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Este no es un blog de partos, de maternidad o de crianza solamente, sino que parte de mi experiencia de mujer, de lo vivido, de lo sentido, de lo que me llega... para seguir hacia lo que queda por hacer, hacia lo que puedo y quiero realizar.

Mi evolución como mujer que acompaña a otras mujeres, me muestra un camino del que cada día aprendo y gracias al cual mi sentido de la Vida se amplía y evoluciona en una dirección sin retorno.

Por y para las mujeres. Por y para todos los seres. Porque confío y doy Gracias.

lunes, 5 de diciembre de 2016

El acompañamiento de la Doula en el bienestar de las madres


                         "Cuidando la salud mental de las madres"                               Madrid, 3 de diciembre de 2016
                           
                  Ponencia: El papel del acompañamiento de la Doula                      en el bienestar de las madres

Con motivo de la celebración de esta primera Jornada, fui invitada a participar para aportar mi experiencia como Doula. Y puesto que quiero visibilizar esta figura al máximo, aquí os dejo la mayor parte de mi exposición.


"Hola. Me llamo Concha Villarroya, soy madre de una chica y dos chicos,  y abuela de cuatro nietos.  Y soy Doula.  Feliz por pertenecer a la primera promoción de la Formación en Salud Mental Perinatal Terra Mater.
Gracias a Isabel Fernández del Castillo y a Ibone Olza. por haberme invitado a participar en esta Jornada para aportar desde mi experiencia.

Puesto que acompañar como Doula no es una actividad oficialmente reconocida ni homologada, no voy a ser corporativista y no hablaré por todas las Doulas, sino que lo hago por mí y por aquellas con las que coincido en criterios.

Quiero decir, para quien no lo sepa, que la Doula es una mujer con experiencia y formación para acompañar emocionalmente a otras mujeres en procesos de maternidad, y cuando digo acompañar quiero decir estar junto a ella, sin cambiar sus decisiones y sin interferir en su proceso sea cual sea.

La Doula no actúa como psicóloga ni terapeuta aunque sea esa su titulación, por tanto su acompañamiento no es con intención de sanar ni de cambiar o corregir conductas.

Soy Doula porque amo lo que hago y porque estoy convencida de que la mujer en momentos como estos, ha de ser acompañada por la persona que ella elija, sin imposiciones, sin concesiones…

Las mujeres que quieren contar con una Doula durante su maternidad son mujeres informadas que saben lo que quieren y se hallan en distintas circunstancias: mujeres que tienen a su pareja lejos, madres solteras por elección,  parejas que no quieren estar presentes en el nacimiento de sus hijos, mujeres que no quieren que sus parejas estén presentes o simplemente mujeres que quieren estar acompañadas por otra mujer de su confianza. La mayoría de las que yo he acompañado han sido mujeres con estudios universitarios. De cualquier modo, todas buscan una figura maternante,  y en mi caso creo que influye la edad, mi experiencia como abuela, mi experiencia de vida…

Aunque algunas mujeres comienzan a estar con una Doula desde la búsqueda de su embarazo, lo más habitual es acompañar durante la gestación, en el parto, en el establecimiento de la lactancia y en el puerperio inmediato.  Hay mujeres que no contemplan los primeros meses del posparto como fase a cuidar, quizás porque se ha hablado poco de él, quizás porque una vez el bebé está en el mundo la madre pasa a segundo plano.

El estado emocional de la mujer va a influir en que su maternidad sea gozosa o no, y especialmente va a marcar su parto pues, lejos de las preparaciones al parto convencionales que se suelen hacer,  lejos de las clases de yoga, pilates, matronatación o cualquier otra disciplina física aplicada con el fin de conseguir un “buen parto”,  es la mujer con sus emociones, su historia,  la relación con su madre, la situación de sus heridas personales… quien será responsable inconsciente del funcionamiento del parto y posparto inmediato. Y me temo que esto no se contempla como se debería ya que en demasiadas ocasiones las expectativas se centran en el hospital, en el médico o en la matrona elegidos, en el plan de parto,  en cualquier preparación anteriormente citada… incluso en el acompañamiento de una Doula. Y nada más alejado de la realidad.  Creo que el parto es el momento de la verdad y que, citando a Gayle Peterson (1)  cada mujer pare como vive.

