Poema de infancia


Aunque soy bastante lectora, he de reconocer que no entiendo mucho de poesía. Es más, no suelo leerla y soy desconocedora de la mayoría de los poetas de la actualidad, salvo algunos más conocidos.

Estos días, organizando una estantería donde tengo libros de hace años, he encontrado una joya.  Un libro muy antiguo de poemas de Rubén Darío.  Y me voy atrás en el tiempo…

En casa de mis padres, uno de los libros que más me atraían junto a un tomo de Medicina Natural del Dr. Vander (de 1952), era uno pequeño encuadernado con tapas duras, de color oscuro. En la primera página había una dedicatoria, de mi abuelo a su hijo menor, mi padre. Para éste era algo de un valor incalculable, pues era el único recuerdo que tenía de su progenitor, con el que mantuvo una relación de amor-odio.
En mi alma de niña, nunca pude comprender este aprecio. Pero conforme fui creciendo,  entendí la importancia y el valor sentimental que mi padre le daba.  Y así, yo lo leía y releía… “La cabeza del Rawí” “Nocturno” “Sonatina” “Canción de Otoño en Primavera (Juventud divino tesoro…) sin entender apenas, me gustaban, me transmitían sueños…  Pero había una que especialmente me gustaba, la aprendí de memoria… “A Margarita Debayle” y posteriormente, me  olvidé. De la poesía y del libro.

Siendo ya bastante mayor, un día de mi cumpleaños, mi padre me hizo el más humilde de los regalos… y el mejor. Con lágrimas en los ojos me entregó el único legado de su padre, el libro de poemas de Rubén Darío. Nos abrazamos y nos pusimos a llorar como niños.  Estaba desvencijado, garabateado con lápiz por alguna de mis hermanas o por mí. Pero lo acogí con todo mi cariño y lo forré cual tesoro con papel de aluminio. No sé si este autor es considerado un buen poeta, tampoco me importa su vida. Me vale mi recuerdo.

Y ahora, volviendo al presente, al encontrarlo en este rincón del olvido, no he evitado  derramar unas lágrimas por lo que este libro supone. Toda la carga emocional que lleva, todo el cariño de un abuelo hacia un padre, de un padre hacia una hija y ahora lo guardo como prenda preciosa,  sin saber qué harán mis hijos con él…

He intentado recordar la poesía y a mitad… me he perdido. He tenido que recurrir a "San Google" para obtenerla completa.  Ahora la voy a compartir aquí, con quien le apetezca leerla.  Este será mi homenaje, casi secreto, a mi padre.  Y a mi abuelo.


Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fué la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:

"Fuí a cortar la estrella mía

a la azul inmensidad."


Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fuí no sé por qué;
por las olas y en el viento
fuí a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.       

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:                       
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar 
un cuento.    



.




Comentarios

  1. que bello poema para todas aquellas mujeres que alcanzan su estrella guiadas por su naturaleza salvaje...un abrazo.

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  2. ¡Que palabras tan bonitas las tuyas, Sole! Salen del corazón de una mujer sabia...

    Gracias, porque siempre estás.

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  3. Es una de mis poesías favoritas. Y de Ana, que se la sabe casi de memoria.

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  4. Vaya¡PUES....yo también acabo de llorar¡
    y la sensación al leerla ha sido muy profunda,pues yo antes nunca la leí y desconocia el tema de la dedicatoria, pero he sido como pasr un laser por un registro de no se donde,y poder entre ver en sus lineas el poder de sus palabras en cada una de las generaciones que han sucedido al libro...Es el valor que cada un@le damos, es el poder de las palabras que quedan grabadas en nuestra intención.
    Gracias por este compartir.
    Con amor.
    Cristina

    ResponderEliminar
  5. Eowyn...cuantas "casualidades". Y tu Ana bien podría ser la princesa que sube a por su estrella.

    Cristina...me quedo con esto "el poder de las palabras que quedan grabadas en nuestra intención".

    Gracias a las dos.

    Con Amor.

    ResponderEliminar
  6. Genial¡¡¡¡
    Cuanto tiempo hacia que no la leia.
    Cierto el famoso libro del abuelo..
    De nuestro padre y ahora tuyo.
    Lei la poesia y vinieron muchos recuerdos en breves segundos.Y fijate ya habla de las estrellas y del cielo
    ¿quien no dice, que ya era por aqui el Camino?
    No importa,lo genial es que lo he vuelto a leer.
    Gracias, por compartir.
    Bendiciones*

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  7. Si, Hermana. Yo soy la depositaria, pero el libro es tan mío como tuyo pues forma parte de nuestra historia en ésta Vida...
    Con Amor.

    ResponderEliminar

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