Recientemente leí una noticia respecto a la aparente necesidad de las mujeres de refugiarnos en espacios estrictamente para nosotras. Yo no sé lo que pensarán en resto de las féminas, pero yo sí que necesito momentos de intimidad con mujeres, espacios donde compartir minutos de complicidad desnudando el alma .
En alguna ocasión, mi marido me ha comentado que no entiende cómo las mujeres somos capaces de pasar toda una tarde hablando y en muchas ocasiones, sobre el mismo tema.
Y es cierto. Porque solemos quitamos las capas, porque nos desinhibimos, porque desdramatizamos sabiendo que al compartir aligeramos nuestro peso. La naturaleza femenina es capaz de empatizar con otra congénere, es capaz de ponerse en la piel de la otra y sentir en sus propias carnes el dolor y la alegría, como si suyos fueran.

Una mujer Amiga cuida de los hijos de otra como si fueran propios y sabe mantener un secreto como si la vida le fuera en ello. Una compañera del alma está siempre cuando la llamas, ayuda a superar los malos momentos y aunque no se los pidas, te dará consejos, acertados o no… pero siempre pensando en lo mejor que te pueda suceder.
Y hablo desde mi perspectiva, porque creo que cuando se es joven y la cabeza anda puesta en otros menesteres, a veces, las mujeres se consideran de otra forma pudiendo ser incluso una competencia. Y también soy consciente de que el peor enemigo para una mujer... es otra mujer cuando no se vibra en la misma frecuencia.
Pero conforme los años pasan y el cuerpo –que no la mente- envejece, considero a las mujeres de mi entorno como algo vital, como la recarga energética que solamente entre nosotras se puede dar.
Y es curioso también, al menos en mi caso, que conforme voy cumpliendo años no doy valor a la diferencia de edad entre las demás. Cuento a mis mujeres entre una amplia gama de fechas de nacimiento, desde la más mayor quien con sus 75 años mantiene un espíritu jovial, actual y siempre está dispuesta para ir a tomar una cerveza, hasta las más jóvenes que voy conociendo a través de este mundo de maternidad y crianza en que ando metida.
Por todo, considero que son motivos para maravillarme, para dar gracias a la Vida. Por las mujeres que tengo cerca, por las mujeres con las que voy estableciendo nuevos lazos y por las que los mantenemos atados a pesar de la distancia física, por las mujeres con quien comparto mi día a día.
Y entre ellas incluyo a mi madre, que si bien no es mi amiga, es una de mis mujeres sabias de referencia. Y a mi hija, en cuyo espejo siempre me miro. Y a mi nieta, en quien veo el futuro. Y a mis hermanas de sangre y de Vida, quien siempre han estado, están y estarán… Y en todas las demás MUJERES que SON, que están ahí y que asoman al oír su nombre a través de mi corazón.

Todas las mujeres tienen cabida, en estos momentos de reflexión, en mi alma de mujer. Y por ellas lanzo esta petición de Amor hacia el Universo…
Me ha encantado. En persona transmites todo eso que cuentas. Y más.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Iranzu. Eres un amor. Un besote grandote.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con Iranzu en lo que ha escrito y contigo en que Iranzu es un amor.
ResponderEliminarBesos.
Anda que me pongo colorá. Vosotras sí que sois unos cielos y unos amores.
ResponderEliminarGRACIAS POR EXISTIR ¡¡¡ Eres todo un ejemplo de MUJER SABIA. Te queremos Concha.
ResponderEliminar¡Dichosos los ojos que así me miran! El amor es correspondido, cariño. Gracias a ti por SER como eres.
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