Y tengo el sentimiento de que, generalizando, en las mujeres hay un miedo a indagar en sus vidas cuando algo no funciona bien, especialmente durante la maternidad.

Volviendo a mi manera de actuar como Doula, quiero decir que cuando me encuentro en una situación que va más allá del mero acompañamiento, tengo por costumbre remitir a un profesional cualificado, ya que poseo a mi alrededor personas expertas en varias disciplinas: una IBCLC en el caso de problemas con la lactancia que excedan de mi competencia como asesora, una enfermera nutricionista cuando se presenta alguna situación relacionada con hábitos de alimentación, una fisioterapeuta cuando se trata de algo relacionado con el suelo pélvico, y una psicóloga perinatal para casos de posibles psicopatologías en la perinatalidad.

Antes de formarme en Salud Mental Perinatal, me llamaron la atención situaciones de las mujeres que acompañaba que me indicaban que algo no marchaba bien. Después de la formación, he revisado esos mismos casos y estoy convencida de la necesidad de ayuda.

Cuando acompaño como Doula a mujeres embarazadas, se establece un lazo de intimidad y de sinceridad que no suelen establecer con otras personas, y en ocasiones, ni siquiera con su pareja.  Me cuentan cosas que no les dicen ni sus madres ni su mejor amiga…

A menudo me encuentro con que a las mujeres les cuesta darse su propio espacio, tal vez por el tipo de educación o tal vez como consecuencia de haber minimizado los cambios emocionales durante los procesos de maternidad. Me encuentro con mujeres que dan prioridad a lo que las parejas quieren por encima de sus propios deseos…

Otra de las situaciones que me encuentro es que la mujer, a pesar de que sepa que algo no funciona bien, rechaza la terapia. Cree que es algo pasajero, que ella podrá solucionarlo… y hay casos en los que se mantienen en situaciones angustiosas. Hay algún mecanismo por el que rechazan la ayuda exterior…

Y veo con frecuencia que es muy difícil que una mujer busque ayuda si no es consciente y no quiere hacerlo. Lo veo en los acompañamientos y lo veo en otros círculos.

Las mujeres que he acompañado hasta el nacimiento, han parido como ellas han deseado, en partos naturales no medicalizados excepto en dos casos que solicitaron anestesia epidural. Todas relatan satisfacción al haber tomado la decisión de este acompañamiento que en ningún momento interfirió en la relación con su pareja, con su familia. Puedo decir que se han sentido refortalecidas como mujeres desde un mayor autoconocimiento y confianza.

Desde mi trabajo final en el curso de Salud Mental Perinatal, coordino un Círculo de Maternidad en mi ciudad donde se les da a las mujeres que quieran venir la oportunidad de hablar de sus partos, de sus lactancias, de sus experiencias tanto si han sido traumáticas como si han sido placenteras. Es un circulo sin intenciones terapéuticas pero que cumple un importante papel: el de hablar, de soltar aquellas cosas que no pueden comentar en otros ámbitos, incluso a veces ni a sus parejas.

Destaco que muchas de las mujeres que han venido son extrajeras que están sin red de apoyo real. Allí han llorado contando sus experiencias, su soledad social y familiar, su soledad profunda…

Mujeres con perdidas gestacionales que me han pedido una cita a solas porque se han tragado su dolor sin poder hablarlo con nadie. Mujeres que han descubierto que sentirse mal no es lo normal luego de haber parido, que se dan cuenta de que amamantar no duele cuando llevaban tiempo con grietas sangrantes. Mujeres que no saben a quién contarle todas estas cosas que sienten porque en algunas ocasiones que han ido a la matrona les han dicho que no tienen tiempo para atender llantos cuando hay 40 mujeres en espera, o que sus propias parejas les dicen que por qué lloran si todo está bien y tienen un bebé precioso… mujeres que solo querían que alguien las escuchara sin juicios y las abrazara.

