Webinar de la AED. Autogestión emocional y psicológica de la doula




Cuando decimos que el nuestro es un acompañamiento emocional, quien no sabe de qué hablamos, enseguida comenta que claro, que esto lo puede hacer cualquiera… la pareja, la madre, una hermana o una amiga, la matrona…

Espero y deseo que, tras haber visto y escuchado este webinar, el concepto de acompañamiento emocional, pueda quedar comprendido, o al menos, más claro…

Partiendo de la definición más habitual donde decimos que una doula es la mujer con experiencia y formación que acompaña emocionalmente a otra mujer en uno o varios procesos durante su maternidad, sería lógico entender que, para acompañar en sus emociones a otra mujer, la doula debe mantener las suyas en perfecto estado de armonía.
Y para eso creemos que además de formarnos y actualizarnos, es preciso mirarnos y revisarnos, al menos,  durante el periodo que duren los acompañamientos.

Las doulas de la AED acompañamos basándonos en estudios con evidencia, no nos vale lo que dicen que dicen… por eso es importante la información, la formación, el trabajo personal y tener sentido crítico para no darlo todo por válido.

La formación es imprescindible, ya sabéis, es algo que desde la Asociación Española de Doulas repetimos a lo largo de nuestros webinares.

Para ser honestas, siendo doulas, comenzaremos por reconocer nuestra disponibilidad real, laboral si se combina el trabajo de doula con otra actividad, familiar si tenemos hijos, con qué apoyos contamos…
Por ejemplo, si tenemos bebés lactantes y queremos acompañar partos u otras situaciones que nos impliquen muchas horas de presencia, hemos de saber qué hacer con nuestros pequeños cuando llega el momento de acompañar a otra mujer, porque en los acompañamientos, sabemos cuándo comenzamos, pero nunca cuando terminamos…

Desde la AED no decidimos qué tipos de acompañamientos son o no son apropiados. Cada Doula sabe qué puede y que no puede acompañar y con plena responsabilidad ha de asumirlo.

Es recomendable, sin ningún tipo de temor, decir no ante un acompañamiento en el que no nos vamos a sentir completas, utilizando nuestra libertad de elección y de objeción de conciencia.

Por ejemplo, si una Doula no se siente cómoda acompañando un tratamiento de reproducción asistida, ha de ser honrada y decir que no antes que asumir un papel para el que no se siente preparada
De ahí que sea interesante conocer e interpretar las distintas emociones y sentimientos, para poder identificarlos en nosotras mismas, para gestionar nuestras emociones  sobre todo esas que llaman “negativas”, poniéndoles nombre, expresándolas, y aceptando que también están en nosotras porque tienen un sentido de supervivencia, porque forman parte de nuestro desarrollo evolutivo. Me refiero al miedo, al enfado, a la rabia…

Las emociones necesitan ser comprendidas para evitar que resulten dañinas en un momento concreto durante un acompañamiento.

Y puesto que hablamos de emociones, pueden ser muchas las razones por las que una mujer decida acompañar como doula.
Para unas lo será tras haber tenido unas experiencias maravillosas en su proceso de embarazo, parto, posparto, de maternidad...  y, desde ahí, se sentirán capacitadas para acompañar a otras mujeres en su devenir como madres.
Tal vez algunas mujeres elegirán hacerlo desde experiencias dolorosas, incluso traumáticas. Éstas querrán acompañar a otras mujeres para, de alguna manera, “defenderlas” de lo que a ellas les pasó y evitar, de esta forma, que repitan su propia historia.
Y algunas, sin haber sido madres todavía, se decantarán por ser doulas creyendo que es un modo de ganarse la vida como otro cualquiera… incluso puede que sin llegar a ahondar en el propio mar emocional…

Al igual que en todas las profesiones en las que se trabaja con personas, desde la AED creemos que el actuar como doula debería de ser algo vocacional ya que, la cercanía, el trabajo cuerpo a cuerpo, mente a mente, corazón a corazón, tiene a la larga un coste emocional y es necesario saber qué queremos, dónde tenemos nuestro límite y aprender a gestionar nuestras emociones para que no nos invadan.

