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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Apatía y desánimo. Porque es Navidad.


Mi árbol de Navidad todavía está desnudo. En un lado del salón espera a que sus ramas sean decoradas con las bolitas de colores, con las tiras doradas, con los lazos rojos… pero no tengo ganas. Se acercan unas fechas que me han sido muy queridas, que las he disfrutado mucho y sin embargo, este año las enfrento desde la apatía.

Ahora mismo vengo de casa de mi madre. Ella sigue decorando su casa a pesar de los 89 años que cumplirá a principios del año que viene. Estando allí he recordado cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas y venía toda la familia… mis tíos, mis primas, y bailábamos y cantábamos y lo pasábamos fenomenal. 

Más tarde, cuando mis hijos eran pequeños también nos juntábamos con mis hermanas y sus hijas. Cristina, la pequeña de mis hermanas tocaba la guitarra con mi hija y mi sobrina Yolanda y cantábamos villancicos junto a mis padres. Después íbamos todos juntos a la Misa del Gallo. Mis padres eran felices y nosotras también. Hoy, algunas de esas personas ya no están, se fueron por varias circunstancias y su ausencia está presente…

Son tradiciones que se viven y se recuerdan. Que se pierden. Y que se lloran.

Hoy lunes 21 todavía no sé que voy a hacer para cuando el día de Navidad venga toda la familia a mi casa a comer. Ni tengo ganas de pensarlo. A veces me gustaría cerrar los ojos y que fuera el día siguiente de Reyes con el fin de recobrar la normalidad, lo cotidiano… pero apenas hemos comenzado con las compras, las comidas, los encuentros… y me siento agobiada.

Porque también pienso en todas las personas que están saliendo de los países en guerra y se van a encontrar con una Navidad fría, desangelada, sin un bocado extra que llevarse a la boca, sin una cama caliente donde reposar, sin un árbol decorado donde encontrar sus regalos… Pienso en esas personas que se están dejando el pellejo por lograr un modo digno de pasar sus días y que dejan atrás país, familias, recuerdos y vida.

Veo la opulencia en otros lados. Veo el ansia de poder y las mentiras de los políticos. Veo cómo en el país que vivo van a continuar con los desahucios, la sanidad y la enseñanza en precario. Cómo vamos a seguir con una ley que no ampara a las mujeres víctimas de malos tratos, ni a las que quieren vivir su maternidad de forma consciente. Veo una situación económica donde seguirá haciéndose rico el que más dinero tenga y donde los pobres cada vez serán más pobres.  Veo tantas cosas que no me gustan…

Y me desanimo. Y quisiera cerrar los ojos para no ver nada. Pero es Navidad. Y he de sobreponerme aunque en estos momentos conecte con una soledad profunda, con la soledad que sienten todas las almas errantes, conecto con la tristeza del mundo… y me deshace la pena. Me desgarra el dolor ajeno. Y siento frío interno. Pero es Navidad.

Sé que estos momentos forman parte de mi presente y acepto como tal esta angustia que me sobrepasa, y me permito sentirme así y expresarlo porque, a pesar de lo afortunada que soy por todo lo que tengo, lo que hago y las personas que me rodean, estas emociones irrumpen en mi alma a modo de huracán. Siento que he de vivirlas y sobrepasarlas de la mejor manera. Sé que forman parte de mi naturaleza humana y por eso las acojo.

Sé que soy afortunada por lo que tengo, que soy amada y por ello doy gracias a la Vida con cierta frecuencia. Pero eso no quita que vea y escuche este perfil que, en momentos puntuales, también conforma mi ser.

También sé que estas emociones, una vez transcendidas darán paso a otras, las que me llevarán a ir al mercado a comprar lo mejor arreglo a mis posibilidades para preparar una deliciosa comida donde disfrutar junto a mis hijos, mis nietos, mi madre, mi marido… mis seres queridos.


Sé que decoraré el árbol de Navidad con las bolas de colores y los lazos rojos, y que pondré villancicos aunque mis hijos y mis nietos no los canten.  Que empaquetaré regalos y que disfrutaré cuando los abran. Que me hartaré de guisar, de fregar, de limpiar cuando todo acabe. Y sé que lo haré convencida y a gusto porque entonces estaremos todos contentos. Porque es Navidad.






lunes, 14 de diciembre de 2015

LOBA. Sentido crítico.




Esta tarde he estado viendo la proyección de LOBA, en Valencia. Y me he tomado el interés de tomar notas para poder aportar cuál es mi visión de este documental y de los comentarios que ha habido posteriormente en el debate porque creo necesario hacer ejercicio de un sentido crítico.

