Niños "tiranos"


Una de estas noches de verano, charlando con unos amigos en la terraza, pude ver claramente y de nuevo, hasta qué punto estamos condicionados por los patrones aprendidos. Nuestra conversación derivó hacia los nietos… los tres matrimonios que allí estábamos, ya somos abuelos. Y escuche la terrible frase de que los niños son unos tiranos... desde que nacen”

No sé qué fue lo que me hizo saltar las alarmas,  si mi proceso de abuela con conciencia o mi proceso de Doula integral. Pero lo bien cierto es que se me agolpaban las palabras, los razonamientos se me quedaban cortos, tenía la sensación de no estar transmitiendo mis sentimientos… y entramos en un bucle en el que no veía final.

Uno de ellos, abuelo de un niño de 5 años, está convencido –la frasecita  la dijo él- de que su nieto es un tirano ¡desde que nació! Porque quería estar a todas horas con su madre, porque cuando le dejaban en la cuna y le apagaban la luz, le cerraban la puerta, lo dejaban solito para dormir con 11 meses, ¡lloraba! Porque, por ser un vago, no se terminaba el biberón. Porque cuando su madre vuelve a casa, después de estar todo el día trabajando, sólo quiere que esté con él y que le haga caso.  Porque quiere estar todo el día jugando y llamando la atención. Porque “no obedece”, porque “le toma el pelo a su abuela”, porque… porque… porque…

Creedme si os digo que en un momento me callé y pensé que no tenía sentido continuar con aquello.  Pero como a él y al resto de los tertulianos les dije, estoy luchando contra aquello de “esto no se hace, esto no se toca, esto no se dice” con el que me criaron. Y mis nietos y todos los niños merecen que, aunque sea una abuela “rara” (por distinta) les defienda de semejante barbaridad.

Porque es justo lo que necesitan los niños, que se les atienda, que no se les deje solos para dormir, que se juegue con ellos, que su madre les preste atención cuando vuelva de trabajar (los niños no son los responsables de esta elección de sus padres), que no se les deje llorar… que no se les llame tiranos.

En un momento determinado, este amigo comentó que a él su padre le dio buenas bofetadas para que le obedeciera y que él a sus hijos no se las dio, pero les castigaba con aquello que más les dolía… para que aprendieran.  Comentaba que a él le había educado su padre con el “respeto” hacia el mayor, porque (disculpadme por la expresión) ponía los cojones encima de la mesa y se hacía lo que él decía y sus hijos no se atrevían a replicarle.  Y así se ganó el respeto de sus hijos, por lo que él –mi amigo- se había ganado el de los suyos siguiendo la misma tónica:  porque lo mando yo,  porque me da la gana, porque soy el padre y tengo el poder… ¡Uff!

Notando que me subía la adrenalina a niveles peligrosos, y con mucho cariño –eso sí- le dije que para mí eso era MIEDO, no era respeto.  Que para mí eso es AMAESTRAR a los hijos, no es educar.

Continuamos un rato… aquello casi se convirtió en un monólogo, aunque el resto,  exceptuando a mi marido, parecían estar en su línea ya que callaban.

Me di cuenta de que no tenía sentido continuar y cambié de conversación “¿Mañana salimos a caminar?” ja, ja… eran las 2:00 h. de la madrugada y aquello no tendría fin.  Sencillamente porque cada cual actúa desde lo que ha aprendido, desde lo que sabe.  Desde lo que uno  piensa que está bien para él, incluso aunque no sea lo mejor para el otro, aunque no sea lo mejor para un niño… 

Definitiva y "lógicamente" repetimos patrones, porque para no hacerlo hemos de ser muy conscientes y,  como dice uno de mis hijos, para que en tu vida algo cambie, te lo tienes que "currar".

Comentarios

  1. Puede que fuera inútil, pero yo creo que hiciste muy bien en exponer lo que pensabas, con adrenalina y con toda la pasión del mundo. Hay cosas que no se pueden escuchar sin hablar, y esa es una de ellas. Un beso.

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  2. Así es Carmen, hace tiempo que no callo cuando se trata de niños o de personas indefensas.
    Gracias por tus palabras.
    Abrazos.

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  3. A veces una se plantea si vale la pena discutir con los amigos. Yo creo que sí, porque siempre queda algo de lo que hemos oído que nos hará pensar y reflexionar, si estamos abiertos a mejorar. Tú sigue dando caña aunque a veces te parezca que estás perdiendo el tiempo. ¡Tenemos tanto que aprender!
    Toya

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