Madres y Padres. Y viceversa.




A menudo me asaltan ideas, pensamientos que necesito plasmar en un papel, pero no siempre es el momento oportuno para poder hacerlo y voy dejándolas en anotaciones, en papelitos que se amontonan por mi estudio esperando el momento de darles un hilo conductor, de unirlos y enlazarlos en un texto. Unas veces  salen a la luz, los publico en mi blog, otras veces… se quedan en la carpeta, simplemente han servido para expresarme y para canalizar algo que me bulle por dentro.
Suelo hablar desde mi experiencia, desde lo que observo, desde aquello que siento.

Termino de volver a leer un libro que me regaló una Laura querida el pasado año. “Las brujas no se quejan” de Shinoda Bolen, es fácil de leer y de entender, y porque estoy en esa edad madura a la que hace referencia, me siento muy identificada con lo que ella dice.
Es posible que la lectura de este libro me haya animado a escribir ahora sobre este tema pues “la anciana –la mujer madura- es atrevida, medita a su manera, defiende con fiereza lo que le importa, decide su camino con el corazón, dice la verdad con compasión, saborea lo positivo de la vida…”

Voy a ello.

Mucho se ha hablado sobre el patriarcado y la represión ejercida por el hombre sobre la mujer a lo largo de la historia. Todavía hoy, en muchas cuestiones sale a relucir la herencia acumulada y lo que está costando deshacerse de esos patrones.  Si tengo ocasión de participar en algo que haga mención a este pasado, expreso mi opinión de que ya está bien y que hay que construir mirando hacia adelante pues de nada nos sirve quedarnos ancladas en algo que en su momento fue.
Se habla de la presión y de la supremacía ejercida por el hombre sobre la mujer en cuestiones políticas, de familia, de religión, de educación, de pareja, de sexo… y no voy a negar que no haya sido cierto. Ahí está la historia y sus múltiples testimonios.

Afortunadamente y desde la toma de conciencia las cosas están cambiando, o al menos en una sociedad como la nuestra. Son muchas las mujeres que han tomado las riendas de su vida y pueden hacer y decidir lo que quieren. Eso está bien, pues es signo de libertad y de igualdad.  Y la persona ha de ser y sentirse libre para ser feliz.

Pero tengo la sensación de que desde el modelo de sociedades industrializadas se nos ha vendido una supuesta igualdad al hombre, y en este intento de hacer cambiar nuestras inercias como mujeres,  se le está dando al hombre un papel que, en muchos casos, no le compete. Así, parece que hemos pasado de un patriarcado impuesto a una especie de patriarcado encubierto y elegido, aunque quizás no debería de llamarlo patriarcado y como me siento incapaz de encontrar la palabra adecuada, lo resumiría diciendo que ahora, en algunos sectores, se le está queriendo dar al hombre una participación y un protagonismo en roles que, según mi criterio, al entender de una mujer de más de sesenta años, quizás no le corresponden.

Antes de continuar, quiero decir que en mi vida hay grandes hombres a los que amé, a los que amo. 
El primero mi abuelo materno con quien me crié, hombre rudo y gruñón pero que conmigo siempre fue respetuoso, atento y cariñoso.
El segundo, mi padre, quien hace un año se marchó para no volver…  y a pesar de nuestras discusiones,  cada vez soy más consciente de cómo ha marcado mi vida, de todo lo que me enseñó, de cuántas cosas conservo de él.
En tercer lugar, mi marido. El hombre con quien comparto mi vida y con quien siempre me he sentido libre, desde hace más de 40 años y con quien desearía estar otros tantos, incluso volver a ser su pareja con la misma libertad si hubiera otra vida…
Mis dos hijos varones, a los que amo con todo mi corazón y con los que puedo establecer una preciosa comunicación, cada uno desde el lugar que le corresponde estar.
Y de mis tres nietos, dos son niños. Unos preciosos chiquillos que me tienen robado el sentido, que me tienen francamente enamorada.
Así es que NO desprecio para nada al varón, sino que lo respeto, lo valoro y lo admiro en lo que es. Porque creo que somos distintos y complementarios.

