Hablar a los pequeños con respeto.

En el mes de junio de 2009, Sina  realizó unas sesiones de formación sobre “Comunicación verbal no violenta”.
Creo que no siempre es fácil educar a los hijos en aquello que carecemos.  Porque aunque no queramos, aunque no nos guste, tendemos a repetir los patrones de lo que aprendimos.  No desde la maldad, sino desde el desconocimiento.
No pude acudir, como hubiera sido mi deseo, pero sí comenté una experiencia que venía perfectamente al caso.  Era ésta.

“Es claro que todos los padres creemos que hacemos lo mejor con nuestros hijos, pero difícilmente si no hemos tenido un buen patrón, un buen ejemplo, podremos transmitirlo a nuestros retoños. So pena, claro está, de que uno sea consciente de su realidad y esté decidido a cambiarla. Y aunque parezca difícil, se puede hacer.
Me gusta observar a las personas, no para juzgar sino para aprender, y es por eso que procuro andar por la vida con los ojos y los oídos abiertos, y el corazón también.
Creo que los niños han de tocar, jugar, ensuciarse con la tierra, mojarse con el agua y caerse algún “tostolazo”. Y  los adultos entenderlo y tener paciencia. Yo observo y protejo desde lejos y si no es necesario, no acudo y  disfruto viendo como avanzan en sus descubrimientos.
Hace unos días estaba en el parque con mi nieto de poco más de dos años e igual que hacía con mis hijos, lo dejaba  experimentar.
A mi lado había una mujer joven con un niño de tres años y medio (la oí decirle la edad del chiquillo a otra madre) El crío jugando iba y venía. En un momento dado se acercó a la madre, muy sucio de barro y  ésta le dijo “vete de aquí, no me digas nada, no me obedeces  y  haces lo que te da la gana, me pones enferma”.
Creedme si os digo que me quedé sin respiración. Me hubiera gustado decirle a la madre ¿cómo le hablas así a tu hijo? Pero la experiencia me ha enseñado a permanecer callada, con los hijos de los demás, aunque me duela.
Luego estuve un rato pensando  ¿Qué tipo de infancia puede haber tenido una madre que le habla de esa manera a un niño de tres años?  ¿Cómo la trataría su madre cuando se aproximaba a ella?  ¿La ponía enferma también? ¿Qué le dirá a su hijo cuando tenga 10 ó 12 años y empiece a ser más independiente? ¿Y cuando sea adolescente y entre en la edad de la rebeldía?
Hay mucho escrito sobre los niños que han recibido malos tratos a la hora de ser padres. La mayoría de las teorías apuntan a que ésos son luego padres maltratadores también. Y no es preciso dar una paliza a un niño para incurrir en maltrato.  El maltrato físico es terrible,  pero tanto o más lo es el maltrato verbal, sicológico, precisamente porque “parece” más sutil.
Es por ello que hemos de ser plenamente consecuentes cuando, en momentos de enfado sobretodo, nos dirigimos a nuestros hijos. Desde decirle “estás tonto” hasta verdaderas barbaridades (he oído a progenitores decir a sus hijos, incluso a niños pequeños, subnormal, gilipollas, vete a la m… y cosas mucho mas fuertes) TODO lo desagradable que les decimos se queda en el subconsciente y va minando su autoestima. Hay ocasiones en que es uno de los padres el que tiene esa actitud y el otro se da cuenta, pero no actúa por no enfrentarse. Claro que no podemos culpabilizar a una madre o a un padre que hable así a sus hijos, si ése es el patrón que tiene, si  es eso lo que ha aprendido, lo que le han enseñado y por tanto está convencida/o de que así es como se ha de educar: con represión y extrema autoridad.
Creo  que,  lo que se puede hacer en este caso es hablarlo claramente e intentar que la otra persona, la que sufrió algún tipo de maltrato siendo pequeño, haga una sanación de su niño interior para poder perdonar a los padres que le transmitieron su amor a través del dolor. Así, una vez reconciliado con su niño interior será capaz de entender que para educar, para amar a un hijo no es necesario pegarle, ni insultarlo utilizando palabras fuertes o peyorativas, ni usar un tono de voz agresivo.
Se puede, es más,  se debe educar y corregir a los niños con cariño, con palabras suaves, con explicaciones claras a su nivel, con paciencia y dando  un buen ejemplo de vida.
Sólo así  el amor podrá fluir entre padres e hijos.  Lo otro… no sé cómo llamarlo.



