Convivencia in-Cívica



Este fin de semana “tocaba” nietos. El domingo nos hemos levantado ¡nos han levantado! pronto y  hemos decidido dar una vuelta por el Parque de Cabecera ya que nos pilla relativamente cerca de casa. Teníamos la idea de acudir paseando, así que hemos puesto unos bocadillos, hemos colocado las botellitas con agua fresca en una mini-nevera, hemos cogido el carro de la pequeña por si no quería andar tanto tiempo (¡15 kg son demasiados para portear mucho rato!) y nos hemos encaminado a nuestro destino.

Si habéis visto en el enlace, el Parc de Capçalera está en el inicio del río Turia en la ciudad de Valencia, mi ciudad. Es precioso,  grande y agradable,  con algunos árboles hermosos a pesar de ser de reciente construcción. Es un lugar muy apreciado por los valencianos. En él también está ubicado el Bio Parc.

Hay pasillos hechos con travesaños de madera de los antiguos caminos del ferrocarril, puentecillos que atraviesan las aguas del humedal, cantidad de juncos, cañas, aneas que lo rodean, zonas verdes que invitan a sentarse, bosquecillos de pinos, de chopos… gran variedad de aves, de patos… Una preciosidad, de verdad…

Pero hoy he vuelto “de los nervios” porque resulta agotador andar gritando continuamente ¡cuidado! ¡atención! ¡mira donde pisas!...  y me cuestiono aquello de que la libertad de uno termina donde comienza la del otro ¿no?

Y es que con la nueva cultura de las bicicletas y su proliferación,  resulta imposible pasear con dos niños pequeños sin correr el riesgo de ser atropellados, porque cada cual circula por donde le da la real gana… y a la velocidad que también le da la real gana.

Los perros, animales preciosos e inteligentes donde los haya, campan a sus anchas dejando sus “recuerdos” por caminos y zonas verdes, con lo que los incautos pies de los niños hacen acopio de todo rastro que por allí se queda. Y de llevar atados a los perros considerados “peligrosos” nada de nada, señores míos, y a cada momento que vemos aparecer a uno… corriendo a coger a los niños de la mano.

Los amables ciudadanos que salean a tomar el sol, o la sombra, hacen acopio de super paquetes de pipas de girasol dejando allí donde se sientan para disfrutar de su ingesta, verdaderas montañas de cáscaras.

Las papeleras, de las que el parque cuenta con un gran número, repletas y rebosantes con un círculo de residuos a su alrededor. Lástima que este Ayuntamiento no tenga un duro para el mantenimiento… y mande más a menudo a vaciarlas.

Papeles de celulosa, pañuelitos, envases de golosinas, botellines vacios… y otros desperdicios cuyos usuarios ni siquiera se plantean llevar a casa y dejar en su bolsa de basura.

Así es que el paseo de hoy se ha convertido en un agotamiento al tener que estar demasiado pendientes de los niños (y de nuestro propio calzado) cuando no es nuestro “estilo” y  lo que se pretende es disfrutar y desconectar por unos momentos. Y no es que yo andara buscando… no, para nada, es que todo esto que menciono, salta a la vista.  Y es muy desagradable, y en situaciones como esta lamento la falta de cultura cívica que todavía nos acompaña. Y creo que mientras yo no pasee por un parque de mi ciudad y por un momento crea que estoy en otra, en  cualquier ciudad europea más al norte de España… seguiré lamentando esta situación.

El yayo y yo nos hemos vuelto a casa agotados, por todo esto y por el calor que todavía está haciendo. Hemos dado una ducha a los niños, nos hemos duchado nosotros, y tras la comida y el descanso me han venido estas ideas a la cabeza. Y las plasmo tal cual.  La verdad es que hoy me ha salido la vena “gruñona”, esa que casi tengo abandonada… pero es que creo que no hay derecho a que estas cosas -todavía- sucedan. Y por ello me quejo.

Buena semana a todo el mundo.

Comentarios

  1. Qué razón tienes!!!! Cada vez que vamos a España de vacaciones nos encontramos con panoramas similares, y no es ser gruñona: es pedir el respeto que uno da a los demás, para nosotros y para ellos mismos.
    Besos de la Evans ;)

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  2. ¡Hola Esther! Pues así es, en esto del respeto queda mucho trabajo todavía en cualquier ámbito, no creas.
    Gracias por tus palabras ¡eres mi Evans preferida!

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  3. Nosotros lo pasamos fatal cuando vamos a la playa o a la montaña, en parajes realmente bellos, pero nunca faltan las colillas, los botes de refresco y las latas de conserva para aguarnos el paseo. Mis hijos me preguntan extrañados y casi siempre regresamos con bolsas de basura que la gente deja tirada sin vergüenza.
    Saludos. Sol

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  4. ¡Ja, ja, Sol querida! Eso es lo que hace marido también, parece un "recoge-basuras" de lo que los demás se dejan... a él le molesta mucho no poder disfrutar de la belleza en su estado puro. Como dice una amiga "cada cual es cada quien".
    Besos, linda.

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