Treinta y seis horas de acompañamiento: final muy feliz.




“Quiero que estés a mi lado desde el primer síntoma”  Estas son las palabras que me dijo Laura cuando contactó conmigo para que fuera su Doula desde casi al inicio de su embarazo. Su bebé  deseado había tardado en habitar su vientre y ahora que estaba embarazada quería lo mejor para ambos.

Han sido 36 horas de acompañamiento y en estos momentos tras haber asimilado lo sucedido pero todavía con el subidón de endorfinas -y de oxitocina-,  necesito plasmar estas sensaciones, estas emociones que han estado contenidas para poder contener, para acompañar desde la serenidad y el respeto a esta mujer que tras un profundo trabajo de información y concienciación quería tener un parto natural y respetado.  Y el parto que ha tenido ha sido el que ella había deseado.

El miércoles estaba en su semana 41+5  por lo que el nacimiento de su hija iba a ser inducido ese mismo día, pero despertó con unas débiles contracciones. Me llamó porque no había conseguido evitar el sentir un nerviosismo inicial. Me costó llegar una hora aproximadamente, y desde las 9:00 de la mañana hasta que nació Irene, estuve con ella. No nos separamos.

En su casa, en la intimidad del hogar, recordamos lo que habíamos hablado durante los meses pasados. Hicimos alguna visualización, algún masaje para activar sus endorfinas, activamos también algunos puntos de acupuntura a través de la reflexoterapia… comimos, dormimos y las contracciones seguían su ritmo.  Muy lentamente pero sin parar.
Llegó la noche y ante la duda de cómo se encontraría su bebé, decidió marchar hacia el hospital.  Cuando llegamos, sus contracciones eran rítmicas y cada 8 minutos. Tras comprobar su estado y el de la bebita, se queda ingresada y yo con ella.  La noche iba a ser muy larga… y seguramente el día siguiente, también.  Pero estando allí y verificando que su niña estaba bien, todos nos quedamos más tranquilos.

Sobre las cinco de la madrugada las contracciones tenían una constante de cinco minutos y empezaban a ser más dolorosas. Comenzamos a pasear por la habitación, ella se puso a mover la pelvis, a oxigenar bien su cuerpo. Y a descansar lo que podía entre una contracción y otra. Era necesario hacer acopio de energía y mantenerla en reserva. También la apoyaba con Flores de Bach, con aromaterapia… El proceso apenas estaba en su inicio…

Hicieron aparición los primeros vómitos y fue necesario explicar (en las clases de preparación al parto no lo mencionan) que les  sucede a muchas mujeres, a la mayoría, y que forman parte del proceso, pues el cuerpo está  ante una mezcla explosiva de hormonas y haciendo un gran esfuerzo.

Aproximadamente a las diez de la mañana, por segunda vez baja a monitores. Comprueban que la dinámica de las contracciones es buena. “Son de libro” en palabras de Silvia, la matrona que la atenderá en el parto. Estamos con tres contracciones en diez minutos. Y perfectas.

El tiempo va pasando lentamente y Laura no tiene apetito. Su cuerpo solamente acepta líquidos y así, sorbito a sorbito, va ingiriendo agua y una bebida isotónica sin azúcar. Necesita descansar pero las contracciones van en aumento… pasear, hacer asentadillas, movimientos circulares sentada en la pelota, masajes y abrazos. Es todo lo que se puede hacer. El preparto está en pleno apogeo.

El dolor cada vez es más intenso, su cuerpo comienza a temblar y le propongo una ducha de agua caliente. Nos metemos a ello y así encuentra unos momentos de descanso. El verter agua sobre su cuerpo la relaja,  calma las molestias y consigue serenarse. Y cesan los temblores.

Cuando baja de nuevo a monitores tiene el cuello prácticamente borrado.  Laura está muy cansada, el dolor es muy fuerte y ha de continuar adelante. “Si no estuvieras conmigo no lo conseguiría” fueron las palabras que me dijo en un instante de serenidad.