Y vuelvo al tema que me ha llevado a escribir esto. Es posible que vaya a echar piedras sobre mi propio tejado, pero he de decir lo que siento porque en ello está mi vivencia. 

Tras leer sobre el matriarcado y de cómo en otras sociedades no tienen los problemas de convivencia y de educación que estamos teniendo en las culturas occidentales, vuelvo a pensar en mi infancia.
Cuando mi madre lo compartía todo con mi padre, cuando era él quien también tomaba muchas de las decisiones que a mis hermanas y a mí concernían, cuando yo no le contaba MIS cosas a mi madre... porque tenía la certeza de que luego ella se las decía a él.
Porque él también decidía si necesitaba unos zapatos, porque él también venía al médico cuando yo iba con mi madre, porque él tuvo que opinar cuando tuve mi primera regla... porque él era el padre partícipe que mi madre había permitido, al que mi madre le había otorgado parte de su poder. Porque él estaba para todo... y yo no lo necesitaba.

 Entonces no lo supe, simplemente había algo que no me gustaba, algo que hasta donde alcanzan mis recuerdos siendo muy pequeña, me hizo sentir ausencia de madre a pesar de estar ella presente.  Y que muchos años después pude verbalizar, comentar y sanar con ella mediante esta frase "¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeña?

Entrando en materia, voy a referirme al embarazo y parto, por ser algo que veo con relativa frecuencia. Así, me resulta extraño cuando un hombre que va a ser padre utiliza estas expresiones: estamos embarazados, o salimos de cuentas, o vamos a parir de tal manera, o estamos de parto,  ¡se incluye en ese estado fisiológico que solamente vive la mujer! A veces, es la misma mujer quien lo incluye… y dependiendo de la confianza que tenga con ellos, le suelo decir “no, ELLA es la que está embarazada, ELLA es la que está de parto, es ELLA quien va a parir a vuestro hijo  porque… puede ser signo de modernidad, pero ¿no es una forma de darle a ese padre un protagonismo que no le corresponde?  ¿No lo está perdiendo ella?

Marchemos mucho tiempo atrás.  Ancestralmente, las mujeres han crecido rodeadas de mujeres. Los procesos fisiológicos -menstruación, embarazo, parto, lactancia- y la crianza de los hijos, han sido actos compartidos y comentados entre mujeres, ya de la misma familia, ya de la misma vecindad. Así, las niñas aprendían de lo que veían y seguían los dictados de la Naturaleza desde la más absoluta aceptación y normalidad.

Vayamos al parto. A partir de los años 70, los hombres comienzan a tener protagonismo en el nacimiento de sus hijos. Los partos pasan a ser atendidos por obstetras hombres… y los nuevos padres están junto a la mujer que va a parir.   Esta moda se propaga y llega un momento en que la mujer para parir necesita tener al lado a un hombre, ya sea médico, ya sea su pareja… aunque a él no le apetezca para nada vivir esta situación, aunque él esté ausente en espíritu, aunque sea la misma mujer quien no quiera ser acompañada por su pareja… nos vemos abocadas a ello. Y así, es como nos hacen ver que la mujer para parir necesita la compañía de un hombre. Aparece de nuevo infantilizada y sumergida en una necesidad de protección…   ¿No te lo habías planteado?  