Revisar las propias emociones puede ser como abrir la caja de Pandora. Tal vez afloren miedos ocultos, dolores no superados, frustraciones escondidas.
Al revisar nuestras emociones necesitamos hacer un trabajo con la conciencia puesta en lo que sentimos y lo que vamos encontrando,

Gozar de una buena salud emocional requiere de un trabajo personal basado en la auto revisión, en mirar y nombrar aquello que nos grita desde dentro y que tal vez, no sepamos de donde viene.

En el caso de las doulas, ha de ser así. Nutrirse para poder nutrir, sanarse para poder acompañar sin sombras… no podemos dar aquello que no tenemos.

Sabemos que desde el momento en que una mujer se piensa como madre, se sumerge en una serie de emociones que la acompañarán más allá del puerperio y que estas emociones le van a generar unas determinadas hormonas.

Si se siente feliz y sin miedos, le acompañarán las hormonas de la felicidad.  Si, por el contrario, vive los procesos con temor y angustia, la adrenalina y el cortisol predominarán en la química de su cuerpo.

Para muchas mujeres estas experiencias marcan un antes y un después en sus vidas.   Y para algunas, puede suponer un cierto desequilibrio emocional por no haber alcanzado sus expectativas.

Es por ello que desde la AED creemos que la decisión de acompañar como doula ha de surgir de unas emociones saneadas para comenzar un acompañamiento sin expectativas, sin esperar nada, acompañar siendo la mujer que somos y estando en presencia y en esencia.

Antes de llegar a trabajar, incluso antes de formarse como doula, lo primero sería plantearse por qué quiero serlo y comenzar con la autorevisión.

Si la formación de Doula es conforme ha de ser con unos mínimos y unas dinámicas que, junto a otras mujeres. nos hacen de espejos, y aunque la formación de doulas suele terminar siendo una experiencia terapeútica, se queda corta para revisar al completo nuestra propia historia personal.
Porque durante el tiempo que dura la formación no es momento para hacer terapia personal, porque nos centramos en adquirir otros conocimientos, porque no da tiempo

La doula, como figura de acompañamiento, está al lado de la mujer que la solicita, conteniéndola en las emociones que pueden llegar a desbordarla, cuidando su entorno, facilitando su bienestar,  y si llega el caso,  aportando la información que la mujer le pide.

La doula ha de saber que ella no ayuda a la mujer a conseguir su parto ideal, ni ayuda a conseguir nada en cualquier otro proceso de acompañamiento, puesto que hay todo un entramado de emociones que intervienen en estos procesos y que corresponden, íntegramente, a la mujer que va a ser madre.

Y tener siempre presente que la doula no es una figura salvadora de los embarazos, ni de los partos, ni de los puerperios de ninguna mujer,  ni de cualquier otra situación dentro de la maternidad

Desde la AED repetimos esto hasta la saciedad

Imaginemos por un momento a una mujer que tuvo a su bebé mediante un parto intervenido, medicalizado… un tipo de nacimiento que no era el que había soñado para su hija o hijo, un parto del que le cuesta hablar aun habiendo pasado cierto tiempo y del que tiene la triste sensación de no haber vivido, un parto traumático a consecuencia de protocolos hospitalarios… un nacimiento robado.
Imaginemos a esta mujer acompañando, como doula, a otra madre en un hospital… o ha hecho un trabajo personal para superar ese estado traumático suyo,  o difícilmente podrá olvidarse de su experiencia ante el acompañamiento de un parto intervenido, lo cual la puede llevar a no ser la persona emocionalmente disponible que la mujer que va a parir necesita.

Lo mismo puede suceder en cualquier otro momento. Si a una mujer que va a ejercer como doula le costó conseguir su embarazo, si su gestación la vivió con malos-estares y miedos personales, si perdió a su bebé intrauterino, si la lactancia no fue exitosa, si vivió una depresión durante el posparto… y esta vivencia dejó una huella dolorosa, es necesario hacer un trabajo personal para superar cualquier herida, cualquier trauma no sólo relacionado con la maternidad, sino también con su propia historia de vida.

Es interesante conocer que, Desde antes de nacer ya estamos influidas, incluso, por la manera en que fuimos concebidas.

El modo en que nuestra madre vivió el embarazo, nuestro propio nacimiento, nuestros años de infancia, la relación con nuestros padres y especialmente, con nuestra madre.
Nuestra sexualidad. Nuestra relación con el resto de personas del entorno cercano…

No diremos que para ser doula se necesite una formación en Psicología, pero sí que debemos tener un profundo conocimiento de quiénes somos, y en qué momento y lugar estamos para poder gestionarnos en cada situación que se nos presente.

