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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Y cómo confía una en algo que desconoce?


Cuando una mujer está embarazada y comienza a buscar información sobre el parto que se avecina, en ciertos ámbitos lo primero que se le dice es que confíe. Así, tal cual, sin más detalle. Yo también lo he hecho, lo reconozco. “Confía en que tu cuerpo sabe, que tu bebé también, que la Naturaleza es sabia…” bla, bla, bla…

Y sí, eso es así, es cierto. Y está muy bien decírselo a las mujeres porque algunas no necesitan más,  se lo creen y mantienen esa confianza, tal vez porque está en su natural el confiar.

Pero hay otras mujeres que eso no les basta. Y con toda la razón del mundo dicen que no pueden confiar en algo que no saben y además, les asusta… porque sí, todavía se desconocen mucho los procesos fisio-bio-neuro-hormonales de un embarazo, de un parto e incluso, de una lactancia materna.

Hace un tiempo estaba en un taller sobre el parto, acudí porque me habían invitado. Algunas futuras madres hablaban desde el desconocimiento que he comentado antes,  el miedo asomaba con fuerza y desequilibraba su estado emocional.

Recuerdo una mujer en concreto. Hizo un montón de preguntas respecto a cómo iba ella a saber que estaba de parto, cuándo sería el momento de irse al hospital, si rompía aguas, si llegaba demasiado pronto…

Una chica joven que se presentó como matrona, le dijo que ella tenía que confiar en su cuerpo, en su bebé y en el personal sanitario, y nada más. Dijo que ella era madre de dos niñas e insistía en que era necesario confiar en que todo iba a salir bien. Confiar, confiar, confiar…

Lo cierto es que sentí el impulso de responder. Y lo hice.

Desde mi punto de vista, lo primero es la información. Siempre pongo este ejemplo. Cuando alguien se va a comprar un TV, un coche o una lavadora, se informa de las características técnicas, del consumo, de las prestaciones, de la calidad y del precio…

En demasiadas ocasiones, cuando una mujer se queda embarazada apenas sabe qué está ocurriendo en su cuerpo y qué va a suceder, qué está pasando también en el cuerpo y en las emociones de su bebé intrauterino… Apenas tienen información de cuáles son los pasos a seguir, qué hospitales o profesionales se adaptan mejor a su criterio de selección, cuáles son sus derechos en torno a este tema, de aquellas cosas que le pueden hacer en un hospital y  a las que se puede negar con total libertad.

Porque, aunque parezca mentira en la época de la información, todavía quedan muchas mujeres que por diversas causas no disponen de la más mínima.

Dicen que la información es poder.  Para mí es importante, desde luego, pero no es así para todo el mundo. Como he comentado antes hay personas que por naturaleza tienen fe y les es sencillo confiar. Pero otras no y a esas hemos de dirigirnos con mucho cuidado, con mucho respeto porque de lo contrario parece que las tratamos de tontas.

Cuando una mujer que está a punto de parir, cuando una mujer que comienza su lactancia se ve envuelta en dudas, antes de decir a bocajarro que confíe, creo que darle un mínimo de información sobre el proceso puede ayudarle a comprender que sí, efectivamente su cuerpo está preparado, su bebé sabe hacerlo pero que su estado emocional de confianza y seguridad le va a llevar a una determinada situación de la que tal vez dependa el nacimiento, incluso puede que el éxito en su lactancia…

Comprendo que para quienes nos movemos en torno al nacimiento, la ilusión y la emoción por compartir experiencias a veces nos desborda, pero hemos de tener en cuenta a la persona que tenemos delante. Y hacer un ejercicio de escucha activa para saber qué es lo que necesita escuchar, qué es lo que le interesa, qué es lo que le pre-ocupa. Y dar una información clara, concreta y concisa
Sin divagaciones. Porque no sería la primera vez que cuando se sale de una reunión de éstas, una se siente peor que ha entrado, con las ideas todavía más confusas si cabe.


La prudencia ha de ser un ejercicio obligado al hablar de determinados temas. De lo contrario, mejor permanecer calladas.





viernes, 16 de octubre de 2015

Lo que es importante... y lo que no.



