Autorregulación infantil


Los adultos nos empeñamos demasiadas veces en que los niños hagan lo que nosotros queremos. Así, les “obligamos” a comer, a dormir, a jugar… según nuestro criterio que no siempre coincide con sus necesidades.
Han tenido que pasar algunos años para que yo pudiera ser consciente de la magnífica capacidad autorreguladora  que poseen los bebés, los niños, ya desde el mismo momento de su nacimiento.

Una criatura recién nacida, sabe cuándo y cuánto ha de comer, y de dormir, aunque cueste creerlo. 
Es por ello el que se recomiende lactancia materna a demanda, con todo el sentido de la expresión. No cada tres horas, ni diez minutos en cada pecho… lactancia a demanda significa tener al bebé bien cerca, con su madre, para que cuando sienta hambre pueda suministrarse. U ofrecerle el pecho al menor gesto que nos indique esta necesidad. Así, un bebé también desarrollará sus necesidades de sueño en torno a su personalidad. Los habrá que necesiten dormir más horas que otros. Ellos, mejor que nadie lo saben, con  lo que echarlos a cabecear sin tener en cuenta su necesidad puede conducirlos a un mar de llantos aparentemente incomprensible.

Estos últimos días he podido observar, con cierto deleite, como mi nieta que en pocos días cumplirá dos años, tiene esta capacidad autorreguladora bien desarrollada y perfectamente entendible.
La niña es muy buena comedora, come de todo y todavía toma teta de su madre. Ella –mi hija- está preparando un importante examen y durante este mes los niños están conmigo en una casa en un pueblo cercano a Valencia con lo que los papás van y vienen por las noches para estar con los niños. Estos últimos días y ante la proximidad de la prueba final, mi hija está muy centrada en el estudio, con lo que han decidido que no vendrán.  Y es maravillosa la capacidad de adaptación de la niña, francamente sorprendente.
El primer día no fue nada fácil, lo confieso, pues lloraba con pesar al buscar a su madre. Con mucho mimo, con mucho bracito y cuidado le iba explicando que ahora estaba con la yaya… Yo sufría con ella la “angustia de la separación”.
Ahora, cuando la nena se despierta llama a su madre y como yo estoy a su lado, le explico que mamá no está… que está con la yaya. Ella, muy graciosamente me pregunta con su lengua de trapo ¿Yaya teta? A lo que le respondo, “yaya si tiene teta, pero no tiene leche”  y ella insiste ¿mamá teta si? Y continuamos nuestra conversación “mamá teta si, mamá  si tiene leche… pero ahora mamá no está…” y rápidamente lo asimila, con lo que me pide desayunar… “Yaya, ñam, ñam…”  y se toma su vaso de leche natural de vaca con cereales tostados enteros o con lo que pide en ese momento.
A lo largo del día parece mi sombra: allá donde voy, ella detrás de mí.  A media mañana o cuando siente la necesidad,  me vuelve a pedir de comer: una pieza de fruta, un trozo de queso… un pedazo de pan.
A la hora de comer, tras su buen plato de sopa o de arroz y su fruta o postre lácteo,  me pide ir a dormir ¡ella sola! Y la pongo a ello.  Hace su siesta de poco más de una hora y cuando se despierta me pide otra vez comer: yogour, vaso de leche… lo que le apetece.
Y por la noche, a eso de las ocho de la noche comienza con su “yaya, ñam, ñam” con lo que le pongo la cena y vuelve a pedir “yaya, momir”.  Me pide pipi y todo lo que necesita,  a su modo, pero se hace de entender.
Juega, entra, sale, sube y baja, se cae y se levanta.  Ella sola. Es independiente y autónoma. Sabe lo que quiere y lo que necesita. "Yo sola" repite a menudo. Bajo mi mirada atenta pero sin interferir apenas, la niña está pasando esta semana. Me pregunta por su mamá y le explico.  Estoy convencida de que me entiende.

Y de nuevo pienso en lo perfecta que es la naturaleza humana… si se le permite manifestarse con toda su grandeza, con todo su instinto, con toda su emoción, sin condicionantes, sin imposiciones…

Y pienso en algunas criaturas sometidas a un continuo esto no se hace, esto no se toca, esto no se dice…a una continúa manipulación por parte de unos adultos que creemos que “hacemos lo mejor para ellos”  cuando lo mejor para ellos, desde un cuidado amoroso y poco intervencionista, es dejarlos estar. Es permitir que su sentido de autorregulación funcione, porque están perfectamente preparados para ello.

Porque de esta forma el día de mañana serán adultos seguros, autónomos, independientes y confiados, con alta autoestima. Creo que, al fin y al cabo, de eso se trata.

(Gracias, hija, por confiar en tu madre)

Comentarios

  1. Yo a veces me pregunto cómo reaccionaríamos nosotros si nos sometieran durante un sólo día a las presiones que muchos niños soportan para comer, dormir, descansar...¡¡Incluso hablar!!
    Y también me pregunto cómo no nos damos cuenta de que esas presiones no sirven para nada. Anda que no hay adultos férreamente controlados de pequeños que viven hoy a base de precongelados y sin dormir lo suficiente...

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  2. Pues si... así es. Congelados, sin dormir... y mucho más. ¡Y es que la infancia marca tanto!

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