Y es que en el acompañamiento cara a cara, cuerpo a cuerpo, se abren canales de comunicación donde las mujeres manifiestan lo que sus almas se callan.

Como he dicho al principio, desde que he terminado la formación en Salud Mental Perinatal, tengo muchas más herramientas para comprender mejor las emociones de las mujeres a las que acompaño.

Creo que la detección temprana de ciertas situaciones facilita el acceso a la intervención profesional y por eso, ahora doy más importancia, si cabe, a una buena gestión de acompañamiento durante todo el proceso.

Gracias por vuestra escucha".


(1)  Gayle Peterson, MSSW, LCSW, PhD es una terapeuta familiar especializada en el desarrollo prenatal y familiar. Vive en California (EEUU) Ella forma a profesionales en su modelo de asesoramiento prenatal y es la autora de "Un parto más fácil", "Parto normal" y su último libro, "Making Healthy Families". Sus artículos sobre las relaciones familiares aparecen en revistas profesionales. Es una experta frecuentemente citada en las revistas populares como el Día de la Mujer, maternidad y la crianza de los hijos. Ella es un miembro clínico de la Asociación para el matrimonio y terapia familiar y  con la Asociación Nacional de Trabajo Social.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Violencia OBSTÉTRICA (otra vez)



Hace tres años escribí este texto.  Si bien podía haber hecho una entrada nueva, la copio tal y como la publiqué porque, realmente y a pesar de los intentos, los cambios han sido pocos.

Hay mujeres que siguen siendo infantilizadas, se siguen haciendo prácticas desaconsejadas, se sigue separando a los bebés recién nacidos de sus madres... y se sigue prohibiendo que las mujeres que lo desean estén acompañadas por sus doulas en SUS partos y,  francamente, a veces me siento predicando en el desierto.

Aún así, mientras me quede voz y capacidad para escribir, seguiré diciendo alto y claro lo que está sucediendo...

"Como mujer que me interesa el proceso de llegada a la vida, me ocupo en procurar el mejor nacimiento a los nuevos seres, informando, apoyando y acompañando desde un punto de vista emocional a la madre que así lo desea en su parto.  Por ello, quiero hablaros de otro tipo de violencia: la violencia obstétrica.

Se suele dar por buenas aquellas actuaciones intimidatorias realizadas por personal sanitario durante estos procesos antes mencionados. Así, se hacen tactos vaginales innecesarios de forma abusiva y violentando la intimidad de la mujer, se hacen cortes en la vagina sin necesidad y, de la misma forma, violando el derecho de toda mujer a que su cuerpo sea respetado…  Son muchos los protocolos obsoletos que siguen estando en la mayoría de los paritorios de los hospitales españoles anulando la voluntad de la mujer y siendo, de esta forma, vejada e infantilizada.  La mayoría de ellos, dejan graves secuelas tanto físicas como emocionales.

Para que nos hagamos una idea,  este corte en el periné “sin importancia” llamado episiotomía, se sigue realizando en un gran porcentajes a pesar de que la OMS no lo recomienda.  La cesárea innecesaria, la posición en decúbito supino (tumbada de espaladas), la prohibición de la deambulación y de la ingesta de alimentos, la falta de apoyo y atención emocional, las respuestas groseras y airadas, y cualquier situación que a una mujer que está de parto, momento sumamente vulnerable y que necesita de unas condiciones especiales, la hacen sentirse sola, desatendida… y violada en sus más íntimas emociones.

No es cosa poca lo que estoy comentando. Cada vez son más las mujeres que se informan y que hacen valer sus derechos amparados por ley. Cada vez hay más personal sanitario que se pone de su lado e intentan que se produzca el cambio, pero la realidad es que estamos a años luz de otros países donde los nacimientos se producen de forma normal, natural y respetada.


