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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

sábado, 30 de mayo de 2015

JUBILADOS SESENTONES


No hace demasiado tiempo, cuando una persona se jubilaba de su trabajo, se le acababa el mundo. Y seguramente para algunas personas todavía seguirá siendo así, aunque afortunadamente no es nuestro caso.

Cierto es que, especialmente en mi generación, suelen ser los hombres los que se retiran de su actividad laboral a determinada edad, y somos las mujeres quienes continuamos trabajando de la misma forma en la casa, en las actividades cotidianas, pues ellos no han sido educados para colaborar en las tareas domésticas y la mayor parte del trabajo sigue recayendo sobre las mujeres, aunque ellos “ayuden” en algo. Cierto es que hay circunstancias en las que se nota una ligereza en la carga de trabajo cuando los hijos han abandonado el hogar paterno… aunque también es verdad que algunos incrementan esta carga con los hijos de sus hijos, o sea, con el cuidado de los nietos. Pero no es esa mi situación, vaya.


Mi caso personal es raro, entendiendo por rareza algo que se sale de lo habitual. No solo es que no me jubilo, sino que además, tengo gran cantidad de actividades a las que acudir, que me gratifican y a las que no pienso renunciar mientras tenga fuerzas. De hecho, estoy bastante más activa que hace 15 años, porque a pesar de tener más edad… tengo más tiempo.

El caso de Marido es similar, es un hombre que nunca se aburre, que siempre tiene cosas en las que ocuparse: sus lecturas en inglés y las clases de este idioma que prepara para compañeros también jubilados, sus películas y sus fotografías, sus excursiones y salidas a la montaña, amén de atender a la familia…

Pues bien, en esta nuestra casa de jubilados marchosos, hay una actividad a la que Marido no suele fallar y en la que yo me incluyo cuando puedo… las salidas de los jueves del grupo de los jubilados. Y en esta semana, me he incorporado de nuevo al grupo. La organizaba uno de los matrimonios, que además de ser vecinos de toda la vida del barrio son uno de esos agradables descubrimientos que de vez en cuando nos da la Vida. Íbamos a Sot de Chera, el pueblo de sus antepasados con la idea de hacer una ruta y luego degustar su famosa olla, plato típico del pueblo, amén de pasar unas horas distendidas y al aire libre.


El día resultó caluroso, más de lo que es habitual por estas fechas en esa zona y realizamos la subida con una constante acalorada. Hicimos una ruta circular de unos 10 km a lo largo de 3 h, a un ritmo tranquilo y con continuas paradas para beber agua. La zona es muy bonita y bastante desconocida para mucha gente a pesar de lo cerca que está de la capital. Las aguas limpias y cristalinas del río Reatillo invitaron a bañarse a alguno de estos encantadores sesentones, aunque yo con mojarme los pies tuve más que suficiente… ¡estaba helada!


















Tras la riquísima comida, fuimos a descansar un momento a la casa de estos compañeros de cuyos sofás disfrutamos agradecidos. Después salimos a visitar el pueblo con la agradable sorpresa de encontrar unas calles limpias y maravillosamente engalanadas con plantas y flores por doquier, una visión propia de cualquier pueblo andaluz en primavera... Fuimos a comprar miel de cosecha propia y cortada apenas unos días antes. Subimos… bueno, subieron, al Castillo moro desde el cual se divisa todo el Valle de la Alegría, insertado en la Comarca de los Serranos.

Volví a casa con el espíritu henchido, las mandíbulas relajadas a causa de risas y sonrisas, y la panza… demasiado llena, pero satisfecha por haber pasado un magnífico día alejada de la ciudad, de la contaminación y de los ruidos callejeros. Con la piel aireada y bronceada por el sol y con la satisfacción de haber hecho un bonito sendero en agradable compañía.

Las fotografías, de Marido, no muestran lo que la emoción esconde pero sí lo magnífico del paisaje.



