Las mariposas... y yo.



Hace tiempo que vengo observando una especial atracción a todo lo que con las mariposas está relacionado.  Las tengo en mi estudio, en mi dormitorio: de tela, de cerámica, de cristal, de papel. De varios colores, con purpurinas. Grandes, pequeñas y medianas… y hoy he querido averiguar el porqué de esta especial  seducción.












Durante mi juventud las he visto y las he sentido cerca gracias a un tío mío al que adoraba, un gran entomólogo aficionado. Con él salía al campo y veía como las cogía y las pinchaba con agujas especiales de acero para que quedaran bien colocadas una vez se secaran. Luego las trataba con un producto químico y las llevaba a la Facultad. Así se hizo una colección privada de la cual conservo una caja que él, con su especial cariño, me regaló. Y aunque aquellas prácticas   me  parecían  ( y me siguen pareciendo) horrorosas, las mariposas cada vez me atraían más por sus formas, por sus colores, por la elegancia en sus movimientos, por lo efímero de su vida…

Desde que leí hace años “La rueda de la vida” de la Dra. Elizabeth Kübler-Ross, se confirmó en mí una especial fascinación hacia estos interesantes insectos.


La Dra. Kúbler-Ross, siendo estudiante de medicina visitó algunos de los campos de exterminio nazis, después de finalizar la guerra. Se sorprendió al ver en las paredes de los barracones del campo de Maidanek, que los más pequeños  habían dejado plasmados sus sentimientos  respecto a la muerte allí donde los judíos esperaban su final.  Y lo que  le impactó sobremanera fue  que, de una forma instintiva, aquellos niños consideraban la muerte como un proceso de cambio, no como un final y lo plasmaron en dibujos de orugas que se transformaban en MARIPOSAS. 

Esos dibujos infantiles dejaron una huella  profunda a quien, a partir de entonces, se dedicó en cuerpo y alma a estudiar sobre la muerte. El símbolo de la mariposa se convirtió en su emblema, porque para ella la muerte era el renacimiento a un estado de vida superior.

Y ahora es cuando veo el sentido de esta fijación mía… porque es posible que fuera mi destino que me avisara de que llegaría un día el cambio.  Es probable que, desde esta atracción irresistible, fuera preparando el camino hacia mi propia metamorfosis.  El cambio tendría que llegar, dejar atrás lo viejo para renacer con lo nuevo. Quitar los trajes viejos para lucir un nuevo envoltorio.











Y me imagino siendo una oruga, caminando lentamente expuesta a todas las inclemencias de la Vida, para envolverme en mi historia, quedarme un tiempo hacia adentro hasta que todo lo nuevo se haya construido… y salir de la crisálida con mi vestido de colores recién hecho, dispuesta a emprender el vuelo. 
Y  ahora siento que soy una mariposa segura que eleva el vuelo. Para ir, venir, volar y sentirme libre. Hasta que comience un nuevo ciclo…

Comentarios

  1. Si la verdad es que las mariposas son muy bonitas!!

    Yo también me acuerdo del verano entero que me pase con mi primo canzando insector y congelandolos para su insectario de la universidad...

    Que tiempos aquellos....

    Besitos!

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  2. Hablamos de esto en Madrid, ¿te acuerdas?
    A mí me pasa lo mismo, e hice el mismo descubrimiento con el libro de Elisabeth. Pero tú te has quedado con la imagen de cambio y transformación y yo con la de supervivencia y la esperanza, pensando en esos muros de los campos de concentración.
    Sea cmo sea, son un excelente símbolo para visualizarnos...
    (Mariposadeotoño).

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