Hortalizas y barro


Valencia, mi ciudad, quizás sea una de las capitales de provincia que todavía cuenta con mucha tierra de cultivo en sus cercanías. Así, desde nuestro Club de Senderismo, teníamos prevista una visita a los huertos que iniciaban L'Horta Sud.

El día amaneció lluvioso y de las personas que habían previsto salir, cuatro de ellas se dieron de baja al ver el día mojado y con poca luminosidad.  A pesar de todo, el resto decidimos emprender el camino aunque sabíamos que nos pondríamos de barro hasta las rodillas…

El coordinador (así llamamos a quien se hacer cargo de la salida) había hecho el recorrido un día de sol y ahora lo iba a ver desde otra perspectiva. Conocía las sendas, los lindes, las acequias… y le seguimos encantados.
Nuestro recorrido discurrió entre campos de alcachofas y habas, hortalizas que se cultivan a la par, no sé por qué razón.
Siembras de patatas, de varios tipos de coles, de guisantes. Tierra en barbecho. Plantaciones de varios tipos de lechuga (romana, trocadero, hoja de roble…) de tomates  y de acelgas, muchos campos de acelgas.

            Por algún lugar encontramos cebolleras, aunque vacías todavía. Y campos de cebollas, claro. Disfrutamos con la visión de algunas de las pocas barracas que quedan por las huertas (la barraca, para quien no lo sepa, es la construcción típica de la huerta valenciana). También alguna ermita, algún horno de barro y enormes casas de labranza donde tuvimos la ocasión de conversar con algunos labradores que se mostraron gentiles y afables, contándonos sus anécdotas y regalándonos unos manojos de acelgas que no quisimos aceptar por no ir cargados…

Conforme íbamos andando, las botas pesaban más, el barro se iba acumulando entre las muescas de las suelas.  Y seguía lloviendo. Aprovechamos nuestro paso por las acequias para ir limpiando e ir descargando el barro del calzado.

Pasadas tres horas de marcha, paramos en una de las pedanías  para tomar un refrigerio. Al salir, había dejado de llover y continuamos, ahora con los paraguas cerrados.

Cruzamos por masías señoriales, por alquerías centenarias que han pasado de padres a hijos, por pequeñas casas en la huerta… pero todas tenían un denominador común: las flores, las macetas que adornaban las fachadas y los rincones. Margaritas, calas, muchas plantas suculentas, caléndulas, geranios, claveles, rosales… la mayoría de ellas todavía con los capullos de sus flores por abrir.


A poco que nos dimos cuenta habíamos andado 14 kilómetros  y estaba luciendo el sol. Empezamos a quitarnos ropa y a quedarnos en mangas de camiseta. Quedaban todavía unos cuatro kilómetros, pero dos personas más y yo decidimos que era suficiente para nosotras. Al atravesar el siguiente pueblo podríamos coger un autobús que nos llevaría de regreso a casa. Y así lo hicimos.

Y yo pienso… cuando salimos de viaje, cuando vamos a otra provincia, a otro país, andamos sin descanso para visitar todos los rincones, para no dejarnos nada por ver, para que no nos tengan que contar lo que no vimos. Pero somos grandes desconocedores de lo nuestro. Porque todo esto que yo he visitado, lo desconocía. Porque este patrimonio mío, quizás no lo valoro y lo reconozco como se merece. Así es que le agradezco a Alberto la iniciativa de llevarnos a conocer nuestras huertas, allí donde se cultivan las lechugas y los tomates que pongo en mi ensalada.

Ahora, espero ansiosa la siguiente excursión por L’Horta Nord, y después por la zona del oeste, y luego… ¡por el este no!  porque tenemos el Meditarráneo.

De nuevo, otra ocasión para dar gracias a la Vida. Por lo que he visto, por lo que he aprendido y por las personas con las que he compartido el camino.


Comentarios

  1. Primero: 14 Kilómetros y la mayor parte lloviendo!! ¿Dónde está el iconito ese que prodiga alabanzas a lo árabe?

    Segundo: preciosa descripción, casi he podido ver todos los paisajes que habéis recorrdo.

    Y tercero...tienes toda la razón del mundo en eso de infravalorar lo nuestro. Hay zonas de Madrid que aparecen en las guías turísticas que aún desconozco y he vivido aquí toda mi vida!!

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  2. Me parece una excursión preciosa, y como dice Eowyin, lo has descrito tan bien que ya no me hace falta ir (es broma). Lo poco que he visto de la huerta valenciana, con sus barracas, me ha gustado.
    Acercarnos a la tierra siempre es satistactorio.

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  3. Necesito conectar con la tierra... me lo pide el cuerpo y el alma.
    Gracias por vuestros comentarios ¡Estáis invitadas a compartir la próxima marcha!
    Bendiciones.

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  4. Yo tambien quiero ir.
    Pero lo tengo más dificil.
    si tu alma y tu cuerpo te pide tierra, dale lo que te pide.
    El es sabio y te guia por tu camino.
    Observa tu senda.
    Con amor.
    Bendiciones.Te quiero mucho.

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  5. En ello ando... observando y siguiendo el camino que la Vida marca.
    Gracias Hermana.

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