De mi bisabuela, a mi nieta. Historias de partos

    

Mi madre siempre me ha contado lo fáciles que habían sido sus partos. Ella me transmitió esa serenidad en cuando a este hecho fisiológico que describe como natural y sencillo. No niega el dolor, pero lo considera como parte del proceso… y estas creencias suyas me las ha transmitido desde siempre hasta quedar grabadas en el fondo de mi alma.

Días atrás volví –de nuevo- a reclamar la atención de mi madre quien, con sus casi 85 años, tiene una mente lúcida y tranquila. Pero quise ir más hacia atrás en el tiempo. Así, le pregunté acerca de su propio nacimiento… y del de su madre, si era capaz de recordar algo que le hubiesen transmitido.
Y me sorprendió gratamente, pues los pocos recuerdos que tiene al respecto, todavía permanecen claros.

Mi abuela nació en un pueblo de una comarca del interior en abril del año 1900. Comenta mi madre que entonces las mujeres parían acompañadas de las mujeres del pueblo, y de la partera. Me comentó que solían colgar una cuerda de una de las vigas de madera que había en las casas y que, posteriormente la embarazada ya de parto, se cogía de ella fuertemente para mantenerse de pie. Las mujeres que la acompañaban y la partera, colocaban debajo un recipiente, una palangana, un orinal o incluso hacían un agujero en la tierra –si estaban en el campo- para que fueran cayendo los líquidos propios del parto.  La partera se agachaba para recoger al bebé y a continuación tumbaban a la madre en una cama para que reposara. Así parió mi bisabuela Ramona a mi abuela Concha.

Mi abuela –que era costurera- tuvo su primer embarazo, el de mi madre, en 1927 y  era un poco la comidilla de las amigas y de las cuñadas, ya que era “muy mayor” para tener a su primer hijo y le decían que estaría muy dura para parir...  Cuando nació mi madre, mi abuela tenía 27 años y la asistieron sus cuñadas, una de ellas partera,  pues su madre había fallecido y no tenía hermanas.
Estuvo activa hasta que llegó el momento de avisar a su cuñada Amparito y llegando el final, se sentó en una silla bajita (antes eran muy habituales) cuyo asiento tenía un agujero sin cerrar y utilizaban como silla paritoria.  Y así, sentada y con su cuñada de rodillas frente a ella, parió a mi madre. Y cuando le preguntaba a cerca de su nacimiento, mi abuela le decía que había sido “coser y cantar”.

Mi madre tuvo a su primera hija, yo, con 25 años. Estaba en casa de sus padres y llegado el momento del parto avisaron a un comadrón quien envió a mi padre a comprar la caja tocológica (patentada en febrero de 1941 y sin más referencias en Internet), en la que había todo lo supuestamente necesario para atender el parto y que una vez finalizado éste, lo que no se había utilizado, se devolvía sin pagar. Cuenta como anécdota que en la citada caja tocológica, había un botecito con un sedal para atar el cordón umbilical, pero que don Isidro –así se llamaba el comadrón- pidió una bobina de hilo, cortó un trozo, hizo con él un trenzado que mojó en alcohol y con el que ató mi ombligo. De esa forma no tenía que utilizar el de la caja y por tanto, ahorrarse el pago.
Mi madre me parió en compañía del comadrón, de su madre, de su suegra y de mi padre, quien apoyaba en la logística. Me cuenta, que llegado el momento final le pusieron una silla bajita de espaldas, en la cama, de forma que ella se sentó sacando el culo hacia el borde,  apoyando su espalda en el respaldo de la silla y asiéndose de una toalla que habían puesto cruzada haciendo de asideras para tal efecto. ¿Nos hacemos una idea? Pues así, de esta forma y con dos empujones ¡palabras textuales! nació la que escribe ésto.

Cuando yo tuve mi primer embarazo, las corrientes del nacimiento habían cambiado mucho. Ya casi nadie paría en casa,  los hospitales eran habituales para estos menesteres y se estaba utilizando el pentotal como anestésico en la mayoría de los casos. Las mujeres, supuestamente liberadas y en busca de una igualdad al hombre, no querían enterarse de nada a la hora de parir y desde algunos estamentos, ya se encargaban de que así fuera.
Pacté con mi médico, un hombre encantador (y respetuoso, para los cánones del momento) que no me anestesiara, pues quería estar consciente a la hora de tener a mi bebé. La medicalización era, también, práctica habitual.
Asistí a la primera preparación al parto que se hizo en mi ciudad, privada y organizada por unas matronas del Hospital La Fe. Estaba muy formada para la poca información accesible en ese momento y no tenía ningún miedo, así que cuando no pude aguantar las contracciones y creí que era el momento de ir a la clínica,  eran casi las 4 de la madrugada. Acudí y tuve una matrona todo el rato a mi lado, hasta que llegó mi médico. Gotero de oxitocina sintética, rasurado del vello púbico, enema, rotura de bolsa, episiotomía… por todo ello pasé pero, finalmente evité la anestesia y pude notar a mi hija conforme nacía. Eran las 7 de la mañana, yo tenía 25 años y era la mujer más feliz de la tierra.