Quisiera que estas palabras mías sirvieran para que quien las lea, se haga un planteamiento de esta cuestión y anime y apoye también, en esta causa.  Las mujeres debemos exigir dignidad, porque la violencia obstétrica, existe"






miércoles, 2 de noviembre de 2016

Senderismo: dinosaurios, barranco, trepada y cueva.



Mi afición al senderismo se había visto aparcada por varias y distintas circunstancias. Desde que en febrero recibí el reconocimiento por los 4.000 km recorridos y contabilizados por Ardillas Club de Senderismo con quien camino desde hace 20 años, no había vuelto a salir al monte.

Este domingo pasado volví a calzarme las botas y a cargarme la mochila a la espalda pues, aunque en principio no tenía previsto salir, a última hora me hice el ánimo y me uní al grupo de personas dispuestas a la aventura. 

Lo cierto es que ya sentía la necesidad, precisaba reconectar con la tierra y con el cielo en su más puro estado, necesitaba un chute extra de todas las hormonas del placer que se producen cuando hacemos algo altamente gratificante y conseguido a través del esfuerzo personal. Lo necesitaba como el respirar,  pues los últimos tiempos no me están siendo nada fáciles de llevar… pero vaya, no voy a ponerme lastimera y voy a contaros cómo transcurrió la jornada.

Como bien indico en el título, la salida prevista consistía en, tras visitar unas huellas que la prehistoria nos ha dejado, realizar un trayecto por un barranco, por el lecho de un cauce natural de agua ¡cuando hay lluvias! y que en este día soleado apenas contenía algunos charcos que, en plenitud, habrían sido unas pozas perfectas para darnos un remojón. La ruta terminaría con la entrada en “La Cova de las Donas” (La Cueva de las Mujeres). Ahora lo pienso y quizás fue este nombre lo que me animó a salir…



El Barranco del Tambuc y La Cova de las Donas se enmarcan en el término municipal de Millares, en la comarca de La Canal de Navarrés , a unos 65 km de Valencia. No estaban lejos de nuestro punto de partida y contábamos con una hora más de luz para iniciar la mañana.


Comenzamos el barranco con el avistamiento de unas huellas fósiles de dinosaurios, algunas visibles y otras imaginables, ya que estaban bastante desfiguradas como consecuencia del deterioro natural que produce el paso del tiempo.  El camino era fácil de andar. Grandes piedras, losas y cantos rodados intercalados con agujeros que contenían un poco de agua residual de las últimas lluvias. No tenía ninguna dificultad y fue amenizado en casi todo el recorrido por la fragancia de los matorrales de plantas aromáticas, lo cual nos sirvió como una sesión de aromaterapia: tomillo, rabo de gato ¡hacía tiempo que no lo encontraba!, lavanda…  Los árboles y arbustos de la zona, proporcionaban poca sombra en un día increíblemente soleado para la época del año en que estábamos y los madroños, con sus frutos maduros, nos aportaron una chispa de energía con su roja carne azucarada.


Fueron diez kilómetros aproximadamente en los que tuve que parar varias veces para ponerme protector solar y beber agua. ¡Realmente hacía calor!

En un momento dado, los coordinadores -una mujer y un hombre jóvenes- se pararon frente a un paredón y nos dijeron que ése era el acceso a la cueva. ¡No me lo podía creer! Una subida  prácticamente en vertical, sin clavijas y sin arneses. Nos comentaron que no entrañaba dificultad técnica y que lo íbamos a subir muy poco a poco ya que había muchas piedra sueltas. Los agarres a las rocas iban a ser nuestros pies y nuestras manos.  Así es que nos pusimos los cascos de los que nos habíamos provisto para evitar accidentes y comenzamos a trepar. ¡Confieso que estaba emocionada pues es algo que me gusta y que hacía demasiado tiempo había relegado…!

Así es que con mis bastones plegados, mi casco colocado y varias respiraciones profundas comencé el ascenso, mirando hacia arriba tan sólo lo que un ligero movimiento de cuello me permitía. El calor era sofocante a esas horas del mediodía y en la pared montañosa se notaba mucho más. Cada cuatro o cinco pisadas de ascenso tenía que parar a respirar… Marido, como siempre atento a mis pasos, iba detrás de mí, observando y acompañando sin intervenir si no le pedía ayuda… yo atenta a cada movimiento, a cada piedra que podía soltarse y caer en la cabeza de los compañeros que venías detrás.

