.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La señora Carmen y el tarot.




Que venimos a la tierra con un plan de vida, que las cosas suceden porque han de suceder, que nos toca pasar ni más ni menos lo que necesitamos para nuestra evolución… las teorías me las sé. Y es fácil, desde fuera, hablar y decirlo con ánimo de tranquilizar, pero una cosa es verlo en los demás y otra cosa es vivirlo…

Por aquella época, nuestra situación económico-laboral era muy delicada. Con tres hijos pequeños, el hecho de tener la nevera vacía produce una angustia que solo comprende quien pasa por ello. Y necesitas escuchar que todo va a ir bien,  que todo tiene un final.

Me hablaron de una mujer que "tiraba" las cartas. Siempre me ha producido cierta reserva este tema pues sé de buena tinta que, aunque es cierto que existen personas con facultad para ver más allá, también hay mucho charlatán y mucha gente aprovechada.

Pero esta señora parecía distinta, algo la hacía muy especial.
De entrada, vivía en medio del campo en un lugar cercano a la ciudad pero que yo ahora no sabría ni cómo llegar, en una casa sencilla, llena de recuerdos, sin luz eléctrica y donde ella, junto a su marido y sus perros, comían de lo que cultivaban. Trabajaba con baraja española y no cobraba por su servicio, pidiendo la voluntad a quien ella veía que podía.
Había sido enfermera durante muchos años en una zona de África donde conoció a su marido, un británico viudo y padre de cuatro hijos pequeños. Ella ejerció como madre durante todos los años que la vida les concedió para estar juntos.

A la primera visita me llevó una amiga, la que me había hablado de ella. La señora Carmen era inteligente,  habladora, abierta, te ofrecía lo que tenía…
Nos sentamos en un lado de la mesa del comedor cubierta de papeles y trastos. 
Consultaba siempre a las personas una a una, no quería interferencias. Mi amiga se quedó fuera mientras yo charlaba con ella.

Entre nosotras había una jarra con agua fresca, dos vasos, un bol con caramelos y las cartas de su ajada baraja española…
Me preguntó cuatro cosas, apenas le dije nada de mí, de los míos, de lo que me preocupaba… Y comenzó a hablar de sus cosas mientras barajaba. Me hizo cortar las cartas, descruzar las piernas... E hizo una tirada.

Yo no entendía nada pero me habló del trabajo de mi marido ¡del futuro trabajo!, de cada uno de mis hijos… 
Yo apenas decía nada, ella se reía y hablaba sin parar… hasta que se perdía. Y me contaba su vida en África, en el hospital donde había trabajado y comenzaba a divagar, su mente se iba… y de repente, se paraba en seco y me preguntaba que por donde iba. Y continuaba. 

Ahora me hablaba de mis padres, de algún miembro más de mi familia… y me contaba una historia de algún hijo de su marido, y volvía a la mía… y así hasta que me dijo que ya no podía decirme más.  Pero ya me lo había dicho todo… sin darnos cuenta había transcurrido más de una hora.
Entró mi amiga que estaba fuera, la señora Carmen nos contó varias historias de sus perros, le di algo de lo que mi voluntad me permitía y nos marchamos.

Durante la vuelta a casa apenas dije palabra, estaba asimilando hasta qué punto sería cierto todo cuanto ella me había dicho. Estaba en estado de shock. 

Solo se lo conté a una amiga que estaba en situación similar a la mía.  Llamó a la señora Carmen para ir a visitarla, para que le diera también un poco de esperanza. Y a riesgo de perderme por el camino, la llevé a su casa.
La saludé y como era conocedora de la condición de no estar presente mientras consultaba a otra persona, me quedé fuera jugando con sus perros y charlando con su marido.

El señor hablaba poco español lo cual me facilitó practicar mi inglés con él. Debía de haber sido un hombre atractivo en su juventud pues todavía era alto y conservaba el brillo en sus ojos azules. Era muy amable, hablaba lentamente para que pudiéramos entendernos. Le pregunté qué hacía el en África cuando se conocieron y me dijo que él había sido una especie de 007, había sido un agente secreto pero hacía mucho que se había retirado. Y no quiso seguir hablando del tema. Como mostré interés por las hortalizas que tenía plantadas, nos metimos en el campo de cultivo y me las fue mostrando: acelgas,  cardos, alcachofas… y me dijo que por esa época del año, solamente tomaba alimentos blancos: nabos, coliflor, leche… y lo cierto es que no llegué a comprender por qué.

Cuando mi amiga terminó, pasé a despedirme de la señora Carmen, tan risueña y tan amable como la había conocido un tiempo atrás… pero me dijo que estaba delicada de salud, que le dolía mucho el vientre…

Mi amiga y yo nos fuimos a casa cargadas de hortalizas recién cortadas: acelgas, cardos y alcachofas.

