Fin de semana completo: senderismo y emociones.




Solemos decir que lo urgente no permite hacer lo necesario.  En esta situación me hallo ahora y, por un tiempo, he tenido abandonada mi práctica del senderismo. Este fin de semana he vuelto a salir a caminar y a pesar de que el tiempo no daba un buen pronóstico, lo cierto es que nos ha acompañado, es más, hemos tenido una climatología ideal salvo un poco de viento.

Comenzamos el día
Se había previsto una salida de fin de semana pues se iba a realizar la entrega anual de premios en mi Club de Senderismo. Una marcha el sábado y otra el domingo. El sábado por la noche tendría lugar la cena y la fiesta.

Las rutas propuestas están situadas en el valle de Enguera, población situada a 85 km de Valencia, hacia el interior. En el precioso hotel “El Portal del Caroig” teníamos reservadas las 90 plazas disponibles. El punto de encuentro a las 9:30 es el aparcamiento del hotel. Desde ahí saldríamos con las botas puestas y todo el equipamiento en la mochila.
Bajo la balma

Tras 14 km en coche, aparcamos y empezamos a caminar por un camino de tierra que nos va adentrando en un barranco.  El suelo está húmedo, el monte huele a limpio, el verde aún es pálido pero contrasta con el amarillo de las aliagas en plena floración. Mi caminar comienza en solitario y en silencio, necesito reconectar con la tierra, reconciliarme con la siempre agradecida Naturaleza.

Mi mejor sonrisa...

Al poco, el camino se estrecha para dar paso a una senda. Caminamos en la umbría y bajo las suelas de las botas algunas piedras están húmedos, por lo que ando con prudencia y fijándome donde coloco mis pies. Tras una bajada con cierta dificultad debido a lo resbaladizo del terreno, entramos en una estrecha senda donde recibimos de pleno los rayos de sol.  El día es luminoso y andando bajo el abrigo de las balmas no nos afecta el viento y comienza a subir la temperatura de mi cuerpo. Y empiezo a quitarme ropa, hasta quedarme con una camiseta técnica,  abultando así la mochila.

Por el angosto sendero

El ritmo del grupo se ralentiza pues hay pasos angostos. Al poco, iniciamos un cambio de nivel mediante una trepa por algunas rocas que casi me obligan a descoyuntar mis caderas…


Aunque no se me vea la cara, soy yo.



Reconozco que es algo que me gusta. Me apasiona trepar a cuatro patas, colocar la punta de la bota en cualquier saliente que quepa, agarrarme a las rocas y a todo elemento que me permita sentirme segura para alzar mi cuerpo.  En estos momentos siempre encuentras una mano amiga que te brinda ayuda desde arriba…

La trepa continua y en un momento dado es necesario cogerse de una cuerda que algún montañero con buen criterio ha dejado fuertemente atada entre las rocas. Ahora, además de la pericia he de utilizar la fuerza para, bien agarrada y con el impulso del cuerpo, remontar y subir al nivel superior. Cuando lo alcanzo, me siento feliz. Miro al cielo… y respiro.

Sigo subiendo...
El camino se ensancha de nuevo y ahora sigue entre el bosque de pinos, carrascas y matorral. En un cruce, abandonamos las señales del sendero local que estamos siguiendo y tomamos un camino carretero que poco a poco se convierte en una senda que nos baja por un barranco, hasta que ésta se pierde entre la maraña de matorral. Y nos toca desandar lo andado…



Descanso y comida




Volviendo al cruce y con el sol de lleno sobre nuestras cabezas, seguimos un ancho y encharcado camino que nos conducirá hasta los coches.

Allí, un grupo continuará 4 km más de barranco, pero yo me vuelvo al hotel junto con algunos compañeros. Necesito descansar y recuperar fuerzas para la noche pues pienso bailar hasta no poder más.