Nos pasamos la vida tomando decisiones. Algunas veces nos sentimos contentos al haberlo acertado, en otras nos arrepentimos… En cualquier caso, creo que todo forma parte del aprendizaje necesario para crecer y alcanzar la madurez, la sabiduría suficiente para poder marcharnos cuando llegue el momento, satisfechos y felices con la vida que elegimos.

Una de las decisiones que más me satisface haber tomado en estos últimos tiempos es la de inscribirme en la Formación de Salud Mental Perinatal organizada por Terra Mater, formación que dura un año y que está coordinada por Isabel Fernández del Castillo e impartida, mayoritariamente, por Ibone Olza. Estoy más que satisfecha ¡estoy encantada!

Me desplazo a Madrid siempre que puedo y lo he hecho en la mayoría de los días de formación. Ayer, jueves 15 de octubre,  tuvimos nuestro noveno seminario ¡una gestación! Comenzábamos el último trimestre en torno al embarazo tras haber trabajado el parto y el posparto. 

Contábamos con la participación especial de Jesusa Ricoy Olariaga, una madre feminista y activista en cuanto a los derechos de las mujeres respecto al nacimiento y al reconocimiento del propio cuerpo, que vive en Londres (una vez más nadie es profeta en su tierra…) y que trabaja con un método reconocido preparando a parejas para el parto. Y fue un seminario especialmente participativo y divertido. Estábamos todas con una chispa especial que hizo que la jornada de siete horas se nos quedara corta.

Al comenzar el seminario, Jesusa nos invitó a que nos presentáramos y decir por qué estábamos allí. Hay cosas en la vida que no tengo claras pero está sí que la tengo: estaba –estoy- allí porque como Doula que acompaña emocionalmente a mujeres en procesos de maternidad, sin ser personal sanitario,  esta formación me proporciona la mejor de las herramientas. El profundo conocimiento de las emociones que se viven en momentos de embarazo, parto y posparto  y las posibles patologías que se dan en circunstancias especiales y que conducen a las madres a situaciones de angustia vital, la mayoría de las veces no detectadas.  Y es que como dije allí, delante de mis compañeras, poco más me interesa saber para acompañar como yo siento que he de hacerlo.

Mi caballo de batalla en torno a este tema es que, para mi forma de entender el acompañamiento, la doula no debe ser una figura que utilice terapias,  ni debe decir a las madres qué han de hacer en determinadas ocasiones. Y vuelvo a hablar por mí.

Porque yo observo, acompaño, abrazo, escucho, proporciono herramientas si me las piden, las mujeres se informan y deciden… y si es necesario, derivo a personal más cualificado según sea la circunstancia.

Cuando finalizamos la jornada  y a modo de despedida, Jesusa nos invitó a una descripción breve de lo que había supuesto este día. La mía fue la reafirmación en lo que hago, en lo que siento, en lo que digo… por lo que me muevo, hablo y doy la cara. Porque cada vez estoy más convencida de que son las mujeres quienes deben de decidir respecto a su vida sexual y reproductiva. NADIE debe decirles si han de ser madres, cómo vivir su embarazo, dónde y con quien parir, cómo criar a sus hijos… NADIE.

Yo soy Doula, quienes me seguís sabéis mi defensa en torno a esta profesión que pretenden abortar, que no permiten nacer y que se empeñan en hacer desaparecer…

Sin embargo, en esta formación en la que convivimos psicólogas, enfermeras, matronas, terapeutas, doulas, madres…  y ocasionalmente, un hombre excepcional, empático y maravilloso,  en esta formación digo, se siente la solidaridad y el compañerismo sin importar la profesión ni el género. Cuando al finalizar nos damos un abrazo y las matronas comentan lo contentas que están de haber conocido a doulas como las que allí estamos, mi corazón se expande.
 
Y cuando veo a matronas que con toda humildad reconocen que vienen a esta formación porque en su carrera no han tenido ninguna herramienta para comprender estos procesos emocionales en los que se encuentran las mujeres de parto que ellas asisten en los hospitales, mi corazón se expande doblemente.

