Calma




Contestaba mi Hermana, en una de mis entradas, que después de la tempestad viene la calma.  Y así es. Siempre.

Ayer amaneció precioso el día. Marido no trabajaba por la mañana, y como hombre bien activo que es, propuso que fuéramos a “dar una vuelta”. Y accedí a la primera, porque además yo tenía pendiente de visitar un Jardín de reciente remodelación en un pueblo muy cercano a la ciudad.

A las 11:00 h. estábamos allí. Y comenzamos a caminar lentamente  observando cada detalle y recreándonos en cada especie vegetal. Arbustos, árboles, plantas de mediano porte y plantitas recién trasplantadas.
El silencio hubiera sido absoluto y bien apreciado si no se hubieran escuchado los ruidos de las máquinas que estaban en una construcción cercana... pero ¡era lo que había!

Marido y yo paseábamos casi en silencio. Simplemente estando y sintiendo. Sencillamente disfrutando. Como buen aficionado a la fotografía, tomó varias instantáneas de algunos parajes. La pequeña cascada rodeada de una verde y húmeda zona donde abundaba gran variedad de helechos, los kalanchoes de varios colores en plena floración, las grandes opuntias ya lignificadas, los acantos con sus preciosas hojas verde oscuro, las aralias (que se empeñan en vendernos como planta de interior y que terminan muriéndose…) incluso un ginkgo biloba con su majestuoso porte. Fue un verdadero “relajo” para el cuerpo, para la mente… y para el alma.

Nos quedamos sentados unos momentos en una zona que se denomina “la muntanyeta”, un montículo desde el cual se divisa todo el parque y allí, seguimos disfrutando del momento.

El jardín no es muy grande, y paseando lentamente en poco menos de una hora habíamos terminado. Y retomamos la vuelta a casa.

Parece cosa nimia poder romper la rutina, parece algo poco importante poder cortar con la monotonía.  Pero realmente es muy gratificante, sobre todo por lo que significa sentirse libre de hacer lo que apetece, de no tener una obligación que te limita en el tiempo  y del mismo modo, en la vida.

He vuelto a mi casa restablecida, reconfortada. He recargado "las pilas" y me he cargado de vitamina D.

Como siempre, vuelvo a dar gracias a la Vida. Y en esta ocasión, particularmente a Marido por la propuesta de dar el paseo un  jueves por la mañana.


El Hort de Trénor, es un jardín público que se creó en 1596 y que posteriormente fue a parar a manos de una de las familias más ricas y burguesas de nuestra comunidad, los Trénor.

A mediados de los 80 pasó a ser propiedad municipal y el 27 de marzo pasado fue reabierto tras haber sido reacondicionando.




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