¡Hasta otra, compañerxs! Gracias por haberlo hecho posible.


lunes, 18 de mayo de 2015

Mi parto en casa. El nacimiento de Pau


Nos conocimos, hace algún tiempo,  en una formación de lactancia materna. Después, estuvimos juntas en un voluntariado. Entre nosotras hubo feeling desde el primer momento.
Un día recibí un mensaje “Estoy embarazada y quiero que seas mi Doula”.
Este es el relato de sus emociones. Me lo ha enviado para que lo comparta y qué mejor momento que ahora, ya que comienza la Semana Internacional por un Parto Respetado con el lema "Apoyo CONTINUO y amoroso para mi y para mi bebé".

Gracias FAMILIA, por todo lo compartido, auténtico privilegio y maravilloso regalo.


10 de Mayo de 2015

Durante mi tercer embarazo, mi convencimiento de dar a luz en casa me ha llevado a buscar lo que en mi interior necesitaba para poder atravesar ese proceso. En el camino encontré a personas que me enseñaron el valor transformador del subconsciente, de la palabra, de la compañía. Decidí que ella sería una de las personas que me acompañarían en ese proceso. Nunca imaginé cuán importante sería para  mi su presencia y su energía.

No me considero una persona religiosa, pero como buena fallera la Mare de Deu dels Desamparats siempre ha sido un rescoldo en el fondo de mis creencias, como si de un hada se tratase y siempre le he pedido un deseo a cambio de mi ramo de flores, eso me inculcaron mis padres.  A la Mare de Deu le pedí que todo fuera bien en el nacimiento de mi hijo y ella decidió que la mejor forma era acompañándome ese día.

El día 9 de mayo era mi fecha probable de parto, en mi interior estaba un pelín decepcionada, llevaba días esperando el gran acontecimiento y pensaba que la luna llena del día 4 haría su efecto mágico sobre mi cuerpo, pero una vez más la Naturaleza me dio ese tirón de orejas por creerme más sabia que ella… ¡Ainss son cosas que pasan!

El día 9 de mayo pasó y yo me sentía muy impaciente, irascible, no me soportaba a  mi misma ni a nadie que se atreviera a mandar un infernal mensaje de  móvil para decir: “¿cómo estás?”  Cuando en realidad querían decir: “¿vas a parir ya o qué?”.

Una contracción… 6  minutos… Otra contracción… 8 minutos… Ésta casi no ha dolido… Pues vaya… Otra noche más.
Me acosté sabiendo que esa tampoco sería “la noche”. No sé por qué estaba convencida de que tenía que ser una  noche… ¡Ainsss otro tirón de orejas!

A media noche los  peregrinos nos recuerdan que de madrugada será el Traslado de la Mare de Deu, aunque Pablo entre sueños me pregunta si nos están invadiendo...

De repente un golpe seco… ¡Pumm! y me despierto, ¡ostras! creo que he roto aguas, me levanto de la cama para confirmar que el líquido que resbala entre mis piernas es líquido  nerviosa, cada 6, otras cada 3 o 2 minutos. Decido despertar a keyra para que Pablo la lleve a casa de  mi madre, anoche estaba amniótico.

De 8 a 9 h. de la mañana las contracciones son soportables, cada  5 minutos la mayoría, alguna cada 6, otras cada 3 o 2 minutos.
Bueno, hoy es el día. Empiezan las contracciones, suaves como las noches anteriores. Informo a las matronas del acontecimiento, pero no me quiero emocionar, no vaya a ser que con eso de que es de día la cosa se pare, pero como las contracciones continúan, le mando un mensaje a mi doula para que esté preparada pero sin prisas… a ver cómo va esto.
Decido despertar a Keyra, mi hija pequeña,  para que Pablo la lleve a casa de  mi madre, anoche estaba nerviosa, creo que ella también sentía que el acontecimiento estaba cerca, pero tenía algo de miedo, sobre todo por no verme pasarlo mal. Le doy un gran beso y se van.

Decido meterme en la ducha, más por refrescarme que por el calorcito que se supone mejora las contracciones, ¡Uff! en la ducha ya duelen, me pongo de cuclillas, ¡oh! ésta ha dolido. Cuando salgo de la ducha, otra contracción, me tiro al suelo…. ¡Uff!

