Pérdidas


Tres más en este mes. Tres mujeres queridas, tres jóvenes en busca de un hijo, de una hija,  se han visto con sus ilusiones truncadas, con sus esperanzas rotas, con el vientre vacio… y con una sensación de dolor y de pérdida que necesitarán sanar desde el reconocimiento y el adiós a ese ser que un día decidió venir y al poco quiso marchar.

A simple vista y sin ahondar, es una situación que se está repitiendo con demasiada frecuencia. Y realmente no sé a qué es debido aunque puedo intuir varias razones. En cualquier caso, ahora más que nunca me estoy enterando de que hay muchos abortos espontáneos, bastantes más de los que había cuando yo viví mis embarazos o al menos, más de lo que sucedía entre las personas de mi entorno. 

Creo que algunas mujeres emprenden un camino de búsqueda sujeto a tanta tensión que puede resultar obsesivo: toma de temperatura basal, test de ovulación, control de moco cervical, e incluso el comienzo de un calvario hacia una fecundación asistida… sin causa real aparente que impida la fecundación y el embarazo. Así es que cuando se da un mínimo retraso en la menstruación, en ocasiones desde la ansiedad y la desconexión con el instinto,  enseguida se acude al test de embarazo que ahora suelen ser muy efectivos e indican, en pocas horas,  si hay fecundación o no.  Si da positivo, con la lógica alegría, rápidamente se propaga la noticia… a todo el mundo, porque para eso están los grupos sociales en Internet. Pero en ocasiones y cuando la madre menos lo espera, esa célula fecundada apenas convertida en un embrión decide marcharse… con el consiguiente disgusto y con el dolor que acarrea esta pérdida.

En una ocasión, comenté con un grupo de mujeres en edad fértil la conveniencia de resguardar íntimamente este tema de la búsqueda, concepción y fecundación hasta que el embarazo estuviera más avanzado, hasta sentir que todo marchaba con normalidad, hasta haber establecido la conexión con la criatura que ha elegido ese útero para crecer en él hasta ver la luz… y sentir la suficiente confianza en el proceso para poder compartirlo. O hacerlo, si apetece, con pocas personas muy íntimas.
Las respuestas fueron contundentes, todas pensaban en la conveniencia de decirlo enseguida, nada más obtener las dos rayitas. Todas comentaban la necesidad de dar a conocer la noticia cuanto antes e ir, día tras día, transmitiendo los avances. Como si de una novela radiofónica se tratase…

Está bien, todo es como tiene que ser. Pero he podido ver cómo algunas de estas alegrías se han marchitado en apenas dos o tres meses, cómo esa euforia se ha convertido en un  dolor que, al fin y al cabo, solamente siente la madre en sus propias carnes.

Y ahora de nuevo tres situaciones que me han hecho recordar, que me han llevado al sentimiento de si realmente no sería mejor vivir estas situaciones en la intimidad con esa pequeña alma y en conexión con una misma hasta que el instinto nos asegure que todo marcha como ha de ser. Y entonces tirar las campanas al vuelo, lanzar cohetes y sonar fanfarrias. Porque sí,  porque hay que celebrar que una nueva vida está creciendo y nos ha elegido para ser un nido acogedor,  amoroso... y silencioso.

Comentarios

  1. Uf, Concha, eso depende de tantas cosas...yo fui de las que comunicó la noticia apenas compré el test de embarazo, y si hubiera perdido a mis hijos también me hubiera ayudado compartirlo con todas las peronas de mi entorno. Yo soy así, necesito comunicar las cosas. Y habrá a quien le pase todo lo contrario. Pienso que no se puede generalizar, cada una actúa desde lo que necesita.
    Besos.

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  2. Claro que sí, Carmen, no es un juicio. "Está bien, todo es como tiene que ser".
    Es mi reflexión en voz alta... Gracias por la tuya.

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