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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

domingo, 22 de marzo de 2015

¡Feliz semana de la DOULA!


Siento con gran dolor la cerrazón de algunas personas y el odio que destilan al atacar de forma vil y cruel a la figura de la Doula.

Los beneficios del acompañamiento continuo durante el parto por una persona de confianza de la mujer que va a parir, están más que demostrados por estudios a nivel mundial. Y el acompañamiento en otros momentos durante el proceso de devenir madre, también.

Cada mujer es un mundo y ella sola tiene el derecho a elegir qué es lo que quiere en momentos tan vitales, tan transcendentales.

A partir de hoy domingo 22 hasta el sábado día 28 de marzo, se celebra la Semana Mundial de la Doula.

Es una celebración agridulce debida a la situación que estamos sufriendo en España. Sin embargo yo no pierdo la ilusión: mientras una sola madre busque este tipo de acompañamiento, existirán doulas.

Confiemos en nuestro buen hacer y que sea la misma sociedad quien con la información veraz y sin la manipulación mediática en la que estamos inmersas, decida.
¡¡Feliz semana de la DOULA!!





jueves, 19 de marzo de 2015

PADRE


Otro año sin comer de tus buñuelos, padre. Al final, te fuiste sin que nadie de tu familia aprendiera a hacerlos. Y yo, ya no como buñuelos porque no encuentro que ningunos de los que venden, estén tan bien hechos y sean tan buenos como los que tú hacías…

No te puedes imaginar cuánto me acuerdo de ti, especialmente cuando me decías “ya te acordarás de lo que te digo cuando no esté” ¡cuánta razón, padre, cuánta razón llevaban tus palabras!

Aquellas veces en que la mamá me decía que tenía que frenarte para que no nos llamaras tan a menudo por teléfono, para que no nos pidieras que fuéramos a comer con vosotros con la menor excusa…
¡Cómo comprendo ahora esa sensación de soledad que me decías tener! Porque sí, padre, realmente los padres nos sentimos solos a pesar de tener hijos. Ahora comprendo que es ley de vida, en cambio no podía entenderlo cuando tú me lo decías…  y es que, ahora, ¡comprendo tantas cosas!

Te fuiste cuando llegó tu hora, aparentemente tranquilo, sin embargo no dejo de preguntarme si se te quedó algo por decir, algo que solucionar… Sabes que me acerqué a ti, que a pesar de nuestras diferencias te amé con todo mi ser y aún así, en días como hoy y a pesar de ser una invención comercial esto del Día del Padre, ¡te echo tanto de menos!

Y echo de menos juntarnos todos en tu casa, en aquel pequeño comedor donde apenas cabíamos... tus hijas, maridos, nietos y nietas con sus parejas, biznietos y biznietas… y comer chocolate con buñuelos de calabaza, con higos, con orejones, y que con tanto amor nos preparabas.

Cierro los ojos y te veo con el delantal, con la aguja de hacer punto de media para darles la vuelta… renegando entre dientes pero contento de tenernos a todos allí. Siempre decías que era la última vez, el último año, hasta que así fue. Pero porque te marchaste.
No, no es lo mismo sin ti. Ya no hay reunión familiar, ya no hay tarde de chocolate y buñuelos. Porque tú ya no estás, padre...


lunes, 16 de marzo de 2015

¿Falta de escrúpulos, intereses ocultos o ausencia de Amor?



Durante el tiempo que permanecí en una asociación de apoyo a la lactancia, estuve acudiendo al Hospital General de mi ciudad como voluntaria para apoyar, en el inicio de su lactancia, a las madres que querían amamantar. 
Al llegar a la habitación, la mayoría de las ocasiones me encontraba en la mesilla un biberón para darle al bebé aún sabiendo que la madre quería lactar. Además de esta cuestión, injerencia absoluta en el establecimiento de la lactancia materna,  el tema era que las madres se desesperaban al ver que sus bebés no se lo tomaban todo… y les tenía que explicar, para tranquilizarlas, que el estómago del bebé era del tamaño de una canica y que en el transcurso de los siguientes días iría aumentando, por tanto era lógico que no se lo tomara todo porque NO le cabía, entre otras razones.

Este tema, además de la frecuencia de las tomas, el dolor al amamantar, las posturas, el piel con piel… entre otras cosas, era sobre lo que mayormente yo incidía.
Salía de allí con esta pregunta rondando mi mente: si yo, como voluntaria, sin formación sanitaria, estudio y me reciclo, y tengo conocimiento de estos mínimos ¿cómo el personal sanitario del hospital no lo sabe?  Y si lo sabe ¿por qué repite siempre los mismos errores?

Mis sospechas se confirmaban al acudir a formaciones y congresos: la asistencia de profesionales que trabajaban directamente con recién nacidos era mínima, por no decir nula. Mayormente, quienes estábamos allí éramos asesoras voluntarias en asociaciones, y madres, sin más.