Ayer fue un día especialmente agotador pero sumamente gratificante. Desde las seis de la mañana que me levanté para coger el tren hasta casi las once de la noche que llegaba a mi casa, fueron muchas las emociones a gestionar. Además el cansancio físico ya va haciendo huella en este cuerpo maduro. Así es que cargada de oxitocina cual mujer recién parida, me fue imposible conciliar el sueño y a la una de la madrugada me levanté para hacerme una infusión relajante…

Tras un breve descanso pues mi reloj biológico apenas consigue dormir más de seis horas, me he levantado con la cabeza en ebullición… y me he puesto a escribir.


Ya sabéis, este es mi confesionario…


domingo, 11 de octubre de 2015

Paisajes en otoño. Emociones



Este es un relato en el que mezclo mis sensaciones, mis emociones y mi agradecimiento por lo que la tierra nos ha enseñado, por lo que la Vida nos ha proporcionado. Es un relato largo, no quiero dejarme nada. Si te apetece acompañarme, toma asiento y de vez en cuando, cierra los ojos y siente…


Necesitaba una escapada tras los intensos días de este verano y aunque nos hubiera gustado un viajecito por Europa, la situación no nos lo iba a permitir, así que decidimos ir hacia el norte de la península, a visitar dos capitales que me quedaban por conocer: Vitoria y Bilbao. De paso, haríamos un recorrido por un valle que también teníamos en la lista de lugares pendientes: El Baztan, en Navarra. Además iba a tener lugar un encuentro con una persona especial que conozco a través de las redes y con la que tenía pendiente un fuerte abrazo “in person”. Así es que organizamos el viaje, contactamos con una Casa Rural y con un Hotel y establecimos hoja de ruta.

Desde Valencia fuimos a parar directamente a Oieregi, un pueblecito de origen medieval en la Comunidad Foral de Navarra, en las orillas del Bidasoa.

Allí, nos alojamos en una casa rural cuya propietaria es amiga de una compañera nuestra de senderos. Maialen, que así se llama, es un encanto de mujer. Viajera y con experiencia de vida,  nos invitó a un acontecimiento cultural la noche de nuestra llegada. En un pueblo vecino, iba a tener lugar la presentación de un libro de poesía de un conocido suyo, así es que tras dar una vuelta por el Parque Natural del Señorio de Bertiz-Oiregi y nutrirnos con los cánticos de los pájaros, con el aroma del bosque húmedo, con el susurro del río que transcurría a nuestra vera y con las castañas y las nueces que el sendero nos ofrecía, acudimos al evento en su compañía.


Confieso que, de entrada, la situación me sobrecogió. Recién entrada la noche, en un enclave rodeado de montañas, teniendo a la preciosa luna llena como candil, respirando un aire tan limpio que resultaba hasta placentero sentirlo en las narinas, y rodeada de un grupo de personas que no conocía y que, mayoritariamente se comunicaba en euskara… la expectación me emocionaba y la curiosidad de ver qué iba a suceder me mantenía con una sensación de vivaz inquietud.

Como os he dicho, se presentaba un libro de poesía basada en la experiencia personal del autor, Juan Goñi, un hombre de Tafalla y que versaba sobre los bosques de su entorno, “Los bosques que llevo dentro”. La introducción estaría a cargo de un Naturalista al que sigo desde hace tiempo en la radio y al que tuve el privilegio de conocer hace unos años en el Jardín Botánico de Valencia: Joaquín Araujo, también escritor y poeta entre sus muchas facetas y personalidades.


Y comenzó el acto. El ambiente dentro de aquel lugar, que antes había sido unas caballerizas que formaban parte de la Jaureguia de Irurita y que ahora estaba habilitado como medio bar,  medio sala de audición o de reuniones, era mágico. A media luz y junto a un piano, estaban sentados el autor del libro, el Naturalista, un hombre joven al piano y un chico muy joven que comenzó a hacer la presentación en su idioma natal. Por supuesto que no entendía nada, pero una vez terminó se dirigió al público en castellano y explicó que el acto formaba parte de una serie de actividades culturales encaminadas a la protección de sus bosques. Comenzábamos bien porque es un tema que me apasiona…

