Intuición. Escuchar y hacer caso.


         Orazio Samacchini  "Alegoría de la Sabiduría".


Habían invitado a Marido a una cena “de amigos”.  El anfitrión, un compañero de senderismo, había reunido a varias personas de distintas procedencias: compañeros médicos, caminantes de otra organización distinta a la nuestra, amigos de un club de poesía, conocidos de un club gastronómico… y organizó una pequeña fiesta.

Cuando me lo comentó y a pesar de que sólo lo conocía a él -al anfitrión-  y no muy en profundidad, le dije que sí, que me apetecía ir aún sin saber dónde me metía. Tenía una corazonada... 

Viernes por la noche acudimos a un hotel cercano al Colegio de un gran colectivo de profesionales, de esos que tienen mucha fuerza y son muy corporativistas. En principio, me sentí extraña, lo confieso.

El organizador, nos fue presentando conforme íbamos llegando.  Poco a poco y sin apenas darme cuenta, iba realizando una radiografía de las personas que iban acudiendo. Charlábamos de forma distendida pero no sin cierta prudencia por mi parte. No sabía en qué terreno me estaba moviendo…

Entonces entró ella, venía acompañada por su esposo y rápidamente me cautivó.
Rubia con el pelo muy corto, llevaba un vestido de color rojo con un poco de pedrería por el escote, y unos botines negros. Por ornamentación, una gran sortija roja en el dedo índice de la mano izquierda. Y ya debía de haber cumplido los 70. Se sentó al lado de su marido, casi enfrente de mí.

Quien lo organizó, tenía previsto que acudiéramos veinte personas pero, finalmente, éramos quince los que comenzamos la cena tras un ligero piscolabis. Las viandas no eran precisamente una delicia pero dimos cuenta de ellas puesto que habíamos abonado una cantidad nada despreciable y además, teníamos apetito.

La velada fue amenizada por un grupo de pop-fusion compuesto –en origen- por cuatro hombres y una mujer, pero en esta ocasión solamente estaban dos de ellos, batería y guitarra, y la vocalista.  Nos presentaron las canciones de su último CD (regalando un ejemplar a cada uno de los asistentes) y Raquel, con su preciosa voz, nos deleitó con algunas de James Taylor, de Norah Jones, de Presuntos Implicados…  un auténtico placer escucharlos.

Terminada la cena y mientras los músicos descansaban un momento, se sortearon dos libros de poesía y aunque no soy nada experta en este tema, los tomé para ojearlos y me quedé extasiada: eran unas palabras que transmitían, que rápidamente llegaron a mi corazón, palabras que me hacían sentir... y que me recordaron a una Amiga de Madrid.
Desconocedora de la métrica con que estaban escritas, la señora rubia me explicó que eran haikus y que los había escrito ella. Y entendí mi atracción inicial. La dama en cuestión, entre otras muchísimas cosas había sido profesora de Lengua y Literatura y ahora, ya jubilada, era básicamente... poetisa.

Charlamos un rato, me preguntó si me interesaba la poesía a lo que le respondí que era absolutamente neófita, pero que esos versos suyos me habían llegado al alma pues estaban en la línea de algo en lo que yo me movía en estos momentos, mostraban una espiritualidad abierta y clara, mostraban alegría, sencillez  y amor por la Vida y por todos los seres… y eso es lo que me interesa, lo que me mueve en estos momentos de mi existencia.  La sabia mujer que tenía enfrente, entornó los ojos y sonrió… y me dijo que podíamos charlar cuando yo quisiera, que entendía perfectamente lo que quería decirle.  Me invitó a alguna de las veladas poéticas que hace en su casa y me sentí sobrecogida y emocionada.

El grupo de músicos retomó su actuación y para finalizar, todos los asistentes iniciamos un baile con la última de las canciones. Y de nuevo, la señora, me cautivó. Verla moverse con armonía al ritmo de la música, con movimientos lentos y sensuales, sintiendo cada nota y acompasándola con su cuerpo… toda una muestra de vitalidad y de ilusión. ¡Vi en ella a la mujer que soy, a la que quiero ser conforme cumpla años!

La velada llegó a su final. Felicité a los músicos por su actuación y, especialmente, a su vocalista por la preciosa voz que tenía. Nos despedimos y bajo una intensa pero amable y deseada lluvia regresamos a casa.  
Me resultó difícil conciliar el sueño a pesar de ser casi las tres de la madrugada.  Lo vivido rondaba por mi cabeza, las emociones hacían saltar mi corazón. Conforme me sosegaba entendí, de nuevo, el porqué he de escuchar esas intuiciones que me asaltan, esas sensaciones de saber con certeza qué he de hacer con lo que se me presenta. Y así, con la inmensa satisfacción de que había hecho lo correcto, me dormí.

Ahora, pasados unos días,  tras haber ordenado y dejado en reposo todas aquellas sensaciones, las plasmo aquí y las comparto, dando de nuevo Gracias a la Vida…





Comentarios

  1. Creo que escribí mi primer haiku a los 16. Es una forma estupenda de vestir los sentimientos más densos con palabras...
    Es un privilegio y un motivo de esperanza ser testigo de tu crecimiento, tan constante y tan auténtico.
    Un abrazo.

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    1. ¡Ah! cielo, ahora es más sencillo el camino teniendo a mi lado a tantos seres amorosos.
      Y prepárate, si sabes que es un haiku (algo que suponía) seguro que te va a gustar el envío que voy a hacer...
      AbrazoS.

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  2. Que bonito Concha,tu le llamas intuición,Chopra lo define estar atento a los sutil.....(útil) ¿te das cuenta?,yo también le doy gracias a la vida por haber puesto en mi camino a gente como tu,de la que estoy aprendiendo muchísimo.Un beso.

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    1. ¡Ja, ja! Perla preciosa, aprendemos ambas ¡ni lo dudes! ten presente que caminamos juntas en muchas ocasiones...
      Abrazos sutiles.

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  3. Una vez más me sorprendes con tus vivencias, con tu intuición. A veces hacemos cosas sin saber por qué y… ya ves, nos sale bien. Como a ti a quien una fiesta te ha servido para conocer a una mujer que no solamente escribe poesía sino que, a los 70, aún el mundo (aunque solo sea el mundo de las mujeres) la ve como un ser completo, la unión de lo que ha sido y lo que es, y no como un vejestorio. Porque lo de fuera, no tiene nada que ver con lo de dentro. Good for you, my dear.
    Toya

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    1. Querida Toya, es una expresión que repito a menudo pero creo que andando con los ojos y el corazón abiertos estamos pre-dispuest@s a ver más allá.
      ¡Y claro que somos mucho más que lo que se ve, faltaría más! En mi época reivindicativa, allá por los 70, leí una frase que tengo presente y decía así "El hombre se jubila a los 65, la mujer no se jubila nunca". Y yo añado, "y su alma, tampoco".
      From the bottom of my soul. Kisses.

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