Porque ¿estamos seguras de que el hecho de haber sido madres ya nos capacita para acompañar cualquier procesos? 

Sinceramente,  desde los criterios que defendemos en la AED,  y si me permitís, desde mi propia experiencia,  sabemos que no es suficiente.

Tal vez en algunos lugares donde las mujeres están muy conectadas con ellas mismas y con su naturaleza femenina, en países o culturas donde se vive en verdadera tribu y la maternidad se comparte desde los cimientos, tal vez ellas sí,
pero en una sociedad como ésta nuestra donde vivimos, industrializada y deshumanizada,  donde las mujeres viven sus maternidades muy en solitario después de los mensajes recibidos desde una idealización de lo que es tener hijos, puede que no sea siempre fácil encontrarse emocionalmente estable y por tanto estar disponible para acompañar otras emociones ajenas.

Por eso es tan importante tener presente la necesidad de autocuidado y ser sincera y humilde con una misma para mantener esa estabilidad necesaria y, en caso de no alcanzarla, aceptar que tal vez sea el momento  de acompañar, y parar y descansar, con la finalidad de estabilizar nuestro ser y tras un tiempo de recuperación emocional, volver a hacer aquello que tanto amamos: acompañar como doulas.

Vengo a hablar de la gestión personal del cuidado, pero realmente le corresponde a cada doula saber con qué herramientas cuenta para ese autocuidado, para adquirir esa nutrición, para mantener una estabilidad que le permita acompañar siendo consciente de su papel y de que siempre es la madre y/o la familia a la que acompaña, los protagonistas de su acompañamiento.

En este autocuidado entra revisar nuestra necesidad de alimento y descanso cuando acompañamos, especialmente si llevamos muchas horas junto a la mujer que nos pidió presencia.

Saber de qué forma poder desconectar nuestra mente, si es necesario, para disfrutar de un sueño reparador que nos permita continuar despiertas el tiempo que reste de acompañamiento.
Saber, a lo largo de cualquier proceso de acompañamiento, en qué momento parar para reponer energías sin que esto perjudique la situación de la madre

Una herramienta que consideramos básica y que en la AED utilizamos a diario, es el douleo entre doulas, contar con una compañera o con un grupo de iguales donde poder comentar y compartir nuestras experiencias personales acompañando.
Un grupo y/o una doula amiga que nos acompañe en el camino, que nos cobije, que nos escuche y contenga en esas emociones que necesitamos gestionar.
Una doula o un grupo con quien conectar en un momento concreto… tal vez durante la constante presencia en un parto largo donde ya nos sentimos física y emocionalmente agotadas y necesitamos, como personas humanas que somos, unas palabras de ánimo que nos hagan volver al momento presente y, de alguna forma, nos aporten esa chispa de energía que precisamos después de tantas horas de alerta.

Puede que cuando hemos sido testigos de una muerte perinatal necesitemos ser escuchadas también, y acompañadas por algunas de nuestras compañeras…
Alguien con quien hablar ante la posibilidad de una actuación drástica o cualquier otra intervención necesaria y urgente, sabiendo lo que eso puede significar para la madre que acompañamos.
Es decir, apoyo, escucha y contención para nosotras, para esa persona de carne y hueso que hay tras la figura de acompañante que somos.

También tener presente la formación continua, especialmente en temas que estén relacionados con la salud emocional en los procesos de maternidad, puede aportar herramientas para gestionarnos y mantenernos estables llegado el caso de alguna situación que, de otro modo, podría desbordarnos.

Es interesante adquirir una formación en cualquier disciplina que nos acerque a la comprensión de las emociones en un estado de salud, una formación básica en salud mental perinatal para adquirir unos mínimos conocimientos que nos puedan dar pistas de que algo no funciona como debería y estar alertas para derivar al profesional competente, algo en lo que también incidimos desde la AED, puesto que como doulas no somos terapeutas…

En la AED sabemos la cantidad de depresiones pos parto que se quedan sin tratar como consecuencia de no estar bien definidas y diagnosticadas a tiempo y la doula, como persona formada, cercana e íntima a la mujer que acompaña, puede ser un elemento importante para trabajar en equipo y , como he dicho antes, derivar al profesional cualificado.