Después, Juan Goñi comenzó a hablarnos del origen del libro: sus emociones, y ahí mis lágrimas comenzaron a fluir ¡suerte que estaba oscuro y nadie me conocía! El amor, la pasión, la ternura, el conocimiento de los bosques, de los árboles y de todo lo que la Naturaleza nos regala a través de ellos y la pasión que transmitía, me llevo a un estado de éxtasis deseando que no se detuviera, sin importarme el tiempo…


Hasta que le tomó el relevo Joaquín Araujo y reforzó, desde su visión de estudioso de la Naturaleza, las palabras del anterior tertuliano e hizo la presentación, también, de su último libro “La sonata del bosque” ¡Qué dos personas tan sensibles, por favor! ¡Qué gustazo escucharles! Mi emoción, aunque más estabilizada, se mantenía en estado álgido pero aún no llegaba a su fin, porque una rapsoda comenzó a leer algunos de sus poemas con acento argentino o chileno o uruguayo ¡qué más da!. Y entre poema y poema, el hombre que estaba al piano nos deleitaba con unas composiciones suyas ¡música celestial! Escuchando los poemas y las sonatas de piano, mi corazón palpitaba al unísono… ora rápido, ora calmo… ¡qué paz interior!

Y llegó el final. Marido no pudo resistir la tentación de ir a comprar los dos libros (si no hubiera ido, lo habría hecho yo…) y nos acercamos a los autores para que los firmaran. En ese momento, saludé a Joaquin Araujo recordándole que ya tuve el placer de hacerlo en Valencia. También me acerqué a saludar al pianista quien, al decirle que me encantaba su música, tuvo la amabilidad de regalarme un CD con sus composiciones.

Y de nuevo al aire libre, nos tomamos unas cervezas, compartiendo lo agradable del momento y despidiéndonos de estas personas que nos trataron como paisanos en estas tierras tan nobles.

Al día siguiente, íbamos a marchar hacia Bilbao pero antes desayunamos con Maialen quien, de forma cordial y distendida nos contó cómo se hizo con el caserío que ahora regenta como Casa Rural, introduciendo pinceladas de su pasada experiencia vivida,  de manera que descubrimos en ella una personalidad apasionada, curiosa y amante de la Vida. Tras un sincero abrazo y la promesa de recomendarla a diestro y siniestro, nos despedimos.

Marido siente una especial atracción por conocer de cerca las fuentes de los ríos que estudiaba en su infancia, así que nos encaminamos hacia el nacimiento del río Bidasoa en el Pirineo Navarro cerca del pueblecito de Gorostapalo, al que llegamos caminando desde la localidad de Erratzu. 

Nos adentramos en un bosque húmedo poblado de hayas, alisos, castaños y nogales como principales especies y siguiendo un camino rural llegamos hasta la Cascada de Xorroxin, que mana un agua limpia y con fuerza dando origen al río que en principio se llama Baztan y posteriormente toma el nombre de Bidasoa.

Aquí estaba yo emocionada al ver el estado de plenitud en que se hallaba Marido, viendo cómo se nutría del espectáculo y de la energía que ascendía del mantillo que tapizaba el boscoso suelo. Nos tomamos un tiempo simplemente para sentir. Y para tomar alguna fotografía. Y regresamos al coche casi en silencio para que no se nos perdiera por el camino ninguna sensación adquirida en estos momentos de éxtasis.

Nuestro próximo destino era Zumarramurdi, porque estando tan cerca no podíamos pasar la ocasión de visitar esas cuevas y ser testigos a distancia de la triste historia que encierran. Así es que nos dispusimos a ver y sentir…


La realidad es que yo no conecté con esta historia de infamia hacia unas personas que estaban en contra de lo establecido, pero sí sentí un escalofrío al leer lo que ponía en el folleto que nos dieron y que copio aquí a pesar de que en la anterior entrada de este blog ya la compartiera…

“El modo de vida de Zumarragurdi estaba ligado a la tierra, y en consecuencia, también lo estaban la sabiduría, las costumbres y el mundo mágico, principalmente pagano. Aquellas personas llamadas sorgin (brujo o bruja en euskera) eran las que poseían un profundo conocimiento de la Naturaleza, las plantas y las hierbas medicinales. 
La gran mayoría de mujeres también sabían de fertilidad, de reproducción, de partos y de los anticonceptivos de la época.

