Puerperio



Recuerdo cuando tras mi primer parto subió el médico a verme y me preguntó si tenía ganas de llorar. Me quedé pensando y le dije que no. Me respondió que si sentía necesidad de llorar, lo hiciera, porque era lo normal. Ahora SÉ que no lo es, pero entonces pensé si la “anormal” sería yo por no derramar lágrimas a moco tendido como se suponía que hacían el resto de parturientas…

Tras el parto, recién comenzado el puerperio se producen una serie de cambios en la forma de sentir, en la conciencia, en la forma de entender la vida y de vivirla. Entonces pueden hacer su aparición los miedos más recónditos y aparecen por no haber asistido con totalidad y en conexión a la más primitiva de las experiencias, a la más profunda de las vivencias que puede experimentar el cuerpo –y el alma- de una mujer: el nacimiento de su hijo, de su hija.

Es a partir del momento que comienza el puerperio cuando a muchas mujeres se les presenta su sombra (C.G.Jung) quien las vuelve a la infancia, quien las lleva a enfrentarse con aquello que por un lado sabe que tiene oculto, pero por otro no quiere reconocer e incluso se empeña en ocultar. Pero a pesar de sus esfuerzos por hacer que desaparezca, esa sombra permanece porque durante el puerperio se produce el verdadero encuentro con una misma. (Laura Gutman).

Muchas mujeres, durante esta etapa, al poco de parir, pretenden ser la misma mujer que antes de quedarse embarazada. Atiende a lo que marca la sociedad e incluso ella misma considera: estar activa todo el día, hacer como que una puede con todo, atender a todo el mundo con buena cara además de a su bebé, e incluso ponerse los mismos vaqueros ajustados de antes… posiblemente por no querer escuchar que todo tiene su tiempo, que todo tiene un proceso. Y el puerperio ES el proceso…

Porque es una época en que la mujer recientemente madre está vulnerable, porque algunas mujeres acallan sus sentimientos precisamente para no parecer “débil” y estar a la altura de lo que se espera de ella.  Quizás porque realmente cree que lo que le pasa es lo habitual o porque como a menudo oye decir, como explicación a su llanto, que  “sus hormonas están revueltas”. 

Si esta circunstancia se mantiene y la mujer no se permite escuchar lo que su emoción le grita, si no expresa su necesidad de parar, de atención, de tranquilidad e incluso la necesidad de encontrarse sola sabiéndose acompañada... puede que aparezca la ya normalizada depresión posparto. A partir de ahí y en demasiadas ocasiones, la puérpera suele ser tratada con medicación, haciendo desaparecer cualquier vestigio de emoción, dificultando la diada madre-bebé, obstaculizando la lactancia materna. Pero así aparecerá relajada frente a los demás... y simulará que todo está bien.

Desde la postura de acompañamiento hemos de preguntar a la madre  qué es lo que siente, qué es lo que quiere, qué es lo que necesita y dejar que se exprese en todo aquello que ha callado, que suelte los sentimientos amarrados y acompasar nuestra presencia con estos momentos. No necesita más medicación, esta es la mejor medicina, ¡y sin efectos secundarios!.

Por ello no me cansaré de aconsejar a las madres que sigan su instinto, que escuchen a su corazón. Y en el puerperio, quizás más que nunca, es algo que prioritariamente han de  hacer. Por ellas y por sus hijos.

                          

Comentarios

  1. Me gusta mucho lo que has escrito.
    No pude evitar mis blues particulares, con causas localizadas, creo.
    Sin embargo, he aprendido mucho de ello.

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  2. Estupendo Iranzu, lo bueno es aprender de todo. Con eso me quedo. Gracias por asomarte por aquí.

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