No era el momento de pensar en lo que me estaba diciendo, pero posteriormente sí lo hice. Y estoy de acuerdo con ella. No es de extrañar que,  una mujer de parto pueda sentir inseguridad, incluso miedo aun a pesar de estar informada, frente a la soledad que se puede sentir por no tener al lado permanentemente a una persona que conozca el proceso, que vaya informando del mismo momento a momento, a una persona que aporte apoyo y que sienta empatía…  no es extraño que se pueda “descontrolar"  para el criterio de algunos profesionales.  Ahora puedo entender por qué hay tanto parto instrumentalizado, por qué hay tantas cesáreas innecesarias… pero estas mis son reflexiones. Sigo adelante con el relato resumido de los hechos.

De nuevo en la habitación entra en una situación de abandono. Está sin estar en ella. El dolor es fuerte y no encuentra sosiego. Apenas tiene fuerzas para moverse… y de nuevo vamos a la ducha. Allí intenta adoptar una posición en la que sentirse cómoda: en la postura del gato (a cuatro patas), en la postura del loto, en cuclillas… en un movimiento constante hasta que se queda sentada con la espalda apoyada en la pared y las piernas estiradas y bien abiertas. Apago la luz y las dos solas en la intimidad, en un ambiente muy cálido, durante más de una hora conseguimos unos momentos de privacidad y calma donde Laura consigue relajarse… hasta que entra una persona sin llamar a la puerta –no sé si es enfermera, auxiliar o personal de limpieza porque no se presenta y directamente le preguntó a la futura mamá si tenía dolor… ¡Por favor! Estaba en contracción y no podía hablar pero ante la insistencia de esta mujer, yo le contesté que estaba en completa y claro que le dolía… estaba en pleno proceso. Volvió a preguntarle a ella (a mi me ignoraba absolutamente, claro… ¿quién era yo?) que qué le había dicho la matrona, y Laura que estaba en su planeta parto no le respondió.  Y de nuevo, lo hice yo en su nombre: la matrona le había dicho que en tres horas la volvería a ver y solamente había pasado hora y media, por lo que estábamos intentando que Laura se sintiera de la mejor forma posible…

Esta mujer, dirigiéndose a Laura e ignorando de nuevo mis palabras dijo que así no podía estar… que ella no lo iba a permitir, que esas no eran maneras. Por un momento pensé en preguntarse si sabía quién era Michel Odent aunque era evidente que no, pero por respeto a Laura y por no interferir en su momento, me callé. En unos minutos vino con una silla de ruedas para bajarse a Laura al paritorio… y nuestra mami de parto solo pudo decir que ojalá se quedara ya y no volviera a subir. Estaba realmente agotada y con ganas de tener a su nena.

A pesar de que no lo haya mencionado, el padre de la criatura estuvo en todo momento con nosotras. Y aunque ya se lo dije personalmente, mi agradecimiento hacia él es enorme pues desde el primer día depositó una gran confianza, apoyo y respeto hacia todo lo que yo pudiera hacer. Y así lo ha demostrado a lo largo de estos dos días de convivencia. Como también le comentó la matrona, ojalá todos los padres fueran como tú, querido Vi.

Había pasado un rato desde que se la bajaron y no sabíamos nada. El padre salió a preguntar y le dijeron que ya nos avisarían desde el paritorio.  Y aproximadamente una hora después, la matrona nos dijo que estaba dilatada de 8 cm y se quedaba allí.
Ni su marido ni yo no queríamos que Laura estuviera sola, así es que le dije a la matrona que bajaría al paritorio para estar con ella hasta que llegara el momento final y pudiera entrar el padre.

Cuando llegué Laura estaba en la cama de partos, incorporada -sentada-  y adormilada. Había pedido un calmante y le habían suministrado Dolantina. Así podía soportar mejor las contracciones finales, fuertes y dolorosas. Estaba dilatada de más de 8 cm y se acercaba el momento último. Pero era necesario que colaborara un poco más. Comencé a hablarle, a darle ánimos, a abrazarla… y empezó a reaccionar. Pidió agua y la invité a que se levantara, a pasear por la sala. Realmente fueron momentos intensos… fue consciente de su situación e hizo un gran esfuerzo a pesar de su agotamiento.

Pasear, beber agua, mover la pelvis, hacer agachaditas, más agua… hasta que comenzaron las ganas de empujar. Silvia me había comentado que cuando se diera este momento, la avisara. Y  así lo hice.