Comentarios

  1. Estoy de acuerdo al cien por cien con lo que dices. Sólo añadiría algo más. Sanar al niño interior es un proceso largo y muy duro. Y hay quienes llegamos a él con nuestros hjos ya crecidos, y un miedo terrible a haberles trasmitido algo de lo que nos dieron en nuestra infancia. Pero existe otra arma para luchar contra la repetición de esos patrones, y es la lucidez, la auto-observación, la mirada crítica sobre la propia historia. Todas esas cosas ayudan a preparar el encuentro con nuestro niño-niña herid@...

    ResponderEliminar
  2. Si cielo, tienes razón. El encuentro con nuestra niña herida ya sanada, es al final motivo de gran alegria. Y llegamos a él cuando estamos preparadas. No lo dudes.

    Con Amor

    ResponderEliminar
  3. Hola Concha, prima-hermana del alma.

    Me alegro muchísimo de tu creación de este blog, que, a medida que lo he leido, veo que eres tú misma, tu voz estaba en mi cabeza a medida que iba leyendo tu exposición sincero a cerca de lo que piensas y sientes.

    Yo me siento incluida en tu círculo de mujeres, espero que tu tambien me ingluyas porque hemos compartido y vivido momentos intensos de emoción por dolor o por dicha. La dualidad del mismo sentimiento del amor del ser que todos llevamos dentro y accedemos a el, algunos, gracias al trabajo interior que hacemos, que tú has hecho.
    Y al leer tu narración, resumiendo tus experiencias, tu sentir, tu ser emocional, no puedo más que verme y sentirme reflejada en tu proceso,puesto que yo tambien estoy sanando a mi niña herida, como tu bien sabes.
    Sólo que tu, como compartes, sientes que has terminado. Y yo sigo mi caminito en busca de mi paz interior tan anhelada y que pronto confio en reencontrarla.
    Sanando nuestro niño, sanamos los niños del mundo, los nacidos y los que vendran a encarnar a este planeta, quiero aventurarme, de cambio de conciencia hacia un paradigma de amor y respeto hacia todos los seres vivos, de convivencia y colaboracion mútua donde sintamos que todos somos igual de importantes, seres de luz y comprensión, de aceptación total y respeto hacia nuestra madre naturaleza que nos brinda con su abundancia y belleza.
    Tú, como mujer, hija, hermana, madre, abuela y profesional doula, estas contribuyendo con su sabiduria, con tu experiencia, con tu pensamiento y intenció de amor y luz, a que este nuevo mundo de conciencia sea ya una realidad.
    Así que deseo darte las gracias por aportar tus ilusiones y tus proyectos que pronto, ya mismo pronto se materializen en tu vida. Asi sea y así es.
    Besos, hermana de luz, de viaje, sigamos disfrutando el viaje unidas y compartiendo el camino.
    Bendiciones y mucha prosperidad para tus proyectos.
    Te quiero
    Elena
    Terrassa

    ResponderEliminar
  4. ¡Joooo! Elena, cariño. Sí, finalmente el camino es el mismo. Sólo hemos de saber andar juntas... y en ello estamos más de una. Nuestra sanación forma parte de la sanación del Universo.
    Gracias por estar.
    Con Amor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Dime tu OPINIÓN, por favor, me interesa y mucho porque saber que a alguien le atrae lo que escribo, me anima a seguir haciéndolo.

Si no usas ninguna cuenta, ELIGE la opción Nombre/URL, luego ESCRIBE tu nombre o nick y deja en blanco URL.
Dale a continuar, escribe tu comentario, pincha en PUBLICAR un comentario...

Gracias por hacerlo.

Lo más popular este mes

El papel del padre en la lactancia (y en lo demás…)

Fibromialgia

Compartir información en las redes sociales

¿Necesito una Doula?

Siete cosas que debes saber sobre el PUERPERIO

Relato de parto: nacimiento de Eneko en semana 35

“Yo soy la Doula y me iré, tú siempre serás la abuela”

Cuando los bebés deseados no llegan...

Confesiones de una Doula después de leer PARIR.