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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

jueves, 15 de enero de 2015

Otras realidades.




No deja de sorprenderme el género humano,  el día que no lo haga poco tendré que esperar de la vida…

Escribo en este blog desde hace cuatro años y aunque durante un tiempo he sido reticente a entrar en redes sociales ¡he tenido experiencias poco agradables en algunos foros! finalmente accedí a meterme en facebook.  
¡Bien, ya era hora! dijeron algunas de las personas que estaban interesadas en compartirme cosas… y en que yo les compartiera.

Como soy autodidacta, busqué y siguiendo las informaciones que daban me hice la biografía. Rápidamente me localizaron las “amigas”. Y localicé a quien me interesaba. Después y puesto que quería separar un poco mi vida personal de la profesional, me hice una fanpage… la página profesional, donde comparto todo lo relacionado con la maternidad y crianza especialmente.

Desde entonces, todo lo que estoy viendo me daría para hacer un tratado sobre el ser humano, el supuesto rey de la creación y la barbarie en que vivimos.
Falsas realidades, luchas entre congéneres, mundos de Yupi, yomásquetú  (como diría Fofito), montajes, ansía de ganar dinero por encima de todo, engaños y mentiras… ¡uff, uff…! y eso solamente en lo que yo me muevo, sin entrar en submundos oscuros y denigrantes, que los hay.

Cierto es que también encuentro cosas que me gustan, que me satisfacen, incluso que me emocionan. Y personas. Personas increíbles, sensibles, encantadoras (de las otras también, pero no las quiero mencionar por no darles fuerza). Personas con las que he establecido lazos, aunque sea través de una red invisible e intangible, y con las que comparto besos y abrazos virtuales. Algunas que he podido conocer en persona, que han dormido en mi casa, que me han ofrecido la suya,  que hemos tomado un café juntas, que están dispuestas a echar un cable siempre que hace falta…

Y no deja de ser curioso, ya que escribir a través de la red y hablar de una misma en un espacio tan impersonal, puede dar pie a falsos perfiles,  pero es un riesgo asumido que quienes andamos por aquí conocemos.

Distinto es el caso de quien entra en mi muro, ya que quien está ahí es porque de algún modo son “conocidas” y les he permitido la entrada.  Pero en la fanpage… ahí sí que suceden cosas inevitables pues es un espacio público y, en principio, todo el mundo puede ver… y opinar.

En alguna ocasión ha entrado alguien con ánimo guerrero, con ganas de lucha sobre algún tema en el que no está de acuerdo de algo que he publicado. Normalmente, terminamos “dialogando” incluso por privado y nunca, digo nunca, he mantenido un conflicto.

Yo no sé cómo se me verá desde fuera, pero soy consciente, tolerante, respetuosa y paciente, aunque me toquen las narices. Hay quien dice que demasiado condescendiente, pero me gusto como soy ¡qué le voy a hacer! a estas altura de mi vida me ha costado llegar aquí y conseguir el perfil de persona que tengo en estos momentos, así es que no lo voy a desdeñar, que me ha costado trabajo personal y lágrimas.

No quería entrar a hablar de las Doulas porque no era ese el tema que, en principio me ocupaba, pero el otro día entró en mi página una mujer a echar por tierra algunas de las cosas que yo compartía y comentaba.
En principio, la sentí enfadada, guerrillera, negativa y un poco impertinente. Y me molestó, la verdad, pero como tengo una amiga que me dice ¡respiiiiira!  eso hice y al día siguiente me encontraba más serena para seguir leyendo, pacientemente,  las parrafadas que me ponía.
Intenté dar mis razones, dialogar… pero ella seguía en las suyas.
Entró mucha gente a ver qué se cocía –el morbo en estos casos es inevitable- y otras personas, las “amigas” a darme ánimos e incluso a rebatirle a ella.
Pero lo cierto es que esta mujer tenía buenos argumentos, aunque yo no los compartiera. Entreveía a una persona culta e inteligente que sabía lo que decía, que no dejaba de tener razón en algunos de sus razonamientos, pero que no terminaba de comprender los míos…

Me vino la intención de bloquearla, pero por mi talante conversador, respiraba y le volvía a responder, entrando en una espiral en la que comenzaba a sentirme cansada…

En honor a la verdad, su tono inicial había cambiado, estaba como más… empática diría si hubiéramos hablado el mismo idioma,  el caso es que a pesar de las diferencias sí la sentí más respetuosa.

