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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

jueves, 26 de noviembre de 2015

25N. Implicación.


No entiendo yo de muchas temas, pero me pregunto a menudo, hasta qué punto el mundo gira sin más haciendo que las cosas sucedan porque sí. Y de qué manera podemos influir nosotros, los seres humanos, para cambiar los hechos.

Está claro que hay grandes poderes económicos mundiales que mueven los hilos y que por culpa de ellos hay guerras y hambrunas. El ansia de poder es incontrolable.

Sin embargo, en ocasiones puntuales se emprenden acciones a través de colectivos que arrastran desde un deseo de bien hacer, de paz. Y necesito creer que esa fuerza contrarresta, de algún modo, la otra. La dañina. La que nos está destrozando el planeta. El futuro. Y la Vida.

Ayer se celebró el Día Mundial contra la Violencia de Género. También contra la Violencia Obstétrica, un tipo de violencia que se desconoce porque no se ve, porque se da por normalizada. Y en esto me voy a centrar ya que es algo en lo que yo, desde mi lugar de mujer y Doula, estoy aportando un granito de arena.

Como digo, ayer y desde hace unos años, hay un movimiento social que se mueve básicamente por la red.  Mujeres que muestran todo tipo de vejaciones sufridas desde que se quedan embarazadas hasta incluso después de tener a sus bebés. Prácticas que las somete, las humilla, las infantiliza, las descapacita… con todas las consecuencias físicas y emocionales que ello conlleva.  Movimiento social que cuenta, también, con la colaboración de otras personas que no habiendo sufrido esa violencia obstétrica, se solidarizan con sus sufrimientos.

Ayer, viendo todo lo que se estaba moviendo por la red, no pude evitar pensar en aquellas mujeres que habiendo vivido en carnes propias todo este tipo de abuso y sin haber sido conscientes de ello, se hayan dado cuenta de cómo han sido víctimas de esta violencia. Y me pregunto cómo se habrán sentido…  Porque cuando se pone la fe ciega en ciertos profesionales y pasa lo que pasa, lo siguiente es no poder ver-se como necesidad prioritaria de protección. Quizás el tiempo vaya desvelando la barbarie y entonces venga realmente el estado de shock. O quizás la necesidad de protección continúe y una nunca se plantee nada...

Quiero añadir que estoy en contra de todos los días de… (Día de la madre, de los enamorados, del padre, del niño, del abuelo… creo que son movimientos consumistas) en cambio sí que estoy a favor de organizar eventos para visibilizar aquello que se oculta. Y para esto, las mujeres somos únicas. Los movimientos de mujeres arrastran y mueven conciencias, al menos de otras mujeres y ya, de algunos hombres.

Y ayer encontré cantidad de rosas -el símbolo de este movimiento-  por las redes sociales y, dicho sea de paso, creo que podían haber sido muchas más pero comprendo cuan agotador puede ser abandonar la zona de confort. Por ello, nos dedicamos a esperar a que nos den las cosas hechas para luego, decir con la boca bien grande que nos hemos subido al carro…

Se dice que a las personas se les conocerá por sus hechos, no por sus palabras… y es un pensamiento recurrente que me insta a parar y a observar. Observar la implicación y observar los movimientos desde fuera, como si en un juego de ajedrez estuviéramos. Ver cómo se mueven las fichas según con quien se juegue la partida… (Ves, querida Regi como yo también utilizo las metáforas…) y ver quien juega para participar o quien juega con otras intenciones.

Lo triste es que este tema de la violencia obstétrica no es algo lúdico, sino algo bien serio por cuya causa deberían de haber miles y miles de personas que se levantaran, que alzaran la voz y la pluma para manifestarse en contra de ella.

Sinceramente creo que cada cual desde su ámbito de actuación, desde su postura personal y  profesional,  desde la situación en que se halle,  debe de aportar su experiencia, sus vivencias y gritar bien algo que ¡ya está bien! Que el embarazo y el parto es de las mujeres. Que ellas deben de decidir cómo, cuándo y con quien quieren parir. Que los bebés son de sus madres. Que dejen de someterlas a todas esas prácticas que no tienen sentido ni justificación. Que los profesionales que todavía estén instaurados en su postura cómoda y poderosa sin querer comprender y aceptar la neuro-bio-fisiologia de estos procesos como algo normal y natural, deben de cambiar sus creencias para ofrecer lo mejor de su profesionalidad.