Cuando la matrona entró, otra vez le pidió permiso para reconocerla y ya pudo tocar la cabecita del bebé.  Laura también la tocó con su mano… y comenzaron los pujos para que, por fin, naciera su hija. No me separé de la cabecera de la cama. Me dirigía a ella en voz muy baja, animándola para que hablara con su niña y le transmitiera todo su amor y su apoyo en este momento trascendente.  Acariciando su cara para relajar la tensión que estaba acumulando. Diciéndole lo bien que lo estaba haciendo y lo poco que quedaba. Abrazándola. Besándola…

La matrona también la animaba con palabras cariñosas, con el mayor de los respetos le decía que pujara cuando tuviera ganas, sin forzar su cuerpo. Le hablaba con dulzura, con tono quedo, con palabras asertivas, con cariño. Todo ello mientras cuidaba con sumo esmero el periné de Laura para que no hubiera desgarro. La dilatación vaginal fue máxima y la niña saco la cabecita. Con una gran habilidad, la matrona deshizo la vuelta de cordón que llevaba y salió rápido todo el cuerpecito. La niña fue puesta enseguida entre los pechos de su madre y gimió… y entonces Laura se desbordó de alegría, de emoción, de felicidad… tenía entre los brazos a su bebé deseado y había tenido el parto que quería. Todo era perfecto. Tras unos minutos, cuando el cordón umbilical dejó de latir, la matrona lo clampó y gracias a la amabilidad de Laura, yo lo corté, “Bienvenida a la Vida” fueron las palabras que con lágrimas en los ojos le dije a Irene.

Tras estos primeros momentos mágicos, felicité a la matrona por su hacer, por su cariño, por su dulzura, por su amabilidad y empatía. Por su profesionalidad. Y para mi sorpresa, ella sin saber quien yo era, comentó que yo había sido una parte importante en este final feliz, pues se había dado cuenta de la conexión que había entre Laura y yo, se había percatado de la confianza que habían depositado en mí tanto ella como el padre, y que todo ello había contribuido para aportar la seguridad y la calma necesaria en estos momentos.

Al poco, Laura alumbró la placenta y tras una meticulosa revisión,  Silvia terminó con ella y tomó el Plan de Parto para leer las preferencias de los padres y comenzar a  actuar con la niña.

Hasta entonces apenas había intercambiado palabras con Silvia, sólo las justas en torno al parto pero ante su apertura y su sinceridad, me presenté como Doula… y me dijo que lo había imaginado, pero que por respeto no me lo había querido preguntar.
Y le dije que era una lástima que en los hospitales no nos permitieran entrar con las madres en el paritorio, que sabía que algunas matronas nos consideraban una intromisión… Silvia, absolutamente honesta comentó que si todas las Doulas actúan como yo, ella estaría encantada… no tendría ningún inconveniente, pero que no es ella quien marca las normas. Intercambiamos algunas opiniones más y nos dimos un cariñoso abrazo. Le dije que la tendría siempre presente.

Me di cuenta de que mi papel había terminado. Tras despedirme de Laura, de decirle lo "campeona" que había sido y de darle las gracias por haberme permitido vivir estos momentos, me despedí también de su niña, del padre y de la matrona. Y me marché.  Eran las 20 h del jueves 1, día de Todos los Santos.

Como comento al inicio de este relato, aún estoy algo “colocada” pero con la suficiente lucidez para darme cuenta de varias cosas muy importantes.

Me he dado cuenta de que el hospital donde ha parido esta mujer tiene unos protocolos que se han ceñido en todo momento al deseo de la madre. No ha habido intervención innecesaria, con mínimos tactos y monitorización y siempre informando y pidiendo permiso.
La única medicalización (Dolantina) fue consultada y con consentimiento expreso.
La habilidad de la matrona permitió que la niña naciera sin necesidad de episiotomía y sin desgarro perineal.
El personal, en general, ha sido atento y respetuoso.  Bueno… excepto esta persona que entró en la habitación y otras dos de este mismo turno, bastante poco afectivas por no decir algo… maleducadas. Han sido las únicas, para ser sincera.
Se ha respetado el todo momento el Plan de Parto elaborado por los padres… se ha favorecido el contacto temprano piel con piel y la lactancia materna. Se ha respetado la privacidad tras el parto para favorecer el vínculo…

Gratamente sorprendida y encantada, pues ha sido un parto hospitalario y completo como Doula. Y ha sido una experiencia preciosa, increíblemente potente y maravillosa.

