Elecciones y excursión



Este fin de semana los pronósticos no eran muy buenos: por un lado estaban las Elecciones Generales y por otro, anunciaban grandes lluvias. Aún así, teníamos programada una caminata no demasiado larga para volver a tiempo e ir a votar quien quisiera ejercer su derecho ciudadano. Y nos íbamos a ir contra viento y marea.

Nos acercaríamos a la comarca de La Vall d’Albaida, a poco más de una hora de la ciudad. El autobús grande estaba lleno a pesar de que habían salido dos autocares más hacia otros destinos distintos al nuestro.


Salimos de Valencia a las 8:15 con un chaparrón impresionante. Al subir a mi asiento ya llevaba los camales del pantalón mojados, pues aún no me había colocado las polainas.  Pero por algún maravilloso designio, cuando llegamos a Aielo de Rugat, desde donde íbamos a comenzar la ruta, no caía ni gota de lluvia, lo que nos facilitó el no ir demasiado cargados de ropa.


El camino era un sendero estrecho que transcurría, siempre hacia arriba, por un bosque de pinos, algarrobos, madroños con frutos, palmitos…  Se notaba que había llovido bastante en días anteriores y el aroma húmedo me recordaba a mis queridos bosques de Pirineos.  Encontramos poblaciones de helechos, de mirto, de lentisco… variedades de setas no comestibles, tomillo, pebrella y ajedrea, romeros, brezos en flor. Muchas florecillas pequeñas, líquenes y musgos tapizaban el sotobosque ¡El camino era francamente precioso!

Paramos unos minutos para tomar un bocado y continuamos subiendo, saliéndonos del camino,  hasta una loma para volver a descender y retomar la senda que nos conduciría hasta las ruinas de un castillo y, posteriormente ya de bajada, de nuevo el sendero hasta el pueblo. En esta ocasión la ruta era circular.

Hicimos el recorrido en compañía de una espesa niebla que apenas nos dejaba ver el paisaje a lo lejos, pero no hacía frío, con lo cual el trayecto se hizo muy cómodo al ir ligeros de ropaje.

Normalmente, las salidas abarcan todas las horas posibles del día, pero en esta ocasión terminaría a la hora de comer. Y acudimos a un bar del pueblo donde nos habían preparado un arrós al forn, plato típico de la zona, que acompañado de unos entrantes y una buena ensalada, nos sentó de maravilla para recuperar las pocas fuerzas que habíamos gastado a lo largo de la mañana.

A media tarde ya estábamos en casa y de nuevo, me sentía pletórica, llena de aire puro y limpio, feliz por haberme encontrado con mi amiga María, emocionada por el precioso entorno por el que había paseado… y esperando la próxima ocasión para salir a caminar.  Pues como dije por alguna entrada anterior, esto es para mí como un “enganche” que me gusta vivir y compartir.

Comentarios

  1. hola,

    Me alegro mucho de que el tiempo acompañara, de que lo pasarais super bien! pero sobre todo de que acudais a caminar pase lo que pase!

    Muchos beso

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