.

Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 29 de diciembre de 2014

CUATRO años de bloggera



Cuatro años bloggeando, aunque se me conoce muy poco y realmente no es ese mi objetivo. Tampoco es mi intención andar entre rankings, ni recibir premios bloggeros que nunca termino de entender quien lo hace y porqué se entregan…

Cuando comencé a escribir fue por una necesidad personal. Descubrí que hacerlo me sentaba bien y así, fui convirtiendo este espacio en una especie de confesionario.

Como en anteriores años, llegadas estas fechas, hago este comentario: que no sé a quién llegan mis escritos excepto a unos pocos incondicionales que se manifiestan con sus comentarios.
Pero realmente poco importa tener muchos o pocos seguidores si a quien le pueda llegar algunas de estas palabras escritas, en cualquier momento, le han servido de algo.

Hace poco, en una entrevista en la radio, me preguntaban sobre qué escribía en mi blog. Y le dije que de todo lo que me causaba emoción, fuera del tipo que fuera, aunque mayoritariamente sobre lo que más suelo escribir últimamente es acerca de lo que me apasiona y se ha convertido en el leit motiv en esta etapa de mi vida: el hecho de ser DOULA.

Bastante a menudo pienso en qué triste es que se pierdan las experiencias de algunas personas realmente sabias. Personas con experiencias de vida maravillosas, duras, apasionadas, tristes, entrañables… experiencias vividas, al fin y al cabo.
Creo que conociendo otras historias podemos bajarnos del pedestal en que nos subimos sin ser conscientes. O emprender un camino sin necesidad de ser guiados. O darnos cuenta de que somos seres humanos, mortales al fin y al cabo, y que nuestra mochila de experiencias la cargamos con aciertos y con errores… y que no pasa nada por ello.

Cuatro años que han pasado volando. Escribiendo, mejor dicho. Y aunque no soy muy prolífica sé que este espacio ya ha cumplido con creces su cometido.


Gracias a quien, en algún momento y por casualidad, se dio una vuelta por aquí para no volver.  A quien vino, se quedó y al tiempo, se marchó. A quien entra y sale periódicamente. Y gracias, especialmente, a quienes seguís estando. Vosotros ya sabéis


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Reflexiones en Nochebuena. Soledad.


 A mí me gustan estas Fiestas, siempre me ha gustado celebrar la Navidad en familia.
Cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas, cantábamos villancicos, bailábamos, tocábamos panderetas y zambombas, nos juntábamos con mis primas ¡lo pasábamos genial!
Luego, cuando mis hijos eran niños, también nos juntábamos en casa de mis padres con mis hermanas y sus maridos, y mis sobrinas. Y seguíamos cantando villancicos. Mi hija, mi hermana Cristina, mi sobrina Yolanda tocaban la guitarra. Íbamos a la Misa del Gallo y seguíamos cantando ¡Cómo me gustaba!
El otro día en casa de mi madre escuché una casette grabada en aquellos años, con canciones, risas… ¡qué bien estábamos! Y cuánta nostalgia sentí…

Pero, por ley de vida, las situaciones cambian y algunas personas ya se han ido para no volver (mi tíos, mi padre…) y los hijos crecen. Y tienen pareja. Las cosas ya no son lo que eran…

Y esta Nochebuena, por primera vez en mi vida no habrá jolgorio, ni voces, ni risas compartidas... Marido y yo estaremos solos. Vamos a cenar el uno juntito al otro… con la casa en silencio, vacía.

Sé que habrá quien me lea y pensará que no tengo derecho a quejarme pues habrá quien esté realmente solo y en peores condiciones. Y si, es cierto. Pero eso no quita para que yo sienta esta soledad…

Hace un momento ha venido mi hijo Pau, el pequeño, el que todavía el año pasado estuvo con nosotros y hace pocos meses vive con su pareja. Ha venido a por ropa. Y no he podido evitar que se me empañaran los ojos al ver cómo se marchaba sabiendo que no iba a volver a dormir…
Y no tengo el síndrome del nido vacío, sino que como he dicho antes, me gustan estas Fiestas y echo de menos a mis hijos. No creo que sea nada del otro mundo.