Finalmente y puesto que aquello había entrado en un bucle, decidí que debía de terminar y así sucedió. Su último mensaje fue especialmente revelador para mí.

Y lo cierto es que aquí me hallo cuestionándome cosas… porque sí tengo sentido crítico, porque como he dicho antes, yo estoy convencida de lo que hago y sé de qué manera repercute mi acompañamiento en las mujeres con las que estoy.
Pero también es cierto,  como le comenté a ella, que a día de hoy solamente hablo por mí cuando me refiero al trabajo de la Doula, sin generalizar.
Siendo que en un tiempo defendía a todas las Doulas de una forma convencida, ahora pongo la mano en el fuego por muy poquitas… he abierto los ojos y veo realidades tan distintas a la mía que apenas me identifico con ellas.

La mujer en cuestión reconocía los beneficios del acompañamiento por cualquier otra persona, pero su principal negación era aceptar los beneficios del acompañamiento de una Doula.  No creía en el acompañamiento emocional, no creía en que el estado de una persona puede sacarla de su centro y transformar un proceso fisiológico normal en uno patológico.
No entendía ella cómo el acompañamiento de una Doula puede evitar una cesárea…
Y seguía cuestionando la figura de la Doula incluyendo su origen y el de la palabra que la define.

Poco necesito yo para que mi cabeza comience a dar vueltas y ahora ando con ello… y llego a estas conclusiones.

Quizás la confusión se entienda al decir que la Doula es una figura ancestral que ha existido siempre, porque efectivamente, con tal definición dudo que así haya sido. Pero de lo que NO dudo es del beneficio que supone el acompañamiento de mujer a mujer en el momento del parto y durante los procesos de maternidad.Y eso, SÍ ha existido siempre.
Quizás también induzca a error el decir que la palabra Doula viene de la Antigua Grecia ¡yo qué sé! Pero parece que, lo que sí se sabe es que, entonces la señora principal de la casa tenía a su disposición una sirvienta que se ocupaba de ella durante su embarazo y tras el parto, cuidando también al bebe. Y a esa sirvienta le llamaban  Doula.

Realmente, la etimología, el significado, el origen es lo de menos. Lo que hemos de valorar es el hecho de que una mujer acompañada por otra que tenga experiencia y herramientas suficientes para contener sus emociones y estar junto a ella durante el parto, en el posparto, durante la lactancia, es altamente beneficiosa.  Llámese Doula o llámese… como sea.

No quiero dar más vueltas al tema. Vuelvo a decir que yo sé lo que ha supuesto,  a través de las mujeres con las que he estado, el acompañamiento durante estos procesos. Y eso, puesto que lo he vivido nadie me lo puede cuestionar.
Cada vez son más los estudios que lo dicen, cada vez son más las mujeres en el mundo que buscan a una Doula. Y francamente, no creo que todas estén engañadas, como esta mujer decía.

Hasta aquí he llegado a unas conclusiones que me reafirman todavía más en el convencimiento de mi trabajo.
Y como yo sí que creo en la grandiosidad del Universo (respeto a quien necesita no creer en nada…) ha sucedido algo que me lo confirma. Siempre, ante mis dudas (humana soy) surge una señal para indicarme que estoy en el camino correcto…

Estaba finalizando este escrito y solamente me quedaba publicarlo. Pero lo dejé para hacer la cena y luego de cenar, continuar con la publicación.