Me voy a la habitación, enciendo la lámpara de sal y cierro las cortinas, mando un mensaje a las matronas, esto va rápido… llamo a mi doula: “ya estoy en la puerta” me dice, ¡Uff menos mal!

No sé cómo ponerme, Pablo ha vuelto y se ha metido en la ducha, yo estoy en la habitación cuando una contracción me pide soltar ese ¡aaaaaaaaahhh! que he practicado varias veces… ¡Jo! tumbada en la cama, sin estar de parto y  haciendo hipnoparto es otra cosa…  Niky viene… me lame la pierna, sé que ella siente que ocurre algo importante. Se va y me deja sola.

Hay un momento de confusión, sé que me subo a la cama pero luego me pongo de pie… de repente y sin haberme dado cuenta de nada mi doula me coge las manos…. Comenzamos a bailar… ¡Qué danza!... un suave balanceo que me mece como el mar…. ¡aaaaaaaahhh! y hacemos círculos con las caderas… Bendita danza… es hasta placentero… Cierro los ojos para no volver a abrirlos.  Me voy lejos, sin mover mis pies anclados en el suelo...

De cogerle las manos paso a cogerle las muñecas y las olas se hacen más grandes, intensas… cuando creo que ya me han atravesado toda entera, aún continúa un poco más… ¡Concha, duele mucho…!  Déjate llevar,  me dice… fluye con la ola…. Y en mi mente está MI flor, esa que tantas veces he visualizado en mi vagina… abriéndose… ¡Ábrete...!  me grita la mente.    Y me dejo llevar….

En un momento mi pilar cambia, los brazos de Pablo me sostienen. Ahora veo a mi hombre de otra manera… ese día ES mi muro… un muro que sin hablar lo dice todo tan sólo haciendo una cosa… estar ahí sosteniéndome. Sus brazos se convierten en mi sostén durante varias olas, pero sé que mi doula no está lejos, está detrás de mí, abanicándome y avisando a las matronas de que vuelen…

Quiero ir al baño, tengo pis y con toda el agua que estoy bebiendo no puedo aguantar… oigo a Concha desde la habitación “Bea, ¿estás empujando?” ¡No lo seeeee…!

Vuelvo con mi muro que me besa dulcemente… Oxitocina… Oxitocina…

Noto algo duro moviéndose en mi interior, se que es la cabeza de Pau bajando.  Las piernas me flaquean, ya no puedo estar de pie, me pongo en mi cama a cuatro patas… Duele… ¡¡Aaaaaahhhhhhh!!

¡Ayy! ¡Concha estoy empujando…! Muevo una de mis manos y busco la suya... ahí está… Me recuerda a la mano de una madre, con la piel suave que da la madurez.  Mi madre no está aquí conmigo pero esa mano ES la de una Madre…

Noto como mi hijo se abre paso a través de mi cuerpo, duele muchísimo pero no podría ser de otra manera… ¡Duele muchooo…! ¡No puedo massssss…! ¡Me voy a morir…!  SÉ que no me  voy a morir, pero en ese momento quizá morimos un poco, porque nos rendimos, rendimos nuestro cuerpo a la Vida, que sabe lo que debe de hacer con él, y nos damos cuenta de que nuestro cuerpo no es nuestro…
En ese momento mi cuerpo es de mi hijo, porque es lo que ha hecho que pueda venir a esta vida, de esta manera, en esta cama donde el amor lo buscó, en este mismo instante en el Universo.
Gracias Pau, por permitirme ser tu madre en esta vida...

De repente… sólo siento presión, una presión muy fuerte, mis sonidos son una mezcla de gritos, quejidos  y oigo a la matrona: “Bea, ya está, tócale la cabeza”  ¡Mi chico, mi niño, qué suave…!  Mis sonidos dejan de doler y el amor se apodera de esa habitación “Cógelo que te lo paso” y su cuerpo se escurre de mi interior para llegar a mis brazos, suave, caliente, no llora, está perfecto.  
A las 10:31 h de la mañana, mientras la Xeperudeta sale de su casa y la fiesta comienza, Pau llega a mis brazos para quedarse. 