No quiero terminar sin señalar que, una de las premisas para ser Doula debe de ser la confidencialidad. Hoy, antes de escribir estas palabras he ido al hospital para ver a la recién nacida y a sus papás. Y les he pedido permiso para escribir esta experiencia desde mi sentir, cosa a la que ellos, agradecidos, han accedido.

Sé que cuando Laura se haya asentado en esta nueva situación también escribirá sus impresiones. Sé que manifestará por escrito, con mandalas, con colages, de todas las formas que le surjan este nuevo momento, en esta maternidad recién estrenada. Y sé que también lo compartirá conmigo. Y que, posiblemente, me permitirá que lo comparta aquí, en mi espacio…

Pero con un solo y único fin: para que si alguien todavía no sabe para qué estamos las Doulas y qué es lo que hacemos,  disipe sus dudas y desde este entendimiento, una mujer embarazada, una familia,  confíe y busque a quien le acompañe en un proceso vital y transcendente como es el del nacimiento de un hijo.

Como les he dicho a Laura y a Vi, con la mayor humildad y desde el corazón, no es por mí, sino por vosotras, futuras madres.

Por mi parte, no me queda más que agradecer, de nuevo, a la Vida esta oportunidad para darme cuenta de la grandeza, de la magia que encierra VIVIR,  dándome cuenta de dónde estoy y de lo que puedo hacer desde mi Ser y desde mi Estar.

Para parir, tú eliges.





Comentarios

  1. Enhorabuena, Concha. A tí y a Laura. Un abrazo.

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    1. Gracias Carmen. Laura e Irene son las protagonistas. Yo he sido una herramienta...
      Besos.

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  2. Que alegría que le haya ido todo tan natural,por muy poquito..ya que la.peque se resistía a abandonar esa paz y sosiego que le transmitía Laura en su interior. Es una mujer tremendamente fuerte,más de lo que sus miedos le indican.. Gracias por haber acompañado a los papis de éste modo,y hacer ver las cosas de otro modo.Precioso relato.Comparto

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    1. Laura ha sido consciente desde el momento de la concepción de su hija, desde mucho antes de estar embarazada...
      La Vida quiso que nos conociéramos en esa fase y desde entonces ha buscado con interés, con convencimiento, con fuerza y con mucho amor. Y ha encontrado la merecida recompensa.
      Para mi ha sido un privilegio, un regalo, estar con estos padres.
      Gracias por tus palabras, Thais, y bienvenida a mi blog.
      Un abrazo.

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  3. ayy.. (suspiro). Gracias Concha, como siempre, por cómo eres capaz de meternos en situación con tus escritos.
    He estado minutos casi sin respirar, super atenta, leyendo tu texto.
    Verdaderamente, la Doula es un papel importante, muy necesario (por como están las cosas en torno a la maternidad) pero también creo que tenemos que saber "estar" y reconocer que, aunque somos necesarias y beneficiosas, eso no nos ha de cegar a la hora de actuar. Estoy segura de que diste un buen ejemplo de respeto (aunque ganas de enviar a alguien "a la playa" no te faltaron, seguro!! jeje), de silencio y de presencia, servicio y disposición, que es tan necesario para dar a la parturienta la seguridad y el acompañamiento que necesita en ese momento.
    Enhorabuena a ti, por TODO LO QUE ERES, una mujer que acompaña SIEMPRE, aún en la distancia.... A Laura por su poder, el que sacó, porque sabía que lo tenía y porque tuvo quien se lo recordara, a Vi porque reconoció el poder de las mujeres juntas en un momento así y pudo respetarlo para poder disfrutar como padre, y a la pedazo de Matrona, Silvia, por hacer posible que, en un hospital se den las circunstancias más respetuosas hacia una mujer de parto.
    Gràcies per compartir-ho Concha. muuuaks!!