Hubo un instante en el que sentí que el corazón se me aceleraba: el esfuerzo, el calor, la tensión en las piernas comenzaban a disparar mi adrenalina… “todo va bien”, me repetía. “tú puedes, ya lo has hecho otras veces, tu cuerpo y tu mente tienen memoria, ánimo, siempre adelante, arriba, un paso más…”. Paré a respirar en varias ocasiones, momentos muy breves pues no quería paralizar la subida del resto de senderistas. 

Os contaré que, justo arriba de mi, marchaba un chico que yo no conocía… iba atento a mi trepada, se paraba, me miraba y me ofrecía su mano por si la necesitaba… ahora lo pienso y me emociona sentir el apoyo callado de una persona desconocida… ¡qué bonito si esto se aplicara en cada situación difícil de la vida…!

Finalmente y cuando mis piernas comenzaban a temblar, llegamos al final de la trepada que daba acceso a la entrada de la cueva. Tuve que sentarme, cerrar los ojos, sentir-me, respirar profundo para que mi corazón retomara su ritmo, beber agua y tomar unos frutos secos para aportar energía rápida. 

Empezaban a hacerse los grupos para entrar a visitar la cueva y preferí quedarme para el segundo…

Durante ese tiempo me senté al exterior de la cueva, dándole la espalda al astro rey, mirando a mi alrededor, respirando y, simplemente, estando. Volví a tomar algo ligero: unas castañas y unas galletas energéticas de avellana. Unos sorbos de bebida isotónica me ayudaron a recuperar sales minerales. Y así, sin darme cuenta, el primer grupo estuvo de regreso.

He de confesar que se me habían ido las ganas de entrar en la cueva, no sabía por qué pero una vez allí no me resultó atractiva, quizá su aspecto oscuro por las fogatas que durante años se habían encendido en ese recinto de entrada, quizá porque el acceso era a través de una estrecha puerta cerrada con rejas, quizás porque sabía la historia de las mujeres que habían estado en la cueva extrayendo duramente la arcilla en tiempos prehistóricos y que por ellas llevaba el nombre, lo cierto es que el segundo grupo comenzó su visita sin mi presencia. Aún así y con Marido, entré hasta las dos primeras salas donde confirmé mi sentir: no me sentía bien allí dentro, con lo que dimos media vuelta y volvimos al exterior.

Esperamos a que regresara el grupo que estaba dentro y comenzamos el regreso hacia el autobús que nos esperaba en un cerro próximo. Una vez sentada y notando claramente el cansancio, me dispuse a cerrar los ojos para no ver las muchas curvas que debíamos de sortear hasta llegar a Millares, donde pararíamos a tomar unas cervezas, costumbre instaurada en el club a lo largo de sus años de aventuras y experiencias montañeras.

Cuando llegué a casa y tras una ducha caliente, me sentí fenomenal. No me dolía nada, mi cuerpo estaba cansado y sin embargo mi mente estaba tranquila, despierta… ¡cuánta falta me hacia recobrar esta sensación!. Tras una ligera cena, me acosté relativamente pronto.

Y para mi sorpresa, al día siguiente no tenía agujetas a pesar de haber estirado al máximo todos los ligamentos de piernas y brazos de mi cuerpo serrano, estaba fresca cual rosa recién cortada. 
No obstante, no puedo decir que no tenga secuelas de la visita a la cueva ¡once picotazos de algún bichejo inmundo me han llevado a necesitar medicación! Los ronchones, más grandes que una moneda de dos euros, y el picor que comencé a sentir el lunes, me han obligado a tomar cortisona muy a pesar mío, pues ni el aloe vera –que es mi remedio para todo- ni un antihistamínico ligero han conseguido bajarme la comezón.