Recibí una llamada de una mujer que había conocido meses atrás. Poco más de 50 años, madre de tres hijas, médico en reanimación cardio-pulmonar y recientemente, viuda.
Congeniamos al poco de conocernos y vi en ella a una de esas personas ejemplo de vida… dialogante, tolerante, abierta de mente y de actitud positiva, a pesar de sus circunstancias.
Me preguntó, cuando nos conocimos, a qué me dedicaba yo. Y muy someramente, se lo dije. No conocía la figura de la Doula pero le pareció muy interesante.

Cuando me llamó anoche era para interesarse más a fondo sobre lo que estoy haciendo pues tiene a una amiga embarazada y cree que hablarle de mí puede serle útil.
Y entonces me explayé a gusto. Le hablé desde mi formación y desde mi experiencia, comentamos sobre los procesos de maternidad… y en un momento dado ella me habló, desde su experiencia también como médico, de qué manera influye el estado emocional en la vida de las personas y en qué modo, en las enfermedades y procesos vitales.
Le agradecí que me dijera esto ya que con formación médico-científica (también es docente) no es habitual hablar de estados emocionales y de su influencia. Pero ella me dijo que, ante todo, su vida personal es la gran maestra que la guía y la conduce por el camino que no yerra, que escucha a su intuición y a las personas que confluyen en su trayectoria. 

Asombrada y emocionada me quedé después de hablar con ella. Quiso saber más de mí y la remití a este blog, donde tantas veces me he desnudado. Y a que leyera los testimonios de algunas de las mujeres a las que he acompañado.
Me dijo que le parecía muy bonito y necesario este trabajo de acompañamiento, pensando en cuánto beneficio supondría para las mujeres que decidieran contar con una Doula. Y me pidió tarjetas de visita para tenerlas a mano y darlas cuando tuviera ocasión.
Henchido se me quedó el corazón tras hablar con ella. Tenemos pendiente un café y una conversación cara a cara…

Volví a mi escritorio a terminar este texto, añadiendo además este regalo de última hora.
Y hoy por la mañana, lo corrijo y lo publico con una alegría interna que me aporta energía para afrontar la jornada tras una noche de insomnio…

Como siempre, estos sucesos forman parte de mi experiencia de vida. Tú que lo lees puedes estar de acuerdo, o no estarlo, estás en tu derecho y realmente poco importa tener razón porque no se trata de discutir sobre verdades. Cada cual tiene la suya.




domingo, 11 de enero de 2015

El derecho a elegir


Sigo observando, con tristeza, que todavía hay quien cree las mujeres son algo menos que tontas cuando quieren estar acompañadas por una Doula en algún momento de su maternidad, especialmente durante el parto.
Desconozco las experiencias reales de otras compañeras respecto a esta cuestión, pero sí he podido comentarlo con algunas cercanas y veo que no me pasa a mí solamente.

En concreto,  una compañera Doula de otra provincia, acompañó a una madre en su semana 40 al hospital porque tras llevar varias noches con contracciones muy fuertes había alcanzado un estado de ansiedad e inseguridad en el que se planteaba conveniente una revisión de ella y de su bebé, de forma que la mujer se tranquilizara sabiendo que todo estaba bien y pudiera continuar en su casa esperando a que el momento definitivo se desencadenara. Mi compañera, tuvo un intercambio de palabras con la matrona al preguntarle ésta por qué no había ido el padre,  por qué la había acompañado ella ¿Acaso ella conocía la situación de esta embarazada para cuestionar tantas cosas en estos momentos?  ¿Dónde queda el “respetar” las decisiones de la mujer? ¿Dónde queda el empatizar con una mujer asustada y vulnerable? Finalmente lo dijo muy claro “mira, bonita, es que no me gustan las doulas”  Y yo me pregunto ¿Pero acaso has trabajado junto a alguna, acaso conoces a alguna de cerca y has visto su relación junto a la madre que la ha elegido?