Creo que este es el principal objetivo del movimiento en contra de la violencia obstétrica. Y estoy convencida de que cada vez habrá más mujeres que estén dispuestas a trabajar por ello. Es cuestión de implicarse, de hablar, de “mojarse”. Y de unir voces. Cuantas más seamos, mejor.



domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Sabes qué es una Madre de día?


Domingo por la mañana. Marido se ha ido a una larga marcha por la montaña y en esta ocasión no le he acompañado.

En la Asociación de Vecinos de mi barrio hay actividades programadas para todo el día. Busco en el programa por si me interesa algo. Y doy con una charla sobre un tema que conozco y que precisamente por eso me resulta atractiva. El día es soleado, así es que me arreglo y me voy.  Objetivo: las madres de día.

Me informo de dónde va a tener lugar la charrada y me señalan a la persona que la va a dar. Me dirijo a ella, me presento y le digo cuál es la razón por la que estoy allí. Y qué “casualidad”,  la madre de día en cuestión, me conoce por las redes. Nos damos un tiempo de asueto para dar una vuelta hasta que comience su turno.

El ambiente es festivo. Se ha organizado un mercadillo de segunda mano donde se gestiona el trueque. Ropa, libros, juguetes, cachivaches varios… Ojeo, no me paro en nada, algunos objetos llaman mi atención pero no he ido con ánimo de comprar, así es que no me fijo y paso de largo.

La charla va a empezar a las 11:00 h pero hay poco aforo y deciden retrasarla. Finalmente, se anuncia por megafonía que va a comenzar. Como casi siempre que se habla gratis de ciertos temas importantes… somos cinco personas aparentemente interesadas.

Nohe, que así se llama la madre de día, comienza explicando a qué organización pertenece, cuáles son sus criterios, de qué forma trabajan. Habla de su formación con el método de EmilyPikler y el movimiento en libertad, de la teoría del apego de Bowly, de las necesidades básicas en los bebés de 0 a 2 años sobre todo. 
De la observación, de la NO intervención en el juego y en evitar la excesiva estimulación. De las rutinas y los límites necesarios cuando los niños son tan pequeños y necesitan acompañamiento y contención…
De la necesidad del juego libre no dirigido, de los materiales naturales, de dejarles experimentar, darles la posibilidad de que jueguen al aire libre con la tierra, con el barro…

Permitir que experimenten con su cuerpo, que suban y bajen sin transmitirles miedo, que corran y salten sin manifestarles el temor del adulto a que caigan… Confiar en ellos desde la confianza propia.
De la importancia de que reconozcan su cuerpo con el movimiento libre, de la voz y una comunicación clara.

Y la escucho emocionada sabiendo bien lo que dice y convencida de ello porque eso es lo que yo hacía con mis hijos. Sin darme cuenta apenas me he ido muchos años atrás cuando mis hijos eran pequeños y yo iba a todos lados con una manta para dejarlos en el suelo y que se movieran según su necesidad. Nada de parques-jaula, nada de andadores tacataca…  
Recordaba cuando les dejaba los cacharros de la cocina, las cucharas de madera, las tapas… y hacían tambores y platillos con ellos. Cuando me sentaba en el suelo, a su lado,  a observar cómo jugaban y me maravillaba al ver, día a día, sus progresos, sus descubrimientos… Cuando en el parque los observaba en sus movimientos y caían al suelo y se levantaban… ¡cuando íbamos al pueblo y una prima de mi madre me reñía porque decía que los dejaba corretear demasiado libres!

Escuchaba a Nohe y pensaba lo fácil que es cuando hacemos uso del sentido común, de la observación, de la paciencia, de la escucha… porque realmente, un bebé hasta los dos años, no necesita mucho más. No necesita móviles, ni pantallas, ni Pocoyó, ni estimulación temprana que les mantenga con la mente activa y les desconecte de su cuerpecito.

He seguido escuchando a esta madre de día y cuando ha terminado le he dicho que me encanta lo que hace, que me gusta mucho su manera de enfocar esta forma de ganarse la vida, esta profesión que ya está necesitando una regulación antes de que empiecen a aparecer competencias desleales… como ocurre con todo lo que no está reglado.