La tierra era la señora de la mitología y la dueña de la vida. A esta gente que vivía tan apegada a la tierra, la Iglesia Católica le obligó a mirar el cielo. El abad de Urdax, denunció que había brujas y en su búsqueda enviaron al Santo Oficio.

La Inquisición no veía con buenos ojos aquella sociedad de costumbres diferentes, creencias y sabidurías diferentes. La incomprensión y el ansia de dominación transformó aquellos rituales en aquelarres, los cánticos en conjuros, las palabras en sortilegios…

El poder propagó el miedo. El miedo, la sospecha. La sospecha, el silencio. Y el silencio acrecentó el poder del ya poderoso. Estas personas comenzaron a ser señaladas”.



Me voy a quedar aquí porque ésta no es una entrada para hablar de doulas, sino una escapada hacia la Vida...


Emprendimos viaje hacia Vitoria-Gasteiz, subiendo por Francia para descender y entrar por el norte a la capital de Álava y capital administrativa de Euskadi.   Tal y como entrábamos ya me pareció una ciudad moderna, limpia y abierta, lo cual pudimos comprobar en una primera incursión mediante un paseo vespertino.

Al día siguiente, nos iríamos hacia otro destino…

Como os he dicho al principio, este es un relato de emociones. Y se acercaba el momento de conocer a esa mujer que ha sido un referente para mí en el mundo de las Doulas. Esta iba a ser otra emoción a gestionar, pero desde la alegría y el agradecimiento que suponía hacer el esfuerzo por su parte para poder encontrarnos en un día de trabajo en la agenda de una mujer tan ocupada como es ella.


Carmen vive en Getxo, en la costa,  y ese iba a ser nuestro próximo destino, así es que la llamé por teléfono y quedamos en vernos a media mañana en su misma calle.

Cuando nos encontramos y nos dimos ese abrazo que tantas veces nos hemos dado por teléfono, por washapp… fue como si nos conociéramos de toda la vida. Esa sensación tuve yo y eso es lo que ella verbalizó. Nos dimos varios abrazos con su pequeña Maya entre nosotras y nos pusimos a pasear tomando el sol de camino hacia el Puerto Viejo, donde nos sentamos para poder charlar tranquilamente con la compañía de un pinxo y una caña. 



¡Qué sensación tan bonita! Estábamos hablando de aquello que nos une, de lo que sentimos en torno al mundo del nacimiento en el que ambas, de manera vocacional nos movemos. Charlábamos de nuestro futuro como Doulas, del futuro de las madres en este mundo donde no se valora la maternidad, del futuro de los niños en esta sociedad de consumo… y así pasó el tiempo, sin ser conscientes de que el planeta seguía girando y el agua de los ríos seguía su curso. Porque paramos el tiempo mientras nos reíamos y departíamos sobre nosotras. Sin embargo y a nuestro pesar, el minutero seguía girando inevitablemente. Y llegó el momento de la despedida. ¡Ufff1 ¡Con qué rapidez se pasa el tiempo de felicidad! Nos despedimos con otro abrazo y un hasta siempre.

Y Marido y yo, una vez en el coche, cogimos la autovía a Bilbao para no dejarnos ningún rincón sin visitar.
Aparcamos cerca del Guggenheinm y lo miramos rápidamente por fuera… teníamos otros intereses. El barrio viejo, la Basílica de Begoña, pasear por la ría y por la ciudad moderna… no entraríamos en el Museo de Arte Moderno porque, ni Marido ni yo comprendemos este tipo de arte… si se le puede llamar así, con todos mis respetos.

Así es que con las plantas de los pies ya escaldadas, callejeamos sin parar. Subimos, por recomendación de mi amiga Iranzu a la Basílica de la Virgen de Begoña a cuyas cercanías accedimos mediante un moderno ascensor desde el metro, volviendo a bajar andando hasta la ría cruzando el precioso parque de Etxeberría con la bien conservada chimenea de una antigua fábrica.  