Desde mi experiencia, cuando una mujer embarazada me ha contactado es, principalmente, porque quiere tener el mejor de los partos, sin medicalización y lo más natural posible. Para ello quieren que yo, como mujer y Doula, esté junto a ellas cuando llegue el momento.
En honor a la verdad he de decir que, salvo en una ocasión (que ya he comentado por aquí…), en el hospital al que suelen acudir en mi ciudad, no me han puesto impedimentos a la hora de estar junto a una mamá en su parto. Así se indica en la Estrategia Nacional de Atención al Parto Normal en su capítulo 3.1.3. que aquí resumo.  Eso sí, dejando fuera a su pareja ya que los protocolos solamente permiten la entrada de una persona, sea quien sea ésta.

“Acompañamiento durante el proceso
Se incluyeron una revisión sistemática de Cochrane Database, recomendaciones de la OMS y una revisión de la literatura, que evaluaron los efectos del apoyo intraparto continuo y personalizado en las madres y sus criaturas recién nacidas comparándolo con la atención habitual. La institucionalización y medicalización del parto fue el factor determinante para separar a la familia en el momento del nacimiento. La estructura física de las instituciones y las rutinas hospitalarias fueron diseñadas para atender más a las necesidades de los profesionales de la salud que a las parturientas y sus familias. Existe una contradicción entre lo que la evidencia indica y la manera en que se organizan las prácticas asistenciales.
El acompañamiento durante el parto forma parte integral de la estrategia de humanización.
En un análisis de subgrupos, el apoyo intraparto continuo se asoció
con mayores beneficios si la persona acompañante no era parte del personal del hospital y si se iniciaba tempranamente. No se presentaron efectos adversos.
Recomendaciones
• Permitir y alentar a todas las mujeres, si lo desean, a que cuenten con personas de apoyo durante todo el proceso de modo ininterrumpido, facilitando que el acompañamiento se inicie desde las etapas más tempranas del mismo.
• Promover una política institucional que permita a la gestante elegir libremente a la persona que la acompañe de forma continuada durante todo el proceso del parto”.

Y entro en materia: en ningún párrafo podemos leer que se indique la necesidad de que la mujer sea acompañada por el padre de la criatura.

Yo entiendo que desde los nuevos conceptos de crianza se quiera dar más protagonismo a los papás, también entiendo que ellos tienen derecho a ver nacer a sus criaturas, pero para mí hay algo básico e importante: respetar que la mujer quiera o no que esté presente. Y que él así lo desee también.
Soy algo repetitiva con esta cuestión porque, como también he comentado, hay mujeres que no son capaces de expresar abiertamente lo que quieren a sus parejas. Y hay padres que no saben (o no quieren) respetar los deseos de ellas…
Esto es innegable, es algo que viene sucediendo y que puede ser motivo de discusión si no lo manejan bien.

Yo tengo por costumbre encontrarme con la mujer durante un tiempo anterior al parto en unas sesiones individuales que me permiten conocerla para saber qué le puedo ofrecer cuando llegue la hora y así respetar sus deseos, sean los que sean.
Cuando una mamá me contacta y surge este dilema, le comento que yo estoy a lo que ella decida porque, hemos de tener muy presente que quien va a parir es ella. Y quien va a pasar por una situación vulnerable y potente, tanto física como emocional, sique siendo ella, por tanto a ella le corresponde elegir por quien quiere estar acompañada.  

Pero la pura realidad es que, cuando una mujer va a parir –y aunque indique en su plan de parto expresamente que quien la va a acompañar es su Doula- lo primero que le preguntan es por qué no entra su marido

¡Primera metedura de pata! ¿Acaso la conocen tanto para saber si tiene marido? ¿O compañero? Cada vez son más las mujeres que son madres a través de una FIV y están solas…

Mujeres que han tenido una mala experiencia junto a sus parejas en sus primeros partos, eligen conscientemente, en partos posteriores a una mujer experta que las acompañe, a una Doula… ¿acaso en el hospital la conocen tanto para saber si es oportuna la insistencia en que esté con ella su pareja? ¿No pueden pensar que eso puede ser motivo suficiente para que se active un mecanismo de ansiedad y produzca un bloqueo en un incipiente proceso de parto?