Aquella época pasó y ahora mi tiempo y mis formaciones transcurren cara al acompañamiento emocional. Sigo estudiando y me sigo formando en aquello que considero de importancia para estar junto a la mujer que así lo quiera. Por ello,  el reciclaje y la adquisición de nuevos conocimientos que escojo, vienen de fuentes con demostrada experiencia tanto profesional como formativa y personal. Y los temas en los que me interesa abundar para el acompañamiento emocional, son basados en el estudio y la evidencia, principalmente. Tema aparte es en lo que, a título personal, me interese.

Una de las cosas buenas que han sucedido a lo largo de mi vida, que han sido muchas, ha sido el haberme formado como DOULA para ACOMPAÑAR a mujeres que así lo deseen en su tránsito hacia la maternidad. Y otra elección muy reciente de la que estoy disfrutando de forma consciente y emocionada, es haberme introducido en la formación de Salud Mental Perinatal que organiza Terra Mater y que coordinan y dirigen Isabel Fernández del Castillo e Ibone Olza.

Esta formación está estructurada en tres bloques y va a transcurrir a lo largo de un año. Lo cierto es que solamente he asistido a tres clases todavía y de forma presencial desplazándome a Madrid una vez al mes… pero puedo decir que, desde el primer día, siento que ha sido una elección acertada y de la que voy a sacar mucho, mucho provecho, tanto personal como profesional.

Soy consciente de que mi mundo no es la psicología perinatal porque no he estudiado para ello, por tanto, ni puedo ni quiero encaminarme hacia esta disciplina. Sin embargo, considero importante e incluso necesario para estar junto a una mujer en situación de vulnerabilidad, el profundizar en temas psicológicos que influyen directamente en la manera de vivir el embarazo y que tendrán relación directa con la forma en que se va a desarrollar el parto, dando paso a una determinada vivencia del posparto, la lactancia y la crianza en su conjunto.


No voy a detallar lo que ocurre en cada día de formación porque no toca, pero si quiero comentar sobre esta última en la que tuve el privilegio de conocer y escuchar a Nils Bergman, médico nonatólogo de reconocido prestigio por su investigación con los recién nacidos, quien nos expuso con todo lujo de detalles el concepto de madre canguro y los avances que supone esta “simple” práctica para el mundo de la neonatología.

Escribo esta entrada en domingo noche,  varios días después de integrar lo escuchado, lo visto y lo sentido porque, fue tan intensa la información y tan profunda la emoción, que el día siguiente de la clase lo pasé con dolor de cabeza por no encontrar el interruptor del off y poder desconectarme…

Desde la primera fila en la que me senté para no perderme detalle, iba sintiendo como en algún momento se me entrecortaba la respiración poniéndome en lugar de esos bebés que estaban en las incubadoras y sintiendo en lo profundo de mi alma, su soledad.



“Los bebés no están en las incubadoras porque están mal. Están mal porque están en las incubadoras”  Estas palabras de Nils Bergman se repiten en mi cabeza cual mantra temible y poderoso. 

Como he dicho anteriormente, no voy a desgranar lo transcurrido a lo largo de toda una jornada, pero es inevitable que comente algunas cosas en las que Nils Bergman hizo incidencia, tales como que “el lugar donde un bebé recién nacido necesita estar es el cuerpo de su madre”.
No sé con exactitud cuántas somos las personas que estamos realizando  esta formación de Terra Mater, pero en este seminario en concreto, el número de personas que presencialmente lo seguíamos, superó con creces a los días anteriores, y en la modalidad on line, rondó las 200 inscripciones.

Y me pregunto… ¿cuántas de estas personas eran personal sanitario? ¿Cuántas pediatras, matronas, enfermeras de neonatología…? Podrás pensar que no me importa, pero no es así, puesto que quienes están en relación directa con los bebés ingresados son ellas, son los médicos quienes marcan las pautas y las enfermeras quienes las cumplen. Y son quienes han de saber qué sienten esos chiquitines cuando están solos en un espacio frio, impersonal, luminoso, solitario… es imprescindible saber qué sienten y cómo les va a afectar en su recuperación y en su vida futura, tanto de niño como de adulto…

Conforme Nils Bergman iba hablando y mostrándonos las diapositivas, un batiburrillo de emociones se movían en mi interior: rabia, tristeza, pena, dolor…mucho dolor. Y una chispa de alegría y esperanza al ver que personas como él y como algunas más, están trabajando para mejorar estas situaciones de nacimientos al límite.

La formación que nos dio fue densa, muy densa. Reacciones de las hormonas, protocolos, más hormonas, cuidado, medicación, relación del personal sanitario, más hormonas, situación de los padres, vulnerabilidad, soledad, miedo, impotencia…  el corazón en un puño y las lágrimas aflorando en más de una ocasión.

