Gestar. Parir.



Cada vez son más las mujeres que se deciden a hablar de sus partos, que se atreven a expresar sus sentimientos.  Unas veces desde la tristeza que ha supuesto una experiencia dolorosa, y otras lo que para ellas ha sido lo más maravilloso que les ha ocurrido. Incluso sus relatos van saliendo publicados en distintos periódicos y comentados en algunos medios de comunicación.

Entiendo que tanto el embarazo como el parto son hechos fisiológicos para los que la mujer está perfectamente preparada.  Es algo que está impreso en nuestra memoria genética, en nuestras entrañas. Es algo que las mujeres sabemos desde el principio de los tiempos: gestar, parir, amamantar… es para lo que estamos diseñadas.

Recuerdo hace años cuando mis hijos nacieron, con la poca información que había y la nula realidad en cuanto a otras opciones,  me abandoné al poder de los otros.  Siempre he dicho que mis partos fueron buenos, pero medicalizados. Absolutamente. Y recordando los nacimientos de mis hijos, conecto con la sensación de pérdida de un poder que, si bien mi instinto sabía, el desconocimiento y la falta de confianza no me permitía reconocer.
Quizás es por eso que hoy, ahora, deseo quitarme esa “espinita” con mi intento de acercamiento a las mujeres, con mi intención de estar para que puedan ver  y colaborar en su reafirmación, en su papel de mujer, con toda la extensión de la palabra y con la fuerza que ésta tiene, porque si no es la misma mujer la que está convencida de su poder… crudo lo tenemos.

Y es que a pesar de los nuevos protocolos para un parto más humanizado, en la mayoría de los hospitales públicos y privados, el proceso de embarazo y parto sigue siendo algo altamente medicalizado.
Son demasiados los controles a los que son sometidas las mujeres quienes viven en una permanente angustia esperando la ecografía de turno para que les convenzan de que su bebé se está desarrollando bien o las continuas analíticas para demostrar que su organismo funciona con normalidad. Y estas situaciones las hace permanecer durante las 40/42 semanas (en el mejor de los casos si antes no se produce una inducción)  en un estado de alerta que no les permite sentir, conectarse y disfrutar de lo que es el proceso en sí, de lo que supone ser portadora de una vida. Porque el mayor interés se centra en saber el estado físico de ambos, pero en muy pocas ocasiones una embarazada se plantea que su bebé, en su vida intrauterina puede tener también un estado emocional…

Sabemos (científicamente comprobado) que durante la época de la gestación el bebé comparte con su madre los sistemas inmunológicos, nutricional, sanguíneo, etc. etc. se sabe que existe una sincronicidad entre el latido de la madre y el del bebé, y una sincronicidad entre las hormonas y el movimiento del útero, que también son distintas según la madre viva su embarazo de una manera positiva y tranquila con los consiguientes efectos placenteros, o de forma inquieta y angustiada debido a sus miedos y a sus dudas desarrollando todo tipo de molestias y malos-estares.
Y es que ahora ya se estudia lo que la mujer durante tiempo ha intuido: el que su criatura mientras crece en su vientre también siente y se encuentra según el estado emocional en que ella permanece. Y creo que tiene mucho que ver con la “socialización” de la mujer durante su época fértil, tiene que ver con la represión que se ha ejercido durante años por parte del poder dominante, por una represión patriarcal que se ha continuado por parte de algunos sectores e incluso se sigue dando en algunos casos por parte de la propia pareja.

Según Casilda Rodrígañez, existe una conexión entre el útero espástico y las hormonas que funcionan durante la gestación, en la implantación del embrión, en la placenta y durante toda la vida intrauterina. Para ella tiene su origen en la mutilación de la sexualidad de la mujer. Porque una mujer que ha perdido su poder es tratada en una sala de partos de forma antinatural. 

