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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 28 de marzo de 2016

Relato de un parto exprés




Le llaman parto precipitado porque de alguna manera tienen que definirlo desde la parte física, sin embargo tengo dudas de que se haya estudiado a cada mujer que ha parido de esta forma, en cuanto a cuál ha sido la manera de vivir su embarazo, su preparación física, su sistema hormonal y sus creencias y vivencias en torno al parto.
Por lo que he podido investigar,  parto precipitado es aquel que sucede en menos de tres horas. Y se considera que solamente se da en un 3% de los casos en bebés a término.

Como Doula y por principios, sin cuestionar o juzgar lo que cada mujer decide hacer en SU parto, yo NO acompaño partos sin personal sanitario. Quizás en otro contexto y en otro país no tendría problema, pero aquí y tal y como está la legislación y las competencias, lo tengo muy claro.  Si no hay una matrona al menos, yo no acompaño en un parto.

Estas son notas aclaratorias para que se pueda comprender fácilmente lo que voy a relatar. Apunto que lo hago con el consentimiento expreso de los padres pues no se me ocurría hacerlo de otra forma.

Voy a omitir su nombre, realmente no tiene importancia. Os diré que nos encontramos cuando su nena no tenía todavía un año. Le hablaron de mí y quiso conocerme. Dos “casualidades” hicieron que me sintiera cercana a ella desde el principio.  Su madre se llama como yo y su hija había nacido el mismo día que la mía, con muchos años de diferencia, claro.

Me pareció una mujer dulce, serena, segura de ella misma. Físicamente preciosa y con un aspecto “alternativo”,  transmite calma en cada una de sus palabras. Esa tarde nos tomamos una cerveza y charlamos un rato en la terraza de un bar en una calle cualquiera de Valencia. 

Ella quería ser Doula y se formó para ello. Nuestra relación se  estrechó cada vez más. Mujer conectada con la tierra, con la Naturaleza. Para ella, integrar los procesos naturales forma parte de su día a día.   Clara y contundente en sus decisiones, la comunicación con ella siempre resulta fácil. Disponible en todo momento, e incondicional.

Un día me llamó para decirme que estaba de nuevo embarazada, estaba feliz pues fue una decisión meditada entre su pareja y ella. Le dije que si quería la acompañaría durante el proceso incluyendo el parto, ese iba a ser mi regalo por el cariño que le tenía.

Durante la gestación se manifestaba tranquila, segura y sin ningún tipo de temor. Conectada en todo momento con su bebé intrauterino y conocedora del proceso fisiológico, cada día estaba más radiante.
Charlábamos cada vez que teníamos ganas, sus conversaciones transmitían calma y seguridad, era una embarazada pletórica.

Quedamos en una ocasión para regalarle una sesión de hipno parto y francamente, sentí que ella estaba por encima de lo que yo pudiera ofrecerle… sin dudas, sin miedos, con confianza en su cuerpo y en el de su bebé, cualquier cosa que le dijera ya estaba integrada en todo su ser.
El embarazo transcurría con salud y en ningún momento me mostró un atisbo de duda, de miedo. Había decidido parir en un hospital. Tenía claro que todo iba a salir fenomenal… que sería un parto rápido y sencillo. De hecho, se repetía para sí misma “creo que no llegaré al hospital”. Tanto ella como su pareja habían decidido estar en casa hasta que sintiera que había llegado el momento de ir hacia el centro hospitalario elegido.  Yo estaría con ellos, y también una amiga matrona.