La he felicitado, la he animado a continuar así y le he pedido una tarjeta para contactarla y que venga a contarnos a Entrenosotras lo que están haciendo ella y sus compañeras.

Y un suceso muy bonito ha puesto la nota de color en la mañana de hoy. Se ha acercado a saludarme una mujer de mi edad que hacía tiempo no veía,  la mamá de un compañerito de mi hijo cuando éste iba a la escoleta con poco más de dos años, una chica con la que llegué a tener muy buena comunicación.

Me ha dicho que “ya se ha enterado de quién soy y de lo que hago” y que le encanta. Que “por casualidad” encontró mi blog y se quedó sorprendida al ver que era yo (en mi barrio e incluso en mi escalera, la gente desconoce a lo que me dedico…). Y me ha hecho mucha gracia el tono de aceptación con que lo decía e incluso que comentara que su hija tenía un niño de 21 meses… que si lo hubiera sabido antes… 
¡En fin! Esas sorpresas que da la vida y que saltan cuando una menos lo espera pero que, como siempre, me reafirman a continuar en el mundo del acompañamiento emocional a las mujeres que así lo decidan.

He regresado a casa con la sonrisa en la boca, paseando y tomando el sol, recargando baterías en un otoño todavía cálido y soleado en esta zona del Mediterráneo donde tengo el privilegio de vivir.

Y antes de que se me escape la emoción que fluye por todas las células de mi cuerpo, me siento a escribir y contarlo, a compartirlo para que si alguien lo lee sepa que antes de llevar a sus chiquitines de pocos meses a una guardería convencional, hay otras opciones que tal vez se adapten más a su forma de entender la crianza, a lo que ellas desean para sus hijos.

Como todo en la vida es cuestión de buscar, informarse, comparar e escoger. Es nuestra responsabilidad como personas, y como madres y padres.




jueves, 5 de noviembre de 2015

Cuando los bebés deseados no llegan...


Desde mi más profundo convencimiento, creo que ser madre ha de ser una opción libre y conscientemente escogida. La maternidad no es siempre un camino de rosas, pues especialmente,  si una camina a solas se puede encontrar con muchas espinas.

Tanto la mujer que deviene madre en un momento de su vida como la que decide no serlo nunca, tiene una circunstancia personal que la conduce a ello. Con mayor frecuencia,  al hablar sobre maternidad nos dirigimos hacia aquellas que ya están embarazadas o que tienen hijos pequeños. Sin embargo, hay otro núcleo de población que aún con gran deseo no consiguen ser madres. A ellas me dirijo hoy.

Hace casi dos años, una joven que sigue este blog me envió un mensaje para que nos conociéramos. Quedamos a tomar un café y estuvimos charlando de su deseo de ser madre y de otras cosas que giraban en torno al tema. Fue una tarde agradable, la verdad. Nos despedimos contentas de habernos conocido, sin más trascendencia, o eso pensaba yo.

Y hace unos días, volví a recibir un mensaje suyo. Seguidora también de mi página de Facebook, me dijo que  cuando yo escribía o compartía algo,  me dirigía a las emociones de las mujeres que ya son madres con lo cual.,  ella que no lo era todavía –y no por elección propia- se sentía invisible y sola, emocionalmente hablando. Y tenía toda la razón del mundo. Le agradecí que me llevara a esta reflexión y le prometí que escribiría sobre este tema.

Recuerdo cuando muy joven pensaba en ser madre. Mis ciclos menstruales eran irregulares y desde la falta de información que había en aquel momento, me agobiaba mucho pensar si por esa causa no podría concebir hijos. Y sentía una angustia terrible por lo que hoy me pongo en la piel de las mujeres que están en búsqueda de su bebé. 

Muchos años después en que la Vida me ha traído hasta este mundo del acompañamiento emocional a las mujeres embarazadas, he empezado a encontrarme con esa realidad de no verse cumplido el deseo de ser madre, de ser padre. Mujeres, hombres… parejas con grandes ilusiones por tener hijos, que no lo consiguen de forma espontánea. Y hay tantas circunstancias que lo impiden como personas son.

