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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

martes, 28 de julio de 2015

Lactancia materna ¿nutrición emocional?


Días atrás, me llamó para quedar a comer una mamá a la que acompañé en su segundo parto. Entre nosotras ha quedado una relación que va más allá del acompañamiento y, de vez en cuando, quedamos para charlar. Me dijo que le confirmara la hora por teléfono ya que se había dado de baja del servicio de washapp. Cuando nos encontramos me contó que, su hija pequeña que tiene casi dos años, cada vez que quería teta iba con el teléfono en la mano… y se lo daba. Al ser ella consciente de esto, recapacitó y pensó qué sentiría su hija cuando ella, mientras le daba de mamar, estaba distraída washapeando… y por eso, al darse cuenta, y afligida, decidió anular este servicio.

En uno de los grupos de trabajo en formación psico emocional en los que participo, se ha suscitado también esta polémica. ¿Qué sucede cuando una madre que amamanta no está “conectada” con su bebé? ¿Qué sucede cuando una madre que amamanta está conectada a su ordenador, al teléfono, al washapp? ¿Qué es lo que percibe su bebé? ¿Qué es lo que le transmite ella?

Sabemos que un bebé tiene un tiempo de vida intrauterina y al nacer, necesita otro tiempo igualmente aproximado pegadito a su madre a modo de canguro para completar el periodo de inmadurez con el que nace, tanto a nivel físico como cognitivo y emocional. Es lo que llamamos exterogestación. Durante este periodo, el bebé no se reconoce como ser individual sino que está fusionado con su madre: siente a través de ella, son una unidad que poco a poco se irá separando hasta que a partir de los dos años más o menos, el bebé comienza a dejar de serlo y se reconoce como ser individual comenzando utilizar el “yo” para referirse a él mismo.

Entonces ¿qué pasa durante este tiempo cuando en un momento tan íntimo como es el amamantamiento, la madre está presente en cuerpo pero… ausente de espíritu?

He sido testigo de frustraciones por parte de algunas mujeres que han amamantado a sus hijos,  cuando éstos se han puesto malitos. Bronquiolitis, estados de nerviosismo, dormir inquieto y despertares constantes,  diarreas y vómitos… algo que también padecen los niños criados a la teta con lactancia exclusiva hasta comenzar la alimentación complementaria. Niños con lactancias continuadas y amamantados más allá de lo que es considerado como “normal” por cierto sector de la población, que se supone no deberían enfermar con frecuencia y sin embargo llegan a pasar por situaciones que incluso necesitan ingresos hospitalarios.

Cuando hablamos de las ventajas de la lactancia materna (cosa mal expresada ya que deberíamos de hablar de los inconvenientes de la lactancia artificial…) se menciona la mejor salud física de estos bebés. La especial composición de la leche materna con sus inmunoglubinas, entre otras muchas cosas, proporciona un estado de protección que la mejor leche de formula es incapaz de aportar. Creo no equivocarme si preguntamos a las mujeres por qué deciden amamantar a sus hijos: la mayoría responden que porque es mejor para su salud al ser lo natural en la especie. Sin embargo ¿cuántas son conscientes de lo que a nivel emocional supone esta interrelación única y profunda?

Y recuerdo ahora las palabras de Laura Gutman a pesar de todas sus detractoras. ¿Cómo se puede dar una nutrición emocional si la misma madre no está nutrida emocionalmente?

Comentábamos en este grupo de trabajo, la necesidad de muchas mujeres de esta desconexión precisamente por lo que tiene la lactancia materna en exclusiva, de absorbente. Como me comentaba una mamá, llega un momento en que una se siente poco más que unas tetas andantes. No tiene vida propia, no tiene un momento para ella, no hay más que bebé y teta, sobre todo al principio. Quizás el fallo esté en que nadie le haya dicho con anterioridad que esto es así. Que la lactancia materna en exclusiva conlleva una dedicación plena que, necesariamente, pasa por la madre ya que ella ha gestado, ella ha parido y ella es quien amamanta.