Y más pinxos. 

Y más regalo para la vista ante esta ciudad que se me resistía y que me ha parecido espectacular. ¡Me alegro mucho de haber ido! Y de no haber escuchado a quien, desde su desconocimiento me había comentado que era una ciudad industrial sucia y oscura… nada que ver con esa concepción errónea que me ha impedido visitarla con anterioridad. Mea culpa por fiarme, lo reconozco.


Volvimos a dormir a Vitoria, donde estaba nuestro hotel como cuartel general. Y dispuestos a disfrutar de la ciudad como así lo hicimos con los largos paseos que nos regalamos tanto por el casco antiguo como por las zonas de calles y fincas nuevas. Me impresionó saber que salen a 42 m2 de zona verde por habitante y que es la tercera capital española con mejor calidad de vida. Me impresionó, también, ver una ciudad fresca sin restos de detritus caninos en las calles y con un mobiliario urbano perfectamente limpio y conservado (no puedo evitar sentir cierta envidia cuando pienso en lo sucia que es mi ciudad en este sentido…).


Callejear y entrar a tomar pinxos en sus múltiples variantes, sin prisa y gozando de lo que la ciudad ofrece es un regalazo que se ha de agradecer. Y justo es lo que estoy haciendo. Agradecer, una vez más al Universo la oportunidad de disfrutar con estos pequeños placeres.

Visita obligada y no solo desde el punto de vista turístico, sino histórico y arquitectónico, es la Katedral de Santa María, la cual llevan restaurando varios años y a la que todavía le quedan otros tantos para dar por finalizada su restauración.


Con casco de seguridad y con la profunda y profesional información de una guía muy joven, pudimos adentrarnos en los entresijos de este monumento Patrimonio de la Humanidad situado en el Camino de Santiago del Norte y cuya construcción se remonta hacia finales del siglo XI. Absolutamente recomendable, tanto para profesionales como para legos en la materia, la obra de reconstrucción es una auténtica maravilla.



El Palacio de Ajuria-Enea y las villas señoriales que le acompañan; la Katedral Nueva;  la Iglesia de San Miguel Arcángel con su Virgen Blanca; la calle Cuchillería y sus bares a cuál de todos más atractivos por los pinxos que ofrecen; la moderna avenida de Gastéiz; el precioso Parque Romántico de La Florida, Jardín Botánico de la ciudad; la Plaza Nueva antes Plaza de España y la Plaza de la Virgen Blanca donde tiene lugar la bajada del Celedón, personaje que da comienzo a las fiestas patronales… rincones con encanto que transmiten la solera de una ciudad como Vitoria-Gastéiz.

Y como todo tiene un fin, este viaje llegaba al suyo. Cinco días y cuatro noches que nos llevaron a parar esa realidad cotidiana que nos mantiene a toda máquina y que por la urgencia no nos permite hacer lo necesario.


Estar con Marido, pasear a su lado, charlar, reírnos, comer sin prisas y distendidamente, ver cosas distintas y aprender de nuevas experiencias, recordar nuestros años mozos y reconectar con nuestro sentir de pareja por encima de todo. Esa era nuestra finalidad y con este espíritu de amor que mantiene nuestros 42 años juntos hemos regresado.  A lo de siempre, a lo que hay. Pero dando gracias infinitas al Universo por todo lo que nos regala y todo lo que nos permite hacer a pesar de nuestra edad y de las vicisitudes que tenemos que sortear.

De nuevo, Gracias a la Vida que nos sigue dando tanto… y a Natxo, mi yerno de Vitoria, por hablarnos con tanto amor de su tierra.

Nota. Las fotografías, como siempre preciosas, son de Marido.


sábado, 3 de octubre de 2015

Lo habéis conseguido: se siente el miedo.



Sí. Las Doulas tienen miedo a mostrarse, era lo que pretendíais y lo habéis conseguido, porque somos débiles frente a otros colectivos institucionalizados. Porque no tenemos respaldo ni apoyo alguno.

