Soledad



Una Amiga me ha hecho llegar un artículo de Eduard Punset sobre la soledad.  Y lo cierto es que me ha dado que pensar.

Efectivamente creo que necesitamos sentirnos apoyados por la tribu, saber que pertenecemos a un grupo. Pero creo que este sentimiento ha de ser para hacernos sentir bien, de lo contrario, como dice el refrán “más vale solo que mal acompañado”.

Y presiento una nueva forma de soledad a pesar de  que uno crea que se siente muy acompañado.  Es frecuente ver a través de las redes sociales grandes grupos de personas que tras la realidad virtual esconden su verdadera personalidad, que amparados por el anonimato que confiere el no poderse ver y no poderse mirar a los ojos, producen un engañoso sentimiento de compañía. Y que a la hora de la verdad no es más que un castillo de naipes.


Creo que en ocasiones, tras esta soledad se esconden distintos grados de depresión. Y creo que resulta más fácil para quien se halla en este estado, acceder a sus supuestos “amigos” desde su casa, en pijama, e incluso hecho una piltrafilla… todo lo contrario que si tuviera que salir a la calle a tomar un café y charlar cara a cara con alguien de carne y hueso, para terminar dándose un abrazo de despedida.

Últimamente, acudo más de lo que me gustaría al servicio de urgencias de un gran hospital y como persona observadora, puedo ver la soledad en la cara de muchas personas. 
Hace poco, sin ir más lejos la semana pasada, detrás de mí en una sala de espera donde permanecía mientras a mi padre le hacían unas pruebas, escuché unos quejidos lastimeros. Volví la mirada  y me encontré con una señora de mediana edad y buen aspecto que en voz alta decía que quería irse a su casa… estaba con un ataque de tos y aparentemente se estaba ahogando.  Cautelosa me acerqué a ella, le pregunté que le pasaba, cómo se sentía y empezó a contarme desde su tristeza...  Era viuda, sus hijos mayores e independizados, nunca se quejaba, nunca les decía lo mal que se sentía… Le pedí permiso para tocarla, para ponerle las manos encima (un poco de Reiki le sentaría bien…) Poco a poco se iba tranquilizando, se iba relajando conforme iba expresando esa emoción que la ahogaba.  Me habló de sus hijos, de sus nietas… pero de ella únicamente comentaba lo sola que se sentía… Iba contando que ella siempre había sido la última, que no se permitía cosas, que no se sabía cuidar… porque siempre había cuidado a los demás.  Tenía sus manos encima de las mías, sobre el pecho… y estaba dejando de toser, estaba dejando de ahogarse.  Le  dije pocas palabras que, según ella, una persona querida también le había comentado… pero aún sabiendo que era cierto, que debía de pensar en ella, que tenía que amarse para poder estar bien físicamente… no sabía hacerlo porque la soledad la invadía.  Tras un tiempo transcurrido, llegó uno de sus hijos y yo me alejé.  No podía hacer nada más.  No dependía de mí.  La mujer, me dio un abrazo y una gran sonrisa, además del cariño que transmitía su mirada y sus palabras de despedida…

Si, la soledad forma parte de esta sociedad en que nuestros amigos están en la red, en que enviamos a nuestros mayores a residencias, en que las mujeres todavía van a parir solas a grandes y masificados hospitales.  Donde los niños pasan demasiadas horas frente al televisor, al ordenador o a la consola de turno… en lugar de estar en el parque jugando con otros niños.

Y tras todo esto, creo que es un mal que, en estos tiempos aqueja a muchas personas.  Creo que lo mejor que se puede hacer es entablar relaciones humanas con las que nos podamos abrazar, escuchar,  reír y tocar.  Que la tecnología está muy bien, pero que nunca, nunca, suplirá a las personas y al calorcito humano que aporta su presencia.

O al menos, es lo que yo siento…




Comentarios

  1. Esa persona se quejaba de su soledad...y apareciste tú a su lado. Que suerte la suya.
    Abrazos muy, muy fuertes.

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  2. ¡Que "suerte" la mía por todo lo que la Vida me aporta, por poder andar con los ojos y el corazón abierto...!
    No, no es "casualidad"... ocurre lo que ha de ocurrir. Yo así lo creo.
    Gracias, corazón.

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  3. No había leido esta entrada. Al hacerlo, mandarte un abrazo virtual me sabe a poco¡¡ A ver si nuestros caminos se vuelven a cruzar, piel con piel¡¡ Muac

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  4. Ya tengo ganas de abrazarte de nuevo, Sol, ya tengo muchas ganas...
    Bendiciones.

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