A poco más de un mes de su fecha probable de parto, preparamos en su casa un ritual de paso a la maternidad, un “blessingway”. Yo iba a tener el honor de ser su conductora y lo preparé con todo mi esmero y cariño.
Invitó a las mujeres de su corazón, madre, hermana, tía, amigas queridas, compañeras de formación…
El día salió sin luz pero el sol hizo su aparición dando al momento el brillo que merecía:  las ofrendas, los sinceros deseos de sus mujeres, las palabras de gratitud, las muestras de cariño, los abrazos, las lágrimas de agradecimiento y dieciséis mujeres produciendo oxitocina a raudales…
La futura madre estaba radiante como si toda la oxitocina que por allí circulaba se hubiera posado en las células de su precioso cuerpo de mujer a punto de parir…

Cuatro días antes de la fecha prevista del nacimiento de su hijo, me llamó y me dijo que quería hablar conmigo, que necesitaba que nos viéramos pues llevaba unas noches soñando con su parto. Algo me hacía intuir que éste estaba muy cerca… y así se lo dije.

La madrugada del día que habíamos quedado, me llamó a las 23:58 h.  Me dijo que había roto aguas pero que no tenía ninguna contracción y se iba a dormir, que ya me llamaría cuando hubiera movimiento.  Había llamado también a su amiga matrona quien le dijo que prontito por la mañana acudiría a su casa pues en ese momento no podía dejar a sus niñas.

Y de esta forma tuvo lugar su “parto precipitado”

A la 1:20 h su pareja me llama y me dice que está teniendo algunas contracciones, que ya me avisará según vaya.
A la 1:36 h me vuelve a llamar para decirme que vaya rápido que las contracciones son más fuertes.  Yo ya estaba subiendo al coche…
A la 1:50 h llego a su casa y me la encuentro con una contracción que la mantiene doblada.  Su pareja se va a por el coche mientras yo la cojo en un abrazo y tomamos el ascensor, donde tiene otra contracción que me indica que YA está pariendo…

En el zaguán de su casa, en una tercera contracción, se arrodilla en el suelo y me dice que no puede más que su bebé está naciendo.

El coche ya en la puerta y su chico preguntándome qué hace…  Yo llamo al SAMU porque la matrona finalmente no había podido acudir y mientras doy los datos y discuto con la telefonista que me pregunta cada cuánto tiene las contracciones a pesar de que le digo que está pariendo, el papá recoge a su bebé y se lo pone a la madre en el regazo. Es la 1:57 h del día 17 de febrero ¡dos horas desde que me había llamado la primera vez!
La cara de esta mujer pariendo, entre risas y gemidos de poderosa hembra mamífera, la expresión de ternura al tener a su bebé en los brazos y su pareja abrazándolos a los dos… esto es algo que nunca olvidaré porque se ha quedado grabado en mi retina para quedarse archivado en mi corazón.

Arropamos bien a la diada mamá-bebé, con mi abrigo, con mi bufanda, con las mantas que bajaron los vecinos al oír las voces y tanto el papá como yo no nos separamos de ellos, abrazándoles para transmitirles nuestro calor y observando que todo estaba bien, hasta que llegaron los sanitarios del SAMU.

La actuación del personal del SAMU, el traslado y lo que sucedió en el hospital, merecen otra entrada aparte.  Baste decir que aquí no lo voy a mencionar para no enturbiar este relato de amor, seguridad, poder y fuerza mamífera. Y que es lamentable que estas cosas sucedan por falta de información y actualización de los profesionales sanitarios.

La mamá alumbró la placenta en el hospital (NO al que a ella le habría gustado llegar sino al que le llevaron por cercanía a su domicilio), no tuvo ningún desgarro ni laceración.  Al bebé le hicieron un montón de pruebas por protocolo y confirmaron que estaba perfecto, pesando 3,600 gr, Se le agarró al pecho enseguida. Esa noche me quedé con ellos en el hospital hasta que amaneció y mi doulo vino a recogerme. Volví a casa con los bajos de mi abrigo mojados… sintiendo cómo estaba empapado de fluidos de Vida. ¡Incluso sentí cierta pena cuando lo llevé a limpiar a la tintorería…!
A los dos días de hospitalización, les dieron el alta.

A grandes rasgos este ha sido el parto más increíble que he acompañado y que quizás acompañe en toda mi vida. Pero en el fondo, no me ha sorprendido que sucediera así. Porque nada es gratuito, todo tiene su razón de ser.