Tengo que decir que nada de lo que he visto me ha sorprendido. Tal vez porque soy Doula y desde mi formación y experiencia en acompañamientos sé que la violencia en el nacimiento es algo habitual. La violencia que se nos muestra en el documental es una realidad innegable a pesar de las grandes diferencias que hay entre las situaciones presentadas en el mismo y las que se viven en cualquier hospital español, y concretamente, en la Comunidad Valenciana.

Es de agradecer que comience con testimonios de mujeres que han sentido en carnes propias cómo su parto ideal se ha ido al traste, mujeres “cesareadas”. Historias como estas y tan reales se pueden leer en la página de El Parto es Nuestro. Y se pueden escuchar en cualquier espacio íntimo y respetado que se le conceda a una mujer para poder hablar… Aún así, es de agradecer como digo,  que hayan sido valientes al compartir sus heridas, es un comienzo inquietante.

En España no está legalizada la figura de la partera. Es muy bonito ver cómo en México las parteras tradicionales han transmitido su sabiduría a sus hijas, a las mujeres de su comunidad y cómo han sido las que han perpetuado el respeto en el nacimiento… hasta que llegaron los doctores y los hospitales. Y cómo la directora del documental ha ido indagando e intentando reconectar con esa sabiduría ancestral de estas mujeres indígenas. Pero sinceramente creo que hace un poco los dientes largos a las mujeres que no van a parir de esa forma idílica.

El documental incide demasiado en el parto domiciliario. Y me parece bien. Hace 28 años yo misma quise parir a mi tercer hijo en casa, pero no pudo ser porque no había una matrona que me asistiera. Hoy en día que sí que hay matronas que atienden parto domiciliario, sin embargo es una opción que no todas las mujeres se pueden permitir por el tema monetario, ya que no está subvencionado por el Estado y la situación económica es la que es. Y también porque o bien la pareja o bien la familia, desde su miedo,  presionan para que no sea de esta forma.

Nos presenta una terrible realidad hospitalaria, tanto en Francia como en México y en Cuba. Aquí no es muy distinta. Los hospitales tienen sus protocolos y las mujeres DEBEN de informarse de ellos de primera mano para que luego no vengan las sorpresas… o el “yo no sabía”.  Y la violencia obstétrica se practica en todo el mundo.

Ha hecho hincapié en la importancia del acompañamiento del padre y esto me rechina, la verdad, porque no todas las mujeres que van a parir tienen una pareja, ni todas las parejas son apropiadas para el acompañamiento. Y hay que tener en cuenta que muchos hombres no quieren entrar al paritorio y que muchas mujeres no quieren que sus hombres estén allí.  NO, la mujer ha de estar acompañada por quien ella quiera.

Entonces, a la vista de todo esto ¿qué deben de hacer las mujeres? ¿Resignarse a que tengan suerte y les toque un turno de matronas formadas con otra conciencia y que atiendan de forma respetuosa? ¿Parir en casa en contra de la familia e incluso de la propia pareja?

Creo que ante todo hemos de ser realistas y ver las cosas que hay para ponerles nombre. Y aceptarlas para poder cambiarlas. Todo yin tiene su yang, como toda luz tiene su sombra.

Como ha comentado una de las participantes, los hospitales se van “modernizando” cada vez con más tecnología, pero por el contrario están reduciendo personal, matronas en concreto. Y las hay que llevan mucho tiempo y, o tienen conceptos erróneos sobre cómo ha de ser un parto respetado, o no se reciclan. Con lo cual, una mujer que va a parir a un hospital se lo juega a cara o cruz, dependiendo del turno.

Se ha hablado de denunciar al hospital que incurre en malas prácticas, cosa que considero necesario para que se produzcan los cambios, pero ¿tienen las mujeres conciencia de que ha habido prácticas incorrectas?  Como decía una matrona,  a pesar de su disponibilidad y de lo que pueden ofrecer para que las mujeres tengan el mejor y más natural de los partos, es desalentador ver cómo entran pidiendo analgesia sin querer enterarse de nada. Y cómo mujeres que no se han informado llegan sin haber comenzado el trabajo de parto con lo que son candidatas a una cascada de intervenciones con todas sus consecuencias.

Se han comentado varias cosas más, como el tema de los derechos y el empoderamiento… Y se ha hablado también de la importancia de permitir que las mujeres hablen y compartan sus partos y sus vivencias, con lo que estoy totalmente de acuerdo y por lo que ofrezco un espacio cada quince días a las mujeres embarazadas, con bebés, con niños… para que puedan hablar, compartir y expresar todo cuanto les inquieta durante su momento.