Lo he hecho, lo he conseguido, he vencido el miedo, la expectativa, soy grande, poderosa. SÍ, yo, la que se traga las lágrimas si ve a sus hijas pasarlo mal, la que se desmoronó como un castillo de naipes cuando su otro bebé se puso las alas para que Pau llegara a esta vida.

El cordón deja de latir, Pablo lo corta, la placenta sale en el cuarto de baño, ¡cuántos sustos me ha dado! pero le doy las gracias por su papel bien cumplido.

Y me siento en mi cama, casi sin creerme qué ha pasado. Mi doula me da un beso en la frente, “Lo has hecho, lo has conseguido! ¡Todo está bien! aún resuenan sus palabras en mi mente...

Y la Vida sigue, como debe ser, como siempre ha sido… Pero hoy una humana se ha vuelto animal. La Tierra ha recuperado a una hija que ha sentido sus pies como un árbol siente sus raíces: ancladas a la tierra.

Sin ti lo habría hecho pero no lo habría vivido, no lo habría bailado, no lo habría gozado... Estuviste ese día en esa habitación, formas parte de mi historia allá donde vayas.  Gracias, Concha, por ser mi Doula.







jueves, 7 de mayo de 2015

Sí. Mujer, Madre y Abuela. ¿Por qué no?




Ha sucedido algo que ha despertado una necesidad repentina de venir a escribir.  No es la primera vez que alguien me ha “recriminado” por presentarme como Mujer, Madre y Abuela. Y ando recapacitando en ello sin comprender los motivos que les puede haber llevado a hacer tales comentarios.

De adolescente, como la mayoría,  me vi envuelta en emociones que no fui capaz de descifrar, característica, por otro lado,  propia de este periodo de la vida. Siendo joven pasé por momentos de incertidumbre personal y dudé de mí misma en más de una ocasión… también formaba parte de esta etapa. Años de crecimiento que me llevan a esa edad en la que toma mucha fuerza lo que había visto y aprendido y que era mi biblia del momento. Ideas a defender, conceptos que anteponer, proyectos que llevar a cabo, sueños para realizar… supuesta plenitud, con matices de incertidumbre. Supuesto poderío que se tambalea ante nuevas corrientes.  Dudas y preguntas personales, y crianza. Y soledad por ir en contra de mucho de lo establecido.  Mientras, el tiempo pasa…

Inevitablemente alcanzo la madurez física que aparece sin apenas darme cuenta y que va acompañada de la mental, de la espiritual...
Y con más madurez, me planto en los sesenta, sesenta y tres dentro de nada.  Este momento en que mis hijos están criados e independizados, en el que ellos son dueños por completo de sus vidas, en el que son ellos quienes toman sus decisiones y que como madre acepto, esté de acuerdo o no. Momento en los que ellos ya tienen a sus propios hijos…

Etapa en la que MI cuerpo ha cambiado y MI mente también. Mucho. Las prioridades no son las mismas, o no hay prioridades. Me acompaña mi marido, pareja-de-toda-la-vida, jubilado laboralmente y buscándose para reencontrar su espacio en el lar familiar, antes superpoblado ahora semi vacío…

Con muchas horas por delante, con cantidad de inquietudes, con ganas de colaborar en causas justas, con una situación emocional cambiante e inconformista, en una constante búsqueda… se me hace necesario ocupar el tiempo.

Y descubro aquello que permanecía oculto, aquello que tal vez venía conmigo desde mi nacimiento, a través del linaje de las mujeres de mi familia… y me ocupo en ello.

Me ocupo en acompañar a mujeres. Me ocupo en transmitir lo que aprendo, en compartir lo que tengo. Y me ocupo en que ellas tomen las riendas de sus vidas, en que se empoderen…

Y soy consciente de que he cambiado mi discurso, de que no pienso y repienso qué he de decir porque realmente no me importa lo que piensen los demás. Y hablo claro con mi verdad, sin pretender convencer a nadie, sin desmerecer las otras, porque hay tantas verdades como personas… y me siento activista. Soy activista de aquello que defiendo: los derechos de las mujeres a elegir en sus partos, los derechos de los bebés a estar con sus madres, el derecho de la mujer a decidir, a no ser engañada ni manipulada… Y sé que esto llega a algunas mujeres que vuelven a confiar en ellas, no por lo que yo pueda decir, sino porque se re-descubren. Y se ven. Y se crecen.