Todos los años y especialmente desde que falleció mi padre, hemos intentado mantener la familia junta en esta noche especial, pero este año los astros han perdido su alineación y nos hemos dispersado… y aunque mañana nos juntaremos dieciocho a comer, recogiendo a personas de por aquí y por allá, siento en lo profundo de mi corazón que no es lo mismo…

Esta tarde, después de cuatro horas en la cocina preparando diversos guisos para mañana, he parado y he venido a confesarme, porque siento que la tristeza me sube por la garganta.

Así es que escribo y suelto sin saber dónde irán a parar estas penas mías, sabiendo que mi familia no se va a enterar porque ellos no suelen ser lectores habituales de mi blog. Sabiendo que esta soledad es mía y yo me la tengo que comer. Y conectando de nuevo con esa sensación por la que ya he pasado en alguna otra ocasión: la de la soledad profunda, esa que se agazapa y se asoma cuando menos lo espero. Pero como ya la reconozco, no me asusta, y le permito que asome para recordarme que, al fin y al cabo, todos estamos solos en este mundo porque la verdad está en nosotros mismos, no el exterior ni en las personas que nos acompañan.
Pasaré este sentir en silencio (no me gusta que nadie me compadezca ni quiero utilizar esta sensación mía a modo de chantaje para que no me dejen sola…) y sé que saldré refoltalecida.

Es como si la Vida me recordara, de vez en cuando, que venimos a este mundo a solas… y nos vamos en soledad, aunque estemos acompañados.



Feliz NAVIDAD


Sí. Feliz Navidad ¿por qué no?  Asombrada me he quedado al leer por ahí que no está bien desear Feliz Navidad en espacios públicos. Y francamente, me parece rizar el rizo demasiado. Porque si yo siento la Navidad y la vivo a mi forma, de la manera que creo he de hacerlo, mis deseos los hago extensivos. A todo el mundo. No me importa si creen en lo mismo que yo, o no. O practican cualquier otra religión o son agnósticos, o ateos.

Mis deseos son de Paz, de Amor, de Felicidad. Pero AHORA y siempre, y aunque pueda parecer un tópico, quizás estos días sean la excusa para recordar que está bien decirle a los demás que pensamos en ellos. Y que los amamos. Por el simple hecho de SER. Y de EXISTIR.
Así es que ¡FELIZ NAVIDAD! Como quiera que la vivas.


Con Amor. 


domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Necesario y/o Complementario?



Visité a M. en un pueblo cerca de Valencia, en el sur. Su casa está orientada hacia la montaña, en un entorno privilegiado. Era la segunda vez que nos encontrábamos.
Está embarazada de su primer bebé, en su tercer trimestre de embarazo. Quiere un parto sin intervenciones y se está preparando para recibir a su niña de la mejor forma.
Es muy curiosa sobre todo aquello que le pueda ayudar en este proceso, así que me pide le facilite información complementaria a la que recibe en su centro de salud. Yo no soy personal sanitario, desde luego,  pero tengo suficiente formación, herramientas y recursos para hacérsela llegar… hasta donde me toca.

Cuando comenzamos a charlar, me suele contar cómo ha estado en este tiempo que no nos hemos visto, cómo avanza físicamente su embarazo, cómo se siente emocionalmente...

En esta ocasión, me comentó que había comenzado clases de yoga para embarazadas, y matronatación.  Lo decía con poca ilusión  y eso llamó mi atención.
Poco a poco y sin invadirla, le pregunté por qué había tomado esa decisión, si se sentía bien con ello, si sentía que le aportaba beneficios… y algo cabizbaja me dijo que no, sino que le causaba ansiedad tener que acudir a las clases…
Me dijo que, en un principio pensó que sería bueno para ella y para su bebé,  que si iba a yoga estaría más tranquila, pero es consciente de que a mitad de la clase se siente incómoda y agobiada, con lo que no consigue relajarse y sale de allí casi peor que cuando ha entrado.
Con el tema de la matronatación le sucede algo parecido. Ella practica natación desde hace muchos años y se siente fenomenal con lo que hace, pero en esta piscina especial para embarazadas… no se siente cómoda tampoco…

Lo cierto es que tuve que respirar antes de seguir hablando. Porque yo practico yoga (de manera intermitente los últimos tiempos…) desde hace 17 años y soy consciente de los beneficios que me aporta esta práctica junto a la respiración y la relajación. Pero también he de decir que me he encontrado con personas que lo han dejado porque las alteraba más, porque no era lo que necesitaban
Así es que seguimos charlando y la futura madre me dijo que, además le suponía mucho agobio porque salía de trabajar y se desplazaba a otro pueblo, y también le suponía un esfuerzo económico tener que pagar las dos clases.

