba bien”. 
“Eres de puta madre, mamá”  fueron las palabras que me dijo emocionado mi hijo al darme un abrazo…

Al cabo de un tiempo, Manuel me preguntó un día si recordaba a aquel chaval de la anécdota en el barrio del Carmen. ¡Claro que lo recordaba, cómo olvidarlo! “Pues ha fallecido de sobredosis… mamá, pero se habrá ido con tu abrazo”  Y lloramos los dos.

Quizás soy demasiado confiada, pero estoy convencida de que no hago nada del otro mundo, nada que no haría cualquier persona… cualquier madre que tenga hijos  y que vea un reflejo de ellos en todos los chicos.

Mis hijos han sido afortunados por tener un hogar, una familia, un entorno que les ha permitido ser quienes son. Pero hay muchos jóvenes en situaciones verdaderamente lamentables… y no voy a entrar si ellos se lo han buscado o no, voy al hecho de humanizar la coexistencia y ésta ha sido una pequeña aportación apenas sin importancia frente a grandes hazañas invisibles y calladas que suceden día tras día…


miércoles, 15 de octubre de 2014

El agradecimiento de unos padres




En bastantes ocasiones me han localizado como Doula de posparto, aunque no haya estado con la madre durante su embarazo ni durante su parto.
Me he encontrado con situaciones muy variadas, desde falta de información respecto al cuidado del bebé, de lo que es el puerperio a nivel emocional,  hasta auténticos problemas con la lactancia (que he derivado al profesional competente, mucho más cualificado que yo) pero la mayoría de las llamadas se han solucionado escuchando y reforzando el sentir de los padres.

Este es el caso de Leticia, quien vive en un pueblecito cerca de Valencia y a cuyo hogar he acudido en dos ocasiones.

Comparto esta carta con su permiso con el único fin de que si te encuentras en alguna situación que te desborda, te encuentras sola o no sabes con quien comentar tus desvelos, sepas que siempre habrá quien te pueda escuchar sin juicios, con información y con mucho cariño...

¡Hola Concha!

Hace tiempo que quería escribirte la experiencia que tuvimos cuando te necesitamos, pero siempre me pongo a hacer otras cosas! Así que ahí va...

Contactamos contigo a través de mi amiga Elvira., ella había tenida un parto natural y una lactancia muy buena con su niña, así que era un referente para mi, pues mis amistades no lo habían hecho o no me transmitían confianza.

Nuestra experiencia en el parto fue estupenda, la dilatación la pasamos en casa y cuando llegamos al hospital fue ponerme la epidural, una hora más de dilatación,  dos empujones y Ángela estaba con nosotros. Le hicieron la exploración mientras me cosían apenas un punto y enseguida la tenía en brazos. De camino a la habitación ya intentaba agarrar el pecho, así que la puse inmediatamente y parecía que se había enganchado bien.  El problema vino después,  mi marido y yo habíamos hablado largo y tendido de lo que haríamos: lactancia, cuna sidecar, piel con piel, mucho amor y cariño. A pesar de toda la información recopilada, las decisiones y demás,  no dejábamos de ser padres primerizos y las opiniones de nuestras respectivas madres nos abrumaban, con la consecuencia que las dudas nos venían a la mente. 

El tercer día de la lactancia el dolor de los pezones era insoportable y recurrimos a mi amiga Elvira quien nos recomendó hablar contigo. Al día siguiente ya estabas en casa, desprendías una paz y una tranquilidad que enseguida  nos relajamos ¡Fue maravilloso charlar contigo, despejar dudas y aclarar decisiones! Al fin y al cabo no lo estábamos haciendo tan mal… Realmente un alivio el hablar con una persona que te comprendía y que escuchaba sin interrumpir para dar su opinión ¡como venían haciendo las abuelas! Solo era una mala postura al amamantar y quedó solucionado inmediatamente.
Después continuamos con la lactancia estupendamente durante tres meses, hasta que sufrimos una crisis de lactancia,te volvimos a necesitar y acudiste de nuevo a mi llamada. Me encontraba tan agobiada con mi madre y sus opiniones que se me había olvidado lo que era una crisis. Nada más hablar contigo nos tranquilizamos y pudimos reanudar una lactancia maravillosa…

Tus palabras han sido valiosísimas para nosotras y, aunque continuo lidiando con mi madre, me lo he tomado de otra manera.