La monitorizan durante la dilatación, no le permiten levantarse (o le “recomiendan” estar tumbada), invaden su intimidad con un tacto vaginal tras otro y además rodeada de personas extrañas en un ambiente poco íntimo…
El parto se trata con oxitocina sintética que inhibe la producción de oxitocina natural y provoca unas contracciones brutalmente dolorosas impidiendo que se segregue endorfinas al no recibir el cerebro la orden para esto, con lo cual la mujer termina pidiendo anestésicos por no poder soportar la situación.  A partir de ahí, la mujer pasa a ser mera espectadora del nacimiento de su hijo… pues al no notar las contracciones ha de ser dirigida, indicándole cuando ha de pujar y en el peor de los casos con la utilización de fórceps, espátulas o una cesárea de urgencia.


Y he aquí una gran incongruencia. Durante el embarazo consultamos y evitamos tomar medicación o sólo la justa para que no pase a nuestro bebé, y durante un parto de este tipo se recibe un cóctel de medicinas que le llega al niño, todavía, a través de la placenta y que además, convierte el momento sagrado del parto en unos instantes de enfermedad… lo que además suele dar pié a un mal comienzo en la instauración de la lactancia materna pues la madre está física y moralmente cansada, el bebé adormecido y torpe para agarrarse a la teta… lo que hace aproximarse a su madre a una depresión post-parto, algo que curiosamente para algunas personas todavía se considera “normal”.
Sería mucho mejor convertir los espacios para parir en sitios agradables y donde la mujer no sea molestada, donde sea ella quien decida como quiere estar, donde no haya personas entrando y saliendo constantemente  más que las que ella haya elegido y sobre todo respetando los tiempos en cada una, sabiendo que el nacimiento tiene un ritmo y dejando hacer es la mejor forma de colaborar a que el parto se desarrolle de la mejor forma y sin problemas.

Creo que se debería de hacer mucho hincapié en proteger el estado emocional de la madre durante todo el embarazo, desde el inicio de éste, sabiendo que una mujer en este estado está muy sensible a las situaciones estresantes, a los conflictos de cualquier índole, a los disgustos, al cansancio emocional tanto como al físico. Y sobre todo tener en cuenta que todo lo que la madre sienta va a repercutir de manera considerable en la futura vida de su bebé.

Pero estoy convencida de que es la propia mujer quien tiene la capacidad para decidir. Creo que mientras no sean las mujeres las que reconozcan su fuerza y sin miedo se atrevan a enfrentarse a esta lucha, poco podemos hacer desde fuera.  De nuevo y como siempre, el poder establecido, la presión de unos contra otros. Una lucha que no debería tener sentido ya que nos jugamos nuestro futuro.  Nos jugamos la continuidad de la vida, pero no en sentido fisiológico, sino en el amplio sentido que esta palabra implica.  Porque Vida es nacer, Vida es sentir, Vida es TODO.





Comentarios

  1. Para recuperar nuestra guia interior tenemos que saber que no estamos solas y que podemos contar con las líneas matrilineales de iniciación de las mujeres mayores que enseñan a las más jóvenes ciertos hechos y procedimientos psíquicos de lo femenino.
    Gracias Concha

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  2. Gracias a ti, cielo, mi sabia y joven mujer. No creas que es tan sencillo, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.
    Pero aquí estaremos para quien necesite abrir sus ojos.
    Con Amor.

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  3. Ufffff...
    Yo tampoco he podido ser la protagonista de mis partos. Espero que nmi hija, si decide convertirse en madre, pueda serlo, aunque la forma en la que nació sea cada vez más anecdótica en nuestra historia de amor compartido. Abrazos.

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  4. Por eso estoy en esta "lucha" Eowyn, para que tu hija... y mi nieta, entre otras, tengan el parto que ELLAS deseen.
    Gracias por tu comentario.

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  5. He tenido la suerte de ser protagonista de mi segundo parto, de no dejarme manipular ni dirigir y de haber sabido escuchar a mi hija y darle la bienvenida en el momento en que ELLA estuvo preparada para venir.
    La sensación de tranquilidad, de sosiego, de mamífera... ¡es increíble! y absolutamente recomendable a todas las mujeres que quieran re-conectar con ellas mismas.

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  6. Mejor que tú nadie sabe lo que eso significa para las dos. Es lo que tiene ser consciente, poder asumir con profunda alegría los logros.
    Qué más te puedo decir yo, que soy testigo activo... Solamente que os amo.

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