Y comprendo esa necesidad de evasión. Y comprendo ese agotamiento y esa soledad que supone saberse imprescindible. Y comprendo esa  carga de responsabilidad que a muchas mujeres les produce tal agobio que deciden abandonar la lactancia de forma prematura.

Porque es cierto que amamantar va mucho más allá de dar leche a la cría. Amamantar es entrega, es dedicación. Amamantar es contacto, es mantener la mirada y la sonrisa a esa criatura que se agarra al pecho como elemento de vida, es hablarle con voz suave y palabras cariñosas para que le produzcan un efecto sedante y de confianza. Amamantar es consciencia y presencia.  Amamantar es fusión.

Utilizamos con demasiada frecuencia aquello de conectarse con el instinto para que todo fluya, pero ¿realmente existe ese instinto? Cuando una mujer esta pre-ocupada porque el bebé tome leche y aumente de peso; cuando una madre está ocupada en menesteres que la desconectan de las necesidades reales, suyas y de su bebé; cuando una mujer al poco de parir intenta retomar su vida como si no hubiera pasado nada, difícilmente conectará con ese instinto primario que toda hembra mamífera posee, ese instinto de protección, de loba, de dedicarse a su cría por encima de todo.

Porque los condicionamientos sociales, la exigencias externas e incluso el querer ser la mejor de las madres, colocan un listón tan alto que no es posible superar tras un parto, tras la revolución hormonal, física y psico emocional que supone parir.

Si en el parto han influido factores externos como la medicalización, la anestesia y otros que no han permitido a la hembra mamífera conectarse con su parte primitiva e instaurar satisfactoriamente el vínculo, el apego, ese instinto del que se habla… está adormecido, con lo que no es sencillo conectar con él y comenzar el amamantamiento desde ese lado “instintivo”.

Y si además la lactancia es vivida en solitario donde no se tienen patrones de conducta, donde no se visualiza a otras mujeres dando teta, donde una cree que todo lo que le pasa… solamente le sucede a ella, ese “instinto” entra en lucha con la mente racional. Porque la lactancia también es un acto familiar, cultural y social que se transmite entre mujeres.

Siempre pienso que la información es poder y por ello animo a las mujeres a que se informen, tanto de los procesos de embarazo y parto como lo que corresponde a la lactancia. Sin embargo, en ocasiones es tanta y tan diversa la información que se puede llegar a tener que se entra en un estado de confusión. Hay quien dice una cosa y hay corrientes que dicen lo contrario ¿Cómo tomar partido? Pues sencillamente desde el sentido común y arreglo a lo que cada mujer vive en su día a día, a lo que cada una prioriza y según sus costumbres personales y familiares.

Empeñarse en amamantar en tándem, por ejemplo, cuando a la madre le va la vida en ello, es un contrasentido. Porque la madre no es feliz y sus hijos, lo perciben.

En fin, es un tema que me ronda por la cabeza cada vez que surge alguna cuestión sobre la lactancia. Cada vez hay más personas formadas, cada vez son más los profesionales sanitarios que se implican en ello pero ni en grupos de apoyo a la lactancia ni en ámbitos sanitarios se contempla esta parte emocional, al menos mientras yo he estado inmersa en este ambiente.  Es más, he vivido en primera persona, por parte de más de una asesora,  denostar esta realidad y pretender que el amamantamiento es puramente un acto físico.

