Niño triste


A diario nos encontramos ante situaciones en las que no sabemos qué hacer. Momentos en los que el instinto nos dice ¡haz algo! Pero en los que el razonamiento lógico, la “buena educación” y las normas no nos permiten actuar.
Y son cosas cotidianas, no son momentos históricos, sino algo que en el día a día vemos, y algo que nos deja… tocados. Al menos a mí me pasa.

Cuando veo a un bebé en una colgona, colocado al revés de forma que su espalda sufre y está recibiendo una cantidad de estímulos que no le corresponden todavía. Cuando veo a un bebé, a un niño llorando desconsoladamente porque no lo cogen al brazo.  Cuando veo a una mujer embarazada fumando. Cuando veo a una persona muy mayor que ha ido a la guardería a por su nieto o a por su nieta y utiliza el chantaje emocional para que le dé la mano… Situaciones, ya digo, en las que quizás intervendría pero… no "me toca".

El otro día, sin ir más lejos, presencié un suceso que me dejó mal.  Estaba un niño de unos cuatro años jugando con sus muñequitos de goma, pequeños animalitos. Los lanzaba al aire con fuerza y los volvía a recoger. Así se entretenía la criatura. En una de las ocasiones, uno de los cacharrines fue a parar a la frente de su padre y le hizo una pequeña herida con uno de los cantos de la figurita. El buen hombre le lanzó al niño una serie de improperios que el crío se quedo parado. ¡Mira qué me has hecho! ¡Me has hecho sangre! ¿Eres idiota o qué?... y así.  Yo fui testigo y no pude intervenir.  No era hijo mío y el señor era su padre.

El niño se quedó triste, supongo yo que pensaría que no era su intención lastimar a su padre. Supongo yo que pensaría que no era para tanto. Supongo yo que pensaría que si él no era idiota… ¿por qué su padre se lo preguntaba?

Y es que volvemos a repetir patrones. Seguramente a este padre le decían esas palabras. Seguramente sus padres no supieron más y no tuvieron la paciencia de ponerse con él para jugar compartiendo momentos. Seguramente este padre no sabe más. ¿Pero hasta qué punto este niño tiene que soportar este trato?
¿Hasta qué punto me tengo que callar ante situaciones como ésta y/o similares? La verdad es que no lo sé. Ya me gustaría…


Comentarios

  1. Es dificil, Concha, pero también es verdad que en esos momentos somos testigos de un momento aislado en la vida de esos niños...y no sabemos si su padre es un padre amoroso que simplemente ha tenido un mal día y un mal momento que apenas dejará huella en su hijo. Y como nos faltan datos, yo creo que lo más prudente es callar. Porque malos momentos los tenemos todos, yo los he tenido y el que encima me interpelaran en medio de la calle, aunque fuera con cariño, no me habría ayudado nada...
    Abrazos.

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  2. No juzgo al padre, Carmen, me duele el hecho, me duele el niño y otros tantos como él.
    No soy quien para juzgar... pero sé que si los patrones no se curan se repiten.
    Gracias por tu aportación.

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  3. Lo sé. Me refería a tu ultima pregunta, cuando dices no saber si intervenir o no.
    Besos.

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  4. Querida Concha
    entiendo perfectamente lo que sentiste ese día, yo tanto por mi trabajo como por mi forma de ser y pensar vivo estas situaciones muy a menudo, a veces intento hacerme la sorda o la ciega pero otros días lo paso mal.
    Yo les preguntaría a esos padres ¿Se dan cuenta realmente como tratan a sus hijos?¿tienen los mejores hijos esos que se pasan el día gritandoles y exigiendoles responsabilidades que no les corresponden?¿están todos los niños sordos o son los padres que solo saben gritar y amenazar?Son tantas las preguntas que les haría yo a esos padres....

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  5. Tu opinión de madre amorosa y profesional en la materia, corroboran mi sentir ¡es tan difícil ante situaciones como éstas simplemente ver, oír y callar...
    Gracias por tus palabras ¡y por pasarte por aquí! ¡Vuelve pronto!

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