Cuando una pareja decide que ha llegado el momento de ser padres,  ve cómo pasa el tiempo y el embarazo no llega, comienza a cuestionarse muchas cosas. Excepto en algunos casos en que una enfermedad haya dejado secuela de esterilidad en alguno de los dos y sean conocedores de esta circunstancia, lo primero es enfrentarse a la inevitable pregunta ¿por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? Y se empieza a buscar respuestas…

No voy a centrarme en las posibles causas por las que un embarazo no llega a producirse porque no soy médico ni es un tema en que yo entre. Me quedaré con una solamente, aquella en la que las dos partes están perfectamente sanas, sin ninguna causa aparente que impida una fecundación y posterior anidación que desarrolle el embarazo. Porque tal vez sea éste el peor diagnostico a asimilar. Tal vez porque las cuestiones que se plantean y que llegan a atormentar a esta pareja, especialmente a la mujer que quiere embarazarse,  van más allá de nuestra comprensión racional…

Pasado un tiempo y tras la evidencia de que algo no está funcionando como debiera, comienzan las visitas médicas. Y los exámenes para averiguar qué pasa. Y así, los ilusionados padres entran en una espiral de soledad, de palabras técnicas, de visitas y pruebas programadas que aumentan su ansiedad,  que no facilitan el proceso hasta llegar a un posible diagnóstico y al inicio de un tratamiento protocolario frio y deshumanizado,  si lo hubiere,  y si los deseosos padres deciden asumirlo.

En bastantes ocasiones se empiezan a encontrar problemas con la Seguridad Social que pone unos límites: por edad, por sexualidad… y comienzan sus cálculos para ver de qué forma su economía puede soportar los tratamientos en clínicas privadas nada asequibles para la mayoría de bolsillos. Y su angustia se incrementa con este escollo económico.

Y sí, como decía esta joven el otro día, se sienten solas e invisibles porque no tienen con quien compartir esta frustración, no tienen a quien decirle la rabia que sienten y el dolor que las traspasa.

Porque en las más de las ocasiones, sus amigas ya son madres. Su familia la machaca con preguntas. Los vecinos y hasta la panadera le dice que ya es hora, que no se lo piense tanto que luego no podrá cuando quiera...

Y es que la gente, en ocasiones, es imprudente al hablar de ciertas cosas y se olvida el respeto hacia estas situaciones de los demás desde el desconocimiento de la realidad, no viendo cómo se merma su autoestima, cómo comienzan a tener problemas en su alimentación y sueño, cómo su humor se ve afectado y cómo la tristeza va haciendo mella en sus vidas.

Tampoco se ve cómo suele aparecer la depresión después de haber pasado por situaciones de duda, de miedo e incluso de ira. E incluso como la relación de pareja y su sexualidad se ve afectada.

Recuerdo a una mamá que me comentaba que el mero hecho de tener que hacer el amor en determinado día y hora la inhibía por completo y que a su pareja le hacía sentir como un semental reproductor, llevándolos a los dos a unos momentos de frialdad que dificultaba todavía más el acto sexual que debía de llevar a la fecundación.

Algunas de las mujeres que he conocido que han pasado por procesos de reproducción asistida han manifestado su soledad y su incomprensión, pero no todas lo viven así, sino que aceptan todo lo que les dicen y pasan por ello sin cuestionamientos, incluso viendo a los médicos como a los dioses que les proporcionan su ansiado hijo. Y creo que, una vez más, si la mujer no expresa su sentimiento abiertamente, quienes estamos cerca y dispuestas a escuchar, poco podemos hacer.

Porque se suele ocultar esta circunstancia, porque emocionalmente no están en situación de hablar, porque la vergüenza y el miedo al fracaso las apabulla. Y se callan y viven sus momentos duros en solitario y con tristeza.

No voy a profundizar en este tema porque es muy delicado y yo no soy una experta. Simplemente aporto lo que me llega, mis sentimientos en esta mañana.

Y quiero decir a las mujeres que inician un proceso de esta envergadura que busquen ayuda, que vean la forma de tener a su lado a una persona que las pueda escuchar sin juicios, que las acompañe sea cual sea el camino que transiten. Que estén siempre que las necesiten, que encuentren esa persona que les pueda proporcionar un pañuelo para enjugar sus lágrimas y un abrazo reconfortante.

Para Carolina. Con todo mi cariño, admiración y respeto.