¿O es que por haber un padre se da por hecho que es la persona más apropiada para el acompañamiento? ¿No podemos pensar que se puede ser padre… por accidente?
En este punto considero importante añadir que también hay mujeres que van a parir en procesos de separación y están pasando por momentos muy dolorosos. He conocido dos casos y puedo asegurar que lo menos apropiado es que cuando llegue al hospital, la matrona que la atienda, le diga que la persona adecuada para acompañarla es el padre de la criatura en lugar de la Doula que lleva a su lado… ¿acaso ella sabe algo de su vida privada para hacer esta aseveración?

Seamos honestas y sinceras. No todos los hombres están preparados para acompañar a su pareja en el parto ni todas las mujeres lo desean, esto deberíamos de tenerlo bien claro todas las personas que intervenimos, de una forma u otra, en estos procesos.

Aunque sé que las teorías de Michel Odent no son aceptados por ciertas personas del sector del nacimiento (obstetras, matronas…y doulas) no hemos de olvidar su investigación en torno a la Masculinización del Entorno del Parto y, cuanto menos, ser conocedoras para poder discernir.

Cuando doy algún taller sobre quienes somos las Doulas y hablo sobre este tema,  me han preguntado si es que estoy en contra de los hombres  ¡ja, ja! Nada más lejos de eso. También lo he comentado en alguna ocasión, estoy felizmente casada cuarenta años con el padre de mis tres hijos quien estuvo a mi lado cuando ellos nacieron. Y tengo dos hijos y dos nietos varones a los que adoro. Pero esto no tiene nada que ver con el acompañamiento de una Doula.

He mezclado en esta entrada dos temas que van a la par: el acompañamiento del padre y el desconocimiento e insistencia por parte de algunas asistentes al nacimiento en que sea él quien permanezca junto a la mujer de parto.

Y resumo, convencida, de que la mujer cara al parto ha de poder elegir su persona de compañía, sea el padre de la criatura, su hermana, madre o amiga. O el panadero de la esquina. O su DoulaEstá en su derecho de hacerlo y ha de ser entendida y respetada.

Que no todos los hombres están emocionalmente preparados para acompañar a sus parejas en el parto, y que no será peor padre y/o peor compañero por reconocer, desde la humildad, que no quiere o no puede estar presente en momentos tan intensos.

Que el personal sanitario que atiende partos debe de tener en cuenta todas las premisas que pueden haber en torno a una mujer cuando va a parir. Que no la conocen lo suficiente como para insistir tajantemente en que sea el padre quien esté junto a ella. Que deben de aprender a respetar y a no menoscabar la decisión que ella ha tomado si quiere estar junto a una Doula. Que las Doulas no somos intrusas y que si estamos ahí es porque una mujer así lo ha decidido. Y que estamos dispuestas a dar todo lo mejor que tenemos (y sabemos) para que la mujer se sienta segura emocionalmente y su bebé tenga el mejor nacimiento.


Eso es lo que a embarazadas, padres, matronas y Doulas nos debería de importar por encima de nuestros miedos, creencias e intereses personales. Lo demás, es puro egoísmo.

http://doulasvalenciadiezlunas.blogspot.com.es/2012/01/masculinizacion-del-parto.html


jueves, 8 de enero de 2015

Senderismo y re-conexión.




Un año más han terminado las Fiestas Navideñas, y en esta ocasión han sido especialmente… densas.
Emociones, ausencias, comidas, fregoteos… me sentía cansada, incluso en algunos momentos, triste.
Necesitaba re-conectar, de alguna manera, con mi esencia...


Durante muchos años he salido con cierta asiduidad a caminar al monte. El senderismo me ha permitido mantenerme físicamente en forma además de relajar mi mente y engrandecer mi alma. El contacto con la Naturaleza me devuelve a mi ser, me conecta con lo más profundo de mi estado natural.