Hace bastantes años cuando yo amamantaba a mis hijos, no tenía información pues apenas se sabía sobre este tema. Pero recuerdo que cuando iba a amamantar a mis pequeños, solía retirarme del bullicio familiar y me iba a mi habitación o a un espacio tranquilo. Recuerdo tomar sus manitas y mirarles a los ojos, recuerdo llorar de emoción al ver cómo me miraban… y no me ocultaba por pudor, sino por intimidad. Yo no tenía ni idea de nutrición emocional, ni de composición de la leche ni de los beneficios que ello suponía para mis hijos. Simplemente amamantaba porque mi abuela y mi madre lo habían hecho, porque como hembra mamífera consideraba que era lo normal. Por desgracia las pautas eran otras y dejé de amamantar demasiado pronto, no sin constarme unas buenas lágrimas por ver que me estaba quedando sin leche y no sabía qué hacer…


Por eso, ahora que soy afortunada testigo de esta maravilla que la Naturaleza nos ha proporcionado a las hembras, a veces siento lo poco valorada que está la lactancia en su totalidad. Porque como he dicho antes, la lactancia materna es alimento físico, pero también es nutrición emocional, es un auténtico regalo para el alma de las criaturas que son capaces de conectar con un más allá de lo que supone el oro blanco como puro líquido bebible.




sábado, 25 de julio de 2015

De apegos y desapegos.


Me viene al recuerdo una chica a la que conocí virtualmente. En una ocasión comentó que no le gustaban esas diapositivas de “autoayuda” que circulan por ahí. Decía que es como si estuvieran diciéndole todo el rato qué debía de hacer con su vida cuando ella no había pedido consejo. Y había eliminado de su facebook a esas personas que la bombardeaban con sus mensajes.

Lo cierto es que, en más de  una ocasión recuerdo sus palabras, especialmente cuando los mensajes van sobre los apegos. Que si suelta tus apegos, que si no estés apegada porque noséqué (siempre buscando más allá...), que si con apegos no se crece…bla, bla, bla… y tal vez no termine de entender yo a qué se refieren estas personas tan iluminadas cuando propagan esta filosofía… porque yo diferencio de los apegos a cosas materiales de los apegos a personas queridas. A ver si me explico…

El caso concreto que me ocupa es el siguiente. Esta semana mi hermana Carmen ha cumplido 60 años.  Y me ha pasado algunos días recogiendo fotografías desde antes de su nacimientos hasta el día de hoy, o sea, toda su vida.
Imágenes de mis bisabuelos, abuelos y abuelas, de la boda de mis padres, las de cuando éramos chiquititas, documentos gráficos de situaciones trascurridas conforme hemos ido creciendo y ha aumentado la familia…
Fotografías de momentos especiales, situaciones tiernas y otras  divertidas. Caras de personas muy queridas que ya no están. Celebraciones, viajes, nacimientos, cumpleaños, despedidas ¡toda una vida, jolín!

Y he estado durante el tiempo que he necesitado para preparar el vídeo, con una sensación de mariposas en el estómago y con algunas lágrimas que no he querido evitar. Lágrimas de pura emoción, de pura alegría por haber tenido la dicha de haber contado con esas personas en mi crecimiento, por haber tenido la fortuna de haber vivido momentos mágicos junto a ellas. Por haber reído, gozado y llorado junto a esos seres queridos.

Y no he querido renunciar a esta sensación de apego mientras he preparado, visualizado y grabado el vídeo. No he querido porque forma parte de mi historia personal y,  ni puedo ni quiero renunciar a ello.  Soy consciente de que el pasado es eso… pasado y, como dice Macaco, vivo en tiempo presente, pero no por ello renuncio a lo que mis 63 años de existencia me ha aportado.

No todo ha sido un camino de rosas en mi vida, pero en la balanza hay mucho de bueno que agradezco y que, a día de hoy, ha sido necesario para conformar la mujer que soy en este momento.

Así es que, lamentándolo por esos mensajes de desapego, todos los personajes que por mi vida han pasado permanecerán en mi corazón mientras me quede un hálito de vida. Y no por ello dejo de crecer, sino todo lo contrario. Mi evolución es constante y mi caminar sereno porque sé que, alguno de los seres que se fueron, están conmigo y acompañan mis pasos.