¿Acaso en algún momento hemos dicho que lo somos? ¿Acaso no hemos repetido, por activa y por pasiva hasta el cansancio, que lo nuestro ES el acompañamiento emocional? 


Recientemente, Soledad Becerril, Defensor del Pueblo, ha hecho unas  declaraciones sobre el tema Doulas que, una vez más desde el periodismo desinformado, han resultado ambiguas y confusas.  En ellas, a pesar de que reconoce el derecho de cada mujer a elegir por quién quiere ser acompañada durante su maternidad, no se manifiesta respecto al derecho que nosotras tenemos de acompañar a quien nos busca. Dice que “las Doulas no tienen un papel activo en el parto porque no están preparadas al no ser personal sanitario” ¿Acaso en algún momento hemos dicho que lo somos? ¿Acaso no hemos repetido, por activa y por pasiva hasta el cansancio, que lo nuestro ES el acompañamiento emocional?

Estoy desanimada, es cierto. Y cansada. Y cabreada. Porque el maldito Informe Doulas está consiguiendo su propósito.

 “Ni lo pienses, estás loca, tú no necesitas una Doula porque fíjate lo que han dicho por televisión…”
 

A principios de este verano me escribió una mujer seguidora de este blog. Me dijo que estaba embarazada de su segundo hijo y que quería contar conmigo a partir del otoño. Su primer hijo había nacido mediante cesárea innecesaria hacía seis años y en esta ocasión quería conseguir un parto vaginal para lo que, según ella y parecía tenerlo muy claro, necesitaba refuerzo y apoyo emocional constante por parte de una mujer experimentada.
Sin embargo,  su marido le ha dicho que “ni lo pienses, estás loca, tú no necesitas una Doula porque fíjate lo que han dicho por televisión…” . Me ha vuelto a escribir para decírmelo...
Y ella, como buena esposa y como debe de ser (¡y se sigue hablando del patriarcado!) ha sido sumisa y obediente y se ha resignado a su segunda cesárea.

Mientras otras personas, igual me da que sea el marido, la pareja,  la madre o la matrona,  sean quienes decidan quién ha de acompañar a una mujer en SU parto, mientras haya una persona que decida por la madre, seguiremos careciendo de LIBERTAD.   Porque se siguen repitiendo los casos en que es el personal sanitario quienes deciden por las mujeres. Porque siguen diciendo que son ellas las que están para realizar ese acompañamiento emocional constante, presencial, continuado durante todas las horas que una mujer de parto necesite…

 “Aquí no entran Doulas porque lo decido yo…” 


Cuando una mujer en su plan de partoindica con claridad que la persona que la va a acompañar, libre y conscientemente decidido, es SU DOULA y quien la atiende en el hospital la recibe con “aquí no entran doulas porque lo decido yo…”  poco ejercicio estamos haciendo de nuestra libertad de elección.
Y es que volvemos a lo mismo ¿Acaso la matrona conoce a esa mujer y sus necesidades emocionales? ¿Acaso va más allá del proceso puramente fisiológico cuanto entra al paritorio una mujer a la que no conoce de nada?

Hace algo más de tres años estaba acompañando a una mamá en su primera maternidad. Perdió a su bebé en la semana 25 y fue muy duro para la pareja, como podéis imaginar. Yo les acompañé hasta donde me permitieron. La madre entró en un  proceso de depresión que ha estado trabajando durante este tiempo. Ahora, de nuevo embarazada ha contactado conmigo y estoy, otra vez, a su lado. Al lado de estos papás, con sus miedos, sus ilusiones y su soledad, ya que tienen a sus respectivas familias en la otra esquina de la península.  Todavía le falta para parir, está en la semana 30 habiendo superado, duramente,  el bache de lo ocurrido con su primer hijo… y se está informado para ver dónde irá al encuentro de este nuevo bebé. 
Ha visitado dos hospitales, uno privado y uno público. En ambos le han dicho que NO van a dejar que entre una Doula… Y la mamá está muy disgustada, está triste y enfadada porque no comprende esa negación rotunda y absurda.  Tiene que elegir entre la mujer que está a su lado apoyándola, conteniéndola, escuchándola y proporcionándole las herramientas que en cada momento pueda necesitar, y el padre de su hija. Y no puede hacerlo. Y se deshace en llanto. Porque a pesar de que yo insista en que todo saldrá bien… ella tiene un motivo que le causa pesar y malestar, suficiente para que llegado el momento, el parto no fluya…