Así es que, bueno, lo doy como “herida de guerra” -que diría mi suegro- como testimonio por el día transcurrido, y espero que poco a poco la hinchazón y el prurito den paso a la normalidad, animándome a pensar en la próxima salida aventurera.


Como siempre, agradecida a Marido por las fotos, la compañía y el respeto y confianza en mis posibilidades.














viernes, 28 de octubre de 2016

Más cuidado con lo que decimos


Comentaba el otro día con una sobrina mía que, cuando una está en su mundo cree que todo fuera de él sucede de la misma forma. Y nada más alejado de la realidad.

De nuevo me centro y me baso en lo que conozco un poco y ocupa parte de mi tiempo. La maternidad.

Es verdad que para algunas mujeres es la mejor etapa de su vida, que la viven intensa y gratificantemente, que se sienten diosas, que están empoderadas y son poderosas, que abogan hasta el infinito por defender aquello que tan intensamente las hace felices… y me parece a mi que, desde esta postura privilegiada creen que el resto de mujeres sienten y viven la maternidad y crianza de la misma manera.

Lamentablemente he de decir que esto no es para nada cierto.  Porque las circunstancias en que una mujer llega a ser madre son distintas, muy diversas… y no siempre felices.

Cuando una chica queda embarazada y pasa la mitad del tiempo de gestación ingresada en un hospital por una hiperemeses gravídica, sin ganas de nada, sin fuerzas para apenas respirar… no vayas a decirle que es una diosa y que su cuerpo sabe qué tiene que hacer, porque ella se siente realmente enferma, porque siente que su cuerpo le está fallando, porque vive el embarazo desde el malestar. Seguramente estás pensando que hay algo que le produce esas continuas ganas de vomitar, y tal vez lo haya, sin embargo no nos corresponde a nosotras averiguar qué hay tras esos constantes vómitos. Tal solo aceptar que para ella no existe la felicidad en ese estado.

Cuando una mujer es abandonada por el padre de su bebé al poco de quedar embarazada y vive con amargura, miedo y soledad el paso de los meses, de poco va a servirle que vaya alguien a decirle que es una diosa y que su cuerpo es sabio. Porque el dolor, la tristeza e incluso la rabia son las emociones que la acompañan y flaco favor se le hace si le hablamos de algo que le suena a cuento de hadas.

Y es que, en cierto ambiente de maternidad respetuosa parece que no tiene cabida algo distinto a lo maravillosamente que una está viviendo.

"Conocí a una mujer X, en apariencia muy inteligente, profesora universitaria, con varias carreras a sus espaldas, con muy buena posición económica, muy “exitosa” socialmente. Conforme más la conocía,  me daba cuenta de que evitaba hablar de situaciones que le generaban malestar. Siempre llevaba los temas a su terreno y eludía conversar sobre cualquier problema que la sacara de su zona de confort. Pero las casualidades de la vida me llevaron a conocer a una compañera suya de trabajo con la que establecí una breve pero sincera relación. En un momento dado me dijo que X no era capaz de comprender que el resto del mundo no funcionaba como ella, que no todas las familias vivían en la situación privilegiada de ella, que la dicha no entraba en todas las casas. Me comentó esta mujer que, su compañera X jamás le preguntaba cómo estaba… porque su situación familiar era “problématica” y la otra no estaba dispuesta a escuchar problemas de nadie.  Lo triste es que con el paso del tiempo pude comprobar que era cierto y ante una situación complicada que yo misma pasé, la supuesta amiga X mostró un total desinterés… lo que me llevó a tomar una determinación: una relación menos".

Y es que en ocasiones cuesta empatizar cuando la zona de confort es tal que no se ve más allá de ella…

Creo que sería inteligente salir un poco de la zona cómoda y ver qué hay en el mundo de afuera, qué hay en las calles… qué tipos de maternidades hay o mejor dicho, que circunstancias llevan a las mujeres a no ser dichosas en sus embarazos, a estar totalmente desconectadas de sus cuerpos y de los bebés que albergan cuando están embarazadas… incluso a no gestionar la crianza y la educación de su prole de la misma manera que nosotras la entendemos.