De regreso...
La cena es a las 21:30 y conforme nos reunimos, hay momentos en que nos cuesta reconocernos… sin mochilas y con ropa apropiada para la ocasión, tenemos un motivo para echar unas risas hasta que comienzan a servirnos las viandas.  La cena es amenizada, esporádicamente,  por un grupo de compañeros que tienen un especial sentido de humor y de servicio a los demás.  Nos sorprenden con algunos sketchs que ya quisieran para ellos algunos cotizados humoristas.


Cambio las botas por los tacones...
(Esta foto está dedicada a mi
castellana del corazón)
Finalizados los postres, comienza la entrega anual de premios.  Como todos los años, Marido recoge su trofeo de cumbres y de participación, además de uno especial por tener en su haber 9.000 km recorridos y acumulados en estos años,  al margen de los realizados para las exploraciones de las rutas, ya éstos no se contabilizan. Verlo feliz y contento por este reconocimiento al hacer lo que más le gusta, me emociona.

Sobre las 3 de la madrugada, me acuesto, no sin antes haber bailado como en mis tiempos mozos hacía, sintiendo el ritmo de la música en cada parte de mi cuerpo y volviendo a aquella juventud donde el baile era mi principal pasión…


El domingo y tras el estupendo desayuno, un grupo se prepara para la excursión propuesta. Yo me quedo con los que realizarán una visita cultural por la villa de Enguera.
La visita, acompañada por un magnífico y profesional guía turístico-histórico, dura aproximadamente 3 horas.  Y tras despedirme de los compañeros, vuelvo al hotel donde va a tener lugar el colofón a este fin de semana…

Con Irene
Mi querida Laura, con su marido Vicente y su preciosa Irene, vienen a comer conmigo.  Ellos viven en el pueblo de al lado y al enterarse de que yo voy a estar allí,  tienen la gentileza de venir para pasar un rato juntos.

¡Cómo me he alegrado de verlos! ¡Cómo me ha encantado ver a la preciosa Irene quien pronto cumplirá tres meses! ¡Dios mío, si parece que fue ayer que la vi nacer y corté su cordón umbilical! No tengo suficientes palabras para expresar la alegría que siento estando con esta familia tan concienciada en su crianza, tan amorosa y tan agradecida con lo que la Vida les está trayendo…

Como podréis ver si habéis llegado hasta aquí, ha sido un fin de semana de esos que te hacer volver a casa con las pilas cargadas.
Ejercicio físico, buenos compañeros de camino, sol y aire limpio. Los pálidos colores de invierno también son un regalo para la vista, y la tierra húmeda, el romero y las plantas de la estación son aromas para los sentidos.
Risas, baile y emoción compartida con el compañero de mis últimos 40 años… Y la agradable comida y tertulia en compañía de esta amorosa familia.

Con Laura
 Ahora, después de retomar la normalidad tras una noche de descanso, necesito expresar, compartir y agradecer a la Vida, como siempre, esta oportunidad que me brinda para darme cuenta de lo afortunado que soy con tan pequeñas cosas…

(Gracias a Marido por sus fotografías)

Comentarios

  1. Que lindo... me he entretenido leyéndote y viendo esas fotos tan bellas. A esto llamo yo VIVIR LA VIDA!
    Cuando quieras podemos tomar cafecitos a la media noche.
    Un abrazo fuerte desde el pulgarcito de América.

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    Respuestas
    1. ¡Qué gusto poder comunicar allende los mares! Gracias por tus palabras, Mayela, y bienvenida a este espacio. Vuelve cuando quieras.
      Un abrazo desde el este de España.

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  2. Perfecta parabola de la vida , eso del senderismo. Tramos fáciles, tramos duros en los que siempre hay una mano amiga, otros en los que hay que tener cuidado para no resbalar, cimas en las que se respira...y por supuesto siempre mejor estando bien acompañados.
    Gracias por compaertir tu fin de semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es Carmen, quizás por eso me gusta y necesito salir al monte. Son mis fuerzas, es mi esfuerzo, es mi camino... y todo lo que allí encuentro conforman el sendero. Como en la Vida.
      Gracias por tus preciosas palabras.
      Un abrazo.

      Eliminar

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