Recomiendo a todas las mujeres que tengan un acompañamiento por una Doula, sobre todo para sobrellevar mejor la maravillosa experiencia de ser madre.
Seguimos con una lactancia maravillosa ya hace casi ocho meses.
Muchas gracias por todo Concha.

Besazos de Àngela, Óscar y Leticia.



viernes, 10 de octubre de 2014

¿Genética o Plan de Vida?



Esta mañana dispongo de unas horas para estar en casa. Hacia medio día vuelvo a la clínica donde me espera Marido para permanecer junto a él hasta que llegue la tarde cuando le practicarán un cateterismo para desatascar una arteria coronaria.
Unos días en el hospital dan para pensar mucho, las horas pasan muy lentas, la sensación de inutilidad me bloquea, sentir miedo y poner buena cara me agota.
La mente se me desbarata y se va por derroteros incontrolables y las preguntas afloran porque, desde mi parte humana y racional, necesito respuestas ¿por qué a él?

Marido ES una persona muy sana, física y emocionalmente. Su infancia fue feliz,  su madre ha sido una matriarca amorosa, atenta y complaciente, su padre muy buen hombre.  Fue amamantado hasta los cuatro años, vivió en tribu, con sus hermanos, sus tíos, sus primos…
Desde sus catorce años es montañero, no ha sido de salir de farra por las noches ni de ir de copas… sus hábitos son saludables, no ha fumado nunca, no es bebedor –excepto alguna copa de buen vino en las comidas- no come en exceso ni toma grasas, come verdura y fruta… su actitud frente a situaciones adversas es muy positiva, difícilmente se enfada y se ríe mucho.
No ha tenido una profesión en la que haya ejercido un esfuerzo físico aunque sí ha estado en puestos de cierta responsabilidad. Y a pesar de que la vida le ha golpeado con dureza en más de alguna ocasión, ha sabido llevar las situaciones con templanza.  
En fin, más de cuarenta años junto a él dan para conocerlo bien y saber cuánto vale convivir a su lado.

Marido se jubiló laboralmente, como profesor, hace tres años recién cumplidos los 63. Y a poco su salud comenzó a mermarse… aparecieron indicios de azúcar en sangre y la tensión, que siempre había tenido muy baja, comenzó a dar niveles demasiado elevados. Y empezó a tomar la medicación apropiada y que lleva controlada en su medida.

Parecía que sus hábitos, a lo largo de los años vividos, debían de ser un seguro de vida… en cambio termina de pasar por una angina de pecho, un síntoma cardiovascular, un aviso de que algo en su corazón no estaba bien… y a pesar del susto, bendito sea porque nos ha puesto sobre aviso de algo que desconocíamos.

Decía que la mente comienza a buscar razones… y me planteo hasta qué punto la genética influye más que los hábitos, que la voluntad…

El padre de marido tenía una enfermedad coronaria. Murió de un infarto de miocardio recién jubilado, con 67 años.
Su madre, una mujer a la que adoro, tiene desde hace bastante tiempo, diabetes tipo II e hipertensión…
Y estos son los tres elementos que ahora, siendo consciente,  están influyendo en la salud de Marido.

He leído mucho sobre repetir patrones de los seres a los que amamos, los que nos han dado la vida… y a través de la experiencia -propia y ajena- puedo constatar que así sucede. De una manera inconsciente, se da aquello de amo tanto a mi madre (o a mi padre) que me parezco a ella hasta en desarrollar esta enfermedad equis…

Pero por otro lado está la epigenética, los cambios en las costumbres y pensamientos que pueden influir en la salud,  los cambios de hábitos alimentarios, etc, etc… factores que me sugieren una mejora de la raza humana, que me llevan a creer que podemos rechazar aquello que estaba en nuestros progenitores pero que no queremos en nosotros, especialmente si se trata de enfermedades “hereditarias” y hábitos aprendidos…

Pero ahora, se me ha desmontado todo. Cierto que no soy experta en nada, que cuanto más sé menos entiendo… pero, insisto en que esta parte mía racional de la que no me quiero deshacer, busca una explicación a lo que le ha sucedido a Marido.

