Ancianidad




Autoras como Jean Shinoda Bolen, Maureen Mudrock, Vicky Noble, Christiane Northrup,  Elsa Punset y otras más, han contribuido, de alguna forma, en reafirmar mi situación de mujer madura y también, por qué no, a ser consciente de esa sabiduría que aporta la edad desde la consciencia.

Sé que estoy en un buen momento y que tengo mucho que aprender todavía de la misma forma que tengo mucho para dar y compartir. Todo ello me empodera.  Pero no dejo de tener momentos en que otra realidad más oscura me asalta y, entonces, algún nubarrón se asienta en mi alma.

Porque ahora mi tiempo transcurre ya de forma física, ya con la mente, entre las ancianas que me rodean, entre mis mayores: mi madre (86) y mi suegra (90). Ambas en procesos de involución física y mental.

Y no es fácil, de verdad.  Hay momentos en los que he de hacer esfuerzos para poder compaginar mi presencia y atención hacia ellas y otras cosas que también quiero hacer, otras situaciones y personas a dónde acudir. Porque quiero, porque me apetece, porque lo necesito… y es que mis tardes, mayormente transcurren de casa de una a casa de la otra. Y apenas veo a mis hijos, apenas veo a mis nietos.

Ayer, concretamente, estaba en casa de mi madre y vino a verla una prima mía que con cierta frecuencia la visita. Como era de esperar, el principal tema de conversación fueron las madres, la mía, estando ella presente, y la suya -hermana mayor de mi padre ya fallecido- quien con 94 años está en una residencia de ancianos.

En ocasiones se juzga a las personas que por cualquier imperativo decide llevar a sus mayores a residencias para que finalicen allí sus días. Y no es fácil tomar esa decisión porque supone una dura elección.

Comentaba mi prima cómo su madre pasa las horas diciendo que se quiere morir, que su vida ya no tiene sentido… y quien no vive esta situación, no sabe hasta qué punto es lacerante. En estos días, yo estoy escuchando las mismas palabras en boca de mi suegra quien está agotada, cansada de vivir. Ella que ha sido una mujer alegre, fuerte, luchadora… apenas tiene fuerzas para mantenerse. Sus horas transcurren somnolientas entre la cama y el sofá del salón cara a una pantalla de televisor que le hace compañía a pesar de que nunca está sola.

Algo similar pasa con mi madre aunque ella todavía no quiere irse, aunque a pesar de los continuos ingresos hospitalarios y de que cada vez se queda más mermada, una fuerza interna logra mantenerla en pie.  Pero no por ello el deterioro que produce el paso del tiempo detiene su avance.

La sociedad ha cambiado mucho y lejos de hacer un juicio, la realidad es que  las mujeres de mi generación todavía estamos “mentalizadas” para cuidar de nuestros mayores, quizás porque lo hemos visto… quizás porque así nos lo han inculcado.

¿Pero qué pasará con las generaciones venideras? ¿Qué sucederá a mi generación cuando alcancemos esas edades?  La esperanza de vida en nuestro país a día de hoy se sitúa en 84,2 años para las mujeres y 78,9 años para los hombres y es algo que va en progresión debido a la calidad de vida y a la medicalización que están sometidas la mayoría de personas mayores. Si las cosas siguen así, en 20 años estas cifras serán más altas.

Pero el pensamiento es cambiante y las nuevas generaciones, sometidas a unas presiones sociales que les llevan a un cambio constante de situación económico-laboral no están preparadas para asumir el cuidado de personas mayores, aunque sean sus padres.

Las personas que hoy viven una crianza respetuosa, no consideran el hecho de llevar a los niños en edades tempranas a guarderías produciendo una separación en la díada madre-hijo,  pues se sabe de los beneficios de permanecer el mayor tiempo junto a los padres hasta que llega la madurez apropiada para la socialización.
Pero llegará el día que esa persona que ha dedicado su tiempo y vida al cuidado de sus hijos (porque los niños de ahora son los adultos de mañana…) sea una persona anciana. Y se encontrará sola porque sus hijos no viven cerca, porque “andan liados” con sus cosas, porque simplemente no están preparados y dispuestos para cuidar de nadie… porque como solemos decir “es ley de vida”...