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    1. Regi de mi corazón. Tus palabras me emocionan porque sé que son sinceras y te salen del corazón.
      Sé que he hecho lo que tenía que hacer, con los pies en la tierra y teniendo presente que yo no era la protagonista de esta aventura. Como bien dices, el silencio, la invisibilidad, las palabras y los gestos oportunos es lo que nos ha de distinguir en esta bendita profesión, a pesar de estar todavía ignoradas y poco reconocidas.
      Pero en esto caminamos juntas, querida mía, tu lo sabes como Doula también. Y del buen hacer de unas pocas nos beneficiamos la mayoría.
      Y sí, no me canso de repetirlo y de agradecerlo: ha sido un regalo poder estar con esta familia. Se merecían la mejor forma de recibir a su hija.
      Y gracias a ti también por el apoyo continuo, por la complicidad, por Estar...
      ¡Te quiero, "doulita" mía!

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  4. Enhorabuena a la familia y a la doula acompañante :) Me alegra mucho leer estas historias con final feliz, gracias por compartir

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    1. Gracias Edurne, creo que hay que compartir estas experiencias felices. De las otras, tristemente, se habla demasiado.
      Un abrazo.

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  5. Me reafirmo. Cuando esté preparada pienso secuestrarte para que me acompañes :)

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    1. ¡Ja, ja! No hará falta, Alicia, te acompañaría simplemente con pedirlo. Si tu me dices ven... ya sabes como sigue la canción.
      Un abrazo.

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  6. Concha:
    Bien sabes que estuve rezando a todos los santos (yo, que no creo en los del cielo sino en los de la tierra) para que Irene naciera cuanto antes. Como de costumbre, la niña nació cuando tenía que nacer y con una madre excelente, que la querrá y la educará para ser mujer y madre. Y con un padre que también la ha deseado. No creo que haya mayor regalo para un ser humano que alguien lo desee para amarlo. Bienvenida, Irene. Enhorabuena a Laura y a Vi. Creo que las cosas en cuanto a los partos naturales están empezando a cambiar y todo gracias a mujeres como tú que son tan… ¡¡mujeres!! Yo me imagino que en el principio las mujeres se ayudaban entre sí y eso se fue perdiendo con la “cultura”.
    Enhorabuena a ti también por haber cumplido con tu papel de doula. Nos debemos una fiesta sorpresa, ¿no?
    Toya

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    1. Querida Toya, pues ya ves que las cosas suceden en su momento. Y sí, algunas cosas están cambiando en estos temas aunque queda mucho por hacer...
      Lamenté no poder acudir, pero mi compromiso con Laura estaba por encima de todo, ya os lo dije.
      Pero la Vida sigue y tendremos otra fiesta... ¡claro que sí!
      Mi cálido abrazo vaya contigo.

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  7. Que bonito Concha¡me ha encantado ,enhorabuena,eres un crack,y felicidades también a esos padres.

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    1. ¡Ja, ja, Magda! No, no soy un crack... disfruto con lo que hago, pongo en ello toda mi atención y todo mi Amor. Simplemente eso.
      Gracias por pasarte.

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  8. Precioso Concha!! Enhorabuena a la familia y a tí por haber vivido esta experiencia tan profunda y gratificante. Qué esperanza saber de que los partos hospitalarios están cambiando y de que el personal cada vez está más comprometido y humanizado.
    Un fuerte abrazo

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    1. Así es Silvia, experiencia enriquecedora y sanadora vivida desde el más profundo de los respetos. Creo que hemos crecido todos -los padres y yo- un poquito más.
      En cuanto al hospital, pues ya ves... ya tienes una referencia más para el acontecimiento que se te avecina...
      Un abrazo, cariño.

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  9. Querida Concha: gracias por compartir y gracias también a esa familia que nos brinda la oportunidad de imaginar y ver que es posible un lugar de acompañamiento y escucha desde la confianza.

    Un abrazo con cariño¡¡

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    1. Es un placer compartir, Sol. Me alegra saber de ti. Un abrazo.

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  10. Concha! Puedes decir de qué hospital se trata?

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