Como he dicho en el relato, ésta es una mujer poderosa, segura, sin miedos. Que mira la Vida a la cara. Que se ha preparado para este momento con toda su conciencia. Que se ha informado de los procesos tanto físicos como emocionales que mueven los hilos de un parto y un nacimiento. Y que además, por si fuera poco, llevaba una sutil programación de confianza “creo que no llegaré al hospital”.

Cierto es que, a veces, pasan cosas que no deberían de pasar pero ¿alguien me puede garantizar que este nacimiento, que este parto no ha sido el resultado de un maravilloso trabajo de concienciación y sincronía?

No me queda más que agradecer a esta familia el enorme regalo que me han hecho, por permitirme estar a su lado, por darme la confianza de ver nacer a su hijo.  Estar codo a codo con el padre de este bebé,  y ver y sentir su comportamiento me aporta esperanza en los hombres capaces de comprender y de respetar los deseos de su compañera, sean los que sean.  Así se lo dije a él también en el emocionado abrazo que nos dimos una vez ya estábamos instalados en el hospital. Lloramos los dos, abrazados,  porque las emociones contenidas también nos unían en esos momentos. Y es que la Doula, también cuida del padre que se deja cuidar…

Con amor.

Concha, vuestra Doula.


miércoles, 23 de marzo de 2016

METÁFORA


Mi vida es como un río, un continuo devenir de situaciones, de personas, de circunstancias… de alegrías y de penas, de risas y de llantos, de momentos de soledad profunda y otros en los que necesito estar a solas en una soledad pasajera y escogida.

Imparable y arrasador, se lleva lo que encuentra a su paso si no hay unas buenas raíces que permanezcan arraigadas a su lecho.  Y no siempre hay momento y lugar para el arraigo.

Etapas de sequía en los que apenas corre agua por su cauce… es una supervivencia contra corriente. Desencuentros, desamores, abandonos. Llantos y quedarme quieta. Como si no pasara nada, rezando para que vuelvan pronto las lluvias y el río crezca de nuevo y poder beber en sus aguas reconfortantes. Quietud. Silencio. Oscuridad.

En temporadas de abundancia tras los grandes deshielos, el río de la Vida baja abundante y pletórico… así,  tal y como un evento conciliador,   y entonces encuentro a seres con los que mi alma se expande y de los que me nutro hasta la próxima temporada de sequía. Seres de luz, de escucha, de palabra fácil y de abrazo contenedor. Incondicionales. Generosos.

Y mientras las aguas en su incansable recorrido arrasan y nutren, desbastan y alimentan, así sucede el devenir de mi Vida. Año tras año, día tras día, minuto a minuto. Entre luces y sombras. Entre llantos y risas. Entre soledad y soledad acompañada. Porque de esto se trata: de vivir la vida que he escogido aún sin ser consciente, más allá de lo humanamente tangible…




viernes, 18 de marzo de 2016

Hermanas y hermanos



Una de las mayores preocupaciones de mi padre hasta el día de su muerte fue que sus tres hijas se llevaran bien, que nunca hubiera distancia ni peleas entre nosotras. Lo recuerdo con lágrimas en los ojos cada vez que nos hablaba de este tema. Porque para él había sido dolorosa la relación con sus hermanos. De los cuatro que eran, en un momento dado habían dejado de hablarse entre ellos sin saber a causa cierta por qué…

En muchas familias hay situaciones de desamor. Y siempre me ha costado entender por qué surgen rencillas entre personas que han salido de un mismo vientre, de un mismo útero.
Entiendo que cada ser que nace tiene su propia historia, una relación distinta con su padre y con su madre, y unas vivencias que le llevan a situarse en la vida.
Pero a pesar de que pueda considerárseme una “romántica” creo en el amor entre hermanos y creo que para mantener esa llama encendida hay que tener por encima de todo, comprensión, tolerancia y sentido común.

