Violencia de género


Ayer me encontré con María, hacía tiempo que no la veía a pesar de que sé por otras personas,  cómo trancurre su vida. Ella es una mujer guaraní que todavía no ha cumplido los 40 años. Es dulce y amorosa, culta e inteligente, preciosa, un encanto de mujer en todos los sentidos. Una mujer que por sus hijas, de 10 y 5 años daría la vida, y en ello está aunque no quiera Dios que eso suceda.

Casada muy enamorada, ha soportado malos tratos psicológicos, ha soportado a un hombre que ha llegado a casa sin un euro tras haberse gastado el jornal en bebidas y en prostitutas, que ha llegado a casa borracho. La cultura y la religión de María la han llevado a aguantar lo inaguantable, hasta que no ha podido más.
Tras años de violencia psicológica vino la física, y hasta ahí ha llegado. Ha presentado denuncias por malos tratos y una demanda de divorcio.  Pero a partir de entonces ha aumentado su calvario. Han comenzado las amenazas… de muerte.  Y ella está muy asustada.

La ¿justicia?  obliga a que las niñas visiten a su padre sábado y domingo cada 15 días, pero las niñas no quieren ir.  Vuelven destrozadas, asustadas,  porque el padre lanza improperios y maldiciones contra la madre, las utiliza, las chantajea y las niñas le temen.  Pero deben de hacerlo por no interferir en el proceso, deben de “ser buenas”  y acudir con ese elemento, aunque vengan destrozadas y llorando de casa del hombre que las engendró.

A pesar de que María tiene sus papeles en regla, no puede salir de nuestro país y regresar al suyo, pues eso se considera secuestro, no puede cambiar de domicilio tampoco. Cuando sale a la calle para ir a trabajar, a llevar a las niñas al cole, cuando va a recogerlas… le faltan ojos para mirar a diestra y siniestra. Camina atemorizada, envuelta en un sudor frio, con palpitaciones.  Su cara refleja MIEDO. Porque teme la acuchille en la puerta de su casa, porque teme le dé un balazo en la puerta del colegio.

Le comenté que acudiera a alguna asociación de mujeres maltratadas y me dijo que ya lo había hecho, que desde allí la estaban apoyando, que una abogada llevaba su caso.  Que no tenía ningún tipo de protección judicial ni policial porque hasta ahora, no había habido grandes lesiones. Entonces,  ¿a qué espera la “justicia”?  ¿A que le dé una paliza y la deje inválida? ¿A qué sea un número más entre las mujeres asesinadas por sus ex parejas? Esta semana han sido dos las añadidas a la larga lista...

Sinceramente, no entiendo de leyes, pero no comprendo que una mujer tenga que vivir en esta situación -si ésto se considera vivir- porque hay unas leyes que no aporten soluciones, porque a pesar de todo, la mujer sigue estando desamparada frente a situaciones como éstas.  Y sus hijas, también lo están.

Y por mucho que intente vivir y aceptar mis emociones, en momentos como éstos, además del dolor y la tristeza, me aflora la rabia.  La rabia y la impotencia por ver que no se puede hacer nada.  Y el miedo. Siento miedo porque no quiero ver a María un día en las noticias, muerta.

(La situación que describo y las personas que la sufren son ciertas.  He cambiado el nombre y algunos detalles por respetar el derecho a su intimidad. Viven en mi ciudad y las conozco personalmente)

Comentarios

  1. No hay palabras. Comparto la rabia contigo y espero, de corazón, que no tengas que escribir una entrada como la que yo escribí acerca de Miren, que trabajaba al lado de mi cole...
    Besos

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  2. La recuerdo, Carmen. Espero, de corazón, que no termine así, pero mientras el miedo y la rabia en María y en quienes la conocemos, van en aumento.

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  3. María,Pilar,Reme.... Da igual el nombre.Hay cientos de mujeres que viven acobardadas y atemorizadas por ese hombre que hace un tiempo atrás era su príncipe azul y ahora se ha convertido en el ogro.¿cual es el final del cuento?que tienen que esperar a que las maten para que la justicia actúe.¿Esta bien hecha la ley? Es una lastima.

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