Por el camino, me compartió sus impresiones: ella estaba tan sorprendida como yo la primera vez que había ido. Ambas comentábamos hasta que punto serían ciertas las predicciones de esta buena mujer…

Yo no volví más a consultar a la señora Carmen, pero mi amiga sí que lo hizo y por ella me enteré que a los pocos meses, la señora Carmen había fallecido y el esposo había regresado a África donde estaban sus hijos.

Han pasado muchos años y lo cierto es que no sé a santo de qué hoy he recordado esta historia, pero puedo decir que se ha cumplido TODO lo que ella me dijo. Y que lo que no se ha cumplido todavía, se está desarrollando en la manera que predijo.

Cuando la señora Carmen echaba las cartas de su baraja, se paraba y decía en voz bajita “me dicen que…” algo a lo que yo no prestaba demasiada importancia.
No he buscado más explicación a estos sucesos.  A día de hoy sé muchas más cosas del mundo de lo desconocido de las que sabía entonces.  La aceptación de los hechos es lo que me da confianza.  Tal como comentaba al principio, las cosas pasan porque tienen que pasar. 
Punto y seguido…



lunes, 3 de noviembre de 2014

El jodido (con perdón) miedo al "EGO".


Algo que a menudo repiten las madres que acompaño, tras el nacimiento fisiológico y normal de sus bebés, es que sin mí compañía no lo habrían conseguido.  
Y aunque siempre les digo que son ellas las protagonistas, que ha sido su trabajo en armonía con el bebé que llevaban dentro -porque estoy convencida de que así es-  cada vez me replanteo más este tema.

Hace unos días, departiendo sobre nuestras cosas de Doulas con Liliana Lammers, yo dije algo así como que en cada acompañamiento sentía que recibía más de lo que daba.  Ella, reflexiva y serena, tal cual es,  dijo que su sentimiento no era ese, que ella es consciente de que recibe mucho pero también sabe que da mucho, que es algo recíproco, y que se siente en equilibrio.

Quizás desde el miedo inculcado al tan temido ego, no sea capaz de reconocer lo que supone mi compañía a lo largo de todo el proceso de parto, incluso durante el embarazo, para una madre en situación de vulnerabilidad, ya sea su primer hijo o su cuarto.
Cuando una mujer decide ser acompañada por una Doula, algo en su interior le dice que así ha de ser.

La madre a la que he acompañado esta semana pasada también me dijo al poco de haber parido, que sin mi no lo habría conseguido, porque sintió mi presencia como si fuera su guardiana, que gracias a que estuve pendiente de que se cumplieran sus deseos, de que su plan de parto fuera consultado y respetado, de mi diálogo e interactuación con el personal sanitario...  gracias a la afirmación con mi mirada cuando ella, en momentos de desconcierto me buscaba los ojos, pudo llegar al feliz nacimiento de su hija, sin ningún tipo de medicación ni de intervención, justo como ella deseaba, como había decidido que nacería su hija.

Entiendo a todas las madres asustadas y temerosas por sentirse solas (aunque tengan a algún acompañante).
Entiendo el pánico si no tienes a quien te explique que tu proceso apenas ha comenzado y que tienes todo el tiempo necesario por delante, sin mirar relojes ni intentar acelerar nada;  alguien que te diga que tus vómitos son normales y los recoja sin ningún tipo de reparo;   si no tienes cerca quien comprenda tus rugidos sin asustarse, que vea de buen grado tus movimientos salvajes y felinos sin juzgar ni reprimir…   
Entiendo la falta de seguridad y confianza que, aun sabiendo racionalmente que está  ti, en estos momentos recuperas  y tienes presente  con solo mirar a quien durante algún tiempo te lo ha ratificado…
Entiendo y sé que es fácil tirar la toalla y decir que hagan con una lo que los otros quieran cuando las fuerzas flaquean y el miedo atenaza…

Y sinceramente, yo me pongo en su lugar y las comprendo. Entiendo todo esto y mucho más.

La Doula es la MUJER que está presente sabiendo qué necesita la madre y qué ha de aportarle, sea mucho o sea nada, formando parte de un tándem con ella, con los profesionales que la atienden, sintiéndose parte integrante de un equipo en pos de lo mejor para ese nacimiento.

Y entonces, cuando dejo atrás ese miedo, reconozco que sí, que tal vez las cosas no habrían sido igual, que tan vez cualquier mujer habría abandonado antes de llegar al final, que no habría conseguido su propósito. 
Y acepto sin el jodido miedo al ego que, posiblemente, sin mi PRESENCIA no habría sido lo mismo y no lo habría conseguido. Con lo que ACOJO, con mi ego y con humildad,  que SÍ, que recibo tanto como doy.