Reconozco que he estado mordiéndome la lengua para no hablar, tenía bastante para aportar pero en el local había bastantes matronas y he llegado a un punto en que como persona necesito resguardarme… Aún así, y casi al final, he intervenido sin decir quién soy ni qué hago. Y esta es mi reflexión, más o menos lo que he dicho.

El embarazo es el final de un proceso. Toda mujer antes de ser madre, incluso antes de la concepción debería de plantearse por qué quiere tener un bebé. Qué le lleva a ello. Cuál su historia de nacimiento… y conocer el parto de su madre cuando la tuvo a ella. En qué punto está la relación con su propia madre. Indagar en ella misma como mujer y futura madre para ver sus miedos respecto al proceso. 

Informarse verazmente de las pruebas a que va a estar sometida, de la necesidad de ellas y hasta qué punto puede negarse a hacérselas. Informarse de los protocolos de cada centro hospitalario, visitarlo e informarse de casos de otras mujeres que allí hayan parido… 

Desconectar de lo cotidiano para conectar con su cuerpo de mujer y con su bebé intrauterino. Sentir y gozar de su crecimiento en el vientre. Cuidarse. Regalarse. Informarse sobre el proceso fisiológico del embarazo, del parto, del posparto y de qué forma afecta emocionalmente. 

Comentar con su pareja y ver qué quiere de él llegado el momento y aceptar si se lo puede dar o no, esto es, buscar la persona apropiada que la acompañe y la refuerce, sea su pareja, su amiga, su madre o su Doula…

La Naturaleza en su sabiduría infinita nos concede diez meses lunares para hacer un proceso de cambio, de autoconocimiento y de comunicación con ese bebé que sale de nuestras entrañas. Llegado el momento del parto, es la hora de la verdad. Lo que no se ha conseguido… ya no se puede alcanzar. Las cosas serán como tengan que ser.

El debate podía haber dado más de sí, desde mi sentir. Pero cierto es que el tiempo es limitado.

Me quedo especialmente con algo que he recibido esta tarde: un montón de abrazos, de mujeres que voy conociendo y con las que permanece un nexo de unión, algunas que veo habitualmente y otras que aunque las haya visto una sola vez, ha habido algo que ha mantenido vivo el recuerdo.

Como Doula sigo trabajando para que se produzca el reconocimiento a esta profesión. No desde la lucha, sino desde mi mejor hacer y mis testimonios, pues son la mejor prueba.

A pesar de que llevo muchos años en este tema y que el cansancio es real por lo que supone tanta implicación, no voy a tirar la toalla. Soy Doula y acompaño. Y cada mujer seguirá su camino según las decisiones que tome. Estoy convencida de ello y máximo ahora tras haber terminado la formación en Salud Mental Perinatal. Son las emociones quienes moldean las situaciones que envuelven la maternidad. A ninguna mujer se le empodera desde fuera… lo hace ella misma, desde su mirada interior.



domingo, 13 de diciembre de 2015

Una decisión feliz y acertada

Nos presentamos en representación de todas las demás


Cuando me enteré que se ofertaba una formación en Salud Mental Perinatal impartida por Ibone Olza y organizada por Isabel Fernández del Castillo a través de Terra Mater, no tuve ninguna duda de que ese era el complemento que estaba buscando para poder ofrecer un  mejor acompañamiento emocional a las mujeres que me buscan. Porque SOY DOULA.

Hay ocasiones en que me cuesta tomar una decisión, pero otras veces es algo que tengo muy claro a primera vista.

Así es que valorando someramente todo lo que supondría un año de formación a nivel de inversión de todo tipo (emocional, económica, energética…), pronto hice mi reserva de plaza comenzando a sentir mariposas en el estómago. No sabía hasta qué punto esas mariposas se iban a instalar e incluso reproducirse…

Y el año prácticamente ya ha pasado. Este fin de semana hemos tenido el último seminario, la puesta en común de proyectos, el terminar de hilar temas pendientes. Y la despedida, la emoción, los abrazos… el hasta siempre.

Compartir tiempo y experiencias con profesionales de distintas ramas desde la igualdad, el respeto, la tolerancia y el cariño es un ejercicio que debería de hacer, al menos, una vez en la vida cualquier persona que en su trabajo se relacione con semejantes.

Trabajadoras sociales, psicólogas, médicos, enfermeras, terapeutas, matronas… y doulas. Todas juntas, desnudando el alma, de igual a igual, enriquece y nutre. Y nos hace crecer desde la humildad y el reconocimiento a quien tenemos enfrente.