Parece que, en ocasiones, una está en absoluta posesión de la verdad y se ignora -o se elude - el hecho de que haya mujeres que hagan las cosas de distinta forma.

¿A santo de qué digo esto? Pues posiblemente porque yo sí he visto y he acompañado otras maternidades y cuando escucho, veo, leo ciertas cosas, siento que con esas palabras se borra de un plumazo la existencia de tantas y tantas mujeres que quedan fuera del tiesto. Tal vez porque nadie les ha enseñado cómo entrar. Tal vez porque sus circunstancias personales no se lo ha permitido. Tal vez porque ellas mismas han tomado la determinación de que así es cómo quieren hacer las cosas…

En cualquier caso, son mujeres y maternidades que también tienen su derecho a ser visibles. Que estén equivocadas o no, no seré yo quien las juzgue.

Escuché decir a una persona muy querida que “se ha magnificado la maternidad y se ha institucionalizado la soledad “(de las madres). Yo añado que no permitamos que esto suceda, que en nosotras está dejar de magnificar la maternidad en grado superlativo y evitar que otras mujeres la vivan desde la soledad, ya de cuerpo, ya de espíritu. Porque la maternidad es un estado más en el tránsito de vida de algunas mujeres y porque, en ocasiones, son las circunstancias las que mandan.


sábado, 15 de octubre de 2016

Patriarcado e igualdad



Me siento un poco confusa, algo indignada, la verdad, y es desde ahí desde donde quiero escribir estos sentimientos que ahora andan desbordados porque, a veces, tengo la sensación de no explicarme bien aunque sé que no es lo que yo diga, sino lo que la otra persona, según su experiencia y necesidad, entienda.

Estos días se han suscitado unos hilos interesantes en mi perfil de Facebook sobre un tema que me mueve a reflexión. 
Hay hombres que hablan (y viven) de temas correspondientes a hembras mamíferas en época de crianza, que no sólo creen estar en posesión de la verdad sino que además, ridiculizan e invitan con su actitud a que las mujeres se sientan en cierto modo, dependientes de sus palabras. 
Hombres gurús en lactancia materna y en crianza. Y no por el hecho de ser hombres dejan de tener derecho de expresión, sino porque lo hacen desde una postura de supremacía lo cual infantiliza todavía más a las mujeres que les siguen incondicionales.

Me molesta sobremanera cuando se habla de la continuidad del patriarcado y no se es consciente de que lo están manteniendo las mismas mujeres con sus actitudes.

Quien no me conozca, pueda creer que estoy en contra de los varones y nada más lejos de la realidad. Lo he dicho varias veces y no me importa repetirlo. Amaba a mi padre, soy muy feliz junto al hombre que comparto mi vida durante 44 años, tengo dos hijos varones a los que amo con locura y dos nietos, dos chiquillos que me tienen enamorada. Considero al hombre parte complementaria para aquella mujer que así lo desee. Pero de eso a hacerlo el rey de la creación, hay un abismo.

Creo en el feminismo de la diferencia, o en el feminismo de la igualdad considerando las diferencias de sexo.
Creo en la igualdad de derechos y de obligaciones entre mujer y hombre. Pero creo que fisiológica y emocionalmente hay unas diferencias que deben de tenerse en cuenta. Evidentemente nada es blanco o negro y en ambos sexos hay excepciones, pero la regla general marca unas líneas arreglo a la fisiología con que se nace.

Y me voy a lo que me ha llevado a escribir estas palabras.

Hoy por hoy -aunque tal y como están las cosas puede que en un futuro deje de ser así- quien se queda preñada, quien pare y amamanta a las crías mamíferas son las hembras. En la especie humana, también.

La experiencia personal que aporta el hecho de parir y de amamantar no es transferible. La mujer que lo hace, lo siente, lo vive, y lo integra,  de modo que contarle a otra que no lo ha experimentado, es complicado, porque esta experiencia narrada no transmite todo el bagaje emocional que supone.