Desde luego estos pensamientos no moraban mi mente cuando era más joven, ni mucho menos, porque cuando todavía no se alcanzan los 40, tan siquiera los 50… esto no se ve o se mira desde lejos pensando que no va con nosotras. Pero las manillas del reloj no se detienen y el tiempo avanza inexorablmente.

¡¡Uff!! Reconozco que este tema me está afectando y aunque vivo el momento presente sin querer saber qué pasará a largo plazo, no puedo evitar el pensar, por un momento, lo fácil que sería tener un interruptor y llegada la circunstancia en que una se encuentra cansada, decrépita, triste y sola, le pueda dar al OFF. Tenga la edad que tenga.


Comentarios

  1. ¿Sabes Amama? llevo tiempo pensando en esta tema, y pensando que mis padres ya se acercan a la edad de ser "mayores" y necesitar cuidados y yo estaría encantada ¿pero sería factible "moverles"? ¿están dispuestos? Muchos hoy en día ya optan por sí mismos en ir a la residencia, sean ya mayores o jóvenes cuando piensan en la vejez (¿es resignación? ¿piensan que así en cierto modo mantienen independencia? no lo sé...)
    La verdad que creo que en este mundo, sociedad, lo que quieras llamarlo, está fatalmente visto y se ve como un lastre ocuparse de la gente, todo en aras del "progreso", que yo muy bien no entiendo qué es a veces.
    Coincido contigo en que sería genial, después de una vida larga, larga y en condiciones, cuando el cuerpo y/o la mente ya no respondan y nos sintamos cansados, decidir decir "buenas noches, nos vemos" y salir tranquilamente del escenario.
    Qué complicado tema, Concha! Me alegro que puedas disfrutar de tu madre y suegra, aun con estas circunstancias y que ellas disfruten de tu compañía y cuidados también.

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    1. Hasta que no llega el momento no sabemos qué vamos a hacer, Esther. Y ni aún así...
      A pesar de tener tres herman@s más, mi madre cuidó de la suya hasta que murió. No fue sencillo, hubieron problemas familiares y mi madre dijo que nosotras no pasaríamos por eso, que ella se iría a una residencia. En la situación que está, ella no ve esa necesidad... aún. Y yo no tengo ninguna fuerza para decírselo ni recordarle aquellas palabras.
      No, no es nada fácil en un momento de tu vida cuando tus propios hijos son mayores y puedes comenzar otra etapa...
      Gracias por expresar tus sentimientos.
      Abrazos con sol.

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  2. Me ha gustado mucho leerte y aunque todavía no tengo los cuarenta, a mí manera, te entiendo.

    Yo he crecido rodeada de ancianas, mis abuelas y sus hermanas, mujeres sabias, mujeres que me han querido porque para alguna de ellas, he sido nieta sin que tuvieran hijos o hijas. Las he visto ir encogiéndose al tiempo que yo me hacía grande. También las vi apagándose hasta que les llegó el final, siempre rodeadas por su familia.

    Creo que esto ha hecho que cuando pasen más años, cuando mis padres o mis suergos necesiten cuidados, yo estaré ahí. Porque si a mí me han apoyado cuando lo necesitaba, lo justo que es que yo haga lo mismo.

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    Respuestas
    1. Gracias por expresar tus sentimientos en un lugar al que acudes por primera ves (creo... vaya).
      Y entiendo que pienses así porque desde luego es lo que has visto y lo que has aprendido. No todas las personas, a pesar de haberlo recibido todo de sus progenitores piensan de la misma forma. Pero allá cada cual con sus maneras.
      Abrazos. ¡Y vuelve cuando quieras!

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  3. Laura Fabra Perales1 de mayo de 2013, 10:08

    Animo ¡¡¡

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