Cuatro acuerdos



Desde que me lo regalaron en diciembre de este año pasado, es la cuarta vez que lo leo.  Se trata de un libro pequeño, de los denominados de “autoayuda”. ¿Será porque no me termina de quedar claro del todo?

En una de mis entradas hablaba del poder de las palabras. Y es algo en lo que estoy trabajando, precisamente por eso, por la fuerza que tienen.  Por la magia que poseen o por el poder de destrucción que arrastran. Mediante el poder de las palabras un hombre, en Alemania,  manipuló a un país lleno de gente inteligente y condujo a muchos a la muerte. Con la fuerza de sus palabras Gandhi creó un gran movimiento pacifista con el que se enfrentó a los poderes establecidos. Todos los días escuchamos palabras cargadas de cólera y palabras llenas de amor. Hacer la elección solo nos corresponde a nosotros.  Este es el primer acuerdo: ser impecable con las palabras.

Cuántos malos rollos, cuantas disputas, cuantas peleas familiares, cuantas situaciones dramáticas se evitarían si nos diéramos cuenta de que no siempre hablan de nosotros.  Y es que desde nuestro ego, nos erigimos centro de atención. Porque no estamos educados para reconocer nuestros valores, porque no nos han enseñado a amarnos como somos. Por eso, en ocasiones a la mínima situación incomprendida  ¡saltamos! Creemos que están hablando de nosotros sin saber. En ello ando también con el segundo acuerdo: no tomar nada personalmente.

Dejar volar la imaginación y suponer ¡en cuántos líos nos podemos meter!  Con lo sencillo que sería ir de cara, preguntar, aclarar los hechos.  Si nos enteramos de algo que se dice, que alguien ha hablado, algún comentario… pensamos que hablan de nosotros.  Damos las cosas por hecho porque las suponemos. “Arreglamos” la vida de los demás suponiendo… y nos equivocamos. Cuántos disgustos ahorraríamos si no anticipáramos acontecimientos. El tercer acuerdo trata de esto: no hacer suposiciones.

En muchas situaciones nos embarcamos en historias de caballerías. Queremos abarcar, tenemos necesidad de hacer. Acudimos aunque no nos llaman. Y nos desgastamos. Nuestra condición física y emocional no está siempre en las mismas condiciones, no nos sentimos igual al levantarnos llenos de energía que por la noche tras una jornada, cada cual con sus circunstancias.  Aún así, nos cuesta parar, nos seguimos exigiendo, pese a quien pese y aunque sea a costa de nuestra salud física y emocional.  ¿No sería mejor darnos cuenta de hasta dónde podemos llegar?  En otras ocasiones se da justo lo contrario, nos lamentamos de una situación en la que no hacemos nada, en la que no tomamos decisiones… y esperamos a que sea el tiempo quien lo solucione, arrastrando frustraciones, culpas y reproches.  Como en el término medio está la virtud, en eso consiste el cuarto acuerdo: hacer lo máximo que se pueda.  Ni más, ni menos.

Desconozco cuantas veces más lo voy a leer, seguro que serán las necesarias.  Porque serán las que necesite en este continuo aprendizaje de Vida.  Como dicen nuestros mayores, muriendo y aprendiendo.



Comentarios

  1. Me parece un resumen perfecto para evitar problemas innecesarios, de esos que nos buscamos nosotros y de los que podríamos prescindir sólo con pararnos un momento...
    Abrazos.

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  2. Tus palabras, que considero muy sabias, me han venido como anillo al dedo. Estoy pasando por una crisis muy difícil y leer lo que dices me ha dado mucha paz. Me ha hecho reflexionar no sólo sobre lo que he dicho sino también sobre lo que no he dicho. Gracias, tesoro.
    Toya

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  3. Quizás ese sea el tema, pararnos a pensar (mejor a sentir) y saber que también pecamos por omisión.
    Gracias por vuestras palabras.
    Con Amor.

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  4. ¡Qué gran ayuda pueden proporcionar los libros de “autoayuda”! Evidentemente algunos no pueden proporcionar ayuda, pero esos libros sólo son banalidades bajo el disfraz de autoayuda. Ahora bien, para que sea útil, hay que leerlo varias veces, las necesarias, como tú muy bien dices, hay que meditar sus consejos, tenerlo cerca, para que llegado el momento lo tengamos presente y lo podamos aplicar.
    Eso no es fácil, por ello, no es frecuente, y ya sabes que, como bien describen fábulas, cuantos morales … y hasta unos versos de Machado referidos a Castilla, cuando algo no se consigue o se ignora sencillamente se desprecia o minusvalora, y esa actitud referido a este caso se traduce en la frase “sí, sí, la teoría ya me la sé, pero la práctica es otra cosa”, otros dicen “es imposible”, “no lo hace nadie” y cosas así.
    Concha con lo que escribes acerca de los libros de autoayuda considero que marcas un camino a seguir para que la teoría pase a ser práctica.

    Alberto

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  5. ¡Ay Alberto! Cómo me animan tus palabras pues últimamente me encuentro con personas que, como bien dices, por sistema desprecian lo que desconocen que es peor que ignorarlo.
    Creo que cada cual conforma su camino... ¡Ahí andamos!
    Gracias por compartir tu sabiduría.

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