Pero por diversas circunstancias… responsabilidades familiares, laborales, personales, llevo una temporada bastante alejada de las montañas, los valles, los ríos…

Desde que Marido se ha retirado de su actividad laboral, suele salir los jueves a caminar al monte.  Se ha hecho con un grupito de jubilados, de entre 60 y 70 años, con el mismo espíritu aventurero que él. Y lo cierto es que disfrutan, las personas.  Al principio eran cuatro, pero ahora y por eso del boca a boca, suelen salir hasta quince, incluyendo a mujeres jubiladas, profesionalmente, también.  Marido me ha invitado varias veces a salir con ellos, aunque lo cierto es que, como he dicho antes, por una causa o por otra no veía el momento.

Pero hoy había llegado el día. Necesitaba salir, tomar el sol y el aire, sentir el vientecillo de invierno, limpio y frío sobre mi cara… y a las 6:40 h me he despertado para tomar el desayuno y salir con el grupo.

En esta ocasión íbamos trece personas, cuatro de ellas, mujeres. El sendero transcurriría desde el pueblo de Benlloch hasta Serra d’En Galcerán, siguiendo un tramo del marcado Camino de Santiago desde Castellón.

Cuando hemos llegado para dejar los coches y tomar algo calentito antes de emprender la marcha, eran las 9 h de la mañana y el termómetro marcaba -1º. Nos hemos abrigado y el inicio del sendero nos mostraba las pequeñas plantas a nivel de suelo llenas de escarcha lo que les confería un aspecto blanquecino y opaco.
Con gorro de lana, braga que me cubría la nariz, guantes y gafas de sol para protegerme, no del astro rey que comenzaba a brillar, sino del airecillo frío que soplaba por la zona de umbría donde, además, hemos encontrado algún que otro charco en estado de congelación.
Poco a poco, el tímido sol ha comenzado a lanzar sus rayos y el rocío congelado se iba convirtiendo en pequeñas gotitas de agua que se deslizaban por las hojas de las plantas, preciosa y relajante visión que me ha permitido sacar alguna fotografía.

 El camino ha transcurrido en un continuo ascenso, prácticamente desde la salida. Al poco, hemos llegado hasta un algibe perfectamente conservado y encalado, donde nos hemos hecho las fotografías de rigor.
También hemos pasado por una ermita, advocación a Nuestra Señora del Adyutorio,  en buen estado de conservación pero que no hemos podido visitar por estar sus puertas cerradas. ¡Espero que no llamen así a ninguna niña de la zona!

La mañana ha pasado apenas sin darme cuenta a no ser por los repechos que me iban obligando a quitar ropa, hasta quedarme solamente con la camiseta técnica y, francamente, acalorada bajo el sol que ya brillaba con fuerza.  Hemos pasado de -1º a 14º en pocas horas y haciendo ejercicio, el cuerpo genera todavía más calor.

Cerca del pueblo donde íbamos a comer, nos hemos encontrado con un horno de cal, donde antiguamente se cocían las piedras para sacar este producto, que además de blanquear las paredes de las viviendas, se utilizaba –y se utiliza todavía en muchos lugares- como desinfectante.


Hemos finalizado el recorrido a la hora de comer. Han sido 14,5 kilómetros que hemos recorrido en 3 h 30 ‘ de tiempo real, sin contar las paradas para almorzar, sacar fotografías y demás necesidades…

Cuando he vuelto a casa y tras una buena ducha de agua caliente, me he sentado a escribir, y os puedo asegurar que me siento fenomenal.

Adiós al cansancio emocional, adiós a la ansiedad que estaba haciendo su aparición estos días.  Es posible que mañana tenga agujetas porque la incesante subida ha puesto en funcionamiento algunos músculos de esos que poco a poco se quedan atrofiados, pero como no será la primera vez que me suceda, lo tomaré como efectos colaterales de un día en el que he recargado pilas, en el que he conversado con otras personas con sus circunstancias personales que en algún momento han compartido. Un día más de senderismo del que siempre aprendo algo nuevo, en el que me doy cuenta del privilegio de sentirme viva y en el que agradezco al Universo su generosidad infinita conmigo.


Gracias a Marido por sus preciosas fotografías, testimonio gráfico de toda una vida…