En bastantes ocasiones y por desgracia, las riñas entre hermanos surgen como consecuencia de las parejas. Cuñados y cuñadas que son intolerantes hacia ciertos caracteres y costumbres de la familia de su compañero o compañera. Y llegado este punto hay que tener en cuenta algo que yo repito a menudo: que las parejas van y vienen, que hoy puedes estar con una persona pero con el paso del tiempo, establecer una relación con otra… y en cambio, la familia de origen, los hermanos o hermanas van a ser los mismos para todo el tiempo que estemos en este mundo.

Mi primer contacto consciente con el desamor familiar vino a través de la familia de mi madre, siendo ella la mayor de cuatro hermanos, seguida de un varón, una mujer, y otro varón. Amén de dos niños más que murieron de pequeños y de los que ella nunca ha tenido en su memoria.

Recuerdo a mi madre, siendo yo una niña, hablar de sus hermanos con veneración. Compartían aficiones, pandilla, amigos… Luego la vida los fue distanciando y los dos hombres se fueron a vivir fuera de España durante muchísimos años…

La muerte de mis abuelos y la distribución de la poca herencia familiar llevó a una ruptura definitiva entre los hombres y las mujeres. Las cuñadas reclamaron una parte que en justicia no les correspondía y los hermanos de mi madre, mis tíos, no tuvieron el suficiente sentido común para imponerse a sus deseos. Y así rompieron para siempre la relación con sus hermanas a pesar de los intentos que ellas hicieron de reconciliación.  Un palo muy, muy doloroso para mi madre y para mi tía.

Si mi madre había sentido veneración por sus hermanos, a su hermana con la que se llevaba diez años era pura adoración lo que le tenía.  Entre ellas había complicidad, secretos, comprensión, compañía, disponibilidad y un gran e incondicional amor.

Siendo yo adulta, en ocasiones no llegaba a comprender esta relación tan profunda. Mi tía no vivía en nuestra ciudad y cada vez que venía, mi madre se volvía loca de contento, priorizaba su compañía frente a otras obligaciones. Yo las miraba extasiada, salían de compras y se compraban lo mismo, las mismas cremas para la cara, la misma ropa… incluso su escritura era difícil de distinguir. Entre ellas y a pesar de ser bien adultas se llamaban la una a la otra “teta”…

Confieso que en más de una ocasión no comprendí cómo a mi madre se la veía incluso más feliz cuando estaba con su hermana que cuando estaba con mi padre, e incluso que cuando estaba con sus hijas… Confieso que al no comprender esta relación llegué a sentirme apartada de mi madre, cosa que me dolió desde la incomprensión egoísta.

Pero la Vida con esa dureza implacable con que a veces se manifiesta, se llevó a mi tía antes que a mi madre a pesar de ser mucho más joven. Todavía hoy se me saltan las lágrimas al conectar con el dolor de mi madre abrazada al féretro de su hermana.

Han pasado años desde que yo comencé a ser consciente de estas relaciones fraternales y a día de hoy, puedo decir hasta qué punto comprendo a mi madre y lo que entre ella y su hermana habían tejido. Una relación pura, confidente, sincera, sin juicios, incondicional…

Y es que en este tramo de mi existencia me siento identificada con mi madre porque ahora me encuentro en este momento en el que mis hermanas son mi apoyo, mi consuelo, mi terapia. Con ellas puedo hablar de lo que sea que nunca jamás me juzgan, ni me reprochan. Ellas tienen la palabra oportuna y el abrazo sincero, sin pedir nada a cambio, ese abrazo que me traspasa y me nutre.