Recuerdo las fases de las que habla la Dra. Kübler-Ross en sus libros, y finalmente llego a la aceptación de que las cosas, simplemente, suceden. Porque toca, porque están en el Plan de Vida con el que venimos a la tierra.

Pido al Universo para que Marido se recupere bien y pueda volver a salir a la montaña, su gran afición, el motor que le mueve para disfrutar de sus días en esta tercera edad que le aproxima a un final certero, la montaña en plena Naturaleza, allí donde recarga su energía vital, donde se siente más cerca del Cielo…


jueves, 9 de octubre de 2014

El árbol de los amigos


Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.

Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar. Más otras apenas vemos entre un paso y otro.

A todas las llamamos amigas y hay muchas de ellas.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza a uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestra amiga mamá y nuestro amigo papá. Nos muestran lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos con quien dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Más el destino nos presenta a otros amigos los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino. A muchos de ellos, los denominamos  amigos del alma, del corazón…  son sinceros, son verdaderos. Saben cuándo no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.
Y, a veces, uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado amigo enamorado. Ese de brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.

Más, también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas. Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas. Algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud y prosperidad. Hoy y siempre…
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.
Habrá de los que se llevaron mucho, pero no habrá de los que no nos dejaron nada.

Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.


Atribuido a Jorge Luis Borges. No verificado.

viernes, 3 de octubre de 2014

Relación de SINCERIDAD y CONFIANZA.



Le estaba comentando mi forma de trabajar a una futura mamá que me había contactado sobre el tema del acompañamiento. Le decía que suelo entablar una serie de visitas –en función de la necesidad de cada mujer- antes del parto para conocernos bien y establecer, de esta forma, una relación basada en la sinceridad y en la confianza.  Esta chica se quedó un poco extrañada pero rápidamente comprendió el por qué…

Muchas mujeres se lamentan de que cada vez que van a su centro de salud hay una profesional distinta, llegando a visitarlas tres o cuatro personas desconocidas a lo largo del embarazo. Después, en el hospital donde paren, también se encuentran con personal que no conocen y con el que han de compartir algunas horas, añadiendo además los cambios de turnos si el parto se desarrolla arreglo al tiempo que cada mujer necesita para completar naturalmente el proceso.
Me comentan lo fría que es esta relación, que muchas veces no se atreven a decir cómo se sienten, a hablar, a expresarse por temor a que la persona que está enfrente no las entienda e incluso pueda llegar a reñirlas desde este desconocimiento a su carácter y necesidad.

La relación entre la Doula y la mujer acompañada se basa en ese tú a tú, en ese poder expresarse desde la absoluta seguridad de que va a ser escuchada sin ser juzgada, ni mal interpretada y muchísimo menos, amonestada.

Y para ello hemos de ser muy sinceras, ambas partes.

Entiendo que como Doula no me conciernen detalles personales pero sí puede ser interesante llegar a conocernos al máximo para que cuando llegue el momento del parto y compartamos juntas las horas necesarias, sepa yo interpretar sus señales y estar atenta y complaciente a sus necesidades. Y ella, la madre de parto, se pueda mostrar segura y con la intimidad suficiente generada a través de la confianza.

Por eso suelo hacer hincapié en estas premisas: confianza y sinceridad, porque facilitan el trato, porque de esta forma no hace falta hablar, porque una sola mirada es suficiente para saber si la mujer que está pariendo necesita un abrazo, o unas palabras de ánimo o simplemente quiere estar sola…

Cuando esta embarazada y yo terminamos de hablar, tras poco más de una hora de conversación,  me comentó que había oído hablar de las Doulas pero desconocía hasta qué punto este acompañamiento puede aportar a la madre serenidad basándose,  precisamente,  en la sinceridad y confianza que se produce en estos encuentros a lo largo del tiempo del embarazo.


Gracias por tu escucha y por tu comprensión, querida. Y por reconocer el trabajo que realizamos, aunque no sea algo "oficial".  Como tú, son cada vez las madres que se informan y deciden por quien quieren estar acompañadas en el nacimiento de sus hijas e hijos. Y te aseguro que para mí, VUESTRA elección es la que vale.