¡Feliz cumpleaños, hermana! Gracias a la Vida porque nos ha puesto a tres grandes mujeres en el mismo útero, en el útero de una mujer grande porque hemos nacido de la misma madre. Por nuestro pasado y por esas personas queridas que siguen estando a pesar de sus ausencias.


viernes, 17 de julio de 2015

Linchamiento (Bebé en la basura)


Cuando escuché la noticia sentí el dolor del chiquitín abandonado, sin el cuerpo de su mamá y a solas en la oscuridad. Después me vino a la mente en qué estado debe de estar una madre que, tras superar nueve meses de embarazo y un parto, abandone a su hijo en un contenedor de basura. Y finalmente pensé en lo pronto que vendría el linchamiento por parte de este periodismo sensacionalista que nos ha tocado en suerte en este país.

No he seguido la noticia, no quiero quedarme enganchada a un dolor que, por no ser mío, no puedo gestionar.  Pero sí me enteré de que habían localizado a la madre, que se supo que este bebé era su cuarto hijo. Y no necesité saber más.

Hoy me ha llegado un comentario de Nuria Roca en su blog. Dice que intenta ponerse en la piel de esta mujer, pero no es cierto. Porque coloca a esta madre en un estado de maldad puro. Y si dice eso es que es incapaz de colocarse en su lugar.
Y es que una no se puede poner en los zapatos de otra cuando vive en un estado de bienestar y cuando no investiga a conciencia qué puede haber más allá.

Son muchos los estados psico patológicos en los que se pueden ver involucradas las mujeres durante el puerperio, sobre todo si han tenido unas situaciones adversas en el embarazo e incluso anteriormente. Llevo un tiempo estudiando ese tema y cada vez estoy más alucinada.

Me pongo en la piel de esta mujer y voy a hacerle de abogada, a riesgo de equivocarme,  pero creo que alguien debe de alzar una lanza en estos casos y parar las opiniones enjuiciadoras y acusadoras de las lenguas que buscan protagonismo a costa de los más débiles.

Una mujer de 37 años de nacionalidad colombiana (dato nada relevante para lo que nos ocupa pero que tal vez agrave el caso por su posible situación personal…). Una mujer joven que tiene además de este bebé a tres hijos pequeños. Una mujer que no le dice a su marido que está embarazada me hace entender que no ha sido un hijo deseado, es más, que tal vez los otros tampoco lo han sido. Que no utilizan métodos anticonceptivos para regular la natalidad y para tener los hijos que son capaces de criar y de mantener, por lo menos.  Porque yendo un poco más allá, tal vez se sienta culpable de ser ella quien se ha quedado embarazada sin pensar, siquiera, que es cosa de dos, que los hijos se engendran con la participación de un varón,  varón que en muchas ocasiones no asume su parte y rechaza la opción de utilizar un preservativo delegando toda la responsabilidad a la mujer. Varón que incluso puede someter a su pareja a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad y sin considerar las consecuencias…

Una madre que tal vez no tenga aquí familia, ni amigas, ni tribu, ni a quien comentar que se ha quedado embarazada de nuevo y que está aterrada por la que se le viene encima. Una mujer que, posiblemente, no sepa a dónde acudir ni qué soluciones pueden haber que le ayuden a sobrellevar esta situación que colma su día a día. Una mujer joven y desesperada que transcurrida una semana, sólo ve cómo salida tirar a su bebé a la basura sin pensar que le pueden encontrar y le va a caer todo el peso de la leyuna mujer sola, angustiada, desesperada. Eso es lo que yo veo en esta mujer.  Y sin saber nada de su pasado, sin conocer su historia familiar, su familia de origen, lo que hay tras ella… su relación de pareja, su situación económica… ¡son tantas las cosas que se han de contemplar antes de lanzar la primera piedra!

En esta sociedad donde se intenta vender la maternidad como un estado de gracia maravilloso,  algunas partes acusadoras no pueden ver ni siquiera saben cuáles son los parámetros para que una mujer pueda lleva a cabo una crianza feliz. Y desde luego, el caso de esta chica, no lo es. Como para ir a su lado y hablarle de crianza con apego y respetuosa.