Con la mano en el corazón, le dije que tenía compañeras que eran profesoras de yoga para embarazadas a las que quería mucho,  que conocía a bastantes personas queridas que se movían en este tema…  pero que,  por encima de todo, hiciera lo que su cuerpo y su espíritu le pidieran, que conectara con ella misma y se dejara llevar por aquello que, simplemente, le hacía sentir bien al margen de recomendaciones y demás…

Y comenzamos una reflexión con la que llegó a una determinación, se dejaría las clases “especiales” y haría lo que realmente le gustaba, caminar por la montaña donde se relajaba de manera instintiva y seguir con sus clases de natación en la piscina normal hasta donde pudiera llegar.
La sentí aliviada, francamente.  Luego dijo que agradecía mucho la reflexión porque ella no se lo había planteado, sino que se había dejado llevar por lo que una mayoría le recomendaba, por lo que le decían debía de hacer cualquier mujer embarazada…

Siendo que es una mujer muy sincera y comunicativa, sentí que había hecho lo correcto. Y desde esta comunicación honesta y asertiva entre Doula y mujer embarazada, aún me compartió algo más…

Estando cerca el parto, había comenzado las clases de preparación en su centro de salud de referencia. Se lo habían recomendado…
La profesional encargada del tema, una señora cercana a la jubilación, comentó varias cosas de los protocolos que ella –la madre- consideró obsoletas. Así, le preguntó sobre el hecho de clampar el cordón de manera tardía para dejar pasar toda la sangre al bebé y la señora le contestó que eso era una tontería, que toda la vida se había cortado enseguida…
¡Ja, ja! Me dijo que se tuvo que morder la lengua, pero aún así y cuando salió el tema de las posturas… ella preguntó si no sería mejor que la mujer pariera de la forma que le pedía el cuerpo especialmente si era en una postura vertical… a lo que la profesional en cuestión le respondió que eso era una moda de cuatro hippies… y que sólo faltaba que se tuvieran que tirar al suelo para atender los partos.
Y cosa rara en esta mami, se calló y no volvió a decir ni mu… con el firme propósito de no volver más.

Pero el tema es que se sentía incómoda porque, claro, lo recomendado era ir a las clases de preparación…

Y volvimos a reflexionar. Ella tiene claro lo que una Doula es y lo que puede aportarle… y poco a poco, charlando juntas, llegó a la conclusión de que si estaba conmigo, yo le aportaba la información y el refuerzo que necesitaba ¿por qué tenía que ir a unas clases de supuesta preparación si le estaba tirando por tierra todo aquello en lo que ella se había informado, todo aquello en lo que ella creía mejor?

Yo no digo a una madre lo que debe de hacer o lo que no, sino que ha de ser ella la que saque sus conclusiones y tome sus determinaciones, pero confieso aquí que estoy totalmente de acuerdo con esta reflexión.
Sé que hay profesionales que preparan unas clases fenomenales, completas, empáticas, amenas y en torno a las recomendaciones que marca la OMS en temas de partos y nacimientos.  Pero también sé que algunas no están en esta línea y que lo único que hacen es confundir a las mujeres embarazadas. Pero vaya, igual que a la hora de elegir un hospital donde parir, es responsabilidad de la mujer elegir la preparación al parto a la que acudir… O no ir, si no lo considera necesario.

Estas cuestiones me rondaban por la cabeza y unidas a alguna más, han activado mi despertador interno y hoy domingo, me he despertado super pronto. Y me he puesto a escribir tras reflexionar…

Y en este punto me pregunto ¿Realmente es necesario acudir a tantos sitios cuando una mujer está embarazada?
Yoga prenatal, matronatación, pilates para embarazadas, canto prenatal, cárnatico y y nosécuantascosasmás…

Creo que está bien que haya una oferta de actividades que una embarazada puede hacer para sentirse mejor y creo que cada cual debe de hacer aquello que le guste y le gratifique.
Pero de eso a tomarlo como una obligación creyendo que el embarazo y el parto serán mejores si se hace tal o cual cosa… francamente hay un trecho.