Reconocer, con humildad, que nuestro papel no es el de terapeutas si nos encontramos frente a un caso de depresión, de trauma tras un parto intervenido y medicalizado, de una cesárea de urgencia, de la pérdida de un bebé intrauterino o perinatal o de cualquier otra situación que haya dejado una huella profunda en la mujer y ésta necesite de terapia profesional.

No asumir responsabilidades que no nos pertenecen, facilita el estar despejadas y sin preocupaciones que nos distraigan de lo nuestro, que es acompañar.

Otra herramienta interesante para autogestionarnos tanto psíquica como emocionalmente, son los Círculos de Mujeres, los círculos de maternidad, de crianza... 
Este es un ejercicio muy nutritivo. Estar con otras mujeres, conocer sus historias y sus necesidades, darnos cuenta de que hay tantos pensamientos y formas de vida, tantas maternidades como mujeres podemos acompañar, que nadie tiene la verdad absoluta, que cada cual arrastra su propia historia como puede…
Participar en una experiencia grupal donde las mujeres se sienten en igualdad, el compartir miedos, frustraciones y alegrías da lugar a que, nos sintamos mucho más seguras y capaces de afrontar los acompañamientos desde el lugar que nos corresponde.
Encontrarnos con mujeres con afán de superación que han roto sus cadenas y otras que, consciente o inconscientemente, permanecen atadas a ellas…  todo esto también es una oportunidad de cuidarnos y sanarnos en el día a día.
Disponer de un espacio donde se pueda plantear un futuro con esperanza, donde las mujeres se crecen y se sienten seguras asumiendo sus responsabilidades, es una experiencia preciosa y muy poderosa.

Las doulas, hemos de ser profesionales con las fortalezas y las limitaciones muy claras y hemos de saber que las auténticas protagonistas de las maternidades que acompañamos, son las mujeres que acuden a nosotras, como venimos diciendo constantemente a través de la AED y que como veis he repetido en más de una ocasión.

Y,  de nuevo desde la humildad, confiar en la terapia personal, contando con una psicóloga, una terapeuta profesional y experta con quien poder comentar nuestras emociones, nuestras experiencias, donde sanarnos y donde seguir adquiriendo herramientas para gestionarnos a lo largo de los acompañamientos.
Hay muchas otras profesionales que tratan con personas, que tienen su propia psicóloga de referencia a quien acuden periódicamente, para comentar, sanar, reorganizar sus emociones y poder, de esta manera, seguir ejerciendo su trabajo.
Y nosotras, como doulas, no podemos desechar esta posibilidad de revisión y apoyo profesional.

Unas herramientas que también funcionan en muchas personas y que podemos adquirir, especialmente siendo doulas, son el mindfullness, la relajación, la meditación, ya que se ha comprobado que estas prácticas reducen el nivel de ansiedad.
Estas prácticas se pueden aprender para utilizar no sólo en momentos de estrés, sino que se puede alcanzar el estado óptimo practicando con la respiración consciente con cierta regularidad. Con esta técnica podemos reducir la intensidad de las emociones negativas que puedan asaltarnos durante un acompañamiento (miedo, desconfianza, ira contra una actuación concreta…)
Para algunas doulas, incluso puede resultar interesante la práctica de yoga, tai chi, pilates, natación o aqua gym,  biodanza, reajuste vital o cualquier otra disciplina más física que pueda ayudarle a desconectar su mente y relajar su cuerpo, acondicionando de esta forma, su espíritu y sus emociones.

Personalmente me gusta salir al monte y hacer senderismo, pero como he dicho, cada Doula ha de encontrar su espacio donde reconectarse…

Y el gran espejo de sanación sin duda son las mujeres a las que acompañamos. Con cada una descubrimos algo nuevo, en cada una ponemos una parte de nosotras si nos dedicamos a  ello con los cinco sentidos para ser conscientes de qué necesitan y qué podemos ofrecerles sin que sea nuestra propia necesidad la demandante.

Mirarnos y revisarnos, siendo honestas con las madres que quieren que estemos junto a ellas.
Y ser empáticas con las mujeres a las que acompañamos poniéndonos en su lugar para comprender, aceptar y no juzgar sus decisiones, sus emociones.

Emitido por la Asociación Española de Doulas el 8 de mayo de 2019
Webinar de la AED. Autogestión emocional y psicológica de la doula









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