No voy a hablar de la formación en sí porque ya han sacado la segunda edición y es algo que a quien le interese, debe de comprobar por ella misma. Pero sí diré que no es una mera formación a base de contenidos teóricos. Además de éstos basados en la evidencia científica, en estudios contrastados, en artículos y libros de referencia, hemos trabajado nuestra parte personal más intima, algo que es básico desde mi punto de vista para poder estar junto a otras personas desde una perspectiva profesional, ya sea terapéutica o de apoyo, como es mi caso.

Como digo, en cada seminario y respecto al tema tratado hemos hecho nuestro trabajo personal. Le hemos dado la vuelta al calcetín para ver aquello que teníamos dentro. Para sacarlo, mirarlo a la cara, ponerle nombre y si era el caso, sanarlo.

Y esto es algo que considero básico para ser Doula porque no se puede acompañar desde la frustración, la carencia… la herida. La revisión y el crecimiento personal constante nos permite acompañar desde la ausencia de juicio, desde el respeto a cada decisión. Porque voy a decirlo por millonésima vez… acompañar es estar junto a alguien. Sin decidir por ella, sin decirle qué debe de hacer, sin juzgarla y sin querer salvarla de aquello que tal vez sea su camino de Vida.

El fin de semana ha sido intenso… He puesto cara a algunas de las compañeras (me gustaría nombraros a todas pero no lo hago por evitar el riesgo de olvidar algún nombre...) cuyas historias he estado leyendo a lo largo de once meses.

Nos hemos dado personalmente esos abrazos que en tantas y tantas ocasiones nos hemos enviado a través del correo. Hablar. Escuchar. Sentir mis emociones y vivir como en carnes propias las de algunas compañeras. Llorar al escuchar ciertas vivencias, reírnos en círculo y sentir el alma henchidaeste ha sido un fin de semana realmente nutritivo, y tal vez sea esta la palabra que en más ocasiones he repetido en estas horas.

Volviendo en el tren he estado leyendo el libro de Ina May Gaskyn “Partería espiritual” del que escuché hablar en mi formación como Doula  hace unos años. Metiéndome en el libro, en los relatos y experiencias de aquellas mujeres de la caravana por los años 70, mi pensamiento recurrente era lo fácil y lo constructivo que sería enfocar el nacimiento como el hecho más maravilloso en la vida de un ser humano. ¡Qué distinto sería el mundo si se viera este acontecimiento como algo que nos marca de por vida y que decide el futuro de la humanidad!

Al llegar a casa,  a pesar del cansancio pero desde la alegría que traía encima, estuve compartiendo con Marido parte de lo acontecido. Y así nos quedamos un rato abrazados en el sofá hasta que él decidió acostarse.

Antes de irme a la cama suelo desconectar todos los aparatos electrónicos de la casa, incluyendo el teléfono móvil, pero primero hago una última lectura rápida por si hay algún mensaje importante.

Y en esta ocasión lo hubo ¡y tanto que lo hubo! Me encontré con una entrada en el blog de Ibone Olza del que soy seguidora desde hace tiempo. Creía que ya no podría emocionarme más tras este fin de semana, pero leyendo lo que había escrito esta increíble mujer cuya calidad humana no tiene límite, los vellos se me erizaron y las lágrimas comenzaron a brotar por cuenta propia.

Gracias Ibone. No sé cuántas veces te lo he dicho durante estos meses. Gracias por tu humanidad, por tu calidez, por tu profesionalidad y por tu ternura.

Para mí como persona y como Doula, este texto significa una inyección de fuerza, de ánimo, de soporte para seguir en aquello que tanto amo: acompañar a las mujeres que me llamen.


Y como también comentó Isabel y asintieron todas las compañeras, lo que de las doulas digan por ahí… que se lo lleve el viento.








jueves, 3 de diciembre de 2015

Observación: un ejercicio de aprendizaje


Me considero una buena observadora. Cuando voy paseando por cualquier ciudad me fijo en cómo está estructurada, en sus calles y el mobiliario urbano, cómo está de limpia, los escaparates de sus comercios, lo que ofertan y de qué forma lo presentan… Todo ello me da una indicación de la clase de personas que la habita. Y la tendencia política de sus dirigentes.

Cuando entro en una casa, ver la manera en que está decorada,  la limpieza o ausencia de ella, el orden externo, el interior de los armarios y la forma en que están éstos organizados… me dan una señal de cómo son las personas que en esa vivienda moran. No en vano se dice “tener la cabeza bien amueblada” cuando alguien tiene sus ideas en orden.

Observar a una persona en su totalidad, su aspecto externo, los colores con que habitualmente suele vestirse, la forma de expresarse y de comunicar sus sentimientos, el tono de la voz y la expresión no verbal. La manera de sentarse, de prestar atención, sus manos… también son señales de cómo es esa persona,  o al menos, en qué momento vital se encuentra.