Sin embargo, siempre hay quien tiene algo que decir aunque no le hayan preguntado directamente. Y me desconcierto porque en el fondo sigo creyendo en la bondad de las personas y no concibo que nadie entre a ver lo que digo para desmentirlo.
Yo leo en blogs personales, en páginas, en grupos virtuales y me gusta participar con aportaciones respetuosas respecto al tema en cuestión pero nunca se me ocurre entrar a decirle a una persona qué es lo que tiene que hacer, o qué es lo que está haciendo mal si no lo ha preguntado muy concretamente.  Y aún así, si no la conozco en persona, me lo pienso antes de dar mi opinión.  Porque decir que algo está mal… ¿Mal para quién? ¿Para los ojos que lo están mirando? En ese caso serían los míos y sería yo quien tendría que mirar-me lo que estoy viendo, no lo que quien escribe quiere decir… porque eso está en su corazón y en su mente, y no soy quien para descifrarlo y modificarlo.

Reconozco que ante situaciones así me dan ganas de dejarlo todo, no me avergüenzo al decir que me entra rabia e impotencia por ver cómo son juzgadas mis palabras, pero dejo pasar esa emoción ¡benditas emociones sean cuales sean! Y retomo la confianza. En mí y en lo que hago.  Y estoy tranquila porque así ha de ser. Y no lo veo como fruto del tan temido ego, ni como cualquier otra emoción dañina de esas que nos muestran, casi como pecado, incluso a través de las nuevas corrientes terapéuticas...

El tiempo y la Vida me han traído aquí, no sin mi parte de trabajo y mi parte de esfuerzo. Mis noches oscuras y mis días de luz me han traído hasta donde estoy ahora, y no siempre ha sido un camino de rosas…

Si me presento como Mujer, Madre y Abuela es porque son las tres principales características de mi momento presente.

Mujer por mi condición, de sentimiento, de pensamiento. De genitalidad y de sexualidad.
Madre, porque he parido a tres hijos, una hembra y dos varones. De la mejor forma, de la más consciente que pude. Y así los he criado. Y así me siento orgullosa de ver quiénes son, de las maravillosas personas adultas en que se han convertido.
Abuela, porque la vida, a través de mis hijos me ha regalado a cuatro maravillosos nietos (de momento…). Porque los adoro, porque los amo con locura, porque me hacen sentir viva…
Y Doula, porque acompaño a otras mujeres.


Y si, tal vez las cuatro cosas juntas denoten algo que suele molestar cuando una es joven, y lo comprendo, porque denotan experiencia. Este es el precio que estoy pagando a cambio de los años transcurridos.  Porque es la experiencia la que me aporta confianza, seguridad, serenidad. La que me permite hablar alto y claro, guste o no guste a quien lo lee o escucha. Porque gracias a los momentos felices y a los duros, que también ha habido muchos, la experiencia la vida me abre un camino de maravillosas posibilidades.

Porque, realmente, soy varias personas en una y no tengo edad, sino que tengo... experiencia.


lunes, 4 de mayo de 2015

Bicho raro otra vez (tema doulas)





Tengo presentes las palabras de Michel Odent cuando dice que el éxito de la Doula no radica en lo que sabe, sino en quien es ella, y dándole la razón, en algún momento siento tristeza al ver ciertos sucesos.  Es más, parece ser todo lo contrario… que cuantas más cosas tenga una Doula mejor.

Quizás sin nos remontamos a los orígenes de esta discutida profesión, nos iremos a cuando unos doctores se dieron cuenta que las mujeres que estaban de parto, terminaban mucho mejor el proceso al estar acompañadas por otras mujeres con experiencia. Desde entonces hasta ahora, esta definición ha cambiado mucho. O mejor, el cambio no está tanto en la definición como en las atribuciones que se supone ha de tener una mujer que acompaña a otra.