El otro día salí a comer con mi hermana Cristina, la pequeña,  con la que me llevo trece años ya que hacerlo también con mi hermana Carmen es más complicado puesto que no vive en la misma ciudad.
En estas escapadas, que nos permitimos de vez en cuando,  hablamos de lo humano y de lo divino, de nuestros padres, de nuestros abuelos, de cuando éramos pequeñas. Hablamos del devenir de la vida, de nuestros hijos, de nuestras penas y alegrías. Hablamos de temas profundos que tal vez con otra persona no sería posible hablar. Y es un puro bálsamo. Siento cómo mi alma se engradece cuando estoy con ellas y cómo siempre, a pesar de nuestras diferencias de carácter y de criterios, siempre nos mantenemos fieles a ese deseo de mi padre porque sabemos que nos amamos de manera incondicional y que, por encima de circunstancias, parejas y demás familia, está nuestra relación de hermanas más allá de lo humano.

Estoy segura de que si mi padre levantara la cabeza volvería a agacharla feliz al vernos.

Gracias hermanas. Por ser, por estar, por enjugar mis lágrimas y por esos abrazos nutrientes que nos damos. Gracias al bendito útero de nuestra madre por gestarnos y parirnos.





jueves, 10 de marzo de 2016

CUIDAR



Con motivo del “Día de la mujer” he visto un sinfín de carteles reivindicativos sobre la situación actual de las mujeres, algunos bien hechos, con mensajes firmes y con buen gusto… y otros penosos, la verdad.

También las cadenas de TV se han hecho dueñas y han publicado noticias y resúmenes…
Especialmente me ha llamado la atención en algunas estadísticas dadas por televisión el hecho de que “todavía” las mujeres son quienes cuidan más… a los hijos, a los mayores…

Y me pregunto qué hay de malo en ello cuando una mujer lo hace con convencimiento y agrado. Y me respondo que quien ha hecho estas encuestas o quien ha transmitido las noticias, no tienen ni puñetera idea cuando dicen, sobre todo, que las mujeres son quienes más cuidan a los niños. Poco entienden –o nada- de necesidades primarias, de vínculo y de apego en los primeros años de vida de un ser humano.

A pesar de que supero los 60 años, y gracias a la forma de ser de mis padres, yo NO fui educada para cuidar. Sin embargo, es algo que me nace.  Incluso es posible que por eso sea DOULA.
He cuidado de mis hijos por decisión propia. Cuido de mis nietos cuando me lo piden. Y cuido de mi madre anciana porque soy su hija, de la misma forma que la cuidan mis hermanas.

Creo que estamos llegando a tal grado de querer equipar mujeres con hombres que se olvidan las estructuras cerebrales, que se olvida el papel de las hormonas, que se olvida la propia elección y que al final, todo se convierte en una lucha de poder reivindicativa con vencedores y vencidos.

Cuidar es algo innato. Se siente o no se siente. Y generalmente sin entrar en antropología y polémicas sin sentido, ha sido cosa de hembras  -ya no digo de mujeres-.  Salvo en algunas excepciones y citaré al pingüino emperador, quienes cuidan de las crías hasta que están preparadas para independizarse son las madres o figuras de hembras maternantes. Por propia naturaleza porque no entienden de reivindicaciones ni de juicios, porque no tienen a otra especie que les vaya dando la tabarra cuestionando si deben de ser los machos quienes se queden al cuidado de la prole para que ellas se vayan de caza… porque, sencillamente,  siguen su instinto en conexión con la perpetuidad de la vida.

Lástima que los humanos estemos cada vez más apartados de nuestro instinto y de nuestras emociones.

Como diría mi padre, yo lo tengo casi todo hecho. Pero lástima me dan las nuevas generaciones de bebés, esos que pueden quedar al cuidado de cualquier persona, entidad, institución que no sea su madre.
Lástima de generaciones futuras que una vez sean ancianas quedarán al cuidado también de instituciones o personas que presten servicios por dinero, dejando al margen cariños y cuidados desde el amor.

Lástima que para ser una mujer moderna se tenga que despreciar que el cuidado a los demás no es feminista ni entra en los planes por la igualdad. 

Lastima de vosotrAs y de vosotrOs. Lástima de mí…