Y no es que vaya por ahí haciendo psicoanálisis, para nada. Me gusta observar sin ningún ánimo, sino simplemente por el hecho de ponerme en situación para establecer una mejor comunicación arreglo a lo que, a bote pronto, puedo percibir. No tengo cien por cien la certeza de acertar siempre, pero pocas veces yerro.

Y a raíz del curso que estoy terminando en Salud Mental Perinatal, todavía he profundizado más en un aspecto muy interesante: la observación de bebés, y de niños. Este trabajo me ha aportado una herramienta muy valiosa pero que no deja de entrañar cierto peligro si no se utiliza de forma correcta. Como todas las herramientas, creo yo.

Observar a los bebés cuando están con sus madres es una experiencia increíble ya que estos suelen mostrar lo que sus madres ocultan. En más de una ocasión, cuando he ido a visitar a una madre con su bebé pequeño y me ha dicho que la criatura parece nerviosa, que no mama bien, que no duerme de manera sosegada… lo primero que me viene es preguntarle cómo se siente ella. Y también todo lo opuesto. Madres que me dicen “Míralo, si es tan tranquilo” a lo que yo les respondo “¡Y cómo eres tú, alma cándida…! Porque un bebé es el fiel espejo de su madre. Nos guste o no.

Es algo increíble estar escuchando a una madre con su bebé al brazo y ver que conforme ella va soltando esas emociones contenidas, el bebé manifiesta a través de su carita, de sus gestos, de su llanto lo que su madre siente.

Cuando una madre solloza, su bebé de una forma sutil tiende a consolarla mediante una sonrisa, una caricia, un gesto. Si la emoción es muy fuerte y la madre llora desconsoladamente, el bebé llora con ella. Cuando ella se serena, su bebé también lo hace. Si ella ser ríe, su bebé también. Son muchas y distintas las señales que, solamente observando, sin necesidad de hablar,  nos va mostrando lo que hay entre este tándem madre-hijo,  unido de por vida y mucho más allá de lo que nuestra visión alcanza.

Como he dicho antes, puede ser un tema peligroso especialmente si se ha leído a Laura Gutman. Porque cuando un bebé, o un niño, se muestran tranquilos, alegres, felices… para la madre es muy gratificante aceptar que su hijo es su espejo. ¿Pero qué sucede cuando se da lo contrario? Cuando no come, cuando no duerme, cuando está “desobediente”… Pues que se siente la carga de la no aceptación,  algo realmente difícil de gestionar.

Y yo no lo llamaría culpa, sino responsabilidad. Porque sí, los niños se miran en el espejo de sus padres y desde su inocencia y naturalidad, muestran y expresan aquellas gestiones que están sin resolver… en los propios padres.

Me parece fenomenal y bueno que los niños se expresen, como puedan y conforme a su edad, cuando están contentos, cuando están felices. Pero que expresen, de igual forma aquello que no les gusta, que les molesta, con lo que se sienten mal, sus rabias y sus frustraciones. Creo que es necesario para un crecimiento sano.

La cuestión está en que para nosotras las madres, y para los padres, es mucho más fácil tener cerca a un niño feliz que “no crea problemas” que a un niño que grita, llora, planta cara y se enrabieta.

Al margen de que la etapa del berrinche y la frustración es algo por lo que algunos niños pasan de forma más virulenta que otros (como el sarampión o la varicela…) por propio temperamento y carácter, el quid de la cuestión está en tener muy claro quién es el adulto para poder estar a su lado, desde la calma, desde el entendimiento de este momento que tal vez, el propio crío ni comprenda.

A veces, desde nuestra experiencia personal pasada y con las expectativas tal vez equivocadas, pretendemos que sean nuestros hijos los que comprendan y los que cambien sus actitudes. En este caso yo me cuestiono, de nuevo, si no estaremos imponiendo aquellos patrones heredados de nuestros padres y que nos juramos no repetir cuando tuviéramos hijos…

No soy psicóloga, ni pedagoga. Soy madre, abuela, Doula y estudiosa de lo que la Vida me aporta. Me interesan las relaciones humanas. Me interesa el bienestar de los niños y la salud emocional de estos ya que sus vidas serán su futuro. Y el nuestro.


Hoy ha sido una de esas noches de las que el duende que habita en el  interior de mi cabeza me ha despertado pasadas las cinco de la madrugada. Me estaba dictando esto que termino de reflejar en el ordenador y que no dejan de ser mis observaciones, mis reflexiones de una noche de insomnio.