Revitalizar relaciones


Tiempo de descanso... y la ocasión ideal para dar un salto en nuestra comunicación y mejorar nuestras relaciones afectivas. ¿Vacaciones para desconectar o reconectar?
Por Ferran Ramon-Cortés (EPS)

Cenaba hace unos días con unos compañeros de trabajo para despedir el curso laboral y celebrar la llegada del verano. Empezamos a hablar de las vacaciones, y enseguida surgió la palabra mágica: desconectar. Todos expresamos nuestra particular ansia de desconexión, hasta que le llegó el turno a un compañero, que, tras escucharnos a todos, nos dijo: “Yo lo que de verdad necesito estas vacaciones es reconectar. Porque inmerso en mi día a día, con jornadas de trabajo de 14 horas y fines de semana llenos de actividades metódicamente programadas, me siento cada vez más lejos de los míos: de mi mujer, de mis hijos, de mis amigos...”

Relaciones que se desdibujan. “Somos tan felices como nuestras relaciones lo sean” (John Powell)
En nuestro ajetreado día a día, nuestras relaciones se resienten de la crónica falta de tiempo para atenderlas, pero también, y de forma importante, de la superficialidad en nuestros encuentros y de la falta de sustancia en la comunicación.
Como afirma el profesor Sebastián Serrano, en el agobiado mundo en que nos movemos, vivimos bajo mínimos en los niveles de afecto. Y eso es letal para cualquier relación.
Ahora llega nuestro tiempo de descanso, podríamos aprovecharlo para mimar un poco nuestras relaciones, reforzarlas, hacer crecer nuestros vínculos de amistad y afecto, y situarlas en un nivel superior, de manera que no tengamos que temer por ellas cuando nos toque volver a la “normalidad”.
Como nos asegura John Powell, el éxito o el fracaso en las relaciones humanas viene principalmente determinado por el éxito o el fracaso en la comunicación. Parece, pues, que nos convendría prestar especial atención a cómo y cuánto nos comunicamos si queremos ver crecer nuestras relaciones. Será el ingrediente básico que las revitalice y las despierte del letargo y que nos permita recuperar parcelas de felicidad.
Tendremos relaciones con sustancia si somos capaces de dotar de sustancia nuestra comunicación. Pero ¿cómo hacerlo? Distinguimos cinco niveles de comunicación que tienen un efecto muy distinto en la relación. Profundizar en estos niveles, y ser capaces de llegar al quinto nivel en algunas relaciones que tienen un especial significado para nosotros, será el camino a recorrer.

Primer nivel: Hablamos de “cosas”. Se trata de la clásica conversación de ascensor. Hablamos del tiempo, del ruido de las obras de los vecinos o del último estreno de la cartelera. La mayoría de las veces nos limitaremos a expresiones tópicas, a frases hechas desprovistas de toda intención comunicativa. En este estadio, lo único que hacemos es reconocernos mutuamente nuestra presencia y llenar un silencio que nos incomoda. Todos somos conscientes de la superficialidad de la interacción, y por eso no se nos ocurre contestar sinceramente a las preguntas de cortesía como por ejemplo: ¿todo bien?, o ¿qué tal la familia? No compartimos nada de nosotros en este estadio, hablamos, pero no nos comunicamos en absoluto. Es un nivel neutro, que ni nos ayuda ni nos perjudica.

Segundo nivel: Hablamos de los otros.  No nos atrevemos aún a hablar de nosotros, y por ello elegimos a terceras personas como sujeto de conversación. Hablamos de los que no están presentes comentando sus vidas, sus anécdotas, o haciéndonos eco de comentarios que hemos oído. En este nivel sigue sin haber un verdadero intercambio, y no es ni tan siquiera neutro: a la larga, contamina las relaciones.

Tercer nivel: Hablo de mí. Lo hago descriptivamente: quién soy, cuántos hijos tengo, dónde trabajo…, incluso puedo manifestar algunas opiniones. Es como sumergir el pie en la piscina para comprobar la temperatura del agua antes de tirarme. En realidad, estoy comprobando la respuesta de los demás, viendo cómo reaccionan a mis palabras y si me corresponden o no. Pero existe un riesgo: fácilmente puedo acabar diciendo lo que los demás esperan oír de mí, simplemente para ganarme su complicidad. Este nivel es un preámbulo a la comunicación. Necesario en muchos casos, pero no suficiente.

Cuarto nivel: Hablo de mis sentimientos. Comunico lo que siento. Aquí empieza la comunicación de verdad. Permito que me conozcan tal como soy. Empieza por tanto un intercambio de gran calidad. Sólo tiene un pequeño inconveniente, y es que yo puedo estar contándote mis sentimientos, y tú los tuyos, pero no necesariamente tienen que tener ninguna relación. Estaremos intercambiando comunicación, pero no estableciendo propiamente un diálogo. Todavía nos queda recorrido.