Cuando una está SOLA (sí, con mayúsculas) y tiene bocas que alimentar, y son muchas horas de sueño que se pierden, y es agotamiento físico y emocional, y es un estado de ansiedad, de depresión, de tristeza continúo… la maternidad es el estado más desesperado en el que una mujer se puede encontrar.

En fin, no sé qué habrá de cierto en todo esto que yo he comentado en el caso concreto de esta mujer, pero de todas formas me parece injusto e incluso inhumano lapidarla sin tener conocimiento de causa, sin hablar con ella, sin preguntarle, sin escucharla, sin atender a sus angustias, sin darle siquiera un abrazo para que abra sus heridas y pueda sacar sus terrores

Somos responsables de que esto siga ocurriendo,  desde los estamentos sanitarios hasta los sociales, desde la gestión del Estado hasta quienes nos movemos trasladando noticias de un lado a otro. No defiendo este hecho de tirar a un bebé a la basura, para nada, y bien que lo lamento. Pero si estas cosas siguen sucediendo es porque toda la sociedad es culpable. Sí, así de claro y así de triste.



lunes, 6 de julio de 2015

Trabajar gratis NO es trabajar


Hace bastantes años que me inicié en Reiki. Una de las cosas que me llamó la atención fue que, al menos en la escuela donde yo me formé, las sesiones de Reiki se han de cobrar. Por una sencilla razón, lo que se da gratis ni se aprecia ni se valora, algo que constató Usui en su experiencia con determinados grupos sociales.

Estamos en un momento en que todo el mundo sabe hacer de todo y en el que abundan las “expertas”. No voy a decir si está bien o todo lo contrario, pero sí comentaré que esta situación, en ocasiones, lleva a confusión. Y a veces también, a graves consecuencias.

La información está al acceso de todo aquel que sabe manejarse en Internet, sea verídica o sea falsa, unos de los grandes peligros de la Red. Las formaciones también proliferan, sea cual sea la temática, incluso demasiado diría yo, pues parece que hay que hacer una formación hasta para atar los zapatos a los niños y que sea de una forma respetuosa…
¿A santo de qué digo esto? Pues muy fácil, parece que al haber tanta oferta de todo, quien pretende hacer de sus estudios una profesión e intentar vivir dignamente de ello, lo tiene crudo, porque siempre habrá quien supuestamente ofrezca lo mismo… ¡y gratis!

¿No os ha pasado dejaros las llaves en casa y llamar a un cerrajero de urgencia? La primera vez que me pasó, se me quedó la cara de boba al ver cómo con una pieza cortada de una radiografía, abría la puerta y por ello me cobraba un dineral. Desde luego que a mí no se me ocurrió hacerlo ni sabía que se podría abrir de esta forma. Por tanto ¿Qué es lo que pagué? Evidentemente sus conocimientos y su experiencia, aunque luego me pareciera una tontería.

Y vuelvo a lo que me ocupa. Quizás sea desde mi aprendizaje y a consecuencia de lo que he visto por ahí… cuando voy a acudir a una formación o a un taller, lo primero que miro es quien lo va a impartir, a qué se dedica, qué formación y qué experiencia tiene… lo lamento, pero necesito garantías mínimas de que no voy a perder mi tiempo y mi dinero. Y aunque el taller sea gratuito, lo mismo, pues para mi es importante saber en qué punto está la persona que lo imparte.  Llamadme como queráis…
Asesoras, consultoras, terapeutas varias, expertas en todo que ofrecen talleres gratis ¡alma de misioneras, de voluntarias! ¿No esperan nada a cambio, no venden nada, no ofrecen servicios y lo hacen por amor incondicional…? ¡Eso está genial! Yo misma he estado haciendo un voluntariado cuatro años, pero…

Y si resulta que llevo años formándome, que llevo un dineral invertido en mi reciclaje, en actualizaciones, en Congresos nacionales y extranjeros… que además estoy dada de alta legalmente y pago mis impuestos, que además tengo una sala individual alquilada donde poder ofrecer el mejor de los servicios, que además invierto en mobiliario para crear un espacio agradable… ¿he de ofrecer mis horas de trabajo también gratis? Sinceramente, creo que hemos llegado a un punto en que confundimos la velocidad con el tocino… por ser algo moderada.