De vez en cuando, algo hacía sonreír y recuperar la esperanza a un grupo de personas que estábamos allí y que representamos a un colectivo pequeño y denostado: las Doulas. Cuando dijo que durante el nacimiento “el papel de la Doula es proteger la oxitocina” una tímida sonrisa iluminó mi cara… y digo tímida porque la otra cara de la moneda, es que algunas personas no estén dispuestas a compartir ciertos espacios porque hay Doulas. Pero vaya, este es otro tema.



De cómo un parto traumático afecta a la madre incluso propiciando una infertilidad secundaria y de cómo influyen los factores externos para el nacimiento de tantos bebés prematuros. De la etología, pasando por la neurobiología hasta llegar a la ecoterapia. De la neurobiología del apego. De la necesidad de la protección mediadora y del apoyo del adulto para los bebés nacidos en máximo estado de vulnerabilidad. De la importancia de los primeros MIL (1000) días de un bebé en brazos de su madre… tantos y tantos conceptos, que tuve que centrar mi mente y bajar el latido de mi corazón para poder entender, para poder integrar…

Por qué ante ciertos nacimientos surge la cuestión de cómo serán esos adultos el día de mañana, por qué la ausencia de oxitocina endógena lleva a carencias emocionales a lo largo de la vida de un ser adulto… preguntas y más preguntas.

Y ahora vuelvo a la que me hacía cuando era voluntaria en el grupo de apoyo a la lactancia: si yo, siendo solamente Doula, me intereso por todo esto para proporcionar un buen apoyo, un buen acompañamiento a las mujeres que vayan a parir de manera que el parto se produzca de la mejor forma posible y el bebé tenga el nacimiento que merece, si yo como mera figura de acompañamiento estoy muy interesada en saber por qué suceden ciertas cosas… ¿Por qué en TODOS los hospitales, en los servicios de neonatología no hay unos protocolos que favorezcan el piel con piel, la presencia y actuación de los padres, que potencien el cuidado de la madre y del padre hacia ese bebé que los necesita más que nada en el mundo?




No quiero ser pesimista y quiero confiar en que las cosas están cambiando, pero la realidad es muy otra según las estadísticas que podemos ver en este estudio de El Parto es Nuestro.  Todavía hay muchas unidades de neonatología donde los bebés son visitados con horarios rígidos, donde no permiten a los padres que se involucren en todo cuanto los neonatos puedan necesitar. Todavía hay muchas madres que desconocen sus derechos y que temen pedir que se les deje estar con sus criaturas. Todavía hay demasiada fuerza y demasiado poder en manos de la bata blanca en general…

Porque, si se sabe que prácticas tan sencillas como que el bebé esté encima de su madre y/o de su padre, regula su temperatura y su ritmo cardíaco, se sabe que el bebé prematuro responde mucho mejor a los tratamientos incrementando su respuesta vital, se sabe que esta colaboración humaniza el trabajo del personal sanitario que están sometido a un estrés límite en estas unidades, e incluso en términos de productividad abarata el coste de los tratamientos… ¿Por qué no se hace en todos los hospitales? ¿Por qué no se practica la “separación cero”?




A veces siento que nado en contra de la corriente en muchos planos de mi vida. Siento las injusticias, la incomprensión,  el egoísmo personal por encima del bien común… y en algunas cosas siento que he de callar, pero en este tema no estoy dispuesta porque va en ello la vida de muchos inocentes.

Es imprescindible que el personal sanitario se forme, se informe, se recicle. Cuando la vida de otras personas está en sus manos no hay peros que valgan. Es una gran responsabilidad y les corresponde a ellos tomarla.
Yo solo soy Doula, y hago lo que puedo.

Agradezco a Nils Bergman y a su mujer, Jill Bergman, a Carmela Baeza, a Isabel Fernández del Castillo, a Ibone Olza la oportunidad de aprender junto a ellos.
Agradezco a todas las compañeras de la formación con las que puedo departir y comentar, la apertura de miras y las ganas de compartir.


Cambiando la forma de sentir, cambiaremos el mundo.





domingo, 15 de marzo de 2015

Última salida del invierno


Como una imagen vale más que mil palabras, dejo varias imágenes y no hace falta que diga nada. Disfrutad con la visión de estas fotografías. Yo he disfrutado muchísimo caminando, charlando y deleitando la vista.  Las fotograias, preciosas como siempre, son de Marido.








domingo, 8 de marzo de 2015

Gestión de las emociones



Me han invitado a participar en un grupo de mujeres, es la cuarta vez que participo en uno de ellos. Se reúnen una vez al mes y los temas, coordinados por una joven psicóloga, girarán en torno al acompañamiento emocional. La disposición no es exactamente la de un Círculo de Mujeres, pero tal vez, al estar estructurado de otra manera tenga más éxito y dure más tiempo que los anteriores… de momento he acudido dos veces y pinta bien. En contra a los otros en los que he participado formado por mujeres más jóvenes que yo, en éste las componentes son mayoritariamente de mi generación, con algunas en torno a los cuarenta y tantos años,  y así como en aquellos me nutría de la lozanía de la juventud, ahora será la experiencia quien marque el camino.