Quinto nivel: Hablamos de nuestros sentimientos interpersonales. Qué siento yo respecto a ti y qué sientes tú respecto a mí. Cómo me afecta tu vida y cómo afecto yo a la tuya. Si me das energía o me la quitas, si me levantas el ánimo o me siento mal a tu lado… Se trata de la comunicación en mayúsculas, la que hace crecer una relación, el verdadero diálogo. Es el nivel que supone complicidad, comprensión y acercamiento.

“Auditoría” de nuestras relaciones. Sería interesante valorar a qué nivel nos relacionamos habitualmente y a qué nivel podemos llegar con cada una de nuestras relaciones más próximas. Una vez hecho el diagnóstico podemos decidir cuáles queremos y nos determinamos a llevar más lejos.
Deberemos necesariamente ser selectivos, pues hacerlo con todas ellas nos agotaría. Pero hacer la “auditoría” nos puede dar muchas pistas y nos puede ayudar a descubrir relaciones que tenemos en la vía muerta, y los motivos por los que están en este letargo.

Respetando la simetría de la relación. Debemos evitar en todo momento “saltos al vacío”, tomando una relación que se desarrolla en un nivel absolutamente intrascendente (nivel 1) y llevándola de golpe al sentimiento interpersonal (nivel 5). Corremos el riesgo de desconcertar a la otra persona, y que no estando dispuesta a ponerse a nuestro nivel, simplemente escape corriendo. Es importante no dejar que haya grandes asimetrías en la relación, que avancemos paso a paso y que nos aseguremos que el otro también avanza. Una cosa es llevar la iniciativa, y otra, desbordar al otro.

“Excursiones” al quinto nivel. Es evidente que no podemos pretender establecer relaciones que se desarrollen sólo y por sistema en el quinto nivel: supondría un nivel de permanente transcendencia agotador, y probablemente no hay relación que tuviera tema para estar siempre en este nivel.
Lo interesante es llegar a él en ocasiones, y saber que podemos –si lo queremos o necesitamos- llegar a él. Dialogar los sentimientos interpersonales es el único camino para solucionar un conflicto. Es bueno, por tanto, hacer idas y venidas en cada nivel, pequeñas excursiones al nivel quinto para mantener el canal abierto, y eso sí: el primero y el segundo, ¡evitarlos!

Oxígeno para las relaciones. Éstas son algunas de las cosas que podemos hacer este verano para revitalizar nuestras relaciones, hacerlas crecer o, simplemente, sacarlas del letargo:
1.     Menos actividades y más encuentros. Planifiquemos tiempo para compartir con los nuestros. Sin actividad de por medio. Sin horarios ni prisas. Simplemente, para dejar que fluya la conversación.
2.    Cenas a solas con cada hijo. O con cada amigo. Busquemos ocasiones para compartir de tú a tú una buena conversación sin espectadores.
3.    Estar con los ojos muy abiertos. No dejar pasar signos que nos piden a gritos “una hora de amistad, complicidad o ternura”.
4.    Conquistar una nueva relación. Buscar una relación que nos apetezca llevar más lejos, por intuición, o porque nos parece especialmente interesante, y llevar la iniciativa. En la mayoría de los casos habrá correspondencia.


http://www.rbalibros.com/ferran-ramon-cortes-muntaner_autor-1207-es.html

Comentarios

  1. Me parece interesantísimo el artículo. Aunque haya relaciones "asimétricas" por naturaleza (madre-hijos,profe-alumnos)...los niveles de comunicación están muy bien explicados y también la necesidad de equilibrar y acompañar esos niveles en las relaciones de igual a igual.
    Gracias una vez más, siempre es un regalo entrar a leer todo lo que compartes.

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  2. Si que lo es, por eso lo guardé al verlo. Creo que lo ideal sería que nuestras relaciones fueran lo más simétricas posibles... por ello andamos currando en esto del crecimiento ¿no?
    Y gracias a ti por venir, tus visitas siempre son motivo de alegría.

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  3. Depende...hay relaciones de acompañamiento que se definen juto por su asimetría. Por ejemplo, la relación doula-embarazada siempre es asimétrica ¿no?...o como decía antes la de madre-hijo, profesor-alumno o la que entablas con un terapeuta. En todas esas relaciones la asimetría es una condición. Pero pensando en la relación de amistad, el texto me parece muy acertado.
    Besos.

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  4. ¡Ja, ja! Acepto pulpo como animal de compañía... No sé qué haría sin ti, Carmen.
    Bendiciones.

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