Este invierno, se me estropeó la caldera de gas. De ir bien, de repente, dejó de encenderse. Y llamé al servicio técnico. Nada más llegar, el chico vio que le faltaba un tornillito que impedía la chispa eléctrica del encendido. Abrió su maleta, lo colocó y ¡tachán! ¡Caldera en marcha!  Y el caso es que el día anterior me había encontrado un tornillo igual en el suelo, pero como no supe de donde era, lo tiré a la basura. No pagué por ponerme un tornillo, sino por saber qué tornillo era y dónde se había de colocar.  Y no todas las personas saber hacerlo… ni hacerlo bien, reconozcámoslo.

Esto, según mi amiga Regi, podría ser una metáfora para decir que, a veces, es más interesante pagar por un servicio teniendo la garantía de que quien lo oferta tiene la suficiente formación y experiencia para resolver aquello que estamos buscando. El valor del dinero es algo muy personal y está en función de lo que esperemos obtener, por tanto, ¿Quién decide lo que es caro y lo que es barato?
Además, para que todo trabajo sea reconocido, debe de ser remunerado mostrando que una persona es merecedora de lo que está haciendo y de los ingresos que obtiene a cambio.

Creo que como en todo, buscar información, valorar la formación, recoger experiencias de otras personas, tener un contacto cara a cara para poder formarse criterio y luego, escoger. Difícilmente nos equivocaremos de esa forma. Porque, normalmente, lo barato sale caro.

Y sí, estoy pensando en un caso concreto. Como decía mi padre “o hablo o reviento”.
Con Amor.







viernes, 3 de julio de 2015

A vueltas con FACEBOOK



Tenía cierta resistencia a ver “El show de Truman”  porque Jim Carrey me parecía un actor sobreinterpretado, aún así la vi y confieso que me gustó mucho, que me mostró una realidad tan cruda como es la manipulación de los medios… de la realidad que nos quieren mostrar. La realidad que, desgraciadamente muchas personas se creen –o nos creemos- a pies juntillas como cierta. Citaré por ejemplo el infame “informe” periodístico del Equipo Investigación emitido hace poco por AtresMedia a través de su cadena de TV La Sexta.  Manipulación, mentiras, mala idea, ocultación de información y amarillismo. Pero no es este el caso que me ocupa ahora…

Ando unos días a vueltas con qué sentido tiene pasar el tiempo en el “caralibro”. Me resistí a entrar, quien me conoce bien lo sabe. Me invitaron y me animaron a ello, hasta que finalmente, ¡pobre de mí! caí en la tentación y sucumbí, y no me hice solamente una biografía –o como se llame- sino que además cree una página profesional donde compartir de manera abierta todo aquello que me iba llegando y que suscitaba mi interés.
Así, siendo sincera, todos los días veo qué hay importante en este mundo del nacimiento, los últimos avances en cuanto a partos, hormonas, lactancia, e incluso crianza.

En la “biografia”, mi parte más personal y privada, comparto temas familiares y de crecimiento personal, de espiritualidad, o de cuestiones que me atraen como Concha más que como Doula. Aquí está la gente que más o menos conozco, algunas de estas personas me conocen personalmente, otras a través del tiempo que llevo en la red y otras, piden “amistad” noséporqué y según mi intuición, las acepto o no.  Periódicamente he de hacer una limpieza porque tengo la extraña sensación de estar siendo espiada por alguien que nunca dice nada… así es que el número de “amigos” se va equilibrando consecuentemente.