Mi hija,  decidió que tendría a sus hijos de manera natural, no en casa pero sí en un hospital de parto respetado.  Su primer parto fue largo y el niño nació vaginalmente. Su madre estaba agotada pero bien consciente.
Su segundo parto, el de mi nieta Naia fue un precioso parto natural en el agua. La niña nació a las pocas horas desde que comenzaron las contracciones de parto propiamente dichas, su madre la parió de una manera serena, consciente y activa. Sin medicación de ningún tipo, sin intervención alguna… Yo estaba con ellas, emocionada, quieta y callada, invisible…


No sé qué relación íntima y ancestral puede haber desde el parto de mi bisabuela hasta el nacimiento de mi nieta, pero desde luego puedo intuir que el hilo conductor es la naturalidad, la confianza y el amor, algo que se ha quedado grabado en nuestra memoria uterina. Creer y confiar en que se puede parir y que es un proceso natural de la Vida, y como tal, vivirlo y disfrutarlo.
Gracias a todas las mujeres que han estado, a todos los ancestros de mi familia por esta transmisión tan generosa.


Comentarios

  1. Jo mamá, ¡me has hecho llorar!!!

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    1. No era esa mi intención, pero tú eres parte de esta historia familiar y como tal, debes preservarla.
      Te quiero.

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  2. He de reconocer que aunque yo nunca he tenido hijos, si los hubiera tenido me hubiera gustado parir como las mujeres de tu familia (y como mi madre me parió a mi).
    Ojalá que las mujeres de los países “civilizados” sean capaces de rescatar la naturalidad del parto y con ello la maravillosa ventura de haber nacido mujeres. Ojalá también que algún día los hombres de todas las razas y religiones sean capaces de vivir el parto de sus propios hijos con la naturalidad con la que se supone todas las hembras deban parir: a conciencia. La humanidad sería más digna por el hecho de no despegarse de su propia naturaleza (entre otras cosas, claro).
    Os sigo queriendo:
    Toya

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    1. Así es Toya, aquí andamos unas cuantas en estos menesteres. Informando y apoyando, poco más necesitan las mujeres para parir.
      Ya sabes, aún en la distancia, estás presente...
      Un beso.

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  3. Carmen, María, ya sabéis... me gusta compartir.
    Gracias por comentar.
    Abrazos

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  4. Deberíamos contarles partos como los de tus antepasadas a todos los niños y niñas para que recuerden que todo ese poder lo llevan en su memoria celular y que por lo tanto podemos dar a luz si tenemos la contención que cada una de nosotras necesite. Y si nos trabajamos desde pequeños nuestras necesidades internas y no las enterramos bajo las exigencias del entorno, las modas, las políticas...

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    1. Cierto es Sol, cada mujer es portadora de su historia familiar y sabemos lo que influye a nivel celular y uterino. Fuere cual fuere la forma en que cada persona ha nacido, es importante conocerla y transmitirla.
      Gracias por pasarte por aquí, por tus palabras.
      Un abrazo.

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  5. Me ha encantado Amama...
    Totalmente de acuerdo con Sol. El día que el parto deje de ser un tema tabú, del que no se habla, del que no se quiere saber nada durante el embarazo, las cosas habrán cambiado mucho.
    Ahora es cuestión de suerte, de dar con la persona adecuada en la preparación al parto, o de memoria uterina, como dice Concha.
    Yo tuve la suerte de que alguien me abriera los ojos durante la preparación al parto de mi primer hijo... y nunca se lo agradeceré lo suficiente.
    Un besito.

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    1. Gracias, Oihane, y me alegra mucho el saber que estás por aquí. Pues ya sabes... guardiana de tu memoria uterina y si tienes hijas, a trasmitirles el legado.
      Felicidades por haber escuchado a quien te apoyó en su momento, y por ser agradecida.
      Muchos besos.

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  6. OLE¡¡ por las mujeres que me anteceden, por su amor a la vida y su mejor saber hacer. Doy gracias a la vida por formar parte de este engranaje. A mi también me ha emocionado.
    CON AMOR
    Cristina

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    1. Hermana en el Alma, en la Vida... y en la madre que nos parió. ¡Cuántas veces hemos comentado lo afortunadas que somos!.
      Tienes una hija y te toca transmitir este legado, no puede extraviarse.
      Te quiero.

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  7. Bueno, ni que decir Hermana..de todos los partos anteriores a nosotras.Recopilar esta información es muy sanadora.Saber como parieron nuestros ancestros y lo bien que lo hicieron es muy gratificante.
    Bendita bisabuela,bendita abuela, bendita madre que me pario¡¡
    Gracias por toda la luz que estas aportando.
    Bendiciones.(tu hermana)

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    1. Gracias a Vosotras, por encender mi llama.
      Te quiero, Hermana.

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  8. Concha,gracias por este relato,que me da mucha fuerza para recibir a mi bebé como lo hicieron las mujeres de tu familia. Espero contártelo pronto en EPEN.Gracias!Lorena

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    1. ¡Ah, Lorena! Gracias a ti. Por todo lo que estás aportando al resto de mujeres con tu presencia y con tu entusiasmo. Seguro que tendrás tu parto deseado y estaré feliz cuando me lo compartas.
      Abrazos de Luz

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  9. Este relato, es tan bonito como un cuento y tan real como todas las que lo hemos vivido con nuestras experiencias personales, que pasan de generación en generación.
    Una vida es la oportunidad de ver todo lo que el universo nos ofrece,para aprender a crecer como ser único y dando lo más bonito que tenemos que son los sentimientos.
    Abrazos cálidos

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    1. Tus palabras son sabias, Mª Luz. Deberíamos de aprender de lo que la Vida nos ofrece, pero no siempre es así. Cada cual ha de seguir su llamada.
      Y yo aquí ando, en lo mío...
      Gracias por tu aportación.
      Abrazos.

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