¿Acaso las matronas que le han dado ese NO por respuesta la conocen y saben su situación personal y familiar? ¿Acaso conocen su historial de pérdida y depresión? ¿Acaso en las consultas invierten tiempo para averiguar todo esto? Tú que me está leyendo tienes la respuesta, no es necesario que yo diga nada…

Tal y como he comenzado diciendo, lo estáis consiguiendo y, aunque siempre me alegro cuando alguien consigue un logro, no puedo hacerlo en esta ocasión porque es un logro malévolo.

“El poder propagó el miedo. El miedo, la sospecha. La sospecha, el silencio. Y el silencio acrecentó el poder del ya poderoso”


He estado unos días de viaje con Marido y he visitado las Cuevas de Zumarragurdi. No sentí la presencia de las “brujas” que allí fueron quemadas, pero si qué sentí un escalofrío al leer el folleto que nos dieron al entrar. Transcribo un trozo para que cada cual sienta la similitud…

“El modo de vida de Zumarragurdi estaba ligado a la tierra, y en consecuencia, también lo estaban la sabiduría, las costumbres y el mundo mágico, principalmente pagano. Aquellas personas llamadas sorgin (brujo o bruja en euskera) eran las que poseían un profundo conocimiento de la Naturaleza, las plantas y las hierbas medicinales. La gran mayoría de mujeres también sabían de fertilidad, de reproducción, de partos y de los anticonceptivos de la época.

La tierra era la señora de la mitología y la dueña de la vida. A esta gente que vivía tan apegada a la tierra, la Iglesia Católica le obligó a mirar el cielo. El abad de Urdax, denunció que había brujas y en su búsqueda enviaron al Santo Oficio.

La Inquisición no veía con buenos ojos aquella sociedad de costumbres diferentes, creencias y sabidurías diferentes. La incomprensión y el ansia de dominación transformó aquellos rituales en aquelarres, los cánticos en conjuros, las palabras en sortilegios…

El poder propagó el miedo. El miedo, la sospecha. La sospecha, el silencio. Y el silencio acrecentó el poder del ya poderoso. Estas personas comenzaron a ser señaladas”.

Ahí lo dejo. Cada cual que piense, o mejor, que sienta cómo está la situación de las mujeres que quieren ser y mostrarse libres a la hora de decidir sobre su maternidad, en concreto en el proceso tan vital y tan vulnerable como es el embarazo, el parto y el posparto.

Vengo repitiendo desde que el desafortunado informe salió a la palestra y los medios se encargaron de difundir mentira tras mentira, que no hablaré por todas las Doulas de este país porque no sé quiénes son,  sino que esta es mi defensa y la de algunas a las que tengo el privilegio de conocer personalmente.

“La Doula es la mujer, preferentemente madre, que acompaña a otra mujer (que así lo quiere) en algún momento concreto de su maternidad”.

 

Y NADIE tiene el derecho a decir que esto no deba de ser así.
Si llega el caso de una mala práctica por parte de alguna Doula, ésta debe de ser denunciada por la madre que ha sido acompañada, pero con nombre y apellidos. No podemos estar todas en el mismo saco.
De la misma forma que se debería de denunciar a aquellas matronas y médicos que no respetan la libertad ni los deseos de la madre bajo cualquier excusa que, tanto la madre como el padre, no están en un momento propicio para comprender o defenderse…

Mujeres coherentes con formación sanitaria que atienden partos, que realizan perfecta y amorosamente su trabajo, las hay cada vez más. Por suerte conozco a más de una. 
Pero Doulas profesionales, honestas,  con la formación y las ideas muy claras, también.

Cada cual en su sitio. Por las madres. Por los bebés. Por el mejor de los nacimientos.

http://politica.elpais.com/politica/2015/09/29/actualidad/1443545672_409962.html