Y como el tema principal versa en torno a la gestión de las emociones, la semana pasada nombramos aquellas con las que convivimos a diario, e intentamos ver de qué forma nos afectan: rabia, miedo, tristeza, alegría…

Llegamos a interesantes conclusiones, tales como que en general, la mejor aceptada socialmente es la alegría porque parece ser que manifestar tristeza o miedo y especialmente rabia, aleja a las personas de nuestro alrededor, porque se prefiere estar siempre con la sonrisa en la boca y con la impresión de que todo va bien… aún siendo conscientes de que esto no es la realidad.

Dejar que nuestras emociones se manifiesten tal y como las sentimos sin quedarnos enganchadas a ninguna de ellas es, según mi forma de sentir, una manera sana de crecer. Ocultarlas nos lleva a no verlas y no expresarlas,  no permitirles evolucionar y con ello, a la larga, corremos el peligro de que se queden enquistadas con los consiguientes efectos secundarios que ello conlleva.

Suelo hablar por mí porque, evidentemente, yo soy la responsable de mis actos, por ello, confieso que en más de una ocasión he tenido que abandonar algún grupo virtual o presencial al percibir un ambiente sumamente dulzón y empalagoso, donde todo parece ser maravilloso, donde todo transcurre tan felizmente bien… que me ha llevado a tal sensación de irrealidad que no me hacía sentir cómoda.
Tal vez sea que mis ojos en este punto ya miran de otra forma y mi corazón siente de manera distinta…

Centro ahora mi atención en este fenómeno social, Facebook, donde comencé mi periplo bastante tarde ya que había algo que me resistía a entrar y que he ido comprendiendo conforme el tiempo pasa... Lo primero que llamó mi atención fue la cantidad de “me gusta” que recibían las noticias o mensajes con tintes alegres. En cambio, quienes manifestaban desacuerdo, rabia hacia algo, tristeza, enfado… pasaban desapercibidos. Cierto es que cada cual es libre de relacionarse o implicarse en aquello que más le gratifica, pero ¿por qué giramos la cara cuando vemos una emoción que nos… incomoda? ¿Tal vez nos hace de espejo? ¿Nos hemos preguntado por qué necesitamos estar en un continuo estado happyness? ¿Por qué nos molesta encontrarnos de frente con alguien que manifiesta desacuerdo, incluso ira?

He llegado a una conclusión muy intima, acertada o no, es lo que siento. Y es que falta sentido de autocrítica y por tanto, sentido de crítica en general. Y no me refiero a una crítica destructiva por sistema, sino a una crítica desde la que construir.  Y para ello es preciso ir eliminando piedras y malas hierbas que sin duda las hay en todos los caminos. Y para ello, desde ese sentido crítico, lo primero que necesitamos es vernos y reconocernos.

Mi situación personal en estos momentos ha pasado por un caos, he necesitado parar, poner distancia, mirar desde la lejanía, centrarme, reconectar y volver a encontrar mis espacios perdidos. Para ello vuelvo a utilizar algunas lecturas que en su día dejaron algún mensaje con la certeza de que volveré a encontrar las palabras justas y necesarias para la ocasión.

Las palabras de Shinoda Bolen a través de su libro “Las brujas no se quejan” han venido a confirmar mis intuiciones y a reafirmar mis sentires,  mi lugar, aquí y ahora. Por ello, GRACIAS. A esta autora y a la Vida.

“Las ancianas saben que se encuentran en una encrucijada y saben, igualmente, que la decisión que tomen les costará sacrificar alguna de las distintas alternativas. Elegir un camino significa abandonar el otro.  Hemos de conocernos a nosotras mismas y saber en todo momento qué es lo que nos importa con el fin de elegir sabiamente.
Cada una de nosotras posee su propia historia que es única, y la realización de esta historia entrará en relación directa con el hecho de si hemos elegido el sendero con el corazón. A medida que nos volvemos más sabias, somos más conscientes de que las encrucijadas importantes del camino, en general, no se basan en elecciones que aparecen recogidas en los anales públicos; son decisiones que tienen más que ver con haber elegido el amor o el miedo, la rabia o el perdón, el orgullo o la humildad. Son elecciones que modelan el alma.
Si te encuentras en un cruce de caminos, deseo que sepas cuál es el sendero que entronca con tu corazón y que tengas la valentía de seguirlo”.


Reflexiones de un domingo por la mañana, en el 8 de marzo de 2015, Día de la Mujer.