Así, y a pesar de que en la mayoría de definiciones que podemos ver por ahí parece quedar bastante claro lo que somos y lo que NO hacemos, lo cierto es que algunas emprenden una carrera para acumular títulos varios con los que supuestamente favorecer su curriculum y que poco han de ver con nuestro acompañamiento emocional. En estos momentos, especialmente llama mi atención el hecho de que una Doula sea profesora de yoga, porque cuantas más cosas tenga, mejor. Y el que una profesora de yoga (no Doula) oferte exitosamente preparaciones al parto.

No quiero que se mal interpreten mis palabras. Practico yoga desde hace más de quince años y sé los beneficios que aporta, tanto a nivel físico como mental/emocional/espiritual. Por eso mismo entiendo que, para acompañar a una mujer embarazada o durante su parto, practicar yoga o no, nada tiene que ver con asegurar un mejor desenlace. Y afirmar lo contrario me parece un atrevimiento. Porque cada mujer pare como vive, como es ella, independientemente de si practica yoga, pilates, natación o cualquier otra actividad.

Cuando en un momento dado oferté una formación para Doulas, se inscribieron dos mujeres que tras haber asistido a los dos primeros seminarios,  el de Comunicación y el específico sobre quien es una Doula, se dieron de baja. Yo suelo ser muy pesada incidiendo, hasta la saciedad, en quiénes somos y qué NO hacemos, aún así y a pesar de haber hablado anteriormente con ellas y haberles explicado cuales eran mis criterios para la formación,  siguieron adelante… Una de ellas era profesora de yoga para embarazadas, la otra profesora de danza del vientre… para embarazadas. Ambas alegaron que se inscribieron pensando que así tendrían más clientela y ganarían más dinero. Cuando vieron la realidad, la que yo les mostraba, dijeron que no era lo que esperaban… y se marcharon echando la formación al traste.

Yo no sé cómo harán las otras Doulas cuando estén con una embarazada pero yo estoy junto a la mujer que me ha llamado escuchándola en sus pre-ocupaciones y/o en sus dudas y miedos si los tiene, proporcionándole la información que me solicita y comentándola si algo no tiene claro, reforzándole en la confianza de que su cuerpo de mamífera está preparado para gestar y para parir, aportando recursos y herramientas para que ella misma conozca el proceso y lo sienta y lo viva de la mejor forma para su ser integro, y si está predispuesta -que no todas lo están- acompañándola en una relajación-visualización para que conecte con el bebé que lleva en su vientre. Poco más...

Y cuando acompaño en un parto, cuido del ambiente, del entorno, cuido de la madre sin invadirla… estando para lo que ella solicite, si llega el caso. No le digo cómo ha de respirar ni si ha de dormir o estar activa... La Doula es una presencia que aporta confianza y seguridad por todo lo trabajado anteriormente porque llegado el momento del parto, cuantas menos interrupciones, mejor. Y eso es un hecho mamífero y fisiológico indiscutible.

En fin, no voy a resumir en pocas palabras lo que ha sido un proceso de acompañamiento emocional de meses en el que, en ningún momento, nos hemos puesto a saludar al sol, o a hacer la respiración del león, o cualquier otra asana o pranayama… sino que he estado a la escucha y observación de lo que cada madre en especial necesita y  lo que le puedo ofrecer en cada momento.

Tengo compañeras que son profesoras de yoga para embarazadas y con algunas me une un especial cariño, no es un tema que desprecie sino que SEPARO de lo que es propio de una Doula. Y francamente, añadir al curriculum personal de Doula una formación de este tipo esperando tener mas clientela, me parece arriesgado.

Una Doula puede ser profesora de yoga, de danza del vientre, de pintura, de masaje, de baile flamenco o de costura. Pero que lo mantenga al margen de lo que es puramente el acompañamiento emocional porque además de que no tiene nada que ver, confunde a quien no nos conoce, relacionando Doula con yoga, cosa bastante alejada de la realidad.

Namaste.