Y como consecuencia de estas solicitudes de extraños, me decidí a crear la “fanpage” o la página profesional, donde no comparto cosas tan íntimas o privadas y me remito solamente a lo profesional, a publicar lo que me llega de otras páginas nacionales o internacionales y que considero interesante para las personas que pueden seguirme, aunque realmente… ¿Quiénes son? ¿Existen de verdad? ¿Realmente les interesa lo que comparto?

Me he tumbado un rato con las piernas en alto para aliviar un poco la circulación venosa de mis piernas, y las palabras han comenzado a agolparse en mi cabeza como si alguien me estuviera dictando… y han aparecido personajes de ficción que me han llevado a conectar con unas sociedades en las que la mentira y el espionaje controlaban a sus habitantes. Y precisamente a colación de sentirme espiada y de estas cuestiones de si tiene algún sentido estar tan activa en este mundo facebookero, es que estoy escribiendo este texto.

He recordado a Winston Smith, de la novela 1984 de George Orwell, y el Gran Hermano que todo lo controla a través de sus telepantallas. Recuerdo los pelos de punta cuando leí la novela por primera vez allá por 1974 ¡Me pareció algo tan irreal y tan lejano…!  Y de ahí mis pensamientos se han pasado a una serie que hicieron en TV a finales de los años 60 que yo veía todavía en casa de mis padres, y que me producía una sensación de agobio que no olvidaré nunca. La serie era inglesa, protagonizada por un actor americano que se llamaba Patrick McGoohan, en la que un personaje estaba encerrado en una realidad de espionaje de la que no conseguía escapar nunca de “La Villa”, lo cual era una pesadilla constante. “El Prisionero” se llamaba.

Y así, enlazando estas tres historias de ficción he llegado a la conclusión de que no sabemos realmente qué sentido tiene esta enorme red social que atrae a tantas personas, que despierta disputas, que levanta pasiones, que hace que las personas pierdan sus modales, que se pierda también la vergüenza y los valores, que quizás se utiliza con fines constructivos pero que realmente… me hace perder mucho de mi preciado tiempo. Confieso que me siento enganchada y creo que ha llegado el momento de reflexionar.

Tal vez por eso sea que las voces están gritando en mi cabeza… tal vez por eso sea que me plantee seriamente ver y cuestionarme si tiene sentido continuar con mis páginas. Porque ¿realmente a alguien le importa saber qué pienso, o qué siento? ¿Realmente es necesario seguir hablando de las barbaridades que se siguen haciendo en nombre de la Humanidad… de la violencia obstétrica, de las cesáreas innecesarias, de los intereses de las multinacionales y farmacéuticas, de tantas y tantas cosas que a mí me levantan ampollas pero que no tengo nada claro que al resto del mundo se las levante o se la repampimfle…

No sé, quizás he entrado en ese ciclo del cuestionamiento en el que, como mujer cíclica -aunque sin menstruación- entro de vez en cuando. Esos ciclos vitales en los que necesito cambiar cosas, eliminar trastos, abrir armarios y cajones para tirar cosas, revisar y revisar-me para soltar viejos apegos y para introducir aire fresco. Dejar hueco a lo nuevo deshaciéndome de lo caduco…

Tal vez ha llegado el momento de cerrar la página del "caralibro" y permitir que, quien quiera algo de mí, me busque y se ponga en contacto conmigo, por correo, por teléfono, como toda la vida se ha hecho. Y que a quien le interese un tema, indague, busque y se informe, y se forme por cuenta propia, para no ser un Truman Burbank que vive en “La Villa” y es controlado por el Gran Hermano…

Viernes tarde en un mes de julio caluroso,  con un montón de ideas y de proyectos para llevar a cabo. Con compromisos de trabajo y familiares. Con pocas horas de descanso y de sueño…
¿Realmente tiene sentido? Nada es definitivo.  Ahí me quedo… sintiendo.