Es indiscutible que es bueno cuidar el cuerpo. Y la mente. Y las emociones. Pero cada una en la disciplina que se sienta bien, o en nada. Porque el cuerpo de una hembra mamífera está preparado para llevar el embarazo y para afrontar el parto, el nacimiento. Y el bebé intrauterino sabe qué y cuándo debe hacer. Eso es para mí lo más importante: la conexión, la comunicación, la serenidad,  el amor que la madre manifiesta a su cría antes de nacer. La confianza en el cuerpo, en el proceso que se ha repetido desde que la vida es vida… y la confianza en que todo será como deba de ser.

Todo lo demás, considero que es complementario.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista en la radio


El pasado viernes día 28 de octubre, acudí a una radio local en un pueblo de L’Horta Nord en Valencia, Radio Rabosa, en Almassera.  Su frecuencia de onda es muy limitada con lo cual no se pudo escuchar más allá de las poblaciones colindantes... 

Conocí a Ángel a través de una entrevista que hizo a una compañera de otra asociación relacionada con la maternidad, de la que también soy socia. Me puse en contacto con él y le dije lo interesada que estaba en dar a conocer aquello en lo que me estoy moviendo, una actividad que me llena de energía y que llevo a cabo con todo el amor y la pasión que soy capaz. Quería que las ondas transmitieran que soy Doula.  Y lo que NO hago.

Contactamos por correo electrónico antes del verano, pero por distintas causas ajenas a la voluntad de Ángel –cosas de la tecnología- no habíamos podido dar lugar a esta entrevista hasta ahora.
Llegado este viernes, por cierto un día gris y muy lluvioso, me desplacé con Marido hasta este pueblo situado a poco más de media hora de mi casa. Bajo la lluvia esperé unos minutos a que llegara Ángel y nada más presentarnos, la calidez de su voz me dijo que todo iba a ir bien.

Para mi sorpresa, Ángel no es periodista, sino enfermero y hace esto por afición. Antes de nuestro encuentro, se había informado de quienes somos las Doulas y preparó la entrevista a su criterio, con las preguntas que él consideró más interesantes.
Sentada en la mesa, con los auriculares puestos y viéndole a través de un cristal, recordé años atrás cuando también acudí a una entrevista en otra radio local, pero en esta ocasión era la Secretaria de una Asociación de cactófilos. Y hablé largamente de este tema, de cactus y suculentas, claro.

Ángel comenzó la entrevista poniendo una canción para mi desconocida (lo cierto es que ando bastante desconectada de estos temas musicales…). Después de escuchar la música y tras unas respiraciones profundas, comencé a hablar, respondiendo con calma y seguridad a lo que el entrevistador me preguntaba.
Un poco sobre mí, de cómo llegué a esto. De qué hacemos las Doulas y por qué las madres nos buscan. Sobre lo que otras personas pueden aportar o no. Sobre nuestras competencias y la incomprensión por parte de un sector de la sociedad. Sobre el tema del intrusismo y la relación con otros profesionales de la salud. Sobre la posibilidad de ser reconocidas y homologadas. Sobre el asociacionismo,  Al Caliu, la Asociación de Doulas de la Comunidad Valenciana, la Asociación Española de Doulas…

Lo cierto es que cuando nos dimos cuenta, había pasado una hora y la entrevista estaba llegando a su final. ¡Se me había pasado en un suspiro!  Y se me había quedado mucho por decir… Pero vaya, el tiempo pasa rápido y no se puede estirar más, por lo que me quité los auriculares dando por finalizada esta experiencia. 

Aquí os comparto el enlace desde donde podréis escucharla completa si os apetece, desde el minuto 6:45 hasta casi el final, una hora aproximadamente.

Nos quedamos charlando apenas cinco minutos más, pues Ángel tenía trabajo inmediato, pero aprovechó el momento para contarnos que además de enfermero, la profesión que le da de comer, él es cantautor, que da recitales en los que no cobra nada y que todo lo que recauda va a parar a una asociación de damnificados de una terrible enfermedad, incurable y prácticamente desconocida: esclerosis lateral amiotrofíca.  Cuando me lo dijo,  los vellos se me erizaron pues conozco a una entrañable y maravillosa mujer que la está padeciendo, y sin evitarlo, unas lágrimas rodaron por mis mejillas. Me acordé de ti, querida Caliope.  Y sentí que mi paso por esa emisora había sido doblemente provechoso.

Como comento en la entrevista, suelo dar gracias por todo lo que la vida me concede y sé que esta ha sido otra ocasión en que el regalo obtenido merece ser agradecido.

Gracias Ángel.  Gracias a la Vida… que me sigue dando tanto.