Michel Odent, siendo obstetra y hombre ha investigado mucho respecto al tema. Por supuesto que no todas las mujeres están de acuerdo con él… porque ¿dónde queda el escucharse a una misma y desde el corazón, haciendo caso a su necesidad primal y a su instinto que reclama lo que necesita? ¿dónde quedan las reacciones hormonales y emocionales?  Porque quizás, si esa mujer se conecta con las mujeres de su linaje descubrirá que lo que necesita es parir en silencio o cantando, pero rodeada de mujeres… que la entiendan en sus emociones, que la protejan, que la acompañen… que se pongan en su piel, mientras el padre de su criatura, vigila atento y cuida de la logística, de su entorno exterior…

No es fácil para mí hacer públicos estos sentimientos, aunque sé que hay más mujeres que piensan como yo.  Soy Doula, y como tal respeto las decisiones de la madre en primer lugar, y desde la información objetiva y consecuente, ambos padres son los que deciden de qué forma quieren que nazcan sus hijos y deciden cómo criarlos.  Yo no les emito opinión alguna  pero si me preguntan con sinceridad, con el corazón en la mano qué es lo que siento al respecto…sí que soy franca y me expreso.

“La Doula es una mujer experta en partos que acompaña a la mujer en sus emociones durante el proceso de la maternidad” y una de las cualidades que define a la Doula es su empatía, su capacidad para ponerse en el lugar de otra mujer para saber qué es lo que siente y desde ahí… acompañarla.
   
Ya hay varios hombres Doulas y me sorprende, francamente. Pero está claro que si  están es porque hay mujeres que los buscan, y sin juzgarlos como personas, veo que volvemos a lo mismo, de nuevo a una mujer que tiene necesidad de la protección de un varón, pero ¿un varón se funde con ella en los desgarradores momentos del parto? ¿un hombre se puede poner en los zapatos de una mujer si sus emociones llegan a estar desbordadas durante el embarazo, o cuando su bebé está siendo amamantado, o cuando se siente cual loba recién parida? ¿cuál es la vivencia de una mujer al escoger a un hombre ajeno para estar acompañada íntima y emocionalmente en su viaje hacia la maternidad?

Una vez el bebé ha nacido, las nuevas corrientes implican al padre tanto como a la madre. Y lo siento tal como lo digo,  pero creo que la madre tiene un papel que por mucho que pasen los siglos, seguirá siendo suyo.
Creo que la presencia de la madre es absolutamente necesaria para un niño hasta al menos sus dos primeros años de vida. La implicación del padre -si lo hay- en la crianza (desde mi punto de vista, pues tengamos en cuenta las madres solteras, las inseminadas sin pareja, las madres lesbianas…) es un referente muy importante de apoyo, de contención, de soporte, de suministro… hacia la madre, para que ésta lo sea de su cachorro. Pero de eso a pretender que sea el padre quien haga de madre… ¡si no hay más que ver a un chiquitín cómo reclama a su madre cuando se cae, cuando está malito, cuando está triste!  Porque con la madre se ha establecido un vínculo mucho antes de nacer y que permanecerá a través de la Vida.  

¡He conocido a hombres con tal afán de posesión hacia sus hijos que solo les faltaba haberlos parido ellos!

Creo que en cualquier situación en la que el niño pueda expresarse y elegir, está bien que se actúe indistintamente, pero desde la decisión unilateral (del padre o de la madre) y desde la imposición y los “acuerdos” por cuestiones prácticas, no me parece tan justo.

Y termino con esta reflexión a modo de final. ¿Le estamos dando de nuevo un protagonismo al hombre a cambio de restárselo a la mujer?  
Ah, no, claro, porque antes era desde la imposición, lo sé.  En cambio hoy estas situaciones son elegidas desde unas corrientes del ahora… lo que me lleva a pensar que, probablemente,  desde esa herida profunda por sentir ausencia de madre, algún día esos hijos cuando sean adultos les pregunten a las suyas ¿Y tú dónde estabas, mamá, cuando yo era pequeño? 












Comentarios

  1. libertad y más libertad, y no dejarnos llevar ni presionar a otras por modas y modismos
    yo no digo que el padre no pueda estar presente, porque cada matrimonio y mujer un mundo aparte, y luego la vida lleva y fluye y como dices, encontramos el sitio

    Un besazo Aamama

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    Respuestas
    1. Ahí estamos, querida. Cada uno en SU sitio.
      Un abrazo.

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