Que se puede estudiar sobre lactancia materna, que se puede estudiar sobre comportamiento de los bebés y de los niños, que se puede estudiar sobre alimentación infantil… es cierto. Pero que alguien pretenda estar en posesión de la verdad, despreciando la vivencia de las madres y sobre todo, no contemplando lo que esa experiencia personal supone a nivel emocional, me parece un peligro.

Y no deja de ser llamativo que sean hombres los que van dando conferencias en asociaciones de lactancia y de crianza para hablar sobre temas en los que quienes los viven de primera mano… son mujeres.

Y no deja de ser llamativo que sean las mismas mujeres quienes llenen estos espacios y rían las gracias de algunas personas que utilizan bromas desagradables y lenguajes poco correctos para “congraciarse” con alguna incauta que ha acudido al evento.

Y no deja de ser llamativo que, con la cantidad de MUJERES formadas en lactancia materna, en crianza, el alimentación infantil… (IBCLC, médicas, enfermeras, matronas, doulas…) que hay en el panorama de la maternidad respetuosa, sean habitualmente hombres los que acuden a dar conferencias y charlas.

Y posiblemente haya más de una respuesta. Tal vez sea porque algunas mujeres todavía necesitan que sean hombres quienes les digan cuándo y cómo hacer las cosas. O tal vez porque las mujeres están más pendientes de sus crías y no están disponibles para desplazamientos… aunque sería una manera perfecta de evitar esa gran mentira que nos han querido vender: la de la conciliación familiar. Tal vez porque, aunque hay autoras y autores que lo niegan, hay cierta competencia entre mujeres, una lucha de poder que se da entre hembras mamíferas…
O tal vez porque ante esta circunstancia de buscar quien dé una conferencia, nadie se ha planteado que ya está bien, que las mujeres debemos de apoyarnos, auparnos, potenciarnos, empoderarnos… entre nosotras.

Comentando este tema y siguiendo el hilo en mi muro de Facebook,  ha salido a relucir el que Michel Odent es hombre y no ha parido ni ha amamantado…También que los cirujanos no se operan a sí mismos, ni los terapeutas se hacen autoterapia…  cosa que es bien cierta. Sin embargo, creo que toda materia que se puede estudiar en una Universidad, con el tiempo queda coja si a la hora de la práctica no va acompañada de experiencia personal, de empatía  y humildad.

Y me temo que hemos llegado al quid de la cuestión.

He visto hombres dando conferencias de temas relacionados con mujeres, con crianza… y reconozco que me han entusiasmado. Hombres sencillos y humildes que para nada pretenden con sus palabras quitar el protagonismo a las mujeres o madres, que para nada ridiculizan sus actitudes y decisiones. Hombres con una personalidad luminosa que comparten conocimientos y experiencias desde la misma altura que aquellas personas que han ido a escucharles…

Y me quito el sombrero ante estas personas porque su actitud ya me hace creíbles sus palabras y me apetece verlos porque esa condición de igualdad y de humildad, me emociona.

Hace tiempo que no me apetece escribir en mi blog porque siento que ya está todo dicho en el tema que me ocupa. Siento estar en un bucle, en una espiral donde periódicamente se repite todo, donde ya no tiene sentido gastar palabras y energías. Sin embargo ésta es una causa que no deja de ocasionarme un efecto rebote y vuelvo a sentir que he de decir algo, aunque mis palabras no lleguen lejos.

No sé si es fruto del momento social en el que estamos viviendo donde todo se da por bueno,  pero siento que sigue habiendo un sector grande de población que se deja llevar por la corriente, siento la apatía, la desinformación, el interés por causas banales, las pocas ganas de implicación y de toma de decisiones...

Me considero activista en aquello que conozco y en lo que creo. Y estoy convencida de que si las mujeres no ocupan el espacio que les pertenece, la sociedad se va a pique. Porque se ha hablado del complejo de castración o de envidia de pene, sin embargo nadie habla del complejo de falta de útero y de tetas, y sinceramente, hay que tenerlo muy en cuenta visto lo que se está viendo en los últimos tiempos...